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miércoles, 25 de febrero de 2015

Jeffrey Zeigler - Something of Life (2014)



Aunque se trata de una formación que ha gozado de una gran estabilidad a lo largo de los años (durante más de veinte, sus cuatro integrantes no variaron), el puesto de violonchelista en el Kronos Quartet ha sufrido varios cambios en épocas recientes. Esa circunstancia, lejos de hablar mal de quienes han ocupado esa plaza, dice mucho de su categoría ya que, al fin y al cabo, es el único de los instrumentos que se ha sometido al teórico “examen de entrada” en la que es una de las grandes instituciones de la música contemporánea. El último en dejar vacante su plaza fue el californiano Jeffrey Zeigler. Tras formar parte del Corigliano Quartet, el músico se trasladó a Nueva York en busca de nuevos proyectos, principalmente en solitario. Allí se hizo un hueco en la escena más vanguardista en la que conoció a la que hoy es su esposa, una de las compositoras cuya música aparece en el disco que hoy tratamos. Poco antes de iniciar unas vacaciones en México ante la falta de compromisos a corto plazo, recibió una llamada de la productora Judy Sherman, una de las grandes figuras del mundo de la grabación “clásica” de los últimos años. Zeigler le dijo que iba a irse unos días de viaje y la cosa pareció quedarse ahí pero esa misma semana el violonchelista recibió la llamada de David Harrington, fundador y primer violín del Kronos Quartet. El tipo de llamada a la que ningún músico puede decir que no.

Zeigler sustituyó a Jennifer Culp en 2005 y ha formado parte del cuarteto hasta junio de 2013, fecha en la que decidió buscar nuevos horizontes lo que provocó en sus propias palabras que la mitad de sus amigos le dijeran que era muy valiente y la otra mitad que estaba loco. Entre sus primeros proyectos se encuentra el disco que hoy comentamos, con una selección de obras muy diferentes de compositores contemporáneos. Una delicia que merece la pena explorar y que cuenta, además, con importantes alicientes como iremos viendo.

Imagen reciente de Zeigler.


“Glaub” - La primera pieza del disco es obra del mejicano Felipe Pérez Santiago, quien acompaña a Zeigler a la guitarra eléctrica. Comienza con una serie de sonidos electrónicos, o eso creemos, ya que podrían proceder de las cuerdas de violonchelo en su parte más aguda. Un pulso sintético aparece de forma periódica a modo de metrónomo mientras los efectos sonoros van ganando espacio. La segunda parte de la pieza muestra a Zeigler en una tormentosa interpretación de algo parecido al caos con la perfecta réplica del compositor con una serie de intervenciones distorsionadas. Puro experimentalismo. Los ritmos electrónicos comienzan a mostrarse con más intensidad hasta llegar a la parte final en la que Zeigler, doblando su instrumento, ejecuta una serie de melodías mucho más pausadas mientras se suman capas y capas de electroacústica. Es posible que en el futuro volvamos a hablar de Felipe Pérez Santiago ya que es un compositor muy interesante.

“Listen, Quiet” - Continúa el trabajo con una obra de Paula Prestini, esposa de Zeigler. El percusionista Jason Treuting, del grupo So Percussion y una serie de cintas con sonidos pregrabados son los particulares cómplices del violonchelista en esta ocasión. Comienza con una serie de ritmos de marimba y glockenspiel a los que se suman la batería y diversas grabaciones de voces de todo tipo. Tarda en aparecer Zeigler pero cuando lo hace es para reclamar toda la atención. La partitura guarda ciertas similitudes con la de la pieza anterior puesto que combina tramos reposados con otros vibrantes y llenos de tensión. Aunque las intervenciones de Treuting son notables, los ritmos grabados que aparecen en la pieza terminan por resultar algo tediosos. Afortunadamente, mediada la composición, asistimos a un cambio de estilo en el que los violonchelos ocupan el primer plano y escuchamos alguna de las mejores melodías de la obra.

