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lunes, 21 de agosto de 2017

Harold Budd - The Pavilion of Dreams (1978)



De todas las cosas que tenemos que agradecerle a Brian Eno, una de las más importantes es que convenciera a un músico como Harold Budd para tomarse su carrera más en serio, especialmente desde el punto de vista discográfico. El compositor norteamericano se había hecho un nombre en la escena californiana más vanguardista en su época de estudiante pero, inesperadamente, en 1970 abandonó la música por un periodo de dos años.

No sería la última “retirada” de su carrera pero el caso es que 1972 comenzó a trabajar, de modo muy pausado (todo en su obra lo es, realmente) en nuevas composiciones concluyendo un primer ciclo de obras en 1975. Tras dimitir del puesto como profesor en el California Institute of Arts que ocupó durante su primer hiato, en 1976 decidió grabar esas piezas y retomar su carrera discográfica.

Aquí es donde entra en acción Brian Eno quien en aquel momento estaba trabajando en su sello Obscure Records en el que habían aparecido algunos trabajos fundamentales dentro de una nueva forma de entender la música. Entre ellos encontramos obras de Gavin Bryars, Michael Nyman, La Penguin Cafe Orchestra o el propio Eno junto a las de varios autores más. Harold Budd firmaría el décimo y último disco de Obscure Records bajo el título de “The Pavilion of Dreams”. Como ocurría en varios de los discos de la serie, participan en él muchos de los intérpretes que firman a su vez otros títulos de la misma. La lista completa de intérpretes incluye a Marion Brown (saxo alto), Maggie Thomas (arpa), Richard Bernas (piano y celesta), Gavin Bryars (glockenspiel y voz), Jo Julian (marimba, vibráfono y  voz), Michael Nyman (marimba y voz), John White (marimba, percusión y voz), Howard Rees (marimba y vibráfono), Nigel Shipway (percusión) y Brian Eno (voz).

Budd & Eno


"Bismillahi 'Rrahman 'Rrahim" – La primera pieza del disco fue escrita en 1974 y se abre con unas notas de celesta acompañadas más tarde por el saxo de Marion Brown. El inicio recuerda mucho al famoso tema de amor que Vangelis compuso años más tarde para la banda sonora de Blade Runner, especialmente en términos de sonoridad. Brown era un saxofonista reputado de “free jazz” con una discografía que empezaba a ser ya importante y que incluía colaboraciones con alguno de los grandes como Coltrane. En esta pieza su papel es primordial al ser el principal elemento melódico. El acompañamiento comienza a mostrarnos ya las claves del estilo de Harold Budd: sonidos etéreos (la elección de la celesta no es casual), ecos y texturas sedosas. Todo ello a base de piano eléctrico, marimbas, arpa y glockenspiel, sonidos todos ellos pulsantes y breves, ideales para crear la atmósfera buscada por Budd.




“Two Songs: 1. Let Us Go into the House of the Lord / 2. Butterfly Sunday" – La segunda pieza del disco está compuesta por dos canciones, una, adaptada de la versión que hizo Pharoah Sanders de un himno “gospel” y la otra adaptada de una composición de John Coltrane. En las dos canciones escuchamos a la mezzo soprano Linda Richardson con el único acompañamiento del arpa de Maggie Thomas y ambas son bellísimas y podrían pasar por “lieder” clásicos sin problema alguno. Budd las escibió entre 1973 y 1974.

"Madrigals of the Rose Angel: 1. Rossetti Noise / 2. The Crystal Garden and a Coda" – Un poco antes, en 1972, había firmado las dos piezas que componen el tercer corte del disco y que supusieron su regreso a la composición musical. Con ellas queda perfectamente el estilo de Budd para el futuro: melodías lentas, con notas de prolongada duración, influencia minimalista y una búsqueda muy consciente de una sonoridad muy determinada. Brian Eno, productor del disco, es responsable con toda seguridad de buena parte de ese diseño sonoro pero también se valio de muchos de esos conceptos para su propia obra en solitario.




"Juno" – Cierra el disco una pieza de 1975 en la que Budd al piano toma un protagonismo que no había tenido hasta ahora. Las voces que lo acompañan tienen un tratamiento similar al que Brian Eno utilizaría pocos años más tarde en un par de cortes de su “Music for Airports” aunque aquí ocupan un plano mucho más secundario. Pese a pertenecer todas las piezas al mismo disco, se nota la distinta fecha en la que fue compuesta cada una de ellas apareciendo esta última como la más evolucionada.

