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viernes, 11 de octubre de 2024

AIR - Pocket Symphony (2007)



En 2004, AIR publicaron su disco más descaradamente pop hasta el momento: “Talkie Walkie”. Aquello tuvo una muy buena acogida y propició que surgieran nuevas oportunidades artísticas para el dúo. Una de ellas tenía cierto paralelismo con lo que hizo otra popular pareja de pop electrónico en 1989. En aquel entonces, los Pet Shop Boys relanzaron la carrera musical de una actriz y cantante que llevaba más de una década sin publicar ningún disco. En el caso de los británicos hablamos de Liza Minelli y “Results” y en el de los franceses sucedió con Charlotte Gainsbourg en 2006. Godin y Dunckel compusieron un disco completo para la actriz, “5:55” que fue un éxito notable en su momento.


Lo interesante para el disco del que vamos a hablar hoy es lo que de aquella colaboración se trajeron los miembros de AIR, algo que nos hace pensar que parte del material de “Pocket Symphony” (el trabajo que nos ocupa hoy) son descartes de aquellas sesiones. Y es que varios de los artistas invitados al disco de Gainsbourg repiten en el de AIR, concretamente el legendario percusionista nigeriano Tony Allen y los cantantes de Pulp, Jarvis Cocker, y de The Divine Comedy, Neil Hannon. En cualquier caso el nuevo disco de AIR no iba a continuar la línea más pop de su citado “Talkie Walkie” sino que iba a volver a los sonidos más atmosféricos de sus primeros trabajos sin renunciar a una cierta comercialidad en determinados momentos. Este perfil algo más conservador del disco puede tener también algo que ver con que Dunckel acababa de lanzar su primer disco en solitario, “Darkel”, en el que exploraba sonoridades algo más duras y experimentales saciando así esa vertiente de su obra. Los últimos discos de AIR, así como el de Gainsbourg, habían contado con la producción de Nigel Godrich, a quien siempre asociamos con su trabajo con Radiohead, y que seguramente fue el responsable de la presencia en el disco como percusionista invitado de Joey Waronker.


“Space Maker” - El primer corte del disco es una pequeña maravilla ambiental a base de percusiones, guitarras, piano y sintetizadores que nos remiten a sus primeros trabajos pero con una mayor riqueza instrumental. Sigue teniendo ese aire retro pero las referencias a Pink Floyd, por ejemplo, aunque siguen presentes, son mucho más sutiles.


“Once Upon a Time” - El que fue primer single del disco es una gran canción casi monopolizada por un piano obsesivo ayudado por percusiones (en su mayor parte, glockenspiel) y ese particular registro vocal femenino que utiliza Dunckel en muchas de las canciones del dúo.




“One Hell of a Party” - Jarvis Cocker hace su intervención en el disco como vocalista en esta balada con aires de Bowie en la que el propio Cocker es el responsable de las letras. Es una pieza intensa con arreglos muy complejos y un extraordinario trabajo de producción que invita a bucear en la canción identificando nuevos sonidos cada vez.


“Napalm Love” - Algo más electrónico es el siguiente tema en el que el dúo se mete en complicaciones instrumentales que hacen que pensemos en la evolución hacia la electrónica de Radiohead en los primeros años de la década con Godrich como colaborador fundamental. Se mantiene el espíritu de AIR pero convenientemente “ensuciado” para conseguir un toque más oscuro que le sienta muy bien a la voz de Dunckel.




“Mayfair Song” - Continuamos con un corte instrumental en la línea de lo que escuchábamos en “Moon Safari” en su día pero con una menor carga “retro”. Se mantiene el toque nostálgico pero sin tantas referencias sonoras al pasado. Una vez más, es un tema complejo, con muchos recovecos y diferentes secciones que invita a la escucha repetida para apreciarlo en su totalidad.


“Left Bank” - La siguiente canción suena como si Simon and Garfunkel hubieran sido abducidos por un platillo volante y devueltos a la tierra con conocimientos sobre sintetizadores. Una curiosa mezcla entre el estilo de AIR y juegos vocales de otra época con guitarras que suenan intencionadamente fuera de tono en una canción rara pero extrañamente atrayente.


“Photograph” - Volvemos a las escenas sonoras más evocadoras del dúo en una canción lenta que no habría desentonado en la banda sonora de “The Virgin Suicides” que comentamos aquí no hace mucho tiempo. Esponjosos colchones electrónicos, piano, guitarras, un bajo lleno de personalidad para completar una pieza que contiene toda la esencia del sonido de AIR.


