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martes, 14 de junio de 2022

Paul Winter Consort - Icarus (1972)




Parece mentira pero después de varios cientos de entradas en el blog, aún quedan artistas de mucha relevancia dentro de las llamadas nuevas músicas que no han tenido la suya pese a haber sido mencionados en multitud de ocasiones cuando hemos hablado de otros artistas. Tal es el caso de Paul Winter, una de las mayores figuras del ámbito de la música “new age” en los años setenta y ochenta. Winter estudió piano, clarinete y saxofón, instrumento al que se dedicó al cien por cien desde el momento en que cayó en sus manos. Su primer amor fue el jazz pero enseguida se dejó llevar, como le ocurrió a muchos músicos de su generación, por la música brasileña, especialmente desde que, a mediados de los años sesenta, vivió un año en el país sudamericano. De hecho, sus primeros discos en solitario y con su primera formación, el Paul Winter Sextet, estuvieron centrados en los ritmos y melodías de Brasil.


A finales de la década, Winter reformó su grupo creando el Paul Winter Consort, una formación de verdadero lujo por la que pasaron algunos de los músicos más impresionantes del género y, de hecho, una banda tan importante como fue Oregon surgió a partir de la grabación de uno de los discos del Consort: “Icarus”, que es justo el trabajo que vamos a comentar hoy aquí. “Icarus” fue una gran apuesta del sello Epic. La banda de Winter había grabado ya tres discos para A&M y con este cuarto lanzamiento daban el salto a Epic donde iban a hacer un importante esfuerzo por liberar todo el potencial del grupo. El disco se iba a grabar en cinco estudios y tres ciudades diferentes e iba a contar con la producción, nada menos que de George Martin. El funcionamiento del Consort era totalmente democrático y también lo eran las aportaciones de sus miembros hasta el punto de que en muchas ocasiones, el propio Winter ni siquiera firmaba ninguna composición del disco en solitario como sí hacían otros integrantes. La alineación de la banda para “Icarus” era un verdadero lujo. Aparte de Winter, que tocaba el saxo soprano y aportaba voces en varios cortes, en el disco participan: Paul McCandless a los vientos, David Darling al violonchelo, Herb Bushler al bajo, Ralph Towner a las guitarras, piano y órgano y Colin Walcott, batería y percusión. Como invitados en temas puntuales aparecen Billy Cobhan, Milt Holland, Barry Altschul, Larry Atamanuik o Andrew Tracey.




“Icarus” - Abre el disco una composición de Ralph Towner introducida por el violonchelo de Darling que ejecuta una breve melodía que más tarde será replicada por Winter al saxo. El papel de Towner es el de mero acompañamiento a la guitarra mientras que es la sección rítmica, con un magnífico Colin Walcott la que gana protagonismo con el paso de los minutos. Una pieza preciosa que se hace muy corta y que contiene ya todas las claves del sonido del Paul Winter Consort.




“Ode to a Fillmore Dressing Room” - La única pieza del disco firmada por Darling comienza con una serie de diálogos a cargo de todo el grupo pero enseguida se centra en un dueto entre su violonchelo, (pulsado, no frotado) y el sitar de Walcott al que se une la guitarra de Towner. Es una composición reflexiva y muy profunda con elementos de jazz, world music y algunos detalles folkies muy logrados.


“The Silence of a Candle” - Volvemos a Towner en la única canción con texto del disco. El propio Ralph es el encargado de cantar (casi podríamos decir de entonar) acompañado por su piano y por un acertadísimo bajo a cargo de Herb Bushler en una balada de aire folk en la que apreciamos la sutileza del Consort con aportaciones instrumentales precisas y alejadas del exhibicionismo por parte de todos sus miembros.


“Sunwheel” - Entramos en territorios más rítmicos, aspecto en el que la banda se encuentra como pez en el agua. Es, quizá, la pieza más jazzística de todo el trabajo con el grupo sonando por momentos en la onda de jazz-fusión de la Mahavishnu Orchestra o de Weather Report, algo en lo que la presencia de Cobham seguro que tiene mucho que ver pese a que la composición la firme, una vez más, Ralph Towner.


“Juniper Bear” - Walcott aparece ahora como co-autor de la composición junto con Towner y se nota porque todo el peso de la misma lo lleva él al sitar, la tabla y demás percusiones exóticas. Towner, por su parte, se encarga de las guitarras que adoptan un tono rockero de carretera muy curioso en la parte final.


“Whole Earth Chant” - No es hasta el sexto corte del disco que vemos a Paul Winter acreditado como compositor de una pieza y ni siquiera es en solitario puesto que la firma con Walcott. Es un tema dominado por las percusiones y ritmos africanos en el que volvemos a escuchar al grupo en todo su esplendor, con un gran McCandless, un Winter protagonista y un Darling desatado. Junto a ellos, una sección rítmica arrolladora en la que vuelve a destacar Cobham. En la segunda parte de la pieza surge una melodía que se iba a convertir en un clásico imprescindible del Consort en el futuro y no es raro el concierto en el que el público termina cantándola junto con el grupo aunque se queda en un esbozo que enseguida se diluye en un final vibrante.




“All the Mornings Bring” - Los que conocimos a Paul McCandless por su etapa como uno de los músicos estrella del sello Windham Hill en donde era, no solo uno de los más destacados artistas en solitario sino también un apoyo imprescindible en las grabaciones de todo aquel compañero que se lo pedía, no tardamos en reconocer su impronta desde las primeras notas de esta pieza firmada por él. Una composición en su línea con toques de jazz-fusión que está entre nuestras favoritas del disco.


“Chehalis and Other Voices” - Ralph Towner se pone el traje del Miles Davis más misterioso para regalarnos una introducción fascinante que desemboca pronto en una demostración de sus habilidades a la guitarra. Una pieza enigmática con reminiscencias de “Sketches of Spain” y llena de vericuetos por los que perderse una y otra vez.


“Minuit” - Cierra el disco una adaptación de una pieza del poeta y músico guineano Keita Fodeba a cargo del propio Paul Winter. Una canción sencilla que crece con cada repetición del estribillo al que se unen poco a poco los miembros del grupo y algunos vocalistas invitados formando un precioso coro. Que nos despide lentamente.





Decíamos en la introducción que Paul Winter fue toda una institución en el ambiente de las nuevas músicas durante varias décadas y eso puede resultar chocante si reparamos en que en sus propios discos, como ocurre en el que nos ocupa hoy, su participación dista mucho de ser en un papel protagonista. Ni es el principal compositor, ni sus aportaciones instrumentales ocupan un papel destacado por encima de las de otros miembros del grupo. Sin embargo, su espíritu está presente en todas las piezas del mismo. Pese a que “Icarus” es un disco extraordinario (George Martin, productor nada menos que de los Beatles, llegó a afirmar que era la mejor grabación en la que había participado), el éxito masivo iba a llegar tiempo después. Primero en los ochenta con la incorporación de sonidos de animales a su música (ballenas y lobos, principalmente) y más tarde en los noventa y a raiz del Grammy obtenido por su disco en directo en España y las celebraciones anuales del solsticio de invierno que el Paul Winter Consort realizaba en la catedral de St.John the Divine.


Otra de las grandes aportaciones del Consort fue la extraordinaria calidad de todos los músicos que pasaron por él. Si ya la alineación de “Icarus” era impresionante, la lista de músicos que más tarde formaron parte de la banda lo es aún más: nombres como los de Glen Velez, Paul Halley, Russ Landau, Rhonda Larson, Glen Moore, Nancy Rumbel, Arto Tuncboyaciyan o Eugene Friesen figuran entre los más destacados artistas en solitario del género en las últimas décadas y todos ellos formaron parte en un momento u otro de la formación de Winter. Si no habéis tenido la ocasión de acercaros aún a la música del Paul Winter Consort, tenéis la posibilidad ahora de hacer un gran descubrimiento.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Eugene Friesen - Arms Around You (1989)



Mucho antes de la denominación “música new age” hiciera fortuna abanderando un movimiento de gran éxito, especialmente en los años ochenta y primeros noventa, ya existía una banda que combinaba con gran acierto casi todos los tópicos que adornaban las descripciones de aquel género: unas gotas de jazz, un poquito de música clásica, sonidos de animales, una gran dosis de ecologismo y amor por el planeta, etc. Se trataba del Paul Winter Consort, creado en 1968 alrededor del saxofonista Paul Winter. Por sus filas pasaron músicos de una calidad excepcional, especialmente durante los primeros años de vida de la formación en la que las salidas y entradas de artistas eran contínuas. Hablamos hoy de uno de esos artistas que entró en el “Consort” en 1978 y permanece en él desde entonces. Eugene Friesen es un violochelista de formación clásica que, desde sus comienzos interpretando a J.S.Bach o a Brahms, estaba convencido de que su instrumento tenía muchas más posibilidades. En su etapa formativa colaboró con bandas de todo tipo, especialmente con The Modern Fur-Beared Orchestra, un extraño grupo de rock progresivo formado por metales y cuerdas principalmente. La banda no tuvo demasiada trascendencia pero fue en un concierto de ellos cuando Friesen conoció a Paul Winter quien le invitó a formar parte de su grupo. Curiosamente, desde el ingreso en la formación de Friesen, la banda entró en un periodo de varios años en el que dejaron de grabar discos bajo ese nombre aunque seguían dando conciertos y apareciendo en distintas combinaciones en trabajos del propio Winter en Solitario así como de otros miembros del grupo como Paul Haley.

Fue en ese hiato en el que el violonchelista Eugene Friesen aprovechó para grabar el disco que hoy traemos aquí. Hablamos de un músico excepcionalmente dotado de esos que llevan a su instrumento unos cuantos pasos más allá que el resto, aplicando técnicas interpretativas nuevas, adaptando otras y siempre investigando en pos de un sonido diferenciado sin que esa investigación interfiera en ningún caso con la propia música, nada árida sino, por el contrario, tremendamente accesible como ocurría con las propias grabaciones del Paul Winter Consort. Lo cierto es que existe una comunión casi total entre todos aquellos integrantes de la banda que lanzaron discos en solitario de modo que es habitual que muchos de ellos participen en las grabaciones del resto y que, estilísticamente, todos esos trabajos puedan confundirse al existir una clara línea estilística común a todos ellos.

Hoy hablaremos de “Arms Around You”, el que fue primer disco en solitario de Eugene Friesen, publicado en 1989 en el sello Living Music propiedad de Paul Winter. Para la grabación, realizada en un ambiente de camaradería envidiable en palabras del propio Friesen, éste contó con un excepcional grupo de músicos con los que pasó varios días encerado en una cabaña en medio de un idílico entorno natural. Aunque muchas de las piezas estaban compuestas de antemano, durante aquellos días surgieron de modo improvisado algunas más que terminaron por formar parte del disco. La lista de intérpretes es impresionante a simple vista: Eugene Friesen (violonchelo, piano, voz), Paul Haley (piano, sintetizadores), Gordon Johnson (bajo, Chapman stick), Glen Velez (percusiones), Ted Moore (batería, percusiones), Paul Wertico (percusiones), David Blamires (voces), Paul Sullivan (piano), Russ Landau (bajo), John Clark (tuba) y Paul Winter (saxo soprano). Los tres últimos músicos de la lista intervienen sólo en el tema que cierra el disco.

Eugene Friesen y su cello.


“Truffles” – El disco comienza de forma desbordante con el piano y las percusiones marcando un ritmo velocísimo de clara influencia brasileña. El propio Friesen comienza a cantar con su tradicional “scat” una melodía brillante acompañado por el cello. La pieza está firmada a dúo por Friesen y Paul Haley, compositor habitual del Paul Winter Consort por lo que no debe sorprender que tenga todas las características de la música de aquella formación.

“Arms Around You” – La primera de las dos canciones con texto del disco es, a la vez, la que sirve para darle título. Comienza con una gran introducción de bajo y percusiones a la que se suma la voz de Friesen. Enseguida escuchamos los primeros apuntes de su violonchelo (que en algunos momentos del disco aparece desdoblado en hasta 30 pistas diferentes). La canción es un fantástico ejemplo de las habilidades de Friesen como compositor y cuenta con partes realmente notables a cargo del bajista Gordon Johnson. Un tema magnífico que eleva el nivel del disco hasta alturas insospechadas.



“Whitewater” – Friesen adapta la melodía de un villancico tradicional de los Apalaches en esta excitante pieza cuyo comienzo recuerda al del primer corte del disco por su atractivo despliegue rítmico en el que el percusionista Ted Moore destaca especialmente así como el citado Gordon Johnson, no sólo al bajo sino también al Chapman stick. Estamos ante otra pieza excepcional dentro de un disco magnífico.

“Zoe” – La segunda canción propiamente dicha es una nana escrita por Friesen para su hija Zoe (de un año de edad cuando se grabó el disco) con texto de Nora Percival. Es el tema con la instrumentación más escueta del disco (cello, piano y bajo) como corresponde a la temática del mismo y cumple a la perfección con lo que se espera de este tipo de temas: una suave melodía de cello acompañada sin estridencias del resto del grupo. Otra gema de valor incalculable a cargo de Friesen y Haley.

“Madrigal” – La única de las piezas del disco escrita íntegramente por Haley, algo que se nota por la abundancia de efectos electrónicos y por el hecho de que sea el piano el que lleve la voz cantante en la mayor parte de la composición. A pesar de ello, nos vemos obligados a destacar de nuevo la labor de Johnson al bajo y las partes vocales del propio Friesen con ese estilo tan brasileño del que el músico tanto partido ha sacado, siguiendo las huellas de otras formaciones como el propio Paul Winter Consort o el Pat Metheny Group.

“Remembering You” – El punto melancólico del disco lo pone esta deliciosa balada que es casi un tema para piano y cello aunque en la segunda parte se une la voz de Friesen, algunos teclados y el bajo para terminar de completar una pieza extraordinaria que corre el riesgo de quedar sepultada por la categoría del resto del disco.

“Nuns in Cuba” – Volvemos a las demostraciones rítmicas con componentes de jazz latino con unas percusiones que justifican, al menos, la segunda parte del título (lo de las monjas no nos atrevemos a explicarlo). El piano, interpretado esta vez por Paul Sullivan y no por Haley es un instrumento rítmico más dentro de la amplia sección compuesta por las percusiones de Ted Moore y Glen Velez, la batería de Paul Wertico y el bajo de Gordon Johnson. Fantástica pieza una vez más.

“Night Glider” – Quizá el tema más íntimo de todo el disco, con Friesen interpretando su instrumento con gran sensibilidad para regalarnos una preciosa balada que nos acerca al final de uno de los más grandes trabajos en su género.

“River Music” – Si la memoria no me falla, Eugene llegó a contar la historia de la gestación de este tema en una entrevista con Ramón Trecet en Diálogos 3. Durante una cena en la cabaña de Paul Winter que servía de estudio de grabación para éste trabajo, uno de los músicos presentes comenzó a marcar el ritmo con los cubiertos y poco a poco todos los presentes se fueron añadiendo a la improvisada “jam session” de la que surgió esta verdadera maravilla que fue grabada minutos después para completar la pieza que cerraría el disco. Eso explicaría también la presencia en la grabación de músicos que no intervienen en ningún otro de los cortes de “Arms Around You” como el propio Paul Winter, John Clark (el intérprete del “riff” central del tema a la tuba) o el bajista Russ Landau, miembros todos ellos del Paul Winter Consort o de la Earth Band del propio Winter en algún momento. “River Music” es una delicia que resume lo mejor de la música de Friesen y que, a nuestro juicio, es uno de los temas inmortales de las llamadas “nuevas músicas”.



Si tuviésemos que incluir éste disco en alguna categoría, lo haríamos en una que reuniera todos aquellos trabajos que surgieron en los años dorados de la “new age” y que alcanzaron un punto de calidad extremo que su propio autor no fue capaz de repetir aunque siguiera grabando buenos trabajos. No hace mucho que tuvimos por aquí otros discos que encajarían en esa descripción (pensamos en “Carousel” de Ira Stein, por ejemplo) y seguirán apareciendo más con el tiempo. Aunque la fama de Friesen viene por su condición de miembro del Paul Winter Consort, creemos que este disco suyo en solitario es de un nivel tan alto que supera a cualquier otro de la banda de Winter sin que esto suponga ningún desprecio a esa formación que acabará por aparecer en el blog en algún momento. Mientras tanto, aquellos interesados en acercarse al que fue el debut en solitario de Friesen pueden adquirir el disco en los enlaces de siempre:

amazon.es

play.com

Nos despedimos con una actuación en directo de Friesen y Paul Haley en el programa "Música NA" en la que enlazan el tema "Madrigal" con "New Friend", composición perteneciente al disco homónimo que el dúo grabó poco antes de éste "Arms Around You":