Con “The Pavilion of Dreams”, Budd comenzó a ser un nombre a tener muy en cuenta y también su asociación con Brian Eno. No es casual que en la portada original del disco, junto al nombre de Budd y el título del trabajo figurase el texto “Produced by Brian Eno”, algo nada habitual en otros discos convencionales en los que la identidad del productor es secundaria y sólo se menciona en las notas del mismo si hay espacio suficiente. Harold Budd no es el primer nombre que nos viene a la cabeza cuando hablamos de estilos como “minimalismo” o “ambient” (él mismo reniega particularmente de esta última etiqueta) pero no cabe duda de que en los últimos tiempo su figura ha sido reivindicada y hoy ocupa un lugar importante a la hora de presentar y entender ambas corrientes.

jueves, 8 de junio de 2017

Jeroen Van Veen - Minimal Piano Collection Volume XXI-XXVIII (2017)



Sabemos que hace ya mucho tiempo que tenemos pendiente una reseña de la caja de once discos que el pianista holandés Jeroen Van Veen publicó en 2010 bajo el título de “Minimal Piano Collection Vol.X-XX” y que fue continuación del primer volumen aparecido en 2006 que ya tuvo su espacio aquí. Sería lógico, en cualquier caso, que hablásemos de esa segunda parte antes que de la tercera que acaba de aparecer hace unas semanas pero es precisamente esa novedad la que nos aconseja saltarnos el orden cronológico en beneficio de una mayor facilidad a la hora de encontrar esta nueva colección por parte de quienes eventualmente estuvieran interesados en ella.

A pesar de ser algo más pequeña que sus dos predecesoras, la tercera parte de la colección, que consta de los volúmenes que van del XXI al XXVIII, tiene un interés especial por cuanto que nos presenta a autores que cumplen en su mayoría con dos requisitos: son pioneros del género y no son muy conocidos y aún mucho menos grabados. A diferencia de lo que ocurría en las dos cajas anteriores, la mayor parte de ésta la integra una sola obra. Una pieza de procedencia incierta que se extiende a lo largo de más de cinco horas y que podría ser, nada menos, que el origen del minimalismo como género.

Jeroen Van Veen


Si echamos un vistazo a la mayor parte de tratados musicales sobre el tema, hay cuatro nombres alrededor de los que se comienza a construir el edificio minimalista: La Monte Young, Terry Riley, Steve Reich y Philip Glass. Sin embargo, de ellos sólo Young estuvo en el origen de todo junto con otros dos compañeros de estudios en UCLA: Terry Jennings y Dennis Johnson. Es el musicólogo, profesor y compositor Kyle Gann el responsable de que hoy conozcamos la obra que monopoliza la primera mitad de la colección: “November” de Dennis Johnson. La cronología de la composición es difusa y parte de una investigación de Gann sobre la música de La Monte Young. Durante una de las charlas que mantuvieron, Young afirmó que la inspiración para su “The Well-Tuned Piano” (monumental obra considerada como una de las fundamentales en su género) provenía, en realidad de una composición de su amigo Dennis Johnson titulada “November”. Young tenía una cinta con parte de esa obra y se la cedió a Gann. En ella se fechaba la composición en 1959 y la propia grabación tres años más tarde, en 1962. El hallazgo supondría un retroceso en el calendario del  minimalismo como género y obligaría a reescribir algunas páginas del mismo. Según afirmaba Young, “November” duraba más de cinco horas aunque en la cinta apenas se llegaban a escuchar dos de ellas antes de que la grabación se interrumpiese. Pese a los esfuerzos de Kyle Gann en ese sentido, la transcripción de la obra a papel con la única ayuda de una cinta grabada con no demasiados medios era una tarea titánica que, además, quedaría incompleta aun en el supuesto de que se pudiesen “rescatar” las dos horas. Dennis Johnson, su autor, abandonó la música en 1962 por lo que su pista cuarenta años después era confusa pero gracias a la mediación de otro compositor californiano, Daniel Wolf, Gann consiguió localizar a Johnson y hablar con él. Resultó que Johnson conservaba el manuscrito original de la obra y no tuvo problema en cedérselo a nuestro investigador que, de ese modo, pudo rescatar una composición en la que se pueden hallar ya todos los elementos característicos del minimalismo: larga duración, repetición de motivos y el uso del método aditivo tan propio de la música de Glass o Reich poco tiempo después.

