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lunes, 30 de junio de 2025

Neuronium & Vangelis - A Separate Affair (1996)



Aunque parezca mentira visto desde la perspectiva de hoy, hubo una época en la que la música era algo fundamental en la programación de las cadenas televisivas, ya fuera con espacios exclusivamente dedicados a ella o formando parte destacada de otros como magazines, galas o concursos. Algunos de los segmentos más golosos de la parrilla como la tarde de los fines de semana estaban ocupadas por programas dedicados al pop, al rock y a todas las expresiones estilísticas del momento. Más sorprendente aún era el hecho de que muchos de esos programas mostraban interpretaciones en directo en las que solían participar muchas de las grandes figuras internacionales con una asiduidad que hoy resulta difícil de creer.


Dentro de ese contexto, hubo programas que destacaron sobre los demás como fue el caso de “Musical Express”, presentado por Ángel Casas y que estuvo en RTVE entre 1980 y 1983 (aunque había empezado en 1978 en la televisión pública catalana). En 1981 se emitieron dos de los programas más recordados por los seguidores de la música electrónica ya que contaron, por un lado, con la participación de Klaus Schulze, Tangerine Dream o Ashra, pilares de la llamada “Escuela de Berlín” y, por otro, con Vangelis. En ambos programas, el plato fuerte era una jam session conjunta de los artistas invitados con Neuronium. En el segundo fue con Ashra, en Berlín, con los refuerzos de Santi Pico, Teddy Bautista y el vocalista Miguel Guillamat. En el primer programa, la sesión se grabaría en los míticos estudios Nemo, en Londres, a donde se desplazaron los miembros de Neuronium, en aquel entonces: Michel Huygen y Carlos Guirao para tocar con Vangelis.


Según se contó en su día, la iniciativa partió del compositor griego, habituado por aquel entonces a invitar a distintos músicos a su estudio para tocar juntos con el único ánimo de pasar un buen rato. Comentaba Huygen en su momento que, con ocasión del encuentro, preparó una serie de bases y esbozos para usarlas como soporte de la sesión y que los tres músicos fueron improvisando a partir de ahí. La actuación fue grabada y se emitió un fragmento de la misma en “Musical Express”, además de la pieza de Vangelis en solitario.


Hasta aquí, todo está dentro de lo normal pero un tiempo después comenzaron las polémicas, que no serían pocas respecto de esta grabación. En 1992, Huygen decide lanzar un single bajo el nombre de “Neuronium & Vangelis” con un extracto de unos nueve minutos de la sesión con el título de “In London”. La sensación que hubo en aquel momento es la de que Vangelis no tuvo nada que ver con aquello y todo fue una decisión del propio Huygen (aunque éste afirmó en una entrevista con Jorge Munnshe que el prpio Vangelis le preguntó alguna vez por qué no publicaba la sesión). El CD apareció en el sello de “new age” Chacra Alternative Music y no tuvo mucho más recorrido. Unos años más tarde, el sello Tuxedo, para el que publicaba Huygen regularmente iba a lanzar el disco que comentamos hoy: “A Separate Affair”, firmado de nuevo como “Neuronium & Vangelis” con tres re-elaboraciones del material original a cargo del propio músico hispano-belga alargando el contenido original hasta algo más de 35 minutos. Todo esto no tendría nada de particular de no ser porque en 2022 el sello alemán MIG, especializado entre otras cosas en reeditar el fondo de catálogo de varios artistas de la escena electrónica alemana (Schulze, Ashra, Agitation Free...) lanzó una edición ligeramente diferente de “A Separate Affair” volviendo al título original de “In London” con la coletilla “Platinum Edition”. Lo interesante es que en las notas se refieren al lanzamiento diciendo que “por fín, tras varios lanzamientos no oficiales, aparece por primera vez en su totalidad la sesión grabada por Neuronium y Vangelis” lo que sugiere bien a las claras que las versiones anteriores no terminaban de ser legítimas. En todo caso, pasamos a la música y a comentar el disco de que disponemos que es el citado “A Separate Affair” aparecido en 1996.


“In London (the Psychotronic Mix)” - Comenzamos la escucha con una larga sección ambiental llena de capas y capas de sonidos electrónicos sobre la que enseguida destacan las inconfundibles notas del Yamaha CS80 de Vangelis ejecutando un boceto de melodía que no va mucho más allá al principio pero que más tarde se desarrolla algo más. En todo caso es una pieza esencialmente paisajística con profusión de efectos. Conforme avanza, encontramos algún intento de ritmo por debajo con un Vangelis interpretando las partes más sinfónicas sobre el colchón sonoro de Huygen y Guirao. En sus mejores momentos, la pieza puede recordar un poco a la música que el compositor griego grabó para su disco “China”, lo que tiene todo el sentido del mundo ya que fue publicado un tiempo antes de la sesión para la televisión.




“In London (the After Hours Mix)” - Tras esa primera pieza de veinte minutos escuchamos el segundo remix, esta vez de menos de quince y que no difiere en exceso del primero. Si acaso, la introducción es más breve y nos lleva sin demora a la parte más melódica de Vangelis como, de hecho, ocurría en la sesión emitida en TV en su día por lo que podemos pensar que todo el trabajo amás atmosférico del primer tema era un añadido de Huygen sobre la grabación original.


“In London (the Radio Mix)” - Por último tenemos la versión más reducida de la pieza centrada en esos momentos inicales de Vangelis que, por otro lado, son los más reconocibles de toda la composición. Pese a la popularidad del músico griego en aquel momento, dudamos que esto sonase mucho en la radio.



Años después de la sesión comenzaron las polémicas, acentuadas tras la muerte de Carlos Guirao que desencadenó un cruce de acusaciones entre Michel Huygen y la pareja de Carlos. Para empezar, en los créditos del disco no aparece por ninguna parte el nombre de Guirao, quedando enmascarada su participación bajo el nombre de Neuronium (Huygen sí que aparece citado aparte). Por otro lado, la foto que ilustra el trabajo había sido burdamente manipulada para “borrar” a Carlos Guirao de la misma. Huygen explicaba ambas ausencias indicando que cuando se publicó el disco, Guirao ya no formaba parte del grupo por decisión propia (recordemos que se editó más de diez años después de que tuviera lugar la sesión original) y que, por ello, no aparecía su nombre. La ausencia de Carlos de la foto la explicó por un tema económico. Venía a decir que había que pagar una cantidad (no aclara a quién) por aparecer y que, mientras él si podía hacer frente a la misma, Carlos no. Todo este tema se embarró bastante cuando Michel anunció en su facebook el fallecimiento de Carlos provocando la reacción de la pareja de éste quien le reprochó el trato que tuvo hacia él en sus últimos meses en el grupo. Un feo asunto que tuvo cierta vida en los foros españoles de internet centrados en la música electrónica y que no debería distraernos del disco que hoy comentamos. Sobre él, poco que añadir. Tiene pinta de maniobra comercial para aprovechar la popularidad de un músico como Vangelis, mucho más célebre que sus compañeros en la grabación (sin desmerecer las trayectorias de Neuronium, Huygen o Guirao. El contenido musical, si bien no está nada mal, tampoco justifica la edición de ese material que, posiblemente, solo interesaría a los seguidores más acérrimos de Neuronium o Vangelis, quien, sin ir más lejos, tiene multitud de improvisaciones de ese estilo registradas para diferentes televisiones sin haber mostrado nunca el más mínimo interés por publicarlas oficialmente. Como disco, no estamos seguros de que merezca mucho la pena aunque sí como testimonio de un acontecimiento concreto o, al menos, así es como nos lo tomamos nosotros.


Os dejamos, a modo de despedida, los dos programas de Musical Express, cortesía del canal de youtube de Wet Dreams Records, grandes difusores de la historia de la música electrónica que también son sello discográfico desde hace unos años.




lunes, 12 de junio de 2023

Irene Papas, Vangelis - Odes (1979)




No son raros los casos de actores y actrices que hacen sus pinitos en el mundo de la canción pero tenemos que reconocer que solo en raras ocasiones consiguen un resultado acorde a lo esperado, lo que es más curioso cuando comprobamos que el camino inverso ha sido recorrido por gran cantidad de cantantes con relativo éxito. El caso que tenemos hoy aquí pertenece a la primera categoría pero tiene mucho de excepcional por la personalidad de sus dos protagonistas. Irene Papas fue, quizá, el prototipo de la actriz griega en el sentido más estricto. No sólo por ser de esa nacionalidad sino porque, pese a su gran proyección internacional, nunca abandonó el teatro clásico llegando a interpretar a los personajes más importantes de la escena del país heleno hasta el punto que cuesta pensar en otra actriz interpretando a Electra, Medea o Antígona.


Aunque no se utilizaron en la película, Irene Papas grabó varias de las canciones escritas por Mikis Theodorakis para “Zorba el Griego” que no se publicaron en disco hasta muchos años después. Seguramente su primera grabación fonográfica sería un disco muy particular grabado por la actriz junto con Vangelis. Por lo que leemos, originalmente se editó en Grecia como un disco a dúo pero en sus ediciones internacionales aparecía firmado por Irene Papas en solitario. Pese a ello, está claro que es un esfuerzo compartido ya que el compositor interpreta todos los instrumentos, como era habitual entonces, y aporta dos piezas propias a un trabajo compuesto en su mayor parte por canciones tradicionales. La actriz había participado años atrás en el polémico “666, the Apocalypse of John” de Aphrodite's Child (aunque en la práctica era un disco de Vangelis al 90%) y desde entonces ambos artistas mantuvieron una gran amistad que se mantuvo hasta el fallecimiento del músico hace poco más de un año. Irene Papas apenas le sobrevivió unos meses así que quizá sea un buen momento para recordar esta confluencia de talentos que llevó el título de "Odes".


