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Mostrando las entradas etiquetadas como frank capra

La batalla de Rusia (1943)

<<—General Marshall, considero necesario decirle que nunca antes he hecho un solo filme documental. De hecho, nunca he estado cerca de nadie que haya hecho alguno... — Capra  —dijo, con un ligero filo en su voz—. Yo nunca he sido jefe de Estado Mayor antes. A miles de jóvenes americanos nunca les han volando las piernas antes. Hoy tenemos a muchachos mandando barcos que hace un año nunca habían visto un océano. —Lo siento, señor. Le haré los mejores malditos documentales que nunca se hayan hecho. Sonrió. —Estoy seguro de que los hará. A todos se nos pide que hagamos lo que nunca habíamos soñado que pudiéramos hacer. Le pido que les diga a nuestros jóvenes por qué deben vestir un uniforme, por qué deben combatir.>> Frank Capra. El nombre delante del título . T&B Editores, Madrid, 2007 Dos años después de la filmación de La batalla de Rusia ( The Battle of Russia , 1943) su realización habría sido innecesaria y cuatro más tarde, por causas bien conocidas, imp...

Un gángster para un milagro (1961)

De puertas afuera, la televisión se convirtió en fuente de males para el cine estadounidense de la década de 1950, pero la crisis que aquejaba a la industria cinematográfica hollywoodiense se gestó y desarrolló en su seno. A la pérdida del monopolio de la distribución de films (que significó el final de la política de los estudios), habría que sumarle la falta de riesgo creativo, la insípida producción en cadena y el afán de llenar las salas sin equilibrar la ambición comercial de los empresarios, el creciente poder de las estrellas y la visión artística de quienes hacían posible las buenas películas. Este desequilibrio (presente desde los orígenes comerciales del cine) se agudizó con el paso de los años y la minoría de realizadores personales y comprometidos con su arte se vio más reducida. Dicho desequilibrio afectó a los grandes cineastas de Hollywood, cuya situación durante los años cincuenta y sesenta se convirtió en un tira y afloja con los actores y las actrices, con las cifras...

Dama por un día (1933)

Su primera versión del cuento de hadas de Annie Manzanas confirmaba a Frank Capra como uno de los cineastas favoritos entre el público estadounidense. Sus comedias transmitían buenas intenciones y la ilusión que muchos no encontraban en la vida real, marcada por la Gran Depresión. Pero el humor amable y bienintencionado de Capra no parecía satisfacer el gusto de los miembros de la Academia que, considerando el drama superior a la comedia, elegían a los premiados basándose en intereses que a menudo no tenían en cuenta la calidad de las películas. Para el cineasta,  Dama por un día ( Lady for a Day , 1933) resultó algo más que un nuevo éxito —que hacía olvidar la indiferencia comercial obtenida por su anterior película,  La amargura del general Yen  ( The Bitter Tea of General Yen , 1932)—, ya que implicó el inicio de su idilio con los Oscar, al obtener su primera nominación al mejor director y a la mejor película de la temporada, aunque aún tendría que aguardar un añ...

Frank Capra. Su nombre, su película

En 1903 la familia  Capra  abandonó su hogar rumbo a la nueva vida que le aguardaba lejos de aquella Sicilia donde ninguno de sus miembros habían aprendido a leer ni a escribir, aunque sí a deslomarse trabajando duro. Igual de duro resultó su viaje por mar y, concluida la estancia obligatoria en la isla de Ellis, por tierra hasta aquel "Estado Dorado" de principios del siglo XX donde en el siguiente decenio se desarrollaría la industria cinematográfica más poderosa del mundo. En California, debido a sus seis años de edad, el pequeño  Frank  se libró de buscar un empleo a jornada completa y pudo ingresar en la escuela primaria. Convertido en el primer Capra en aprender a leer y escribir, aquel niño no se conformó con sus estudios elementales, quería más y para ello era necesario continuar su educación. De modo que se las ingenió para compaginar su trabajo de repartidor de periódicos con los estudios secundarios y, más adelante, aumentar el número de ocupaciones la...

La locura del dolar (1932)

La economía marchaba viento en popa, las acciones de las compañías no paraban de incrementar su valor, nadie se preguntaba el por qué de esa aparente eterna alza, solo se frotaban las manos pensando en los dividendos que esta suponía. La gente vivía el espejismo de seguridad y opulencia, el optimismo reinaba en los mercados hasta que inesperadamente llegó la semana negra de octubre de 1929 y con ella la tragedia bursátil que nadie preveía y que muy pocos supieron explicar. El crack de la bolsa no tardó en dejarse notar en todos los sectores de la sociedad estadounidense (y de otros lugares) y con él la Gran Depresión relevó a los "felices veinte". Algunas entidades financieras quebraron, el cierre de empresas se hizo inminente y el despido de sus trabajadores puso en la calle a millones de ciudadanos que, sin oficio ni beneficio, buscaban aquí y allá una nueva ocupación laboral que les devolviese el bienestar perdido en ese pestañear de ojos que les despertó a la cruda rea...

El hombre cañón (1926)

El ascenso al estrellato de Harry Langdon fue tan meteórico como lo fue su caída, quizá porque en la cima del éxito perdió el rumbo que había encontrado en los estudios cinematográficos de Mack Sennett . El indiscutible rey del slapstick intuyó en aquel artista de variedades de cuarenta años de edad la vis cómica que  Arthur Ripley ,  Frank Capra  y el realizador Harry Edwards  supieron modelar creando un personaje acorde con el aspecto infantil, pausado y bonachón del actor, un personaje que, aunque resulte exagerado, no tardó en ser comparado con el vagabundo de Charles Chaplin , con el sufrido e inalterable chico interpretado por Buster Keaton  y con aquel ágil muchacho encarnado por  Harold Lloyd . Langdon  ni era un creador como sí lo eran Chaplin y Keaton ni poseía la frescura de Lloyd , sin embargo, gracias a sus cortometrajes producidos por Sennett , se convirtió en uno de los rostros más populares de la comedia muda. Ante tal é...

Juan Nadie (1941)

Los protagonistas de las comedias sociales de Frank Capra  son individuos amables, inocentes, honrados y de una fuerte convicción moral, en la cual los valores defendidos por la constitución de su país se erigen como su fuerza motora. Este individuo anónimo, como serían los protagonistas de El secreto de vivir  ( Mr. Deeds Goes to Town , 1936),  Caballero sin espada  ( Mr. Smith Goes to Washington , 1939),  Juan Nadie  ( Meet John Doe , 1941) o incluso el suicida de  ¡Qué bello es vivir!  ( It’s a Wonderful Life! , 1946) representan a un utópico ciudadano de a pie, capaz de enfrentase a la corrupción y salir vencedor gracias a su entereza y a su inquebrantable creencia en aquello que defiende en sus emotivos discursos, que apelan a la solidaridad, a la honradez y al sentimentalismo inherente en sus semejantes. Así, pues, como en otros films de Capra ,  Juan Nadie  presenta a un héroe de la calle que se contrapone a la ideología de un mag...