Mostrando entradas con la etiqueta Brad Mehldau. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Brad Mehldau. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de diciembre de 2025

Pat Metheny & Brad Mehldau - Metheny / Mehldau (2006)




Hace ya bastante tiempo, hablamos de las sesiones de grabación de 2005 en las que se produjo el esperado encuentro entre las que quizá fueran las figuras más relevantes del jazz contemporáneo en aquel momento. Ya contamos entonces cómo de aquellas jornadas surgió un buen número de piezas, que sirvieron para completar dos discos publicados sucesivamente. En aquel momento comentamos el segundo de ellos, titulado “Quartet” y creemos que va siendo hora de hacer lo propio con el primero, que llevaba el sencillo y descriptivo título de “Metheny / Mehldau”.


Un simple vistazo a ambos títulos podría sugerir que los discos estaban interpretados por formaciones diferentes: a dúo el primero de ellos y en formato de cuarteto el segundo pero en realidad no fue así. Aunque es cierto que esta división se da en la mayor parte de ambos trabajos, en “Quartet” había hasta cuatro duetos y en el disco que comentaremos a continuación, encontramos un par de piezas en las que la pareja se amplía a cuarteto con la aportación de los entonces miembros de la banda de Mehldau: Larry Grenadier al contrabajo y Jeff Ballard a la batería. Por lo demás, pocas sorpresas. Pat Metheny toca guitarras, incluyendo su famosa guitarra-sintetizador y Mehldau se limita al piano.


“Unrequited” - El primer corte es una composición de Mehldau que ya apareció en el tercer volumen de su serie “The Art of Trio” publicada en 1998. Es casi como si el dúo quisiera empezar por terreno conocido antes de meterse del todo en faena. Además, y como cortesía, es Metheny quien aparece primero con su guitarra incorporándose después el piano de Mehldau. La versión es magnífica y nos muestra lo mejor de ambos artistas que colaboran sin tratar de destacar sobre el otro en ningún momento.


“Ahmid-6” - Entramos ahora en una serie de tres composiciones de Metheny, comenzando por esta pieza que ya fue grabada por Bob Berg en su disco “Riddles” de 1994. Aquel registro tenía un toque latino muy presente que aquí está mucho más atenuado. En todo caso refleja muy bien la inmersión en ese tipo de ritmos y músicas que vivía Metheny en aquellos años. Mehldau se adapta perfectamente a ese escenario ofreciendo una interpretación excelente que fluye con naturalidad junto a la guitarra de Pat.


“Summer Day” - El siguiente tema es una balada lenta con todo el regusto del Metheny de sus primeros años, especialmente de su etapa en ECM, algo muy favorecido, suponemos, por la atmósfera de la grabación: a dúo y casi sobre la marcha, sin excesiva postproducción en estudio. Una pieza delicada en la que nos podríamos perder una y otra vez.




“Ring of Life” - Aquí se incorporan Ballard y Grenadier con lo que escuchamos en realidad a una versión reforzada del Brad Mehldau Trio que se hace notar desde el inicio con una batería que casi suena a drum'n'bass con su veloz ritmo sincopado. Ballard marca así el tono de la pieza y junto a el se despliegan, sobre todo en la segunda mitad, las florituras del resto de músicos, especialmente un Mehldau en trance que nos maravilla al piano junto con un Metheny que saca en el tramo final su guitarra-sintetizador para despedirse con ese sonido inconfundible.




“Legend” - Segunda composición de Brad Mehldau en el disco y, al igual que ocurría en la primera, es Metheny el encargado de comenzar a desgranarla a la guitarra seguido enseguida por el pianista en su versión más exploratoria y personal. Mehldau va tanteando a su pareja antes de acometer las primeras melodías en lo que parece un proceso de aprendizaje mutuo que va enriqueciendo el tema poco a poco. La única pega es el brusco final, que no parece del todo natural.


“Find Me in Your Dreams” - Volvemos a Metheny, en esta ocasión en su versión más romántica. El delicado piano de Mehldau abre el tema y sirve de soporte para una preciosa melodía de guitarra en la que encontramos a un Metheny muy inspirado en una composición sin sobresaltos. La compenetración entre los dos artistas es perfecta y consiguen que un dúo como el de la guitarra y el piano suene perfectamente homogéneo, algo que, como comenta Pat en las notas del disco, no siempre es tan fácil.


“Say the Brother's Name” - Seguimos con el guitarrista y con otra composición recuperada, en esta ocasión de “I Can See Your House from Here”, el disco que publicó en 1994 con John Scofield. Regresamos aquí al cuarteto y a los ritmos latinos, ahora con clara influencia brasileña, terreno en el que la sección rítmica de Mehldau se muestra igual de competente que en todos los demás.


“Bachelors III” - Otra pieza de Metheny en forma de tema lento con una cadencia rítmica marcada por el piano, lánguida y melancólica, que gana mucho cuando ambos músicos empiezan a interactuar creando variaciones nuevas y dejando el uno al otro suficiente espacio para expresar su propio lenguaje. Uno de nuestros temas favoritos del disco.




“Annie's Bittersweet Cake” - Última aportación de Mehldau al trabajo como compositor y lo hace con una pieza lenta, muy melódica, y que se sale un poco del territorio puramente jazzístico para acercarse a cosas que se parecen más a la “new age” ochentera en la línea de un sello como Windham Hill. De hecho, la pieza podría pasar por un tema de William Ackerman con George Winston por poner un ejemplo.


“Make Peace” - El cierre lo pone Metheny con un tema muy enérgico en el que la guitarra se convierte en el sustento rítmico en muchos momentos para que sea el piano de Mehldau el que lleve el peso de la melodía. Es otra de nuestras piezas favoritas que sirve para poner un cierre perfecto a una colaboración que, como oyentes era sólo una utopía.



Para muchos aficionados al “jazz”, la reunión de Pat Metheny y Brad Mehldau era un sueño de esos que se esperan con cautela. Por una parte, era una reunión de talento que prometía grandes resultados pero por esa misma razón, tenía muchas papeletas para defraudar unas expectativas altísimas. Afortunadamente, los dos discos que recogen el resultado de este encuentro cumplen sobradamente con lo esperado lo que nos hace preguntarnos si cabría esperar futuras colaboraciones más adelante. Seguramente estaría bien pero por otro lado... ¿por qué arriesgarse a estropear algo tan bonito con un retorno que quizá no aportase nada nuevo?

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Brad Mehldau - Places (2000)



“Parece que solo nos damos cuenta de lo magnífico que es un lugar cuando lo abandonamos”. Con esa reflexión abre Brad Mehldau las notas de su disco “Places” (2000) en el que nos ofrecía paisajes sonoros que pretendían capturar parte del espíritu de las ciudades que había ido recorriendo en sus giras recientes. Abunda el músico en los recuerdos inconscientes de los sitios que vuelven inadvertidamente cuando captamos un olor o un sonido que experimentamos allí y lo relaciona con el concepto kantiano de lo sublime antes de ponerse aún más filosófico reflexionando sobre la nostalgia que nos produce recordar lugares en los que hemos estado e incluso va más allá preguntándose si tenemos nostalgia de los sitios o de la propia nostalgia que nos provoca el recordarlos.


Toda esa argumentación va dirigida a presentar una colección de piezas centradas en sus recuerdos de algunos lugares significativos pero lo realmente importante para nosotros es la música, independientemente del contexto que le pueda dar a cada composición su procedencia. En este sentido el trabajo fue novedoso en su día porque combinaba las piezas para trío con las de piano solo. Hasta aquel entonces, la gran mayoría de los discos de Mehldau habían sido grabados con el clásico formato de piano, contrabajo y batería con Larry Grenadier y Jorge Rossi acompañando al propio Mehldau. De hecho, desde un punto de vista estrictamente cronológico, “Places” se sitúa entre los volúmenes cuarto y quinto de la serie “The Art of the Trio”. Los discos en solitario con su piano, más habituales en su última etapa, solo habían sido una rara excepción hasta entonces reflejada en la publicación de “Elegiac Cycle” en 1999 pero para este “Places”, el músico buscó una mezcla de ambos formatos: el de trío, con sus compañeros habituales, y el de piano solo. La temática geográfica de cada composición, cobra una importancia mayor si entendemos el disco como un viaje, o como dice el propio Mehldau, como una odisea que termina en el mismo lugar en que empezó siendo Los Angeles la particular Ítaca de nuestro protagonista aunque la referencia principal del músico fue más el Ulises de James Joyce que el de Homero.


“Los Angeles” - El recorrido comienza con una serie de notas de piano que se repiten en grupos de dos formando la base de la pieza. A partir de ahí aparece el contrabajo y los diálogos entre ambos instrumentos con la sutil batería de Jorge Rossi como activo espectador. En todo caso, es una pieza tranquila, elegante y sin sobresaltos, buena muestra del estilo habitual del músico cuando escribe para su trío.


“29 Palms” - La primera composición para piano solo del trabajo comienza con un atractivo ritmo sincopado sobre el que comienzan a fluir las melodías. Estamos ante una pieza sorprendentemente variada, con continuos cambios dinámicos y una gran expresividad a lo largo de todo su desarrollo. Con una mezcla entre el night club más exclusivo y una rara sofisticación.


“Madrid” - El siguiente tema para trío está propulsado por una contagiosa base rítmica de aires brasileños en la que se pone de manifiesto el delicado magisterio de Rossi, sentando cátedra de como utilizar su instrumento para acompañar sin interferir. Sin embargo, si hay algo que destaca aquí sobremanera es el excelente desempeño de Grenadier al contrabajo, omnipresente en todo el tema y con momentos de gran inspiración.




“Amsterdam” - Volvemos al piano para escuchar una de esas piezas tan características de Mehldau, con un punto mecánico en las partes rítmicas, exactas y precisas hasta el asombro, pero que funcionan como la base perfecta para que surja y progrese la melodía.


“Los Angeles II” - En una línea similar pero más lírica se desarrolla el siguiente corte del disco en el que asistimos a un largo desarrollo melódico con un tema que no deja de crecer y expandirse en cada compás. Agotador por momentos al no permitirse ni un respiro para recapitular, es el Mehldau pianista en su máxima expresión.


“West Hartford” - Por algún motivo, encontramos al músico más suelto en sus piezas para trío, como es el caso de esta, que en las que nos ofrece en solitario. En esta ocasión estamos ante un tema de jazz típico en el que los tres músicos se desenvuelven con suficiencia.


