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martes, 23 de abril de 2024

Henryk Górecki - Church Songs (2023)



La personalidad de Henryk Górecki, poco amigo de los focos y de la fama, hizo que su obra nunca haya sido todo lo conocida que debería. De otro modo no se explica que, tras el tardío éxito de su tercera sinfonía, convertida en éxito mundial y en superventas extraordinario para lo que es el mundo de la música clásica, todavía queden muchas obras suyas inéditas. La que comentamos hoy es otra más de ese catálogo publicada tras el fallecimiento del compositor polaco en 2010. Se trata de sus “Church Songs, Op.84”, escritas en 1986 pero de las que no tuvimos noticia hasta 2013. Una colección de canciones religiosas (el principal motor creativo de Górecki) compuestas en una época en la que este tipo de obras eran la principal ocupación del polaco. De los mismos años, por ejemplo, son sus “Five Marian Songs” (1985), sus “Two Marian Hymns” (1986) o su “O Domina Nostra” (1985), todas ellas dedicadas a la figura de la Virgen María.


Górecki siempre fue un católico ferviente pero eso tardó en reflejarse en una obra musical que hasta los años setenta apenas tuvo influencia de la religión, algo que probablemente tuvo que ver con el régimen comunista de Polonia, que, digamos, en sus primeras décadas no promocionaba especialmente la aparición de este tipo de obras. Con la ascensión al pontificado de Juan Pablo II, polaco como Gorecki, el músico terminó la composición de su “Beatus Vir”, encargo del propio Papa cuando aún era cardenal en Cracovia. La obra pasó bastante desapercibida y el compositor, sintiéndose incomprendido, se recluyó y dejó los conciertos para dedicarse a la composición en un ambiente hogareño alejado del público y de la academia.


En ese ambiente de recogimiento, Górecki encontró un libro de canciones para la liturgia recopilado en el S.XIX por Jan Siedlecki. De ahí salieron los dos ciclos marianos de canciones citados antes y esta selección de canciones eclesiásticas que comentamos hoy, recopiladas y publicadas por Mikolaj, hijo del compositor, en 2013. Este ciclo de veinte canciones a capella fue grabado el año pasado por el Polski Chór Kameralny dirigido por Jan Lukaszewski y publicado por el sello Ondine.


Los que conozcan la obra coral de Górecki no van a encontrar en la colección ninguna sorpresa. Desde el inicio con la bellísima y muy lírica “O Virgo Maria” asistimos a una sucesión de melodías bien construidas y con ese toque delicado que muchos verán cursi y que aparece en muchas obras de otros músicos actuales procedentes del antiguo bloque comunista como Vladimir Martynov o Valentin Silvestrov. “Sicut parvi amplectamur” tiene trazas del “tintinnabuli” de Arvo Pärt mientras que “Veni, o mater terrae” y “O mater semper alma”, esta última con alguna referencia a “O Domina Nostra” recuerdan formas antiguas, propias de la primera polifonía pero eso es algo común a casi toda la escritura para voces de Górecki. “Nunc avemus et laudeamus” regresa a las estructuras meditativas y nos acerca al universo musical de John Tavener, con quien tantas veces se ha comparado al propio Górecki. “Ave, carmina milia” es otro ejemplo de melodía inspirada que nos deja con la brevísima “O stella caeli”, una miniatura muy divertida tras la que llega “Sanctus, sanctus, sanctus”, sin ninguna sorpresa, para cerrar el primer CD de la colección con la extensa “Domine Deus”.




La segunda parte comienza con “Popule meus”, tranquila y reposada que nos lleva a “Pie Jesu, pastor alme”, otra clara muestra del estilo de su autor y de lo que alguien dio en llamar “minimalismo sacro”. “Jesu Christie, frater noster” continúa con la línea de estatismo luminoso de buena parte de las canciones y “Pater noster, omnipotens Deus” nos vuelve a recordar a Tavener. Seguimos con dos canciones cortas, “Ave, lauderis” y “Christi crux” para llegar a “Jesus Christus resurrexit”, una construcción casi perfecta a base de capas diferentes que van ascendiendo y apagándose una tras otra. “Beati qui eligunt Joseph” tiene un tono más oscuro, casi de réquiem que contrasta enormemente con la alegría contagiosa de “Salve mater matris Jesu”. “Jam conclamamus”, en cambio, nos suena más a villancico, con alguna lejana referencia al popular “adeste fideles” y cierra la serie “Audi clamantes, audi plorantes” en un tono más folclórico que el resto.




Creemos que este “Church Songs” de nuestro admirado Henryk Górecki es una excelente escucha para momentos de tranquilidad, para alejarse de todo durante casi dos horas y disfrutar de una música profunda y con contenido. No todas las obras del compositor polaco, pese a su fama, ofrecen esta posibilidad ya que, pese a una cierta continuidad en su estilo, especialmente en los últimos años, tiene muchas composiciones con momentos de tensión y sobresaltos, algo que aquí no encontramos.




martes, 5 de octubre de 2021

Henryk Gorecki - Complete String Quartets Vol.2 (2020)



El año pasado apareció en el sello Naxos el segundo volumen de los dedicados a los cuartetos de cuerda de Henryk Gorecki. Ya comentamos en su día, cuando reseñamos el primero, que esta colección podría tener la extensión que la discográfica desee ya que, si bien los cuartetos de cuerda publicados por el músico polaco fueron tres, existe alguno más sin número de catálogo y tanto en el primer disco como en este se incluyen piezas para otras formaciones de cámara integradas por intérpretes de cuerda por lo que no sería descartable algún otro lanzamiento en esta misma serie.


Al igual que en el disco anterior, los intérpretes son los miembros del Tippett Quartet, es decir, John Mills y Jeremy Isaac (violines), Lydia Lowndes-Northcott (viola) y Bozidar Vukotic (violonchelo). Las obras que integran la grabación son una pieza de juventud del compositor, su sonata para dos violones, y otra de madurez, el monumental cuarteto de cuerda número tres.

Los miembros del Tippett Quartet


“Sonata for Two Violins, Op.10” - Compuesta en 1957, aún en su etapa como estudiante, esta obra está inspirada por sendas piezas de Bela Bartok y Serguei Prokofiev. El primer movimiento es vibrante, agil y afilado con los dos instrumentos jugando un juego casi acrobático en el inicio. Luego entramos en un tramo más relajado en el que uno de los violines subraya con un suave pizzicato la lenta melodía del otro. De ahí al final volvemos a escuchar un animado diálogo entre los dos instrumentos que gana en dinamismo poco a poco terminando de la misma forma que empezó. El segundo movimiento, mucho más breve, es más atmosférico, casi una transición, con un tono lleno de tensión dramática. La pieza se cierra con un movimiento que recuerda al primero por su actividad aunque es mucho más breve que aquel.



“String Quartet No.3, Op.67 (...Songs are Sung)” - Es este un extenso cuarteto dividido en cinco movimientos que Gorecki tardó una década en dar por terminado. La obra parecía estar acabada en 1995, aún en medio del maremoto causado por su tercera sinfonía y parece ser que eso tuvo mucho que ver en el retraso. La presión mediática, las expectativas por cualquier nueva obra del músico polaco y la falta de tiempo para la composición debida a la fama repentina hicieron que la versión terminada del cuarteto no se estrenase hasta 2005, por parte del Kronos Quartet, los grandes descubridores del músico para el público occidental. El cuarteto está dividido en cinco movimientos y ya desde el comienzo contrasta mucho con la sonata que escuchamos anteriormente. Escuchamos ahora largas exposiciones temáticas, lentas y pesarosas en un tono reflexivo que entronca con obras anteriores de Gorecki como su “Beatus Vir” o la tercera sinfonía. La tensión, sin embargo, va subiendo a lo largo de todo el movimiento llegando a un fuerte clímax en la parte final. El segundo movimiento es dramático de ese modo que resultará familiar a los conocedores de la obra del compositor polaco y termina con una melodía que recuerda a un himno religioso y el tercero, el más breve, es un ostinato veloz y hechizante de carácter obsesivo. Es uno de los momentos más interesantes del disco que apenas nos da una breve tregua muy cinematográfica en su parte central. Precisamente ese corto interludio es desarrollado con amplitud en el siguiente movimiento del cuarteto, lento y profundo a la manera de Gorecki y combinado con instantes más desafiantes en alguna ocasión. El cierre es magnífico. Un largo movimiento que comienza en con un tono lúgubre y que tras varias repeticiones comienza a crecer pacientemente recordandonos algunas de las mejores obras del polaco. Es una última parte sorprendente por el sostenido tono bajo y la fuerza emotiva de toda la composición.



Pese a la popularidad de la que llegó a gozar en su día, aún quedan muchas obras de Henryk Gorecki que no han sido publicadas en disco y el ritmo de aparición de grabaciones con su música no tiene nada que ver con el de otros contemporáneos suyos como Arvo Pärt. Es por ello que cuando vayan apareciendo nuevos discos con la calidad de éste van a tener siempre un hueco aquí. Esperemos no tardar en volver sobre la obra del compositor polaco porque será señal de que sigue interesando a las discográficas y de que no caerá en el olvido en el futuro.

martes, 14 de mayo de 2019

Henryk Gorecki - Complete String Quartets · 1 (2018)



Aunque está costando mucho, la obra de Henryk Gorecki va apareciendo poco a poco en diferentes grabaciones al margen de su archiconocida tercera sinfonía. El suyo ha sido un caso típico en el que una obra eclipsa casi por completo al resto de su producción. Sin embargo quizá haya algo diferente respecto a otros artistas que se encontraron en una situación similar y es que las ventas millonarias de la grabación de Dawn Upshaw de su celebérrima sinfonía se produjeron varios lustros después de que ésta fuera escrita. Teniendo eso en cuenta, no deberíamos hablar de una obra que concentró toda la atención sobre ella contribuyendo al olvido del resto sino del tardío reconocimiento de una pieza que hizo que parte de los focos se posaran sobre un compositor polaco no demasiado conocido. Lo cierto es que, lejos de suponer una rápida popularización del resto del repertorio de Gorecki, lo que sucedió tras la irrupción de su tercera sinfonía fue que proliferaron nuevas grabaciones de la misma. A día de hoy, muy pocas obras del músico de Silesia han sido grabadas por los grandes sellos. Apenas un puñado de composiciones corales, alguna obra sinfónica y un par de conciertos junto con piezas para piano han dado el salto y son hoy más o menos fáciles de encontrar por parte del melómano interesado.

Es interesante comprobar cómo fueron los cuartetos de cuerda y no la tercera sinfonía, las primeras obras de Gorecki que llamaron la atención en occidente y por ello sorprende bastante el hecho de que hayan recibido tan poca atención desde que el Kronos Quartet decidiera encargarselos hace más de treinta años. Afortunadamente parece que esta situación comienza a revertirse con la publicación reciente del que parece ser el primer volumen de varios que el sello Naxos le va a dedicar a los cuartetos de cuerda de Henryk Gorecki. En principio la integral no debería ser muy extensa puesto que el músico polaco sólo publicó tres obras para este formato pero dado que en el primer volumen se incluye también un trío de cuerdas, es posible que se aproveche la ocasión para incluir otras piezas de un repertorio camerístico que cuenta con un concierto para trío y cinco solistas, adaptaciones para cuerdas de alguna de sus obras sinfónicas e incluso un cuarteto inédito sin numerar.

En la grabación que nos ocupa, los integrantes del Tippett Quartet nos ofrecen los dos primeros cuartetos del músico acompañados de un trío que formaba parte de una obra mayor: “Genesis”. El Tippett Quartet está integrado por John Mills y Jeremy Isaac (violines), Lydia Lowndes-Northcott (viola) y Bozidar Vukotic (violonchelo).




“String Quartet No.1, Op.62 (Already It Is Dusk)” - Como indicamos antes, los tres cuartetos de cuerda escritos por Gorecki fueron un encargo del Kronos Quartet. El primero de ellos, en un sólo movimiento, es el que abre el disco y fue estrenado en 1988. El comienzo es enérgico, con toda la fuerza de las primeras obras orquestales del músico como su segunda sinfonía pero esa fuerza se transforma enseguida en un remanso de paz durante los siguientes minutos con una música meditativa más próxima a las obras más conocidas de su autor. Una nueva secuencia en la que se repite todo este patrón inicial nos conduce al segmento central. En él escuchamos una secuencia furiosa, casi disonante, que nos recuerda mucho los momentos más cortantes de la citada segunda sinfonía para terminar en un brusco silencio. A partir de ahí vuelve a desatarse un aparente caos lleno de ritmo que en cierta forma remite al Stravinsky más furioso. Se abre paso entonces una rabiosa melodía repetitiva que nos lleva hasta la sección final que vuelve a recuperar el tono pausado de algunos tramos de la primera parte de la obra.




“Genesis I: Elementi, Op.19, No.1” - En 1962, Gorecki escribió un extenso tríptico con orquestaciones muy diferentes para cada una de sus partes. La primera, que es la que escuchamos aquí, es para trío de cuerdas (prescindimos en su interpretación del violinista Jeremy Isaac). Las otras dos quedan fuera del disco puesto que su instrumentación poco tiene que ver con el cuarteto de cuerda al ser una de ellas para orquesta de cámara y la otra para soprano, contrabajo y percusión. “Elementi” es una pieza desconcertante y muy radical que comienza con un verdadero caos sonoro en el que los tres instrumentistas parecen haber enloquecido y apenas cambia esa tónica en todo su desarrollo. Una obra extraña con la fuerza de un compositor joven que aún busca su sitio.

“String Quartet No.2, Op.64 (Quasi Una Fantasia)” - El segundo cuarteto de Gorecki, a diferencia del anterior, esta dividido en movimientos. El primero es verdaderamente interesante, con un ritmo cadencioso marcado por el violonchelo sobre el que la viola desgrana una serie de notas en un tono oscuro. La misma idea se repite en un crescendo muy atractivo que sólo cambia, tras una breve pausa, en el tramo final del movimiento. El segundo es mucho más dinámico con una tensión muy cercana a la de la célebre escena de la ducha de “Psicosis” con banda sonora de Bernard Herrmann aunque introduciendo un elemento melódico muy acertado unos instantes después. El tercer movimiento es nuestro favorito, con un inicio tranquilo que desemboca en una melodía violenta que intuimos puede estar basada en un tema tradicional para cerrar con una vuelta a la pausa del inicio. Cerrando la obra escuchamos un último movimiento que siempre nos sonó muy “nymanesco” aunque no somos capaces de determinar qué músico influyó a quién. En cualquier caso es un cierre más que interesante en el que se juntan los ritmos más intensos con una larga coda final muy cercana a los clásicos movimientos lentos de su autor.




Tenemos la sensación de que la obra de Gorecki, ninguneada durante mucho tiempo por la crítica e incluso atacada en los días del éxito mundial de su tercera sinfonía (alguien llegó a calificarla de “afortunado mamotreto”), está viviendo ahora un momento interesante en el que aparecen con cierta regularidad nuevas grabaciones de su obra. Ojalá esto no se quede en una impresión y termine confirmándose haciendo así accesibles un buen número de composiciones que no han visto la luz en formato discográfico aún. Si este es un primer paso en esa dirección, los aficionados estamos de enhorabuena.


 

domingo, 23 de octubre de 2016

Henryk Gorecki - Symphony No.3 (Philips, 1994)



El caso de Henryk Gorecky es verdaderamente ejemplar en muchos aspectos. Nacido en Silesia en durante los años más convulsos del siglo XX europeo, se dedicó a la música desde joven de un modo más bien modesto. Nunca tuvo un gran apoyo familiar aunque sus dos padres eran músicos aficionados y su debil salud general, agravada por una lesión de hombro mal curada hizo imposible que pudiera dedicarse a ella profesionalmente dentro del campo de la intepretación. En el hogar paterno había un piano que nunca pudo tocar puesto que su madrastra siempre se opuso a que el instrumento sonase en la casa (perteneció a la madre biológica del músico, fallecida cuando este contaba apenas dos años). Con 10 años pudo tomar clases particulares de violín en lo que fue su único contacto con un instrumento.

Una vez iniciada su carrera como compositor, obtuvo éxitos modestos con escasa repercusión fuera de su Polonia natal, aún cuando llegó a obtener algún galardón internacional. No fue hasta finales de los años ochenta que su obra empezó a llamar la atención internacionalmente, especialmente desde que el Kronos Quartet grabó uno de sus cuartetos para el sello Nonesuch (la caída del Muro de Berlín y el interés occidental por los compositores del otro lado pudo tener también algo que ver). Por eso fue inesperado su repentino éxito de la mano de una grabación de su tercera sinfonía que apareció en el mismo sello en 1992. Con él, la soprano Dawn Upshaw y la London Sinfonietta dirigida por David Zinman consiguieron impactar a los oyentes de todo el mundo. De repente, en las listas de ventas del Reino Unido y los Estados Unidos  aparecía una grabación de un compositor polaco desconocido que, para más inri, recogía una obra compuesta y estrenada 16 años antes. Hubo intentos anteriores de dar a conocer la sinfonía: el director de orquesta David Atherton dirigó en 1987 el estreno en Gran Bretaña de la obra y la interpretó en varias ocasiones sin demasiada repercusión. Creemos recordar que, entre las explicaciones que se dieron en la época para justificar el impacto de una obra de estas características, se apuntó que algunos fragmentos de la sinfonía fueron utilizados como banda sonora de un documental sobre el Holocausto emitido en la BBC o en alguna otra televisión de similar repercusión pero, por más que hemos intentado contrastar ese dato, no nos ha sido posible verificarlo. Sí que recordamos un film así emitido en España por Canal+ en aquellos años (con intervenciones a modo de prólogo de todo tipo de artistas, incluyendo a Miguel Bosé, por ejemplo) pero no podemos asegurar que fuera el mismo.

Si esta teoría fuera válida, explicaría la asociación que siempre se hizo entre la tercera sinfonía de Gorecki y los campos de concentración nazis, algo que muchos aún vinculan erroneamente con el origen de la obra. El propio compositor tuvo que desmentirlo en muchas ocasiones ya que el verdadero tema de la sinfonía es la relación entre madres e hijos, especialmente en los momentos más trágicos. Cada uno de los tres movimientos incluye un texto cantado por la soprano. El primero es un texto polaco del siglo XV en el que se recoge el lamento de la Virgen María tras la crucifixión de Jesús, el segundo, unas frases grabadas por una prisionera en una celda de la Gestapo durante la 2ª Guerra Mundial y el tercero procede de una canción tradicional de Silesia en la que una madre se lamenta por la muerte de su hijo a manos de los alemanes en los levantamientos producidos en la región tras la 1ª Guerra Mundial.

La grabación de Nonesuch alcanzó las 700.000 copias vendidas en los dos años siguientes a su publicación. Incluso se editó un “single” que entró en las listas de “pop” del Reino Unido pero no es ese disco el que vamos a comentar. Como era de esperar, el triunfo de la sinfonía generó de inmediato nuevas grabaciones. El sello Erato reeditó de inmediato la suya de 1986 (única hasta aquel momento de la obra) mientras que un sello polaco publicó una propia de 1978 que no había visto la luz hasta entonces. También Naxos grabó y publicó su propia “tercera” el año siguiente, casi al mismo tiempo que la que hoy vamos a comentar: la grabación de la Orquesta Filarmónica Nacional de Varsovia dirigida por Kazimierz Kord con la soprano Joanna Kozlowska como solista. Quizá sea esta la versión de la obra que mejores críticas ha obtenido hasta el momento y también es la primera que adquirimos, razón por la que le tenemos un cariño especial.

Henryk Gorecki.


“Lento. Sostenuto tranquilo ma cantabile” - La obra comienza de un modo casi imperceptible, con los contrabajos y violonchelos ejecutando una melodía grave que se repite varias veces subiendo cada vez más en intensidad. El movimiento dura casi media hora y todo en él se desarrolla de forma calmada, tomándose todo el tiempo del mundo para desplegarse en su totalidad. Poco a poco los distintos grupos de cuerdas de la orquesta van sumándose formando un canon lleno de dramatismo e intensidad. Las variaciones son mínimas pero de la combinación de varios elementos muy simples, Gorecki consigue una pieza monumental. Cuando llegamos a la mitad del movimiento, unas notas de piano anuncian la entrada en escena de Joanna Kozlowska interpretando una melodía desagarradora con la que el tono de la pieza cambia radicalmente hacia una profunda oscuridad. Aparecen los metales para incidir en ese efecto acompañando a la soprano hasta que esta concluye su intervención y son los violines los que retoman la acción volviendo al tema inicial. Al contrario que ocurría entonces, ahora las distintas secciones trabajan juntas desde el principio replicando el canon que ocupaba la primera parte del movimiento y conforme transcurre el tiempo van apagándose hasta que se escuchan sólo las tesituras más graves.




“Lento e largo. Tranquilissimo – cantabilissimo – dolcissimo – legatissimo” - Las extensas anotaciones temporales que Gorecki gustaba de hacer a cada movimiento de sus obras describen a la perfección lo que vamos a escuchar en cada momento. La composición se abre con una serie de tres notas repetidas varias veces que nos preparan para la intervención de la soprano. La canción es lúgubre en un principio como corresponde con el texto en el que una prisionera escribe a su madre en la pared de su celda una petición para que no sufra por ella. Fue este el fragmento habitualmente escogido por las radios para su emisión y ello obedece, al margen de a su duración (es el más breve de la sinfonía aunque roza los 10 minutos), a la intensidad de la parte vocal, dolorosa como pocas pero con una serenidad subyacente que consigue emocionar aún más si cabe.

“Lento. Cantabile semplice” - Un comienzo repetitivo pero mucho más veloz que los de los movimientos anteriores nos recibe en este que no pierde ni un ápice de intensidad y drama frente a aquellos. La voz de Kozlowska, acompañada de las flautas, casi al unísono, declama el texto con brillantez durante el primer segmento de la pieza. Después de este, las cuerdas cambian de cadencia mostrándonos un lado algo más luminoso que realza las frases más brillantes de la soprano. Pese a ser una obra de un contenido profundamente dramático, existe en toda ella un trasfondo de esperanza, una rara iluminación que, a veces, aparece en piezas de esta temática (pensamos en el Réquiem de Gabriel Faure, por ejemplo). De hecho, encontramos en este tercer movimiento, momentos de una belleza extraordinaria que desmienten muchos tópicos acerca de Gorecki.


En lo musical, esta tercera sinfonía no es, precisamente, una obra demasiado representativa del estilo del autor. Sus obras anteriores están enmarcadas en las tendencias de la época: atonalidad, disonancias, etc. Muchas de ellas son inténsamente rítmicas, lo que contrasta enormemente con ésta obra. Comoquiera que el éxito le llegó a su autor muchos años después, su obra posterior no estuvo “contaminada” por el mismo siguiendo una evolución muy diferente. Apenas en un par de obras suyas encontramos puntos en común con la “sinfonía de canciones tristes”, que era el subtítulo de esta “tercera”. Es por ello que los intentos de formar una especie de grupo generacional junto con John Tavener y Arvo Pärt por parte de cierta parte de la crítica no terminan de funcionar con Gorecki ya que su estilo no es encasillable en unos parámetros concretos, al igual que no cuajó su adscripción inicial a “los cuatro grandes”, calificativo adoptado por algunos expertos para hablar de Lutoslawski, Penderecki, Panufnik y el propio Gorecki. Recordamos algún texto promocional de la época en que la sinfonía alcanzó su mayor difusión en el que definían la obra como “un cruce entre Enya y Johann Sebastian Bach”, tal era la desorientación de la crítica ante esta monumental pieza que llegó a recibir calificativos como “mamotreto afortunado”.

En nuestra opinión, la tercera sinfonía de Gorecki sirvió para dar a conocer a un autor muy interesante pese a no tener una obra demasiado extensa. Su éxito, al margen del componente de azar o suerte que pudo tener, no fue inmerecido en absoluto porque es una obra a tener muy en cuenta. Sencilla pero intensa, repetitiva pero compleja a la vez, sigue siendo tantos años después una composición sobre la que volver una y otra vez. Si aún no la conocéis, este puede ser un buen momento para sumergiros en ella.

Os dejamos con un vídeo en el que Gorecki habla de su sinfonía:

 

domingo, 13 de septiembre de 2015

Mahan Esfahani - Time Present and Time Past (2015)



Hemos hablado en alguna ocasión de la “resurrección” que está experimentando el clavicémbalo en las últimas décadas en las que cada vez más compositores recurren a este instrumento a la hora de componer nuevas obras. Este resurgimiento no se refiere sólo a las composiciones sin también a los intérpretes. Así, en los últimos años nos encontramos con que instituciones del calibre de la Royal Philharmonic Society o la prestigiosa revista Gramophone han otorgado sus premios al mejor instrumentista del año a un intérprete de clavicémbalo por primera vez en su historia.

Algo más singular es, si cabe, que ese reconocimiento haya recaído en ambos casos sobre la misma persona: el intérprete de origen iraní Mahan Esfahani. Apenas sobrepasada la treintena, su carrera es ya más que notable. Comenzó a estudiar piano pero pronto se inclinó por el particular sonido del clave formandose en las mejores instituciones, incluyendo la Universidad de Stanford. En los últimos años ha elevado su instrumento a cotas inalcanzadas llegando incluso a ofrecer en 2011 el primer recital de clave en la historia de los populares “Proms” desde su primera edición en 1895.

El último hito de su carrera tiene que ver con el disco que hoy comentamos, el primer recital para clave que publica el sello Deutsche Grammophon (a través del sub-sello Archiv) en tres décadas. En su afán por revitalizar su instrumento, Esfahani ya combinó en su primera grabación publicada músicas separadas por varios siglos como eran las de William Byrd y Ligeti. Ahora profundiza en esa dualidad con “Time Present and Time Past”, su trabajo más reciente que junta música del barroco y contemporánea en un disco de gran atractivo. Aunque buena parte del disco son piezas para clave en solitario, hay otras en las que Esfahani se acompaña de los miembros del Concerto Köln.

Mahan Esfahani.


ALESSANDRO SCARLATTI
“Variations on “La Follia” - Comienza el disco con las variaciones escritas por Scarlatti sobre uno de los temas más antiguos que se conservan en la tradición europea, melodía que será recurrente en el disco y utilizada por Esfahani, en sus propias palabras, como “una constante alrededor de la cual organizar todo el programa del disco de forma que cualquier oyente aprecie las relaciones entre los mundos musicales que en el él se recogen. La interpretación del teclista iraní es irreprochable.



HENRYK GORECKI
“Harpsichord Concerto” - Hace un tiempo hablamos aquí de esta obra en su adaptación para piano. Le llega, por tanto, el turno a su versión original para clave. En aquella ocasión nos decantamos a favor del piano en el hipotético duelo entre instrumentos pero tenemos que admitir que hay algo de sombrío, de tenebroso incluso, en el sonido del clave que el piano no es capaz de reproducir como lo hace aquí Esfahani con la ayuda del Concerto Köln, especialmente presentes en el segundo movimiento del concierto. La obra es una de nuestras favoritas de Gorecki a pesar (o quizá por ello) de que se aleja mucho de sus trabajos más conocidos como su “Sinfonia No.3”.

CARL PHILIPP EMANUEL BACH
“12 Variations on Les Folies d'Espagne” - Volviendo a “La Follia”, escuchamos aquí las variaciones escritas por uno de los hijos de Johann Sebastian Bach, considerado uno de los más grandes maestros del clave de su época. Las variaciones, para clave solo, son de una gran belleza y ofrecen una oportunidad perfecta a Esfahani para explotar sus cualidades.



FRANCESCO GEMINIANI
“Concerto Grosso in D minor” - Corelli también se aproximó a la melodía que actúa de eje en todo el disco en su “Opus 5”, raiz del “Concerto Grosso en re menor” de Geminiani que llega a continuación. La versión del Concerto Köln es absolutamente fantástica y sigue la linea más reciente de las interpretaciones del barroco con una aspiración historicista que huye de las más edulcoradas que abundaron en las décadas anteriores.

STEVE REICH
“Piano Phase” - La idea del disco le llegó a Esfahani mientras estudiaba ciertas piezas de música minimalista, género en el que no se había interesado demasiado y que tenía conceptualizado como “fácil”. En cuanto empezó a profundizar en él fue reparando en las complejidades que encerraba y en la cercanía de muchos de su códigos a los de la música barroca. El enfoque de su adaptación al clave de “Piano Phase” de Reich no difiere del original de la obra, es decir, el intérprete grabó las dos lineas musicales que luego se irán separando repetición tras repetición creando el clásico efecto en el oyente de las “fases” de Reich, magnificado, si cabe, por la claridad y limpieza del sonido del clave. El propio Reich afirma que “Mahan Esfahani ha realizado una grbación brillante. Su atención al detalle convierte la música en algo luminoso. Estoy extremadamente impresionado y emocionado por su interpretación”.



JOHANN SEBASTIAN BACH
“Harpsichord Concerto in D minor BWV 1052” - Como cierre, el intérprete escoge un concierto para clave de J.S.Bach, este sin relación con “la follia”. Forma parte de una serie de obras de su autor de las que sólo se ha conservado la versión para clave, existiendo indicios de que, realmente, eran adaptaciones de conciertos hoy perdidos escritos originalmente para otros instrumentos.


No es la primera vez que traemos al blog discos en los que intérpretes clásicos combinan obras de periodos antiguos (barrocas en su mayor parte) con composiciones de músicos contemporáneos en un intento de mostrar que las similitudes entre ambos universos son mayores de lo que habitualmente se piensa. En esta ocasión, el resultado nos parece fantástico y puede contribuir, además, a vencer un cierto reparo que instrumentos como el clave, en desuso durante mucho tiempo, pueden suscitar en determinados oyentes.

miércoles, 30 de enero de 2013

Henryk Gorecki - Miserere (2012)



El siglo XX fue, sin duda, una de las épocas más trágicas de la historia de la humanidad y sus años centrales estuvieron cuajados de guerras en las que el número de víctimas mortales fue infinitamente superior a épocas anteriores. Esto es algo que se reflejó de forma sobresaliente en el arte y muy especialmente en la música. Quizá sea cierto que los artistas son seres de una sensibilidad mucho más afinada que el resto y dentro de ese colectivo, creemos que los músicos destacarían aún más que los practicantes de otras actividades. Ciertamente, la música compuesta en el pasado siglo refleja como ninguna otra actividad el dramatismo de aquellos años, el sufrimiento y la desesperación que recorrieron la vieja Europa durante décadas. Si repasamos las obras de los compositores más notables de ese periodo, encontraremos muy pocas piezas alegres, muy poca esperanza y una gran oscuridad. Por el contrario, son muchas las composiciones marcadas por la tragedia que, en muchos casos, los músicos vivieron en sus propias carnes.

En el caso del polaco Henryk Gorecki, no son pocas las obras sobre las que planea la sombra del horror con el que el músico se tuvo que enfrentar en buena parte de su vida. Aunque por edad, lo peor de la Segunda Guerra Mundial transcurrió en su primera infancia y no pudo ser consciente de lo que sucedía a su alrededor, sí tuvo que enfrentarse al fallecimiento de su madre pianista cuando apenas contaba dos años y a la prohibición de acercarse al piano que dejó por una extraña superstición de la nueva esposa de su padre quien no quería que el instrumento sonase en la casa. De profundas creencias católicas, pudo vivir la represión que sufrían sus correligionarios en la Polonia comunista lo que le acarreó varios problemas en su vida académica, especialmente en su etapa como docente. Como veremos, esa doble faceta religiosa y política tiene un amplio reflejo en la obra central del disco que hoy tratamos.

La grabación nos permite escuchar a una de las más vigorosas formaciones corales que operan en la actualidad. Los Angeles Master Chorale fue fundada en 1964 por Robert Wagner y su actividad se centra en los conciertos que habitualmente celebra en el Walt Disney Concert Hall. En sus inicios, se centraban en un repertorio más bien clásico (Mahler, Verdi, etc.) pero conforme pasaron los años se han acercado a compositores contemporáneos, especialmente desde que tomó las riendas su actual director, Grant Gershon, en 2001. Con él a la batuta han publicado discos con música de Philip Glass, Steve Reich o Nico Muhly. A pesar de que una de las primeras obras que cantaron de la mano de Gershon fue, precisamente, el “Miserere” de Gorecki, no ha sido hasta el pasado año 2012 que se decidieron a grabar la pieza acompañada de otras dos composiciones más breves del autor polaco.


Los Angeles Master Chorale


Abriendo el disco, encontramos la más reciente y breve pieza del recital, titulada “Lobgesang, Op.76”. Escrita en el año 2000, combina dos elementos con los que Gorecki acostumbra a jugar: un envoltorio aparentemente religioso y un trasfondo que va más allá. El texto que se canta son unos breves versos, obra del propio músico, que rezan: “Alabado, alabado sea el Señor, eres grande, oh, Señor, Oh, Dios mío, tú que vives por toda la eternidad. Por la eternidad”. Sin embargo, detrás de la obra hay un encargo de una pieza para conmemorar el sexto centenario del nacimiento de Johannes Gutenberg. La composición es una poderosa pieza muy adecuada para un coro tan monumental como el que realiza la grabación. El estilo es muy cercano al de la “Pasión según San Juan” de Arvo Pärt con una melodía llena de fuerza e intensidad. Hacia el final de la composición, encontramos una sorpresa codificada por el compositor en forma de melodía interpretada por Theresa Dimond al glockenspiel (único elemento ajeno al coro presente en todo el disco). En ella, Gorecki esconde su homenaje al inventor alemán en forma de melodía oculta formada por la traslación a notación musical de las letras del apellido del bueno de Johannes. Todo es muy sutil y un oyente distraído ni siquiera reparará en la presencia del instrumento.

La segunda pieza del disco es el “Miserere, Op.44”, escrito en 1981. Poco después del nacimiento del sindicato “Solidaridad” en Polonia, surgieron pequeños movimientos gremiales que luchaban por sus derechos. Concretamente, en marzo de 1981, un grupo de granjeros decidieron unirse para crear una especie de alianza comercial al margen de los dictados de la autoridad central del país. El movimiento no fue legalizado por lo que se convocó una huelga en aquellas fechas. Los delegados de “Solidaridad” se reunieron con los representantes gubernamentales en la ciudad de Bydgoszcz. Ninguna de sus peticiones fue atendida y miembros de la policía estatal junto con grupos de paramilitares disolvieron violentamente las concentraciones. La brutalidad mostrada por estas fue tal que, ante las protestas del sindicato, los periódicos publicaron noticias sobre las cargas por primera vez desde que el régimen comunista dominaba el país. Gorecki, muy afectado por ese hecho, dedicó su partitura “a Bydgoszcz”. Esta dedicatoria no fue estéril ya que supuso que el estreno de la obra no se llevase a cabo en aquel momento sino varios años más tarde, en 1987. En aquella ocasión, la dedicatoria fue ampliada para incluir en ella al sacerdote Jerzy Popieluszko, crítico con las actuaciones del gobierno comunista y cuyo cadáver fue hallado en 1984 tras ser asesinado por las fuerzas de seguridad. El estreno del “Miserere” cerca de la ciudad natal de Popieluszko sirvió como doble homenaje al cura y a los sindicalistas represaliados en 1981. Musicalmente, la obra guarda muchas similitudes con la popular tercera sinfonía del autor, con una potente masa coral desplazándose muy lentamente a lo largo de la partitura, con distintas capas musicales que evolucionan sin sobresaltos repitiendo las primeras palabras del “adagio” latino: “Domine Deus noster” a lo largo de doce movimientos prácticamente indistinguibles entre sí aunque con una marcada línea ascendente desde los primeros instantes, en un profundo “pianissimo” explotando los registros más graves del coro que termina en un exultante penúltimo movimiento, con el coro al completo repitiendo obsesivamente la frase, cada vez más rápido antes de terminar de nuevo “pianissimo” con el cierre en el que aparecen por primera vez las últimas dos palabras del “adagio”: “Miserere nobis”, apiádate de nosotros, resaltadas y separadas de la primera parte de la expresión en lo que parece un ataque velado a la autoridad comunista de la época.

Cerrando el disco tenemos “Piesni Maryjne, Op.54”, una colección de cinco canciones populares polacas dedicadas a la Virgen María y adaptadas por Gorecki para coro en 1985. El compositor polaco siempre arrastró las consecuencias de una lesión mal curada en su hombro en su juventud. A causa de ello y de la infección que sufrió en la zona, sufría periódicos episodios dolorosos que le incapacitaban para tocar e impartir clases. Fue durante uno de esos periodos cuando comenzó a recopilar una buena cantidad de material popular y cuando realizó la adaptación de las canciones que más le gustaban. La primera, “Madre del Señor de los cielos” recuerda mucho al estilo de otro músico con el que siempre termina comparándose a Gorecki: el británico John Tavener. Hay dos líneas melódicas principales, una muy repetitiva a modo de bajo continuo formada por voces mixtas (y que tiene también algo del “tintinnabuli” de Arvo Pärt) y otra sólo con voces femeninas que es la que carga con la parte principal del texto. La segunda canción “La más sagrada Madre” es, probablemente la más popular de su autor en este formato tan reducido y la más larga, con mucho, de la colección. Tanto la temática mariana como el hecho de que sea una pieza estrictamente coral nos remite de forma inevitable, una vez más a Tavener. La tercera melodía lleva por título “Te saludamos, María”. Quizá sea la más diferente al resto de todas, con una melodía más alegre que las demás que nos recuerda lejanamente a alguna otra del compositor renacentista español Juan de Anchieta, por improbable que sea la conexión. La penúltima canción es “Qué triste es partir” y mantiene un cierto regusto de música antigua que refuerza la conexión de Gorecki con Pärt y Tavener. Cerrando el ciclo y también el disco llega “Cantaremos tus oraciones por siempre”, en una línea similar a las anteriores.

Es interesante comprobar como poco a poco van apareciendo nuevas grabaciones dedicadas a Henryk Gorecki. Teniendo en cuenta que es un compositor del que una parte importante de su obra no ha sido publicada jamás en formato discográfico, queremos creer que en los próximos años descubriremos mucha música destacada de la que no teníamos noticia. Mientras tanto, podéis haceros con este “Miserere” en los siguientes enlaces:





Os dejamos con otra versión del "Miserere" de Henryk Gorecki:

jueves, 6 de septiembre de 2012

Henryk Gorecki - Concerto-Cantata (2012)



Si hay un fenómeno de difícil explicación en las últimas décadas en lo que a música clásica se refiere, ese sería el éxito repentino de la 3ª sinfonía del músico polaco Henryk Gorecki, que se convirtió en un “hit” mundial en el año 1993 alcanzando los 700.000 ejemplares vendidos en muy poco tiempo. Y esto es sorprendente porque Gorecki era un absoluto desconocido para todo el mundo excepto para unos pocos entendidos. Sus obras nunca habían llamado la atención de la crítica y muchos de los comentarios sobre ellas no eran demasiado entusiastas. Para colmo, la ahora popular sinfonía se había compuesto 17 años antes de la grabación que la hizo famosa y nunca hasta 1993 había llamado la atención de nadie.

Tampoco sería justo quedarnos en la anécdota del éxito de la grabación y atribuirlo a la casualidad. Lo cierto es que unos años antes de la aparición del exitoso disco, el Kronos Quartet, formación de importancia capital en el impulso de la música contemporanea en toda la extensión del término, ya había encargado a Gorecki la composición de un cuarteto de cuerda que apareció publicado en el prestigioso sello Nonesuch junto con otra obra del autor interpretada por los solistas de la London Sinfonietta. Probablemente esta grabación fue el germen de la posterior de la 3ª sinfonía a cargo de la misma London Sinfonietta, ahora al completo y también para Nonesuch. A pesar de convertirse en una celebridad de la noche a la mañana, Gorecki no cambió en absoluto su forma de hacer las cosas. Siguió componiendo música con su ritmo pausado y sin tratar de repetir los esquemas de la 3ª sinfonía para aprovechar su éxito y, de hecho, muy pocas de las obras que escribió con posterioridad a 1993 han sido grabadas.

El compositor polaco ya había aparecido brevemente en el blog con una obra que apareció en un disco coral junto con piezas de Arvo Pärt, Alan Ridout y John Tavener pero nunca le habíamos dedicado una entrada completa. Creemos que el disco que hoy comentamos, publicado recientemente por Naxos, es una buena oportunidad para acercarnos a la obra de Gorecki sin tocar, por ahora, su 3ª sinfonía.



La grabación que nos ocupa reune cuatro obras muy diferentes entre sí y cada una de ellas con un atractivo muy particular. La primera de ellas es, con toda probabilidad la pieza más grabada del músico al margen de la tantas veces citada 3ª sinfonía y es su “Pequeño réquiem por una polka”, estrenada en 1993, en los meses previos al impacto mundial de la comentada grabación del músico. El réquiem está dividido en cuatro movimientos comenzando con el más extenso de ellos, un “Tranquillo” que se inicia con una escueta introducción de piano, muy lenta y pausada que nos recuerda a piezas como “Alina” de Arvo Pärt. De modo tenue, las notas de piano se alternan con campanas y suavemente hace acto de presencia el violín que entabla un breve diálogo con el propio piano. Gradualmente la pieza gana en intensidad hasta que irrumpen las campanas, ahora sí con gran fuerza, y arrastran en su ímpetu al propio violín que eleva su tono de forma vigorosa. Tras el breve sobresalto, todo vuelve a la normalidad para cerrar el movimiento del mismo modo en que se abrió minutos atrás. Durante toda la escena, la orquesta ha estado presente de forma casi testimonial pero eso cambiará radicalmente con el segundo movimiento, anotado como “Allegro impetuoso – marcatissimo”. Los metales irrumpen con gran energía y determinación con frases contundentes y repetitivas que son subrayadas por el piano con una serie de “staccatti” realmente poderosos. El ritmo y la energía remiten a Stravinsky o Shostakovich. Los últimos instantes del movimiento vuelven a la calma con una diálogo entre el clarinete y la trompa con el piano como testigo. El tercer movimiento, “Allegro – deciso assai” es el que nos enseña la única referencia a la polka del título en sus primeros compases liderados por un piano desenfrenado al que se une la orquesta en pleno en una especie de cacofonía llena de disonancias y que se extingue tan súbitamente como llegó para dar paso al movimiento final, “adagio cantabile”. La parte final del réquiem es la más nos puede recordar a otras obras del compositor como su 3ª sinfonía o su “Beatus Vir” por el protagonismo casi absoluto de las cuerdas en un prolongado lamento con las campanas y el piano resaltando el aire fúnebre que todo réquiem debería mostrar en algún momento.

La segunda obra recogida en la grabación es un estreno mundial, al menos en cuanto a su publicación en disco. Se trata del “Concerto-Cantata, Op.65” compuesto por el músico en 1992 y que nunca antes había sido grabado. Como la obra precedente, también está dividida en cuatro movimientos. El primero, “Recitativo: Lento (quasi molto lento)” es casi una pieza para flauta exclusivamente en la que el músico explora el registro más grave del instrumento en una composición lúgubre y estática con apenas variaciones melódicas. Sólo en los instantes finales aparece la orquesta para sobresaltarnos con la repetición al unísono de una serie de tres notas. Sin solución de continuidad entramos en el “Arioso: lento assai tranquillissimo – cantabile – dolce” (apreciareis ya el gusto de Gorecki por las indicaciones extensas a la hora de interpretar su música). En cualquier caso, el movimiento es una perfecta continuación del anterior aunque ahora es la orquesta la que se mueve pausadamente y la flauta la que acepta su papel solista encargandose del grueso de la melodía. El tercer movimiento, “Concertino: allegro” es el más interesante del concierto. La flauta sale de su letargo y comienza a dibujar arabescos de cierto aire minimalista. La orquesta, mientras tanto, como herida en su orgullo, responde con una energía y un ritmo notables que nos hacen pensar en alguna conocida obra de Khachaturian. Desde ahí hasta el final, la flauta y la orquesta entablan un animado diálogo lleno de dinamismo y alegría, algo extraño para proceder de Gorecki. Completa el concierto el último movimiento “Arioso e corale: lento – tranquillo cantabile – dolce” que recupera el tema principal del segundo movimiento desarrollandolo plácidamente hasta el final.

A continuación podemos escuchar otra obra de gran interés: el “Concierto para clave y orquesta, Op.40” escrito por Gorecki en 1980. El gran atractivo de la grabación es que la que en ella se recoge es la adaptación de la obra para piano y orquesta. Lo cierto es que, habiendo escuchado ambas instrumentaciones, nos quedamos con la de piano por lo que gana en cuanto a claridad y limpieza, especialmente dada la frenética velocidad a la que se desarrollan ambos movimientos de la pieza, “Allegro molto” y “Vivace marcatissimo” que apenas dejan apreciar la complejidad de la partitura en su versión cl clave. El primer movimiento entra como un tiro con toda la orquesta lanzada a una enérgica demostración de fuerza secundando al piano y no baja ni un ápice su intensidad durante toda su extensión. El segundo, igualmente desatado, nos permite intuir, en cambio, algunas referencias melódicas seguramente enraizadas en el folclore de la Silesia natal del músico. La versión que dejamos a continuacion corresponde a otra grabación, igualmente con piano.



Como cierre del disco tenemos las “Tres danzas, Op.34” fechadas en 1973. La primera de ellas combina un espíritu folclórico imposible de ocultar con una fuerza rítmica que inmediatamente nos remite a Stravinsky. No siempre es sencillo conducir a una orquesta sinfónica por estos derroteros sin caer en el caos más absoluto pero Gorecki lo logra en esta ocasión. La segunda danza es una de las más sorprendentes por cuanto su desarrollo pausado y la forma de moverse de la melodía formando una especie de efecto ondulatorio nos remite a obras posteriores de compositores de los que hemos hablado aquí como Steve Reich o John Adams. La tercera de las danzas vuelve a los registros más rítmicos, marcados por una alegre intervención inicial del fagot por encima de las cuerdas que siguen una cadencia continua muy viva. Tras el fagot, es el clarinete el que repite la misma melodía para ceder el testigo al oboe primero y más tarde a la flauta. Tras esa secuencia, es la orquesta al completo la que repite el mismo tema. El aire levemente orientalizante de la melodía nos recuerda a alguna obra muy popular de Albert Ketelbey en muchos momentos.

La grabación publicada en los meses pasados por el sello Naxos, está realizada por la Orquesta Filarmónica de Varsovia bajo la batuta de Antoni Wit. El piano es uno de los atractivos del disco ya que está interpretado por Anna Gorecka, hija del propio compositor y que hace un gran papel en las dos piezas en las que interviene. Gorecka es una habitual intérprete del repertorio de su padre como cabía esperar y éste le ha dedicado varias obras. La solista de flauta en el “Concerto-Cantata” es la también polaca Carol Wincenc.

Seguramente ninguno de nosotros habríamos reparado en la presencia de Henryk Gorecki si no hubiera mediado el “boom” de ventas de su famosa sinfonía pero eso no quiere decir en absoluto que su música no sea interesante. Por el contrario, creemos que de su pluma han salido varias obras realmente notables de las que son un buen ejemplo las cuatro piezas recogidas en el disco que hoy os recomendamos. Durante su vida, la música fue lo más importante para él pero no siempre en la faceta compositiva ya que solía alternarla con su labor docente en el conservatorio. Se dice que siempre les decía a sus alumnos que intentasen pasar tres días sin ninguna relación con la música, sin pensar en música, sin escuchar música. Si eran capaces de hacerlo, entonces deberían escoger otra carrera. Esta pasión por el arte que a todos nos emociona tanto justifica sobradamente su presencia aquí. Gorecki falleció el 12 de noviembre de 2010 tras una prolongada enfermedad renal. Se fue sin hacer ruido, sin recibir homenajes grandilocuentes y, contrariamente a lo que suele ocurrir en estos casos, su fallecimiento no ha ido acompañado de un bombardeo de reediciones y nuevas grabaciones de su obra. Por esto mismo, recomendamos más vivamente aún esta grabación que podeis encontrar en los enlaces habituales:


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jueves, 22 de septiembre de 2011

Vasari Singers - Pärt Tavener Górecki (1996)


Existen combinaciones que, por algún motivo que se nos escapa, se suelen repetir en los discos de música "clásica". Es habitual, por ejemplo, encontrarse en el mismo CD el "Canon" de Pachelbel acompañado indefectiblemente por el "Adagio" de Albinoni o el "Requiem" de Gabriel Faure junto con la "Pavana para una infanta difunta" de Maurice Ravel.

Entre los autores contemporaneos hay un trío que es citado siempre conjuntamente alcanzando ya categoría de tópico (aquí mismo nos hemos acogido a ese lugar común sin complejos) y es el formado por Arvo Pärt, John Tavener y Henryk Górecki. A ellos tres está dedicado el disco de hoy, publicado en la colección "Red Line" de EMI Classics. Se trata de una colección de piezas corales de los tres autores citados a los que se añade una pieza de Alan Ridout, quien ni siquiera es incluído en la portada, imaginamos que por cuestiones del marketing que llega hasta sitios tan insospechados como la música religiosa.

El estonio Arvo Pärt, uno de los músicos habituales de La Voz de los Vientos, aparece representado con tres piezas, alguna de las cuales ya hemos oído por aquí anteriormente con alguna particularidad. "Summa", que abre el trabajo, lo hace en su versión original para coro y no para cuerdas como fue el caso de su presentación en el blog. Se trata de una intensa pieza coral que combina el texto del "credo" católico con un estilo compositivo de corte oriental. Junto con esta pieza tenemos "The Beatitudes", obra religiosa en la linea de su "Pasión", "Magnificat", etc. La última obra de Pärt en el disco son sus "Seven Magnificat Antiphons" de las que ya hablamos tiempo atrás.

John Tavener nos deja varias piezas que también hemos oído en un disco anterior: "The Lamb", "Funeral Ikos", "Two Hymns to the Mother of God", "Magnificat" y "Nunc Dimittis". Paliaremos esta ausencia de nuevas composiciones en próximas entradas del blog en las que Tavener tendrá un merecido protagonismo ya que, no en vano, es uno de los artistas que mejor acogida han tenido desde que empezamos nuestra andadura meses atrás.

Alan Ridout fue un compositor británico muy prolífico cuya obra, al igual que la de sus contemporaneos incluídos en esta grabación, está imbuída de un profundo espíritu religioso. "Litany", la pieza que aporta a la colección, fue compuesta en 1985 en un hospital mientras el músico se reponía de un ataque al corazón.

Por último, el polaco Henryk Górecki, extremadamente popular en los años noventa a raiz de una grabación de su tercera sinfonía que entró en las listas de ventas de todo el mundo, compitiendo incluso con grabaciones no clásicas, nos deja su "Totus Tuus", composición de 1987 escrita para una misa celebrada por el Papa Juan Pablo II en Varsovia.

Las interpretaciones corren por cuenta del coro Vasari Singers bajo la dirección de Jeremy Backhouse. Se trata de una agrupación británica fundada en 1980 que toma su nombre del artista del Renacimiento, Giorgio Vasari. Su repertorio es una mezcla de autores ingleses y otros contemporaneos de corte religioso. Como siempre, dejamos un par de enlaces para su compra:

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Os dejamos con el "Totus Tuus" de Gorecki en una versión distinta a la del disco: