De los más grandes del cine negro, del western, del bélico, de la aventura,… en definitiva, uno de los mejores directores cinematográficos que ha dado el cine, aunque nunca tan alabado e idolatrado como quienes, incluso sin su talento, supieron publicitarse y venderse mejor, Raoul Walsh era un narrador que empleaba las imágenes para contar historias. Y lo hacía de forma sobresaliente. No pretendía dárselas de genio, aunque fuese un genial cineasta. Comprendía que una película era una expresión animada, un espectáculo vivo y quizá una nueva forma de arte que debía conectar y entretener al mayor número de público posible. Era consciente de que “el negocio es el negocio” y que había que equilibrarlo con su ego artístico; también lo era de que una película la forman numerosos elementos, entre ellos los distintos departamentos, desde los guionistas hasta los efectos, pasando por las manos de los productores. Uno de sus periodos de esplendor —salvo momentos, prácticamente, toda su carrera e...