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Mostrando las entradas etiquetadas como productores

Samuel Goldwyn, producto de calidad

Más allá de su legendaria incultura, luce el empresario y el intuitivo cinematográfico, aquel que contrató a William Wyler porque vio en él a su director de talento, a quien confiar sus mejores proyectos, y que encontró a su gran estrella de la pantalla en Gary Cooper , a quien, en 1926, había contratado por 50 dólares semanales para rodar Flor del desierto ( The Winning of Barbara Worth , Henry King, 1926). Años después, le ofrecería un contrato por seis años, a razón de 150.000 dólares por película y buscaría los personajes que mejor se adaptasen a las características de uno de los más carismáticos actores que Hollywood ha parido y así evitar que saliesen a relucir las evidentes limitaciones artísticas del protagonista de Bola de Fuego ( Ball of Fire , Howard Hawks , 1941), una comedia que supuso un éxito para la compañía y también para la estrella, que no quería protagonizarla porque no encontraba el atractivo de su personaje. Pero Cooper no destacaba por su agudeza ni por su in...

Charles Brackett, el tranquilo de una pareja genial

Charles Brackett, Billy Wilder y Doane Harrison <<El director del departamento de guionistas de Paramount tuvo la brillante idea de emparejarme con Charles Brackett, un distinguido caballero de la Costa Este que había estudiado Derecho en Harvard y tenía unos quince años más que yo. Me gustaba trabajar con él. Era una bellísima persona. Formaba parte de la mesa redonda del Algonquin y había sido crítico de cine —o de teatro— de The New Yorker en los años veinte, en los primeros tiempos de la revista>>, le explica Billy Wilder a James Linville, que le entrevista para The Paris Review . Brackett, procedente de una familia de la alta sociedad, era todo un caballero, conservador, culto, tranquilo, que llegó a Hollywood antes que Wilder y después de haber trabajado en el bufete de su padre, que aparte de abogado y banquero también había sido senador republicano, y en el New Yorker , como crítico teatral. Tras su paso por la prensa y la publicación de sus primeras novelas, deci...

Los hermanos Warner en la costa Oeste

Los hermanos más populares e hilarantes de Hollywood fueron los Marx, pero hubo más hermanos que conquistaron la industria del cine. Por ejemplo, en los despachos, Myron y David Selznick, los Schenck, Joseph y Nicholas, o los Warner, que llegaron a lo más alto del tinglado sin actuar en la pantalla, haciéndolo en la sombra —Harry apenas se dejaba ver por el estudio, dedicado a los aspectos financieros de la empresa— y, cuando la ocasión lo requería, en público, sobre todo Jack, el menor de los cuatro. Hubo quien lo veía como un payaso, pues tendía al histrionismo, y un reaccionario, pero junto a sus hermanos fue un emprendedor y un empresario fundamental en el negocio cinematográfico. Aparte de familia, los Warner eran hombres de cine y buscavidas que habían empezado con nada y llegaron a ser los creadores de una marca que, aunque haya perdido su esplendor y significado —la Warner actual, salvo el nombre y la WB del logo, nada tiene que ver con la del pasado—, aún hoy sigue dando produ...

Pickford, la pequeña gran Mary

Al principio no había nombres en la pantalla, solo aquellos cuerpos y rostros proyectados en sabanas y paredes. Las voces, gritos, pellizcos, guantazos, alguna ventosidad en fuga y el humo tabaco procedían de los espectadores; la mímica y las caídas solían proceder del otro lado. Así fue durante años, hasta que aquellas anatomías planas se hicieron familiares para el público que acudía a las barracas y, posteriormente, a locales adaptados para una mejor proyección. En los primeros tiempos no existía el star-system , ni el sistema de estudios, ni el sensacionalismo ni la pomposidad de alfombras rojas, ni historias con argumentos ni publicistas que creasen ídolos. Había buscavidas, granujas de medio pelo, calvos y de melena, soñadores de entretenimiento y empresarios en busca de negocio; y este se encontraba en las imágenes y las situaciones, en payasadas, fantasías, westerns... También en las estrellas. Qué decir tiene que, por entonces, el cine andaba en pañales y aprendía a caminar al...

Mel Brooks, ganas de (hacer) reír

La primera película que Mel Brooks vio en el cine fue El doctor Frankenstein (Dr. Frankenstein, James Whale, 1931). Le impactó tanto que cuarenta y tres años después realizó El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, 1974), su cuarto largometraje como director y la primera que recuerdo haber visto de las suyas; ¿o fue El misterio de las doce sillas (The Twelve Chairs, 1970)? El cine había irrumpido con fuerza en aquel niño de cinco años, natural de Brooklyn, feliz en su vecindario y con ganas de hacer reír y, probablemente, de dejar atrás la pobreza que vivió durante la Depresión que disparó el paro, los precios, el hambre y algún totalitarismo. Con muchas ganas, suerte, talento y humor de patio de colegio llegó a triunfar como cómico; más adelante lo haría como actor, guionista, productor y director de cine y televisión, medio este último para el que creó junto con Buck Henry  Superagente 86 (Get Smart, 1965-1970). Aunque la cosa no sería tan fácil. Necesitaría encontrarse...

Alfonso XIII, de aficionado a pionero del cine porno

Aparte de rey, puesto que le llegó de familia, Alfonso XIII también fue productor de películas. Pero las suyas no iban a ser documentales ni de bandoleros que emulasen en la pantalla las aventuras del “Tempranillo” por la Serranía de Ronda, ni religiosas con Balarrasa o Sor Citroen de protagonistas. Tampoco iban a ser dramáticas, ni folclóricas ni cómicas, aunque satirizase en ellas a las figuras más cernanas a su cargo real. Rodeado de políticos y del clero, estos iban a ser algunos de los personajes que el monarca pretendía parodiar en sus películas. Las produciría por afición, sin pensar en la posibilidad de negocio, mas había un “pero”, que no eran para todos los públicos, ni siquiera para mayores de edad. Serían para consumo propio y, además, convenía mantenerlo en secreto, pues estaría mal visto por la sociedad de su reino que el cabeza visible de la corona fuese un pornógrafo. Desde los tiempos de la Babilonia que inspiró a Griffith y supongo que antes, sexo, fantasías y poder s...

Thomas Harper Ince, producción en cadena

<<A cinco millas al norte de Santa Mónica, siguiendo la línea costera californiana, existía un fabuloso lugar llamado Inceville. Se llamaba así en honor de su propietario y creador, Thomas H. Ince. Consistía en una sucesión de escenarios al aire libre y falsos decorados de westerns, tan usuales en los films de aquellos días…>>, en los que no paraban de salir películas del horno. Eran como el pan fresco, salían prácticamente cada jornada, eran de consumo rápido y sabroso. El buen sabor de boca que dejaban en el consumidor implicó mayor demanda y, <<como el volumen de operaciones que se desarrollaba en Inceville crecía de la noche a la mañana, Thomas H. Ince compró y construyó una serie impresionante de platós en un terreno situado en el nuevo pueblo de Culver City…>> (1) Por entonces todo era novedad y cada jornada, en el estudio de Ince, se aprendía el oficio a la par que se trabajaba para afianzar el lucrativo negocio de producir películas. ¿Quien se lo iba a d...

Mack Sennett, de golpe y porrazo

Durante los primeros años del siglo XX, el cine todavía era un horizonte lleno de posibilidades para los pioneros que no dudaron en aventurarse por él. Comprendían que se trataba de un negocio o quisieron verlo como tal, de modo que se lanzaron de cabeza y las imágenes en movimiento se expandieron por todo el mundo. Los primeros países fueron Francia y Estados Unidos, con los Lumière y Edison, quien, como de costumbre, quiso el negocio para sí, ya que había intuido su alcance económico; aunque no tanto como en realidad llegó a ser. Había para todos, pero él no quería compartir, así que luchó contra los independientes en lo que se conoció como “la guerra de las patentes”. Pero su Trust, formado por la Biograph, la Vitagraph y productores como Pathé y Gaumont, acabó perdiendo contra quienes, con razón, Hollywood considera los fundadores de su industria cinematográfica. Los independientes, tipo Carl Laemmle, Adolph Zukor o William Fox , iniciaron sus negocios cinematográficos en la costa ...

William Fox, más lince que un zorro

Nacido en Tolcsva (Hungría) en 1879, sus padres abandonaron el Imperio tantas veces aludido por Berlanga en sus películas para buscar fortuna en América. Tenía nueve meses cuando llegó a Estados Unidos, allí, en el ghetto judío de Nueva York creció y fue a la escuela de la que salió para ser payaso o clown y trabajar en la confección. <<Hacía forros para trajes de caballero y tenía un negocio de tintorería, pero se fue del Lower East Side tan pronto como pudo>>. (1) En 1903 (fecha señalada en Historia general del cine, vol. IV) abrió una pequeña sala de cine, aunque A. Scott Berg en su biografía de Samuel Goldwyn y Raoul Walsh , en sus memorias, señalan que fue en 1904 cuando se lanzó al negocio del cine. Pero año arriba, año abajo, resulta indiferente, pues lo esencial del asunto reside en que la compra de la sala fue el primer paso de una ascensión que, una década después, le llevó a ser propietario de un amplio número de salas, lo que le convertía en uno de los exhibido...