martes, 18 de mayo de 2021
Confinados
domingo, 9 de mayo de 2021
Se hará junio pronto
Esta pasada noche terminó el último estado de alarma decretado en España a causa de la pandemia por la COVID-19 y cientos de personas se han echado a las calles a celebrarlo como si su no extensión en el tiempo significara también el final de la enfermedad. En las plazas de algunas ciudades se ha bebido, gritado y bailado dejando a un lado las medidas sanitarias. Son pocos, pero los suficientes para que el virus siga propagándose sin barreras. En toda sociedad hay un grupo de personas así, cuya actitud se debe a un conjunto de causas: insolidaridad, inconsciencia, ignorancia, falsas ideas, venganza. Los he oído en los informativos de radio y televisión. Ante la prensa, se crecían, algunos bajo los efectos euforizantes del alcohol. Siempre me ha llamado la atención cómo este tipo de personas está dispuesto a declarar ante un micrófono o una cámara de televisión con la mayor inconsciencia. Buscan su cuarto de hora de fama y los reporteros cubren con ellos minutos de los informativos. Muchos de ellos son muy jóvenes y sus imágenes quedarán asociadas para siempre a estas actitudes y reutilizadas en las redes sociales. Alguno repetía la derivada última de las consignas sobre la libertad de algunos políticos en la última campaña electoral madrileña, fabricadas por expertos que comprenderán la razón última de su éxito, que seguirán aplicando con la misma eficacia en futuras ocasiones poniendo en boca de los políticos ocurrencias de fácil consumo. Afirmaban que se sentían protegidos y amparados porque actuaban a la madrileña. ¿Saben que el principal argumento de la libertad es la aceptación de las responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos? No hay verdadera libertad sin esa responsabilidad y a estas alturas del juego no sirve alegar ignorancia. Me temo que en breve viviremos el olvido rápido del sufrimiento.
Mientras tanto, las acacias han florecido. He comido un puñado de sus flores para recordar el sabor de aquellas que de niño tomaba camino del colegio, sabiendo ya que el curso caminaba veloz hacia su desenlace. Avanza mayo estirando abril. Se hará junio pronto.
miércoles, 17 de febrero de 2021
Las artes escénicas durante la pandemia
Esta tarde hemos celebrado una sesión en el programa Valladolid Letraherido sobre el estado de las artes escénicas durante la pandemia. En la mesa me acompañaba Margarita del Hoyo, Coordinadora del Máster de Estudios Avanzados de Teatro de la UNIR, que se doctoró con una excelente Tesis sobre el análisis del espectáculo escénico, actriz, docente y autora de estudios imprescindibles sobre el mundo teatral contemporáneo. A su lado, uno siente la importancia de una preparación de gran profundidad en estos aspectos, aparte del poder de la creatividad y la constancia en el trabajo que siempre han caracterizado su biografía.
La pandemia causada por la COVID-19 ha provocado mucho sufrimiento y muertes en el mundo. En la economía, ha desatado una gran crisis y provocado paro, cierre de empresas, la ruina de empresarios y sectores económicos enteros en una situación de agonía y todas las consecuencias que son fácilmente imaginables. Las medidas tomadas por los gobiernos del mundo para detener el avance de la pandemia y evitar el colapso de los hospitales, han sido muy cuestionadas por razones ideológicas, sociológicas y económicas, incluso por quienes comprenden que puedan llegar a ser necesarias, pero en los lugares en los que no se han tomado medidas estrictas estos mismos sectores también se han visto afectados. La retracción de la sociedad por precaución o temor ha incidido también en la situación actual de los sectores relacionados con la vida en sociedad tal y como la concebíamos antes de la pandemia.
El mundo de las artes escénicas ha sufrido las consecuencias, como casi todos los sectores relacionados con la cultura. Los confinamientos, toques de queda, cierre de actividad, limitación de aforos, retracción de la población a las reuniones, etc., han afectado a este mundo hasta llevarlo a una situación límite. Hay que recordar que cuando hablamos de artes escénicas, lo hacemos también de toda una industria y un sector económico en el que están implicados profesionales cuyos ingresos económicos se han limitado o desaparecido. En este sector hay actores, bailarines, directores de escena, pero también técnicos de iluminación y sonido, sastres, escenógrafos, agentes y personal en los locales. Su actividad económica también incide en imprentas, diseñadores y en otros comercios locales...
En todos los casos de confinamiento estricto de la población que se han dado en el mundo, el sector de las artes escénicas ha mostrado su generosidad poniendo a disposición libre de la sociedad grabaciones de obras de teatro, recitando textos, programando actividades que se han emitido en directo, participando en todo tipo de programas, rebajando sus cachés incluso por debajo del coste de producción, etc. La mayor parte de los que participan en el mundo de las artes escénicas lo considera como algo más allá que una profesión y comprenden la función social que tiene, pero esto no impide su reivindicación necesaria y comprensible ante la situación que se ha generado.
A las pocas semanas de desencadenarse la pandemia y decretarse los primeros confinamientos en España, el sector se posicionó lanzando un documento con 52 medidas extraordinarias para afrontar las consecuencias de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19 en el sector de las artes escénicas y la música (pinchar sobre el enlace para descargar), cuyas razones deberían estar continuamente en la mesa de las administraciones competentes, más todo el debate generado posteriormente.
Una de las circunstancias que se han constatado en este primer debate es que la pandemia ha causado problemas, pero que estos inciden en los que ya estaban antes del mes de marzo de 2020. Las soluciones concretas a lo que ahora ocurre deberían tener, por lo tanto, una mirada más amplia.
Con este debate iniciamos en Valladolid Letraherido una iniciativa con la que queremos trazar un mapa de situación de varios sectores relacionados con la cultura. Queríamos comenzar con este por la urgencia actual en crear un debate que llegue a la opinión pública y que contribuya a la búsqueda de soluciones.
En el debate hemos contado con las intervenciones grabadas de Miguel Ángel Pérez, José María Esbec, Mercedes Asenjo y Antonio Velasco. Dejo aquí el enlace a la grabación del acto con la finalidad de que podamos seguir debatiendo sobre esta cuestión: https://fb.watch/3JaJqY-i3k/
domingo, 17 de enero de 2021
No se puede andar por dos calles a la vez
Cada una de las veces que he regresado a esta casa, en la que pasé el confinamiento de la población decretado por el gobierno en marzo pasado, me asomo para ver si aún hay alguna sombra de lo vivido. Durante aquellas semanas, tomé dos fotografías al día. Una desde la ventana del salón, que da a la sierra; otra desde el balcón, que da a la calle mayor. Los dragones que embellecen la rejería del balcón me miran de soslayo cada vez que asomo. No se fían de mí, ahora que estoy libre. Parecen preguntarse qué quiero ahora de ellos. No les respondo, pero quizá sea cómo guardan la división de las calles que se ve desde aquí. Ellos saben, mejor que yo, que no se puede andar por dos calles a la vez, salvo en casos de bilocación, que no suelen ser frecuentes o, al menos, yo no estoy dotado para ello. Los epidemiólogos preferirían ahora otro confinamiento; los políticos sacan las cuentas económicas y de imagen y nos les salen. A mis espaldas, la casa aún se resiente de los paseos diarios de aquellos días, intentando quitarse nuestro peso de encima.
sábado, 16 de enero de 2021
Estatuas de sal. Cartas de Avelino Fierro
Que el fiscal de menores de León Avelino Fierro (Chozas de arriba, León, 1956) es uno de los mejores escritores de diarios actuales es conocido por los amantes del género, que va ganando adeptos en España. Una habitación en Europa (Diarios 2010-2012) (2014) llamó la atención sobre su nombre y su posición literaria se consolidó con las siguientes entregas: Ciudad de sombra (Diarios 2013-2014) con prólogo de José Luis García Martín (2015), La vida a medias (Diarios 2015-2017) con prólogo de Andrés Trapiello (2017, finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León) y Contra tiempo (Diarios: 2017-2018) con prólogo de Julio Llamazares (2019). El gran público tuvo noticia de su labor a raíz de la entrevista que Juan Cruz le hizo para El País, publicada el 29 de febrero de 2020, en la que resaltaba su condición de lector voraz y que ponía como penas a los menores, leer, pero ya sabemos cómo son estas cosas del gran público.
Abandonó la publicación de su diario, pero la insistencia de Elosía Otero le llevó a la revista digital Tam Tam Press, en donde dio a luz una serie de textos reunidos bajo el título de Calendario, siguió con Desde mi celda y continuó con El cuaderno naranja, acompañados de dibujos propios. En las tres series, de manera diferente, juega con el diario como motor de una escritura literaria fronteriza, en unos casos como apuntes, en otros con la forma epistolar y en el último, con la novela. No se trata ya de un diario, pero no deja de serlo. Dada su ausencia de las redes sociales, los fieles lectores de Avelino Fierro compartían estas entradas en sus perfiles y a través del correo electrónico.
Precisamente las cartas Desde mi celda son el origen de Estatuas de sal (2020), que publica Ediciones Franz con prólogo de Jordi Doce (que es autor de un diario sobre el mismo tema, La vida en suspenso. Diario del confinamiento). Se trata de treinta cartas escritas durante el momento más estricto del confinamiento de la población española el año pasado, entre el 13 de marzo y el 12 de abril. Curiosamente, estas cartas sí llevan fecha, a diferencia de lo que ocurría con las entradas de sus diarios, estrategia que le alejaba de la ortodoxia y definición del género. Las cartas se escribían para ser publicadas, dirigidas a una serie de amigos, entre los que se encuentran editores, escritores, periodistas, profesores, pintores y otros relacionados con su profesión. Con esta consideración de carta privada y pública juega inteligentemente en los textos el autor, así como con la idea de construir un diario que no lo es, a partir de la sucesión de epístolas. A diferencia de otros textos escritos durante aquel confinamiento, estos receptores le permiten abrir los temas tratados hacia las noticias de otras vidas confinadas como la suya y hacia la intimidad y la complicidad de las relaciones personales, siempre pasadas por el tamiz de un texto público.
La carta del viernes 13 de marzo con la que arranca el volumen parte de la sensación común que pudimos tener todos al sufrir un paréntesis vital que no sabíamos bien cuánto iba a durar, la extrañeza ante un tiempo diferente:
Ayer ya no traje papeles para trabajar en casa y me deprimí: pero me vino la inspiración y escribí tres o cuatro folios; no sé bien para qué.
Se llenan las cartas de referencias cotidianas, de películas y de recuerdos. Cuando se nos detiene el presente, el tiempo se adensa hacia el pasado:
¿No te sucede que estos días, en los minutos más ténebres, aparece ante ti toda tu vida como un torbellino? No te atreves a mirar hacia el futuro y das un volantazo hacia el pasado, que es como decir hacia la infancia.
Un ir y venir en el tiempo en el que reconocemos lo mejor de la escritura de Avelino Fierro: el tratamiento de lo cotidiano trufado por lo cultural, un estilo que aparenta liviano pero lleva dentro la carga del pensamiento y el juego de las relaciones de ideas y referencias bien asentadas, la ironía y el humor incluso sobre sí mismo, y las referencias literarias constantes, puesto que la condición de lector del autor es casi una definición de su biografía:
Leo un libro tras otro, como quien pasa las cuentas de un rosario. Muevo a veces los labios.
También está presente la reflexión sobre lo que ocurre fuera:
Sólo el sufrimiento nos iguala. Será difícil curarnos de ese silencio venenoso que está ahí afuera, que nos oprime las sienes y el corazón.
Su conclusión final no es esperanzadora. En cuanto se abandone el confinamiento, opina, saldremos en estampida sin mirar hacia atrás, para no convertirnos en estatuas de sal. Aún estamos en eso.
jueves, 3 de diciembre de 2020
Días a título de inventario
viernes, 6 de noviembre de 2020
Nos desconocemos
jueves, 29 de octubre de 2020
Poner puertas al campo
martes, 20 de octubre de 2020
Regresa el óxido
domingo, 27 de septiembre de 2020
En las marismas
domingo, 20 de septiembre de 2020
Somos como somos
Con la limitación de movimientos por la pandemia que sufrimos, muchos han descubierto el turismo tradicional de interior. Más barato, más satisfactorio y más enriquecedor que el de los complejos turísticos de todo incluido.
Yo todavía soy de una generación que recuerda que las familias iban a merendar a los pueblos más cercanos, a pasar el día a una ciudad a una o dos horas de viaje, a veces en los trenes lentos que paraban en todos los apeaderos y que, por desgracia, ya han desaparecido. Mi padre se sabía en qué mesón había que comer la mejor tortilla de patata con ensalada, cuál era la bodega en la que por poco dinero toda la familia podía compartir unas chuletillas de lechazo con patatas fritas o dónde había una chopera para descansar a la sombra en los días con calor, junto a una fuente, en mitad del páramo castellano. Recuerdo la tradición de la merienda cena, que solucionaba el regreso a casa para que los niños nos fuéramos a la cama a una hora adecuada. Antes de conocer una playa del mar Caribe guardada por personal de seguridad, nos familiarizábamos con las murallas de Ávila y nos asombrábamos por las leyendas sobre el diablo ante el acueducto de Segovia.
Sin embargo, estos días, en las ciudades en las que han vuelto las normas que restringen la movilidad y los aforos de los establecimientos, otras muchas familias se han subido al automóvil, han conducido hasta el centro comercial de la localidad más cercana y se han pasado allí toda la tarde, incluso haciendo colas de entrada cuando el aforo estaba completo, intentando burlar los controles de seguridad para entrar a pasear por esa ficción de realidad que son las grandes superficies comerciales, que aparentan calles llenas de tiendas de ropa, de móviles, de productos de regalo, plazas con restaurantes y parques infantiles. Ante el control de entrada, no comprenden por qué no se les dejaba pasar si el número de clientes rozaba el permitido y afean al personal de seguridad que cumpla con su trabajo. Se molestan más por no poder entrar allí que por las carencias en el sistema sanitario por la escasa inversión de los últimos años.
Somos como somos y volveremos a los mismos errores, me decía el dueño del mesón en el que hemos comido hoy.
jueves, 3 de septiembre de 2020
El campo se llena de otoño
sábado, 29 de agosto de 2020
Y en esto, se nos ha ido el verano
lunes, 10 de agosto de 2020
Impaciencia
Esta flor parecía practicar una extraña danza aérea. Es una impaciencia, una herbácea que procede de Cachemira y que ahora puede encontrarse silvestre en España en lugares húmedos. Qué largo su viaje desde el Himalaya hasta la umbría de Béjar. Esta lo es, silvestre, digo. En este racimo tenía todas las posibilidades, desde la flor abierta hasta la promesa futura. Impaciencia, el nombre no define a la planta sino al que la busca. La planta se limita a ser y en eso está su perfección. Hay una belleza que no imita las formas de la naturaleza, pero no me resulta atractiva.
Estos días proliferan las noticias de los nuevos brotes del COVID-19 en España y se discute sobre si estamos aún en la primera ola de la pandemia o ya nos encontramos en la segunda y la eficacia de las medidas con las que se intenta atajar que se extienda la enfermedad y llegue a los niveles del pasado marzo. Las noticias de los medios de comunicación se centran en la irresponsabilidad de muchos en reuniones familiares o de amigos y el descuido de cualquier protección adecuada en los encuentros de ocio y fiestas. Muchas imágenes son escandalosas y deberían tener consecuencias con severas sanciones y procedimientos judiciales para las más graves. Ahora bien, sería preciso una eficaz coordinación y la corrección eficaz de los errores cometidos en los primeros meses de la pandemia porque ya no existe la excusa de la sorpresa. Todo anuncia que en un mes la situación será peor que la actual.
Recuerdo el verano en el que cumplí quince años. Un verano largo y algo solitario en el que leí todo lo que pude. Las tardes en el jardín que mi padre trabajó delante de la casa sin importarle que ni la casa ni la tierra fueran suyas. Yo acababa de regar con la manguera, curvando el aire a la luz arcoíris. La tierra húmeda, los rosales cuajados de flores, el olor de la hierbabuena mojada. Sentado en el suelo sobre el cemento de la acera, apoyaba la espalda en la pared de la casa y leía.
Impaciencia, la vida entera, no solo esta planta. Hay tantas cosas que hacer antes de morirse. Vivir, por ejemplo.