“Mer du Japon” - En los meses anteriores a la grabación del disco, Nicolas Godin estuvo aprendiendo a tocar algunos instrumentos japoneses (el koto y el shamisen) con un maestro de aquel país y en el disco los utiliza en varios cortes. Quizá este título tenga que ver con el interés del músico por el país pero lo cierto es que la música va por otros caminos. De hecho, el que fuera segundo single del disco suena mucho más potente que el resto de canciones del mismo, con un ritmo agresivo y pegadizo que nos remite a los temas más dinámicos del antes citado “Moon Safari”. Uno de los mejores momentos del disco, en nuestra opinión.




“Lost Message” - Cambio total de estilo con este lento instrumental electrónico de aire setentero en el que el dúo se recrea en una sencilla melodía que se repite una y otra vez. Delicioso, como todo lo que ha hecho la banda en esta línea.


“Somewhere Between Waking and Sleeping” - Faltaba Neil Hannon por hacer su aparición y lo hace en esta canción en la que se muestra bastante comedido respecto a su habitual forma de cantar, mucho más intensa normalmente. La pieza muestra unos arreglos vocales fantásticos con la voz de Hannon duplicada y jugando consigo misma en unas líneas muy logradas. Un ejemplo perfecto de colaboración entre artistas en la que ambas partes están presentes sin que ninguna de las dos opaque a la otra.


“Redhead Girl” - Acercandonos al final nos encontramos con otra gran canción en la que escuchamos un importante uso de “samples” vocales junto con una atmósfera muy al estilo de Angelo Badalamenti. Impecable.


“Night Sight” - Y ya para terminar, un precioso tema instrumental lento con protagonismo total para el Fender Rhodes de Dunckel. Ambiental y repetitivo pero que nos encanta y con ese toque etéreo que Vangelis le daba a los documentales de Frederic Rossif.



Desde un punto de vista puramente comercial, “Pocket Symphony” no terminó de funcionar del todo bien y su acogida fue peor que la de los trabajos anteriores por lo que podemos decir que marca el comienzo del declive de la banda que, de hecho, solo ha publicado un par de discos más desde entonces (y uno es una banda sonora). En todo caso, no nos parece que este sea un trabajo desdeñable y probablemente esté a la altura del anterior, si no por encima. A la espera de confirmar si el reciente regreso del dúo a los escenarios nos va a traer o no algún nuevo disco, es buen momento para repasar la discografía de AIR, no demasiado extensa y, por lo tanto, sin discos suficientes como para llegar a tener ninguno malo.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

AIR - The Virgin Suicides (2000)



Cuenta Sofia Coppola que decidió que quería ser directora de cine cuando leyó la novela de Jeffrey Eugenides, “The Virgin Suicides”. El texto trataba sobre los conflictos de la adolescencia de cinco hermanas en una familia católica en los Estados Unidos de la década de los setenta y sirvió de inspiración para la que iba a ser la película de debut de la hija del gran Francis Ford Coppola tras las cámaras. La particular temática de la obra tuvo mucho que ver con varias decisiones de Sofia, entre otras, con la de no querer una banda sonora llena de canciones tópicas de los setenta sino de una actual pero que tuviera una cierta inspiración retro que la identificase con aquella época pero sin distraer al espectador con música que pudiera asociar a sus propios recuerdos. La solución, vista desde el presente, parece bastante obvia pero todavía nos sorprende que la directora recurriera a una banda que acababa de debutar y que no tenía ningún tipo de experiencia con las bandas sonoras. Para colmo, ni siquiera eran americanos ni procedían de un país angloparlante. Hablamos, claro, de AIR.


El dúo francés disfrutaba por entonces del éxito de su primer disco, “Moon Safari”, en el que habían conseguido traer a la actualidad un sonido “vintage" y hacerlo funcionar con mucha frescura. El toque melancólico de algunas de sus canciones encajaba muy bien con lo que Sofía Coppola quería reflejar en la pantalla y de ahí surgió el encargo. Los miembros de AIR comentaron que en un principio trataron de que la música encajase en las imágenes todo el tiempo, lo que les daba muchos problemas pero conforme la composición iba avanzando fueron cambiando el enfoque y pensando en canciones que funcionaran como tales y no tan subordinadas a las escenas concretas. No fue una mala decisión porque la música no iba a tener tanta presencia como en otras películas. De hecho hay una gran parte del metraje carente de música en absoluto. Como curiosidad, el tema principal de la película está cantando por el líder de la banda Phoenix, Thomas Mars, bajo el pseudónimo de “Gordon Tracks”. A raíz de su participación en la banda sonora conoció a la que hoy es su esposa: la propia Sofía Coppola. Aparte de él, intervienen en determinados temas del disco el saxofonista Hugo Ferran y el batería Brian Reitzell. Todo lo demás corre por cuenta de Jean-Benoit Dunckel y Nicolas Godin.


“Playground Love” - La principal canción de la banda sonora y su único single fue esta balada en la que lo que más destaca son las cuerdas sintéticas que sirven de fondo, sacadas de un lugar a medio camino entre Pink Floyd y Jean Michel Jarre que, junto con el saxo, aportan un sabor añejo que le da a toda la pieza ese tono naif tan característico de la música de AIR.




“Clouds Up” - Lo siguiente que escuchamos es un tema muy corto que combina electrónica y guitarras muy en la línea de los Pink Floyd de “Echoes”, pieza con la que comparte sonidos pulsantes y una cierta atmósfera.


“Bathroom Girls” - Ese mismo ambiente se replica multiplicado por diez en la siguiente pieza en la que la batería tiene mucho en común con la de Nick Mason aunque son el mellotron y los sintetizadores antiguos los que terminan de ponernos en situación. Una gran pieza llena de nostalgia y sabor setentero.


“Cemetary Party” - La electrónica nos recibe con un ritmo constante de sintetizador que se combina con las guitarras y las voces sintéticas en otro excelente tema que demuestra el gran dominio de este tipo de registros que tienen los miembros de AIR.


“Dark Messages” - Algo más experimental es el siguiente corte construido sobre una sencilla base de sintetizador a la que se incorpora un inquietante vibráfono lleno de misterio. El entorno sonoro perfecto para una película de terror, aunque no sea el caso.


“The Word 'Hurricane'” - Otro tema “floydiano”a base de teclados y guitarras en el que se inserta un fragmento sonoro de la película y que sirve para llevarnos hasta el corte más largo del disco.


“Dirty Trip” - Es esta una pieza en la que encontramos toda la esencia de AIR, o, al menos, de los AIR de sus primeros trabajos. Teclados flotantes, una gran melodía de bajo y sonidos retro para elaborar una composición llena de personalidad e inspiración. Con un toque “jazzy” mezclado con electrónica añeja, es uno de los grandes momentos del trabajo.




“Highschool Lover (theme from “The Virgin Suicides”)” - La versión instrumental de la canción que abría el disco con el piano tomando el relevo como gran protagonista. Un piano que, a fuer de ser reiterativos, tiene mucho de aquel de Richard Wright en “The Great Gig in the Sky” y es que la influencia de Pink Floyd es en este disco más notable que en otros de la banda.


“Afternoon Sister” - Revisión de una de las melodías principales de la película con una presencia extraordinaria del mellotron, instrumento que los miembros de AIR saben ubicar perfectamente en su música.


“Ghost Song” - Retomamos otro de los temas más oscuros del disco con un tratamiento más agresivo y las guitarras eléctricas sonando muy afiladas para adornar una melodía muy del estilo de John Carpenter.


“Empty House” - Un ritmo metronómico, que bien podría imitar el latido de un corazón, marca toda la pieza que mantiene el tono de misterio y terror gótico de alguna de sus predecesoras. Un buen punto dramático a estas alturas del viaje.


“Dead Bodies” - Es aquí donde la banda se desata con un frenético ritmo de piano y batería subrayado por el bajo más tarde por unos teclados extraordinarios que ponen un poco de cordura dentro del caos. Otro de nuestros temas favoritos.




“Suicide Underground” - El cierre, acompañado de una breve explicación a cargo de un narrador sintético, es un tiempo medio muy elegante en el que la música queda en un segundo plano subordinada por la voz que resume parte de la historia de la película.



Una cosa que siempre nos ha sorprendido mucho de este trabajo es la gran consideración que ha alcanzado entre los críticos, especialmente entre los de cine. La banda sonora de AIR suele aparecer entre los listados de las mejores jamás realizadas en el campo del rock o el pop y lo es por su encaje en el propio film ya que no podemos decir que contenga ninguna canción especialmente popular o que haya trascendido la propia película pero lo cierto es que estamos ante un raro caso de simbiosis perfecta entre música e imágenes durante casi todo el metraje.