“Les 40 Braves” - Abre el disco una espectacular fanfarria sonora de Vangelis que sirve para resaltar la épica del asalto de cuarenta soldados griegos en su intento por reconquistar una ciudad dominada por los turcos en los comienzos del siglo XIX. Tras la introducción escuchamos a Irene Papas cantando la melodía central con los teclados acompañándola al unísono y la ayuda de un espectacular coro que, en términos de la música de Vangelis estaría a medio camino entre los de “Heaven and Hell” y los del posterior “Mask”. Una marcha espectacular que termina como empezó, con el poderoso sonido electrónico del Vangelis de los setenta.




“Neranzoula (Le Petit Oranger)” - En un tono mucho más intimista y cercano a sus músicas para documentales de naturaleza afronta Vangelis el segundo corte. Esta vez la cosa va de atmósferas misteriosas que destacan la interpretación de Irene Papas. Una melodía llena de reminiscencias griegas que se beneficia del sutil tratamiento del músico, con un talento exquisito a la hora de llenar espacios con elementos tan leves como un toque de campana.


“La Danse du Feu” - Llegamos a la que para nosotros es la joya del disco: un instrumental electrónico compuesto por el propio Vangelis que no tiene nada que envidiar a temas similares de su discografía y que encajaría perfectamente en clásicos como “Spiral”. Es una exhibición portentosa en la que sobre una potente secuencia electrónica escuchamos una rápida melodía de buzuki, replicada ora por campanillas, ora por sintetizadores y todo acompañado de una percusión portentosa. Una obra maestra de Vangelis que si no ha alcanzado mayor fama es por pertenecer a un disco más desconocido que los que el propio músico publicó con su nombre en la época. La segunda parte, más tradicional y sin todo el boato electrónico de la primera, es también una preciosidad que anticipa el estilo que el músico adoptaría años más tardes en obras como “El Greco”.




“Les Kolokotronei” - La siguiente canción está dedicada a una de las más destacadas familias griegas a la que pertenecía uno de los héroes de la guerra de la independencia del país que se desarrolló en los años 20 del siglo XIX. Irene Papas interpreta a capella la mayor parte de la canción con una voz y un estilo que hemos creído ver reflejado años después en la maravillosa Lisa Gerrard.


“Le Fleuve” - Volvemos al universo sonoro de Vangelis en la introducción de la siguiente canción, reminiscente de trabajos como “Ignacio” y llena de sutilezas. El tema cantado por Irene Papas tiene algo de ceremonial, como una letanía que se repite una y otra vez y en la que parte de la letra no tiene significado y aparece solo por su encaje fonético. Una pieza muy interesante con toda la esencia del sonido de Vangelis resaltando en todo momento las cualidades vocales de Irene.


“Racines” - Segundo instrumental compuesto por Vangelis aunque completamente alejado del tono del primero. Comienza con un largo tema de flauta interpretado a los teclados por el músico. Tras ello aparece un lento pulso electrónico con cuatro notas sonando lentamente y marcando un ritmo cadencioso sobre el que volvemos a escuchar el buzuki ejecutando un motivo de inspiración tradicional alternándose con el sonido de flauta y con percusiones ocasionales. Una gran pieza ambiental que nos lleva a las dos últimas canciones del trabajo.


“Lamento” - Comienza con una extensa introducción que guarda ciertas similitudes con el tema anterior. Tras ella irrumpe la voz de Irene Papas cantando una melodía triste en consonancia con el título del tema. El ambiente en general es oscuro y mezcla profundas capas de sintetizadores con las tesituras más graves de los instrumentos de cuerda de Vangelis. Es una pieza que perfectamente podría haber sonado en alguna de las oscuras escenas urbanas de “Blade Runner” y no nos extrañaría que el propio músico la tomase como un punto de partida para “Tales of the Future”, la pieza que Demis Roussos interpretaba en esa banda sonora.




“Menousis” - Cierra el disco la canción más alegre del mismo. Desde el comienzo de sintetizadores, festivo y con un tono cercano al de su disco “China” (grabado en aquellos mismos meses) hasta la melodía central en la que la habitualmente profunda voz de la Papas suena jovial y más colorida que en el resto del disco.


La colaboración entre Vangelis e Irene Papas continuó durante muchos años. Fruto de ella se publicó un segundo disco pero como sucede con la mayoría de la música del griego, la mayor parte de los trabajos que hicieron juntos permanece inédita y es que Vangelis compuso música para varias obras de teatro de la actriz como “Las Troyanas”, “Antígona” o “Medea”. En cualquier caso, la actriz no se prodigó mucho más como cantante pese a que con “Odes” nos regaló un disco magnífico que, además, es uno de los trabajos que no pueden faltar en la discoteca de cualquier seguidor de Vangelis. Como curiosidad, los textos que canta Irene Papas están adaptados por Ariana Stasinopoulos, un nombre que quizá no nos diga nada si no reparamos en que su apellido de casada es Huffington. Efectivamente, se trata de la fundadora de “The Huffington Post”, el influyente portal de noticias creado en 2005.


sábado, 20 de mayo de 2023

Vangelis - Opera Sauvage (1979)



Frustración es la palabra que mejor define lo que siente un seguidor de Vangelis cuando contempla la cantidad de música que probablemente se quedará sin poder escuchar por culpa del desdán del músico a la hora de publicarla. Esta sensación se agrava en el momento en que te das cuenta de que ni siquiera la música publicada es toda la que parece ser. Esto es particularmente decepcionante cuando nos acercamos a sus bandas sonoras ya que las pocas que han visto la luz en formato discográfico, no solo contienen apenas algunos extractos del material original sino que en su gran mayoría han sido regrabadas por completo para su publicación. Ocurre así con el disco que comentamos hoy, uno de los grandes clásicos del griego y, probablemente, la banda sonora más conocida de las que grabó para Frederic Rossif.


El encuentro entre músico y cineasta se produjo a principios de los setenta cuando Rossif buscaba un nuevo colaborador tras el traslado de su músico más habitual, Maurice Jarre, a Hollywood. Hasta entonces, la mayoría de sus documentales habían tenido tema histórico y político pero en aquel momento empezó a centrarse en dos aspectos distintos: el arte (especialmente la pintura) y la naturaleza. De aquel encuentro surgieron no menos de dieciséis bandas sonoras (tanto de películas como de series) de las que apenas tres se han publicado a día de hoy y de forma muy parcial. Esto es especialmente trágico en el caso de la que comentamos hoy: “Opera Sauvage”, un disco de poco más de 40 minutos que recopila algunas de las composiciones que sonaban en los 22 episodios de la serie documental sobre la naturaleza que se emitió entre 1975 y 1981. A pesar de contar con algunas de las piezas más populares de la carrera de Vangelis, al músico no tuvo interés en publicar esa música hasta 1977 cuando arreglo y regrabó parte del material para publicarlo con el sello Polydor en 1979. Por supuesto, el griego fue el encargado de tocar todos los instrumentos con la única excepción del arpa, interpretada por Jon Anderson en uno de los cortes.


“Hymne” - El disco no podría empezar mejor. Sin introducciones, sin preámbulos de ninguna clase, Vangelis nos golpea directamente con una de sus melodías más reconocidas y no hay nada más: una melodía pura y simple, ejecutada con uno de los sonidos más característicos del griego, sin acompañamientos en las primeras repeticiones salvo unos fondos muy sutiles. Solo en la segunda parte la melodía se desdobla y hay un cambio hacia la épica con las percusiones. Nada exagerado. Solo unos pocos golpes de timbal y unas campanillas para resaltar la fuerza del tema. Una de esas piezas tan simples que solo está al alcance de Vangelis hacerla inolvidable.




“Reve” - El siguiente corte es mucho más largo y reina en él esa melancolía especial del compositor heleno que comienza interpretando un tema, probablemente improvisado, con un sonido asimilable al piano y un cierto tono jazzístico. Aparece entonces una percusión muy suave de fondo acompañada de efectos electrónicos que nos llevan al tema central, ya como diálogo entre diferentes timbres sintéticos que hacen las veces de piano y flauta. Es un viaje que hace honor al título, “sueño” en el que, de forma muy tranquila, Vangelis nos lleva por paisajes indefinidos y llenos de misterio.


“L'Enfant” - Con la siguiente pieza volvemos al Vangelis clásico de temas como “To the Unknown Man” y ese esquema de línea electrónica de bajo continuo y melodía central inolvidable. En esta ocasión, es un maravilloso tema de piano que en las sucesivas repeticiones es replicado con sintetizadores. El acompañamiento va aumentando cada vez y aparece un precioso tema de bajo, variaciones de la melodía principal y percusiones perfectamente integradas para subrayar cada parte. Incluso se incorporan una serie de filigranas que estarían muy presentes en la música del griego en los años posteriores, especialmente en bandas sonoras como la de “Carros de fuego”. “L'Enfant” es otro de esos temas imprescindibles que no suelen faltar en las mejores recopilaciones de su autor.




“Mouettes” - El tema más corto del disco sigue la línea tranquila de otras músicas para documentales del griego con cosas que recuerdan a “L'Apocalypse Des Animaux” o a “La Fete Sauvage”. Una miniatura muy inspirada que deja paso a algo muy diferente.


“Chromatique” - La novedad viene dada por la instrumentación ya que en esta ocasión, Vangelis no se complica y opta por la guitarra acústica para introducirnos hacia una bellísima melodía electrónica con un ligero aire folclórico. Esta forma de usar la guitarra hacía mucho tiempo (quizá desde el lejano “Sex Power”, de 1970) que no se escuchaba en ningún disco del griego y lo cierto es que funciona muy bien para darle un aire más natural al conjunto.


“Irlande” - Tenemos una especial debilidad por esta pieza que parte de un lúgubre toque de campanas para desarrollar una melodía maravillosa en la que Vangelis bebe de sus raíces griegas y mediterráneas como nunca antes lo había hecho. Esta vía, que exploraría mucho más en el disco de Irene Papas, “Odes”, publicado en las mismas fechas que “Opera Sauvage”, nos daría grandes momentos en el resto de la carrera del compositor.


“Flamants Roses” - Cierra el disco un largo tema en el que escuchamos la participación de Jon Anderson al arpa abriendo la pieza. De ese comienzo surge un tímido tema de sintetizador al que le cuesta asomarse entre las capas y capas de sonido que produce Anderson. Tras la introducción es el propio Jon el que ejecuta la melodía principal doblado enseguida por los distintos sintetizadores de Vangelis que replica el tema con ligeras variaciones. Llegamos así al tramo final donde todo se desborda en lo que podría ser un anticipo de la espectacular “suite” que el músico compondría poco después para la citada “Carros de fuego”. Tambores, metales, y toda la paleta electrónica de Vangelis subiendo en varios grados la temperatura hasta desembocar en un cierre absolutamente espectacular. Los últimos instantes de la pieza los ocupa una breve coda mucho más tranquila con la que todo fluye lentamente hasta el final.





Poco después del fallecimiento de Vangelis, fuentes próximas a su familia aseguraron a la web https://elsew.com/data/latest.htm que su intención era que su legado pudiera ser disfrutado por todo el mundo y eso incluía la publicación de su catálogo inédito. La gran dificultad estribaba en catalogar y ordenar todo ese material (e imaginamos que también la gestión de los derechos del mismo, especialmente de las bandas sonoras). En todo caso pedían paciencia a los seguidores del músico por lo que no es probable que podamos empezar a disfrutar de todo ese material a corto plazo. Entretanto, tenemos el consuelo de que su obra publicada es amplia y tiene joyas como este “Opera Sauvage” que podemos disfrutar una y otra vez.

sábado, 28 de mayo de 2022

Vangelis (1943-2022)



Hay noticias que llegan y te dejan sin respuesta. Así nos quedamos hace ya unos cuantos días cuando nos enteramos de la muerte de Vangelis. El mismo Vangelis que comenzamos a pronunciar mal, con acento en la “a” y tomando la “g” como si fuera una “y” cuando descubrimos su música en nuestra adolescencia y que seguimos pronunciando mal hoy en día pese a saber hace tiempo que la forma correcta de nombrarle era con acento en la “e” y como si entre la “g” y ésta hubiera una invisible letra “u”.


Realmente, y como ocurre con muchos de esos artistas ya consolidados que nos asombran en la primera juventud, lo que hicimos en un momento dado fue ponerle un nombre al autor de músicas que veníamos escuchando desde mucho tiempo antes y es que piezas como “Pulstar”, “La Petite Fille de la Mer”, “Alpha” o “L'Enfant” estaban ahí, pululando por nuestra cabeza ya en nuestros primeros recuerdos en busca de una persona a la que asociarlas.


Más tarde, claro, empezamos a explorar toda su trayectoria y a quedar fascinados ante la complejidad y diversidad de su obra, desde sus inicios en el pop/rock y en las corrientes progresivas, sus colaboraciones con distintos cantantes melódicos, sus bandas sonoras, sus discos de estudio y hasta las precarias grabaciones que caían en nuestras manos de su música para teatro. Fue entonces cuando supimos de su método de creación y de la palabra clave del mismo: “espontaneidad”. Una obsesión que le hacía huir de la industria y de la perfección de los arreglos y del trabajo de estudio en plena búsqueda de una forma de plasmar, lo antes posible y sin intermediación alguna, todo aquello que se le ocurría. Como dijo en una ocasión, “funciono como un canal a través del cual la música emerge del caos del ruido”.


Ha sido divertido ver en estos días cómo los distintos medios de comunicación han tratado de encasillar a Vangelis para condensar en un titular la noticia de su muerte. “El músico electrónico”, “el compositor de bandas sonoras”... y lo cierto es que nunca fue ninguna de esas cosas. Utilizó sintetizadores porque estaban ahí y le ofrecían una paleta sonora que multiplicaba la de los instrumentos tradicionales pero siempre utilizó estos últimos con profusión y, de hecho, nos cuesta mucho pensar en un trabajo cien por cien electrónico en su discografía. Nunca le obsesionó la tecnología como a otros y supo sacar el máximo partido a los instrumentos que más le gustaban sin necesidad de acudir al último cachivache de moda. Como compositor de bandas sonoras tampoco fue precisamente convencional. Cuentan los que le vieron en acción lo asombroso que era contemplarle creando en vivo la música para alguna de sus bandas sonoras más célebres. Nada de códigos de tiempo, de ajustar la música a la acción de cada momento... no. El proceso era una sucesión de melodías y atmósferas que fluían naturalmente de sus dedos, prácticamente en tiempo real y sin un encaje aparente con las imágenes a las que habían de acompañar. Y así fueron casi todos sus discos desde que consiguió diseñar el estudio adecuado para este fin, con montones de sintetizadores, secuenciadores, bancos de sonidos y equipos de grabación listos para ser usados en cualquier momento en que la inspiración llamase a su puerta. Hay ejemplos de improvisaciones de Vangelis en internet que fascinan tanto o mas que los propios discos de estudio.


Hoy en día la palabra “genio” se usa con tanta ligereza que ha perdido buena parte de su significado pero si hay un músico en nuestros días que pueda aspirar a ser calificado como tal, seguramente sea Vangelis. Una persona que, recordemos, decidió renunciar a una formación académica musical para evitar ser influido por la visión de un profesor, para no recorrer el mismo camino que ya habían pisado otros y que supo suplir una supuesta carencia de recursos técnicos por puro talento. Con fama de hosco, los que le trataron afirman sin dudarlo que era una persona extremadamente amable debajo de esa coraza que constituía su imponente físico. Su legado, que es lo que cuenta en definitiva, es eterno como lo son muchas de las melodías que nos regaló en todo este tiempo.


No se nos ocurre mejor despedida que el poema de Kavafis al que el propio Vangelis puso música en su día con el recitado de Sean Connery:


ITHACA:

Cuando emprendas tu viaje a Itaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al colérico Poseidón,

seres tales jamás hallarás en tu camino,

si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al salvaje Poseidón encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti.

 

Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos nunca vistos antes.

Detente en los emporios de Fenicia

y hazte con hermosas mercancías,

nácar y coral, ámbar y ébano

y toda suerte de perfumes sensuales,

cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

a aprender, a aprender de sus sabios.

 

Ten siempre a Itaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

 

Itaca te brindó tan hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Pero no tiene ya nada que darte.

 

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,

entenderás ya qué significan las Itacas.




viernes, 15 de abril de 2022

Vangelis - The Dragon (1978)




En 1971, Vangelis tenía ya muy claro que no quería seguir con Aphrodite's Child. Tras la grabación del legendario “666, The Apocalypse of John”, que realmente era más un disco personal que de la banda, el grupo se disolvió y cada uno de sus integrantes se fue por su lado. Como primer paso, Vangelis firmó por el joven sello BYG, fundado entre otros por Jean Georgakarakos, productor francés de origen griego. La discográfica estaba especializada en free jazz y pensaron que alguien como Vangelis encajaba muy bien en el espíritu del sello. Lo primero que organizaron fueron un par de sesiones en los estudios Marquee londinenses. Para ello, se contó con Giorgio Gomelsky, manager de Aphrodite's Child, quien se llevó a un grupo de músicos de sesión para acompañar al artista griego entre los que se encontraban Anargyros Koulouris, miembro inicial de Aphrodite's Child que apenas llegó a tiempo de participar en el último disco del grupo debido al largo servicio militar griego de la época, el violinista Michel Ripoche, quien también había tocado en ese mismo trabajo, el bajista Brian Odgers y los baterías, Tony Oxley (para la primera sesión) y Micky Waller (para la segunda). Gomelsky, entre otras cosas, había sido el primer manager de los Rolling Stones así que era de todo menos un novato.


Las sesiones no parecieron convencer a nadie, empezando por el propio Vangelis, y las cintas quedaron guardadas en un armario sin visos de que fueran a ver la luz; menos aún cuando el sello se declaró en bancarrota y cesó su actividad en 1973. Todo esto cambió cuando los fondos de BYG fueron adquiridos por Charly Records, modesta discográfica británica especializada en reediciones. En 1978, alguien dentro del sello descubrió las cintas de las dos sesiones de Vangelis y decidió publicarlas. Está claro que, en ese momento, el músico era ya una figura mundial y no se podía desaprovechar la oportunidad de lanza un par de discos con su nombre. La primera de las sesiones se publicó bajo el título de “Hypothesis” y la segunda con el de “The Dragon”. El asunto acabó en los tribunales porque ninguno de los musicos participantes estaban de acuerdo con la publicación de dos trabajos que ni siquiera estaban terminados desde el punto de vista de los arreglos y la producción. La discográfica perdió el juicio pero ya había una gran cantidad de copias de los dos LP's en el mercado y, de hecho, no son discos demasiado difíciles de encontrar hoy en día en tiendas de segunda mano, sin contar las ediciones piratas que han aparecido en todos estos años en formato CD.


Hoy nos vamos a centrar en “The Dragon”, la segunda de las sesiones londinenses que apareció dividida en tres extensos cortes improvisados procedentes, como hemos dicho, de jam sessions sin mucha planificación previa.


“The Dragon” - El tema central del disco es esta suite en la que destaca el soberbio trabajo de Vangelis a las percusiones que acompaña al violín de Ripoche, encargado de la melodía principal. Es un tempo medio con un marcado aire bizantino que recuerda a fragmentos de “Earth”, el disco de Vangelis, publicado poco antes. El solo de guitarra que entra poco después nos acerca ya a terrenos más propios del rock progresivo y toma ya una forma más clara con el bajo ejecutando una melodía circular repetidamente. Con el paso de los minutos, puede llegar a cansar porque no deja de ser un mismo esquema repetido continuamente con una cierta dosis de improvisación pero es una buena muestra de lo que pasaba por la mente de Vangelis en aquellos años y podemos encontrar semillas de cosas que florecieron más tarde.





“Stuffed Aubergine” - El tono del segundo corte es completamente diferente ya que comienza como una lenta pieza de teclado  y guitarra que puede recordar en algún momento a la banda sonora de “Sex Power”, uno de los primeros trabajos del músico griego. Se une el bajo y una guitarra acústica para dar algo de ritmo a la vez que suenan los clásicos fondos etéreos del Vangelis de las bandas sonoras de Frederic Rossif que llegarían poco después. Desde el punto de vista del trabajo con los sintetizadores y teclados, aquí vemos ya claramente muchos de los elementos clásicos de la música del griego. Es un corte más “jazzy” que el primero, quizá también menos atractivo pero igualmente anticipador de lo que iba a venir en el futuro.


“Stuffed Tomato” - Vangelis mira decididamente hacia sus orígenes en la introducción de una pieza que bebe de las raíces tradicionales de la música griega y bizantina y nos muestra las habilidades del músico con todo tipo de instrumentos, en este caso con el bouzouki. Tras ella llega un corte brusco en el que entran batería y bajo para transformarlo todo en una jam session mucho más rockera con Vangelis dibujando una pegadiza melodía de sintetizador, de esas que se harían inolvidables en sus discos más populares. La cosa toma carrerilla y nos embarcamos en un tramo fascinante lleno de vértigo con los músicos funcionando como una máquina perfectamente engrasada. Ahora sí estamos ante la pieza de free jazz que probablemente buscaban los responsables del sello BYG cuando “ficharon” a Vangelis. Con una breve vuelta al tema central se cierra el corte y, de paso, el disco.





Hay una cosa verdaderamente frustrante para los seguidores de Vangelis y es su absoluto desprecio por el mercado discográfico. Esto ha provocado que una cantidad ingente de material del griego no haya visto nunca la luz y esto abarca, desde grabaciones como esta que hemos comentado hoy, que al menos tiene una edición espuria, hasta bandas sonoras nunca publicadas, otras que solo lo han sido parcialmente, ballets, música para teatro, para desfiles de moda, conciertos repletos de música inédita y toneladas de material improvisado y grabado por el artista, imaginamos que a efectos testimoniales o para hacer frente a posibles compromisos discográficos que haya que afrontar en un momento determinado. Sumando todo aquello de lo que tenemos constancia de su existencia no es aventurado afirmar que, muy probablemente, Vangelis tiene mucha más música sin publicar que publicada y no es que la discografía del músico sea precisamente de las cortas.


Documentos como este “The Dragon” son de gran interés para el seguidor más completista del músico ya que ilustran una etapa aún inicial de su carrera (recordemos que, aunque se publicaron en 1978, las grabaciones datan de 1971) pero en la que ya se intuyen muchas de las cosas que iban a ser desarrolladas con los años. “The Dragon” no es una obra terminada y pulida, ni mucho menos pero cuando hablamos de Vangelis eso tampoco es de vital importancia ya que el griego no destaca por darle especial importancia a los acabados y los adornos ya que prefiere la espontaneidad de la creación en tiempo real. Como ya hemos dicho, al no ser este un lanzamiento oficial, no lo váis a encontrar en las tiendas habituales pero no será difícil hacerse con una copia de segunda mano del vinilo a poco que busquéis. Si tenéis la oportunidad, no la dejéis pasar.

lunes, 24 de enero de 2022

Vangelis - Juno to Jupiter (2021)



Por algún motivo, seguramente relacionado por el vínculo de ambas con la tecnología, la música electrónica se relacionó casi desde el principio con la exploración espacial, llegando a hablarse de la primera como de “música cósmica” en algún momento. Algunos autores rechazaron esa denominación pero otros la abrazaron sin complejos aunque muy pocos desde el punto de vista tan especial de Vangelis. Este es uno de esos casos en los que el origen y la formación humanista del músico marca de forma inevitable el enfoque de la obra y explicaremos el por qué de esa idea.


Antes de nada, hay que señalar que Vangelis tuvo una inclinación hacia las temáticas espaciales casi desde el principio de su carrera en solitario con discos como “Albedo 0.39” como ejemplo más claro pero esto vino a “oficializarse” de alguna manera a partir de la utilización de su “Mythodea” por parte de la NASA como banda sonora de la misión “Odyssey” a Marte. Originalmente era una composición creada con los mitos de la Grecia antigua como fuente de inspiración pero las relaciones entre estos y la carrera espacial son tan grandes a nivel espiritual que pocos le pondrían un solo pero a su uso para ese fin. La elección de la palabra “Odisea” para nombrar a la expedición, el fin y al cabo, tampoco era casual. Aquella colaboración de Vangelis con la NASA sirvió para sacar a la luz una obra que había sido estrenada en 1993 y que dormía en un cajón. El músico la recuperó y arregló para la ocasión y fue grabada con orquesta sinfónica y coros además de voces solistas y de los inevitables sintetizadores de Vangelis. Tras “Mythodea” y la NASA, llegó “Rosetta” en colaboración, esta vez, con la Agencia Espacial Europea y por fin, la que dio lugar al disco que hoy nos ocupa: “Juno to Jupiter”, de nuevo con la NASA como “partenaire”. Vangelis juega con los mitos de la antigüedad más allá de la coincidencia entre los nombres de los dioses y de los planetas porque ve la carrera espacial como una prolongación de los desafíos homéricos, como una poética lucha del ser humano por poner a prueba sus límites y esto se refleja de forma inevitable en la propia música. La misión “Juno”, por cierto, comenzó en 2011 y culminará próximamente tras la llegada de la sonda en 2016 a la órbita de Júpiter. El objeto de la misma es obtener la mayor información posible sobre la atmósfera del gigante, sus campos magnéticos y su gravedad.


El lanzamiento del disco fue bastante controvertido y es que, de hecho, podríamos haber comentado su contenido hace más de un año, cuando salió a la venta de forma un tanto extraña la versión digital del mismo a través de una prestigiosa web dedicada a la música clásica. El disco estuvo disponible a un precio inusualmente bajo durante unos días para desaparecer poco después. Tras eso, la versión física del trabajo, tanto en CD como en vinilo, desapareció de los catálogos de todas las tiendas online que ya habían mostrado incluso la fecha de lanzamiento prevista para septiembre de 2020. Quizá por uno de esos legendarios enfados del músico griego, la puesta a la venta de “Juno to Jupiter” quedó postergada hasta finales de septiembre del pasado año por lo que este es un buen momento ya para darle el espacio que se merece en el blog. Como suele ocurrir con Vangelis, él es el único intérprete de todo lo que suena en el disco con la excepción de la soprano Angela Gheorghiu, quien ya participó en un concierto del griego en Doha en 2011.


Angela Gheorghiu y Vangelis.


“Atlas' Push” - El disco comienza con las conversaciones del centro de control de la sonda Juno, algo que se repetirá en algunos cortes del disco, y que en esta ocasión se escuchan sobre un fondo sonoro también cedido por la NASA. En los últimos instantes escuchamos ya al Vangelis épico con un breve tema en la línea de los primeros minutos de la banda sonora de Blade Runner.


“Inside Our Perspectives” - Nos alejamos por un momento de la grandilocuencia para entrar en un corte más cercano al Vangelis de finales de los ochenta, próximo a lo que fue su disco “Direct”. No especialmente inspirado en lo melódico pero reconocible en todo caso.


“Out in Space” - Llegamos a lo que podría ser la primera pieza “espacial” del disco con una secuencia electrónica de fondo que sirve como base para una solemne melodía en la que el inconfundible CS80 del griego campa a sus anchas. Inevitable pensar de nuevo en Blade Runner con un poco de “Chariots of Fire” en la parte pianística. Vangelis en estado puro.




“Juno's Quiet Determination” - Llega un primer cambio de estilo en esta composición en la que las sonoridades ancestrales se cuelan entre tanta tecnología. Es el Vangelis de discos como “El Greco” en el que la influencia bizantina domina toda la pieza. 


“Jupiter's Intuition” - Sube el tono y la épica con los efectos orquestales y las percusiones que comienzan a asomar tímidamente en un inicio aún calmado pero en el que va creciendo algo que no tarda en explotar en todo su esplendor en el siguiente corte.


“Juno's Power” - Un ritmo de marcha deudor de la banda sonora de “1492, Conquest of Paradise” comienza a sonar aunque en esta ocasión, sin los coros que aparecían allí. Es una gran pieza aunque quizá podría haberse aprovechado mucho más. Se hace corta.


“Space's Mystery Road” - Llegamos a un momento que nos desconecta ligeramente del disco por el gran contraste con lo que había sonado hasta ahora. Escuchamos ritmos secos con partes de piano más o menos jazzísticas que inmediatamente nos remiten a “The City”, un disco muy interesante pero que siempre nos pareció algo aislado en la discografía del griego, sin mucha relación con lo que hizo antes y después. Algo así ocurre con esta pieza en este momento concreto del trabajo.


“In the Magic of Cosmos” - Pasada esa especie de transición, volvemos a un Vangelis un tanto autocomplaciente en una breve pieza de nuevo con aires a “Chariots of Fire”.


“Juno's Tender Call” - Enlazando con la composición anterior llega uno de los llamados a estar entre los momentos culminantes del disco. Vangelis ha desarrollado una querencia por las voces de soprano y desde “Direct”, ha desarrollado varias piezas aptas para el lucimiento de algunas de las más grandes divas de nuestro tiempo, desde Montserrat Caballé hasta Angela Gheorghiu (la que nos ocupa aquí) pasando por Jessye Norman o Kathleen Battle. Esta composición prorroga esa tradición.




“Juno's Echoes” - Nuevo giro hacia una música más oscura, emparentada de nuevo con “El Greco”. El tema va evolucionando hacia una melodía con tintes románticos algo ensombrecidos por el sonido utilizado (una especie de bajo) que habría sonado muy diferente al piano o al arpa. En todo caso nos encanta la elección que le da una gran personalidad a la pieza.


“Juno's Ethereal Breeze” - Escuchamos ahora un breve interludio a base de “samples” vocales femeninos utilizados como coro, de forma similar a lo que podíamos escuchar en algún corte de “Oceanic”.


“Jupiter's Veil of Clouds” - Tras él, regresamos por un instante a las secuencias electrónicas del Vangelis setentero con el piano y las percusiones asomando tímidamente. En la segunda mitad, la fuerza de los sintetizadores aumenta y el duelo con el piano nos deja una de las mejores piezas del disco con reminiscencias de los trabajos más legendarios de su autor como “Heaven and Hell”, “Albedo 0.39”, “Spiral” o el mencionado “Chariots of Fire”. Maravilloso vistazo al pasado sin caer del todo en el tópico.




“Hera/Juno Queen of the Gods” - Segunda intervención de Angela Gheorgiu arropada por las cuerdas y coros sintéticos de Vangelis quien se reserva una larga instrucción ambiental antes de que la soprano rumana haga acto de presencia interpretando una bellísima melodía de corte clásico que encaja a la perfección con la voz de la artista.


“Zeus Almighty” - Con el profundo lamento de los metales aparece en la obra Zeus con su nombre (para algo Vangelis es griego y reivindica aquí el nombre original del romano Júpiter como hizo en el corte anterior con Hera / Juno). Es la composición más extensa del trabajo y en ella el compositor se explaya haciendo gala de todos sus recursos. La verdad es casi podemos verlo componiendo esta pieza en plena improvisación como hace en muchos vídeos que existen en internet en los que Vangelis crea casi de la nada toda una obra sinfónica. Hay momentos delicados, partes rimbombantes, pasajes profundos... una sinfonía de once minutos para disfrutar de un talento único.




“Jupiter Rex” - Como una especie de coda separada del tema anterior tenemos otro breve corte con coros (esta vez masculinos) y efectos sonoros que nos llevan una vez más a Blade Runner. No vemos la necesidad de presentarlo como un corte aparte porque perfectamente podría haber formado parte de la pieza precedente.


“Juno's Acomplishments” - La intervención final de la Gheorghiu en el disco llega en esta preciosidad que nos recuerda, quizá demasiado, a “Glorianna” del disco “Direct” que ya hemos citado en un par de ocasiones. En todo caso, es un gran tema.


“Apo 22” - Más voces procedentes de los archivos de la NASA aparecen aquí en otra transición en la que apenas se ven acompañadas por una escueta melodía electrónica que suena una y otra vez.


“In Serenitatem” - Cerrando el disco, escuchamos un coro (al no estar acreditado, asumimos que es electrónico) ejecutando una composición extremadamente delicada que se desvanece entre campanas y demás efectos electrónicos en medio de una densa niebla sonora con la que Vangelis se despide de nosotros por esta vez.



Que un artista como Vangelis, con esa personalidad tan peculiar, se mantenga activo discográficamente es una gran noticia en sí misma porque es sabido el desprecio del griego por la música grabada y por el negocio que hay detrás. Hablamos de un artista que probablemente tenga guardada en sus cajones mucha más música que la la que ha publicado a lo largo de toda su carrera (de hecho, la NASA ha publicado varios vídeos sobre la misión con música de Vangelis que no aparece en el disco) así que cada nuevo disco es una joyita que conseguimos rescatar de un destino incierto porque nada parece indicar que ese material pueda llegar a ver la luz algún día. Como no puede ser de otra forma, “Juno to Jupiter” es un trabajo irregular, con momentos de gran inspiración y otros más insulsos pero en líneas generales nos parece acreedor de una buena nota. Nos despedimos con una de las piezas creadas para la misión que no aparecen en el disco:




lunes, 18 de mayo de 2020

Vangelis - Oceanic (1996)



Después de una década de los ochenta en la que publicaba más o menos un disco al año si contamos los firmados en colaboración con otros artistas, los años siguientes supusieron un cierto parón discográfico para Vangelis. Pese a que en 1990, el artista pasó a formar parte de la nómina de East West Records, un subsello de Warner recuperado del olvido en aquellas fechas, su producción en forma de discos no fue muy abundante. Se publicó “The City”, el ya comentado aquí “Voices” o la banda sonora de “1492, Conquest of Paradise” y apareció por fín la esperada música que el griego compuso para Blade Runner varios años antes pero los discos el trabajo de composición del artista iban por caminos separados: no se publicaba la mayoría de lo que componía y lo que se publicaba era, en parte, material compuesto tiempo atrás. De ese modo, toda la música que hizo para publicidad y muchas bandas sonoras (algunas del nivel de la de “La Peste” o “Lunas de Hiel”) siguen hoy inéditas a nivel discográfico. Otras obras como “Mythodea” o “El Greco”, compuestas en estos años, tardarían mucho en ver la luz.

A cambio, aparecieron otras obras más insulsas como la citada “Voices” o el disco que comentamos hoy: “Oceanic”. Supuestamente el proyecto surge del encargo que Vangelis recibe para realizar una banda sonora para un documental sobre ballenas. Sea o no cierto este extremo, lo cierto es que el toque acuático del disco es innegable, desde el propio título del trabajo y de todos los cortes hasta los sonidos empleados o las fotos del libreto cuyo diseño hizo el propio músico tienen continuas referencias a este concepto. Las imágenes de la portada y las del interior proceden de las películas “La Reina del Mar”, con la inevitable Esther Williams y “Desfile de Candilejas”, ambas con abundantes números de ballet acuático en su metraje. El disco, como es habitual en el griego, está compuesto e interpretado en su totalidad por él mismo.

Vangelis



“Bon Voyage” - El disco comienza metido en tópicos con sonidos de olas y demás ambiente marino para dejar paso a la habitual pompa y circunstancia del músico griego pero sin demasiada profundidad. Cuerdas solemnes y percusiones rimbombantes en una introducción resultona pero vacía.

“Siren's Whispering” - No mejora la cosa en la siguiente pieza. Un ritmo electrónico continuo similar a un “sirtaki” ve transcurriendo entre “samples” vocales (haciendo las veces de las sirenas del título) e inanes solos de teclado emulando ora un violín, ora un arpa. Olas y más olas se suman a la música en una mezcla que a los tres minutos ya resulta manifiestamente aburrida... y dura ocho. El Vangelis más irrelevante que recordamos.

“Dreams of Surf” - Llegamos así a un tema pianístico nada original con reminiscencias del Bach de “el clave bien temperado” pero, una vez más, demasiado superficial. No es que no resista la comparación con el genio alemán, cosa que no sería reprochable, sino que tampoco la resiste con el Vangelis más normalito. Con todo, la pieza supone una mejora respecto a lo anterior.

“Spanish Harbour” - Volvemos a los ritmos programados, esta vez en la linea de trabajos como “The City”. Arpegios por aquí y por allá, acordes sintéticos que transcurren dejando pasar el tiempo y por fin la melodía central con un sonido que intenta emular sin acercarse demasiado una guitarra española. Pese a todo, la melodía está lograda y coloca a este corte entre los más rescatables del disco aunque sigue adoleciendo de falta de ideas.

“Islands of the Orient” - Continuando con la linea ascendente del disco nos encontramos con esta pieza dominada por una secuencia electrónica mucho más interesante que todo lo anterior. Alrededor de ella, Vangelis va construyendo un armazón realmente sólido a base de retazos sintéticos, ráfagas de piano y ambientes a ratos cercanos a trabajos como “El Greco”. De las pocas piezas del disco que podría salir airosa de una comparación con otros temas de las épocas más inspiradas del compositor.




“Fields of Coral” - Para culminar un magnífico sector central del disco llega esta misteriosa pieza en la que a partir de una sencilla linea de bajo muy bien construida aparece un ritmo procesional y un tema en el que se mezclan arpas, flautas y demás instrumentos del arsenal electrónico del griego en un canon bellísimo que demuestra, una vez más, que incluso en sus momentos más flojos, los genios acaban por regalarnos piezas magníficas.




“Aquatic Dance” - Todo lo que sube tiene que bajar y con este tema iniciamos el descenso. Un ritmo cadencioso domina toda la composición pero a lo largo de la misma no encontramos demasiados elementos destacables. La melodía de violonchelo apunta cosas pero no llega a enamorarnos. Un corte de un nivel medio dentro de este disco que también podría haber encajado bien en el anterior “Voices”.

“Memories of Blue” - Y ya cerca del final volvemos al piano con fondos sintéticos con esta pieza introspectiva que quiere recordar días mejores, especialmente de los años de “Chariots of Fire”, “Blade Runner” o “Antarctica” pero sin llegar ni de lejos a aquella brillantez. Un tema digno pero olvidable.

“Song of the Seas” - El cierre del trabajo es sorprendente. Tiene un aire “vintage” por ese sonido de guitarra tan propia de bandas como los Shadows y se mezcla con sonidos tópicos, y más en los noventa, como son las flautas de pan usadas hasta la saciedad en productos y subproductos “new age” de la época. Sin embargo, la simplicidad de esos elementos, lo sobrio de los arreglos, en especial de las cuerdas y por encima de todo, la calidad de la melodía hacen de su escucha un momento de disfrute casi inesperado y que siempre nos hace terminar de escuchar este “Oceanic” con una sonrisa en la cara.




Cuando en los años ochenta se hizo popular la categoría de “música new age” para definir una serie de estilos que no cabían en ninguna otra clasificación, era habitual que se hablase de artistas como Vangelis, Mike Oldfield, Brian Eno o Jean Michel Jarre entre muchos otros, como de músicos “new age” aun cuando pocos o ninguno de sus trabajos encajaban en los parámetros estéticos del supuesto movimiento. Por ello nos sorprendió que Vangelis publicase en una fecha tan tardía como 1996 un disco de estas características que sí podría encajar en el catálogo de discográficas del género como Hearts of Space o similares. Esto no sería nada peyorativo puesto que dentro de la “new age” hubo discos magistrales pero en el caso de Vangelis y “Oceanic” cuando lo definimos como disco “new age” lo hacemos pensando no tanto en esos discos maravillosos como en la cantidad de clichés y lugares comunes que se repetían en muchos trabajos “new age” de aquellos años y que llaman más aún la atención al escucharlos en un CD de Vangelis. No todo en “Oceanic” es malo pero no creemos equivocarnos demasiado si decimos que en su momento fue el trabajo más insulso publicado por el griego hasta entonces. Pese a todo, no está de más darle un par de escuchas a los momentos más inspirados porque Vangelis siempre nos deja alguna joya escondida, incluso en los trabajos más prescindibles.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Vangelis - Nocturne (2019)



A finales del año pasado pudimos leer la noticia de que Vangelis iba a lanzar un disco de piano solo. El anuncio, en principio, era realmente interesante ya que hablamos de un artista consagrado que en su carrera se ha caracterizado, sobre todo, por un sonido apabullante en cuanto a recursos y que generalmente no destaca precisamente por lanzamientos intimistas ni por paletas tímbricas tan reducidas. Evidentemente, y pese a haber renunciado desde el principio a todo atisbo de educación formal, tanto en el campo de la interpretación como en el de la composición, las habilidades pianísticas del músico griego no son nada desdeñables y nos ha dejado registros notables en ambas facetas con el piano. Discos como “Heaven and Hell” o “Chariots of Fire” no se entienden sin el maravilloso sonido del “Imperial Bösendorfer 290”, el espectacular piano de 97 teclas que el propio fabricante austriaco adaptó siguiendo las indicaciones de Vangelis.

En cualquier caso, y con contadas excepciones, no se puede afirmar que el piano haya sido un instrumento fundamental en la mayoría de los trabajos del compositor. Por esa razón nos llenaba de curiosidad la posibilidad de escuchar todo un trabajo concebido para ese instrumento cosa que explica también nuestra posterior desilusión con algunos aspectos del resultado final. El disco iba a llevar por título “Nocturne” y abundaba en esa idea de piezas para piano con un tono reposado que quizá alcanzaron su mayor fama de la mano de Chopin. El concepto quedaba reforzado por las primeras imágenes de la portada del disco que, al título y al nombre del compositor, añadía un a estas alturas, reiterativo subtítulo de “the piano album”. Las semanas anteriores a la publicación del trabajo se vieron acompañadas de una curiosa campaña promocional por la cual, aquellos seguidores que mandasen fotos de la luna en sus distintas fases a una dirección electrónica, recibirían a cambio una de las composiciones del disco en formato digital.

Ya en esos días se comprobó que algo no terminaba de cuadrar con el sonido del trabajo ya que por mucho que se insistiera en la promoción en la idea de “Vangelis” y “piano” juntos, lo que se podía escuchar no era exactamente eso como veremos. En el disco, todas las interpretaciones son de Vangelis a excepción de un tema en el que el piano lo toca Irina Valentinova, quien ya había colaborado como intérprete, arreglista o directora en varios discos y bandas sonoras anteriores del griego como “Alexander”, la edición del 25º aniversario de Blade Runner o la música para la pelicula “El Greco”. Dentro de la extensa colección de piezas de “Nocturne”, Vangelis recupera varios clásicos anteriores en nuevas versiones adaptadas al formato instrumental del disco.

Vangelis en una de sus escasas apariciones públicas de los últimos tiempos.


“Nocturnal Promenade” - Las primeras notas del trabajo hacen que notemos que algo no es como nos habían dicho y es que lo que oímos no es un piano acústico sino un sintetizador con un sonido que no termina de acercarse al real. Además de eso, la melodía de “piano” está acompañada por “pads” electrónicos que, si bien son muy sutiles y acompañan de un modo discreto, anulan por completo la premisa inicial del disco que sugería a un Vangelis al piano solo. Al margen de esta consideración, la pieza es realmente bonita y más próxima a las intimidades de obras como “El Greco” que las piezas más grandilocuentes del músico heleno.




“To the Unknown Man” - La primera de las versiones de piezas antiguas es esta en la que Vangelis se atreve con una de sus melodías más emocionantes. El sonido de “piano” es más artificial, si cabe, que el del tema anterior y esto se nota mucho al comienzo. El músico empieza directamente con el tema central, sin referencia a la introducción electrónica del original y durante estos primeros minutos todo suena muy desangelado. El arreglo es muy sencillo y más propio de un aficionado haciendo un “cover” que del mismísimo Vangelis. Afortunadamente en la segunda parte de la pieza, el músico abandona la cita literal improvisando alguna variación mucho más inspirada que incluye muchos guiños, tanto melódicos como estilísticos a la suite de “Chariots of Fire”.

“Mythodea, Movement 9” - La pieza escogida por Vangelis para que intervenga Irina Valentinova es una de las más líricas de “Mythodea”, la epopeya especial compuesta por el griego para la NASA. El músico acompaña al piano de la invitada con sus sintetizadores haciendo las veces de cuerdas, arpas, campanillas e incluso de maderas completando así un arreglo realmente conseguido que realza la que es una de las mejores melodías del Vangelis de los últimos lustros.




“Moonlight Reflections” - Volvemos a las composiciones nuevas con esta reposada pieza que nos recuerda lejanamente al “3+3” del disco “Spiral”, quizá en una versión muy ralentizada. No nos lleva a ninguna parte y, probablemente sea una pieza que no muchos oyentes recuerden, incluso tras varias escuchas del disco. No deja poso alguno pero es agradable.

“Through the Night Mist” - La siguiente parada del viaje nos lleva a territorios conocidos por los seguidores del músico griego ya que esta composición podría ser perfectamente un descarte de “El Greco” en su primera mitad. La segunda parte, en cambio, nos remite a un Vangelis anterior con reminiscencias de trabajos como “Antarctica” o el propio “Chariots of Fire”. No tiene el carisma de aquellas obras, claro está, pero mantiene un buen nivel.

“Early Years” - Desde un punto de vista puramente melódico, esta es una de las mejores piezas de todo el disco, si no la mejor. Escuchamos a un Vangelis romántico y con un punto de melancolía como aquel que sonaba en muchas de las bandas sonoras de la época en la que trabajó con Frederic Rossif. Una pequeña gema escondida que bien haríamos en tener muy presente.

“Blade Runner, Love Theme” - A priori, y una vez vista la lista de temas antiguos escogidos por el compositor para ser adaptados aquí, esta inolvidable pieza de la banda sonora de Blade Runner se nos antojaba como la más difícil de sacar adelante. Vangelis opta por una breve introducción sin mucho que ver con el original para afrontar después el tema central. Como ocurría en alguna de las anteriores versiones, las partes más “literales” no terminan de funcionar del todo bien y comoquiera que en esta ocasión, Vangelis no se sale demasiado del guion, la cosa no nos convence del todo.

“Sweet Nostalgia” - Formalmente impecable y con un aire como a cine clásico muy notablees la siguiente composición en la que tenemos la impresión de que el griego juega en algún momento con una serie de acordes muy cercanos al “My Way” de Sinatra lo que quizá haya influido en la idea que algún crítico a deslizado y que apunta a que este “Nocturne” tiene algo de despedida flotando todo el tiempo.

“Intermezzo” - Actuando de separador entre las dos mitades del disco encontramos esta pieza ejecutada exclusivamente con cuerdas electrónicas y sin nada que se asemeje a un piano. Nuevamente estamos ante un Vangelis clasicista en la linea de sus trabajos de la primera década de este siglo. Quizá le falte algo de concreción para terminar de gustarnos como antaño pero como pieza de transición funciona.

“To a Friend” - Con esa dedicatoria sin nombre titula Vangelis el siguiente corte. La primera parte es un lento divagar que no termina de llegar a ningún sitio pero en el tramo final aparece la inspiración con varios retazos del Vangelis que todos admiramos. No llega a ser un tema redondo, en cualquier caso.

“La Petite Fille de la Mer” - Otro de los clásicos con difícil adaptación por la carga emotiva que tenía el original y por lo diferente de los instrumentos utilizados. Sin embargo, aquí, Vangelis cumple con nota en nuestra opinion. Y lo hace centrándose en los elementos básicos de la pieza de 1973, dejando que las cuerdas acompañen la melodía del piano al unísono, sin introducir ninguna variación y es que hay cosas tan bien hechas que lo mejor es cambiarlas lo menos posible.

“Longing” - Una pieza sencilla con un esquema repetitivo que nos deja con ganas de más porque pese al prometedor comienzo, apenas tiene desarrollo. Solo en los instantes finales parece apuntarse una evolución hacia algo diferente que queda abortada cuando termina la composición.

“Chariots of Fire” - Vangelis no rehuye el tópico y se atreve con la que con toda probabilidad es su composición más conocida a todos los niveles. En su favor, tenemos que decir que el arreglo es muy sobrio y recuerda más a los pasajes de la “suite” de la banda sonora en los que se apunta la melodía dentral que el propio tema en sí. Es curioso que digamos esto porque realmente, “Chariots of Fire” es el título de esa “suite” y no el del tema más conocido de la película cuyo verdadero nombre es “100 Metres”. Sin embargo su popularidad ha terminado fagocitandolo todo hoy en día hablar de “100 Metres” prácticamente carece de sentido.




“Unfulfilled Desire” - Una de las facetas más sorprendentes de Vangelis ha sido siempre la de improvisador y en internet hay infinidad de vídeos que ratifican esto en los que muestra un talento casi sobrehumano para ir componiendo piezas casi sinfónicas sobre la marcha. En este disco , sin llegar a tamaña exhibición de facultades, sí que tenemos la sensación de que hay más de una pista que surge de la pura improvisación y esta es una de ellas. Aparentemente no hay un esquema previo sino que la música fluye todo el tiempo con algunos momentos de verdadera inspiración por parte del músico.

“Lonesome” - Una de nuestras piezas favoritas del disco. Sencilla pero con ese talento melódico del compositor griego presente en todo momento. Melodías sutiles que apenas se apuntan antes de salir por otro lado sin bajar ni un ápice el nivel, pequeñas citas de trabajos anteriores bien enmascaradas... una delicia.




“1492: Conquest of Paradise” - Si hay una pieza que podría llegar a rivalizar en popularidad con “Chariots of Fire” (a cierta distancia, eso sí) sería el tema central de la película de Ridley Scott sobre el descubrimiento de américa. Sin arriesgar lo más mínimo en cuanto al arreglo, Vangelis consigue una versión más que aceptable que guarda un correcto equilibrio entre la mera transcripción del tema central y unas elegantes variaciones que nos dejan con un muy buen sabor de boca.

“Pour Melia” - El cierre del disco no podría ser más apropiado en relación con el tema de la noche, leitmotiv de todo el trabajo. Se trata de una delicada miniatura en forma de canción de cuna interpretada con el típico sonido de cajita de música. Una forma tremendamente elegante de cerrar el disco.

A esta alturas, la figura de Vangelis es incuestionable. Nada de lo que haga ya puede empañar su trayectoria y también es improbable que nos deje trabajos del nivel de los que nos regaló en sus mejores épocas. En este contexto, “Nocturne” es un disco muy digno de un artista del que no cabe esperar ya ningún salto mortal en cuanto a estilo ni ninguna revolución sonora. Todo eso lo hizo ya en varias ocasiones en su día y ha quedado en la historia particular del griego. Desde este punto de vista, “Nocturne”, como lo fue “Rosetta” en su momento, es un buen disco, con un punto de nostalgia para los viejos fans en forma de versiones y con varias piezas que hacen bueno el refrán castellano que afirma que “quien tuvo, retuvo”. Ni siquiera nos atrevemos a echarle en cara el uso de “presets” de piano en la mayor parte del disco (si no en todo él). No nos queda más que agradecerle toda la música que nos quiera ir dando de ahora en adelante porque no podemos pedirle más. Quizá una sola cosa y es que vaya dando salida a es impresionante catálogo de música que nunca ha publicado y que probablemente sea tan extenso o más que la parte que conocemos. Eso haría aún más grande un legado que hoy es ya incomparable.

domingo, 3 de febrero de 2019

Vangelis - Beaubourg (1978)



Después de hablar de “Spiral” en la entrada anterior y de la llegada del Yamaha CS80 a la vida de Vangelis, creemos que no habrá un momento mejor para tratar aquí el siguiente disco del griego: uno de los más controvertidos de su carrera pero también uno de los más fascinantes. Resulta muy complicado defender un disco como “Beaubourg” cuando su propio autor lo define como “una mierda que no entiende cómo alguien puede tomarse en serio” pero hay tantos ejemplos de discos así y de declaraciones similares por parte de sus creadores que no podemos dejar que nos condicionen en exceso, máxime cuando anteriormente, las palabras del compositor sobre esa obra tenían un tono muy diferente.

Ya sabemos que una de las características principales de la música de Vangelis es la espontaneidad. El músico griego es muy poco partidario del trabajo en el estudio, de los retoques, de los cambios, de trabajar los arreglos... de todo aquello, en fin, que distorsione la forma inicial con la que una composición le viene a la cabeza. En un texto promocional de uno de sus discos de los ochenta afirmaba que “funciono como un canal a través del cual la música emerge del caos del ruido” y para muchos de sus seguidores, “Beaubourg” es el primer disco en el que aparece este tratamiento directo de la música según se le va ocurriendo a su autor. Quizá no termina aún de distinguirse demasiado del ruido, dirán algunos de forma malintencionada, pero eso es algo que trataremos de analizar a continuación.

Como ya dijimos, Vangelis prácticamente acababa de empezar a trabajar con el sintetizador Yamaha CS80, máquina entre cuyas características había una que le hacía particularmente atractiva para nuestro teclista: su expresividad. Se trata de un aparato que permite al intérprete multitud de posibilidades de manipular el sonido conforme lo va generando pareciéndose en eso mucho más a un instrumento acústico de toda la vida que a una máquina electrónica. En palabras del músico: “en su momento el CS80 no fue un sintetizador muy popular y lo compró muy poca gente porque para tocarlo, necesitabas aprender a tocarlo. Exactamente igual que para tocar un instrumento acústico. Tú puedes saber tocar un teclado y con ello podrás interpretar un sintetizador pero para tocar un CS80 tienes que aprender a tocar un CS80. En aquel tiempo muy poca gente tuvo la paciencia y las ganas de aprender a tocar un instrumento desde cero”. Si juntamos esa capacidad del aparato con el deseo de Vangelis de plasmar de forma casi inmediata todo aquello que se le ocurre, entenderemos mejor por qué “Beaubourg” es como es.

Después de publicar “Spiral”, la relación de Vangelis con su discográfica, RCA, estaba algo deteriorada. El músico no terminaba de estar satisfecho con el trabajo de promoción del sello y, por su parte, ellos le pedían una música más fácil de vender. Una de las cosas que disgustaba a Vangelis era la falta de reconocimiento, no hacia su música en concreto sino hacia el estilo de música que practicaba en general. No entendía que sus discos aparecieran en las tiendas junto a trabajos “pop” mientras que las obras que disfrutaba la intelectualidad de la época acaparaban las secciones de música clásica. Con “Beaubourg”, Vangelis pretendió demostrar que él también podía hacer música sofisticada y, si se quiere ver así, incomprensible. En aquel entonces, el compositor griego tenía un apartamento en París en el que solía pasar las vacaciones. Estaba muy próximo al Centro Pompidou, museo inaugurado poco tiempo antes, en enero de 1977. El edificio, obra del entonces casi principiante Renzo Piano, era muy rompedor para la época, con una estructura exterior que lo hacía parecer cubierto de andamios, se convirtió en uno de los primeros museos-obra de arte, siendo muchos los visitantes que acudían a verlo interesados tanto en la propia arquitectura del edificio como en las obras que albergaba. Aunque “Beaubourg” es, en realidad, el barrio en el que se aloja el museo, éste ha terminado por ser conocido también por ese nombre.

El Centro Pompidou, también conocido como "Beaubourg"


Aquí, las versiones de los hechos por parte de Vangelis, son contradictorias. En la época del disco, el músico parecía admirar tanto el edificio como las vanguardias artísticas de aquel momento y declaraba que su disco era un intento de “ingresar” de algún modo en ese reducido mundo de la “alta cultura”. Más recientemente, sus declaraciones van en una linea completamente opuesta: en una entrevista de 2016 y preguntado por “Beaubourg”, el disco, el músico contestó: “No puedo entender como es posible discutir y tomarse en serio una monstruosidad arquitectónica como el Centro Pompidou que me llevó a crear otra monstruosidad, “Beaubourg”, que jamás me tomé en serio y del que nunca me he sentido orgulloso en absoluto así que no sigamos hablando de esa mierda”.



Acerca del disco en sí, hay muy poco que comentar. “Beaubourg” es un trabajo casi por completo improvisado con el Yamaha CS80 aunque no es el único instrumento utilizado. Una larga pieza dividida en dos partes, una por cara, sin mucha relación con nada de lo que Vangelis había hecho en el pasado. Largos silencios, melodías o muy cortas o inexistentes, sonidos inconexos... a primera vista, una extravagancia que justificaba muchos comentarios de los seguidores de la época que veían claro que era un trabajo que buscaba poner fin al contrato del músico con RCA, entregándoles una obra impublicable. Sin embargo, tenemos que decir que, con el tiempo y las sucesivas escuchas, “Beaubourg” nos ha terminado por parecer un disco fascinante. Todos esos sonidos que parecen seres vivos evolucionando de forma caótica en toda la pieza, la labor de exploración tímbrica realizada por Vangelis y, por qué no, su atrevimiento al lanzar algo así, han terminado por hacer de este trabajo una referencia extraña a la que volvemos periódicamente, con escuchas más frecuentes incluso, de las que solemos dedicar a otros trabajos más accesibles y populares de su autor.




Sobre la diversidad de opiniones del propio Vangelis sobre esta obra, no tenemos muy claro con cuál quedarnos. Nos parece evidente que el Vangelis de 1978 no pensaba en modo alguno lo que el Vangelis de 2016 declara sobre el disco. La prueba es que en 1979, el músico llegó a dar uno de los escasos conciertos que ha ofrecido en su carrera para presentar el disco en París. Incluso antes de eso había ofrecido otro similar en Londres en el que buena parte del programa era música muy similar a la de “Beaubourg” lo que hace poco creíble la versión del artista que afirma que esa música era una monstruosidad que nunca se tomó en serio. Si nos centramos en hechos más recientes, podemos ver como cuando el sello Esoteric Recordings reeditó los cuatro discos de la etapa de Vangelis en RCA (“Beaubourg” incluido), contó con la autorización y la supervisión del propio músico para la remasterización de los mismos lo que sugiere que la opinión del artista sobre este trabajo no debía ser en modo alguno tan negativa como se desprendía de la entrevista antes citada.

Si el lector es aficionado a la música más popular de Vangelis, habitualmente incluida en recopilatorios de todo tipo, debemos prevenirle: “Beaubourg” no tiene nada que ver con todo eso. Si no le importa pasar un rato sumergido en una obra complicada, árida y en las antípodas de lo que uno espera cuando le hablan de Vangelis, entonces le recomendemos que le de una oportunidad a un disco raro pero que tiene un atractivo muy especial que no terminamos de explicarnos pese a haberlo escuchado en multitud de ocasiones.

lunes, 28 de enero de 2019

Vangelis - Spiral (1977)




Es interesante ver cómo clasificamos a los músicos en distintas categorías y lo difícil que es después “sacarlos” de ellas. En 1989 se publicó la primera entrega de una popular serie de discos titulada “Synthesizer Greatest” en las que el músico Ed Starink hacía sus propias versiones electrónicas de temas clásicos de la música instrumental reciente con especial acento en grandes éxitos grabados con sintetizadores. En aquella colección, que tuvo varios volúmenes en los años siguientes, había dos autores cuyo nombre aparecía con profusión hasta ocupar entre los dos un alto porcentaje de los temas que incluía cada nueva entrega: Jean Michel Jarre y Vangelis.

Y es que Vangelis ha pasado al imaginario colectivo como uno de los dos o tres músicos electrónicos más populares cuando lo cierto es que no son tantos los discos publicados por el griego que podrían ser calificados como tales, especialmente si los comparamos con los del propio Jarre, los de Kraftwerk o los de Tangerine Dream. Aunque el componente electrónico está presente en un buen número de ellos, en la música de Vangelis hay muchos más elementos (pianos, guitarras, percusiones, coros...). De hecho, pocos de sus discos encajarían realmente en la misma categoría de “música electrónica” en la que metemos al resto de músicos anteriormente mencionados. Entre ellos, uno de los más destacados sería el que tenemos aquí hoy: “Spiral”.

Con “Spiral”, Vangelis continuaba la linea de “Albedo 0.39” en el sentido en que se repetía el esquema de piezas más o menos cortas con melodías directas y fáciles de recordar pero con un enfoque mucho más electrónico, dejando atrás los elementos de jazz y rock de discos anteriores o las largas “suites” que ocupaban sendas caras del LP. Siendo estrictos, este sería el primer disco del griego al que se podría calificar como verdaderamente electrónico sin “contaminación” de otros estilos. Dentro de la carrera de Vangelis, además, es fundamental porque es el primero en el que aparece el sintetizador que iba a convertirse en la seña de identidad más reconocible de la música del compositor griego: el Yamaha CS80. Se trata de uno de los mejores sintetizadores polifónicos de su época. Una máquina maravillosa que, a su espectacular sonido añadía un teclado excepcional que permitía al intérprete una expresividad inédita hasta entonces en un sintetizador: teclas lastradas que imitaban el tacto del piano, sensibilidad a la rapidez, sensibilidad a la presión... una joyita en manos del intérprete adecuado y Vangelis lo era hasta el punto de que su nombre ha terminado por evocar al del sintetizador y viceversa. Al margen de los aspectos puramente musicales, “Spiral” tenía cierta carga conceptual procedente de las enseñanzas del Tao Te Ching, uno de los dos textos fundamentales del taoísmo, y de la corriente mística sufí.

El mítico Yamaha CS80


“Spiral” - Probablemente nuestro corte favorito del disco por su complejidad y su variedad melódica y rítmica. Se abre con una serie de arpegios electrónicos que van evolucioando y jugando con el oyente saltando de uno a otro canal del estudio. Poco a poco se filtra entre ellos una solemne melodía de órgano reforzada por el CS80 y por unas contundentes campanas para culminar la introducción. Inmediatamente después aparece una veloz secuencia electrónica adornada con percusiones de todo tipo sobre la que se desarrolla la melodía principal: un motivo repetitivo que recuerda en su parte final a un tema de Igor Stravinsky. “Spiral” es una verdadera joya en todos los sentidos que reune en sus casi 7 minutos lo mejor de su autor.




“Ballad” - El disco cambia ahora de estilo de forma radical. De las secuencias y los ritmos vertiginosos pasamos a un tema más lento en el que escuchamos la voz del propio músico (conveniente modificada por medios electrónicos) tarareando el tema central. Es una pieza muy extraña pero que anticipa muchos conceptos que Vangelis desarrollaría en los años posteriores, especialmente en discos como “China”. También tiene cosas que nos recuerdan al japonés Isao Tomita. Pese a tener un enfoque algo más escueto en cuanto a los medios empleados, no faltan los momentos grandiocuentes que formaban parte de la obra del músico en muchos de los discos anteriores.

“Dervish D” - Regresamos a los temas secuenciales con esta pieza inspirada en las danzas de los derviches. La melodía principal es muy sencilla y todo el juego se desarrolla por detrás, con los efectos electrónicos y las percusiones arropando a los secuenciadores. Transcurridos un par de minutos, Vangelis ejecuta una especie de improvisación realmente brillante a los teclados. La influencia del músico con este disco fue tal que podemos decir que todo el sonido de artistas como Joel Fajerman, estaba ya contenido en esta pieza.

“To the Unknown Man” - Llegamos a la que es, con toda probabilidad, la composición más conocida del disco, utilizada hasta la saciedad en sintonías de radio y televisión de aquellos años. El esquema es sencillo y nada nuevo para el seguidor de Vangelis pero aquí está llevado a su máxima expresión por un músico en estado de gracia. Toda la pieza se sustenta en unas pocas notas que se repiten continuamente a modo de pulso con muy pocas variaciones. Partiendo de esa base, el compositor griego desarrolla una melodía emocionante, sensible, plena de inspiración, que evoluciona de manera magistral, sumando en cada repetición nuevos elementos como cuerdas sintéticas, percusiones, etc. hasta la parte final con un obstinado tambor y sus redobles continuos a ritmo de marcha que ponen la piel de gallina. Sólo hay un pero que podamos ponerle a esta maravilla y es que nos sobra la coda final, con un aire “pop” que no encaja en absoluto con el resto de la pieza.




“3+3” - Como cierre, Vangelis nos deja una especie de vals acelerado que tiene como base otra melodía secuencial. En la segunda parte incorpora elementos que lo acercan de un modo extraño al blues para volver al comienzo con sonoridades, de nuevo, cercanas a lo que hacía Tomita en aquellos años. En cualquier otro disco, este tema sería uno de los puntos fuertes pero aquí queda algo relegado ante la calidad de las piezas que lo acompañan.


Si preguntamos hoy a un seguidor veterano de Vangelis por sus cinco discos favoritos del músico griego, es muy probable que “Spiral” se encuentre entre sus elegidos. Junto con “Albedo 0.39” es quizá el trabajo que contiene los ejemplos más claros de música electrónica popular de su autor. Sin ir más lejos, más de la mitad del disco aparece en los dos primeros volúmenes de la antes mencionada serie “Synthesizer Greatest” lo que da una idea de la repercusión que tuvieron en su momento estas piezas y de su trascendencia pasados los años. La música de “Spiral” entra ya en esa categoría de composiciones clásicas que todo el mundo conoce aunque no siempre sean capaces de identificar a su autor y eso la convierte en parte de la vida de toda una generación. Los pocos elegidos que han alcanzado algo así, y Vangelis es uno de ellos, son ya inmortales.

Como despedida, os dejamos con un tema que fue "cara B" del single de "To The Unknown Man" pero que no formó parte del disco (aunque sí se incluyó en alguna reedición posterior).