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domingo, 19 de octubre de 2014

Pierre Moerlen's Gong - Leave it Open (1980)



Los últimos coletazos de la década de los setenta fueron un periodo de enorme efervescencia creativa para Pierre Moerlen. Así, unos cuantos meses después de “Downwind”, sus Gong lanzaban al mercado el disco que comentamos hoy: “Leave It Open”. Lo excepcional es que entre uno y otro la banda sufrió una pequeña desbandada de miembros que la redujo a un trío. Éste grabó otro disco en estudio y uno más en directo que quedarían situados entre el recientemente comentado “Downwind” y el que hoy nos ocupa.

En esa primera remodelación, sólo el propio Moerlen y el bajista Hansford Rowe permanecían con respecto a la formación de “Downwind” añadiéndose a ellos el guitarrista Bon Lozaga siendo los tres músicos los firmantes de “Time is the Key”. Apenas unos meses más tarde, y con el objeto de grabar un nuevo disco, la banda se amplió con el regreso de François Causse y la incorporación de Demelza a las percusiones, Brian Holloway (guitarras) y Charlie Mariano (saxofón). Con esas incorporaciones todo hacía pensar que el sonido de la banda evolucionaría aún más hacia el jazz-fusión perdiendo lo que aún le quedaba de rock progresivo y, en cierto modo así fue.

Pierre Moerlen en acción.


“Leave it Open” – La estructura del disco es similar a la de muchos otros trabajos que hemos comentado aquí: una larga suite en una de las caras del disco y varios temas cortos en la otra. El comienzo lo ocupa, en este caso, el tema más extenso. No hay secretos, los vibráfonos van creando la atmósfera adecuada para el resto de la pieza en la que enseguida se hace notar la presencia del saxofón. También los sintetizadores tienen un papel más relevante que en otros trabajos de la banda lo cual no es necesariamente bueno en este caso. El sonido se resiente por la excesiva relación del sonido de los mismos con una época muy concreta de la música popular. Dicho de otro modo: suenan excesivamente “ochenteros” hoy en día. Otro tanto ocurre con las guitarras pero en este caso no lastran en demasía el resultado final. Hay en todo caso un cierto aire conservador que contrasta con la audacia demostrada por Moerlen en otros discos y los vibráfonos no terminan de vibrar con la intensidad y brillantez habituales, afirmación que se podría extender a la batería. Sólo una serie de progresiones en la parte final del tema nos rescatan de la monotonía que caracteriza el desarrollo de la suite.

“How Much Better it Has Become” – Partiendo de las mismas premisas que el tema anterior, la adición de una guitarra y una batería llenas de espíritu rockero parece hacer despertar al propio Moerlen cuya interpretación al vibráfono gana una barbaridad con respecto a la suite inicial. Sin duda alguna, el título de la pieza (“cuánto ha mejorado”) le viene que ni pintado a una composición que mejora mucho a la precedente ganando en dinamismo, energía e intensidad.

“I Woke Up this Morning Felt Like Playing Guitar” – De nuevo el título de la composición es la mejor de las pistas para saber a qué atenernos en la escucha. La guitarra eléctrica es la protagonista principal apoyada por una sección rítmica de bajo y batería discreta pero efectiva. El resultado es un instrumental rock bastante convencional pero que se deja escuchar.

“It’s About Time” – El regreso al jazz-fusión se produce con este tema en el que el bajo sirve como pie para una serie de diabluras a la percusión que anticipan un tema de ritmo funk sorprendente pero muy acertado (no en vano es la única pieza del disco firmada por Hansford Rowe). No deja de llamar la atención que Moerlen aparque sus vibráfonos durante dos cortes consecutivos aunque sea para centrarse en el resto de percusiones, algo que realiza de un modo notable. Sin ser esta una pieza representativa del estilo del Pierre Moerlen’s Gong, tenemos que reconocer que es notable en líneas generales. Al margen de la percusión, destacamos especialmente el trabajo de Mariano al saxo que consigue transformar el sonido de la banda por completo.



“Stok Stok Stok Sto-Gak” – Un cierto toque latino asoma en la siguiente pieza en la que regresa el vibráfono para apoyar a una banda más equilibrada entre todos sus miembros en esta ocasión. Aunque seguimos navegando por aguas del jazz-fusión, algunos fragmentos de guitarra y de los teclados nos ponen sobre aviso del advenimiento del AOR, esa corriente en la que muchos de los supervivientes de los mejores años del rock progresivo se refugiaron en los años ochenta para tratar de sobrevivir en el negocio.

“Adrien” – Cerrando el disco escuchamos una pieza que vuelve a los ambientes truculentos que siempre consigue crear el vibráfono, acompañados en esta ocasión de sonidos electrónicos. El tema tiene un aire misterioso muy logrado y, a pesar de su aparente modestia (uso de pocos instrumentos, ausencia total de épica...) nos deja una de las mejores impresiones de todo el trabajo.


Como suele ocurrir con los músicos cuyo instrumento principal no es uno de los más habituales dentro de las corrientes principales de la música popular, la propuesta de Pierre Moerlen’s Gong tiene un sonido tremendamente particular y original. Sin embargo, en la época en que salió al mercado “Leave it Open”, la fórmula empezaba a mostrar síntomas de agotamiento (recordamos que en apenas año y pico lanzaron 3 discos de estudio y uno más en directo). No sorprende entonces que tras la aparición de este trabajo, Moerlen dejase reposar a la banda durante unos años en los que no publicaron nada nuevo. En cualquier caso, el regreso no consiguió las cotas de calidad de la mejor etapa de la banda aunque eso sería materia a tratar en una hipotética futura entrada. Por ahora, aquellos interesados en adquirir “Leave it Open” lo pueden hacer en los enlaces habituales.

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Como despedida os dejamos un ejemplo de cómo sonaba "Leave it Open" en vivo:

 

miércoles, 15 de octubre de 2014

Pierre Moerlen's Gong - Downwind (1979)



Aunque Mike Oldfield es uno de los músicos con una mayor personalidad y posee una obra en la que una de las características más importantes es la originalidad, especialmente en sus primeros trabajos, la participación de un instrumentista como Pierre Moerlen en su cuarto disco en solitario, “Incantations”, cambió por completo la fisonomía del mismo y su presencia se hizo tan notoria como la del propio Oldfield.

El trabajo de Moerlen, especialmente al vibráfono, protagoniza por completo la cuarta parte de la obra eclipsando todo lo demás y algo así no está al alcance de cualquiera. Nuestro músico había formado parte de la banda francesa Gong y tras colaborar con Oldfield por primera vez, lideró su propia variante del grupo denominada “Pierre Moerlen’s Gong” en la que sus percusiones eran el centro de la música. La banda grabó un par de discos de modo simultaneo a las giras de Pierre con el grupo de Mike Oldfield  y las colaboraciones entre ambos se hicieron tan estrechas que ocurrió lo que tenía que ocurrir, con el multi-instrumentista británico devolviendo las atenciones prestadas y colaborando en el que quizá sea el mejor disco del grupo de Moerlen.

“Downwind” sería el primer disco de la banda en aparecer bajo la denominación de “Pierre Moerlen’s Gong” para evitar confusiones con el grupo “matriz” que seguía activo simultáneamente aunque los estilos de ambos eran a estas alturas muy diferentes. La banda de nuestro percusionista hacía una fusión de jazz y rock muy atractiva con el elemento distintivo del vibráfono que se convirtió pronto en la seña de identidad del grupo. Los Gong de Moerlen estaban integrados por Hansford Rowe (bajo), Ross Record (guitarras, voz), Benoit Moerlen (vibráfono), François Causse (percusión) y el propio Pierre (batería, vibráfono, marimba, timbales, teclados y voz). Participan además en el disco, en calidad de invitados Didier Lockwood (violín), Mick Taylor (guitarra) y la pequeña banda formada por Didier Malherbe (saxo), Mike Oldfield (guitarra, teclados, bajo y percusión), Steve Winwood (teclados) y Terry Oldfield (flautas) que interviene sólo en el corte que da título al disco. Casi todo el trabajo, a excepción de la pieza central, se grabó en el estudio según recuerda Hansford Rowe “prácticamente en directo”. Sólo el tema en el que intervienen Oldfield y compañía se hizo en varias fases, una inicial en el estudio de Mike con Pierre Moerlen y otra posterior en la que se registró la parte de los restantes miembros de Gong.