Particularmente es un trabajo que habíamos tenido un poco ignorado en relación con el resto de la discografía de AIR pero que hemos recuperado en los últimos años y que ha ganado muchos enteros en nuestra valoración. Quizá sea uno de esos discos que no entran a la primera y que requieren de un tiempo para su correcta asimilación o quizá no le prestamos la atención debida en su momento. Sea como fuere, hoy nos parece una gran obra que no podemos dejar de recomendar.

lunes, 22 de julio de 2024

AIR - 10000 Hz Legend (2001)




Normalmente las controversias entre los fans de un grupo suelen surgir a raiz de la aparición de un disco diferente, de un cambio de estilo o de miembros o de cualquier otra circunstancia de ese tipo. Y eso suele suceder cuando la carrera de la banda tiene ya una cierta duración. Lo que no es tan habitual es que la polémica surja ya casi desde el principio. Algo así sucedió con el segundo disco de estudio de AIR: “10000 Hz Legend”. Para ponernos rápidamente en contexto, el dúo había triunfado con “Moon Safari” y su particular sonido retro un par de años antes lo que propició que fueran contactados por Sofia Coppola para hacer la banda sonora de su largometraje de debut: “The Virgin Suicides”. En ese trabajo, la banda profundizaba en esa electrónica lánguida, de aire melancólico y que miraba de reojo a la música de veinte años antes. En muchos sentidos, “10000 Hz Legend” rompe con esa imagen aunque si lo miramos con detenimiento, quizá no haya tanta diferencia con sus anteriores trabajos.


En sus primeras grabaciones, el dúo formado por Jean Benoit Dunckel y Nicolas Godin se encargaban básicamente de todo el trabajo, tanto de composición como de interpretación y producción con la adición de diferentes vocalistas en algunas canciones. Aquí la cosa cambia un poco ya que hay algunos músicos invitados, incluyendo a toda una estrella como era el californiano Beck. Entre los miembros habituales del equipo están el batería Brian Reitzell y el bajista Justin Meldal-Johnsen (quienes acompañaron a AIR en los directos casi desde sus comienzos) pero se daba la circunstancia de que Meldal-Johnsen era el bajista de Beck lo que seguramente tuvo mucha importancia a la hora de conseguir su participación en el disco. No iba a ser su único colaborador en el trabajo ya que también participa en la grabación el teclista Roger Joseph Manning jr. (cincuenta por ciento del curioso dúo The Moog Cookbook sobre los que quizá escribamos algo en el futuro). El resto de invitados iban a ser las voces principales en canciones puntuales: Jason Falkner, del grupo Jellyfish, en tres de ellas (incluyendo dos de los singles), Ken Andrews (en las mismas canciones que Jason), los miembros de la banda japonesa Buffalo Daughter o Lisa Papineau son algunos de los participantes más destacados en la grabación.



“Electronic Performers” - Una cosa innegable es que el disco tiene una personalidad muy particular. El primer corte empieza con una percusión y unas guitarras características que podrían recordar lejanamente al trip hop de Massive Attack pero enseguida se produce un primer cambio la aparición de programaciones electrónicas y una transformación completa con la entrada del piano y la voz distorsionada y autoreferente que nos presenta al protagonista como una especie de androide feliz de vivir en un mundo de ordenadores y sintetizadores, en la línea no-se-muy-bien-si-calificar-de-irónica de unos Kraftwerk o los primeros Aviador Dro. Sorprendentente, y como gran contraste, esa oda a la tecnología termina con unos preciosos arreglos orquestales que llaman mucho la atención.


“How Does It Make You Feel?” - Continuamos con una balada suave en la que escuchamos una voz susurrante combinada con la más clásica de discos anteriores del dúo. Hay algo de Pink Floyd en la batería pero sobre todo una melancolía que nos remite a su entonces reciente banda sonora para “The Virgin Suicides”. Los fondos electrónicos y el bajo son marca de la casa desde “Moon Safari” y junto con los coros, terminan por dibujar una gran canción que fue uno de los singles del disco.


“Radio #1” - Llegamos al la canción que sirvió en su momento de adelanto del trabajo. Un tema de pop electrónico en el que de nuevo apreciamos un toque irónico en su uso del formato de jingle publicitario alargado. Una impresión que se acentúa en la coda final con la voz repitiendo el eslogan de la supuesta emisora de forma paródica.




