18 de agosto de 2019
- Hay que estar atento a lo que sale desde adentro. Corazón, razón, alma... como se quiera llamar. Ésa es la posta y uno lo sabe.
Me reí a medida que lo leía. Quizá porque estemos lejos disté de creerle, pero no negué que me pareció innovador su argumentación. Después de haber conocido a tantos tipos cobardes, que uno sostuviera eso, por el sólo hecho de que pudiera pensarlo diferente, más allá de todo, independientemente de todo, resultó digno; totalmente digno para mí.
- Sí eso es cierto... Igualmente, fuera de toda consideración que tengamos, a veces te tira cada posta que tenés que cambiar de vida. Me parece increíble pensar eso - admití.
- Y bueeeno - dijo, con alevosía - Hay que escuchar...
- Creo que es la únuca manera en que justifico cuando la gente pega esos volantazos... Pienso "siguió a su deseo, no hay caso" - le confesé.
- Eso es verdad - asumió - Hay que ser valiente.
- Sí, ya lo sé, totalmente. Antes, lo era más - le respondí, sin pensar.
- ¿Vos quedaste golpeada y sentís miedo? - me preguntó.
En pocos días, era la segunda vez que me hacía la misma pregunta.
- Sí, soy más cauta. Los años me han vuelto más concienzuda, creo - dije, haciéndome cargo de la respuesta anterior.
- ¿Sabés qué? Hay que jugársela y bancar lo que queda después... Pero vivir (...) - me dijo - Bueno, yo estoy en otro tiempo, claro - enseguida, me aclaró.
- ¿En qué sentido ? - le dije, para que fuera todavía más claro.
- Por mi edad.
Mofé, en voz alta, dándome cuenta que era obvio. ¿En qué otro sentido iba a ser?
- Yo pensaría que a tu edad es más común tener mi cautela - admití, con sorna- pero, por suerte, tengo ante mí la excepción a la regla, parece... Es más, hubiera pensando que habiendo pasado tantas cosas ya te agarra tanto miedo que, entonces, decís: "no (...)" - le dije, siendo totalmente franca consigo.
- Mirá ... - me dijo, a modo de explicación, con toda paciencia - yo tengo cincuenta años. Me queda muy poco para vivir, y lo que me queda para vivir no va a estar bueno; porque la vejez trae aparejadas un montón de cosas que no están buenas. Hoy me siento perfecto, obvio, pero el pensamiento es ése. Supongamos que me queden veinte, veinticinco años, dependiendo cómo esté (...) éso yo lo tengo claro. Imaginate si voy a andar cuidándome, diciendo "no, no me juego, no, no lo hago, no, mirá si ella me lastima ..." - argumentó , a modo de pregunta no explícita en el aire- Noooo - respondió.
- Me alegro que, realmente, sea así - le dije, luego de escuchar su voz en un audio con ese argumento.
- Pero es que es así. No estoy acá para mentir, ya - revalidó.
- Bueno, lo entiendo... Aunque hay que reconocer que, a veces, otra gente, te la vende - resalté.
- Bueno, yo no. Yo soy ésto.
- Sos el anti-concepto que tengo de todos los tipos de tu generación - dije, con un dejo de humor y un instante después pasé a argumentar mi tesis.
Porque eso sí, a Galeno - así le llamaré, a partir de ahora -, desde el comienzo supe, a la manera que se saben las cosas inesperadas, que no le podés dejar un punto sin pechear.
Porque eso sí, a Galeno - así le llamaré, a partir de ahora -, desde el comienzo supe, a la manera que se saben las cosas inesperadas, que no le podés dejar un punto sin pechear.
Viernes, 13 de septiembre
Ése día, pienso ahora, fue el momento preciso donde yo empecé a sentir miedo, un miedo diferente a todo, miedo a la vertiginosa sensación de irrealidad, de puro presente en la que ni siquiera se puede conmensurar el tiempo producto del pavor. ¿Miedo de qué? Éso pensarán muchos, incluido él.Pero la única que lo entiende desde el vivirlo en carne propia, a fin de cuentas, soy yo. Y eso, independientemente de todo y de todos, me alcanza para saber que a veces (aún mismo pensé lo contrario durante tantos años, y cómo la vida me lo está devolviendo...), la tibieza no es una elección deliberada, nuestra carta de oro; sino que es, por el contrario, aquéllo último a lo que no podemos renunciar... Porque, de hacerlo ¿qué es lo que nos queda? El disfrute por el disfrute mismo, sin mañanas, sin la "próxima vez".
¿Y quién no le tiene siquiera un poco de miedo a la felicidad intensa pero efímera?
¿A no poder pagar, más adelante, ése recibo?
Yo, casi con veinticinco, sí. Y, por primera vez en mis años vividos, no me avergüenza admitirlo. Estaré aquí, por el contrario, dispuesta a atacar la raíz del problema y no a quien, eventualmente, lo encarna.
El que lo sepa entender, será quien reciba toda la luz que pueda salir a irradiar a partir del arduo trabajo que he comenzado. El que no lo sepa comprender, que mire para otra parte.
¿Y quién no le tiene siquiera un poco de miedo a la felicidad intensa pero efímera?
¿A no poder pagar, más adelante, ése recibo?
Yo, casi con veinticinco, sí. Y, por primera vez en mis años vividos, no me avergüenza admitirlo. Estaré aquí, por el contrario, dispuesta a atacar la raíz del problema y no a quien, eventualmente, lo encarna.
El que lo sepa entender, será quien reciba toda la luz que pueda salir a irradiar a partir del arduo trabajo que he comenzado. El que no lo sepa comprender, que mire para otra parte.