Pierre Moerlen

“Aeroplane” – Un clásico sonido de órgano “setentero” nos da la bienvenida al disco en una de las dos canciones con textos del saxofonista y teclista Ruan O’Lochlain que aparecen en el trabajo. La pieza no destaca especialmente y podría pasar por un tema más de cualquier grupo de los que abundaban en aquellos años salvo por la batería, algo por encima de la media. Nada, sin embargo, denotaba la excepcional calidad del grupo.

“Crosscurrents” – Esa impresión inicial cambia en cuanto empezamos a escuchar la segunda pieza del disco; una sensacional demostración de jazz-fusión dominada por las marimbas de Pierre Moerlen que se elevan por encima de una batería inmisericorde que martillea con precisión de metrónomo cambiando continuamente de signatura rítmica. Rowe comienza a hacer diabluras al bajo y el violín eléctrico del miembro de Magma Didier Lockwood nos lleva a territorios de la Mahavishnu Orchestra. Es en esta pieza en la que empezamos a apreciar el potencial de la banda que explotará por completo en el siguiente corte.

“Downwind” – El tema más largo del trabajo, con diferencia, es también el más interesante y no sólo por la presencia de Oldfield sino por el extraordinario trabajo de todos los músicos, comenzando por los vibráfonos de los hermanos Moerlen, perfectamente secundados por saxofón y batería en los inicios del tema. De pronto, comienzan a sonar, desatados, los dos hermanos repitiendo una serie de notas de modo hipnótico que anuncian la llegada de algo muy grande. Efectivamente, cuando irrumpe Oldfield a la guitarra (y también al bodhran, percusión irlandesa de importancia capital en esta parte de la pieza) tenemos la sensación de encontrarnos en medio de algo muy grande. Decir que podríamos estar escuchando cualquier sesión de las grabaciones de “Incantations” sería muy injusto para Moerlen pero así como su participación en aquella joya de Oldfield consiguió eclipsar en cierto modo al autor de “Tubular Bells”, Mike (y su hermano Terry a las flautas) se toman la revancha en esta suite absolutamente arrebatadora en la que también la batería raya a un nivel estratosférico. El final, de corte jazzistico, con un gran saxofón es también más que destacable.



“Jin-go-lo-ba” – La siguiente pieza del disco es una versión del archiconocido tema del percusionista nigeriano Babatunde Olatunji popularizado por Carlos Santana en su disco de debut en 1969. Lo cierto es que la versión de Moerlen tiene mucho más en común con la de Santana que con la original e incluso se aprecia cierta imitación del estilo del mexicano en las partes de guitarra. La inclusión de un tema como este puede ser influencia de Weather Report quienes también jugaban en la época con piezas de origen africano y latino. No es lo mejor del disco pero se deja escuchar.

“What You Know” – Segundo tema con textos de O’Lochlain que pasa sin pena ni gloria y del que únicamente destacamos el trabajo de Pierre al clavinet amenizando las partes en las que la percusión no es suficiente atractivo.

“Emotions” – Regresa el vibráfono y con él algunos de los mejores momentos del disco en diálogo directo con el violín eléctrico. En este tranquilo corte escuchamos en plenitud el característico sonido del violín eléctrico que tanto éxito tuvo en aquellos años a cargo de intérpretes como Jerry Goodman o Jean Luc Ponty.



“Xtasea” – Cerrando el disco nos encontramos con una prolongación del corte anterior en cuanto a estilo y atmósfera aunque con la incorporación de bajo y batería al conjunto con lo que la pieza gana en expresividad y se convierte en un excelente final, sin estridencias y lleno de elegancia.


Dentro de la plétora de bandas y músicos que aparecieron en la década de los setenta dentro de las difusas fronteras del rock con pretensiones más artísticas, los Gong de Pierre Moerlen no llegaron a la categoría de superestrellas pero alcanzaron cierta relevancia dejándonos un puñado de discos nada desdeñables. Intentaremos ir dándoles cabida aquí en la medida de lo posible comenzando por la próxima entrada que también estará centrada en un trabajo de la banda. Por ahora, y si queréis haceros con “Downwind”, está disponible una reciente edición por parte del sello Esoteric quienes están haciendo un excelente trabajo de recuperación de este tipo de discos muy difíciles de encontrar hoy en día en sus ediciones originales. Está disponible en los enlaces de siempre:

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Nos despedimos con un exrtacto de una versión en directo de "Downwind" (sin Oldfield):

 

domingo, 18 de mayo de 2014

Pekka Pohjola - The Mathematician's Air Display (1977)



Como comentamos en alguna ocasión anterior, en los comienzos de Virgin Records, Richard Branson se hizo con una nómina de artistas muy prometedores procedentes de distintos países y géneros musicales. Uno de los más exóticos era el finlandés Pekka Pohjola, bajista de Wigwam, banda de rock progresivo que consiguió traspasar las fronteras de su país de origen y hacerse un cierto nombre en el Reino Unido. Pohjola fue tremendamente precoz. Ingresó en Wigwam con sólo 18 años y a los 20 publicaba su primer disco en solitario. Richard Branson, a través de su discográfica, distribuyó el segundo disco en solitario del artista, seguidor de Zappa y cuya propuesta inicial había dado un cierto giro hacia el jazz y la fusión resultando una mezcla de sonidos realmente atractiva.

Portada el disco con el título y grafismo original.

Sin embargo, las ventas de Pekka no alcanzaban los niveles de otros artistas del sello por lo que, de cara a la grabación del tercer disco del músico, Branson sugirió la posibilidad de contar con la participación de la que era la gran estrella del sello, Mike Oldfield, en el mismo. Ambos artistas había recorrido un camino similar en el que la extrema juventud era una característica más de las que tenían en común. Pohjola aceptó y junto con el autor de “Tubular Bells” se presentaron en el estudio algunos de sus colaboradores habituales: su hermana Sally y el percusionista Pierre Moerlen. La presencia de Oldfield convirtió al disco en el más popular de Pohjola hasta el momento aunque también dio lugar a una serie de estratagemas comerciales dificilmente justificables. El disco llevó por título “Keesojen Lehto” (algo así como: “el ritmo del duende”) pero es más conocido por la denominación que se le dio en inglés, tomando como referencia uno de los cortes del disco: “The Mathematician’s Air Display”, razón por la cual hemos decidido que sea ese el nombre que figure en el encabezado de la entrada y que sea el inglés la lengua que utilicemos en los títulos de los cinco cortes del trabajo. Sin embargo, por motivos meramente comerciales, en algunos países el nombre de Pohjola, autor de todas las composiciones del disco como conviene recordar, aparecía acompañado del de los hermanos Oldfield o, directamente, era eliminado de la portada. Así, en Holanda el disco fue publicado como un trabajo de Mike Oldfield (sin referencia alguna a Pekka Pohjola en la portada) con el título de “The Consequences of Indecisions” mientras que en otros lugares el trabajo aparecía sin título y acreditado al trío formado por Pohjola, Mike y Sally Oldfield.


Otras versiones del disco en las que se aprovecha la presencia de
Mike Oldfield para promocionarlo en detrimento de su verdadero autor.

La realidad es que, como ya hemos indicado, es Pekka Pohjola el único autor de la música e intérprete de bajo, piano y todo tipo de teclados. Le acompañan en el disco: Mike Oldfield (guitarras, mandolina, flauta irlandesa y percusión), Sally Oldfield (voz), Pierre Moerlen (batería y percusión), Vesa Altonen (batería), Wlodek Gulgowski (sintetizadores) y Georg Wadenius (guitarra, percusión).

“The Perceived Journey Lantern / The Sighted Light” – La percusión abre las hostilidades en un comienzo tranquilo que va subiendo de intensidad con la entrada de los distintos instrumentos, especialmente del piano interpretado junto con el bajo por el propio Pojhola. El corte, que mezcla rock progresivo, jazz fusión y algunas gotas de música disco, pertenece a una sesión anterior al resto del disco en la que no participaron ninguno de los músicos del entorno de Oldfield (ni el propio Mike) sino el cuarteto de instrumentistas finlandeses. En cualquier caso, es un magnífico tema que demuestra que Pohjola merece nuestra atención por sí mismo.