La partitura no era sencilla ni mucho menos. Consistía en seis páginas llenas de pequeñas melodías y diagramas que las conectaban, dos páginas más con motivos numerados unas veces con números romanos, otras con arábigos, otras desordenados o con numeraciones no consecutivas, todo ello aderezado con todo tipo de anotaciones sobre distintas alternativas en la ejecución, reglas para pasar de un motivo a otro, etc. Tiempo después, Johnson le hizo llegar a Gann nuevos manuscritos de la obra fechados en 1970, 1971 e incluso con algún pasaje en el que aparecía la fecha de diciembre de 1988. No está claro si “November” fue modificada o completada tanto tiempo después aunque todo parece indicar que esas páginas eran parte de otros intentos de transcripción de la cinta original por parte del propio Johnson. Su mala salud y memoria cuando Gann dio con él no hicieron posible que la cuestión fuera aclarada. “November” en la versión rescatada por el investigador fue grabada por el pianista R. Andrew Lee en 2013 en una rara edición de cuatro horas muy difícil de encontrar hoy en día.

Afortunadamente Jeroen Van Veen decidió afrontar el reto de grabar esta partitura e incluirla en la caja que hoy comentamos y de la que ocupa aproximadamente la mitad de su extensión. “November” es una composición realmente reposada que va evolucionando a partir de un reducido grupo de notas al que se van sumando otras en cada repetición. La evolución de los acordes, la construcción de los intervalos, etc. es parsimoniosa pero conforme avanza la composición vamos comprobando como todo cobra sentido. Sabemos que escuchar una pieza de cinco horas de duración requiere de un esfuerzo y un compromiso por parte del oyente que no es muy común pero también creemos que el aficionado a la música minimalista habrá superado ya pruebas similares con cierta frecuencia. El reto queda lanzado.

El quinto disco de la colección está dedicado a Philip Glass. Probablemente junto con Simeon Ten Holt, el compositor más veces interpretado por Jeroen Van Veen. Escuchamos aquí tres piezas de sus primeros años que están consideradas como parte del corpus fundacional de lo que hoy conocemos como minimalismo. La primera de ellas es “Two Pages”, obra de instrumentación libre que se suele interpretar al piano y al órgano eléctrico (así la grabó el propio autor la primera vez) pero que admite versiones para grupo e incluso para guitarras como hemos tenido ocasión de escuchar en algún caso. Van Veen opta aquí por el piano y el piano eléctrico con un resultado notable. La segunda composición es “Music in Fifths”, escrita por el músico como respuesta a las estrictas normas de composición que aprendió en París con Nadia Boulanger. Básicamente se trata de hacer justo aquello que la ilustre profesora le dijo que no se debía hacer nunca. Van Veen interpreta una extensa versión de la pieza tocando con la mano izquierda el piano y con la derecha el órgano eléctrico de forma simultanea. Cerrando la serie de tres piezas escritas todas en 1969 tenemos “Music in Contrary Motion” en una rara versión para piano solo.

El siguiente autor recopilado en la caja es Tom Johnson, de quien Van Veen ya había grabado su “An Hour for Piano” como parte de la primera recopilación minimalista de la que hablamos aquí. Johnson fue un discípulo de Morton Feldman que estuvo en los orígenes de la corriente minimalista. Su formación matemática fue crucial para su carrera ya que buena parte de sus composiciones son creadas a partir de patrones numéricos y estadísticos. La versión de su “Organ and Silence” (2002) que escuchamos aquí es una transcripción para piano de 8 de los 28 movimientos de que consta la obra original. El propio autor la realizó realizó para otro pianista amigo suyo. “Block Design” juega con conceptos matemáticos utilizados en combinatoria. Tenemos una serie de 12 notas distribuidas en arpegios de 6 notas cada uno de forma que cualquier combinación de 4 notas aparece exactamente 10 veces en 10 arpegios diferentes. Otra pieza de similar complejidad es “Tilework”, de 2003, basada también en la obra de dos matemáticos que respondieron al desafío de conseguir “rellenar” un cuadrado con diferentes cuadrados, cada uno de ellos de dimensiones diferentes a los demás. Se cierra el disco dedicado a Johnson con “Tango”, composición para piano en la que escuchamos hasta 120 variaciones de una misma melodía.