“Airport Sadness” - Entre tantos viajes, no podía faltar un tema dedicado a las esperas en los aeropuertos y éste tenía que estar teñido de melancolía. Probablemente sea uno de los cortes más memorables del disco con una tristeza que no acaba de ser tal y una interpretación exquisita para una composición con sabor a cine negro.


“Perugia” - Más animado es el siguiente solo de piano, segundo consecutivo, en el que Mehldau nos lleva a través de una intrincada sucesión de cambios de ritmo y desafíos melódicos que se desarrollan en varios planos simultáneos. Una maravillosa locura para disfrutar una y otra vez.


“A Walk in the Park” - Siguiendo con el patrón que parece ya claro a estas alturas en el que las piezas para trío van en la línea más ortodoxa del jazz clásico y los temas para piano suenan más vanguardistas, regresamos al trío aunque con un protagonismo del piano mayor que anteriores aventuras con este formato. No significa eso que el resto de músicos sean meras comparsas como atestigua el brillante solo de Larry Grenadier en la parte central pero, tomando la pieza en su conjunto, es Mehldau el que manda.


“Paris” - Se pone impresionista nuestro músico como corresponde con la parada parisina y mantiene ese espíritu durante toda la primera parte de la composición para llevarnos poco a poco a continuación hacia territorios más jazzísticos pero sin perder el toque afrancesado. Sin duda, de lo mejor de todo el disco.




“Schloss Elmau” - Continúa el viaje a gran nivel con esta nueva joya del trío, que no tiene nada que envidiar a los mejores momentos del grupo en otras grabaciones. Dinamismo, inspiración y calidad a raudales para facturar un tema excelente.




“Am Zauberberg” - El último tema de piano solo del disco es también el más largo de la colección. Es un blues lento en su primera parte que va evolucionando hasta convertirse en una animada pieza que enlaza, casi sin solución de continuidad, con el tema final.


“Los Angeles (Reprise)” - Como sugiere el título y se podía inferir del comentario inicial, el corte que cierra el disco es una revisión del que lo abría más de una hora antes. Se trata sencillamente de eso por lo que tampoco podemos buscar grandes novedades.


Con la entrada en la década de los 2000, Mehldau comenzó a expandir su estilo y a probar con formatos nuevos sin abandonar de todo los discos en solitario o con el trío. Llegaron entonces discos a dúo con guitarristas, saxofonistas e incluso vocalistas además de con bandas mucho más extensas e incluso orquestas. En cierto modo, “Places” es una especie de resumen de lo que había hecho hasta el momento y podríamos considerar que cierra una etapa de no ser porque unos meses más tarde apareció el quinto y último volumen de la serie “The Art of the Trio” que, precisamente por ser el último, parece más adecuado como cierre. Nosotros queremos recomendar este “Places” como uno de los grandes trabajos de su autor y también como una buena forma de introducirse en su discografía.

lunes, 23 de octubre de 2023

Brad Mehldau - Your Mother Should Know (2023)



Hay un tipo de discos que desde hace un tiempo proliferan en las estanterías de las pocas tiendas que aún quedan por ahí y que nos provocan un rechazo casi inmediato. Se trata de grabaciones con versiones de obras de artistas consagrados en estilos absolutamente ajenos al original. Aquí hay de todo. Desde versiones jazz de Mozart hasta revisiones en clave de swing de AC/DC o inenarrables adaptaciones chill-out de Radiohead. Dentro de esta categoría de lanzamientos, los Beatles tienen una verdadera colección de “tributos” de todo tipo: adaptaciones barrocas, , con ritmo de salsa, bossa nova, infantiles...


La cosa cambia, claro está, cuando el artista que realiza las versiones es alguien igualmente consagrado y mucho más aún si se trata de alguien en cuyo repertorio es habitual escuchar adaptaciones de lo más diverso de músicos de todos los géneros posibles. Pese a todo, la idea de escuchar un disco más de versiones de los Beatles no nos resultaba especialmente atractiva, ni siquiera cuando el encargado de hacerlo era nada menos que Brad Mehldau.




No es la primera vez que el pianista se acerca a la obra del cuarteto de Liverpool. Ya en su primer volumen de “The Art of the Trio”, casi su debut discográfico, Mehldau nos dejaba un exquisito “Blackbird” y en otros trabajos nos ha ofrecido interpretaciones de “Dear Prudence”, “Martha, My Dear” o “And I Love Her”. Es por ello que no sorprende del todo que en el momento en que Brad decide dedicar un disco (casi) en su integridad a material ajeno, la elección sean los Beatles aunque conociendo al pianista, seguro que Radiohead habrían sido unos buenos candidatos también. El disco se grabó en París en septiembre de 2020 en directo pero no fue hasta comienzos de este 2023 que apareció publicado. El repertorio no incluye ninguna de las canciones de los Beatles que el artista había grabado anteriormente y parece escoger de forma intencionada piezas que no están, en su mayoría, entre las más populares del cuarteto con lo que el programa termina siendo mucho más interesante.




Abre el disco “I Am the Walrus”, del “Magical Mystery Tour” (1967) que, en la versión de Mehldau suena tremendamente próxima al original en el inicio, con una particular alegría en el ritmo y énfasis en los pasajes más repetitivos. Es en las diferentes variaciones donde el pianista se suelta un poco y explora terrenos puramente jazzísticos con un final apoteósico. Sin solución de continuidad enlazamos con “Your Mother Should Know”, del mismo disco, que aquí suena con un aire ragtime como sacado de cualquier salón de juego. “I Saw Her Standing There”, del “Please, Please Me” (1963) es convertida por Brad en un divertido boogie sin más complicaciones. La segunda parte del disco comienza con “For No One”, del disco “Revolver” (1966) en la que tras apuntar el tema central, en pianista desarrolla una serie de improvisaciones a gran altura. “Baby's in Black”, sacada de “For Sale” (1964) es convertida por Mehldau en una suerte de himno gospel que funciona sorprendentemente bien. Es una de las piezas en las que el músico se recrea durante más tiempo exprimiendo todas las melodías de la canción original. “Revolver” es el disco más representado en un trabajo que continúa ahora con dos canciones de ese LP: “She Said She Said”, en cuya interpretación las armonías son las propias de Mehldau por lo que el seguidor habitual del pianista enseguida se sentirá familiarizado con el tema y “Here, There and Everywhere” que suena aquí como una lenta balada absolutamente deliciosa, con nuestro músico recreándose en cada pausa. Esto  nos lleva a la única pieza de las escogidas que no firman Lennon y McCartney (al margen de la sorpresa final de la que ya hablaremos cuando lleguemos allí): “If I Needed Someone”, compuesta por George Harrison para “Rubber Soul” (1965). Mehldau hace una versión misteriosa y repetitiva verdaderamente interesante tras la que llegamos al cierre del set con dos canciones de “Abbey Road” (1969). La primera es “Maxwell Silver Hammer” que pasa de ser una divertida composición en el original a una mezcla de blues y gospel aquí, ganando en seriedad con el cambio antes de llegar a “Golden Slumbers”, más jazzy en su tratamiento y que pone un bonito cierre al tramo de los Beatles, que no al disco ya que Mehldau decide que sea David Bowie el encargado de ello con su “Life on Mars?”, pieza de la que el pianista se declara enamorado desde la primera vez que la escuchó, especialmente gracias al trabajo al piano de Rick Wakeman. Quizá por eso, ésta es la composición del trabajo más cercana al original salvo en el espectacular final que se marca Mehldau para acabar en todo lo alto.




Nos encantan los Beatles y siempre hemos admirado a Brad Mehldau pero eso no es garantía de que la mezcla de los dos ingredientes funcione y ejemplos similares los hay a montones. Sin embargo este no es el caso y la música de los Beatles fluye con una naturalidad sorprendente a través de los dedos de Mehldau que insufla nuevos aires a melodías que, pese a no ser las más trilladas del repertorio del cuarteto de Liverpool, o quizá por eso mismo, suenan aquí exquisitamente frescas. Intuimos que es este un disco que tiene una recepción más natural por parte de los seguidores del pianista que por los fans de Lennon y McCartney pero, en todo caso, es un buen trabajo que cualquier melómano puede disfrutar sin esfuerzo.

lunes, 12 de diciembre de 2022

Brad Mehldau - Jacob's Ladder (2022)




No queremos terminar el año sin reseñar uno de los discos más interesantes que han aparecido en este 2022. Su autor es un viejo conocido ya en el blog y en esta ocasión hemos querido traerlo en una de sus facetas que más nos gusta: la del artista que bucea en composiciones ajenas y las hace suyas integrandolas en temas propios en un proceso tan meritorio como desafiante para el oyente. Por edad, podríamos pensar que Brad Mehldau llegó un poco tarde al desarrollo del rock progresivo como género e incluso también a sus años de mayor esplendor (recordemos que el pianista nació en 1970). Sin embargo, él mismo afirma que lo descubrió antes que el jazz y que, incluso, llegó a éste por influencia de los viejos dinosaurios del progresivo y su búsqueda constante de nuevos límites. Hemos escuchado en trabajos anteriores alguna versión de Pink Floyd, por poner un ejemplo pero nunca un acercamiento al rock progresivo como el que se produce en “Jacob's Ladder”. Al margen de este enfoque estilístico, Mehldau repite de alguna forma temática bíblica tras su “Finding Gabriel” de unos años atrás. Aquí se centra en la visión que tuvo Jacob en un sueño de una escalera por la que los ángeles ascendían y descendían del cielo y la desarrolla en una curiosa obra conceptual que incorpora adaptaciones de cuatro bandas clásicas (unas más que otras) del progresivo.


Para la grabación, Mehldau reúne un amplio grupo de músicos aunque los que tienen una mayor presencia son el batería Mark Guiliana y la cantante Becca Stevens, quedando el resto para participaciones puntuales en alguna de las piezas. La nómina la completan Luca Van Den Bossche, Tobías Bader, Safia McKinney-Askeur, Damien Mehldau, Fleurine Verloop y Cecile McLorint Salvent (voces), John Davis (programaciones), Joel Frahm (saxos), Lavinia Meijer (arpa), Motomi Igrashi-de Jong (lira da gamba), Chris Thile (mandolina y voz), Pedro Martins (guitarra y voz), Timothy Hill (bajo), Joris Roelofs (clarinete) y Paul Pouwer (bombo)


“Maybe As His Skies Are Wide” - El disco se abre con un tema que alude en su título a un verso de “Tom Sawyer” de la banda canadiense Rush. Mehldau parte de elementos de esa canción para desarrollar una pieza algo diferente en la que destaca la particular forma de entender la batería de Marc Guiliana así como la infantil voz de Luca Van Den Bossche.