“The Vagabond” - Además de cantar, Beck aparece como co-autor del siguiente tema del trabajo introducido con un breve tema de armónica ejecutado también por él. A contiuación comienza un tema de aire folk en el que el cantante se acompaña de guitarra eléctrica y palmas a las que enseguida se suman diferentes efectos electrónicos en forma de sonidos marcianos y distorsiones. El toque de Beck es inconfundible pero hay que reconocer que AIR mantienen su personalidad presente en todo el tema.


“Radian” - Llegamos al primero de los dos temas instrumentales del disco, aunque sea una forma de hablar, ya que en él hay voces si bien no cantando un texto. Con él, AIR nos llevan en un viaje  realmente interesante en el que una especie de lamento va surgiendo sobre una serie de “loops” electrónicos que construyen una atmósfera que llega a inquietarnos un poco. Es más tarde cuando entran las flautas y la batería para presentarnos un tema con un toque ingenuo al estilo de Burt Bacharach. La segunda parte con el arpa y la orquesta ocupando la parte principal es ya más cercana al estilo habitual de la banda que se acentúa en el final en el que es un piano distorsionado el que toma el relevo acompañado de una sencilla percusión y algunos efectos sonoros y juegos de guitarra.


“Lucky and Unhappy” - Con un comienzo extraordinario creado a partir de una potente secuencia de sintetizadores llega una de nuestras canciones favoritas del disco, con Lisa Papineau como la voz principal. La evolución del tema electrónico inicial, omnipresente en toda la canción con diferentes variaciones, nos atrapa sin posibilidad de huída y esa continua repetición casi minimalista se convierte en uno de los hallazgos del trabajo.




“Sex Born Poison” - suGar Yoshinaga, uno de los miembros de los japoneses Buffalo Daughter, firma el siguiente corte junto con Godin y Dunckel. Es una canción en la que se produce una curiosa coincidencia ya que la parte inicial de guitarra nos parece demasiado similar a la de otro tema incluido en el disco de debut de Sebastien Tellier que aparecería apenas un mes después del de AIR. Lo curioso es que Tellier se incorporaría semanas más tarde a la gira americana de AIR compartiendo escenario con ellos. La canción, por otra parte, es una balada bastante sencilla con un gran peso de los arreglos y sonidos electrónicos que lo copan todo. Una pieza que quizá no atraiga demasiado el principio pero que gana mucho con las sucesivas escuchas.


“People in the City” - Otro de los singles del trabajo fue esta canción que recupera el tono retro del disco anterior con ese máyor énfasis en la electrónica que define “10000 Hz Legend”. La letra no es más que una continua enumeración de acciones que no va más allá pero que sirve muy bien al conjunto de la canción.


“Wonder Milky Bitch” - Quizá la mayor rareza del trabajo sea este corte que comienza como si fuera la banda sonora de una improbable película de vaqueros espaciales y en la que el estilo y la forma de cantar del narrador así como los silbidos que la acompañan, profundizan en esa dualidad que confronta la música de Morricone para “El bueno, el feo y el malo” con el sonido retrofuturista del theremin. Una canción muy extraña pero que de algún modo termina encajando.


“Don't Be Light” - Probablemente sea este el single del disco que más pinta tenía de single. Beck vuelve a ser la voz principal en una canción sintética, veloz y extremadamente pegadiza en la que el ritmo lo es todo. El comienzo es completamente cinematográfico con una obertura épica que nos predispone para algo grande con la orquesta en plan solemne hasta la entrada de la arrolladora base rítmica (basada en un sample de Jean Pierre Decerf) de la que ya es imposible despegarse. Un gran tema en el que vuelven a aparecer algunas referencias al “western” en la parte final en la que suenan silbidos junto con un arpa de boca.




“Caramel Prisoner” - Cerrando el disco tenemos el segundo instrumental cuyo comienzo bien podría estar sacado de la mismísima “Blade Runner” con esa atmósfera tan particular y los ruiditos electrónicos que aparecían por doquier en el film pero enseguida torna hacia otra cosa de la mano de las guitarras acústicas y esas cadencias tan comunes en la música de AIR que nos llevan a su terreno, acentuado con la voz que entona una melodía bien sencilla a modo de despedida.



Todavía hoy “10000 Hz Legend” sigue siendo un disco controvertido que muchos fans sitúan entre lo peor del grupo mientras que otros tantos lo reivindican como el mejor de AIR. No es nada común que algo así suceda y se mantenga a lo largo de los años. Nuestra postura se encuentra más cercana a los segundos que a los primeros aunque solo sea porque un disco capaz de generar esa división ya cuenta con nuestra simpatía de inicio por el hecho de haberse salido del camino fácil rompiendo con lo esperado por sus seguidores que, además, aún no debían ser un grupo muy consolidado porque apenas contaban con un disco de estudio para agruparse alrededor de él.


En los últimos tiempos parecía que la desaparición de AIR como banda era un hecho ya que su último disco se publicó hace ya más de una década y en todo ese tiempo apenas han realizado algún remix por aquí y por allá o una colaboración puntual con Jean Michel Jarre. Sin embargo algo cambió meses atrás y la banda lleva ya un tiempo en la carretera ofreciendo conciertos, de momento, solo para conmemorar el vigesimoquinto aniversario de “Moon Safari”. En estas condiciones, y pese a que los dos integrantes del grupo han desarrollado ya sendas carreras de gran solidez en solitario, no es descartable un regreso también discográfico. Mientras éste llega (o no) disfrutemos del legado de una de las bandas con una propuesta más original de los últimos años.




martes, 16 de agosto de 2016

Nicolas Godin - Contrepoint (2015)



Johann Sebastian Bach no solo es una de las más grandes figuras de la historia de la música universal en todos los sentidos sin que también es, con toda probabilidad, una de las más influyentes. Nadie discute aquí la genialidad de Mozart, Beethoven o cualquier otro gran nombre que cada lector pueda sugerir pero nos atrevemos a afirmar que, sin entrar en comparaciones entre la obra en sí de cualquiera de ellos, la influencia de la de Bach en los compositores posteriores a su época no resiste comparación alguna.

Uno de los aspectos en los que es más evidente esta huella lo encontramos en la variedad de géneros musicales en los que, de una u otra forma, está presente el músico alemán. Claro ejemplo, y de los más recientes, lo encontramos en el disco que hoy traemos al blog.

Conocimos a Nicolas Godin como la mitad del dúo francés de música electrónica, AIR, una de las formaciones más interesantes aparecidas en las últimas décadas. Según él mismo indica en las notas del trabajo que comentamos, llegó un punto en que se cansó de la música porque sentía que no era lo más importante en su vida. Para reengancharse decidió volver a los comienzos, regresar al piano y a las obras con las que dio sus primeros pasos. La inspiración fue un documental sobre el pianista Glenn Gould, quizá la máxima expresión de la genialidad aplicada a la interpretación (en el sentido más amplio) de una partitura. Con ese estado de ánimo, volvió a contactar con el profesor con el que dio sus primeros pasos como estudiante de música y a trabajar con lo que él mismo describe como “el libro de instrucciones de la música occidental”: “el clave bien temperado” de Johann Sebastian Bach.

Godin había perdido práctica para interpretar a este nivel y le dedicó muchas horas a la recuperación de la destreza necesaria para ejecutar dignamente esa y otras obras. Durante el proceso surgió la idea de realizar un disco dedicado a Bach. Un disco en el que el músico pudiera explorar a fondo algunas partituras del genio y llevarlas a su terreno del mismo modo que tantos otros hicieron en su momento. No se trataba de ser fiel a las interpretaciones convencionales de la música de Bach sino a su espíritu. Como hizo Gould. Como hizo Wendy Carlos (cuyo “Switched on Bach” era considerado por el propio pianista como uno de los discos más grandes de su tiempo). ¿Bach à la AIR? Algo así.

En la grabación participan, además de Nicolas Godin (guitarra, bajo, teclados, piano, voz): Vincent Taurelle (teclados, batería), Marcelo Camelo (guitarra, voz), Remi Sciuto (flauta, saxo), Renald Villoteau (tuba), Conan Mockasin (guitarra), una pequeña sección de cuerda y un grupo vocal.

Nicolas Godin.


“Orca” - Un sonido electrónico interpreta una breve fanfarria interrumpida con una serie de acordes de guitarra eléctrica y una sección de cuerda que nos recuerda los mejores momentos de la Penguin Cafe Orchestra. Es a partir de ahí cuando Bach se hace reconocible en forma de fuga a base de instrumentos eléctricos ejecutados de forma impecable, con un uso intensivo de distorsiones de todo tipo.




“Widerstehe Doch der Sünde” - El segundo corte del disco es puro AIR. Las percusiones y arreglos son reconocibles de inmediato por cualquier seguidor de la banda, muy especialmente por los familiarizados con su últimos discos. Es sorprendente lo bien que se filtran las inmortales melodías del genio alemán entre los recursos sonoros diseñados por Godin para la ocasión. El piano, concretamente, es precioso y sólo algún pasaje coral nos resulta algo fuera de lugar. La parte final, completamente diferente sigue, sin embargo, teniendo muy presente el espíritu de AIR en su versión más oscura.




“Club Nine” - Una batería claramente jazzística nos prepara para una continuación de piano muy cercana al inmortal “Take Five” de Dave Brubeck, influencia señalada por Godin en los comentarios del disco como una de las más importantes a la hora de afrontar el disco. La pieza es deliciosa y no acusa en ningún momento los defectos propios de la adaptaciones de clásicos a otro formato.




“Clara” - La presencia del vocalista brasileño Marcelo Camelo y la especial sonoridad del idioma portugués en su versión del otro lado del atlántico contribuyen decisivamente a que esta exquisita adaptación de las “variaciones Goldberg” a la “bossa nova” sea toda una delicia. Las cuerdas, el clásico sonido del Rhodes y los ritmos cadenciosos convierten la canción en una de nuestras favoritas del álbum.

“Glenn” - El pianista Glenn Gould es, como ya dijimos, la principal inspiración del disco y en este corte tiene su homenaje más directo. La pieza tiene un aire “retro” encantador, tanto en lo referido a los timbres como en la parte de los arreglos. Las cuerdas, actúan como soporte y es la electrónica más añeja la que lleva todo el peso junto con breves pero imprescindibles intervenciones de la tuba. En el segmento final escuchamos la voz de propio Gould sacada de una entrevista.

“Quei Due” - El escritor Alessandro Baricco, quien ya colaboró con AIR en el pasado, es el encargado de escribir la letra de una canción en la que se une la melancolía de la canción francesa de los años sesenta (pese a estar cantada en italiano) con una sensualidad muy ligada siempre a los trabajos de Godin en su dúo con Benoit Dunckel. La segunda parte del tema tiene algunos elementos épicos que sirven de transición hacia un precioso final en el que las cuerdas van ganando presencia.

“Bach Off” - Los ritmos y la utilización de la marimba nos remiten inmediatamente a África en una propuesta que mezcla el minimalismo de Steve Reich con las texturas electrónicas de bandas como Boards of Canada. Cuando suena el saxo no podemos evitar acordarnos de Fela Kuti. En el segundo tramo, la energía de las percusiones nos acerca a los últimos AIR, los que musicalizaron el “Viaje a la Luna” de Melies. El contraste entre la fuerza del bajo y los timbales y la delicadeza del clavicordio o el piano es maravilloso. En nuestra opinión, es el gran candidato a ser considerado el mejor tema de todo el trabajo.

“Elfe Man” - El cierre adopta la forma de una canción de cuna con sonidos de cajita de música al comienzo y sonoridades más etéreas y angelicales más adelante. Es inevitable pensar en el Danny Elfman de las bandas sonoras de Tim Burton como referencia, no sólo por el juego de palabras con el título de la pieza sino porque el compositor es mencionado por Godin en las notas del disco entre una larga lista de músicos suyo trabajo le ha servido como inspiración.




Salvo un par de piezas (adaptadas de una cantata y de las “variaciones Goldberg”), el resto son todos preludios y fugas del extensísimo repertorio “bachiano”. Sin embargo, el resultado final del disco es un trabajo absolutamente fiel al sonido y al espíritu de la música de AIR, pese a la ausencia aquí del segundo integrante del grupo. Los seguidores de la banda disfrutarán con “Contrepoint” pero no tienen por qué ser los únicos. La música de Bach está presente, claro, pero en muchos momentos podemos llegar a olvidarlo gracias a la forma en que Godin la integra en su propia creación. Desde ese punto de vista, el disco es todo un acierto ya que no se trata de realizar versiones fieles pero innovadoras en cuanto al sonido como hizo Wendy Carlos sino de auténticas adaptaciones a un universo musical diferente. “Contrepoint” es uno de los trabajos que más nos ha sorprendido de los aparecidos el pasado año 2015 y eso ya es mucho en una época en la que sorprender es muy difícil.