Pese a su relativa juventud cuando el minimalismo americano daba sus primeros pasos (nació en 1952), Peter Garland escribió sus primeras piezas en los años de ebullición del género. “A song” (1971) consta de diez fragmentos que son ejecutados en el orden y con el ritmo que el pianista decida en cada momento. “Nostalgia for the Southern Cross” (1976) es la más moderna de la serie y fue compuesta tras el divorcio de Garland y su primera esposa. “The Days Run Away”, también de 1971, tiene un esquema similar a “A Song”. En lugar de diez fragmentos ahora son ocho que han de ser interpretados en el orden indicado en la partitura pero, una vez completados, queda a discreción del pianista cómo seguir pudiendo escoger la combinación que desee a la hora de ejecutarlos de nuevo. Garland sugiere ir del uno al ocho para luego tocar del cuatro al uno de forma descendente. Cierran el disco dos piezas breves de 1971 y 1972 respectivamente: “Two Persian Miniatures” y “The Fall of Quang Tri”.

El último disco de la colección lo comparten tres autores aunque de forma desigual puesto que la mayor parte del mismo la ocupan los dos estudios para teclado escritos por Terry Riley a sugerencia de John Cage. Son dos piezas relativamente extensas que su autor concibió como ejercicio de meditación pero encierran una gran dificultad para el intérprete. Van Veen opta por utilizar dos pianos colocados en ángulo para una mayor comodidad. De forma casi testimonial aparece en la recopilación Harold Budd con su pieza de 1981 “Children on the Hill”. Su estilo ambiental y espacioso es conseguido por parte de Van Veen mediante la utilización del pedal de resonancia del piano, pulsado a fondo durante toda la interpretación. Además, el sonido es “alargado” con efectos electrónicos para emular el característico timbre de las obras de Budd. La recopilación no podía cerrarse sin la presencia de La Monte Young que aparece aquí con su “Estudio nº7 para teclado”. El resto de sus estudios consistían en descripciones de lo que el ejecutante debía hacer en el escenario. Acciones como depositar un saco con heno delante del piano y esperar a que este se lo coma y cosas por el estilo. El número siete, en cambio, sí constaba de una partitura al uso. En ella sólo aparecen dos notas: Si y Fa sostenido. Junto a ellas, la indicación de que se toquen simultáneamente y se espere hasta que el sonido se desvanezca. Van Veen hace lo indicado y alarga la duración por medios electrónicos hasta alcanzar los 4 minutos con 33 segundos en homenaje a la icónica composición de John Cage.

Como venimos diciendo desde hace mucho tiempo, la labor que Jeroen Van Veen está realizando en favor de la difusión de la música minimalista es impagable. Con esta tercera caja tenemos ya la friolera de 28 cedés entregados a esa tarea a los que hay que sumar las revisiones de la obra de artistas como el propio Philip Glass, Simeon Ten Holt, Michael Nyman, Erik Satie o de la suya propia. Todo elogio por nuestra parte se queda corto. La vastedad del campo minimalista nos hace pensar que esta caja no será la última y que quizá en un futuro podamos acceder a obras descatalogadas desde hace mucho tiempo como el propio “The Well-Tuned Piano” de La Monte Young. Eso sería algo maravillos pero mientras llega o no ese momento, disfrutemos de esta colección recién aparecida, cómo no, en el sello Brilliant Classics.


 

domingo, 27 de mayo de 2012

From the Kitchen Archives No.5: Pianos in the Kitchen (2011)



Si repasamos la historia del arte en cualquiera de sus modalidades, no es extraño encontrar lugares y momentos en los que se concentra una cantidad inusual de talento en unos pocos metros cuadrados. La inquieta Nueva York de los primeros años setenta tuvo también una de estas instituciones frecuentada por todos aquellos artistas que iban a tener un papel relevante en las décadas siguientes. Fundada en 1971 por el matrimonio de Woody y Steina Vasulka, con el apropiado nombre de la cocina (The Kitchen), se convirtió en poco tiempo en un punto de referencia fundamental para músicos, videoartistas y actores de la Gran Manzana, que, en muchos casos, desarrollaron carreras multidisciplinares en muchos de esos campos a la vez. Nombres destacados entre la gente que formó parte de “The Kitchen” a lo largo de su historia son los de Philip Glass, Laurie Anderson, Meredith Monk, Constance de Jong o Lucinda Childs.

El fondo de archivo de “The Kitchen” es un tesoro preparado para ser sacado a la luz y abarca más de 500 grabaciones sonoras exclusivas de artistas como los ya citados, además de otros grandes (John Cage, David Byrne y los Talking Heads, Steve Reich, Sonic Youth, Michael Nyman…) y alrededor de 3600 grabaciones de video, lo cual no es de extrañar porque todas y cada una de las actuaciones celebradas en el lugar se grabaron para la posteridad. Afortunadamente, desde hace unos años existe un proyecto para ir publicando todo ese material, rescatando así buena parte del partimonio artístico de toda esa etapa a través del sello Orange Mountain Music, encabezado por el propio Philip Glass y con distribución internacional a través de Harmonia Mundi.

El último de los lanzamientos de la serie hasta la fecha lleva el título de “Pianos in the Kitchen” y, como cabe deducir del título, se centra en obras para piano, interpretadas en distintos recitales ofrecidos en el recinto entre 1976 y 1983.

Abre la colección Philip Glass con una grabación del 12 de febrero de 1983. A pesar del error tipográfico que titula la pieza: “Third Series, Part IV”, el título correcto es “Fourth Series, Part IV”, composición de 1979 que cerraba una serie de piezas cuya principal característica es la de estar escritas “en cuartas”. Salvo la primera de las cuarto partes, aún inédita, las otras tres fueron rebautizadas por el músico y grabadas bajo la nueva denominación. De este modo, la pieza que aparece en el disco es más conocida hoy en día como “Mad Rush”. Hay una anécdota más que curiosa con esta pieza ya que Glass suele hablar de ella como de una composición escrita en 1981 para una vista del Dalai Lama a la catedral de St.John, the Divine cuando la realidad es que ya estaba escrita y estrenada mucho antes. Habitualmente, “Mad Rush” se interpreta tanto en su version para piano como en la adaptación para distintos órganos (desde el eléctrico hasta el clásico órgano de tubos) y es una de las obras de su autor más interpretadas y grabadas por distintos músicos a día de hoy. A pesar de pertenecer a una etapa que aún podíamos catalogar de minimalista, “Mad Rush” tiene un lirismo y un brillo que la distinguen de otras piezas contemporaneas del mismo autor. En esta versión en directo podemos disfrutar de una interpretación vigorosa y muy expresiva a pesar de que Glass nunca ha destacado especialmente en su faceta de intérprete.

Continúa el disco con dos piezas de Meredith Monk, grabadas el 10 de abril de 1983 y pertenece, como la anterior, a una serie de conciertos benéficos con los que “The Kitchen” financiaba la adquisición de nuevos instrumentos para sus músicos, en este caso, para sufragar los gastos de un nuevo piano Steinway. Monk es una de las artistas más interesantes de las surgidas en la época y, por supuesto, de las habituales de “The Kitchen”. Compositora, actriz, cantante o directora de grabaciones audiovisuales son algunas de las facetas que podemos encontrar dentro de su trabajo. La principal característica de su música es la aportación de su propia voz, particular donde las haya, y la forma de cantar en la que la ausencia de texto se suple con sonidos onomatopéyicos y gritos y expresiones que la hacen tan reconocible como inimitable. Tanto “Travelling” como “Paris”, sus dos canciones del disco, son las únicas piezas con partes vocales de la colección. Musicalmente, nos encontramos ante otra variante más del minimalismo neoyorquino. “Travelling” fue compuesta en 1973 y editada por primera vez en el disco “Dolmen Music” mientras que “Paris” es de 1972 y acompañaba las imágenes de un cortometraje de la artista.


Meredith Monk con sus características largas trenzas.


