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jueves, 15 de abril de 2021

En tan poco tiempo, ¡cuánta mudanza! La vida y la historia en Trafalgar de Benito Pérez Galdós. Anuncio de la próxima lectura

 


En tan poco tiempo, ¡cuánta mudanza!, se dice Gabriel Araceli al recordar lo que había ocurrido desde sus tiempos de niño hasta el momento en el que decide abandonar a sus amos para ir a Madrid: desde aquel día, ¡cuántas cosas me han pasado dignas de ser referidas! Mi destino, que ya me había llevado a Trafalgar, llevome después a otros escenarios gloriosos o menguados, pero todos dignos de memoria, continúa, para añadir después una de las claves de la serie de los Episodios Nacionales, la estrategia narrativa y comercial de los episodios: ¿Queréis saber mi vida entera? Pues aguardad un poco, y os diré algo más en otro libro.

Desde su condición de hombre mayor -no olvidemos que la novela se nos presenta como un relato autobiográfico-, Gabriel recuerda cuánto aprendió en los tiempos relatados en Trafalgar. En primer lugar, sobre las cosas de la gran historia. La derrota naval de la que es testigo le lleva a comprender que los gobernantes no están a la altura de la nación y que picarse de honra y orgullo no solucionan los problemas, sino que los complica. Por esto termina dando la razón a los argumentos de Doña Francisca. En segundo lugar, sobre cómo afectan esas cosas a la vida de la gente normal, embarcada en guerras y cuestiones que alteran su vida y no la mejoran, en un país sumido en la corrupción y en la falta de proyecto propio, subordinado a los intereses franceses que solo acarrean muertes y sufrimiento. Siendo todo esto importante, Gabriel Araceli también aprende sobre la vida y los afectos, renunciando a su primer amor y gestionando su futuro. Por eso, decide romper con todo y marchar hacia un futuro que, para el narrador, ya es pasado.

Y esta es una de las claves del éxito narrativo de esta novela -y de toda la serie-, la acertada combinación entre las cosas menudas y las cosas grandes y la visión de una persona que ha atravesado gran parte del siglo para comprender que solo la iniciativa personal animosa y generosa puede superar las pésimas decisiones de los que nos gobiernan. Así se adentra Gabriel Araceli en el futuro en el que ya se encuentra: con la incertidumbre propia del que sabe que todo dependerá del esfuerzo propio en un país desgobernado.


NOTICIAS DE NUESTRAS LECTURAS

El pasado mes de enero terminaban las conmemoraciones con motivo del centenario del fallecimiento de Benito Pérez Galdós. Pasados los grandes fastos, el mejor homenaje a un escritor siempre es leerlo. No es la primera vez que don Benito asoma en el Club de lectura y, con toda seguridad, no será la última. En estos momentos convulsos en los que todo se pone en cuestión, es bueno leer la novela con la que arrancara uno de los grandes proyectos narrativos españoles, los Episodios Nacionales, que nos plantea hoy los mismos interrogantes que entonces ante un cambio de sociedad y la competencia de los gobernantes. Adelante, entonces, con Trafalgar, que nos ocupará las próximas semanas. De la novela hay muchas ediciones, críticas y populares. Aunque siempre recomendaré las que van acompañadas de aparato crítico (prólogo y notas a pie de página) como las de la editorial Crítica, la RAE o Cátedra, podemos afrontar con éxito su novela en cualquiera de las otras ediciones e, incluso, en la que podemos hallar gratis y con un texto correcto en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en este enlace.

María Ángeles Merino (y su madre, a la que agradecemos la colaboración), comenta con Austri el papel de doña Francisca, tan atenta a la realidad de la vida. Necesario.

Pancho continúa su comentario de la novela de Galdós y profundiza en la mezcla sabia de lo grande y lo pequeño. Y termina con Sabina, que eso vale en sí mismo visitar esta buena entrada.




La próxima semana comenzamos la lectura de Mil amaneceres, de José Luis Alonso de Santos (editado por el Ayuntamiento de Valladolid, 2019). Un largo monólogo teatral sobre el paso del tiempo, la piedad, las relaciones de los seres humanos marginados con el poder, que puede leerse como si se tratara de una narración en primera persona. 

AVISO A LOS MIEMBROS DE LA SECCIÓN PRESENCIAL DEL CLUB

La evolución de la pandemia por COVID-19 en la llamada tercera ola, provoca que no podamos reunirnos presencialmente con normalidad. Las instituciones con las que colaboramos habitualmente (Universidad de Burgos e Instituto de la Lengua de Castilla y León) tienen cerradas sus instalaciones para todo lo que no sea el funcionamiento ordinario de las mismas, por cuestiones sanitarias, y todo nos lleva a ser lo más prudentes posibles. Por este motivo, los participantes recibirán los materiales a través del correo electrónico. Todo antes que detener completamente el funcionamiento del club. Sé que sabréis comprenderlo. Si alguno de los participantes en el formato virtual a través de las redes sociales quisiera recibir estos materiales, debe facilitarme su dirección de correo electrónico.

Pido a los miembros del Club de lectura en su formato presencial que presten atención al correo electrónico porque se está intentando buscar una sala que nos permita reunirnos con todas las garantías sanitarias a partir de marzo siempre que la evolución de la epidemia nos lo permita.


Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

jueves, 18 de marzo de 2021

La historia desde los que la padecen

 



Uno de los muchos aciertos de Trafalgar es que está contada en primera persona por un testigo de los acontecimientos que no es un protagonista de la gran historia sino un héroe secundario, en palabras de Georg Lúkacs, que asentó una herramienta metodológica de primer orden para analizar y comprender la novela histórica. Inicialmente, se construye el personaje de Gabriel de Araceli a la manera de la picaresca española, derivada ya en costumbrismo. Gabriel de Araceli nos cuenta su historia cuando ya es un hombre mayor y, desde las primeras líneas nos da cuenta de esa condición de secundario:

Se me permitirá que antes de referir el gran suceso de que fui testigo, diga algunas palabras sobre mi infancia, explicando por qué extraña manera me llevaron los azares de la vida a presenciar la terrible catástrofe de nuestra marina.

Al hablar de mi nacimiento, no imitaré a la mayor parte de los que cuentan hechos de su propia vida, quienes empiezan nombrando su parentela, las más veces noble, siempre hidalga por lo menos, si no se dicen descendientes del mismo Emperador de Trapisonda. Yo, en esta parte, no puedo adornar mi libro con sonoros apellidos; y fuera de mi madre, a quien conocí por poco tiempo, no tengo noticia de ninguno de mis ascendientes, si no es de Adán, cuyo parentesco me parece indiscutible. Doy principio, pues, a mi historia como Pablos, el buscón de Segovia: afortunadamente Dios ha querido que en esto sólo nos parezcamos.


Nacido en el gaditano barrio de la Viña, Gabriel nos contará desde sus primeros recuerdos y juegos en la Caleta hasta las consecuencias del desastre de la batalla de Trafalgar (por hablar solo de la primera novela de la serie). Dado que Gabriel no es un pícaro-delincuente sino una persona normal que se ve sometido a las consecuencias de la azarosa vida del siglo XIX español, el tono de la novela ya está hecho desde estos primeros párrafos: el narrador es un testigo más que un protagonista y, como tal, nos cuenta la historia adoptando una cierta distancia con lo narrado, aunque esté inmerso en lo más duro de los acontecimientos. A ello ayuda y no poco que se nos cuente desde la perspectiva del que ha vivido mucho después de lo ocurrido. Desde esa perspectiva de una persona que ve la historia desde abajo, que la sufre y no la protagoniza, nace otra de las condiciones ideológicas de la narrativa. Y se completa con la entrada de la vida cotidiana, las emociones y la vida doméstica. En las primera páginas, Galdós asienta definitivamente los Episodios Nacionales como la historia contada por quienes la padecen y cuyo papel en ella es fundamental como carne de cañón, pero anecdótica para los tradicionales libros de historia. Todo un acierto que separa radicalmente estas novelas de la literatura histórica romántica y de los tratamientos habituales de esta modalidad hasta el momento.

NOTICIAS DE NUESTRAS LECTURAS

El pasado mes de enero terminaban las conmemoraciones con motivo del centenario del fallecimiento de Benito Pérez Galdós. Pasados los grandes fastos, el mejor homenaje a un escritor siempre es leerlo. No es la primera vez que don Benito asoma en el Club de lectura y, con toda seguridad, no será la última. En estos momentos convulsos en los que todo se pone en cuestión, es bueno leer la novela con la que arrancara uno de los grandes proyectos narrativos españoles, los Episodios Nacionales, que nos plantea hoy los mismos interrogantes que entonces ante un cambio de sociedad y la competencia de los gobernantes. Adelante, entonces, con Trafalgar, que nos ocupará las próximas semanas. De la novela hay muchas ediciones, críticas y populares. Aunque siempre recomendaré las que van acompañadas de aparato crítico (prólogo y notas a pie de página) como las de la editorial Crítica, la RAE o Cátedra, podemos afrontar con éxito su novela en cualquiera de las otras ediciones e, incluso, en la que podemos hallar gratis y con un texto correcto en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en este enlace.

María del Carmen Ugarte García señala con acierto las tres condiciones de la propuesta galdosiana: pacifismo, mirada desde abajo y mirada desde el mundo doméstico. Una entrada más que recomendable.

Pancho da cuenta de la polifonía de voces de la novela y, en especial, de la mirada femenina. Y termina con una canción de los Rolling Stones, que no se puede pedir más. ¿Que cómo lo hace? Aquí tienes la respuesta.

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jueves, 11 de marzo de 2021

Cómo afrontar la (re)lectura de Trafalgar de Benito Pérez Galdós.

 


Más allá de cualquier polémica, la narrativa de Benito Pérez Galdós sigue despertando el interés de los lectores, especialistas y editores. Las viejas diatribas, renovadas cada cierto tiempo, lo acusan de falta de altura de estilo y de profundidad en sus personajes y de tener una condición inferior y menos moderna con respecto a los grandes narradores europeos de su tiempo. Todo ello es injusto y suele acontecer que quienes acusan así a Galdós ni conocen bien su obra ni su vida y pensamiento y tampoco están dispuestos a contextualizarlo en la España de su tiempo, sepultada bajo la losa de desprecio que corrió entre los intelectuales de la vanguardia de las primeras décadas del siglo XX español. Ahí está Galdós, resistiendo a todo, ganando lectores e imitadores en cada generación. De vez en cuando, algún escritor lanza un proyecto similar a sus Episodios Nacionales, que no resiste la comparación.

Pocos han novelado la historia de las clases medias españolas del siglo XIX y su trascurrir por un siglo tan convulso como aquel. Esa novela del siglo se escribe en Galdós desde la esperanza de que la dinámica histórica pudiera cambiar a mejor la situación de un país que había entrado en colapso y la amargura del fracaso de la burguesía en su misión histórica regeneradora. Los Episodios Nacionales retratan de forma realista este caminar desde la esperanza hasta el fracaso de la burguesía española que no cumplió adecuadamente la misión que la historia le reservaba. El realismo de Galdós no es objetivo ni tiene por qué serlo. Comienza con el relato de la decadencia de la monarquía y los gobernantes españoles a principios de siglo y termina con el de una vida política y social decepcionante. En ambos, la gente común se ve marginada de la historia y se dedica a salvar su día a día y solucionar sus problemas domésticos como buenamente puede. Las pocas figuras políticas válidas que aparecen en los Episodios son consideradas eso, excepciones.

Visto todo desde una España también colapsada como la nuestra, que ve decaída la vida del país en todos sus niveles, sin proyecto común y con todas las instituciones en franca decadencia, la lectura se antoja más que apasionante. En algunas de las páginas de Galdós detectamos situaciones y afirmaciones que, mutatis mutandis, se nos presentan como contemporáneas, lo que aumenta el placer de este acercamiento a la primera de las novelas que componen los Episodios Nacionales. En Trafalgar, como veremos, todo está por hacer. El reino está mal gobernado y afronta el desastre sin más condiciones que el valor y la habilidad individual de cada cual. La construcción del personaje que protagoniza la primera serie, Gabriel Araceli, se hace con tonos parecidos a los de la picaresca, pero adaptada al siglo XIX. Hay un cierto tono de esperanza, la posibilidad de que algo pueda cambiar, que no mitiga ni siquiera el hecho de que el relato se nos presente como unas memorias que escribe Gabriel de mayor para contarnos lo vivido. La derrota en Trafalgar fue el final lógico de una decadencia moral del país, pero en la energía de la gente podría residir la solución si tuvieran la oportunidad de que se permitiera el terreno libre a esas individuales. En tierras en donde el mérito se recompensa, suele suceder. Si quieres saber qué ocurre en la España galdosiana, te invito a seguir nuestra lectura.

NOTICIAS DE NUESTRAS LECTURAS

El pasado mes de enero terminaban las conmemoraciones con motivo del centenario del fallecimiento de Benito Pérez Galdós. Pasados los grandes fastos, el mejor homenaje a un escritor siempre es leerlo. No es la primera vez que don Benito asoma en el Club de lectura y, con toda seguridad, no será la última. En estos momentos convulsos en los que todo se pone en cuestión, es bueno leer la novela con la que arrancara uno de los grandes proyectos narrativos españoles, los Episodios Nacionales, que nos plantea hoy los mismos interrogantes que entonces ante un cambio de sociedad y la competencia de los gobernantes. Adelante, entonces, con Trafalgar, que nos ocupará las próximas semanas. De la novela hay muchas ediciones, críticas y populares. Aunque siempre recomendaré las que van acompañadas de aparato crítico (prólogo y notas a pie de página) como las de la editorial Crítica, la RAE o Cátedra, podemos afrontar con éxito su novela en cualquiera de las otras ediciones e, incluso, en la que podemos hallar gratis y con un texto correcto en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en este enlace.

María Ángeles Merino inicia la lectura de Trafalgar y comenta la novela con ayuda de su amiga Austri, que la sorprende en su paseo diario, reconciliada ya con la obra y encontrando con acierto el núcleo del que comenzar: la personalidad del protagonista. 

Si queréis saber qué tiene que ver Gabriel Araceli con Loquillo, debéis acudir a la primera entrada que dedica Pancho a la novela de Galdós. También para saber la verdad de la construcción del personaje y su carácter.


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