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Mostrando las entradas etiquetadas como ernst lubitsch

El abanico de Lady Windermere (1925)

Dos abanicos elegantes, irónicos y refrescantes Por Antonio Pardines En su país natal, Ernst Lubitsch era un director estrella, a la altura de un Fritz Lang , un Joe May o un Murnau , o incluso más elevado. Así que era cuestión de tiempo que alguien de Hollywood se fijase en él. Y ese alguien fue Mary Pickford que, aparte de actriz estrella, era una productora «independiente» que buscaba un cambio de imagen que le permitiese dar el paso a producciones más complejas, en las que a su esplendor de icono indiscutible de la pantalla se uniese el de gran actriz. Rosita, la cantante callejera ( Rosita , 1923) fue un éxito de taquilla, pero no convenció ni a Lubitsch ni a Pickford . Ninguno de los dos parecían moverse con comodidad. Todo lo contrario sucedió en Los peligros del Flirt ( The Marriage Circle , 1924), la primera gran comedia hollywoodiense de alcoba de Lubitsch , la que aventuraba el «toque» que lo convertiría en uno de los directores más populares y admirados de Hollywood; l...

Rosita, la cantante callejera (1923)

Su imagen infantil y angelical, de niña inocente e ingenua, menuda y con bucles en el cabello, le había llevado a lo más alto del firmamento del celuloide, pero también la había encasillado. Para poder avanzar en su carrera, pues el paso de los años no perdona ni a las “novias de america”, Mary Pickford buscaba un cambio de imagen que le abriese nuevas posibilidades dramáticas para seguir luciendo. Así que decidió traerse a Ernst Lubitsch a Hollywood para que lo hiciese posible. Por entonces, 1922, el berlinés ya era un cineasta reconocido a nivel internacional y un director estrella en su país, pero no por las comedias que le convertirían en una de las grandes leyendas del cine. Lo suyo venía siendo dramas históricos tal Ana Bolena (Anna Boleyn, 1920) o ambientados en la Historia como Madame Du Barry (1919), o joyas inclasificables como El gato montés (Die bergkatze, 1921). Más o menos eso era lo que Pickford se esperaba de su asociación con Lubitsch ; esperaba un cineasta elegant...

Deseo (1936)

Se ha hablado de la autoría de Deseo (Desire, 1936), poniendo en duda si se trataba de una película de Frank Borzage , quien aparece acreditado como único director, o de Ernst Lubitsch , por entonces jefe de producción de la Paramount y productor del film. No cabe duda que la película está influenciada por Lubitsch , que supervisó el film y colaboró en el guion —firmado por Edwin Justus Mayer, Waldemar Young y Samuel Hoffenstein, a partir de la comedia de Hans Szekely y R. A. Stemmle—, pero tampoco conviene olvidar que Borzage participó en el desarrollo del mismo ni que fue quien lo filmó, salvo en una única intervención del cineasta berlinés en el plató donde se rodaba esta elegante comedia de la que Dietrich, su actriz principal, no dudó en señalar que <<Borzage fue el único director de Desire >>. (1) Y ya que estamos con la estrella alemana, Deseo volvía a reunirla en la pantalla con Gary Cooper , su compañero en la exitosa Marruecos (Morocco, Josef von Sternberg, 19...

El desfile del amor (1929)

Más madera, demanda la locomotora de Los hermanos Marx en el Oeste ( Go West , 1940). Más comedias musicales, exigen los productores y los distribuidores cinematográficos de aquel Hollywood de los primeros compases del cine sonoro. Más leña al fuego aumenta la velocidad de la máquina capitaneada por Groucho , más canciones satisfacen los oídos de aquel público que despertaba al sonido cinematográfico o quizá no se tratase de oídos y todo se redujese a una estrategia comercial de los estudios. Puede que los espectadores demandasen más comedias musicales por cuenta propia o lo hiciesen como si la exigencia fuese idea suya, pero lo cierto es que acudían a las salas a ver las novedosas películas habladas y cantadas cuando, apenas un año antes, aún disfrutaban de films silentes que habían alcanzado un alto grado de perfe...

El castillo de Dragonwyck (1946)

Con años de guiones en su cuenta, un guionista que pretende ser director tiene la ventaja de que ha estado dirigiendo, aunque solo lo haya hecho sobre el papel. Además, si también ha sido productor, añade a su experiencia un plus de gestión. Solo falta dar el salto o que le permitan darlo y continuar su aprendizaje en un plató o en un decorado natural donde garabatee sus primeros esbozos creativos y las ideas que tenga en mente. Durante la década de 1930 y la primera mitad de la siguiente, a Joseph L. Mankiewicz no le dejaban saltar y tuvo que conformarse con escribir y producir para otros. No obstante, en 1946, tuvo su oportunidad. Hay varias versiones de cómo le llegó, pero lo cierto fue que  Ernst Lubitsch le propuso que se hiciera cargo de la dirección de  El castillo de Dragonwyck ( Dragonwyck , 1946). ¿Cómo habría sido la adaptación de  Dragonwyck en manos de  Lubitsch ? ...

Una mujer para dos (1933)

Sin exhibicionismo, sin violencia, solo una sutil bofetada a las mentes biempensantes de parte de Ernst Lubitsch , que prefiere un trío vital a un matrimonio que comprendemos muerto antes de que Max ( Edward Everett Horton ) abandone el inmaculado lecho nupcial que ha compartido con Gilda ( Miriam Hopkins ). La escena a la que tenemos acceso lo dice todo: sale de la habitación, cierra la puerta y, malhumorado, da un puntapié a la maceta con dos tulipanes idénticos que George  ( Gary Cooper ) y Tom ( Fredric March ) enviaron a la novia como regalo de boda. Por eso me gusta Lubitsch , porque es capaz de transgredir con elegancia, y esto le sobra a una comedia del tipo Una mujer para dos ( Desing for Living , 1933). En el cineasta de "dos para una mujer" vence la alegría, el amor y el sexo. Pierden los convencionalismos, la hipocresía y la moral que La liga de la Decencia y el código H...

El teniente seductor (1931)

En las primeras comedias sonoras de Ernst Lubistch ,  Maurice Chevalier encarnó al pícaro seductor que encuentra en el opuesto femenino su razón de ser. Pero, en realidad, el seductor es el propio Lubitsch , quien seduce con elegancia, con su picardía y con la insinuación que combina con buen gusto, alegría y su dos más dos y que usted lo sume bien. Sus películas son como los guiños de Niki ( Chevalier ) en  El teniente seductor ( The Smiling Lieutenant ,1931), cuyo gesto expresa que quiere algo más que expresar un "me gustas". Ese gesto de complicidad e intención son las comedias de  Lubitsch , que también quiere algo más de nosotros, requiere que nuestra imaginación entre en su juego e interprete sus dobles sentidos, su delante y detrás de las puertas, el cambio de tono y de melodía en el piano o qué significa el tablero de damas que termin...

El diablo dijo no (1943)

Las comedias de Ernst Lubistch son fantasías irónicas, ingeniosas, rítmicas y elegantes que al tiempo muestran y ocultan, pero la única que podría inscribirse dentro del género fantástico es El diablo dijo no ( Heaven Can Wait , 1943). Esto solo forma parte de su apariencia y no trastoca lo esencial del cine del realizador berlinés: el sutil enfrentamiento de opuestos en espacios en su mayoría idílicos que invitan a la ensoñación y a la complicidad generada por las diferentes trivialidades que dan pie a momentos de elevada comicidad. Lo mismo podría decirse del uso de la fotografía en color, innecesaria en alguien como Lubitsch  —era la primera vez que la empleaba y también fue la última, si exceptuamos la parte que rodó de  La dama del armiño  ( That Lady in Ermine , 1947)—. Como cualquier otra de sus películas,  El diablo dijo no podría funcionar en blanco y negro, de hecho, ganaría con la oposición bicromática que domina en su obra fílmica. Por ello, el ser ...

El pecado de Cluny Brown (1946)

En las páginas de sus Conversaciones con Billy Wilder  ( Conversations with Wilder , 1999),  Cameron Crowe pregunta al genial guionista y director <<que era, en su opinión, el toque Lubitsch?>> Aquel le responde que <<era el uso elegante de la superbroma. Uno tenía una broma, y con eso bastaba, pero luego había otra broma aún mayor por encima de ella. La broma inesperada. Ese era el toque Lubistch>>. Para comprender la grandeza del toque Lubitsch  no es preciso ser Wilder , algo por otra parte imposible, solo disfrutar de alguna comedia de Ernst Lubitsch , sea muda o sonora. De ser una de estas últimas, el toque se hará más evidente, pero, sea la que sea, siempre estarán presentes la elegancia de su autor, su insinuación, su complicidad con el público y su fina ironía. La importancia de los espacios, preferibles los irreales y lujosos, los detalles, los objetos (puertas, relojes,..., e incluso tuberías), los personajes secundarios y los diálogos, ...

Una hora contigo (1932)

Inmerso en el montaje del drama bélico  Remordimiento ( Broken Lullaby , 1932),  Ernest Lubitsch  delegó las funciones de director de Una hora contigo ( One Hour with You , 1932) en  George Cukor , por aquel entonces recién llegado a Hollywood y sin apenas experiencia en el medio cinematográfico. Bajo la supervisión del prestigioso realizador centroeuropeo, el futuro responsable de   Historias de Filadelfia  ( The Philadelphia Story ; 1940)  inició el rodaje de Una hora contigo , la versión sonora de Los peligros de Flirt ( The Marriage Circle , 1924), aunque, poco tiempo después, Lubitsch  asumió mayor presencia en el plató, hasta meterse de lleno en las labores que Cukor venía desempeñando . Como consecuencia, la autoría de la película creó controversia dentro de la Paramount , sobre todo cuando, molesto con la desaparición de su nombre de los títulos de crédito,  George Cukor  decidió demandar al estudio. Fuera como fuere, a ...

Ana Bolena (1920)

El personaje de Enrique VIII ha sido trasladado a la pantalla en numerosas ocasiones, siendo las caracterizaciones más recordadas las de Charles Laughton en La vida privada de Enrique VIII  ( The Private Life of Henry VIII ,  Alexander Korda , 1933),  Robert Shaw en Un hombre para la eternidad  ( A Man for All Seasons ,  Fred Zinnemann , 1966),  Richard Burton en Ana de los mil días  ( Anne of the Thousand Days ,  Charles Jarrott , 1969) o, más recientemente, Jonathan Rhys-Myers en la serie  Los Tudor , la cual, como el 99,9% de las series televisivas, no he visto. Pero, desde un punto de vista histórico, la figura real de Enrique VIII de Inglaterra resulta más compleja que la ficticia, sobre todo si se la compara con la encarnada por  Emil Jannings en  Ana Bolena  ( Anna Boleyn , 1920), melodrama silente en el que el actor alemán dio vida a un monarca mujeriego, obsesionado con tener descendencia masculina. La estrella, q...

La viuda alegre (1934)

La opereta se desarrolló en Europa a lo largo del siglo XIX, siendo una variante ligera y desenfadada de la ópera, en la que los diálogos y las canciones se sucedían para escenificar historias poco menos que inverosímiles. A este tipo de género musical pertenece La viuda alegre , estrenada con gran éxito en Viena en 1905,  la cual daría origen a varias versiones cinematográficas entre las que destacan la dramática filmada por  Erich von Stroheim  en 1925 y esta comedia musical realizada en 1934 por   Ernst Lubitsch , una de las figuras claves de la evolución de la comedia hollywoodiense. Lubitsch  ya había empleado el ambiente de opereta en algunos de sus primeros films sonoros ( El desfile del amor , El teniente seductor , Montecarlo o Una hora contigo ), en los que desplegó su gran capacidad para crear situaciones irónicas, sofisticadas, cínicas y sutiles, que se combinan con melodías como la que introduce al  personaje encarnado por Maurice Chevalier ....

Lubitsch, un toque de genialidad

Sería por 1911 cuando el joven Lubitsch fue contratado por la compañía teatral que dirigía el prestigioso Max Reinhardt ,  de quien iría tomando buena nota en cuanto a su dirección de actores y a su puesta en escena, cuestiones éstas que  Lubitsch  dominaría a la perfección a lo largo de su carrera, tanto la alemana como la estadounidense. En 1913 se produjo su debut como actor cinematográfico; y un año después obtenía su primer éxito popular al protagonizar el cortometraje El orgullo de la empresa ( Der stolz der firma ), de Carl Wilhelm .  Pero, a pesar de alcanzar cierta notoriedad como actor, Ernst Lubitsch se decantó por la dirección cinematográfica, oficio en el que destacó por encima de la mayoría de sus coetáneos, hecho que le permitió tener el control absoluto de sus producciones, desde el guión al casting, pasando por cualquier otro aspecto artístico o técnico. Inteligente, sensible y vital, Lubitsch  asentó su carrera de realizador gracias al...