“Hands Straighten the Water” – Abre la pieza una melodía de aire clásico interpretada por Pekka al clave. Una miniatura exquisita que evoluciona poco a poco al incorporarse los sintetizadores y algo más tarde las guitarras de Oldfield con una acústica que nos recuerda al comienzo de “Ommadawn”. Mediado el tema aparece la voz de Sally Oldfield interpretando una melodía eterea muy inspirada que da paso al inconfundible sonido de la guitarra eléctrica de Mike en un gran final.

“The Mathematician’s Air Display” – El arranque de la siguiente pieza nos recuerda mucho a la música que hacía al otro lado del charco Chip Davis con el pseudónimo de Mannheim Steamroller antes de entregarse al lado más acaramelado de la “new age”. Aparece aquí la inconfundible forma de tocar la batería de Pierre Moerlen aportando una nueva dimensión a una pieza que interpretan en forma de trío el propio percusionista, Pohjola y Oldfield. Una composición extraordinaria basada en el viejo esquema de tema y variaciones que crece a cada compás hasta convertirse en un excelente tema de rock progresivo.



“The Consequences of Head Bending: Part One, the Pain is Melting / Part Two, the Plot Thickens” – El tema central del disco es esta larga suite dividida en dos partes. La primera de ellas interpretada por el mismo trío que interviene en el corte anterior y la segunda con la incorporación de los músicos que aparecían en el primer corte del disco. Siempre le hemos encontrado un cierto aire a Piazzolla a esta pieza en la que el bajo de Pekka es el auténtico protagonista con una forma de tocar particularmente delicada en los primeros minutos. Más tarde el finlandés se centra en el piano y los sintetizadores para imprimir un giro estilístico tremendo a la pieza. Escuchamos entonces a un gran Moerlen a las campanas (echamos de menos el vibráfono) abriendo la parte más jazzistica de la suite con Pohjola dando un “clinic” acelerado de bajo en precioso dúo con los sintetizadores de Wlodek Gulkowski. El único “pero” que hoy podemos ponerle a esta composición es el sonido, demasiado anclado en la época en la que fue grabado y que no ha envejecido bien pero al margen de ese detalle, siempre opinable, la suite es soberbia en todos los aspectos.

“False Start of the Shadows” – El disco termina con una brevísima pieza de aire circense en su inicio que remonta el vuelo por unos instantes de forma inesperada con la segunda intervención de Sally Oldfield en el disco antes de volver a la melodía inicial. Un cierre desenfadado que inevitablemente nos hace pensar en el “Sailor’s Hornpipe” con el que se cierra “Tubular Bells”.


Poco después de la publicación del disco, Oldfield enroló a Pohjola en la banda que iba a acompañarle durante el tour que dio lugar a la publicación de “Exposed” pero su carrera no llegó a procurarle el nivel de popularidad que su calidad como bajista y compositor habría merecido. Se cuenta que el propio Frank Zappa lo quiso para su banda tras verle tocar en Helsinki pero esa oportunidad nunca llegó a concretarse. Hubo una serie de ensayos en Londres de Pohjola junto con otro grupo de músicos finlandeses encabezados por el guitarrista Jukka Tolonen de cara a una extensa gira por los Estados Unidos pero tampoco cristalizó. En cualquier caso, el bajista grabó gran cantidad de discos en solitario o como miembro de distintas bandas hasta su fallecimiento en 2008. Tenemos que confesar que nuestro acercamiento a “The Mathematician’s Air Display” se produjo a causa de la presencia en el mismo de Mike Oldfield pero lo que encontramos en el disco merece mucho la pena por lo que nos marcaremos como tarea en el futuro el profundizar en la obra de Pojhola. El disco fue recientemente reeditado en CD por Esoteric Recordings por lo que no debería ser tan difícil de encontrar como lo era tiempo atrás. Os dejamos un par de enlaces en los que adquirirlo si os ha resultado interesante.

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Nos despedimos con una muestra de lo que hacían en directo los miembros del Pekka Pohjola Group en 1980. El corte no pertenece al disco que hoy comentamos pero merece igualmente la pena.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Mike Oldfield - Crises (1983)



Indiscutiblemente, Mike Oldfield ha pasado a la historia de la música popular por dos momentos muy concretos. El primero no admite ninguna duda y es su disco “Tubular Bells”. El segundo, criterios de calidad aparte, no puede ser otro que “Moonlight Shadow”. La canción soñada por cualquier artista, el “hit” que suena una y otra vez en las radios y que incluso hoy, 30 años más tarde de su publicación, cualquier persona reconoce sin problemas, sea o no aficionada a la música.

Nos atreveríamos a afirmar, sin ningún apoyo científico, que ningún aficionado a la música de Oldfield citaría “Crises” entre sus cinco discos favoritos del músico con todo lo que esto tiene de paradójico dado el éxito de su canción estrella pero lo cierto es que, sin llegar al nivel de ninguno de sus predecesores (“Crises” hace el número ocho cronológicamente hablando) nos parece hoy en día un disco muy interesante, y no precisamente por el omnipresente single que contenía.

Oldfield estaba siguiendo una evolución paulatina desde las largas suites instrumentales de sus primeros grandes discos hasta las canciones pop. Este camino, que culminaría unos años más tarde con “Earth Moving” pasó por distintas etapas, desde un primer intento con la fórmula de suite larga + temas cortos combinando instrumentales y canciones en “Platinum”, continuando por breves piezas fraccionadas en “QE2” hasta dar con la versión mejorada de la idea de “Platinum” en el soberbio “Five Miles Out”. Se asienta entonces la concepción del disco como una cara instrumental en forma de pieza extensa como las de los viejos tiempos y otra con canciones pop-rock que sirvan de enganche para un público algo refractario ya a los usos y costumbres del rock progresivo de la década anterior. “Crises” iba a ser la versión más depurada de esa forma de organizar un disco pero también un arriesgado giro sonoro por parte de su autor: ganaban en presencia los sintetizadores, en especial el archiconocido “Fairlight”, uno de los reyes de los años 80, especialmente entre los músicos con mayores inquietudes sonoras y junto a eso, se experimenta con un endurecimiento de la propuesta musical acercándose en muchos momentos al rock duro en una amalgama entre heavy metal, electrónica y canciones pop muy curiosa, original en su momento y que, quizá, no ha resistido el paso del tiempo igual de bien que otros discos de su autor.

El disco se grabó entre turbulencias personales y discrepancias dentro del tandem Oldfield-Branson acerca del enfoque de su carrera, problemas con royalties etc. pero esto no impidió que el lanzamiento de “Crises” fuera muy ambicioso ya que coincidía con el décimo aniversario de “Tubular Bells” que iba a conmemorarse con dos conciertos en el Wembley Arena (que al final se quedaron en uno). En cierto modo, este aniversario tuvo también alguna repercusión en el contenido musical del nuevo disco.

Oldfield quiso repetir la estrategia que ya siguió en “Platinum”, no sólo en cuanto a la estructura del disco sino en un sentido más profundo: buscando formar un grupo de músicos de estudio distinto al habitual que le aportase una visión nueva a la hora de interpretar. Así, para el nuevo disco reclutó al vocalista de Family, Roger Chapman, para cantar en uno de los temas y a Jon Anderson para otro (Oldfield conoció a Chapman en 1969 cuando se presentó a una audición de Family en la que buscaban bajista siendo rechazado. A pesar de ello, hubo cierta conexión entre ambos por lo que pensó inmediatamente en él para el tema final del disco). También se enroló en el proyecto el sensacional batería Simon Philips que se ganó los galones de co-productor del disco además de marcar con un estilo personal varias de las composiciones del trabajo. El bajista Phil Spalding completa las novedades de un disco cuyos créditos incluyen también nombres ya habituales de la discografía de Oldfield como la cantante Maggie Reilly, Rick Fenn (guitarra) y Pierre Moerlen (vibráfonos).

