El deseo, del tipo que sea, mueve a la acción, es el motor del ser humano: deseo de mejora, de no sufrir, de conseguir o alcanzar esto o aquello, anhelo de y por tantas cosas que se logran o se malogran. Sueños que se esfuman y objetivos que se alcanzan o se pierden mientras se camina hacia ellos dentro o fuera de los márgenes establecidos para frenar los propios deseos. Pero gracias a la posibilidad de desear, incluyo el deseo de no querer desear, los humanos nos movemos y actuamos, retrocedemos o avanzamos en pequeños pasos que, en ocasiones, incluso resultan grandes para la vía común. Ese deseo, en sus múltiples variantes, quizá sea junto la mentira, la presunción y la manipulación uno de los rasgos que, además de definir parte de nuestra humanidad, diferencia a la especie humana de otras especies animales. En nosotros hay deseo espiritual e intelectual, sexual, material, vital. Los hay de todo tipo, aunque nunca lleguemos a conocer todas las clases y tipos. Existen de diferentes in...