La grabación más antigua del disco data del 6 de noviembre de 1976 y es un extracto de “Evolution of a Sonority in Strumming” de Charlemagne Palestine. Se trata de uno de los más radicales exponentes del minimalismo. “Strumming” es una de sus obras más conocidas y se extiende a lo largo de 45 minutos de duración en la que sólo intervienen dos notas interpretadas en un piano de cola con el pedal del sostenido pisado durante toda la pieza. Los ecos y cacofonías producidos, además del progresivo desafinado que va experimentando el instrumento crean un efecto realmente sorpendente. La pieza que podeis escuchar en el disco que hoy os comentamos, es un breve fragmento de seis minutos de esa composición.


Charlemagne Palestine durante un concierto con sus baules llenos de peluches.

Continúa el disco con “A Walk Though the Shadow” de Anthony Davis, interpretada en el mismo recital al que pertenecían las dos piezas anteriormente comentadas de Meredith Monk. Davis, pianista y compositor, se mueve habitualmente entre el jazz y la música clásica contemporanea y es autor de varias óperas. En la obra escogida para la recopilación tenemos algo de todo esto. Es una pieza lenta de tono jazzistico pero con referencias vanguardistas y unas gotitas de ambient en la linea de Harold Budd en sus colaboraciones con Brian Eno.

Dennis Russell Davies al piano es el intérprete en la siguiente grabación del disco, haciendo su propia versión del “Ritual” de Keith Jarrett. Aunque todos identificamos a Jarrett como pianista de jazz, especialmente por sus discos de improvisaciones en directo, es también un destacado intérprete de música en el sentido clásico y cuenta con un buen número de grabaciones de obras de Bach, Haendel, Mozart, Shostakovich o Arvo Pärt, muchas de ellas, precisamente, con Dennis Russell Davies como director de orquesta. “Ritual” se encuentra a medio camino entre ambos mundos: con un tono general jazzistico y pasajes decididamente clásicos. La obra, encargada a Jarrett por el propio Davies, se estrenó, precisamente en el concierto del 9 de abril de 1977 que recoge la grabación que hoy comentamos.

Cerrando el trabajo tenemos a Harold Budd, de quien ya hemos tenido noticia recientemente en el blog, con un extracto de sus “Preludes for Solo Piano”, una obra que no nos consta que haya sido publicada nunca en su integridad. En ella escuchamos los característicos pasajes sonoros de Budd en un registro algo diferente a lo que nos tenía acostumbrados. Al tratarse de música sólo para piano, sin acompañamiento electrónico de ningún tipo, tiene que llenar el espacio de otra forma y lo consigue con rápidos arpegios y delicadas melodías pasajeras que nunca llegan a asentarse.

Con la excepción de Dennis Russell Davies y de Harold Budd, quienes no formaban parte del grupo de artistas habituales en “The Kitchen”, aunque sí tocaron allí ocasionalmente, con este disco nos podemos hacer una idea muy cercana a la realidad de lo que allí sucedía en los años setenta y ochenta. Como se puede comprobar en su página web: The Kitchen la actividad del lugar sigue siendo mucha y muy interesante, como en sus mejores días siendo uno de los centros culturales más notables de Nueva York.



El que hoy os hemos comentado es el quinto y último lanzamiento que ha salido a la luz hasta el día de hoy de todo el material que existe en los archivos y está previsto que sigan apareciendo periódicamente nuevos discos a los que seguiremos la pista muy atentamente. Si os ha picado la curiosidad y quereis haceros con este “Pianos in the Kitchen” lo podeis hacer en el siguiente enlace:



Os dejamos con Philip Glass interpretando "Mad Rush" en vivo en 2008

jueves, 19 de abril de 2012

Harold Budd / Brian Eno, with Daniel Lanois - The Pearl (1984)



Harold Budd es un personaje curioso como sólo puede serlo alguien que creció en pleno desierto de Mojave escuchando, según dice, los fantasmagóricos sonidos del viento entre los cables eléctricos. Un sonido continuo e hipnótico que marcó su infancia. Su formación musical tuvo lugar en los ambientes más vanguardistas de la california de los años sesenta lo que le permitió entrar en contacto con alguna de las mayores luminarias de la época.

Sin embargo, Budd era un tipo indeciso. Tan pronto se dedicaba a la composición en un estilo cercano al minimalismo más radical, como la relegaba en beneficio de su labor docente. Llegó a haber un periodo de dos años entre 1970 y 1972 en el que se retiró por completo de la actividad compositiva (aunque en 1971 apareció un primer disco con música de Budd). Tras este interludio, volvió a escribir música sin grandes pretensiones componiendo una colección de piezas bajo la denominación de “The Pavillion of Dreams”. Ni siquiera se planteaba que esa música fuera grabada pero tras una breve vuelta a la docencia, la insistencia de Brian Eno animó a Harold a dar el paso de la mano de una buena colección de músicos que pronto se contarían entre lo más relevante de la vanguardia británica. Así, compositores como Gavin Bryars, Michael Nyman y el propio Brian Eno participan en la grabación del disco que aparecería en 1978 en el sello EG, auténtico receptáculo de artistas inquietos que reunió en su interior nombres como los ya citados, además de los de King Crimson o la Penguin Café Orchestra.

Harold Budd al piano.


Cuando Brian Eno estaba enfrascado en su serie de discos con la denominación de “Ambient” pensó en Harold Budd para firmar juntos el segundo volúmen de la colección. El resultado fue más que satisfactorio de modo que poco después ambos músicos volvieron a reunirse para trabajar juntos en un nuevo trabajo, ajeno esta vez a la citada etiqueta “ambient” que acompañó al anterior.

“The Pearl” iba a ser el título de la colección de temas que el dúo iba a lanzar al mercado con la casi imperceptible colaboración de Daniel Lanois a la guitarra. En él podemos escuchar una serie de piezas de piano a cargo de Budd a las que Eno rodea de sus pasajes ambientales característicos… ¿o es al revés? Podría ser entonces que Brian crease sus atmósferas mientras Harold improvisaba sobre ellas… o quizá, en un giro de tuerca más, Harold Budd toca, Brian Eno transforma lo interpretado y, de nuevo, el pianista reinterpreta todo en un bucle interminable… sea como fuere, el oyente tiene ante sí un disco fascinante desde todo punto de vista.

“Late October” – Casi hay que hacer un esfuerzo para escuchar las tenues notas de piano que van salpicandonos con una pesada cadencia, con parsimonia, con la sutileza de quien entra en una iglesia con la ceremonia ya iniciada y busca sentarse en el hueco libre, en medio del banco. Y del mismo modo en que llegaba la música, se despide sin casi hacerse notar.

“A Stream with Bright Fish” – La audición del tema anterior nos da una idea clara de por dónde va a ir todo el trabajo pero habrá sutiles diferencias entre unas piezas y otras. Si en la inicial, las notas seguían un ritmo continuo y cadencioso, en ésta ocurre al contrario, van apareciendo amontonadas, en compases separados por largos instantes de silencio, lo cual es un decir, puesto que no hay tal cosa en el disco. Podemos hablar de un “silencio-Eno” o, más propiamente en alguien que se define como no-músico, de un no-silencio y es que el trabajo de Brian Eno en el disco es el de rellenar los intervalos entre las notas de forma que siempre haya algo ahí, algo imperceptible que no llamaríamos propiamente música ya que no interfiere con la melodía del piano pero que sirve para cohesionar toda la pieza.

“The Silver Ball” – Volvemos a escuchar un piano de ritmo pausado pero constante como en el tema inicial. Quizá algo más etereo, si cabe y con ese punto tan cercano a Satie de mucha de la música de Budd y Eno.

“Against the Sky” –  Con la sucesión de las piezas, el piano de Budd cada vez suena menos a piano, los ecos se alargan cada vez más, las notas son más borrosas y cuesta distinguir dónde acaba la resonancia del instrumento y empieza el tratamiento electrónico de Eno. Son notas que se resisten a morir, que alargan su vuelo hasta el agotamiento y que se depositan suavemente en el suelo, sin estridencias, sin ser percibidas.

“Lost in the Humming Air” – Y paralelamente a la transformación del piano de Budd, los efectos de Eno van desapareciendo. Como indica el título de la pieza, aquí son sólo un sordo rumor de fondo. El piano ya no es tal y sólo queda una sombra fantasmal del mismo. La transformación es completa.

“Dark-Eyed Sister” – Como rebelandose ante su nueva condición, el piano vuelve a hacerse reconocible jugando con las notas más graves, de nuevo en diálogo con el Satie más profundo, en ese estilo que tan bién iba a aprovechar otro de los Eno, Brian, en sus discos de los años próximos con ese ritmo perdido en algún lugar entre el vals y la habanera.

“Their Memories” – Volvemos al lado más minimalista de Budd con una pieza más esquemática si cabe que las anteriores con una serie de notas descendentes que se repite una y otra vez, mecida por el suave viento que Eno diseña para la ocasión.

“The Pearl” – La pieza que sirve para dar nombre al disco es también un ejemplo muy representativo del resto del trabajo y también de toda la obra del dúo. Quienquiera que decidiese aplicar la palabra “ambient” a la música de Eno, estaba catalogando de la forma más precisa posible lo que ésta expresaba. Es una música que puede ser escuchada con atención pero también que puede estar ahí sin ser percibida, sin interferir con el oyente, como una mascota fiel que nunca molesta pero que siempre está cuando se la necesita.

“Foreshadowed” – Acercandonos a la conclusión del disco, los músicos deciden aflojar las ataduras del piano de Budd que tiene aquí la posibilidad de sonar sin máscara, a rostro descubierto, como no lo hacía desde el tema inicial.

“An Echo of Night” – Como queriendo mantener un equilibrio con el tema anterior, en éste no hay más música que la que procede de los aparatos de Eno. Ni rastro del piano en una pieza absolutamente ejemplar y paradigmática de lo que fue la obra de Brian en los ochenta.

“Still Return” – No existen sobresaltos en este disco, cada tema sucede al anterior sin hacerse notar en exceso, con una regularidad intachable y de la misma forma en que todo empezó, cuarenta minutos atrás, todo termina. El oyente puede tener la sensación de no haber oído nada. Probablemente no será capaz de recordar ni una de las melodías esbozadas en el disco pero algo habrá calado en el fondo. No han sido cuarenta minutos perdidos.

Alguien definió la música de este disco como “Erik Satie tocando bajo el agua” y es una imagen que no está en absoluto desencaminada. El propio Eno justifica sus ambientes, esa bruma que envuelve cada nota del disco, en una entrevista de principio de los noventa cuando afirma “todo mi proceso de grabación da como resultado cosas que no son de alta fidelidad. La llamada alta fidelidad tiene que ver con la claridad del sonido y yo no estoy interesado en eso en absoluto. La claridad es sólo un recurso que no me interesa particularmente. Es algo que usas como parte de la estructura de una pieza. Como las ventanas en la arquitectura. Nadie quiere vivir en una casa llena de ventanas. También necesitamos rincones oscuros, lugares en los que puedas cerrar una puerta y aislarte y sitios en los que puedas esconder cosas, sitios cálidos, sitios frescos, lugares brillantes y otros oscuros. Hoy parece algo asumido que los edificios con grandes cristaleras son lo ideal. Creo que no lo son. Es un tipo de edificios horroroso para vivir. No hay lugar en el que esconderse y yo quiero esconderme.”
La música de Eno y Budd nos recuerda a la superficie de un lago en absoluta calma. Es un sitio al que nos podemos asomar y que nos devolverá un reflejo perfecto pero fragil, que en cualquier instante puede quedar absolutamente distorsionado por un acto tan sencillo como la caída de una gota de agua sobre él. Cuentan las historias de personas supuestamente abducidas por extraterrestres que recuerdan la experiencia como un vacío en sus recuerdos. Como un espacio de tiempo robado del que no recuerdan nada pero en el que saben que algo debió ocurrir. En ocasiones, con la música de Brian Eno tenemos una sensación parecida.

Si os veis asaltados por algún objeto circular con la etiqueta “Eno” escrita en algun lugar, no opongais resistencia, dejaos secuestrar y disfrutad de la experiencia. En el peor de los casos, tendreis una experiencia musical distinta e irrelevante. En el mejor, os podreis adentrar en un universo diferente y muy placentero que os puede reportar interminables escuchas realmente agradables. Si quereis comenzar con esta “perla”, la podeis encontrar aquí:


fnac.es

Os dejamos un par de montajes en video con música del disco, "A Stream With Bright Fish" y "Late October":