El multi-instrumentista se iba a tomar muy en serio la grabación siendo extremadamente concienzudo en su trabajo en alguna de las piezas. En el libreto que acompaña la edición más lujosa del disco publicada a lo largo de este pasado año, Oldfield pone como ejemplo el proceso de creación de “Moonlight Shadow”. Cuenta cómo desde el principio pareció una idea magnífica y cómo le llevó más de tres meses darla por terminada. Todo apuntaba a que sería un gran tema pero no tenía claro si sería un instrumental o una canción. Probó con varias letras que no funcionaron hasta que Oldfield, que tenía una cita con Maggie Reilly en el estudio para grabar la canción al día siguiente, se sentó a escribir el texto con la ayuda de un diccionario de rimas. La letra final termina por recoger varias de las circunstancias de la grabación: era una noche de luna y el lugar del estudio que ocupaba Oldfield estaba en la sombra. Las 4AM fue la hora en la que se dio por terminada la canción quedó para ser grabada. Tampoco éste fue un proceso sencillo: en las primeras tomas, Maggie cantaba el tema como una canción rock convencional y no funcionaba bien. Oldfield quería que sonase casi como una canción de cuna, como si estuviera siendo susurrada al oído del oyente. Tras horas de trabajo y un tratamiento meticuloso de algunos fragmentos en los que casi se grababa sílaba a sílaba, la canción fue terminada.

Maggie Reilly en una captura del videoclip de "Moonlight Shadow"

“Crises” – Un sonido de sintetizador mezclado con toques de campanas abre un tema en el que enseguida escuchamos un guiño al comienzo de “Tubular Bells” con una secuencia de notas realmente similar a la de aquel momento aunque, en esta ocasión, es completamente electrónica. Tras un breve desarrollo de esa idea, vamos adentrándonos en la composición de la mano del clásico sonido de Oldfield con la guitarra eléctrica, rotundamente subrayado por el bajo y una batería muy agresiva. Como para resaltar esa dureza en el sonido escuchamos un motor acelerando, mezclado con sirenas de policía y ruidos de cristales rotos. La guitarra adopta entonces formas cercanas al rock duro e inicia una serie de potentes riffs e ideas que se van enlazando en un fragmento rápido y potente que se extiende durante varios minutos acompañado de golpes de cuerdas y metales convenientemente sampleados. Tras un pequeño interludio en tono de blues, escuchamos al propio Oldfield cantando una breve linea: “crisis, crisis, you can’t get away. I need you by my side cause there is a crisis” una y otra vez. Sin solución de continuidad llegamos a un tramo brillante marcado por la excepcional percusión de Simon Philips que acompaña a la perfección a las guitarras de Mike, quien canta otro pequeño texto relacionado con la ensoñadora portada del disco: “the watcher and the tower, waiting hour by hour”. Mediada la extensa pieza entramos en un tramo puramente electrónico, casi ambiental, de gran belleza en el que Oldfield aprovecha para introducir una bonita sección de guitarra eléctrica que anticipa en cierto modo algunos momentos de su “Amarok” que llegaría años después. Los teclados electrónicos vuelven a adueñarse de la pieza en una recreación del tema inicial a partir de la cual volvemos a escuchar otra intervención magistral de Philips con la batería y con diversas percusiones (también aquí se escucha otro breve motivo que sería recuperado en esa obra maestra que sería “Amarok”). Poco a poco la melodía va ganando en complejidad hasta terminar por convertirse en un espectacular final. “Crises” es un extenso instrumental que quizá no tenga la fuerza de otros como “Taurus II” o cualquiera de las caras de los cuatro primeros discos de su autor pero no deja de tener su interés, especialmente por cómo anticipa ideas que serán desarrolladas en el futuro. No sólo en el citado “Amarok” sino también, y especialmente en su última parte, en la suite “The Wind Chimes” del disco “Islands”.

“Moonlight Shadow” – Cuando una canción es tan popular como esta y ha pasado a la memoria colectiva de la gente, no es necesario decir mucho más. Es rara la lista de las mejores canciones de la década de los ochenta que no incluya entre ellas “Moonlight Shadow” y lo cierto es que existen motivos sobrados para ello. Se trata de una canción sencilla (un continuo ritmo de guitarra rasgueada, una voz angelical y una batería marcando el paso), directa, en la que la propia estrofa es tan pegadiza como un estribillo y que carece de sofisticaciones innecesarias. Además de eso, es una gran melodía y tiene una corta duración. Era inevitable que se convirtiera en un hit y eso fue lo que ocurrión.

“High Places” – La intervención del vocalista de Yes, Jon Anderson, en el disco llega en este extraño tema que es uno de nuestros favoritos de Oldfield en el formato “canción”. Se trata de un tema poco convencional, sin relación alguna con cualquier canción anterior de Oldfield o del propio Anderson pero que funciona muy bien. Si hubiera que buscar alguna similitud, quizá la encontraríamos en las canciones de Jon a dúo con el griego Vangelis en los discos que lanzaron en los años anteriores. Se trata de la única pieza en la que interviene Moerlen en el disco.



“Foreign Affair” – Habitualmente menospreciada cuando se habla de “Crises”, esta canción en la que volvemos a escuchar la voz etérea de Maggie Reilly también está entre nuestras favoritas de su autor. De nuevo asistimos a una pieza interpretada en su práctica totalidad con sintetizadores (salvo por la batería de Philips, claro) a los que Oldfield saca una sonoridad verdaderamente acertada. La canción, en realidad, es una repetición continua de un único motivo musical pero tiene algo que nos ha enganchado desde la primera vez que la escuchamos.



“Taurus III” – El punto más exótico en el disco lo pone este breve instrumental aflamencado en el que Oldfield se exhibe con varios tipos de guitarras e incluso un banjo pero del que la parte que más nos gusta es, una vez más, la intervención de Simon Philips. Aunque habitualmente está considerado como uno de los puntos fuertes del disco, creemos que no pasa de anecdótico.

“Shadow on the Wall” – Cerrando el disco está la pieza más combativa del mismo, inspirada en los conflictos sociales que tenían lugar en aquellas fechas en los astilleros de Gdansk, Polonia con el sindicato Solidaridad de Lech Walesa como protagonista. Oldfield utiliza el tema para componer un tema de rock duro que se beneficia mucho de la teatral forma de cantar de Roger Chapman pero que nunca terminó de convencernos.

Si dejamos al margen el “boom” asociado al single “Moonlight Shadow”, creemos que “Crises” es un disco de transición en el que Oldfield rompe en cierto modo con el estilo y el sonido de trabajos anteriores y comienza a dar un mayor protagonismo a la electrónica en detrimento de la extensa paleta de instrumentos que interpretaba en trabajos anteriores. A pesar de ello, hay un buen puñado de ideas interesantes que iban a ser exploradas en el futuro. Era inevitable, además, que el éxito del single principal del disco tuviera consecuencias y esto supuso que, durante un tiempo, todos los discos del músico tuvieran como carta de presentación un “single” tremendamente comercial, al menos, hasta la salida de Oldfield de Virgin con la única excepción de “Amarok”. Desconocemos si en el caso de Mike, esto se debe a la presión de Richard Branson para componer canciones más comerciales porque lo cierto es que buena parte de los supervivientes de los años gloriosos del rock progresivo habían experimentado una transformación similar en su música. Sin alejarnos mucho del disco, el propio Jon Anderson con Yes estaba a punto de lanzar su “Owner of a Lonely Heart”, éxito pop muy alejado de la grandilocuencia de “Close to the Edge” o “Tales from Topographic Oceans”. También en 1983 aparecía “Mama” de Genesis por poner sólo dos ejemplos de leyendas del rock progresivos reconvertidos a números uno del pop.

A lo largo de 2013 asistimos a la reedición en distintos formatos de “Crises” y de su predecesor “Five Miles Out” por lo que el lector interesado no tendrá problema en encontrar una versión a su gusto del disco que hoy hemos comentado en cualquier tienda. Dejamos los enlaces a las tres versiones disponibles en CD:

amazon.es (edición simple)

amazon.es (deluxe edition con 2 discos)

amazon.es (box-set con 3 discos, DVD y libro)

Nos despedimos con "Moonlight Shadow" interpretada en directo en San Sebastián en la gira "Discovery" de 1984:

 

lunes, 4 de marzo de 2013

Mike Oldfield - Exposed (1980)



Puede sonar raro pero lo cierto es que hasta hace poco tiempo, sólo existía un disco en directo publicado por Mike Oldfield. Ignoramos los motivos pero no será ni por falta de giras (el músico hizo varias, especialmente a comienzos de los ochenta) ni de acogida comercial del posible lanzamiento (“Exposed” agotó pronto la primera edición).

Ya comentamos en alguna ocasión cómo a finales de los años setenta, Oldfield experimentó un importante cambio convirtiéndose en una persona mucho más abierta y expansiva. Quizá por ello, el lanzamiento de “Incantations” se vio secundado por la primera gran gira del músico por varios países europeos. Siempre que hablamos de grandes giras de figuras del rock progresivo nos encontramos una serie de lugares comunes que se repiten en el caso del tour de Oldfield y compañía: éxito absoluto en términos artísticos, llenos casi continuos y descalabro económico como resultado final de todo el invento. Cuesta creer que todos los managers y promotores de conciertos de la época tuvieran problemas con las matemáticas más básicas pero si hemos de fiarnos de las leyendas, todos y cada uno de los grandes del progresivo se dieron algún batacazo económico tras conciertos o giras en los que se agotaban los billetes. La lista es larga y abarca desde Rick Wakeman y su concierto en una pista de hielo con ocasión del lanzamiento de su disco sobre los mitos artúricos en 1975 hasta la deficitaria gira de Pink Floyd centrada en “The Wall”. Raro es el grupo que no cuente con una gira ruinosa en su haber.

Sea como fuere, Oldfield no reparó en gastos para la gira buscando siempre conseguir un sonido lo más cercano al del disco sin recurrir a partes pregrabadas como empezaba a ser habitual en los conciertos de la época. De este modo, se reunió una banda formada por el propio Oldfield (bajo, guitarras), Nico Ramsden (bajo, guitarras), Phil Beer (guitarra y voces), Pierre Moerlen (batería, percusiones), Mike Frye (percusión), Benoit Moerlen (percusión), David Bedford (percusión), Ringo McDonough (bodhran), Pete Lemer (teclados), Tim Cross (teclados), Maddy Prior (voz) además de una sección de cuerda de 18 músicos, un coro de 16 cantantes (habituales colaboradores de David Bedford), cuatro trompetistas y dos flautistas. El repertorio iba a estar centrado en “Incantations” y se completaría con la interpretación íntegra, ¿cómo no? De “Tubular Bells”. De regalo, el single “Guilty” aparecido en las fechas previas al comienzo de la gira que dio inicio en Madrid, continuó en Barcelona y de ahí partió hacia Bélgica, Francia, Holanda y Alemania (si hacemos caso a las notas de la edición en CD del disco del año 2000) aunque también pasaría por Dinamarca y el Reino Unido. Sospechamos que el hecho de que no se mencionen estos dos últimos países puede tener que ver con que no se utilizara ninguno de los conciertos celebrados en ellos para la confección del doble LP.


Escena de uno de los conciertos de la gira.

“Incantations (Parts 1 & 2)” – Por algún motivo, en el disco se decidió “unir” estas dos partes así como las dos siguientes en sendas piezas únicas, en lugar de respetar su separación original. Como suele ser común en los discos en directo, las versiones en ellos incluidas son extractos editados de los conciertos originales, habitualmente de mucha menor duración. Así, nos encontramos las dos primeras partes de “Incantations” reducidas a una longitud apenas superior a los 25 minutos en contraste con los casi 40 del original. Sin embargo, la grabación no se resiente y es que la versión ofrecida por Oldfield y su banda de un disco tan complicado de trasladar al directo, es extremadamente fiel a la vez que incorpora hallazgos notables, especialmente en forma de arreglos de piano al final de una primera parte, por todo lo demás, muy dinámica y con un ritmo mucho más vivo que el disco original. Lo que en los primeros minutos suena como una versión “acelerada”, termina por mostrarse como una revisión muy acertada. La segunda parte de “Incantations” vuelve al ritmo reposado de un disco al que respeta enormemente aunque incorpora alguna novedad brillante como las cuerdas que acompañan a la luminosa progresión de la flauta que aparece en la parte central. Los últimos instantes del corte nos muestran la magnífica voz de Maddy Prior interpretando la preciosa canción con la que concluye el primero de los discos que componían “Incantations” y la primera cara de este doble disco que era “Exposed”.

“Incantations (Parts 3 & 4)” – Si se le puede poner algún “pero” a la versión en directo de “Incantations”, tendríamos que situarlo justo en la que es, a nuestro juicio, la parte más brillante del disco original: la fanfarria que abre la “parte 3”. En su revisión en directo pierde buena parte de la energía que mostraba en el disco y el sonido de piano eléctrico utilizado en la gira no le hace ningún favor. Hecho este comentario, lo cierto es que a partir de ese instante, la cosa gana muchos enteros y los arreglos de la siguiente sección se cuentan entre los más interesantes de todo el disco con una guitarra mucho más dura y momentos que se acercan al rock duro, destacando la intervención de Moerlen a la batería, justo antes de llegar a la sección de cuerda que anticipa su paso al vibráfono, instrumento en el que el malogrado Moerlen era un consumado maestro, para hacer una breve intervención, preludio de lo que llegará después. Oldfield decide aquí hacer un salto eliminando de “Exposed” una de las secciones más largas del disco original con buen criterio ya que podría resultar algo pesada en directo por las continuas repeticiones y su aire minimalista para pasar directamente a la parte final de “Incantations”, la más hipnótica y hechizante (valga la redundancia) de todo el disco y aquella en la que el vibráfono tiene un papel más destacado marcando un ritmo continuo sobre el que bajo, guitarra y demás instrumentos preparan el canto final a cargo del coro.

“Tubular Bells (part 1)” – La gran sorpresa de los conciertos iba a ser la interpretación de “Tubular Bells” por lo de rompedora y original que tenía la nueva versión del clásico. El inicio era todo lo convencional y ajustado a la versión conocida por todos que podía esperarse pero enseguida escuchamos unos primeros arabescos de guitarra que nos ponen sobre aviso de que algo distinto estaba a punto de pasar. Y así era, la aparición de la batería y el bajo acompañándonos durante varios minutos con un ritmo casi funk con gotas de música disco anticipaban esta novedad. Los violines y la flauta se encargarían del segmento melódico que sigue a la introducción, lo que no es anecdótico si tenemos en cuenta que ninguno de esos instrumentos aparecía en el disco de 1973. La siguiente etapa tiene muchos más elementos rockeros que el original y la conjunción de guitarra y batería no tiene mucho que envidiar a los momentos más clásicos del rock progresivo, género al que esta adaptación al directo se acerca más si cabe que cualquiera de las revisiones anteriores o posteriores del disco. Desde aquí hasta los momentos finales, no hay muchas novedades pero llegando al final de esta parte encontramos los momentos más memorables del disco con unos arreglos absolutamente fastuosos y la banda tocando mejor que nunca. A falta de narrador que introduzca los distintos instrumentos, tenemos un guitarra absolutamente funky marcando un ritmo continuo como el que suele acompañar a la presentación de los músicos en un concierto pero sin una voz que haga las veces de maestro de ceremonias. A partir de ahí, tenemos un final apoteósico con los metales y las percusiones acompañando la aparición estelar de las campanas tubulares.

“Tubular Bells (part 2)” – La segunda parte de “Tubular Bells” es recortada de forma dramática de manera que comienza en la conocida parte del “hombre de las cavernas”. Sin embargo, igual que los minutos finales de la parte anterior revelaban la ausencia de narrador, aquí tampoco habría troglodita alguno. La sorpresa es que, para suplirlo, Oldfield recurre al bonito arreglo que Bedford hizo de ese fragmento concreto para la versión orquestal de “Tubular Bells” y que era uno de los momentos más destacados de aquella adaptación. Tras este fragmento, tenemos una larga pieza rock muy diferente de lo que sonaba en el disco del 73 pero que merece mucho la pena. Cerrando este breve fragmento en el que se condensa la cara B de “Tubular Bells” tenemos una encantadora versión de “The Sailor’s Hornpipe” con las tradicionales cucharas irlandesas como percusión y desenfrenados solos de violín en un acertado final. Podeis ver un fragmento del concierto de Londres, distinto del recogido en el doble CD.



“Guilty” – El último corte de “Exposed” es la versión en directo de “Guilty”, el single discotequero que apareció poco antes del inicio de la gira y que se revela perfecto para que los músicos puedan explayarse a sus anchas. Una vez más, Pierre Moerlen da una auténtica lección al vibráfono y el propio Oldfield se guarda un buen sólo de guitarra cerca del final, que llega enlazando la rítmica pieza con la melodía del final de la cara B de “Tubular Bells” a ritmo disco poniendo un simpático broche final al trabajo.

“Exposed” fue durante mucho tiempo el único disco en directo publicado por Oldfield. Muchos años después se publicó un segundo con el concierto del milenio en Berlín pero desde un punto de vista artístico, no hay comparación posible entre ambos. También existe un DVD con el mismo título de “Exposed” con la diferencia de que el contenido no procedía de distintos momentos de la gira del 79 sino que recogía un concierto concreto. Los incondicionales de Oldfield deberían tenerlo en sus estanterías al igual que el doble CD. Para ponerles las cosas más fáciles, dejamos los siguientes enlaces:




"Guilty" en directo en el Wembley Conference Center, 1979.


miércoles, 3 de octubre de 2012

Mike Oldfield - Platinum (1979)



Mike Oldfield ha sido siempre un tipo con una personalidad más que complicada: introvertido, vulnerable en muchos momentos y muy inseguro a pesar (o quizá por ello) de ser una estrella desde muy joven. Con la publicación de “Incantations” y la gira monumental que siguió al disco, tenemos, quizá, su versión más grandilocuente. Era aquel un disco inmenso en varios aspectos y no sólo en su duración. Es presumible que todo su proceso de creación y grabación fuera agotador en todos los sentidos. Escuchando su siguiente trabajo, “Platinum”, se diría que tras subir a lo más alto, Oldfield sintió la necesidad de acercarse al público, de comunicar sus ideas de un modo más directo, de abrirse, en una palabra. Es bajo esa perspectiva como queremos analizar el que fue su siguiente paso en forma de disco.

Poco después de la publicación de “Incantations”, Oldfield viajó a Nueva York junto con Richard Branson para conocer las nuevas oficinas de Virgin en la Gran Manzana. El ambiente neoyorquino entusiasmó a Mike quien creyó interesante volver, alquilar un estudio y juntarse con músicos locales para tocar juntos y ver qué salía del experimento. Es ahí donde entra en escena la persona de la cantante Clodagh Simmonds. De origen norirlandés, la artista había colaborado con Oldfield en “Hergest Ridge” y “Ommadawn” antes de trasladarse a Nueva York para continuar con su carrera musical. Clodagh trabajaba con varios músicos locales y era amiga del compositor Philip Glass, con lo que no tardó en presentar a Oldfield al ingeniero de sonido habitual del músico neoyorquino, Kurt Munkacsi, quien iba a ser el encargado de contratar a los instrumentistas participantes en las sesiones. Uno de los primeros resultados sería el single “Guilty”. En palabras de Oldfield: “Había un bajista que me impresionó. Se llamaba Neil Jason y tocaba el bajo sin trastes. Viéndole tocar en una de las sesiones escribí un par de acordes que fueron la base de la canción. Cuando volvimos con las cintas a Inglaterra le pedí a Steve Winwood que tocase algunos teclados en la parte final del tema. Al escuchar “Guilty”, la gente de Virgin alucinó y aseguraron que era un hit en potencia”. Efectivamente, lanzado como single en las fechas previas al comienzo de la gira europea de “Incantations”, alcanzó los primeros puestos en las listas y se incorporó al repertorio de los conciertos como uno de los momentos más intensos de los mismos.

Al margen de “Guilty”, de las sesiones grabadas en Nueva York, Oldfield se trajo abundante material que terminaría por formar parte de su próximo álbum bajo el título de “Platinum”. Además del citado Neil Jason, participaron en las grabaciones el también bajista Hansford Rowe (músico de jazz local que poco antes, junto con Pierre Moerlen, formo parte de la escisión de los Gong originales y de su transformación en los Pierre Moerlen’s Gong) o el batería Allan Schwartzberg (colaborador en discos de gente tan variopinta como Gloria Gaynor, James Brown, Peter Gabriel, o Meco). Tras regresar a Gran Bretaña, Oldfield completó la grabación del disco en el que también intervienen Morris Pert (percusión), Peter Lemer (teclados), Nico Ramsden (guitarra), Pierre Moerlen (percusiones), Wendy Roberts (voz), Francisco Centeno (bajo), Sally Cooper (tubular bells), Peter Gordon, Michael Riesman (arreglos de metales) y David Bedford (arreglos vocales). El propio Oldfield sigue tocando varios instrumentos pero muchos menos que en sus discos anteriores. Se limita en “Platinum” a las guitarras, teclados, percusiones y alguna voz.

En los comentarios de la reciente reedición del disco, llama la atención una frase que ya hemos citado antes en la que Oldfield afirma que quiso juntarse en Nueva York con músicos distintos y juntarse para tocar para ver qué salía de allí “porque es algo que se supone que hacen los músicos”. No parece algo anecdótico, desde luego. De repente, Oldfield se ve a sí mismo como un músico “normal”, deseoso de interactuar con otros e intercambiar ideas haciendo “lo que se supone que hacen los músicos”. Tampoco parece casual que en “Platinum” aparezcan versiones de otros artistas por primera vez en un disco de Oldfield (algo que se repetiría en discos posteriores) y es que las sesiones neoyorquinas fueron, además de fructíferas, muy divertidas. Circula un video por ahí de una jam-session en la que la banda interpreta su propia versión del “All Right Now” de  Free, muy ilustrativo. Tenemos, pues, a un Oldfield nuevo, más abierto y comunicativo, y eso se refleja también en la música. Ya no va a haber grandes suites ininterrumpidas que ocupen una cara del disco cada una, llenas de una cantidad de ideas apabullante, extensos desarrollos y un aire trascendente y de gran seriedad sino cortes más breves (con matices) y múltiples guiños humorísticos. Oldfield se ríe de sí mismo y ese cambio de actitud da a la obra una frescura que no estaba presente en trabajos anteriores.


Oldfield en una imagen de la época



“Platinum – Part 1: Airborne” – La primera novedad del disco para el seguidor de Oldfield era que ya no estaba dividido en “partes” como hemos indicado. Sí que existía una suite más o menos larga con el mismo título del disco pero también segmentada en cuatro etapas bien distintas entre sí. La primera de ellas se abre con una secuencia de notas electrónicas repetitivas en lo que podía ser una especie de actualización del comienzo de “Tubular Bells”. No tarda en aparecer una guitarra baja realmente dinámica ascendiendo y descendiendo por la escala de un modo alegre y muy expansivo. Un breve riff de guitarra eléctrica actúa como introductor de la batería y de una serie de secuencias percusivas (vibráfono principalmente). La guitarra eléctrica de Oldfield lleva la voz cantante, valga la expresión, durante toda la composición con un protagonismo que no tenía habitualmente. Tras este breve interludio, la batería  pasa a un registro más agresivo, siendo imitada por la guitarra en una especie de guiño al rock duro. Es también aquí donde los teclados toman la palabra por un breve instante que lleva a otra sección dominada por el vibráfono, una especie de momento de relajación antes de la segunda parte.

“Platinum – Part 2: Platinum” – Sin solución de continuidad, la guitarra eléctrica comienza a desgranar una nueva melodía con el apoyo de la batería que marca un ritmo imperturbable. Estamos ante lo que podría ser un “blues” algo acelerado entre cuyas notas se cuelan algunos destellos electrónicos y que es, quizá la parte central del disco por cuanto se trata de la melodía más elaborada del trabajo, sin cambios bruscos y con un desarrollo realmente trabajado. En el tramo final, podemos disfrutar de un gran trabajo del bajista durante unos instantes que precede a los primeros rasgos humorísticos del disco con el propio Oldfield entonando una serie de notas vocales a modo de “scat”.



“Platinum – Part 3: Charleston” – De repente y sin previo aviso nos encontramos ante una sección de viento interpretando una característica melodía de baile. La entrada de una sección rítmica más propia de la música disco nos indica que estamos ante un tema “distinto”. El piano, algo distorsionado comienza a desgranar unas veloces notas y es imitado por la guitarra acústica poco antes de que sea de nuevo el bajo el que tome los mandos. Unos coros en segundo plano y más “scat” por parte de Oldfield terminan por configurar este peculiar charlestón que, al igual que los temas anteriores, se funde en la siguiente parte.

“Platinum – Part 4: North Star” – De nuevo el bajo y la batería, con ocasionales apoyos de los teclados y un piano, utilizado casi como un elemento percusivo más sirven de anticipo de la primera versión de un tema de otro artista que aparece en el disco. En 1977, Philip Glass había publicado su LP “North Star” a través de Virgin Records. Puede parecer anecdótico pero lo cierto es que, hasta entonces, su música se había publicado en sellos pequeños y que esa iba a ser su primera grabación que iba a gozar de una cierta distribución internacional. Imaginamos que ese disco llamó la atención de Oldfield al ser publicado por su mismo sello y que eso le llevó a incluir su tributo a la pieza del compositor norteamericano. De este modo tan curioso se iba a cerrar la primera cara del disco. Lo cierto es que Mike sólo utiliza una pequeña sección vocal del tema original de Glass y alrededor de él construye una improvisación de guitarra muy acertada. Es curioso que sea esta la única pieza escogida por Oldfield para ser actualizada en la reciente reedición de “Platinum”. En la nueva mezcla, el británico recupera varias líneas melódicas del original de Glass que no había tenido en cuenta en 1979.

“Woodhenge” – La pieza que iba a abrir la segunda cara de “Platinum” era una verdadera sorpresa. Se trataba de una composición casi ambiental a base de percusiones sobre las que aparecen breves apuntes de guitarra a cargo del propio Oldfield. No encontramos ningún precedente tan misterioso y evocador en los discos anteriores del músico salvo, quizá, algunos pasajes aislados de “Hergest Ridge” pero nunca con una atmósfera tan onírica como la de este “Woodhenge” en cuya parte final, como curiosidad, aparecen las inevitables campanas tubulares.



“Into Wonderland” – Con una introducción de sintetizadores y percusión (probablemente electrónica) comienza una canción muy particular. Ni la melodía ni la interpretación apuntan en ese sentido pero los coros ululantes que suenan a lo largo de la pieza le dan un tono definitivamente burlesco y el “scat” que aparece mediado el tema, junto con una segunda sección coral no hacen sino reafirmar esta impresión. A título de anécdota merece la pena señalar que “Into Wonderland” no formaba parte del listado original de canciones del disco ya que la primera edición de “Platinum” incluía en su lugar otra canción titulada “Sally”, de aire mucho más infantil, cantada por el propio Oldfield a través de una línea telefónica y dedicada por el músico a su pareja en aquel momento, Sally Cooper. La canción no gustó demasiado a Richard Branson según cuentan las malas lenguas y fue reemplazada en sucesivas ediciones del disco por “Into Wonderland” con la voz de Wendy Roberts. La sustitución no fue completa por cuanto que en las contraportadas de los discos seguía apareciendo el título “Sally”, cosa que no se corrigió hasta mucho tiempo después (incluso las primeras ediciones en CD de 1984 seguían incluyendo la errata).

“Punkadiddle” – No fue ese el único punto de desencuentro entre Branson y Oldfield del que encontramos algún testimonio en el disco. Los últimos años de la década de los setenta conocieron el surgimiento del punk y sus representantes más mediáticos, los Sex Pistols, iban a ser el nuevo grupo estrella de Virgin Records encabezando una larga lista de bandas de ese estilo. Oldfield no entendía la promoción que se le hacía a una música que consideraba inferior y menos por cuanto esa inversión de Virgin en publicidad para el punk redundaba en un menor esfuerzo en la carrera de Oldfield. “Punkadiddle” fue la materialización de ese descontento en forma de parodia de todo el género. Comienza con una auténtica ráfaga incendiaria de guitarra eléctrica y un ritmo vivo y alegre. Enseguida entra la melodía de la descartada “Sally” que sirve de preludio a la melodía principal: con la base de una guitarra machacona que aporrea dos simples acordes, el teclado dibuja una melodía infantiloide que repite varias veces. Como si entrase en el escenario apartando a los músicos que perpetran ese desastre, aparece la guitarra de Oldfield en medio de una ovación interpretando una melodía con su clásico sello. De nuevo vuelve la tonada inicial y vuelve a ser “expulsada” por nuestro artista entre la algarabía creciente de los espectadores encendidos ante el combate que están presenciando. En la parte final, parece producirse la reconciliación y todos los músicos terminan uniéndose a la melodía de la guitarra de Mike. “Punkadiddle” fue uno de los temas estrella de los conciertos de la gira posterior y todos los músicos aparecían en el escenario con el torso desnudo parodiando toda la puesta en escena habitual del género que se pretende caricaturizar.

“I Got Rhythm” – La estancia en Nueva York de Oldfield tuvo mucho que ver, sin duda, en la elección de las versiones presentes en el disco. Si Philip Glass es un icono de la música contemporánea hecha en la Gran Manzana, no se puede decir menos de George Gershwin. Aunque quizá deba su popularidad a su inclusión en la película “Un Americano en París”, la canción se compuso para el musical “Treasure Girl” siendo descartada del montaje final y recuperada en una versión mucho más rápida en una comedia posterior: “Girl Crazy”, de 1931 siendo uno de los números más populares de la obra, con su aire festivo y casi cabaretero. En cualquier caso, pronto se convirtió en un estándar que muchos cantantes de jazz incorporaron a su repertorio. Intuimos que la versión de Oldfield es mucho más fiel al original de 1928 ya que es una interpretación muy pausada y sensible de la canción de lo que estamos acostumbrados a oír. Comienza con una leve melodía de teclado sobre la que Wendy Roberts canta, en un registro más contenido del habitual, la letra de Ira Gershwin. Tras la primera estrofa el teclado vuelve hacer acto de presencia antes de la entrada de la batería, el bajo y la guitarra acústica  que quieren despedirse del disco acompañando a la voz de Wendy. En los instantes finales, entra en la conversación la guitarra eléctrica de Oldfield con una melodía de su propia cosecha, reforzada, cómo no, por las campanas tubulares antes de poner el cierre con la misma sutil melodía de teclado que abría el tema.

“Platinum” no alcanzó las cifras de ventas de discos anteriores del músico aunque eso no debería extrañarnos dado el giro que experimenta la música de Oldfield en este disco. La aparición de temas cortos, canciones y versiones de otros músicos eran algo nuevo y que pudo descolocar a los seguidores del artista. La propia música era más “terrenal”, alejada de la grandilocuencia de sus obras anteriores y en el apartado instrumental, había perdido en complejidad. Cierto es que en 1979 el rock progresivo como género había perdido mucho terreno en el apartado comercial frente a otras corrientes (el citado punk, la música disco e, incluso, el rock duro y el heavy metal) pero el giro estilístico de “Platinum” no hizo mucho por “conservar” a la vieja guardia de los fans del autor de “Tubular Bells”.

En nuestra opinión, “Platinum” es un disco muy válido. Oldfield tenía la opción de seguir haciendo lo mismo que en los años anteriores o bien buscar nuevos caminos para su música. La alternativa escogida fue la segunda y eso marcaría toda la década siguiente del músico en la que cada disco avanzaba un paso más que el anterior hacia el mundo del pop pero eso será materia de entradas futuras. Los amantes de la música de Oldfield disfrutarán de “Platinum” como de cualquiera de sus obras de esta etapa. Si decidís comprar el disco, la reciente reedición del mismo trae un añadido realmente atractivo: un concierto casi completo de la gira de 1980 del músico en el Wembley Arena. Lo podéis hacer en cualquiera de los siguientes enlaces:

amazon.es

fnac.es

Nos despedimos con un breve fragmento de la versión de Oldfield y compañía de "All Right Now" y un video de "Punkadiddle" en directo en Montreux'81:


jueves, 13 de octubre de 2011

Pierre Moerlen's Gong - Second Wind (1988)


Gong fue una banda multinacional surgida a finales de los años sesenta dentro de lo que se conoce como sonido Canterbury. Dentro de esa escena aparecieron artistas como Robert Wyatt, Caravan o Soft Machine y, en cierto modo, fueron el germen de multitud de grupos y estilos relacionados con el rock progresivo, el jazz-fusión y las nuevas músicas.

La curiosidad alrededor de Gong es que el grupo sufrió varias escisiones, reencarnaciones y renacimientos bajo nombres como Planet Gong, Mother Gong, New York Gong, Gongmaison y, especialmente, la que más nos interesa aquí: Pierre Moerlen's Gong. Pierre Moerlen, extraordinario percusionista, se incorporó a los Gong originales en 1973 entrando y saliendo varias veces de la banda a la vez que realizaba colaboraciones en los discos de Mike Oldfield de la época y le acompañaba en las giras. En 1978, tras colaborar en "Incantations", disco en el que su intepretación alcanza un protagonismo al nivel casi del mismo Oldfield, abandona Virgin y crea su propia banda a la que llama Pierre Moerlen's Gong debutando con un disco espectacular titulado "Downwind" con colaboradores de la talla de los hermanos Oldfield (Mike y su hermano Terry), Steve Winwood o Mick Taylor.

La música de Gong, como corresponde a un grupo liderado por Moerlen tiene un claro protagonismo de las percusiones, especialmente de los vibráfonos y las marimbas. Su sonido se alejó desde el principio de su grupo matriz y supieron hacerse un hueco en el difícil ambiente progresivo de finales de los setenta. El disco que os dejamos hoy pertenece a una etapa tardía de la banda y es el penúltimo grabado por la formación antes del fallecimiento de Moerlen en 2005. Os vais a encontrar un elegante ejercicio de jazz fusión con tintes rockeros, realmente agradable y sin estridencias. Quizá no sea el disco más reconocido de la banda pero tiempo habrá para encargarnos de sus trabajos más populars. La formación del grupo en este disco estaba compuesta por Pierre y Benoit Moerlen (vibráfonos, marimbas, batería y teclados), Frank Fischer (piano y sintetizadores), Hansford Rowe (bajo), Stefan Traub (vibráfono, sintetizadores) y Ake Zieden (guitarra).

Los buenos tiempos de la banda quedan atrás y encontrar a buen precio este disco resulta realmente difícil. Os dejamos el único enlace que hemos encontrado en una tienda de cierta relevancia:

amazon.com

Aquí teneis un ejemplo del disco en forma del tema que le da título:

viernes, 8 de julio de 2011

Mike Oldfield - Incantations (1978)




Realmente, y teniendo en cuenta que ya habían aparecido por aquí sus tres primeros clásicos, no podíamos tardar mucho en encargarnos de completar el poker con el cuarto de los grandes trabajos épicos del primer Mike Oldfield así que no esperamos más.

Existe un importante salto en todos los sentidos entre los primeros discos de la "serie" y este cuarto. Para empezar, el espacio de tiempo entre "Incantations" y su predecesor es mucho mayor de lo habitual (casi 3 años). En lo musical, pensamos que el trabajo es también mucho más maduro. Se parte de muchas menos ideas básicas pero están mucho más desarrolladas, hasta el punto de que estamos hablando de un doble LP por primera vez en la carrera de Oldfield, dividido, lógicamente, en 4 partes, una por cada cara de los discos. En el aspecto instrumental, el artista sigue llevando el peso del disco pero en buena parte del disco cede por completo el protagonismo a los demás intérpretes. Tenemos secciones interpretadas casi en exclusiva por una pequeña sección de cuerda con intervenciones de trompeta o largos fragmentos rítmicos en los que apenas aparece algún ligero apunte de guitarra. Los sintetizadores tienen un papel mucho mayor que en anteriores obras y se nota mucho la aportación de otros músicos como el percusionista Pierre Moerlen, líder de la banda Pierre Moerlen's Gong, protagonista casi absoluto en muchos tramos del disco, cosa que sucede también en muchos momentos con las flautas de Terry Oldfield. Los créditos completos del disco incluyen al propio Oldfield (guitarras, bajos, teclados, percusión y voces), Sebastian Bell y Terry Oldfield (flautas), Jabula (percusiones africanas), Mike Laird (trompeta), Pierre Moerlen (batería, vibráfonos), Sally Oldfield (voces), Maddy Prior (voces) y el Queen's College Girl Choir con David Bedford dirigiendo el coro y la sección de cuerda no acreditada en el album.

Estilísticamente, a las habituales influencias celtas, africanas o clásicas, se unen clarísimas referencias a las vanguardias americanas, especialmente el minimalismo de Steve Reich en los aspectos rítmicos y algunos tratamientos vocales, deudores de la escritura coral de Philip Glass, quien pocos meses antes había lanzado con Virgin Records, discográfica del propio Oldfield, su album "North Star".

En lo personal, "Incantations" es una especie de liberación después de una etapa de crisis personal en la que Oldfield se vio superado por el éxito y la popularidad alcanzados con sus primeras obras. Una etapa turbulenta en muchos aspectos con inmersiones en el psicoanálisis o en particulares grupos de exégesis con objetivos no del todo claros que no parecían el mejor entorno para el particular carácter del músico.

Sin embargo "Incantations" terminó siendo un disco magnífico, que puede codearse sin problemas con cualquiera de los anteriores del músico. En unos días, el próximo 25 de julio, verá la luz la nueva edición del disco remasterizada por el propio Oldfield para Universal, como hizo anteriormente con "Tubular Bells", "Hergest Ridge" y "Ommadawn". La recomendación lógica sería esperar a este lanzamiento para haceros con la obra. Dejamos un par de enlaces, uno al la edición simple con el añadido del tema "Guilty" y el otro a la deluxe, ambos en pre-order.

play.com single edition

play.com deluxe edition pre-order

viernes, 3 de junio de 2011

Mike Oldfield - Ommadawn (1975)


"Ommadawn" es el extraño título del que fue el tercer disco de Mike Oldfield. Es también, para gran parte de sus seguidores, el mejor de sus trabajos. Recientemente tratamos aquí "Amarok", disco que, en muchos sentidos, se puede considerar como la segunda parte del LP que hoy nos ocupa y en el que repetían buena parte de los intérpretes de este "Ommadawn".

El disco se publicó poco más de un año después de "Hergest Ridge" y supone un nuevo avance en el sonido de Oldfield en el que las influencias externas, en este caso celtas y africanas son más evidentes que nunca. Aunque el peso instrumental del album sigue recayendo en la mayoría de los instrumentos sobre las espaldas de nuestro músico, la lista de invitados es más amplia que de costumbre e incluye varios nombres muy destacados como el percusionista Pierre Moerlen o el gaitero y lider de los Chieftains, Paddy Moloney. Junto a ellos, podemos escuchar a Don Blakeson (trompeta), Herbie (gaitas), The Hereford City Band, Jabula (percusiones africanas), William Murray (percusión), Sally Oldfield (voz), Terry Oldfield (flautas), Leslie Penning (flautas), The Penrhos Kids (voces), Clodagh Simonds (voz), Bridget St.John (voces) y David Strange (cello).

Estamos de nuevo ante una larga suite instrumental dividida en dos partes sólo por los imperativos del vinilo y que incorpora una canción como cierre: la alegre "On Horseback" que aparece integrada en la segunda parte del disco. Con la perspectiva de los años, "Ommadawn" es, probablemente, el más asequible de todos los discos "épicos" de Oldfield sin menoscabo de su inmensa calidad. En los últimos años, Oldfield está reeditando todo su catálogo con versiones remasterizadas de sus viejos clásicos. Precisamente la versión que aquí dejamos hoy es esta nueva mezcla publicada el año pasado. Todas estas revisiones son realmente exquisitas y esta en especial, la destacamos por su nitidez, en especial en la citada "On Horseback" que ahora se puede disfrutar con una gran precisión.

La versión simple y la deluxe, con un montón de extras como demos y un DVD con la mezcla en 5.1 pueden encontrarse en los siguientes enlaces a buen precio:

play.com (edición simple)

play.com (deluxe edition)

También podeis escuchar los primeros minutos de la obra aquí: