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jueves, 31 de agosto de 2017

Roger Eno - Lost in Translation (1994)



Quizá por culpa de la alargada sombra de su hermano Brian, Roger Eno no fue un músico demasiado prolífico en sus primeros años de carrera, al menos, en lo que se refiere a discos en solitario. De hecho, de los primeros nueve discos en los que aparece como autor, sólo en un par de ellos consta su nombre sin ningún acompañante en la portada. En 1995 aparecería el tercero, publicado bajo el atractivo título de “Lost in Translation”. Ese trabajo sirvió para consolidar un estilo propio apuntado en los trabajos previos con Kate St.John y, especialmente como miembro de Channel Light Vessel.

Cuando se conoce un poco la personalidad de Roger Eno se aprende a no creer demasiado en lo que afirma en las notas de sus discos lo que nos lleva a dudar del origen de “Lost in Translation”. Si atendemos a lo que se dice en el libreto del CD, el disco estaría inspirado en una serie de textos del poeta flamenco Walthius Van Vlaanderen. Roger los habría encontrado en “Heretical Christian Thinkers, An Anthology”, compilación publicada por el reverendo William Grove en 1894.  Si buscamos información sobre Grove hallamos que existió un William Robert Grove en la misma época (nació en 1811 y murió en 1896) aunque sus campos de estudio fueron las leyes y la física. En ningún sitio se menciona ningún tipo de interés religioso ni, por descontado, aparece ningún tratado de autores heréticos recopilado por él. Si tratamos de buscar información directamente sobre Walthius encontramos que toda referencia disponible sobre nos dirige... ¡¡¡al disco de Roger Eno!!!

Un par de años después de publicar “Lost in Translation”, Eno grabó un disco en el que supuestamente recuperaba obras de ocho compositores ingleses desconocidos hoy en día. Los autores, que abarcaban varios siglos, aparecían reseñados en el propio disco con abundantes notas biograficas a cargo del propio Roger. Evidentemente todos ellos eran personajes inventados que sirvieron al músico como excusa para realizar un ejercicio de estilo componiendo una serie de piezas con inspiración en diferentes periodos musicales.

Sabiendo esto, no creemos que sea disparatado afirmar que ni Walthius Van Vlaanderen ni el reverendo William Grove existieron en ningún momento, más allá de en la mente de Roger Eno quien construye así un escenario adecuado para dar a su música un entorno medieval, con textos en latín y voces claramente inspiradas es ese periodo. El resultado: un trabajo fascinante que obtuvo una repercusión notable en relación con obras anteriores del compositor. Roger toca todos los instrumentos salvo los que aportan los dos colaboradores presentes en el disco: Michael Brook y David Coulter.

Roger Eno.


“Occam's Close Shave” - El primer tema del disco combina piano, acordeón y cuerdas sintéticas en una alegre pieza de cierto aire folclórico en el comienzo que cambia en su segunda parte con la entrada de las percusiones. Sencillo como toda la música de su autor pero ciertamente bello.

“Ne Cede Melia” - Una sucesión de notas de piano sirve como introducción a una extraordinaria canción con texto en latín en la que suponemos que es el propio Roger Eno quien canta ya que no aparece acreditado ningún vocalista en el disco. La pieza, de un lejano aire medieval, fue radiada con profusión en su época sirviendo como carta de presentación del disco para mucha gente.




“The Last Resort” - La gran mayoría de las piezas del disco no llega a los tres minutos de duración por lo que calificar a alguna de ellas de miniatura (como sería el caso de esta) no serviría para distinguirla en demasía del resto. Aquí tenemos la oportunidad de sumar la guitarra al piano y el acordeón, habituales en todo el disco, en un tema de aroma español.

“Ventis Segundis” - Deliciosa pieza de cámara que recuerda a las que Roger grabó con Harmonia Ensemble en su disco “In a Room”. Volvemos a escuchar un texto en latín lo que establece ya una pauta y es que las composiciones con título en ese idioma van a ser (casi) siempre cantadas mientras que el resto serán instrumentales.

“Slow and Slender” - Un vals lento con el piano como protagonista en el que se cuelan otros instrumentos emulados por los sintetizadores. Es una pieza muy típica de su autor cuya devoción por los ritmos de 3/4 es evidente en todos sus trabajos.

“Mariachi Funeral” - Uno de los cortes más extraños del disco, que podría adornar perfectamente cualquier escena de animación gótica de Tim Burton. Un ambiente inquietante con la trompeta dibujando retazos de melodías todo el tiempo.

“Newton's Statue” - El piano, con notas muy espaciadas, es el protagonista absoluto de una composición intimista y meditativa en la que apenas le acompañan algunos detalles al sintetizador. Una transición perfecta hacia la siguiente canción de la obra.

“Quando Solus” - Llegamos así a uno de los cortes más ambientales del trabajo en el que podemos escuchar un coro gregoriano flotando sobre las notas del piano y los colchones sintéticos de Roger. Una pieza que podría haber formado parte de cualquiera de los discos que el músico grabó en compañía de su hermano Brian.

“The Whispering Gallery” - Seguimos con los temas meditativos. En este caso con la guitarra dando la réplica al piano en un bonito dúo con los sintetizadores como testigo. Estructuras repetitivas se entrecruzan hasta formar un delicado tapiz que se nos antoja algo corto.

“The Hunch” - Suena ahora un tango lleno de melancolía y con un punto de desazón aportado por la guitarra, muy al estilo de las músicas que acompañaban a las imágenes de Twin Peaks, la serie de culto de David Lynch.

“Domus in Nebulae” - Como si de una segunda parte de “Ne Cede Melia” se tratase (comparten instrumentación y voces), la siguiente pieza ilumina el disco en lo que creemos que es uno de sus momentos más brillantes. Es admirable la capacidad de Roger Eno para crear algo tan bello con unos elementos tan sencillos como los que aparecen aquí.




“Emberdays” - Continuando con el altísimo nivel de inspiración llega este tema para piano en el que escuchamos una de las mejores melodías de todo el trabajo. Los arreglos (puntuales) de guitarra y sintetizador no hacen sino realzar la belleza del tema central.

“Rain Stopped Play” - Entramos ahora en una sección compuesta por tres temas muy breves de corte claramente ambiental. El primero de ellos está escrito para piano y consiste en cortas repeticiones de un patrón de notas muy sencillo.

“Nostalgia Isn't What it Used to Be” - La segunda pieza tiene al acordeón como ejecutor principal que se encarga de presentar una melodía que bien podría ser tradicional. La segunda parte del tema, con mayor presencia del piano tiene, de nuevo, un lejano aire español muy curioso.

“My Little Darling” - El ambiente festivo de la tercera pieza la convierte en una de nuestras favoritas del disco, sin duda merecedora de un desarrollo mayor dada la brillantez de su melodía y arreglos que se sobreponen, incluso, al uso de algunos sonidos electrónicos demasiado tópicos como ese arpa sintética del que tanto se ha abusado en discos de todo tipo.

“Docet Umbra” - Volvemos a las atmósferas electrónicas para envolver una composición para guitarra, próxima en estilo a algunas piezas de Brian Eno con Robert Fripp. Pese al título en latín, en esta ocasión no hay voces.

“Lost in Translation” - Sí las escuchamos, en cambio, en el corte que da título al disco, una magnífica pieza vocal a dos voces que vuelve a remitirnos a la música antigua convirtiéndose en otro de los momentos culminantes del disco.




“Evening Paragraphs” - Casi como cierre del disco volvemos a las piezas melancólicas de corte camerístico que adornan la carrera como solista de Roger. La presencia de Erik Satie aquí, músico fetiche de nuestro artista, es innegable lo que, para nosotros, siempre es una buena noticia.

“The Green Grass” - El último tema con título de todo el trabajo contrasta con el resto ya que se trata de una melodía tradicional irlandesa que el propio Roger canta acompañado de acordeón, armonio y piano. Su ubicación, casi al final del disco, evita que rompa la unidad del mismo pero su presencia en “Lost in Translation” se nos antoja innecesaria.

“(untitled)” - Faltaba una sorpresa final en forma de tema oculto. Y no se trata de una pieza de relleno sino de una verdadera preciosidad de corte “ambient” en la linea de esa obra maestra firmada por Brian Eno en su disco “Apollo: Atmospheres and Soundtraks” bajo el título de “An Ending (Ascent)”. Aunque en los créditos de ese disco figuraba Roger Eno, el tema en cuestión es obra de su famoso hermano.

Pese a su innegable categoría, es inevitable que la fama de Brian Eno influya en la trayectoria de su hermano pequeño Roger haciendo que todo su trabajo sea valorado en comparación con el de aquel. No vamos a negar algunas similitudes aunque lo cierto es que los estilos de ambos son muy diferentes hasta el punto que si tuviéramos que adscribir a Roger a una corriente estilística lo haríamos antes al minimalismo (en la linea de Wim Mertens, Yann Tiersen, etc.) que al “ambient” pese a que tiene elementos en común también con ese género. Sea como fuere, creemos que Roger es un músico notable de aquellos a los que merece la pena seguir con atención, algo que haremos aquí siempre que tengamos ocasión.

miércoles, 20 de abril de 2016

Brian Eno - Ambient 4: On Land (1982)



En 1982, Brian Eno puso fin a la serie de discos que inauguró cuatro años antes con el epígrafe “ambient” como encabezado de cada uno de los títulos. Curiosamente, en ese intervalo tuvo tiempo de inaugurar un par de series más; la abortada “Fourth World” (que sólo contó con un volumen) y “Music for Films” pero también de grabar un buen puñado de discos en solitario y junto con otros artistas.

Recoge en un sentido literal, el espíritu de los volúmenes anteriores ya que la mayoría de lo que suena en “On Land” (título complementario de este “Ambient 4”) procede de grabaciones descartadas en su momento y que aquí son reprocesadas, junto con un buen número de texturas electrónicas y registros procedentes de la naturaleza, incluyendo sonidos de animales. Durante su creación, Eno indica que se dió cuenta de la “limitada inutilidad” del sintetizador como elemento creativo lo que le hizo trabajar mucho con sus sonidos de forma “mecánica”, añadiendo grabaciones y “samples” de sonidos generados acústicamente y jugando con las cintas magnetofónicas a la vieja usanza.

En muchos sentidos, “On Land” sería la cúspide de la serie “ambient”. Incluso el propio Eno diseñó un curioso sistema “casero” para escuchar el disco con una profundidad que anticiparía los modernos equipos 5.1 surround. Comenta el autor que su idea era grabarlo con sonido cuadrafónico, muy en boga durante un tiempo pero que no llegó a alcanzar suficiente implantación. El propio Eno afirma que se dio cuenta enseguida de que muy pocos oyentes tenían un equipo cuadrafónico en su casa. El “invento” consistía en un equipo estéreo convencional al que se añadía un tercer altavoz (que podía ser de pequeño tamaño ya que no estaba destinado a reproducir las frecuencias más graves). Éste se situaría en el vértice de un imaginario triángulo en los extremos de cuya base irían los altavoces habituales. La peculiaridad vendría ahora: el tercer altavoz iría conectado a los polos positivos de las salidas de amplificador de cada uno de los otros dos (compartiendo la toma, no ocupandola para él sólo). Eno indica que no sabe exáctamente por qué funciona pero que el efecto que se consigue de este modo amplía de alguna forma el entorno del sonido que parece proceder de fuera de los límites de la habitación. No hemos probado este sistema descrito en las notas de la edición original del LP pero seguro que merece la pena probarlo por curiosidad.

“On Land” es un disco creado en su práctica totalidad por Eno pero en él participan otros músicos con los que colaboraba habitualmente en aquellos años, aunque lo hacen de forma puntual. Al margen del autor, participan en la grabación: Michael Beinhorn (sintetizadores), Alex Gros (guitarra), Bill Laswell (bajo), Jon Hassell (trompeta), Michael Brook (guitarra) y Daniel Lanois (tratamientos electrónicos).

Lizard Point. Uno de los lugares que inspiran "On Land".

“Lizard Point” - El único corte del disco que no firma Eno en solitario es el inicial, en el que figuran como coautores todos los músicos que participan en él, es decir, Beinhorn, Gros y Laswell. Es una pieza contemplativa en la que los sonidos se desplazan con lentitud, como la bruma que invade la costa al atardecer. La música nos va envolviendo poco a poco sin sobresaltos de ningún tipo y transcurre plácidamente hasta que, finalmente, se desvanece.




“The Lost Day” - Pocas sorpresas vamos a encontrarnos en uno de los discos que mejor justifica la etiqueta de “ambient” para su descripción. Suenan aquí algunas campanas que van creando una especie de base rítmica muy particular dentro de una pieza con algo más de actividad que la precedente. Escuchamos cuerdas perdidas esbozando fragmentos de melodías en una narración que parece una versión ralentizada de una composición desconocida. En ciertos aspectos encontramos similitudes con el clásico de Gavin Bryars “The Sinking of the Titanic”, algo nada sorprendente puesto que ambos músicos tuvieron mucha relación en años anteriores.

“Tal Coat” - El siguiente corte comienza con sonidos acuáticos rodeados de resonancias eléctricas y efectos de todo tipo. El título hace referencia al pseudónimo del pintor francés Pierre Louis Jacob, uno de los máximos representantes del “tachismo”, variante de expresionismo abstracto de principios del siglo XX. La pauta rítmica la marca aquí, al margen de los “loops” electrónicos, el bajo que aparece en determinadas ocasiones para dejarnos un par de notas sueltas que actúan como lineas divisorias entre los diferentes segmentos de la composición.

“Shadow” - Una serie de sonidos animales y notas electrónicas ponen el fondo adecuado para que Jon Hassell intervenga con su trompeta con ese sonido único que sólo él sabe extraerle. Esa especie de lamento deshilachado del músico recorre toda la pieza rodeado de un ambiente verdaderamente inquietante.

“Lantern Marsh” - Eno pretendía en este disco crear una música que diera verdadera sensación de espacio y amplitud, que constituyera por sí sola un paisaje y en varios de los temas, la fuente de inspiración eran lugares. Quizá el más peculiar de todos es éste en el que el autor “visita” el lugar a través de un mapa y con ese información trata de crear una música descriptiva de lo que a él le parece que podría haber allí.

“Unfamilliar Wind (Leeks Hills)” - Quizá el mejor tema de todo el disco. Una hipnótica melodía oscilante se repite a lo largo de toda la composición mientras se suceden todo tipo de sonidos naturales y animales. Salpicando la composición, escuchamos notas de bajo dispersas aquí y allá. No nos extraña que esta pieza haya aparecido en antologías de todo tipo dedicadas a la historia de la música electrónica junto con obras de pioneros del género como Clara Rockmore, Pierre Schaeffer, John Cage, Stockhausen, Ussachevsky, Babbitt, Raymond Scott, Terry Riley o Holger Czukay.




“ A Clearing” - La pieza más electrónica del disco si entendemos por electrónica aquella hecha con sintetizadores ya que todas las texturas parecen proceder de ellos salvo algún “sample” aislado. Muy estática pero de eso se trata en la mayor parte de las ocasiones en este género musical.

“Dunwich Beach, Autumn, 1960” - Cerrando el disco tenemos una de nuestras piezas favoritas. Quizá la que tiene una estructura más cercana a lo que podríamos llamar “canción”, siempre dentro de los parámetros del Eno “ambiental”. Recuerda en muchos momentos a las colaboraciones del músico con Harold Budd aunque cambiando el piano de éste por punteos de guitarra o bajo, siempre manipulados en el estudio con añadido de ecos y demás efectos marca de la casa.




Como decíamos en el encabezado, “Ambient 4: On Land” cerró la tetralogía ambiental de Eno pero eso no supuso en ningún caso que su autor abandonase ese estilo ya que, hasta nuestros días, el no-músico británico ha seguido explorando esos terrenos con acierto. No se ha quedado ahí, claro está, y tanto en su faceta de solista, asociado con otros artistas o como productor, hay pocos palos que hayan quedado sin tocar en estas últimas décadas. Seguiremos repasando poco a poco muchos de los discos de Brian Eno, una de las figuras indiscutibles de nuestro tiempo. Mientras tanto, disfrutad de “On Land”. Merece mucho la pena.

domingo, 19 de mayo de 2013

Jon Hassell / Brian Eno - Fourth World Vol.1: Possible Musics (1980)




Nuestra memoria no nos alcanza para recordar si fue primero la gallina o el huevo pero aún tenemos recuerdos de aquellos años ochenta y noventa en los que Radio3 era una emisora en la que sonaba música diversa con un denominador común: la calidad. Otra de las señas de identidad de aquellos años era la variedad de estilos contenidos en la programación de la emisora. Nuestros gustos personales se organizaban alrededor de Diálogos 3, Discópolis y el Ambigú, a pesar de los estilos y las personalidades tan diferentes de sus respectivos directores. Había un cuarto programa llamado Músicas Posibles presentado por Lara López y que aún sigue en antena. A primera vista, la música que ahí sonaba tenía muchos puntos en común con la de Diálogos 3, algo lógico si tenemos en cuenta que Lara también llegó a presentar en momentos puntuales el programa de Trecet. Como decíamos al principio, no recordamos si empezó antes el programa de Lara o el de Ramón pero tampoco es relevante. Del primero, nos llama especialmente la atención el nombre: “Músicas Posibles”. Como título resulta absolutamente evocador, más por lo que no dice que por lo que revela. Para nosotros, “músicas posibles” en aquel momento era una declaración de intenciones. Algo así como una rebelión contra las radiofórmulas que programaban estilos monocordes y estereotipados. ¿Es posible otra música? Si. ¿cuál? Ésta. Música posible.

Fue más tarde cuando descubrimos que el origen del título estaba en un disco firmado a dúo por Jon Hassell y Brian Eno. Hassell tuvo una formación musical que le podría haber llevado a ser tan popular como Philip Glass, Steve Reich o cualquiera de los iconos del minimalismo americano. Su admiración por la figura de Miles Davis le llevó a la trompeta como instrumento pero su trayectoria académica le acerca más a la música clásica contemporánea que al jazz. Tras estudiar en New York se trasladó a Europa para profundizar en la música de Stockhausen y, de regreso a los Estados Unidos, conoció a Terry Riley llegando a participar como intérprete en la primera grabación de “In C”. En aquellos años formó parte del “Theatre of Eternal Music” de LaMonte Young. Junto a ellos entró en contacto con la música india y se desplazó a ese país para empaparse de las técnicas y sonidos propios de su cultura y fue en ese momento en el que tomó un camino divergente con respecto al de sus compañeros.

Hassell comenzó a trabajar en modos y maneras de interpretar su trompeta de formas no usuales. A primera vista, nadie pensaría en ese instrumento como uno apto para ejecutar ragas pero Jon pensaba de otro modo y terminó confeccionando un estilo propio que combinaba elementos de lo que más tarde se conocería como “world music”, técnicas minimalistas e instrumentos electrónicos. A esa combinación la denominó “Fourth World”. Tras un par de discos en solitario, Hassell se asocia con Brian Eno y juntos conciben una serie de trabajos que llevarían, precísamente, el título de “Fourth World”. Creemos que la presencia de Eno fue fundamental para plantearse esos discos en términos de elementos de una colección con perspectivas de alargarse en el tiempo ya que esa era una forma de trabajar muy habitual en Eno. Sin ir más lejos, acababa de salir al mercado el tercer volumen de su serie “Ambient” y años atrás había sido una pieza en “Obscure Records”, concepto similar a este con lanzamientos de discos a cargo de diferentes artistas con una concepción vagamente común. El primer volumen de la serie “Fourth World” se convertiría en el disco que hoy comentamos y llevaba el subtítulo de “Possible Musics”.

La mayor parte de los instrumentos son interpretados por Hassell y Eno, que utilizan todo tipo de tratamientos electrónicos aunque el primero se centra en su trompeta, distorsionada hasta hacerse irreconocible en buena parte del disco. Nana Vasconcelos y Aiyb Dieng son los percusionistas y en momentos puntuales aparecen en la grabación el bajista Percy Jones, Michael Brook, también al bajo, Paul Fitzgerald (tratamientos electrónicos), Jerome Harris (bajo) y otros tres músicos tocando palmas en una de las piezas del disco. Aparecen también acreditadas unas misteriosas “criaturas nocturnas de Altamira” cuya primera referencia podemos encontrar en “Vernal Equinoxe”, disco de debut de Hassell pero de quienes no sabemos nada más.

Eno y Hassell en el transcurso de una charla para la que, incluso, se vendían entradas.

“Chemistry” – Una percusión sumamente extraña e irreal abre el disco acompañada de un profundo sonido que uno identificaría antes con un didjeridoo que con una trompeta, tal es la transformación tímbrica que Hassell consigue en su instrumento. Cualquiera que haya escuchado discos como la banda sonora de “La última tentación de Cristo” de Peter Gabriel (en la que toca Hassell) o “My Life in the Bush of Ghosts” de Eno con David Byrne encontrarán en esta pieza un claro antecedente de alguno de los sonidos presentes en esos trabajos. El hecho de que la composición sea una de las tres del disco firmadas por Hassell y Eno justifica que ambos se aprovechasen del sonido logrado. Estamos ante una música inclasificable, que suena ancestral pero también moderna. El resto del disco irá por los mismos derroteros.




“Delta Rain Dream” – Los sonidos electrónicos que abren la pieza recuerdan inmediatamente al Eno que comenzaba a “estandarizar” su etiqueta “ambient”. Con ese fondo sonoro aparecen unas percusiones con un aire ligeramente africano y poco después entra la trompeta de Hassell sonando como un inexistente instrumento ancestral de viento, con algo que recuerda a algunas maderas pero completamente alejado de cualquier trompeta imaginable.

“Griot (over Contagious Magic)” – Una serie de palmadas convenientemente tratadas electrónicamente forman la base del siguiente corte, composición propia de Hassell, en el que queremos ver alguna influencia de Steve Reich y su “Clapping Music” aunque es posible que ambos (Reich y Hassell) beban de una fuente común en algún lugar de África en lugar de influirse el uno al otro. La trompeta suena como un lamento de ultratumba en muchos instantes y profundiza en la sensación de irrealidad que domina toda la escucha.

“Ba-Benzele” – El juego de loops y efectos de sonido es aquí más notorio que en ninguna pieza anterior. Una breve frase repetida una y otra vez es la base de todo el tema en el que se intercalan breves ráfagas de música más verosímil, fragmentos con ritmos coherentes, con bajo y percusión colaborando de un modo ortodoxo que se interrumpen abruptamente para volver segundos más tarde.




“Rising Thermal 14º 16’ N; 32º 28’ E” – Último de los cortes firmados por Hassell & Eno y quizá el más deudor de la etapa minimalista del trompetista, construido a partir de un bucle de trompeta y efectos sonoros que se van añadiendo hasta construir capas y capas de sonido que acaban creando una atmósfera densa y opresiva.

“Charm (over Burundi Cloud)” – La cara B del viejo vinilo está ocupada por una única composición de larga duración que, a su modo, recopila todas las virtudes del disco. Se trata de una extensa pieza que gira alrededor de una percusión constante y unas pocas notas electrónicas que aparecen cada cierto tiempo. A su modo, el papel de esa breve melodía como transición entre las diferentes variaciones del tema nos recuerda a los golpes de piano (o marimba) en la música de Steve Reich y es que, con todo su trasfondo étnico y tribal, esta pieza se podría catalogar sin problemas como una obra minimalista más ya que cumple con todos los requisitos del género.

Hassell se mostró contrariado un tiempo después de la aparición del disco con su colega Brian Eno. El trompetista consideraba que lo que hizo Eno en su siguiente disco “My Life in the Bush of Ghosts”, firmado a dúo con David Byrne, fue una copia de todas las ideas en las que ambos habían trabajado en “Possible Musics” aunque la sangre nunca llegó al río y la pareja volvió a colaborar en nuevos proyectos. Comenta una persona cercana a ambos músicos en aquella época que Eno siempre le decía a Hassell que “estoy de acuerdo en que mereces todo el reconocimiento que quieras pero el “pop” se llama “pop” porque hay mucha gente a la que le gusta y tú no haces música que pueda llegar a gustar a tanta gente”. El propio Brian Eno dijo un tiempo después que “más que un compositor dotado, Hassell es un inventor de nuevas formas de música, un artista con ideas novedosas de cómo puede sonar la música en el futuro y cómo se puede llegar a alcanzar ese sonido. Lo más impresionante de Hassell es cómo consigue que ese sonido sea natural. Muchos músicos “intelectuales” hacen “música intelectual”, árida, gélida y sin alma, como si tratasen de evitar lo misterioso de la intuición, la pasión... nada de eso ocurre con Hassell.”

Aunque “Possible Musics” venga firmado por Hassell y Eno, creemos que la obra tiene más del primero que del segundo, por mucho que el sello de este sea patente e inconfundible. El disco tiene mucho más que ver con los primeros trabajos del trompetista que con cualquier cosa previa publicada por Eno (choca mucho que, siendo esto así, exista un single promocional de aquellos años y firmado por Brian Eno que contenía el tema "Ba Benzele" acompañado en la cara B por "Subterraneans", corte procedente del disco "Low" de David Bowie, trabajos ambos en los que el papel de Eno fue secundario en apariencia). Curiosamente, y a pesar de la presencia del nombre de Brian en la portada, "Possible Musics" no fue un trabajo que alcanzase una gran relevancia comercial, pasando casi desapercibido. Su influencia, por el contrario, fue grande y, según nuestro criterio, formaría parte de una serie de trabajos rompedores aparecidos en un breve espacio de tiempo y que comparten algunas características comunes e, incluso, participantes. Pensamos en el citado “My Life in the Bush of Ghosts” de Eno & Byrne, “Exposure” de Robert Fripp y “Lodger” de David Bowie. Todos ellos muy diferentes a primera vista pero con similitudes notables en lo conceptual. No es casual que Lara López (o quienquiera que fuese el responsable) escogieran el título del disco para un programa de radio de contenido tan ecléctico como era "Músicas Posibles".

La discografía de Hassell no es demasiado extensa y creemos que éste es un buen punto de partida para aquellos interesados en entrar en su mundo. Desgraciadamente, el disco es muy difícil de encontrar hoy en día a un precio razonable, al menos nuevo. Está disponible, en cualquier caso, en los siguientes enlaces:

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