“Babel” - Llega el turno de la pieza más breve del disco, encargo del compositor a John Zorn, lo cual son palabras mayores. El compositor ofrece una partitura frenética que en muchos momentos hace temer por la integridad del violonchelo de Zeigler durante la interpretación. No hay concesiones. En las notas del disco sobre este tema aparece simplemente una cita del mítico piloto de monoplazas Mario Andretti: “si todo parece estar bajo control, es que no vas lo suficientemente rápido”. Difícil ser más descriptivo.



“Orbit” - La presentación de una obra nueva de Philip Glass siempre es de agradecer y más cuando es una pieza para violonchelo, instrumento para el que el compositor parece guardarse sus mejores composiciones en los últimos años. Podemos afirmar que estamos ante una de las obras maestras de su autor en lo que se refiere a su producción más “clásica”. Un bellísimo solo de violonchelo con tintes barrocos que hizo plantearse a Zeigler el retorno a J.S. Bach y sus suites para el instrumento. Una verdadera delicia para escuchar una y otra vez.



“Shadow Lines” - La joven compositora iraní Gity Razaz es la siguiente en aparecer y lo hace con presenta una composición con multitud de efectos electrónicos y grabaciones previas de violonchelo. Juega en la pieza con la idea de trasladar a la música el fenómeno de la diplopia, trastorno que provoca a quien lo padece una visión doble de los objetos. El uso de “delays” y ecos durante la propia interpretación busca provocar un efecto similar en el oyente. Al margen de su carga conceptual, es una composición muy interesante que exige a Zeigler lo mejor de sí mismo en muchos momentos.

“Something of Life” - Cerrando el disco tenemos esta extensa pieza del batería de Wilco, Glenn Kotche. Explica el autor que la idea de la pieza surgió en los largos paseos que solía dar durante las giras, en las horas muertas en los hoteles en ciudades y entornos desconocidos. En un momento determinado decidió grabar los sonidos ambientales de esas caminatas a modo de “documental sonoro” y de ahí surgió la inspiración para la obra. Efectivamente, los primeros sonidos a los que tiene que confrontarse el cello son los de una persona caminando. Pronto llega el primer cambio de ritmo que sugiere una estación de metro, con el sonido de la gente, los ambientes propios de ese entorno y un ritmo mecánico de la batería de Kotche fundiéndose con el de Zeigler. De vuelta a la superficie escuchamos el tráfico, las sirenas de la policía, los silbatos, un perro, una extensa cita de Beethoven... toda una sinfonía urbana sobre la que el violonchelo ahora pulsado, dibuja paisajes de gran vitalidad. Distintos ambientes y escenarios se suceden en una composición que, no en vano, da título al disco puesto que es un verdadero monumento musical y un gran homenaje urbano. Muy parecido a lo que podemos escuchar si salimos al centro de cualquier gran ciudad con la música de nuestros auriculares a un volumen bajo.


Si hay algo que Zeigler parece haberse llevado consigo de su etapa con el Kronos Quartet es el amor por el riesgo y la música de vanguardia. Este su primer disco en solitario corrobora esta afirmación y es un prometedor debut que nos hace esperar lo mejor de sus próximas propuestas ya que aúna buena parte de las características que adornan la obra de los artistas que habitualmente nutren este blog. Si estáis interesados en adquirir el disco, lo encontraréis en los siguientes enlaces:

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Os dejamos con el vídeo promocional del disco:

domingo, 22 de diciembre de 2013

Laurie Anderson - Homeland (2010)



Cualquier intento de describir a Laurie Anderson en una sola palabra se queda corto ya que sus actividades artísticas abarcan prácticamente todos los campos incluso contribuyendo a crear otros nuevos. Ignoramos su coeficiente intelectual pero hay motivos para sospechar que debe ser bastante elevado (creemos recordar haber leído en algún sitio que era de 149). Desde el principio destacó en todo lo que se propuso obteniendo las mejores calificaciones y graduándose en Historia del Arte con “magna cum laude” en el Barnard College. No hablamos de algo anecdótico. Se trata de una institución exclusivamente femenina que presume se ser más selectiva en su categoría a la hora de admitir nuevas alumnas.

Allí Laurie se dedicó a la escultura e hizo sus primeras “performances”, dibujó comics, ilustró libros infantiles y trabajó como crítico de arte en revistas como Artforum, que sigue publicándose hoy, más de 50 años después de su primer número. A finales de los sesenta y comienzos de los setenta se centró en la música aunque siempre integrada en otras formas de expresión (teatro, instalaciones, recitales de poesía etc). Se integró con facilidad en las vanguardias neoyorquinas tomando contacto con algunos de los exponentes más relevantes de todos los campos, desde John Giorno hasta Frank Zappa, pasando por Philip Glass, John Cage, William Burroughs o Timothy Leary.

Evidentemente, la faceta que más nos interesa aquí de Laurie es la musical, que es aquella por la que ha obtenido mayor fama a pesar de una mostrar una cierta desgana a la hora de grabar material que ha hecho que en los más de 35 años que han pasado desde el primer registro discográfico en el que apareció su nombre (la recopilación “New Music for Electronic and Recorded Media”) sólo haya publicado siete discos de estudio. En este terreno, la de Laurie Anderson es una voz única. No existe ningún artista similar y sus espectáculos mezclan el arte conceptual y elementos sacados de las más modernas instalaciones de los museos más vanguardistas hasta convertirse en verdaderas experiencias interactivas desde años en los que el término no se utilizaba con la asiduidad de hoy en día. Su música es ecléctica a más no poder, utilizando la electrónica más vanguardista mezclada con instrumentos tan dispares como las gaitas, por poner un ejemplo. Además, se trata de una innovadora en el campo de los instrumentos habiendo llegado a fabricar aparatos fascinantes como su popular violín en el que las cuerdas del arco son sustituidas por cinta magnetofónica.

En esta primera entrada que le dedicamos, vamos a comenzar por el final hablando de su último disco, no porque “Homeland” sea su mejor trabajo sino porque nos parece un disco completamente actual y con alguna canción que describe con una claridad meridiana el mundo de hoy en día. Es, además, un disco conceptual sobre los Estados Unidos que la propia artista describe en el libreto del CD:

“el disco ha sido escrito en la carretera. Buscaba la espontaneidad y la diversión de los espectáculos en directo ya que me encuentro muy sola haciendo discos en un estudio delante de los archivos del “Pro Tools”. Así, “Homeland” comenzó construyendo una serie de historias y canciones sobre América que evolucionaban continuamente, sin ninguna presión por concluirlas. Se trataba, sencillamente de salir de gira y tocar. He trabajado con músicos tan diferentes como cantantes de Tuva, músicos de jazz, artistas experimentales y orquestas sinfónicas y he llevado el espectáculo por sórdidos clubes de jazz y antiguos teatros griegos, se ha interpretado en español, italiano o francés de modo que el disco ha tenido muchas vidas antes de ser plasmado en CD. Lo complicado ha sido poner todas estas experiencias juntas y conseguir que la grabación refleje el espíritu del proceso de creación. Si he sido capaz de terminar el disco, ha sido gracias a mi marido, Lou Reed, que ha sido quien ha llevado el peso de la última etapa del proyecto”.

Y es que, como de todos es sabido, Laurie era la esposa del recientemente fallecido Lou Reed desde 2008 aunque eran pareja desde mucho tiempo atrás. Ambos se implicaron en la carrera del otro pero manteniendo sus respectivos estilos en sus trabajos a pesar de la marcada personalidad musical de cada uno de ellos.

En la grabación de “Homeland” intervienen: Laurie Anderson (voz, teclados, percusión, violín, efectos de radio), Peter Scherer (teclados), Rob Burger (teclados, orchestron, acordeón, marxophone), Eyvind Kang (viola), Lou Reed (percusión, guitarra), Shahzad Ismaily (percusión), Kieran Hebden (teclados), Omar Hakim (bateria), Skuli Sverrisson (bajo, guitarra), Ben Witman (percusión, batería), John Zorn (saxo), Lolabelle (piano), Joey Baron (batería) y Mario McNulty (percusión) además de distintos vocalistas o los integrantes del coro de Tuva, Chirgilchin.

Cartel de uno de los conciertos de la Gira


“Transitory Life” – Con sonidos étnicos y electrónicos nos recibe el primer tema del disco. Escuchamos la inconfundible voz de Laurie entonces con un texto lleno de frases como puñaladas: “es un gran momento para los banqueros” es la primera frase sólo para añadir algo después que “un ratón tarda un buen rato en darse cuenta de que ha caído en una trampa pero una vez que lo hace, ya nunca deja de temblar”. Certera como siempre en un texto perfectamente integrado en un ambiente lleno de rasgos orientales muy acertados y que conforman una gran canción para abrir el trabajo.

“My Right Eye” – Suena ahora la voz de la artista distorsionada por esos efectos electrónicos que la acompañan desde el ya lejano “Big Science” su primer disco de estudio. La canción reúne los patrones clásicos de la artista, pudiendo ser calificada de “spoken music” ya que Laurie recita más que canta un texto en el que juega con el adagio clásico “rocks and stones may broke my bones, but words will never hurt me” pero centrandose sólo en la primera parte: rocas y piedras y huesos rotos. La esperanza enterrada, por tanto.



“Thinking of You” – Uno de los pocos momentos en los que Laurie se permite algo de optimismo aunque siempre con un toque amargo, recogido en la estrofa final: “estaba pensando en ti, pensando en ti y pensando en ti una vez más cuando de repente dejé de pensar en ti para siempre. En lo musical escuchamos una melodía minimalista de violín y viola combinada con algunos rasgos étnicos y un acordeón de fondo en uno d elos temas más melódicos del disco.

“Strange Perfumes” – Una de nuestras canciones favoritas del disco, dirigida por la voz electrónica de Laurie transformada en un extraño coro robótico que destaca por encima de ritmos electrónicos que nuca acaban de despegar y sonidos antiguos que recuerdan al psalterio y que proceden del exótico marxófono.

“Only an Expert” – Llegamos a un estallido tecno de música bailable que encaja a la perfección con un texto brutal en el que Laurie explica en unos cuantos versos uno de los problemas principales de la América actual y, por extensión, del mundo. ¿Las claves de la crisis en una simple canción? Probablemente no llegue a tanto pero sí que pinta un retrato muy clarificador de la situación. No podemos resistirnos a transcribir la letra completa de toda la canción incluyendo algunos párrafos no incluidos en el disco pero que que si formaban parte del tema en su interpretación en directo:

“Hoy, sólo un experto puede hacer frente a un problema
porque identificar el problema es la mitad de la solución
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema

Así que, si no hay un experto encargándose del problema
tenemos realmente dos problemas
si sólo un experto puede encargase del problema,
sólo un experto puede encargarse del problema.

En América nos gustan las soluciones
nos gusta tener soluciones a los problemas
por eso hay compañías que ofrecen soluciones
compañías con nombres como “la solución para las mascotas”,
“la solución para el cabello”, “la solución para tus deudas”, “la solución mundial”, “la solución para el sushi”
Compañías con expertos preparados para resolver tus problemas
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema

Digamos que te invitan al programa de Oprah
y no tienes ningún problema
pero quieres ir, así que necesitas algo que contar
y te inventas un problema.
Pero si no eres un experto
probablemente no inventes una historia verosimil
y probablemente te pillarán
y quedarás en evidencia
y tendrás que avergonzarte y pedir disculpas
y suplicar el perdón público
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

En esos programas, aquellos que intentan solucionar tus problemas
se centran en la cuestión de cómo tomar el control de la situación
¿cómo me hago con el control?
Pero no hay que olvidar que esa es una cuestión para el espectador medio
el espectador que se deja ir
el espectador que ve programas sobre gente con problemas
el espectador que pertenece al 60% de la población americana
un espectador que vive al día, que paga sus deudas para evitar quedarse en la calle.
En otras palabras: un tipo con problemas.
Entonces, el experto dice: vayamos a la raíz del problema.
Tomemos las riendas del problema
Porque si tomas el control del problema, puedes solucionar el problema.
Lo malo es que no suele funcionar porque la situación está completamente fuera de control
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

Pero ¿quiénes son estos expertos?
Normalmente son ellos los que se califican como tales pero también son cargos electos
o gente entrenada en técnicas de venta, también autodidactas
que se centran en aquello que puede ser visto como un problema.
Sucede que, a veces, esas cosas no son problemas en absoluto
pero el experto es alguien que estudia esos problemas
y trata de resolverlos.
El experto es alguien asegurado contra las malas prácticas
Porque a menudo la solución se convierte en el problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

A veces un experto te presta dinero.
A veces, incluso, mucho dinero.
Y, a veces, cuando las hipotecas subprime se vienen abajo
y hay bancos que quiebran y negocios que cierran
y la crisis se extiende por el mundo,
algunos expertos dicen:
sólo porque los mercados quiebren
no significa necesariamente que sea algo malo.
Y otros expertos dicen: solo porque hayan echado a tus amigos del trabajo
y tu familia esté en bancarrota y no lo vimos venir
no significa que no tengamos razón ahora.
Y sólo porque te hayas quedado sin trabajo y sin casa
y porque hayas perdido todos tus ahorros, no quiere decir que no debas pagar el rescate
de los intermediarios, los bancos y los especuladores.
Porque sólo un experto puede diseñar un rescate
y sólo un experto podía esperar un rescate
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

A veces un experto busca armas
y, a veces, mira en todas partes en busca de esas armas
y, a veces, cuando no las ha encontrado
otro experto dice: el hecho de que no las encontremos
no quiere decir que esas armas no existan.
Así, otros expertos encuentras cosas como productos de limpieza,
o piezas de nevera, o pequeños imanes y dicen:
para ti, esto pueden ser objetos comunes
pero, en nuestra opinión, pueden ser armas
o pueden usarse para construir armas
o para transportar armas
o para almacenar armas.
Sólo un experto puede ver que pueden convertirse en armas
y sólo un experto puede ver que pueden ser un problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

A veces hace mucho mucho mucho calor
y parece julio aunque estemos en enero
y no nieva, y hay olas que inundan las ciudades
y huracanes en sitios en los que no los había
y todos pensamos que hay un problema.
Pero algunos expertos dicen que no lo hay
y otros aseguran que no lo hay
o explican por qué eso no es un problema.
Entonces, simplemente, no existe el problema.
Pero cuando un experto dice que eso sí es un problema
y hace una peli y gana un Oscar con el problema
es cuando el resto de expertos están de acuerdo en que, quizá, haya un problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

Incluso un país puede invadir otro país
y aplastarlo y arruinarlo y crear el caos y arrastrar a ese país a una guerra civil.
Si los expertos dicen que eso no es un problema
y todos estamos de acuerdo en que los expertos son buenos a la hora de reconocer los problemas,
entonces, invadir ese país no supone un problema.
Y si ese país tortura a su gente
y encierra a ciudadanos sin motivo, sin juicio o los enfrenta a tribunales militares
tampoco es un problema
a menos que un experto diga que puede ser el comienzo de un problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema”.




“Falling” – Llegamos a la única canción del disco con un texto ajeno a Laurie y que es obra del escritor, ensayista y crítico del New Yorker, George W.S. Trow. Se trata de un poema breve que la artista recita con la habitual distorsión en la voz un tenue acompañamiento electrónico que nos recuerda algunas cosas de Brian Eno con quien la propia Laurie trabajó en un disco anterior.

“Another Day in America” – Llega el turno en el disco para la intervención de Fenway Bergamot, alter ego de Laurie (bautizado por el propio Lou Reed) que adopta la forma de una voz masculina merced a la distorsión electrónica de su propia voz. La artista la llama la “voz de la autoridad” y utiliza esa caracterización como portada del propio disco. La canción es una larga pieza de “spoken music” en la que Laurie se plantea un sonoro “¿ahora qué?” resumido en la primera estrofa: “finalmente aquí estamos, en el comienzo de una nueva era / el comienzo de un mundo nuevo... y ¿ahora qué? ¿por dónde empezamos? / ¿cómo volvemos al principio?”. Una pieza devastadora y que nos deja con una gran sensación de vacío. Como anécdota, en la parte final escuchamos la característica voz de Anthony, cantante y líder de Anthony and the Johnsons.

“Bodies in Motion” – Otro de los grandes temas del disco que adopta la forma de una lenta canción electrónica y que cuenta con la inestimable y muy particular aportación de John Zorn al saxo en lo que parece la devolución de la colaboración de Laurie en el disco “Femina” de éste un año antes.

 “Dark Time in the Revolution” – Nos plantea ahora Laurie un ¿futuro? distópico controlado por los mercados y las máquinas. Es otra pieza recitada más que cantada con la voz robótica de la artista en la que se plantea una interesante cuestión tomando una obra de Tom Paine, considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos. En su libro “Sentido Común” se preguntaba: “¿tiene sentido que una isla gobierne un continente?” refiriéndose al dominio británico de Norteamérica y planteando la necesidad de la independencia. Laurie Anderson va mas lejos y se pregunta: “¿tiene sentido que un país gobierne el mundo?”. La conclusión es que la respuesta no tiene importancia. Tampoco lo que piense el oyente. Tampoco lo que haya votado.

“The Lake” – Una de las piezas más enigmáticas del disco y cuyo significado nos es desconocido. Una historia de fantasmas en la que el espíritu de su padre guía al personaje principal en su camino. En lo musical asistimos a un tratamiento muy interesante y cercano a los planteamientos ambientales de un Brian Eno mezclados con un estribillo más convencional y una melodía que nos recuerda alguna otra y que probablemente se trate de algún tipo de himno o canción popular americana.

“The Beginning of Memory” – Laurie nos cuenta ahora una historia mitológica acerca del mundo cuando no existía aún el mundo. No había tierra, ni mar. Sólo aire y pájaros. Muchos pájaros que no tenían dónde posarse. Un día el padre de uno de ellos, una alondra, murió y ésta se encontró con el problema del entierro. ¿dónde enterrar un cadáver cuando no hay tierra en la que hacerlo?. Decidió “enterrarlo” en la parte posterior de su propia cabeza dando lugar así al nacimiento de la memoria. Hasta ese momento, sólo se volaba en círculos.

“Flow” – Cerrando el disco, encontramos el único tema instrumental a cargo de la propia Laurie al violín. Una breve y escueta composición que pone fin con delicadeza a un disco muy interesante con un puñado de letras directas a la conciencia del oyente.

Hemos tardado mucho en hablar aquí de Laurie Anderson siendo, como es, una de nuestras artistas predilectas. Esa tardanza tiene una ventaja incuestionable como es el hecho de que, habiendo publicado ya más de 400 entradas, aún nos quedan discografías imprescindibles por presentar lo que asegura que tengamos todavía mucho material por delante para seguir presentando nombres nuevos con cierta regularidad. Aunque la obra grabada de Laurie no es muy amplia habida cuenta de los años que lleva en esto, cada uno de sus discos da para reflexiones y comentarios amplios. La gran actualidad de este “Homeland”, tres años después de su publicación, nos ha hecho inclinarnos por su último trabajo para presentar aquí a la artista pero habrá hueco para el resto de su obra en un futuro. Mientras tanto, si queréis haceros con el disco, está disponible en los enlaces acostumbrados:

amazon.es

fnac.es


Nos despedimos con un fragmento del DVD que acompaña al CD en el que Laurie y otros músicos explican el proceso de creación del trabajo:


 

miércoles, 17 de julio de 2013

Kronos Quartet - Winter Was Hard (1990)



Si existe una formación que, partiendo de la llamada música culta, ha alcanzado una categoría y popularidad equiparable a la de muchas estrellas del rock, esa es, sin duda, el Kronos Quartet. Formado en 1973 por David Harrington, violín principal del cuarteto, se han destacado siempre por arriesgar al máximo con su repertorio abarcando estilos minoritarios dentro de la música de cámara e incorporando a la misma, sonidos y estilos que nunca habríamos pensado en escuchar en una sala de conciertos.

Aunque siempre han tenido un ojo puesto en la música clásica contemporánea y no es raro que a primera vista se les relacione con la corriente minimalista, el jazz y todo tipo de folclores han formado parte de sus discos y conciertos de modo que en su discografía podemos escuchar igualmente a Glass, Reich o Riley de la mano de Thelonius Monk o Bill Evans, Astor Piazzolla, Henryk Gorecki o Kevin Volans pero también músicas más insospechadas como la de Sigur Ros, Jimi Hendrix o Nine Inch Nails. Poco a poco se han ido construyendo un nombre y buena prueba de ello son los más de 800 cuartetos y arreglos para cuarteto que han encargado en estos años y la gran cantidad de obras que los compositores más renombrados de la actualidad han escrito específicamente para ellos. Sobre el escenario, el Kronos Quartet es una delicia. Ajenos a los convencionalismos, pueden aparecer en bermudas y con camisa hawaiana si se tercia pero cuando la luz se apaga, ¡ay amigos! Entonces muy pocos se fijan ya en la vestimenta. Aprovechamos estos días en que el grupo celebra su cuadragésimo aniversario para dedicar la entrada a uno de sus discos más impresionantes, publicado en 1989 por la formación más longeva del cuarteto en todos estos años: David Harrington y John Sherba (violines), Hank Dutt (viola) y Joan Jeanrenaud (violonchelo) con ayudas puntuales en alguna de las piezas del disco de las que hablaremos en su momento. En “Winter Was Hard” vamos a encontrar una combinación de compositores realmente original por sus estilos y procedencias, absolutamente diferentes y con poca relación entre ellos.

Imagen de la formación que participa en el disco

“Winter Was Hard, Op.20” – El San Francisco Girls Chorus dirigido por Elizabeth Appling y por Earl L. Miller al órgano son los principales intérpretes de esta breve pieza del finlandés Aulis Sallinen. En ella escuchamos elementos folclóricos con un toque contemporaneo muy al estilo de otros músicos como Arvo Pärt.ç



“Half Wolf Dances Mad in Moonlight” – La segunda pieza del disco se corresponde con un extracto de una obra comentada en el blog tiempo atrás: “Salome Dances for Peace” de Terry Riley. Se trata de un monumental cuarteto de cuerda de una duración próxima a las dos horas del que aquí escuchamos un fragmento. La relación de Riley con el Kronos quartet ha dado grandes frutos y la grabación de esta obra es uno de los más destacados.

“Fratres” – Si Riley es de sobra conocido por los lectores del blog, ¿qué decir entonces de Arvo Pärt? El compositor estonio aparece representado en el disco por una de sus obras más conocidas: “Fratres”. Como es sabido, no existe una orquestación fija para interpretar esta pieza existiendo versiones para quinteto de cuerda, quinteto de vientos, violín y piano, orquesta y percusión y un sinfín de combinaciones que no restan un ápice de calidad y emotividad a una obra maravillosa. La reescritura de la pieza para cuarteto de cuerda fue la quinta revisión de la misma realizada por el propio Pärt y, probablemente, es en este disco en el que aparece grabada por primera vez (aunque este aspecto no es fácil de confirmar).

“Six Bagatelles, Op.9” – Retrocedemos unos años en el tiempo para encontrarnos con esta obra de juventud del austriaco Anton Webern, uno de los más representativos miembros de la Segunda Escuela de Viena. La elección de la obra tiene algo de sorprendente puesto que estas bagatellas no pasan por ser parte de las creaciones más representativas de su autor e, incluso, para algunos críticos, son un trabajo no del todo depurado.

“Forbidden Fruit” – La paz y tranquilidad que parecían reinar hasta ahora en el disco saltan por los aires en los primeros segundos de la pieza del norteamericano John Zorn que obliga al cuarteto a estirar al máximo las posibilidades expresivas de sus instrumentos. Zorn es una de las voces más arriesgadas de la música contemporanea y abarca un buen número de estilos ademar de haber inventado algunos nuevos. No es casual que, al margen de su aportación al disco como compositor, Zorn sea también uno de los productores. La pieza tiene muchos puntos en común estilísticamente hablando con algunas obras de John Cage con las que comparte el uso del “collage” y la aparición de un DJ (Christian Marclay) manejando los platos. La otra participación ajena al Kronos Quartet de la de Ohta Hiromi en las voces. “Forbidden Fruit” fue incluida anteriormente en el disco de Zorn de 1987 “Spillane” y con su aparición en “Winter Was Hard” el cuarteto reivindica su participación en la pieza.

“Bella by Barlight” – John Lurie tiene una carrera muy extensa tanto en su faceta de actor (ha intervenido en películas como “Paris, Texas”, “La Última Tentación de Cristo” o “Corazón Salvaje”) como de músico, primero con los peculiares Lounge Lizards y más tarde en solitario dedicado a las bandas sonoras. Por si esto fuera poco, también es pintor y su obra se expone en alguno de los museos más renombrados, incluyendo el MOMA. La pieza que el Kronos escoge para el disco es parte de la banda sonora de la película de Jim Jarmusch “Stranger Than Paradise”, protagonizada por el propio Lurie.



“Four, for Tango” – Llegamos a uno de nuestros momentos favoritos del disco que es la excepcional composición del argentino Astor Piazzolla, encargada por el propio Kronos Quartet al músico. La forma en la que el cuarteto se adapta a la sinuosa música del genio marplatense es magistral y demuestra que la versatilidad de la formación no conoce fronteras estilísticas.

“Quartet No.3” – Alfred Schnittke es uno de los más interesantes compositores que surgieron de la antigua Unión Soviética y sólo su pobre salud, que le obligó a pasar largas temporadas postrado en cama (llego a estar un tiempo en coma en 1985 siendo practicamente desahuciado por los médicos pero se recuperó y siguió componiendo), ha evitado que su obra sea aún más extensa. A pesar de todo, dejó un buen número de sinfonías y obras de cámara realmente sobresaliente. El tercer cuarteto de cuerda de Schnittke es una obra apasionada y expresiva que contrasta con el carácter supuestamente frío de la escuela soviética y la interpretación del Kronos es sobresaliente. Años después, el cuarteto se animaría a grabar la integral de la obra de Schnittke para este formato (sus cuatro cuartetos más una serie de canciones y una breve pieza dedicada a Stravinsky) y en ese doble CD se incluiría, una vez más, esta grabación que hoy comentamos.

“Adagio” – El “Adagio” de Samuel Barber forma parte ya de la memoria sonora del siglo XX y pocas personas habrá que no lo reconozcan al sonar sus primeras notas. Quizá no sean tantos los que sepan que la pieza no nació para ser interpretada por una gran orquesta, como suele hacerse, sino como el segundo movimiento del “Cuarteto de Cuerda, Op.11” del compositor americano. Fue Toscanini el responsable de su estreno en 1938 aunque en arreglo orquestal fue realizado por el propio Barber unos meses después de completar el cuarteto, consciente del evidente potencial dramático de la composición. Tratándose de una grabación del formato original de la obra, creemos que el Kronos Quartet podría haber interpretado el cuarteto completo y no sólo el movimiento central pero, en cualquier caso, la obra y la versión siempre merecen la pena.

“A Door is Ajar” – Cerrando el disco tenemos una miniatura de autor desconocido que en los créditos aparece como composición tradicional. En realidad, consta del sonido del viento soplando, un brevísimo tema musical y una voz robótica que dice “a door is ajar” y, tras un portazo, “thank you”.

El título de la última pieza (una puerta entreabierta) nos parece la mejor descripción posible para el disco en su conjunto. El Kronos Quartet nos abre una puerta hacia una serie de músicas de diversas procedencias con una característica en común: un atractivo casi ineludible. Elaborado guardando un delicado equilibrio entre música con un cierto potencial comercial (Pärt, Barber) y otra realmente minoritaria Harrington y compañía consiguen cuadrar un disco que creemos imprescindible para aquellos melómanos con inquietudes por todo tipo de estilos y que, probablemente, funciona mejor en su función de “puerta entreabierta” por la que asomarse al mundo de compositores con los que no nos atrevemos directamente a través de discos monográficos que como obra cerrada de la que disfrutar continuamente con escuchas reiteradas y es que sabemos que cuando uno cae presa de la atracción de músicos como Pärt o Piazzolla no se conforma con escuchar piezas sueltas en recopilatorios. En cualquier caso, os dejamos los habituales enlaces en los que adquirir el disco:



Para despedirnos, os dejamos al Kronos en directo interpretando "Four, for Tango".