“Herr Und Knecht” - El segundo corte es un verdadero homenaje al rock progresivo con Mehldau tocando todo tipo de sintetizadores mientras Tobias Bader lee fragmentos de la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel, todo ello aderezado con un enfermizo solo de saxo a cargo de Joel Frahm. Una pieza que combina rock progresivo, free jazz y hasta ramalazos de hard rock y que encuentra sus antecedentes más cercanos en el magnífico “Taming the Dragon” de Mehldau y Guiliana de años atrás.


“(Entr'acte) Glam Perfume” - De repente nos encontramos una exquisita pieza de piano de aire impresionista a cargo de Mehldau. Una joya que según avanza incorpora algún toque de sintetizador, voces (maravillosa Becca Stevens) y un giro hacia una suerte de jazz afrancesado al que se incorporan en el tramo final el arpa de Lavinia Meijer y unos nostálgicos chasquidos emulando un viejo gramófono.




“Cogs in Cogs” - Entramos en la primera suite del disco, basada en la canción “Cogs in Cogs” de Gentle Giant. El primer movimiento, “Dance”, es una creación de Mehldau que toma algún elemento de la pieza original y nos ofrece una clase magistral de cómo se tocan todo tipo de teclados clásicos, desde el Fender Rhodes hasta el órgano Hammond pasando por el piano y varios sintetizadores analógicos. El segundo movimiento, “Song”, es una versión más o menos fiel de la canción original con Becca Stevens como cantante. Cierra la suite “Double Fugue” que es justamente eso: una fuga creada por Mehldau a partir de una de las melodías de la pieza de la banda británica. La interpretación, ejecutada en un Moog modular acompañado de un Oberheim OB-6 recuerda, por fuerza, a las grabaciones de Wendy Carlos de la obra de Bach aunque aquí Mehldau está mucho más contenido.




“Tom Sawyer” - Sin solución de continuidad enlazamos con la versión del pianista del clásico de Rush apuntado en la obertura del disco. La voz principal la lleva ahora Chris Thile con Luca Van Den Bossche cantando el verso de la misma. De todo el tema nos quedamos con el magnífico desarrollo instrumental de la parte central que es una verdadera locura. 




“Vou Correndo te Encontrar / Racecar” - La siguiente pieza es una extraña fusión entre dos composiciones diferentes que se integran de una forma que no parecía posible a priori. El intérprete es el cantante y guitarrista brasileño Pedro Martins que nos lleva por esos caminos que tanto hemos transitado de la mano de Pat Metheny e incorpora a ellos una canción de la banda norteamericana de metal progresivo, Periphery. Una mezcla que pasa inadvertida y en la que un oyente no avisado, probablemente no encontrará la diferencia entre las dos composiciones.


“Jacob's Ladder” - La segunda “suite” del CD está basada en la canción homónima de Rush. La introducción, “Liturgy”, es muy breve y apenas consta de una serie de lecturas de un fragmento del Génesis. Enseguida entramos en “Song”, la muy particular versión de Mehldau y compañía del tema de los canadienses en la que el pianista convierte un tema eminentemente épico en una rara pieza electrónica cuajada de toques de jazz al piano. Un muy raro enfoque que, extrañamente, funciona. El cierre, “Ladder”, es una pieza propia de Mehldau que empieza en un tono muy minimalista (en cualquier momento alguien podría empezar a cantar “Koyaanisqatsi”, si se nos permite la broma) y continúa en ese aire misterioso mezclando pasajes bíblicos con improvisaciones de saxo.


“Heaven” - La última gran suite del disco consta de cuatro partes enlazadas. La primera, “All Once” con una gran intervención en plan diva del jazz de Cecile McLorin Salvant. La segunda y la tercera, “Life Seeker” y “Würm” son sendas versiones de dos partes de “Starship Trooper”, de Yes. En la primera, Mehldau opta por un toque electrónico/espacial similar al empleado en la anterior versión de “Tom Sawyer” con un muy acertado arreglo de arpa que acompaña a la perfección a la pieza. En la segunda versión, fiel en lo que se refiere a la parte de guitarra, el músico no tarda en llevar la pieza a un terreno de fusión cercano a sus experimentos con Guiliana. La última parte, “Epilogue: It Was a Dream But I Carry It Still” es un tranquilo tema de piano que va evolucionando a partir de los últimos compases de la pieza de Yes en un lento discurrir acompañado de la batería.




Poco podemos decir del Brad Mehldau pianista de jazz. Es uno de los más grandes y así se le viene reconociendo desde hace muchos años. Por eso mismo queremos destacar esta otra faceta: la del artista que homenajea a aquellos que le han hecho llegar a donde está, y no hablamos necesariamente de músicos de su mismo estilo sino de campos diferentes. En ese terreno, Mehldau es ejemplar y nos ha regalado ya un puñado de discos en los que se mete en estilos ajenos, en principio. Desde el homenaje a los minimalistas que fue “Modern Music” hasta este reconocimiento a los grandes del rock progresivo pasando por sus juegos con el barroco en “After Bach”, el pianista no ha tenido reparos a la hora de salirse de lo que se espera de él y eso es un valor muy importante en un artista. En cualquier caso, los seguidores de su faceta clásica jazzística no tienen por qué preocuparse porque sigue publicando discos en esa línea (alguno recién salido del horno). De momento, os recomendamos este divertimento en forma de tributo al rock progresivo que nos parece uno de los mejores discos aparecidos en este 2022, como decíamos al comienzo.

lunes, 15 de agosto de 2022

Brad Mehldau - Highway Rider (2010)



Con contadas excepciones, la carrera discográfica de Brad Mehldau se había centrado en trabajos en solitario, colaboraciones con otros solistas y, sobre todo, discos con su trío. Por eso sorprendió en 2009 la aparición de una nueva grabación (en formato de disco doble, además) con un par de artistas invitados y la participación de una orquesta y un pequeño coro, The Fleurettes, en adición a su clásico trío con Larry Grenadier y Jeff Ballard. Los invitados no eran precisamente unos advenedizos ya que se trataba del batería Matt Chamberlain y el saxofonista Joshua Redman, músicos ambos con los que Mehldau había colaborado en varias ocasiones en el pasado.


Realmente no se trataba de un disco para quinteto y orquesta puesto que cada pieza tiene una configuración diferente y podemos escuchar temas para piano solo, temas para orquesta y diferentes combinaciones entre esta y los cinco músicos participantes. Es un trabajo ambicioso, tanto por el formato como por la duración y también uno de los más completos de Mehldau hasta entonces ya que todas las composiciones son suyas, algo no tan habitual como podría parecer en su discografía.


“John Boy” - La primera pieza del disco es una preciosidad introducida por el piano de Brad y perfectamente secundada por Jeff Ballard con una discretísima percusión y el saxo de Redman acompañando a la sección de viento de la orquesta. Hay algo que planea a lo largo de todo el tema que recuerda al “Blackbird” de los Beatles, cosa que no puede sorprender ya que esa es una canción que Mehldau versiona habitualmente en directo.


“Don't Be Sad” - En el segundo corte participan los cinco músicos además de la orquesta y tiene un delicioso sabor a jazz clásico. Música de seda a la que las cuerdas le dan un precioso toque cinematográfico y en la que podemos disfrutar de un Joshua Redman especialmente seductor.


“At the Tollbooth” - El tercer corte es una miniatura para piano solo de Mehldau en la que apenas esboza un motivo bastante similar al del corte anterior. En cierto modo podría pasar por una coda de este.


“Highway Rider” - Pasamos ahora al típico trío de Brad con Chamberlain en lugar de Ballard a la batería, cosa que se nota mucho por el estilo de este, muy sincopado y moderno. Una especie de acercamiento a lo que más adelante hará Mark Guiliana con el propio Mehldau. Además del piano, Brad toca el mítico sintetizador Yamaha CS-80, aunque apenas lo utiliza para crear algunas texturas de relleno en determinados pasajes y para subrayar melodías en la parte final.




“The Falcon Will Fly Again” -  Volvemos a un esquema similar el del corte inicial, piano y saxo compenetrándose a la perfección con los dos percusionistas acompañando en segundo plano. Ritmos quebradizos y volubles que nos deleitan hasta la parte final, con las voces de The Fleurettes ejecutando una melodía de inspiración brasileña que nos recuerda otros acercamientos a la música de ese país por parte de otros músicos de jazz como Pat Metheny.


“Now You Must Climb Alone” - La primera de las dos piezas orquestales del disco comienza con un tono melancólico muy profundo, con protagonismo de los violonchelos al principio y de los violines después. Una atmósfera pesada, más intensa a cada compás. A medio camino entre la música de Samuel Barber y los experimentos orquestales de Pat Metheny en “Secret Story”.


“Walking the Peak” - Precisamente ese parecido con el “Secret Story” lo encontramos en este corte que es una continuación del anterior. Las cuerdas se van diluyendo en el arranque mientras entran, primero el piano, más tarde la percusión y finalmente el saxo de Redman. No hay solución de continuidad entre ambas piezas por lo que bien podrían considerarse una sola. En todo caso, una composición excelente que no para de evolucionar hasta el final.




“We'll Cross the River Together” - El corte más largo del trabajo es este que abre el segundo cedé. Con la orquesta como protagonista en su inicio pese a la aparición de Mehldau y Redman en momentos puntuales, las maderas tienen su intervención más destacada de toda la obra. Como también sucedía en los cortes anteriores, el tema es un in crescendo continuo con un punto de épica, especialmente con los toques de campana que aparecen de vez en cuando. Todo parecía discurrir en esa misma línea cuando llegamos a un interludio de piano y saxo que es una verdadera preciosidad justo antes de la entrada de la batería y del contrabajo, que es cuando la pieza empieza a tomar una clara forma jazzística. El final, sin embargo, vuelve al formato orquestal.


“Capriccio” - Con el siguiente tema, Mehldau se mete en territorio flamenco como si de un Dorantes se tratase, palmas incluidas. Lo mejor de todo es que sale más que airoso del experimento funcionando igual de bien la parte de piano que la melodía principal a cargo de Joshua Redman. Un viaje inesperado con un resultado magnífico.




“Sky Turning Grey (for Elliott Smith)” - Volvemos al formato de trío más saxo (con Chamberlain a la batería) en esta pieza dedicada al malogrado multi-instrumentista y compositor Elliott Smith. Mehldau añade el órgano a su habitual piano pero el protagonista es Redman con un excelente y jovial acompañamiento de batería, de esos que solo pueden arrancarnos una sonrisa.


“Into the City” - Escuchamos por primera vez en todo el disco al trío habitual de Mehldau sin adición alguna y lo hacemos en un tema frenético con un espectacular Jeff Ballard a la batería como queriendo reclamar su espacio en un trabajo en el que Matt Chamberlain ha brillado con las baquetas en todas sus intervenciones. Por muchos motivos, uno de nuestros cortes favoritos de todo el trabajo pese a no ser el más destacado melódicamente.




“Old West” - La única pieza a dúo del disco entre Mehldau y Redman comienza con lo que parece una improvisación de éste sobre el piano de Brad y termina con una maravillosa exhibición del saxofonista ejecutando una serie de variaciones sobre la melodía principal verdaderamente inspiradas. Otro gran momento del disco que los dos músicos recuperarían en un trabajo posterior grabado en directo por ambos.


“Come With Me” - Repite el trío “titular” de Mehldau con la ayuda de Redman. Un buen corte, con una perfecta compenetración entre los cuatro que hace pensar en cómo sonaría esta formación en un disco completo del estilo del “MoodSwing” (1994) de Redman en el que ya participó Mehldau en su día.


“Always Departing” - Segundo tema orquestal de “Highway Rider” pero en lugar de por la melancolía del anterior, aquí se opta por una tensión muy cinematográfica en la introducción, cortada en seco por los violonchelos y el piano que se encarga de toda la parte central de la pieza rememorando alguno de los motivos anteriores del disco.


“Always Returning” - Del mismo modo que ocurría al final del primer cedé, cuando el tema orquestal que ocupaba el penúltimo lugar del mismo se fundía en último corte mientras se iban sumando todos los solistas participantes, aquí se repite el esquema y sin ninguna separación temporal ambas piezas se enlazan en lo que bien podría ser una sola. Un poderoso broche para un disco excelente.


Discos como “Highway Rider” no dejan de ser una excepción en la carrera de Mehldau, como decíamos al comienzo. El pianista no es muy dado a grabar con formaciones grandes y menos aún con orquesta aunque de cuando en cuando nos regala algún trabajo así. En todo caso este disco es sensacional y uno de nuestros favoritos del pianista en cualquiera de sus formatos, especialmente cuando se trata de un disco doble en que el nivel el altísimo en todos sus temas.

miércoles, 12 de enero de 2022

I / Still / Play (2020)



Normalmente, los directivos de las grandes discográficas son los malos de la película. Las personas encargadas de hacer dinero y de conseguir que los artistas hagan los discos que más vendan y no siempre los que ellos desearían hacer. ¿Cuántas veces hemos leído a músicos culpando de un mal disco a las presiones de la discográficas? Ese es un tópico que se ha repetido de una u otra forma  prácticamente desde que existe la música grabada.


Sin embargo no siempre es así y existen jefes que son muy apreciados por sus artistas hasta el punto que deciden grabar discos dedicados a ellos. Es el caso de Bob Hurwitz y del disco que comentamos hoy. Hurwitz, pianista de formación, llegó a Nonesuch en 1984 tras un breve periodo en la división norteamericana de ECM y fue presidente de la compañía hasta 2017. En ese tiempo amplió los tipos de música que iban a tener cabida en el sello “fichando” a varios artistas contemporáneos de distintos géneros para acabar convirtiendo un sello de orientación clásica en otro puntero en músicas vanguardistas incorporando también a músicos de jazz, electrónicos, de rock, etc. sin perder la esencia de la marca.


Cuando Hurwitz comunicó a sus allegados que iba a dejar el puesto de presidente, uno de sus mejores amigos, el compositor John Adams, pensó en rendirle homenaje mediante un disco en el que algunos de los artistas que Hurwitz contrató en su día aportarían una composición creada específicamente para el disco. Como Hurwitz era pianista, se decidió que serían piezas para este instrumento. Como anécdota, en el libreto del disco comenta Randy Newman que decidió firmar con él porque era el único directivo de una compañía discográfica que tenía un piano en su despacho ¡y que sabía tocarlo! La lista de participantes en el trabajo es impresionante y entre las piezas que componen el mismo se incluye alguna pieza que, por desgracia, fue una de las últimas composiciones de su autor. El intérprete de casi todas ellas es Timo Andres con algunas excepciones que comentaremos en su momento.

Imagen de Robert Hurwitz


“Move” - Abre el disco una composición de Nico Muhly, uno de los más interesantes músicos actuales, bien conocido ya por los lectores del blog. Su aportación es una pieza dinámica y juguetona en el inicio a base de pequeñas secuencias de notas separadas por un pulso continuo. Repetitiva en tanto que deudora del minimalismo pero con mucha personalidad.




“Wise Words” - Cuenta Timo Andres, autor de la pieza, que en una de sus visitas al despacho de Hurwitz, se dio cuenta de que éste tenía la partitura de la “Sonata para piano, Op.90” de Beethoven en el piano. Recordando ese momento, Andres decidió tomar esa obra como punto de partida para su composición de homenaje. Su composición, sin embargo, tiene poco de clásica y suena absolutamente actual con algún toque de jazz al estilo de Brad Mehldau por poner un ejemplo conocido.




“Rimsky or La Monte Young” - Louis Andriessen relaciona a dos músicos tan diferentes como Rimsky Korsakov y La Monte Young en esta breve pieza de piano que, a la postre, fue una de las últimas que firmó antes de morir a mediados del año pasado. El inicio recuerda, efectivamente, a “The Well Tuned Piano”, la colosal obra de Young para enlazar en la segunda parte con un ostinato en el que encontramos reminiscencias del autor de “El vuelo del moscardón”.


“I Still Play” - La aportación de John Adams a la colección sirve también para darle título al propio disco. Es una pieza interpretada por Jeremy Denk y está muy alejada del minimalismo habitual de Adams que opta por un sorprendente tono entre romántico e impresionista. A partir de la introducción escuchamos diferentes variaciones en estilos muy distintos que completan una composición con mucha profundidad.


“Evening Song No.2” - La primera “Evening Song” de Philip Glass formaba parte de la ópera “Satyagraha”, estrenada a principios de los ochenta. En cualquier caso no encontramos ninguna similitud entre ambas ya que esta segunda “canción” parece más cercana al ciclo de las “Metamorphosis” del compositor norteamericano que a la citada ópera. Como ocurre a veces con Glass, esta miniatura terminó evolucionando en otras composiciones como su “Quartet Satz”.




“Song for Bob” - Una de las mayores curiosidades del disco es esta pieza de Laurie Anderson, artista que no se prodiga demasiado con el piano. La artista opta por una construcción peculiar, con breves motivos melódicos separados por silencios. A cada repetición, la melodía cambia ligeramente, a veces alargándose, a veces insertando más notas entre las que había en la repetición anterior... en suma, una interesante composición, máxime viniendo de quien viene.


“L.A. Pastorale” - Brad Mehldau interpreta su propia composición y opta por un tono tranquilo con un esquema de tema y variaciones en evolución continua. No sorprende, dado el inmenso talento de su autor, pero estamos ante una de las dos o tres mejores piezas de la colección, en nuestra opinión.




“For Bob” - La aportación de Steve Reich al CD es realmente atractiva por cuanto tampoco el compositor es muy dado a escribir piezas para piano solo sin acompañamientos electrónicos o grabaciones que vayan interactuando con el propio intérprete. Pese a ello su estilo es reconocible de inmediato e incluso nos parece escuchar alguna cita de otras obras recientes del músico.


“42 Years” - Mehldau vuelve a ponerse frente a las teclas para interpretar esta pieza de su gran amigo Pat Metheny que nos regala el tema más melódico del disco, con ese toque de melancolía que tan bien le queda a determinadas obras del guitarrista. Una preciosidad llena de sensibilidad y delicadeza para ser escuchada una y otra vez.


“Her Wits (About Him)” - El único artista del disco del que no teníamos referencias previas es el compositor irlandés Donnacha Dennehy, una de las últimas incorporaciones de Hurwitz al sello. Éste opta por un intrigante comienzo en el que juguetea de forma obsesiva con las notas más agudas del piano para ir evolucionando hacia un tono más oscuro.


“Recessional” - Cierra el trabajo Randy Newman interpretando una pieza propia de estilo claramente cómico disfrazado de marcha solemne. Una miniatura agradable que pone el punto y final al disco dejándonos con una sonrisa en la boca.



Por lo general no somos muy amigos de este tipo de discos-homenaje que, en la mayor parte de los casos, tienen mucho de operación comercial y, además, los artistas suelen aportar alguna pieza de relleno a la que no han encontrado acomodo en alguno de sus trabajos “normales”. No parece ser el caso de este “I/Still/Play” dada la relación de amistad de todos los participantes con el homenajeado. El hecho de que todas las piezas sean inéditas y escritas para la ocasión aporta un valor extra al CD que, de esta forma, se hace casi imprescindible para el seguidor de cualquiera de los artistas participantes. Cuando, como es nuestro caso, somos admiradores de la práctica totalidad de ellos, recomendar este disco es casi una obligación. Nos despedimos con Timo Andres tocando en vivo la pieza que da título al disco:





domingo, 15 de septiembre de 2019

Brad Mehldau - Finding Gabriel (2019)



Deberíamos estar ya acostumbrados a la frecuencia cada vez menor con la que Brad Mehldau nos sorprende con un disco nuevo. El ritmo que lleva en los últimos años es tal que sus lanzamientos se mezclan de forma que comienza a grabar un disco pero durante la grabación compone graba y publica otro diferente apareciendo el inicial algunos meses después del otro. Exactamente eso ocurrió con el disco que comentamos hoy, que comenzó a grabarse en 2017, casi simultáneamente a “After Bach” (ya reseñado aquí) y que se terminó ya en 2018. En el ínterin, Mehdau grabó y publicó otro trabajo en formato de trío titulado “Seymour Reads the Constitution” y la verdad es que el disco que hoy nos ocupa bien podría haberse titulado “Brad Reads the Bible” puesto que de ahí llegó su inspiración: de la lectura que el músico hizo del Antiguo Testamento en esas fechas y de las reflexiones que ello le suscitó en relación con el mundo de nuestros días en la época de las “fake news” y en la que nadie escucha a nadie. Mehldau relaciona esto con la figura del Arcangel San Gabriel que anunciaba la verdad sin que nadie lo escuchara realmente.

El trabajo es de lo más ecléctico y en cierto modo podría considerarse una segunda parte de “Taming the Dragon”, el disco publicado hace unos pocos años en compañía de Mark Guiliana. La mezcla de estilos e instrumentaciones así como la aparición de músicos invitados en varios cortes junto con otros en los que el propio Mehldau toca todos los instrumentos hacen de este “Finding Gabriel” un disco fascinante que seguramente estará entre los más destacados de este año en muchas de las listas que suelen aparecer allá por diciembre. La extensa nómina de músicos incluye a Becca Stevens (voz), Gabriel Kahane (voz), Kurt Elling (voz), “Snorts” Malibu (voz), Aaron Nevezie (samplers), Ambrose Akinmusire (trompeta), Michael Thomas (flauta, saxo alto), Charles Pillow (saxos soprano y alto y clarinete bajo), Joel Frahm (saxo tenor), Chris Cheek (saxos tenor y barítono), Mark Guiliana (batería acústica y electrónica), Sara Caswell (violín), Lois Martin (viola), Noah Hoffeld (violonchelo). Mehldau toca sintetizadores, pianos, Therevox, Mellotron, órgano Hammond, Musser Ampli-Celeste (antíguo órgano eléctrico que imita el sonido de la celesta), Gamelan Strips, Fender Rhodes, xilófono, batería, percusiones y canta en algunos cortes.



“The Garden” - El disco comienza con una mezcla de piano y sintetizador con la pronta adición de la batería de Guiliana. Es una melodía muy típica de Mehldau que evoluciona poco a poco sustentándose en el uso de voces en el más puro estilo de Pat Metheny, algo que será habitual en todo el disco. Es entonces cuando el tema rompe, en medio de un clímax vocal y un maravilloso despliegue rítmico, con la violenta entrada de la trompeta. El resto de los metales toman el mando de la mano de una maravillosa linea electrónica de bajo a cargo del propio Mehldau y de súbito, la pieza se desvanece para resurgir con una peculiar coda de voces y vientos, realmente bella.




“Born to Trouble” - “Porque la aflicción no sale del polvo, ni la molestia brota de la tierra. Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción.” Job 5. 6-7. Varias de las piezas tienen asociado un texto del Antiguo Testamento en las anotaciones del libreto, que incorporaremos al comienzo de cada comentario. Ésta es la primera del trabajo interpretada en su totalidad por Mehldau, primero al piano y luego a los sintetizadores y la batería. El sonido es nostálgico como lo es toda la pieza sobre la que flota una cierta “saudade”, acentuada por el uso de las voces tan característico, como decíamos antes, de la etapa “brasileña” de Metheny.

“Striving After Wind” - “Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.” Eclesiastés 1.14. Un comienzo electrónico que podría firmar el mismísimo Steve Reich da paso a un tema de sintetizador al que se une la batería electrónica de Mark Guiliana en una pieza que continúa con el espíritu de “Taming the Dragon”, el disco firmado a dúo por pianista y batería hace unos pocos años. De lo más interesante del disco.

“O Ephraim” - “El Señor dice: «Efraín y Judá, ¿qué haré con ustedes? Pues su amor hacia mí es tan inconstante, se desvanece tan pronto, como lo hacen las nubes de la mañana y como desaparece como el rocío.” Oseas 6.4. Lo más sorprendente de las piezas en solitario de Mehldau es su absoluta solvencia, no sólo con el piano o los sintetizadores, cosas que ya sabíamos o, al menos, podríamos suponer, sino también con la batería y las percusiones con las que, sin llegar al nivel de un Guiliana, se muestra más que correcto. De este corte nos encanta tanto el uso de la electrónica y las voces como el mágico sonido del Fender Rhodes, teclado clásico donde los haya que aquí suena verdaderamente luminoso.




“St.Mark is Howling in the City of Night” - Una de las joyas del disco es esta combinación de electrónica y cuerdas que resulta apabullante desde su comienzo. Una maravilla de aire retro que el uso de la batería convierte en moderna. El tratamiento del trío de cuerda es magistral durante toda la pieza reservandoles incluso una coda que es el cierre perfecto para una gran pieza.

“The Prophet is a Fool” - “El profeta es un necio. El hombre inspirado es un loco. Pero lo decís porque estáis llenos de maldad, porque vuestro odio es grande.” Oseas 9.7. Nueva composición que sigue la linea de “Taming the Dragon” y que justifica que haya quienes vean (veamos) en el disco una especie de secuela de aquel, del que recupera el uso de “samples” vocales a lo largo de toda la pieza. A destacar aquí el cuarteto de saxofones que le confiere a toda la pieza una personalidad marcadísima.




“Make It All Go Away” - Angelical. No se nos ocurre otra palabra para describir el comienzo de esta pieza en la que las voces y los sintetizadores nos dibujan una melodía que no deja de recordarnos los primeros discos de la banda francesa AIR. Es una composición con un delicioso aire “naïf” en la que podemos disfrutar de una de las dos intervenciones del cantante Kurt Elling del disco.

“Deep Water” - “Salvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; He venido a un abismo de aguas, y la corriente me ha anegado.” Salmos 69.1-3. Mehldau nos propone ahora un lento viaje atmosférico lleno de clase y saber hacer. El piano y una cadenciosa batería nos acompañan en un recorrido en el que son las cuerdas las que llevan todo el peso. Es un tema que podría parecer intrascendente pero que va ganando en profundidad según avanza cerrándose con un precioso solo de violín que vale su peso en oro.

“Proverb of Ashes” - “Vuestras máximas son refranes de ceniza, Y vuestros baluartes son baluartes de lodo.” Job 13.12. Probablemente sea nuestra pieza favorita del disco. Una combinación de música electrónica con aires setenteros y una batería audaz en la que se cuela el mencionado Kurt Elling haciendo “scat”, una de sus especialidades. Una maravilla que podríamos escuchar en bucle durante horas.

“Finding Gabriel” - “Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.” Daniel 9.23. Mehldau pone el punto final al disco con un tema interpretado en solitario y repleto de sonidos “vintage” como los del órgano Hammond, el Yamaha C-60 o el Mellotron. Unos cuantos “samples” vocales más leyendo la cita de Daniel completan una pieza tremenda.


Es muy difícil aventurar hacia dónde puede orientarse la carrera de Mehldau que ahora mismo progresa en varias direcciones diferentes entre las que podemos encontrar discos de jazz más o menos clásico, tanto de piano en solitario, como bajo el formato de trío, discos colaborativos en los que hallamos desde el jazz hasta la música clásica contemporánea o trabajos como éste, mucho más eclécticos y con un sonido muy electrónico que, personalmente, nos parecen fascinantes. Lo cierto es que todos estos caminos que está recorriendo nos resultan muy interesantes pero tenemos la impresión de que la “vía electrónica” es la que tiene más espacio por explorar y ahora mismo es la que más nos interesa, sin dejar de lado el resto de la producción del pianista sobre la que tendremos siempre puesto un ojo.

Nos despedimos con una versión para piano solo del corte que cierra el disco que nos ofrecen desde el canal de youtube del sello de Mehldau: Nonesuch.


 

lunes, 25 de febrero de 2019

Brad Mehldau - After Bach (2018)




Periódicamente van apareciendo por aquí grabaciones con un rasgo común. Se trata de discos en los que artistas actuales reconocen su admiración por Johann Sebastian Bach y no se limitan a realizar versiones de la música del compositor alemán sino que van un poco más allá y a la interpretación, más o menos fiel, le suman piezas propias directamente influidas por el autor alemán.

Brad Mehldau es uno de los pianistas de jazz más reconocidos en la actualidad pero el mundo de la música clásica no le es desconocido. De hecho, su formación tuvo una importante base en la música académica y en ese terreno, y más siendo pianista, es imposible no verse atraído por la música de Johann Sebastian Bach. Hay un aspecto de la música del alemán en el que no se incide habitualmente y que le acerca mucho al propio Mehldau y es que Bach era un gran improvisador. En su tiempo, el mayor reconocimiento lo obtuvo como intérprete y no como compositor y en ese prestigio tenía mucho que ver esa capacidad para crear sobre la marcha. Aprovechando esa circunstancia, que emparenta a Bach con el jazz y con el propio Mehldau, Brad decide organizar su disco intercalando composiciones propias, preludios y fugas bachianos y piezas improvisadas inspiradas por el tema de Bach interpretado anteriormente. A pesar de la admiración de Mehldau hacia el compositor, lo cierto es que el disco surge como un encargo de 2015 del Carnegie Hall junto con un puñado de instituciones más de Estados Unidos, Canada y Europa. En aquella ocasión, Mehldau estrenó sus tituladas “Three Pieces After Bach”, que fueron un anticipo de este trabajo. El concepto fue el mismo aunque el material interpretado no. De hecho, sólo dos de aquellas tres piezas (y los temas en los que se inspiran) aparecen hoy en el disco al que, por contra, se añaden dos temas diferentes y sus correspondientes derivados creados por el pianista. Todas las piezas de Bach escogidas por Mehldau para el disco pertenecen a “El Clave Bien Temperado”.

Una de las características que siempre nos ha atraído de Mehldau es, precisamente, su falta de prejuicios a la hora de enfrentarse a piezas ajenas. No hablamos de tocar música de otros músicos de jazz, algo habitual, sino de atreverse con piezas pertenecientes a mundos completamente ajenos como los de Brahms, Pink Floyd, Philip Glass, Radiohead, Jeff Buckley, Nirvana, The Beatles, Steve Reich, The Verve o Massive Attack. Ahora va un paso más allá añadiendo a las versiones una suerte de reinterpretaciones personales y lo hace enfrentándose a la música de uno de los mayores genios de la historia. El resultado es, como no podía ser de otro modo, fascinante.

Brad Mehldau


El disco es Mehldau pero también es Bach. “Benediction” tiene todas las características de la música del pianista pero adopta formas barrocas gracias al uso del contrapunto mediante el cual se van revelando nuevas melodías. No sorprendería nada su presencia en cualquier disco “normal” del músico. El “Prelude No. 3 in C# Major BWV 848” evoluciona en “After Bach: Rondo”. En el comienzo del tema, el pianista toma literalmente el motivo central del preludio anterior pero lo revitaliza modificando por completo el ritmo, que recuerda al del “Blue Rondo à la Turk” de Dave Brubeck. Tras esa presentación, entramos en un desarrollo típico del pianista a lo largo de varios minutos que se cierra como corresponde: con una vuelta al tema principal. Más complejo es el “Prelude No. 1 in C Major, BWV 870” y su extensión en “After Bach: Pastorale” nos muestra a un Mehldau más directo y conciso. Tras el “Prelude No. 10 in E Minor, BWV 855”, en cambio, llega “After Bach: Flux” en donde escuchamos una versión muy familiar del pianista con esa firmeza a la hora de tocar, esa mano izquierda casi metronómica que permite cualquier tipo de construcción melódica a su alrededor. Llega después el evocador “Prelude and Fugue No. 12 in F Minor, BWV 857” a partir del que Mehldau crea “After Bach: Dream”. La extensión de la pieza de Bach hace que, en esta ocasión, la creación equivalente de Mehldau sea muy diferente. Aquí el pianista nos soprende por completo con una composición de tono fúnebre que no parece tener mucha relación con la de Bach si no es en el terreno armónico. El último dúo lo forman la “Fugue No. 16 in G Minor, BWV 885” y “After Bach: Ostinato”. De la pieza de Bach toma Mehldau la idea de repetición que el compositor alemán emplea con determinadas notas que se repiten una y otra vez en determinados segmentos y construye a partir de ahí una pieza meditativa de profundo calado. Quizá nuestra favorita de todo el disco. Para el cierre, Mehldau deja una composición propia: “Prayer for Healing” con un aire procesional muy marcado. Por algún motivo, nos recuerda, y mucho, al “Hymn to a Great City” de Arvo Pärt.




Lejos de ser una apuesta segura, este tipo de discos comportan un riesgo considerable puesto que las opciones de patinar cuando uno se enfrenta a una obra tan universal como la de Bach son muy grandes. No son muchos los casos en los que el músico que se atreve con el reto sale airoso. Incluso algunos de los que han superado la prueba de la crítica (pensamos en Max Richter y su revisión de las “Cuatro Estaciones” de Vivaldi) no terminan de convencernos por uno u otro motivo. No ocurre lo mismo con este “After Bach”. Tanto en la pura interpretación de las piezas del compositor alemán como en las diferentes evoluciones creadas por Mehldau, el resultado nos satisface plenamente. Estamos, a nuestro juicio, ante uno de los mejores discos del pasado año 2018, razón más que suficiente para recomendarlo desde aquí.

Y qué mejor forma de disfrutar a Bach y a Mehldau que ver el concierto que ofreció la cadena Arte en el que el pianista interpretaba sus "Three Pieces After Bach" en París. El contenido no coincide exactamente con el del disco pero es igualmente memorable.


lunes, 29 de enero de 2018

Metheny / Mehldau - Quartet (2007)



Pocos son los aficionados a alguna actividad que no han soñado en algún momento con ver reunidas a varias de sus figuras más destacadas para construir algo juntas. Son contados los momentos en los que eso llega a suceder y podemos ver en la misma película a Robert de Niro y Al Pacino o jugar un partido de baloncesto a “Magic” Johnson junto con Michael Jordan. En la música, que es un mundo más colaborativo a priori, se dan de cuando en cuando estas conjunciones entre estrellas por lo que dentro de este contexto un disco como el que hoy comentamos no tiene mucho de extraordinario. Sí lo es el hecho de que el resultado sea tan bueno.

En el “jazz” contemporáneo hay dos figuras que han destacado sobre las demás y son dos artistas con muchas cosas en común. Ambos han grabado en solitario, ambos tienen o han tenido su propia formación más o menos estable y ambos han mostrado un importante grado de apertura hacia otras músicas así como una gran predisposición a colaborar con artistas muy diferentes entre sí. Así, mientras uno de ellos no tiene ningún complejo en interpretar piezas de Pink Floyd, Radiohead, Jeff Buckley o Philip Glass, el otro ha grabado junto a artistas como David Bowie, Steve Reich o Enrique Morente. Lejos de ser un dato menor, esta apertura explica muy bien por qué la colaboración entre ambos es tan satisfactoria.

No vamos a descubrir ahora a Pat Metheny y a Brad Mehldau porque, entre otras cosas, ambos han aparecido ya en varias ocasiones en el blog. Se trata hoy de hablar de su primera colaboración que tuvo lugar en diciembre de 1995 cuando Metheny y los integrantes del Brad Mehldau Trio se juntaron para grabar un par de sesiones en Nueva York a sugerencia de los directivos de Nonesuch para quienes juntar a sus dos mayores estrellas en el mundo del “jazz” en una grabación suponía una promesa de ventas y atención mediática.

Las dos jornadas de grabación dieron como resultado un gran número de piezas. Algunas eran dúos entre Metheny y Mehldau y otras cuartetos con la participación de Larry Grenadier al bajo y Jeff Ballard a la batería. Desde el punto de vista de la composición iba a ser el guitarrista el que más temas aportaría a las grabaciones que, como no podía ser de otra forma, aparecerían publicadas en disco poco después aunque no de la forma más lógica, al menos a primera vista. En 2006, Nonesuch iba a editar un trabajo titulado “Metheny / Mehldau” que se presentaba como una colección de dúos procedentes de las sesiones citadas aunque, a la hora de la verdad, se incluyeron un par de piezas interpretadas por los cuatro músicos. Pocos meses más tarde saldría un nuevo disco con el resto del material que es el que hoy comentamos. Pese a que el título parecía indicar lo contrario, hasta cuatro de los cortes del trabajo eran dúos y sólo los siete restantes encajaban con la aparente descripción del mismo que ofrecía el título: “Metheny / Mehldau: Quartet”. ¿Habría sido más natural ordenar el material de otra forma y separar en discos distintos las piezas interpretadas mano a mano por las dos figuras y el resto? Quizá. El hecho es que ambos trabajos son como son y hoy nos centraremos en el segundo de ellos.

Brad Mehldau y Pat Metheny


“A Night Away” - El primer corte del disco es el único firmado por los dos artistas y es una verdadera joya. Los primeros instantes tienen todo el sabor de la música de Metheny con la especial propulsión que le aporta la sección rítmica de la banda de Mehldau en la que destaca muy especialmente la batería de Ballard. En la segunda parte de la pieza es el pianista el que toma las riendas y lo hace de forma soberbia hasta llegar a un final compartido por ambos que mantiene el gran nivel del tema.




“The Sound of Water” - La segunda pieza, firmada por Metheny, es un precioso dúo entre su guitarra de 42 cuerdas y el piano de Mehldau. Una composición intimista que entronca con alguno de los trabajos en solitario del guitarrista aparecidos en los últimos años con un enfoque principalmente acústico.

“Fear and Trembling” - Escuchamos ya el primero de los temas de Mehldau. No se trata de una pieza nueva ya que había aparecido en “House on Hill”, disco de una formación anterior del Brad Mehdau Trio con Jorge Rossy a la batería. Metheny enarbola la guitarra eléctrica para darle un filo muy especial a la composición que exprime muy bien las cualidades de Grenadier y Ballard.

“Don't Wait” - Continuando con las cortesías mutuas, es Mehldau el que se encarga de abrir una nueva pieza de Metheny en la que este vuelve a la guitarra acústica. Continúa en la linea reposada del dúo anterior mientras profundiza en una de esas melodías tan redondas que caracterizaron los años de Metheny posteriores a su salida del sello ECM. Tras un comienzo tranquilo asistimos a fases más intensas en las que el ritmo sube ligeramente aunque no por demasiado tiempo. Todo para llegar a un final delicioso que podría haber formado parte de los mejores trabajos de un sello como Windham Hill en los años ochenta.




“Towards the Light” - El siguiente tema entra de lleno en los territorios habituales del Pat Metheny Group, algo a lo que ayuda mucho el uso de la guitarra-sintetizador de Pat que aporta una sonoridad muy particular que es parte de la identidad de su banda. La pieza es un tiempo medio con cierto toque latino, terreno en el que el guitarrista se encuentra como pez en el agua y en el que el trío de Mehldau demuestra una gran competencia.

“Long Before” - Volvemos al formato de dúo con un “blues” lento que sirve como excusa para que ambos intérpretes inicien un distendido diálogo al que quizá le falte un punto de vitalidad para mantener el altísimo nivel general del disco.

“En la Tierra que no Olvida” - De nuevo tenemos influencias latinas en un complicado tema con ritmo de 5/4 en el que Jeff Ballard nos ofrece una verdadera exhibición de facultades frente a la cual la actuación de sus compañeros parece terrenal. Una de las mejores piezas de todo el disco, especialmente de las interpretadas por el cuarteto en pleno.

“Santa Cruz Slacker” - En el tramo final del trabajo encontramos dos temas consecutivos escritos por Brad Mehldau, pese a lo cual, el primero de ellos enlaza a la perfección con el anterior, escrito por Metheny. También es aquí el descomunal trabajo de Ballard lo más destacable (el del dúo Ballard / Grenadier, en realidad) hasta el punto de eclipsar por momentos al de las estrellas principales de la grabación.

“Secret Beach” - La última pieza del disco escrita por Mehldau es una lenta balada con un punto cinematográfico, en especial en la primera parte con la guitarra como protagonista. Es una de las piezas más convencionales del disco y también de las más versátiles como prueba el hecho de que Mehldau la incorporó después a su repertorio en directo e incluso la grabó con su trío.

“Silent Movie” - La última pieza para cuarteto del disco opta por un tono bajo y sin florituras. Un tema muy clásico, ideal para que todos los intérpretes tiren de oficio y saber hacer aunque nos deja con la sensación de que podría haber dado más de sí.

“Martha's Theme” - En 1996, Metheny compuso la banda sonora de la película italiana “Passagio per il Paradiso” de la que escuchamos aquí uno de sus temas centrales. Es una pieza muy breve que en esta versión de piano y guitarra suena encantadora, sin desmerecer la original, más electrónica.

Juntar a Brad Mehldau y Pat Metheny era un sueño para muchos aficionados al jazz pero una cosa es crear una gran expectativa y otra muy diferente satisfacerla. Pues bien, tanto con el primer disco titulado “Metheny / Mehldau” como con este segundo, creemos que el reto está superado con creces y que los seguidores de ambos artistas no encontrarán motivo alguno de queja al respecto. No sabemos si en algún momento volverán a coincidir en un estudio por lo que debemos disfrutar de ambos trabajos como testimonios de un encuentro único.

Como despedida, os dejamos con una versión en directo de "The Sound of Water" en el Festival de Jazz de San Sebastian de 2007.


 

martes, 19 de enero de 2016

Brad Mehldau - 10 Years Solo Live (2015)



El pasado año 2015 terminó con la publicación de un disco (deberíamos decir una caja para hablar con propiedad) que es el sueño de todo fan. En mayor o menor medida, todo artista cuya carrera haya alcanzado ya una cierta duración va dejando aquí y allá pequeñas piezas que no terminan de encajar en los discos, improvisaciones o versiones de otros músicos que sólo aparecen en un concierto determinado, etc. Como aficionados, muchas veces hemos deseado que este o aquel artista publicase algún día un disco con todo ese material “perdido” pero el escaso interés comercial que tienen estas recopilaciones de “rarezas” para las discográficas hacen que este tipo de contenido sean carne de disco “pirata” en el mejor de los casos.

Una de las cosas que siempre nos ha llamado la atención de Brad Mehldau son los escasos reparos que muestra a la hora de incorporar a su repertorio en directo piezas musicales que no tienen nada que ver con el jazz, regalando a la audiencia que acude a ver sus conciertos (o, en su defecto, a los que luego los ven en youtube) revisiones muy particulares de temas pop, rock, obras clásicas o, incluso, música electrónica. Por sus propias características, este material no tiene cabida en un disco convencional más allá de las dos o tres piezas que el pianista ha ido incluyendo en sus discos de estudio y en algunos directos. Parece insuficiente para el fan más ambicioso.

Quizá para satisfacer a ese grupo de aficionados, el sello Nonesuch lanzó a mediados de noviembre una extraordinaria caja de cuatro discos compactos (un mes antes había publicado el material en 8 vinilos) recogiendo hasta cinco horas de grabaciones en directo de estas piezas que Mehldau iba interpretando en sus actuaciones. La selección está realizada por el propio pianista y organizada en cada uno de los cuatro discos de forma temática e incorpora algunas piezas propias acompañando a las versiones.



El primer CD de la selección lleva el título de “Dark/Light” y en él, Mehldau organiza las piezas en parejas en las que se pretende crear un contraste entre la oscuridad y la luz. Así, abre el disco una pieza de Jeff Buckley, “Dream Brother”, grabada en 2013 en Budapest que se contrapone a un luminoso “Blackbird”, clásico de los Beatles, registrado en Girona en 2011. la siguiente inmersión en el lado oscuro viene de la mano de Radiohead y su “Jigsaw Falling into Place” (Leipzig, 2011), composición sobre la que Mehldau construye una improvisación verdaderamente impresionante en su interpretación en 2011 en Leipzig. Incorpora a continuación el músico una pieza propia, “Meditation I – Lord Watch Over Me” (Bruselas, 2014)  antes de volver a los Beatles (junto con Radiohead y Nick Drake, probablemente las mayores fuentes de inspiración para Mehldau fuera del jazz) y su “And I Love Her” (Vevey, 2013) que es objeto de una monumental revisión que supera el cuarto de hora de duración. Pasamos a los musicales con la inigualable “My Favourite Things” (Luxemburgo, 2010) del “Sonrisas y Lágrimas” de Rodgers & Hammerstein. Cerrando el primer volúmen encontramos un “blues” de Bobby Timmons procedente del mismo concierto que la anterior pieza.




El segundo CD lleva el título de “The Concert” y en él, Mehldau selecciona y organiza una serie de piezas como lo haría de cara a un concierto único. Comienza con “Smells Like Teen Spirit” (Luxemburgo, 2010) de Nirvana, elección más que soprendente a primera vista hasta que uno comprende algo que el propio pianista aclara en los comentarios del disco: que es parte de la música que Mehldau escuchaba cuando era veinteañero, un himno generacional. Mehldau comenzó a ver las posibilidades de la canción tras escuchar el arreglo que de la misma solía hacer nuestra admirada Tori Amos. Continúa el recital con un tema propio, “Waltz for J.B.” (Bassano dei Grappa, 2010). Dedicado al cantante y productor Don Brion, Mehldau quiere homenajear aquí su faceta de compositor y lo hace con un tema de jazz con solera antes de continuar con “Get Happy” (Saltzburgo, 2010), pieza de Harold Arlen y Ted Koehler, autores de auténticos estándares como “Stormy Weather”. Arlen también compuso las canciones de “El Mago de Oz”. En los conciertos, Mehldau siempre acompañaba el tema anterior de “I'm Old Fashioned” (Eindhoven, 2010) del dúo Kern/Mercer y aquí respeta esa secuencia para saltar a una época más reciente con uno de los grandes temas de la música electrónica de los años noventa: “Teardrop” (Viena, 2011) de Massive Attack. La extensa revisión del pianista de cerca de un cuarto de hora de duración apenas toma la pieza original como referencia para el comienzo desarrollando después una de las mejores construcciones de todo el disco. La siguiente parada nos lleva a “Holland” (Vevey, 2013) de Sufjan Stevens, deliciosa balada de aire folclórico sobre cuyo estribillo improvisa Mehldau toda la pieza. Un nuevo tema propio, “Meditation II – Love Meditation” (Leipzig, 2013) sirve de transición para el cierre del disco con “Knives Out” (Roma, 2011) de Radiohead, única composición que aparece en dos ocasiones en la caja. La toma pertenece a un concierto en el que fue tocada como “bis” y por ello realiza la misma labor en el CD.




El tercer disco de la caja lleva el título de “Intermezzo / Rückblick” y en ella continuamos asistiendo a una mezcla imposible de estilos aunque mirando algo más hacia el jazz más clásico que en el resto de la caja. Todas las grabaciones salvo dos pertenecen al periodo 2004/2005 por lo que son las más antiguas del trabajo. Las tras primeras, incluso, están tomadas del mismo concierto ofrecido en 2005 en Coopenhague. Comenzamos con un tema propio, “Lost Chords” que el propio pianista describe como el germen de su una de las versiones que aparecen en el cuarto disco de la caja: “Bittersweet Symphony” para seguir con “Countdown” de John Coltrane. Palabras mayores. De ahí saltamos al musical “My Fair Lady” con “On the Street Where you Live” del dúo Loewe/Lerner. Vuelve el jazz más clásico con Thelonius Monk y su “Think of One” (Menton, 2004), un músico al que, en palabras de Mehldau, tienes que comprender muy bien para interpretarle sin sonar ridículo. Volvemos a Coopenhague 2005 con un “medley” de dos piezas con el “Zingaro” de Antonio Carlos Jobim y “París” del propio Mehldau. Llegamos a los juegos para iniciados que el pianista aclara en el libreto del disco con “John Boy” (Roma, 2011), un título que alude al J.B. del vals que escuchamos en el segundo disco (Jon Brion) pero también a John Boy Walton, personaje de la serie de televisión “The Waltons”, que inspiró el disco “Highway Rider” de Mehldau que se abría, precisamente, con esta composición. ¿Se cierra así el círculo? Si y no. Falta un J.B. muy presente en la obra de nuestro pianista: Johannes Brahms. El músico al que se siente más próximo en sus propias palabras. Como queriendo probar la conexión, es Brahms el siguiente autor que se asoma por el disco con el “Intermezzo en si bemol mayor, Op.76, No.4”. Como el resto de las piezas del disco, procede de un concierto ofrecido en Londres en 2004. Continuando con las relaciones musicales le llega el turno a “Junk”, pieza de Paul McCartney compuesta durante su estancia en los Beatles pero que nunca apareció en ninguno de los discos del cuarteto y sí en el primer trabajo de Paul en solitario. En los conciertos, Mehldau la acompaña de “Los Angeles II”, tema propio que también suena aquí a continuación de “Junk”. Vuelve Thelonius Monk con “Monk's Mood”, pieza escrita cuando John Coltrane formaba parte de su banda, detalle importante puesto que es un solo de “Trane” lo que más atrae a Mehldau de la composición. Cierra el disco de nuevo “Knives Out” de Radiohead en una versión más “convencional” que Mehldau interpreta a menudo en contraposición con la que escuchamos anteriormente, con mucha más improvisación.




El cuarto disco de la caja presenta otra serie de dualidades, en este caso entre las tonalidades de Mi menor y Mi mayor. Comienza con “La Mémoire et la Mer” (París, 2011) de Leo Ferré, cantautor por el que Mehldau siente predilección habiendo grabado alguna otra canción suya en compañía de una Anne Sophie Von Otter. Contuinúa el disco con un “medley” de dos canciones rock separadas en el tiempo pero que comparten muchas cosas: “Bittersweet Symphony” de The Verve y “Waterloo Sunset” de The Kinks (Roma, 2011). La primera de ellas, como ocurría con la de Nirvana anteriormente, es parte de la banda sonora de la generación de Mehldau y la segunda, un himno que ha trascendido el tiempo. Una combinación perfecta para volver a Brahms y su “Intermezzo en Mi menor, Op.119, No.2” (Bilbao, 2011). Cerrando la caja tenemos tres cortes de rock de muy diferentes estilos, comenzando por el “grunge” de los Stone Temple Pilots y su “Interstate Love Song” (Bruselas, 2014) que es objeto de una extensa revisión partiendo de algunos fragmentos del riff de guiarra central. De ahí pasamos a Pink Floyd y su “Hey You” (Girona, 2011), originalmente publicada en “The Wall”, el primer disco que Mehldau recuerda haber comprado cuando apenas tenía 10 años. Cerrando esta magnífica colección tenemos otra canción inmortal: “God Only Knows” (Viena, 2011) de los Beach Boys.




Probablemente, Brad Mehldau sea uno de los pianistas más interesantes de nuestros días por encima de géneros musicales. No es que esto último importe cuando, precisamente en esta caja, podemos ver que, aunque su producción se encuadra claramente en el jazz, su formación musical bebe de todo tipo de fuentes lo que, sin duda, ha enriquecido notablemente su música. Las versiones contenidas en esta colección son, en su mayor parte, complejas, hurgan en lo más profundo de las piezas originales y extraen todo aquello que contienen y que no siempre es fácil de ver si no eres un músico de la talla de Mehldau. No es, por lo tanto, una selección al uso de grandes éxitos que el oyente pueda reconocer y tararerar una vez pasados los compases iniciales (en algún caso, ni siquiera entonces) pero sí es una magnífica obra musical que debe disfrutarse sin pensar siquiera en que estamos ante versiones de otros artistas. “10 Years Solo Live” tiene el valor añadido de contener una serie de registros en directo de un músico que adora, precisamente, eso: tocar en directo. En nuestra opinión, estamos ante uno de los grandes discos de los últimos años.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Brad Mehldau & Mark Guiliana - Mehliana: Taming the Dragon (2014)



Los músicos diferentes, aquellos que llegan a ser grandes, suelen caracterizarse por una absoluta falta de complejos y una visión abierta que les sitúa por encima de géneros y clasificaciones. Son artistas libres de prejuicios que, evidentemente, tienen unos gustos y preferencias que les sirven de guía pero están tan libres de dogmatismos que no rechazan ninguna música a priori encontrando a menudo fuentes de inspiración en estilos en los que el común de los mortales a duras penas encontraría puntos en común. Uno de esos artistas es, sin duda, el pianista Brad Mehldau.

La primera vez que apareció en el blog lo hizo con un disco en el que había jazz, su punto de partida, la música con la que se dio a conocer y que le ha convertido en una estrella, pero también música contemporánea con versiones de Steve Reich o Philip Glass entre otros. En aquel trabajo, como en “Largo”, otro disco en el que encontramos a Mehldau haciendo versiones de artistas como Jobim, Radiohead o los Beatles, el teclista tocaba su instrumento por excelencia: el piano. El salto que se produce en el disco que hoy nos ocupa tiene que ver con el giro eléctrico que nos atreveríamos a calificar de radical que experimenta el artista, apartando un tanto su piano y poniéndose detrás de aparatos como el clásico Fender Rhodes y un buen surtido de sintetizadores analógicos. Pero Mehldau no está solo en el disco sino que lo comparte con otro artista sensacional aunque mucho menos popular que él (también diez años más joven): el batería Mark Guiliana. Cuando alguien como Bill Bruford dice del disco de debut de otro batería que es “lo más exhuberante, dramático, bello, atrevido e iconoclasta que he escuchado desde no recuerdo cuándo” poco más podemos añadir nosotros. Guiliana y Mehldau llevaban varios años tocando juntos en directo con este mismo formato eléctrico por lo que o más natural es que esta colaboración tomase forma de disco en algún momento. El acontecimiento se produjo a principios de este año. Siguiendo la moda surgida, quizá, de la prensa del corazón de hablar de una pareja como un sólo nombre compuesto por los de sus integrantes (Brangelina para referirse a Brad Pitt y Angelina Jolie es, posiblemente, el caso más conocido), los músicos fusionan sus respectivos apellidos para formar: Mehliana.

El disco es una fascinante aventura conceptual que surge de un supuesto sueño de Mehldau en el que se encuentra en un coche conducido por un cruce entre Dennis Hopper y Joe Walsh. A lo largo del mismo, el coche se transforma, primero en una clásica Volkswagen Type 2, la furgoneta por excelencia del sueño hippie, y más tarde en un platillo espacial. A lo largo del lisérgico viaje se cruzan con un deportivo conducido por un gato que les reta y está a punto de provocar un accidente. Todo esto se convierte en una extraña reflexión sobre la propia personalidad del soñador, que descubre que tanto él como su compañero en el coche como el gato son distintas facetas de sí mismo. El último párrafo del texto del libreto del disco pretende explicarlo todo de alguna forma: “¿sabes? Pienso en esto como si estuviera amaestrando un dragón. El dragón es el tipo zumbado que te reta desde el otro coche y si no le vigilas, terminará fastidiándote. Así que necesitas a Joe para que te conduzca por el camino recto (Joe es como llama al conductor de su propio vehículo). Pero Joe conoce al dragón porque, en realidad, tanto él como el dragón son parte de ti así que no intentas matar al dragón porque él es quien te suministra toda tu energía. No quieres destriparlo sino amaestrarlo, hacerte su amigo y compartir su fuerza para así poder utilizarla en tu provecho”.

Nosotros tampoco estamos muy seguros de haber entendido nada pero, afortunadamente, queda la música y ahí, amigos, Mehldau y Guiliana se expresan con una claridad cristalina. Su virtuosismo es tal, que todos los vídeos que acompañan a la entrada, están interpretados en directo.

Mark Giuliana y Brad Mehldau


“Taming the Dragon” – Suenan un par de acordes de órgano repetitivos mientras Mehldau realiza una breve introducción de la historia. Inmediatamente suena la primera ráfaga de sintetizador y batería, un breve riff que se interrumpe para dar paso al siguiente tramo de texto. El mismo esquema se repite varias veces a lo largo del corte en el que asistimos a un cruce extravagante entre el Herbie Hancock de los setenta y los más modernos ritmos actuales interpretados por Guiliana. La parte final del tema es una exhibición a cargo del batería que nos transporta definitivamente a mundos en los que no habíamos estado antes. El disco comienza de forma prometedora el listón va a seguir igual de alto en el resto del mismo.

“Luxe” – Comienza Mehldau a trastear con el Fender Rhodes en rápidas secuencias electrónicas muy repetitivas que nos hacen pensar en los experimentos minimalistas del primer Terry Riley transportados a un presente en el que se fusionan con ritmos hip-hop continuamente cambiantes. En la parte final, el teclista se pone a los mandos de lo que podría ser un MiniMoog y se marca un solo que habría firmado cualquier estrella del teclado de la edad dorada del rock progresivo, desde Rick Wakeman a Keith Emerson para terminar con un impresionante ejercicio de virtuosismo de Guiliana a la batería.

“You Can’t Go Back Now” – Mehldau se sienta por un momento al piano para ensayar una serie de acordes que pronto son arrinconados por los gruesos sonidos del sintetizador que se combinan con una percusión extraordinariamente cambiante. El piano eléctrico lucha por hacerse un hueco en un ambiente tan impredecible y lo consigue con brillantez. Apenas han transcurrido tres cortes y ya nos sentimos incapacitados para proponer un género, un estilo, algo a lo que poder comparar lo que estamos oyendo. La pieza concluye con el piano y un raro “loop” vocal que no conseguimos identificar.

“The Dreamer” – Nuevo giro argumental. Pasamos ahora a un cadencioso ritmo salpicado de efectos electrónicos en el que nos parece reconocer al Mehldau más romántico cuando toca el piano, impresión que se mantiene incluso cuando el MiniMoog hace su aparición con una serie de sensuales danzas en las que se transforma en la flauta del encantador de serpientes que nos mantiene en vilo, sin poder liberar nuestra atención para dirigirla a cualquier otro sitio.

“Elegy for Amelia E.” – Llegamos al peculiar tributo que Mehldau brinda a la pionera de la aviación Amelia Earhart en un corte en el que, incluso, utilizan “samples” de un discurso de la piloto norteamericana. El tema consta de una base electrónica “planeadora” muy ambiental sobre la que el teclista esboza una serie de solos con el piano eléctrico. La pieza tiene todo el sabor de la electrónica alemana de los años setenta (Schulze, Tangerine Dream...) y es una de las grandes composiciones del disco.

“Sleeping Giant” – Enlazando con el ambiente del corte anterior, comienza éste con etéreos acordes de sintetizador que se suceden lentamente. La aparición de la batería y el piano eléctrico van desplazando la pieza hacia territorios más próximos al jazz eléctrico a la vez que esbozan los trazos de lo que podría ser un incipiente blues.



“Hungry Ghost” – Nuestro teclista abandona por un momento la electrónica más vaporosa y se hace con los mandos del Fender Rhodes para ejecutar una serie de melodías a dúo con la percusión de Mark en una preciosa combinación de sonidos añejos y ritmos actuales que no deja de recordarnos a trabajos como el “Moon Safari” de Air pero elevados a la máxima potencia en cuanto a virtuosismo instrumental.



“Gainsbourg” – Es conocida la habilidad de Mehldau para ejecutar versiones de otros artistas con una maestría poco común llevando a su terreno composiciones completamente ajenas, en principio, a su estilo. No es una versión lo que escuchamos aquí pero sí el aprovechamiento de una serie de compases de “Manon”, el clásico de Serge Gainsbourg, para construir a partir de ellos un tema nuevo. Hay también “samples” de esa canción del artista francés así como otros más abundantes de las cuerdas y de otros elementos como la percusión y el piano del comienzo de “Ford Mustang”, otra popular canción del repertorio del cantante. Un homenaje extraño pero bien construido que termina con un melancólico piano.

“Just Call Me Nige” – Quizá el tema más cercano al rock progresivo de todo el disco, tomando esta afirmación con todos los matices que merece un trabajo como éste. Mehldau construye una línea de bajo infecciosa a base de sintetizadores analógicos y toca el Rhodes sobre ella acompañado de los clásicos sonidos evanescentes del MiniMoog. A todo eso hay que sumarle un trabajo sobresaliente de Guiliana a la batería lo que hace de ésta una pieza memorable dentro de un disco fuera de lo común.



“Sassyassed Sassafrass” – El teclista abandona por un momento los experimentos más arriesgados y vuelve a sus raíces jazzisticas (siempre electrificadas en este disco) con aditamentos funkies en una de las piezas más desenfadadas y optimistas del disco que entra así en la recta final.

“Swimming” – Escuchamos al Mehldau más amable en esta preciosa pieza que gira alrededor de una melodía que nos recuerda a algunos trabajos de rock progresivo como los grabados por Pekka Pohjola, quien aparecerá pronto por el blog, o a los primeros discos de Mannheim Steamroller. Una delicia, de nuevo, escuchar el sonido del Fender Rhodes combinado con viejos sintetizadores y ritmos frenéticos, de esos que es raro escuchar interpretados por un batería real en este mundo de programaciones y cajas de ritmo.

“London Gloaming” – El título parece una referencia al tema “Gloaming” del disco “Hail to the Thief” de Radiohead, de quienes Mehldau ha hecho varias versiones ya anteriormente aunque en lo musical, la relación entre ambas piezas parece inexistente. Sí que hay cercanía entre los acordes iniciales del tema y el clásico “West End Girls” de Pet Shop Boys aunque la cosa no va más allá.


Muy bueno tendría que ser este 2014 en lo musical para que “Mehliana, Taming the Dragon” no estuviera entre los diez mejores trabajos del año ya que lo tiene todo: interpretaciones rozando la perfección, una mezcla de ideas y conceptos brillante y una selección de sonidos inmejorable. A Brad Mehldau ya lo conocíamos y es un grande por derecho propio. Mark Guiliana, en cambio, ha sido todo un descubrimiento al que habrá que seguir la pista muy atentamente. El disco, como siempre, está disponible en los enlaces habituales.


play.com

Como despedida: