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Expropiación, fundamento del capital

Expropiación, fundamento del capital


Dice Marx que el capital viene al mundo “chorreando lodo y sangre” (cap. 24 de El Capital) y muestra una historia de violencia que fue desatada porque era necesaria para cumplir un fin, el fin último de la clase capitalista, que es la ganancia. Y la ganancia sólo puede producirse cuando una masa de desesperados se agolpa ante las puertas de las fábricas rogando que por piedad se les permita vender su capacidad de trabajo, para soñar con vivir al menos un día más... en el mundo de la igualdad de derechos y oportunidades.

Porque un hombre que tiene su propia tierra va a emplear su fuerza de trabajo para su propio provecho y no requiere del permiso de nadie para trabajar. ¡Un hombre así es libre, verdaderamente libre!

El hombre verdaderamente libre no le sirve al capitalista. Éste necesita hombres disminuidos, temerosos, que no tengan derecho a trabajar por su cuenta, en definitiva, hombres que no puedan ejercer la libertad que está impresa en las inútiles Constituciones. El hombre libre no necesita al capitalista, pero el capitalista necesita hombres que lo necesiten… entonces ¿qué hace? Convierte a los hombres orgullosos y dueños de sí mismos, en hombres despojados, castigados por la amenaza de un hambre que no pueden saciar por sus propios medios. Donde ayer bastaba el rudo esfuerzo para sobrevivir, ahora es necesario pedir permiso…

Esta fue la tarea en que se ocupó la burguesía desde que el mundo la parió. Primero fueron, en tanto campesinos acomodados de aldea, serviles cómplices de los señores feudales para ayudar a explotar a quienes eran sus compadres, los campesinos más pobres. En cuanto la presión de los tributos feudales se hizo demasiado pesada para estos pobres campesinos, fueron perdiendo tierras y ya no pudieron ser autosuficientes. ¡Acá empezó la fiesta! Se había separado al hombre de aquello que lo hacía autónomo, se lo había desposeído.

Ahora los campesinos acomodados podían venir “al rescate”. Ahora el hombre orgulloso necesita al capitalista. El que no tiene medios de producción necesita al que sí tiene medios de producción. El campesino acomodado por fin puede adueñarse de la capacidad de trabajar del hombre despojado, y se convierte plenamente en capitalista. Ahora puede pagar un salario lo suficientemente bajo como para extraer una ganancia de la relación asalariada, de la diferencia entre lo que paga al trabajador y el valor del trabajo que obtiene. De la explotación.


Y lo que empezó en el pequeño mundo feudal se universalizó con la expansión europea, con la conquista del mundo. Y a cada parte del planeta que el capitalismo quería transformar a su imagen y semejanza, la revolucionaba de la misma manera, “liberaba” a los hombres de su relación directa con la naturaleza, y aniquilaba las bases de su autonomía y de su verdadera libertad. Ningún país desarrolló un proletariado hasta que no se limitó y cercenó el acceso a la tierra, y miles y millones de campesinos fueron expulsados. Las oleadas de hombres buscando trabajo surgían de este proceso mundial de desposesión.

Marx explica todo esto en el cap. 24, y luego en el capítulo siguiente (cap. 25) presenta la prueba irrefutable de la contradicción entre el capitalismo y el trabajo personal autónomo: estudia el proceso paralelo que necesariamente debe ocurrir en los territorios en donde el capitalismo se va expandiendo y forma colonias con personas que han podido adquirir tierras propias. Es el caso de colonias como Estados Unidos, Australia, etc. En algún momento el capitalismo necesita, para despegar y desarrollarse plenamente, primero: que se agote la disponibilidad de tierras, y segundo: que las tierras ya ocupadas por pequeños granjeros independientes sean expropiadas progresivamente, en un proceso de concentración de la tierra que a lo largo de décadas va liquidando al campesinado. Esto es lo que ocurrió en los casos mencionados y está ilustrado en el gran libro de Steinbeck “Las uvas de la ira” (de cuya película extraigo las imágenes). También es lo que vemos en nuestros días en China y en India, donde millones de campesinos son expulsados de sus tierras para pasar a formar la gigantesca reserva proletaria que el capitalismo mundial necesita.

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EL IMAGINARIO POST(NEO)COLONIAL DE LA DEPENDENCIA AFRICANA

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EL IMAGINARIO POST(NEO)COLONIAL DE LA DEPENDENCIA AFRICANA
 

TIERRA Y LIBERTAD
Nº 343 - Febrero 2017 

El 5 de diciembre de 1992, en la playa de Mogadiscio, el entonces ministro francés de Sanidad, Bernard Kouchner, se hace filmar por las cámaras de televisión de medio mundo mientras baja de un barco de ayuda humanitaria con un saco de arroz a la espalda.

El barco, según el Estado y los medios de comunicación franceses, contiene arroz recogido por los niños franceses. En efecto, durante las semanas precedentes al desembarco se organizó en las escuelas del vecino país una campaña llamada «Arroz para Somalia». Todos los niños franceses fueron a la escuela con uno o dos kilos de arroz para mandar a los niños somalíes. Pero parece que el arroz que llega a las poblaciones hambrientas del Cuerno de África no es el de los paquetes de kilo que se ven en los supermercados. Es el contenido de los habituales sacos de veinticinco kilos de la ayuda alimentaria. En cualquier caso, el Estado francés no necesitaba la colaboración de los niños para llenar de ayudas alimentarias un par de barcos. Solo necesitaba hacer una enorme operación de propaganda para enmascarar una intervención militar tras una intervención humanitaria. Era el inicio de la concepción de «guerras humanitarias».

Esta operación propagandística, y también la figura misma de Bernard Kouchner, son de alguna manera símbolos de la evolución de la imagen de África en el lenguaje político y mediático occidental post(neo)colonial. Médico de formación, Kouchner es el fundador de Médicos Sin Fronteras y de Médicos del Mundo, dos grandes estructuras humanitarias francesas. Viene de la cooperación humanitaria para arribar a la política y convertirse en uno de los paladines principales de «derecho-deber de injerencia». Noción que ha propiciado la casi totalidad de las intervenciones militares de los países de la OTAN desde el final de la Guerra Fría a la actualidad.

Pobrecillos

Tras la independencia de los países africanos se ha trabajado sobre el imaginario occidental (y también africano) la idea de que Occidente en particular, y los países ricos en general (es decir, incluidos países como las petromonarquías árabes, Japón o Corea del Sur) ayudan a África con miles de millones de dólares cada año. A esta imagen de África mendicante, vorágine de ayudas externas y a pesar de que la generosa ayuda de todos va cada vez peor, han contribuido los Estados, la ONU, el sistema bancario, los medios de comunicación y también las agencias de solidaridad internacional. Durante sesenta años, nos han bombardeado con palabras e imágenes de un África que vive a costa del mundo. La imagen del niño africano raquítico invade las pantallas del mundo. En vez del lobo feroz, es el niño de Biafra quien se convierte en el miedo para quien no se quiere acabar la sopa: come si no quieres quedarte como él.

Comienzan las grandes operaciones de «solidaridad», el lanzamiento de comida desde helicópteros, la distribución desde camiones. Comienzan los grandes conciertos de música. Los jóvenes van a los conciertos en Londres, París y Los Angeles. Se divierten un montón y están convencidos de haber hecho un bien a África.

La imagen de África hambrienta nutre cualquier tipo de discurso:

El piadoso de los misioneros: son nuestros hermanos débiles, tienen hambre, ayudadnos a ayudarles.
El de las ONG: son seres humanos como nosotros, no lo consiguen solos, ayudadnos a ayudarles.
El de la ONU: algunos Estados miembros no lo consiguen solos, el Banco Mundial, los Estados más ricos les deben ayudar a desarrollarse.
El del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial: los Estados pobres necesitan préstamos y nuestra asistencia para encontrar una vía de desarrollo.
El de las multinacionales: estamos en África porque ella sola no es capaz de explotar sus riquezas.
Finalmente, con los migrantes, incluso en los ambientes de la extrema derecha xenófoba, crece el discurso de quienes dicen: no deben venir aquí, ayudémosles en su casa.

Todos quieren ayudar a África. La única que parece no querer ayudarse es la misma África.
La realidad que viene excluida de la narración post(neo)colonial es el hecho de que los flujos económicos (legales o sumergidos) de África hacia el resto del mundo son infinitamente superiores a los de las ayudas. No es África la que está en deuda con el mundo, es el mundo el que está en deuda con ella.

Al principio fue la esclavitud

Millones de personas deportadas a la fuerza a las colonias del Nuevo Mundo. Millones llegaron y otros tantos murieron en el camino.

Luego llegó el colonialismo. El continente africano fue dividido entre las grandes potencias del momento: Gran Bretaña y Francia a la cabeza, pero también Portugal, España, Holanda, Bélgica, Alemania e Italia. Y con el colonialismo aparece el fenómeno de la carestía en África. Poblaciones enteras expropiadas de sus tierras, colonos que poseen ellos solos territorios más grandes que sus países de origen (entre ellos el criminal, racista y colonialistas John Rhodes, 1853-1902, que poseía en la parte meridional del continente territorios más grandes que cualquier nación de Europa occidental), introducción del monocultivo (café, caña de azúcar, banana, piña, cacao, caucho) en detrimento de los productos de primera necesidad. Con el colonialismo es como se introduce el mecanismo de la dependencia alimentaria en África. El continente es obligado por la fuerza de las armas a producir cosas que no consume y a consumir cosas que no produce.

Los sistemas sociopolíticos tradicionales son sistemáticamente destruidos incluso con la imposición de fronteras que cortan en pedazos los pueblos africanos. A cambio se instala un sistema político títere y corrupto.

El colonialismo ha muerto, viva el neocolonialismo

Tras las Segunda Guerra Mundial, el colonialismo mundial, bajo prescripción del nuevo amo del mundo, Estados Unidos, es declarado fuera de la ley, y se desencadena un lento proceso de descolonización. Pero las potencias coloniales no pueden renunciar a ese maná celestial que es África. Optan por conceder una aparente independencia política, instituyendo progresivamente un sistema neocolonial que, de hecho, es incluso más despiadado que el orden colonial tradicional, ya que en apariencia los antiguos Estados coloniales no tienen responsabilidad en la explotación inhumana de los recursos y de las personas en los países ahora «independientes».

Cualquier joven político africano que intenta una verdadera vía hacia la independencia es asesinado. Solo Francia ha hecho asesinar al menos a una decena de presidentes legítimos considerados demasiado rebeldes, sustituyéndolos por militares, antiguos informadores de los servicios coloniales, mercenarios y corruptos de toda índole. La lista comienza con Sylvanus Olympio, presidente de la República de Togo, elegido democráticamente y asesinado el 13 de enero de 1963 por el sargento Étienne Eyadema, torturador y asesino al servicio del colonialismo francés apenas volvió de la guerra de Vietnam. Eyadema ha reinado hasta su muerte en 2005, y todavía hoy reina su hijo Faure Eyadema en una República de Togo desangrada por las multinacionales y la mafia en el poder. Este escenario se repetirá en toda África francófona y, con modalidades no muy diferentes, también en las antiguas colonias británicas, belgas, españolas y portuguesas.
Un nuevo tipo de predador llega a la selva africana: la multinacional. El continente es declarado terreno de caza abierto no solo para los amantes de los safaris, sino para todos aquellos en busca de materias primas a bajo coste, y de trabajadores explotables a voluntad.
La extracción de petróleo, gas, minerales y maderas nobles, y el monocultivo, reducen el territorio a una esponja a exprimir sin piedad. Los productos se sacan pero sobre el terreno no queda nada entre contaminación, pobreza, ignorancia, esclavitud y guerras civiles fomentadas. Las élites africanas interpretan su papel y contribuyen no poco a la consolidación de este sistema. Los gobiernos corruptos, a cambio de un pequeño porcentaje transferido a sus cuentas privadas, venden a sus propios países, a sus propios pueblos. Omar Bongo es un ejemplo, puesto en el poder en Gabón por Francia y apodado «Monsieur Diecisiete por ciento». Diecisiete por ciento es el porcentaje que cobra la familia Bango por cada extracción de riqueza natural de Gabón. Hoy está en el poder su hijo, Ali Bongo, gran amigo de Francia. Era el que caminaba abrazado a Hollande en la marcha «Je suis Charlie». La misma Francia que pretende llevar la democracia con las bombas a todas partes… donde haya petróleo.
Y es a estas dictaduras corruptas y violentas a las que el Banco Mundial y los bancos occidentales comienzan rápidamente a conceder créditos multimillonarios. Esto se llama «cooperación para el desarrollo». Yo concedo un préstamo a un Estado del que sé que su clase política es corrupta, ladrona y violenta. El préstamo retorna rápidamente a los bancos de Suiza, Luxemburgo o Jersey, a las cuentas privadas de los dictadores o de sus ministros. O es inyectado en las economías occidentales bajo la forma de participación en sociedades y en la compra de bienes y propiedades de lujo.
Pero mientras tanto, los países se endeudan cada vez más y raudo llega el Fondo Monetario Internacional con sus programas de ajuste estructural. La receta es sencilla: menos escuelas, menos sanidad, ninguna protección social, privatización de todos los servicios públicos. Pero ninguna condición de democracia, de reducción de la corrupción, de aumento de la transparencia, de reducción del gasto militar o de los abusos de la política. Nada. Seguid adelante, que esto para nosotros va bien.
Esto sucede entre finales de los años setenta y mediados de los ochenta. Resultado: a finales de los ochenta, los primeros jóvenes africanos comienzan a dejar sus países a pie en dirección Norte. Hasta ese momento, la emigración se había hecho con billete de avión o de barco. Quien no se podía permitir el viaje, se quedaba en casa, donde era aún posible un mínimo de vida digna. Tras el programa de ajuste, la vida se convierte en un infierno, y emigrar es la única solución para un número cada vez mayor de desesperados.

Lo humanitario como parte del problema

Las ONG humanitarias, aunque a menudo se han creado con buenas intenciones, son parte del problema y no de la solución. Curan los síntomas de la enfermedad sin afrontar nunca las causas. Incluso a menudo contribuyen a exasperar el mal. La dependencia es su razón de ser.
La obtención de fondos es la prioridad absoluta, y frecuentemente los proyectos están en consonancia con las exigencias de los donantes (que luego son los Estados responsables del empobrecimiento de África) más que con las verdaderas necesidades de la población. Si la tendencia es perforar pozos, se perforan pozos por todas partes, con o sin agua. Si es la construcción de escuelas, se construyen escuelas por todas partes sin ton ni son. Los fondos de las subvenciones quedan en buena parte en los países de origen para pagar los alquileres y los gastos de la ONG, para los proyectos, los estudios de campo, los sueldos de los trabajadores y de los asesores, para la propaganda.

Lo poco que llega a África es la más de las veces mal gestionado por personal sin experiencia y sin competencia que en seguida empieza a comportarse como un neocolonialista que dispone del personal local para su propio servicio. Esto obviamente no es un juicio extensible a toda la cooperación internacional. Hay ONG y misioneros serios y honestos, que desarrollan un trabajo extraordinario; pero son una minoría. Del resto, el resultado está a la vista de todos. Medio siglo de cooperación no ha hecho más que empeorar las cosas.

Para la otra parte del mundo, África se presenta como el continente indigente. El que siempre necesita ayuda de los demás. Y frente a la imagen de quien pide, pide… y no hace nunca ningún esfuerzo para salir de la pobreza, generalmente las reacciones son de dos tipos: quienes se apiadan y quieren ayudar (y estos son el objetivo de la publicidad piadosa de las ONG o de la Iglesia misionera) y aquellos que piensan que hay que ayudar menos porque estamos hartos de ayudar siempre, y estos son el objetivo prioritario del discurso conservador «ayudemos primero a los nuestros».

De los barcos negreros a las pateras de los desesperados

Estos discursos se están dando hoy ante la situación cada vez más frecuente de llegada de prófugos de las zonas devastadas del continente africano; las posturas difieren muy poco. Los hay que dicen: acojámosles por piedad, por solidaridad, por caridad cristiana…

Después están los que dicen: si debemos ayudarles, hagámoslo en su casa, pero no deben venir aquí porque se sabe que el niño hambriento roba el pan (de la gente de bien), etc. Todo esto es fruto de un discurso equívoco sobre África. África es narrada por quienes la explotan, y la imagen del continente es errónea. Parece que el parásito sea África, no las multinacionales, no los Estados coloniales y neocoloniales. Resulta que el mundo ayuda continuamente a África, cuando es precisamente lo contrario. Los flujos de riqueza hacia los otros continentes son infinitamente superiores a las migajas que vuelven en forma de créditos, ayudas, cooperación internacional, caridad y todo lo demás.

¿Qué necesita África?

Este es el relato de África que no se cuenta en los medios de comunicación importantes. No está en el discurso oficial. No está en el discurso de la mayoría de las ONG. Todos cuentan los males de África pero ninguno cuenta los orígenes de estos males. Por eso, en el imaginario de la mayoría de la gente, incluidos sus hijos, África es vista como un continente parásito.

Pero la realidad es otra. África no tendría necesidad de ayuda de nadie, excepto de sus hijos. El sistema de ayudas solo sirve para hacer más grande la deuda y la dependencia. Ni siquiera se pide la restitución de lo que le ha sido sustraído; sería incalculable.

África solo necesita que dejen de saquearla. Esto sí. Porque en ese caso tendría los recursos para funcionar sola.

Capitalismo degenerativo: Breve crónica del mayor robo jamás perpetrado

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Capitalismo degenerativo: Breve crónica del mayor robo jamás perpetrado.

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A finales de los años 70 del siglo XX se hizo evidente que la maquinaria de producción capitalista se había estancado de nuevo. La enfermedad crónica del capitalismo se había vuelto a manifestar: la sobre-acumulación de capital. Demasiada concentración tecnológica por unidad de producción, a costa del trabajo humano.
Como quiera que sólo de este último se extrae plusvalía, la consecuencia es una decadencia de la misma y por tanto de la ganancia final que los capitalistas reciben cuando venden las mercancías producidas, diseñadas o servidas por la fuerza de trabajo. Es decir, una generalizada pérdida de rentabilidad de las inversiones capitalistas. Y si hay pérdida de rentabilidad desciende la inversión en la esfera productiva, con lo cual baja también la productividad.
Frente a ello el Capital (en mayúsculas, como capitalista colectivo) emprende un conjunto de dinámicas orientadas a paliar el descenso de la rentabilidad: incremento de la explotación de la fuerza de trabajo; aceleración de los desplazamientos de capital hacia las periferias del Sistema, allí donde había (y hay todavía) más expectativas de rentabilidad, dado que no se ha dado el proceso de sobreacumulación (desplazamientos más posibles porque coinciden con la segunda globalización de la economía capitalista); hay un desplazamiento también técnico-organizativo, hacia nuevas ramas de inversión (sobre todo la “economía inmaterial” o “nueva economía”); y asimismo se da un desplazamiento hacia los circuitos que hasta ese momento eran secundarios en la acumulación de capital (el suelo, la vivienda, las hipotecas), con la consiguiente gestión del territorio de cara a su valorización especulativa (haciendo del conjunto del hábitat una mercancía, lo que lleva emparejada su depredación).
Se emprende, concomitantemente, un paquete de políticas tendentes a deteriorar la condición salarial: desinversión selectiva y reorientación hacia un tipo de producción flexible, ligera; reducción de la masa salarial a partir de la desvinculación de los salarios respecto de la productividad y el subsecuente declinar de los salarios reales; inhibición de la inversión pública que conlleva el deterioro de lo público y de la “seguridad social”. Conduciendo todo ello a la entrada en una era de inseguridad colectiva.
Habrá además una dinámica que incidirá especialmente en el desmontaje de lo que hasta entonces había sido el Estado Social (para muchos “de bienestar”): la apropiación privada por parte de los grandes capitales de más y más parcelas de la riqueza social (esto es, una nueva desposesión masiva de la población[1]). Para ello fue necesario todo un paquete de contra-reformas: a) reducción de aportes patronales a la seguridad social; b) tributación regresiva; c) incremento de las oportunidades de inversión de capital excedente a través de privatizaciones masivas (continua privatización de lo público); d) legalización de trabajos precarizados; e) significativo descenso de los empleos y de los salarios públicos.
Para el Capital la gobernanza o gobernabilidad significaría en lo sucesivo que todo esto se pudiera hacer sin insurrección de las poblaciones.

La financiarización de la economía (y de la sociedad)

Pero faltaba aún otro desplazamiento de consecuencias letales: el que ha consistido en “huir” de la producción y por tanto de la normal y “sana” dinámica de acumulación, para derivar cada vez más capitales (los que resultan en potencia del beneficio conseguido con los otros desplazamientos nombrados y también del saqueo de la riqueza colectiva) hacia las finanzas. De nuevo había que cumplir un requisito o paso previo para ello: liberalizar el mundo financiero que tanto había costado domeñar en los Acuerdos de Bretton Woods tras todo el cúmulo de desmanes financieros que se había iniciado a fines del XIX y que finalizó en la catástrofe del 29.
El pistoletazo lo daría EE.UU. el 15 de agosto de 1971, al desvincular el dólar del patrón oro.
En seguida el resto de potencias capitalistas haría lo propio. A partir de entonces las monedas no tendrían ningún anclaje material y podían “flotar” a merced de las apuestas y especulaciones sobre ellas.
Los procesos seguidos en casi todo el planeta responderían en adelante a unos mismos patrones, que comienzan por la desregulación del sistema bancario y de las finanzas, desmantelando primero los mecanismos de control financiero o las instituciones financieras keynesianas y des-reprimiendo al capital a interés para posibilitar la base especulativo-rentista que caracterizaría después al (actual) capitalismo degenerativo. Ello ha permitido hasta hoy crecer a costa del endeudamiento.
Además, Estados como los europeos hacen dejación de su soberanía, permitiendo que los Bancos Centrales se independicen de ellos, mientras que ellos mismos pasan a emitir títulos de deuda en los mercados financieros mundiales, con lo que entran como cualquier otra entidad en el “rating internacional de riesgo” dictaminado por agencias privadas, obligándose a llevar a cabo políticas ortodoxas monetarias y fiscales subordinadas a los intereses del capital financiero internacional. Al mismo tiempo, se da un creciente bombeo de la renta y el ahorro, (tanto presente como colocado en forma de futuras pensiones o ahorros de futuro) hacia los mercados financieros, agrandado la importancia de éstos, así como, en consecuencia, el aumento de las cotizaciones bursátiles. Se desarrollan además los productos derivados financieros (especulaciones sobre posibilidades de futuro de divisas y valores) activados por las nuevas fluctuaciones creadas por la liberalización de los controles financieros. Se genera con todo ello una ingente masa de capital ficticio[2].
El capital a interés ficticio busca obtener beneficios a través de la actividad financiera pura, desligada de la esfera productiva. El atasco en la ganancia vía plusvalía industrial y la expectativa de ganancias en el ámbito financiero-especulativo hace que además muchas corporaciones no financieras se enganchen directamente en actividades financieras y las finanzas comiencen a regular la actividad de las empresas y a dictar las normas en los mercados laborales.
El hinchado valor bursátil de activos y propiedades hizo que más y más sectores de la sociedad entraran en ese desquiciado juego (era la fase en que parecía haber un pequeño especulador en cada individuo). La mayoría perdería en el mismo, como se explica a continuación.

Saqueo universal y autocolonización

Con aquellas medidas los grandes capitalistas del mundo se despejaban el camino para apropiarse arteramente de nuestros patrimonios. Pero no deja de ser reseñable el hecho de que después de haber saqueado a través de las sucesivas colonizaciones la mayor parte de territorios del planeta, se detengan ahora a espoliar la propia casa (las sociedades de las antiguas metrópolis). Lo cual no puede sino ser descrito como un proceso de auto-colonización o auto-fagocitación (consistente en devorar la riqueza social previamente creada). Proceso que ha sido también llamado “acumulación por desposesión” o bien “despojo universal”. Entre otros procesos que lo ilustran vale la pena mencionar al menos los siguientes:
-Privatización de la riqueza social y cultural acumulada a través de generaciones. Afecta, entre otros aspectos, a los servicios públicos (sanidad, educación, transporte, comunicaciones, etc.); infraestructuras (red viaria, instalaciones…) y patrimonio construido.
-Privatización también del patrimonio natural. Mercantilización de la naturaleza en todas sus formas.
-Apropiación de tierras. Eliminación de propiedades comunales o colectivas y consiguientes desplazamientos de poblaciones campesinas (sustitución de agricultura campesina o familiar por agroindustrias; intensificación de la desaparición de formas de producción y consumo no capitalistas).
-Mercantilización de los recursos genéticos.
-Derechos de propiedad intelectual o patentes sobre recursos ajenos.
-Empresarización y/o privatización de instituciones públicas (como las Universidades e incluso la Administración).
-Apropiación militar directa de los recursos y materias primas más codiciados.
En este capítulo entran asimismo las técnicas financieras de desposesión:
-Promociones fraudulentas de títulos.
-Destrucción deliberada de activos mediante la inflación y a través de fusiones y absorciones.
-Endeudamiento generalizado (por encima de la capacidad de pago) que genera un disciplinamiento de las sociedades así como formas modernas de servidumbre por deudas.
-Fraudes empresariales
-Desposesión de activos mediante la manipulación del crédito y las cotizaciones (p.e. el saqueo de los fondos de pensiones)
-Ofensiva especulativa de los fondos de riesgo (“hedge funds”), etc
Sólo faltaba un último toque a todo este plan: comenzar a sembrar el mundo de “paraísos fiscales” para guardar todo el botín del Gran Robo.
A mediados de los 70 del siglo XX se dispararía esa operación.
Según la publicación de la “Tax Justice Network”(Red para la Justicia Global), en 2015 había unos 26 billones de euros ocultos y libres de impuestos en los diversos paraísos fiscales (lo que supone aproximadamente un tercio del PIB mundial).
¿Cómo puede ser que hoy escandalice que las grandes fortunas lleven su dinero a espuertas a lo que los dueños de aquéllas llaman “paraísos”, y que en realidad deberían ser llamados “cuevas de latrocinio”? ¿Para qué si no iban a crearlas?
Como quiera que a los Grandes Capitales la tributación regresiva (consistente en gravar menos y menos a los que más tienen) no les era suficiente, se dedicaron al fraude fiscal generalizado y a la evasión de impuestos. Si en España en 1995 las rentas del trabajo sufrían una carga impositiva del 16,4% del PIB, las rentas del capital sólo llegaban al 7,4%, es decir, menos de la mitad. Trece años después, en 2008, la situación apenas había variado: 16,7% para las rentas del trabajo, 8,6% para las del capital. Esto hace que lo recaudado de la población trabajadora sea más de 9 veces el monto total recaudado del ámbito del capital.
Todo ello al margen de la evasión y el fraude fiscal, que serían escandalosos si es que tuviéramos todavía capacidad de escandalizarnos. Veamos de nuevo el ejemplo español. Según GESTHA, organismo sindical de los técnicos del Ministerio de Hacienda (http://www.gestha.es/), las grandes fortunas y empresas españolas evadieron 42.771 millones de euros sólo en 2010. Si a ello añadimos la evasión de la pequeña y mediana empresa, según esa misma fuente, obtenemos 59.032 millones. Sumando a esto el fraude a la seguridad social que se realiza a través de la economía sumergida, nos da la enorme suma de unos 90.000 millones de euros (aunque hay una posterior rectificación de los datos que sube la primera de aquellas dos sumas a alrededor de 70.000 millones y la total a algo más de 100.000 millones de euros; recordemos que los recortes sociales que venían impuestos por el gobierno del PSOE para el periodo 2010-2013 sumaban 50.000 millones de euros).

El Gran Robo como “derecho internacional” informal impuesto por EE.UU.

El ambicioso proyecto de construcción del capitalismo global a imagen del estadounidense, imbricado en esa suerte de “Open Door” de EE.UU. hacia afuera (en lo que sería un Imperio por inundación o anegación), iba a emprenderse a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial para trasladar la jurisprudencia USA al resto del planeta, y con ella después el conjunto de dispositivos y medidas del Gran Robo, que pasarían a blindarse a través de toda clase de Acuerdos y Tratados.
Así, un aspecto importante de lo que significan Tratados como el TTIP (EU-EEUU), es que están creando un “derecho internacional” informal que en realidad está basado en las leyes y la jurisprudencia de EEUU (porque ningún Tratado o Acuerdo con este país puede contradecir las leyes o el Congreso de EEUU, ni EE.UU. acepta ninguna decisión de organismo multinacional que le contravenga). Es decir, que todos los Tratados firmados por este país institucionalizan de jure la aplicación extraterritorial de las leyes de EEUU. La liberalización comercial (OMC y Tratados de libre comercio) potencia esa operación a escala mundial.
Las otras potencias capitalistas aprenderían del camino trazado, para hacer lo propio con otras formaciones menores. No es de extrañar, por ello, que en 1997 se realizaran 1850 Tratados Bilaterales (se había firmado uno cada dos días y medio). Son reflejo de la necesidad imperiosa de construir un “modelo económico” universal y libre de responsabilidades sociales (proceso de disolución social) y con posibilidades ilimitadas de enriquecimiento para las elites (extrema desigualdad), lo que paso a paso se logra a partir de los años 90 con la creación del sistema legal supranacional que va despojando de su soberanía popular a los pueblos vía los Tratados y Acuerdos de comercio e inversiones que expanden los derechos de la propiedad privada de los monopolios (aplicando la ley estadounidense en casi todos los casos).
Pero al hacerse único el capitalismo “made in USA” se pierde a sí mismo
Justo al cumplir el sueño de un “capitalismo global” y al identificar ese capitalismo con el propio, las cosas empezaron a torcerse para el Imperio del Mundo.
No podríamos entenderlo si no consideramos la secuencia de procesos difícilmente controlables que dejó la caída del Bloque Soviético:
1) Se completó de nuevo, tras el lapsus de la desconexión soviética, un único Sistema Mundial capitalista (ayudado por la entrada de China en la OMC y aceptación de sus reglas del juego). Se consiguió así un único mercado global y (casi) una única fuerza de trabajo mundial. También un ingente ejército de reserva que permitió la acentuación de la importación masiva de fuerza de trabajo por parte de las economías centrales de ese Sistema (así como de otras formaciones sociales), desde las periferias del mismo (con la excepción de la fuerza de trabajo china), una vez que ya no había “otro mundo” no capitalista.
2) Todo ello redujo el poder social de negociación de la población asalariada en casi cualquier parte del planeta, con la consiguiente destrucción de condiciones laborales y salariales y el desguace de la negociación colectiva. Esto posibilitó frenar aún más los procesos de automatización de las principales economías capitalistas, dado que cuando la mano de obra es tan barata no compensa, o no tanto, la introducción de maquinaria o tecnología.
Así que la caída del enemigo sistémico (el mismo que ya había “salvado” al propio Sistema al forzar el keynesianismo en las formaciones centrales capitalistas) ayudó a sobrevivir al capitalismo por el lado de la valorización (o producción de plusvalía). Pero por otra parte se despejaron con ello las dinámicas de saqueo y destrucción de las condiciones laborales y sociales que hemos visto, con lo que se agravaron las contradicciones del Sistema por el lado de la realización (o venta de lo producido), pues el ciclo liberal-degenerativo conduce inexorablemente al deterioro del consumo de masas.
LLegábamos así a un círculo vicioso recesivo: falta de inversión productiva, falta de productividad, falta de crecimiento, sobredosis de explotación de la población, re-mercantilización de las necesidades sociales, deterioro de los salarios, descenso del empleo, caída en picado la capacidad de consumo.
Círculo que fue solventado pasajeramente mediante el préstamo masivo, que condujo a la expansión del crédito y al paroxismo del endeudamiento generalizado de empresas, familias, Administraciones públicas e incluso Estados.
Tan masivo que resultó una trampa. Multiplicó todo un capital que confiaba en la devolución de las deudas y se acrecentaba ficticiamente especulando en las finanzas. Cuando empezaron los impagos en masa, les siguieron las quiebras también masivas.
Pero entonces se perpetra un nuevo Robo: con el dinero de toda la población se rescata a empresas, financieras y Bancos. Este es el “socialismo capitalista”: socialización de las pérdidas de los ricos y apropiación por los ricos de la riqueza de todos. Pero con ello cada vez queda menos riqueza social de la que apropiarse.
¿Y ahora qué hacen para seguir adelante, o al menos para simular que el capitalismo global sigue funcionando?: inventarse más dinero.
Crear dinero de la nada a mansalva. Primero la Reserva Federal de EE.UU., después el Banco Central de Inglaterra y el de Japón y ahora el Banco Central Europeo. Este último está sacándose de la chistera 80.000 millones de euros al mes para sanear las cuentas de la Banca, sin que apenas nada de ese dinero llegue a la gente.

¿Todo esto puede seguir siendo capitalismo?

Llegados a este punto tendríamos que hacernos una pregunta trascendental. Si el capitalismo global muestra crecientes dificultades para combinar la tecnificación con la plusvalía, si lógicamente con la automatización tiene cada vez más problemas para conseguir la asalarización de la fuerza laboral, si el consumo por tanto no puede sostenerse sin crédito y éste deja de fluir, si está acumulando cada vez más a través del saqueo, sin reinversión productiva de las ganancias. ¿Es esto, estrictamente hablando, capitalismo?
El capitalismo debe su existencia al proceso de conversión del dinero en capital, a la apropiación privada de los medios de producción y a la explotación del trabajo ajeno en forma de plusvalía que procure ganancia. En la actualidad tenemos una involución de dos de esos procesos: hay una creciente re-conversión del capital en dinero (derivación de las inversiones productivas hacia el dinero bancario y financiero, e incluso la conversión de gran parte de esas formas de dinero en “ficticias”); y hay una creciente incapacidad de asalarización de la población, obliterándose a la larga el proceso de extracción de plusvalía. Sólo va quedando de la dotación originaria del capitalismo la retención de los medios de vida por una insignificante minoría de la población, menos del 1% de la misma[3]. Lo que conduce a una concentración de los medios de producción, de comercialización y de las finanzas nunca antes vista.
Una minoría que ahora buscaría, en un desesperado intento de compensar la caída de la tasa de ganancia y de las inversiones rentistas (los ricos no saben en qué invertir, de ahí la hinchazón de los “paraísos fiscales”), la mercantilización de todo lo que hay en la Naturaleza y de todo lo que hacen los seres humanos para conservar la vida. Buena parte del crecimiento en la actualidad proviene del paso de actividades que no entraban en la economía monetaria a convertirse en mercancías: los cuidados, las interacciones y comunicaciones humanas de todo tipo, los juegos, lo que hacemos unas por otras, el sol, el aire, la Vida…
Sólo un crack sin precedentes podría restablecer la dinámica habitual de las Grandes Crisis: depuración de ingentes capitales no competitivos e improductivos para reemprender un nuevo ciclo de crecimiento. ¿Pero cómo realizar eso en la era nuclear, cómo deshacerse de las monstruosas cifras de capital ficticio circulando por el planeta, que pueden alcanzar más de 20 veces el PIB mundial, cómo destrozar todo un entramado productivo mundial manteniendo la “gobernanza”?
Además, el camino a seguir tras ese Gran Trauma sería relanzar la inversión productiva. Esta vez, dado el desarrollo tecnológico, tendría que ser en alta tecnología (nanotecnología, biotecnología, inteligencia artificial, robótica, neurociencia…). Pero eso sólo podrá significar la aceleración del fin de los empleos no sólo manuales sino de inteligencia o habilidad profesional de cualquier tipo: todo podrá ser hecho por las máquinas androides.
De nuevo, ¿eso sería capitalismo?
Cuando un sistema está en su fase de agonía cada vez puede ofrecer menos “bienestar” y sí en cambio más dolor, sufrimiento y muerte para la Humanidad, funcionando mafiosamente y saqueando crecientemente a sus propias poblaciones. El modo de producción que viene queda por definir, en función también, obviamente, de las luchas de las sociedades. Pero lo que queda del capitalismo en degeneración es un tanatocapitalismo, un sistema que roba y mata más y más mientras no termina de morir.

Notas:

(1) La anterior desposesión masiva consistió en la apropiación capitalista de los medios de vida (medios de producción) de la población (una generalizada proletarización de la misma), que se dio a lo largo de los siglos. Ésta había sido paliada a través de las luchas históricas mediante la consecución de un Estado Social que proveía de los medios de cobertura de las necesidades básicas, a través de “servicios” sociales. La destrucción de esos servicios re-proletariza a las poblaciones.
(2) El capital se transforma en ficticio a través de la titularización de los derechos de remuneración por interés. Es decir, cuando comienza a comercializarse un capital que es deuda y que en realidad no existe (esta es la base de su ficción, que después las finanzas complejizarán sobremanera).Todo este conjunto de procesos está en la base de la segunda fase universal de financiarización (la primera se dio entre el último cuarto del siglo XIX y el primero del XX), que en EE.UU. conllevaría la abrogación de la Ley Glass-Steagall, en 1999 (la cual, en 1933 había introducido reformas bancarias para controlar la especulación y demás desmanes financieros, destacando entre sus características la separación entre la banca de depósito y la banca de inversión).
(3) Las relaciones sociales de producción (el orden social capitalista) se hace descaradamente contradictorio con el desarrollo de las fuerzas productivas, impidiendo más y más el beneficio de las sociedades. Pero al tiempo también nos va dejando menos obstáculos para una Gran Transformación. En estos momentos es más decisiva la intervención humana sobre unas estructuras en degeneración.

Profesor de sociología de la Universitat Jaume I de Castelló, miembro del Observatorio Internacional de la Crisis.

Un principio táctico básico: ¡No nos enfrentemos al capitalismo!

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Un principio táctico básico: ¡No nos enfrentemos al capitalismo!        

Imagen de Ted Trainer obtenida del vídeo http://www.youtube.com/watch?v=OjWC8v3Nm0s
Extracto del libro de Ted Trainer “The Transition to a Sustainable and Just World” (2010):


Imagen de Ted Trainer obtenida del vídeo http://www.youtube.com/watch?v=OjWC8v3Nm0s
Imagen de Ted Trainer obtenida del vídeo http://www.youtube.com/watch?v=OjWC8v3Nm0s
Es comprensible que cuando uno se enfrenta a un monstruo dispuesto a dominarnos la tentación sea volverse para enfrentarse a él cara a cara y combatirlo denodadamente. Esto valdría para describir prácticamente todas las revoluciones y movimientos de liberación habidos hasta ahora, y hay situaciones en las que no se puede evitar actuar así. Pero este no es el modo en que vamos a proceder nosotros. No vamos a enfrentarnos al monstruo consumista-capitalista. Lo que vamos a hacer es, de hecho, ignorar a muerte al capitalismo.
El capitalismo no puede sobrevivir si la gente deja de comprar, consumir y tirar a un ritmo acelerado. Nuestro propósito es ir construyendo gradualmente las prácticas y sistemas alternativos que permitan a cada vez más gente salirse del mainstream, abandonar la sociedad de consumo, y asegurarse cada vez una parte mayor de sus necesidades materiales y sociales a partir de esos sistemas y fuentes alternativos que surjan de sus barrios y pueblos. Esta revolución, no hay duda, trata de la muerte del capitalismo; no obstante puede ser una revolución de tipo pacífico y no-violento, por la cual se vayan desarrollando poco a poco dentro de los viejos sistemas otros nuevos sistemas locales, de pequeña escala y participativos que los reemplacen. A primera vista esto puede no parecer muy plausible, especialmente a la gente de la Izquierda Marxista, pero considerad lo siguiente:
Appfel-Marglin describe el amplio movimiento campesino de los Andes como un fenómeno de origen popular no-confrontativo de (re)creación directa de alternativas. Existe “…una retirada del sistema dominante acompañada de la creación de alternativas al mismo, más que un reto directo” (1998, p. 39). Estos grupos no buscan el reconocimiento de su territorio por parte del estado; eso sería reconocer que el estado tiene autoridad. Él comenta que se consideran a sí mismos anticiudadanos, pero no no-ciudadanos. En el web Relocalize (2009) se puede leer, “A medida que el sistema industrial gira hacia la exclusión… la gente en la base no se está rebelando para tomar el poder en manos de la élite, sino rebelándose para tomar el poder sobre sus propias vidas”.
Los Zapatistas en México parecen darnos un ejemplo paradigmático. No surgen para derrotar al estado mexicano, toman el poder para después construir una nueva sociedad. Simplemente están construyendo su propia sociedad, aunque de vez en cuando tengan que luchar para defender lo construido. Esta es la manera en la que llegaremos al Simpler Way: simplemente empezando a crearlo de las maneras que tengamos a nuestro alcance, aquí y ahora en el lugar donde vivamos cada uno/a. Vandana Shiva y Maria Mies indican que hay posiblemente miles de pueblos en Asia y Latinoamérica tomando un camino muy parecido.
Korten mantiene abierta la esperanza de que podamos “matar al capitalismo de hambre” (1999, p.262). Rude dice: “El objetivo ya no es derrocar al capitalismo mundial en una revolución anticapitalista como en el modelo marxista tradicional, si no más bien dejar el capitalismo atrás mediante la lenta creación de una nueva cultura y economía poscapitalistas que lo sustituyan…” (1998, p.53). Quinn afirma: “Derrotar a la jerarquía es inútil; lo que queremos es simplemente dejarla atrás” (1999, p.65). Buckminister Fuller lo explica de esta manera: “Nunca puedes cambiar las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, construye un nuevo modelo que deje obsoleto el modelo existente” (citado por Quinn, 1999, p.137).
Por supuesto, la contestación típica de los marxistas en estos casos es decirte que debes luchar contra el monstruo porque si empiezas a suponerle una amenaza significativa te machacará. Ah, pero en la era de la escasez que se avecina, ¿será capaz de hacerlo? Acabamos de entrar en una era en la cual las fuerzas que socavan la legitimidad de la sociedad consumista-capitalista están ganando fuerza. La legitimidad se alimenta de la comodidad y de la complacencia. La sociedad capitalista y de consumo está a salvo sólo mientras mantenga las estanterías de los supermercados repletas y mantenga la falta de cohesión, el desempleo y la injusticia a niveles fáciles de ignorar. Pero la escasez va a hacer pedazos todo eso. Ya ha comenzado a sentirse el creciente temblor en los más acomodados países a causa del fracaso del sistema para proporcionar una calidad de vida y una cohesión, y a causa también de la obscena desigualdad. La crisis financiera que comenzó en 2008 ha sido un puñetazo para la supuesta infalibilidad del libre mercado para corregirse. Aunque estos efectos no serán nada comparados con lo que nos viene encima. Sólo hay que esperar hasta que choquemos con la Punta de 2030: la coincidencia de enormes e irresolubles desabastecimientos de petróleo, agua, alimentos, tierra, fósforo y varios minerales básicos… acompañada de una población en aumento, los efectos del cambio climático y una acelerada descomposición social. Seguramente antes de 20 años veremos colapsos en los sistemas que permiten mantener llenas las baldas de los supermercados. Esta múltiple catástrofe mundial eliminará la capacidad de los superricos para manejar las cosas, y por supuesto la de manejarlas en beneficio de sus propios intereses. El sistema no tendrá capacidad para afrontar estos sucesos. Por tanto no estará en posición de evitar que la gente vote con sus actos. No puede manejar grandes gobiernos, fuerzas policiales secretas o ejércitos sin grandes cantidades de petróleo. No puede tener vigilados e intervenir en cada población y barrio para impedir que plantemos zanahorias y organicemos nuestras cooperativas.
Nunca antes habrán tenido los revolucionarios una oportunidad semejante, tal vacío que ocupar. Durante los 200 años previos los revolucionarios se han alzado contra sistemas industriales, burocráticos y militares que cada vez eran más poderosos y capaces de volver las armas contra los disidentes. Pero nuestro enemigo va a tener una gran dificultad para encontrar los recursos con los que organizar absolutamente cualquier cosa y se tendrá que enfrentar a un enemigo que está en todas partes, con una enorme capacidad de hacer a nivel local lo que quiera e ignorar a las perplejas élites y autoridades.
Por tanto el tiempo está en gran medida de nuestro lado. Antes de que trascurra mucho tiempo las circunstancias empujarán a la gente a darse cuenta de golpe de que la sociedad consumista-capitalista no va a proporcionarles lo que necesitan. Nuestra tarea crucial es conseguir montar los sistemas alternativos y llevarlos lo suficientemente bien en el tiempo que nos queda, de tal modo que la gente pueda ver que hay estupendas alternativas, y se acerque para unirse a nosotros.
Lo preocupante es que las crisis de la sociedad consumista-capitalista que se avecinan se produzcan demasiado rápido y sean demasiado graves como para permitir una transición más o menos ordenada. Si los colapsos son demasiado bruscos no podremos lograr a tiempo que el Simpler Way vaya lo bastante bien, y nuestra situación podría caer rápidamente a las condiciones caóticas que viven hoy día algunas regiones del África Central. Los que estamos en el movimiento alternativo debemos en consecuencia laborar todo lo intensamente que podamos para conseguir tener la alternativa lista y funcionando para que pueda ser vista como un bote salvavidas.
Volvamos atrás por un momento y consideremos este asunto desde una pespectiva más filosófica e histórica. Algunas veces suceden cambios profundamente radicales sin necesidad de un conflicto abierto. A veces es más bien como un desvanecimiento de un otrora dominante paradigma, que es reemplazado por uno nuevo que se convierte en popular. Esto es de hecho la norma a nivel de grandes cambios en el paradigma científico (como explican Kuhn y Baker, 2006), y en muchos ámbitos culturales como las artes, la música popular, las costumbres, el estilo y la moda. Una visión o teoría concreta es la dominante durante un tiempo, pero entonces la gente pierde más o menos el interés en ella y se traslada a otra. En la ciencia es raro -si alguna vez ocurre- que un paradigma dominante se abandone porque se demuestre que está equivocado. No va a ocurrir que la corriente psicoanalítica en psicología vaya a ser desbancada o derrotada por la conductista porque esta demuestre que es superior, o al revés. Lo que sucederá, si es que pasa, es que a lo largo del tiempo la mayor parte de los psicólogos acabarán prefiriendo la una o la otra, o una tercera posición. Si una resulta ganadora al final no será como resultado de un proceso que podríamos denominar de lucha abierta por el cual una derrote estrepitosamente a la otra: será en realidad como el progresivo cambio de fase de la Luna.
Algunos de los más grandes cambios revolucionarios que se produjeron en el siglo XX parece que sucedieron de este modo, especialmente los colapsos de la Unión Soviética, del régimen del Apartheid en Sudáfrica y la caída del Muro de Berlín. Todos ellos aparentemente se caracterizaron no por enfrentamientos frontales, cara-a-cara y violentos en los cuales uno de los bandos fue barrido del campo de batalla por el otro, sino más bien fue la gente, votando con sus actos, dejando de apoyarlos, tras largos periodos de un creciente desencanto y creciente consciencia de lo apetecible que eran otras vías. Estos cambios revolucionarios parecen mejor descritos como colapsos debidos a crecientes fallos internos de funcionamiento o por un absoluto desencanto, más que como derrotas en combate mortal con fuerzas opositoras más poderosas. Al final los vastos poderes militares, burocráticos y económicos de los establishments al mando no sirvieron de nada ante la retirada de apoyo, ante la pérdida de legitimidad.
Pensad en cómo se produjo la liberación con respecto a la más poderosa monarquía imperial que ha visto nunca el mundo, una que controló la mayor parte del globo tras luchar en unas setenta guerras para establecer su imperio. ¿Se podría derrotar a tal monstruo brutal y liberarse de él sin una confrontación cataclísmica? Bien, eso fue lo que hicimos con el Imperio Británico. Y si esperamos sólo un poco más veremos a la familia real británica desvanecerse hasta convertirse en poco más que un elemento menor de la industria del entretenimiento. Habrá desaparecido simplemente porque el público en general habrá dejado de fijarse en ellos. Hace sesenta años Gran Bretaña y sus Dominios lucharon en la II Guerra Mundial para defender el Imperio Británico. Australia dio por sentado que aquello era de enorme importancia (Freudenberg, 2008). Pero ahora sólo podemos encontrar el Imperio Británico en los libros de historia y prácticamente no hay persona alguna que tenga el más mínimo interés en él, y mucho menos en defenderlo.

Siete eufemismos del libre comercio

[Diagonal hamabosterokoan iada irakurrita nauzkaNan 7 eufemismoen bertsio digitala eskaintzen ziguteNK Tortuga talde antimilitaristakoek eta korrontearen aurkako izokinek ]

Siete eufemismos del libre comercio                 

La Real Academia del Salmón presenta... #TITRE
Un listado de eufemismos del TTIP y el CETA para ’entender’ cuáles son las ’bondades’ que hay que abrazar y las ’barreras’ para eliminar.
El Salmón Contracorriente


Tras las filtraciones de Greenpeace y su impacto social y mediático, las instituciones europeas y los medios liberales se han visto obligados a explicar en qué consisten esas cosas raras llamadas TTIP o CETA. Para ello utilizan una gran variedad de eufemismos positivistas que nos hacen “entender” las bondades del maravilloso libre comercio y otros negativos que nos muestran cuáles son las ‘barreras’ que hay que derribar.
Armonización
Como si se tratara de buscar la sintonía perfecta entre las normativas europeas y estadounidenses, la palabra ‘armonización’ es usada por los pro-TTIP para referirse al proceso por el que las distintas legislaciones, normativas y controles se igualan para que no haya diferencias entre las dos partes. Lo que no suelen explicar es que las grandes multinacionales y lobbies que tienen normativas más permisivas en su país no tienen la intención de dejar que aumenten esos controles, por lo que queda claro –y más viendo otros tratados firmados anteriormente– que esta armonización es un bonito eufemismo para referirse a “igualar a la baja”.
Barreras no arancelarias
Como si de un summum de eufemismos negativos se tratara, este concepto combina tres palabras que ya de por sí tienen connotación negativa. Esta técnica es usada para que el receptor entienda que de lo que se está hablando es de algo muy malo y que se tiene que eliminar. Pero lo que se esconde tras las “barreras no arancelarias” son legislaciones como la que prohíbe el uso de sustancias que no se haya probado que no son cancerígenas, las denominaciones de origen o los controles fitosanitarios. Para un comercio totalmente abierto, todo lo que sea una “barrera” para las mercancías es algo malo que se debe eliminar, incluida nuestra salud.
Normas proteccionistas
A las “barreras no arancelarias” también se les puede llamar normas proteccionistas. Utilizar el término ‘proteccionista’ con connotaciones negativas ha sido repetido y normalizado por el neoliberalismo. Para los defensores del libre comercio, los gobiernos no deben “proteger” sus mercados, sus empresas, su naturaleza ni a su población, porque el “proteger” está en contra del sagrado libre comercio.
Burocracia fronteriza
La palabra ‘burocracia’ siempre ha llevado la connotación de papeleo innecesario y trabas a algo que debería ser sencillo. Los defensores del libre comercio utilizan este término para hablar de los controles fronterizos que necesitan pasar las mercancías, para evitar, por ejemplo, que pollos bañados en cloro lleguen a nuestras mesas. Es bastante increíble que la UE o EE UU, donde para poder entrar o residir necesitas realizar bastante más que interminables trámites burocráticos si eres migrante, insistan en eliminar esa otra “burocracia fronteriza”.
Tribunales arbitrarios independientes privados
¡Toma ya! Nos superamos con un eufemismo de cuatro palabras. Los tribunales privados incluidos en los tratados de libre comercio deciden sobre los litigios entre empresas y gobiernos. Este concepto, más que un eufemismo, puede considerarse un oxímoron, ya que decir que algo privado que tiene que mediar entre gobiernos y empresas es ‘independiente’ cuesta de creer.
Cooperación reguladora
Como suele ser normal en el uso de los eufemismos, aquellos que los usan se apoderan de palabras tan positivas como ‘cooperación’ para esconder que tras esta ‘regulación’ sólo se encuentra la cooperación entre multinacionales y funcionarios de la Comisión Europea que nunca han sido votados. El “consejo de cooperación reguladora” de estos tratados pretende que estos actores sean los que puedan “cooperar” para modificar las leyes a medida que les vaya haciendo falta.
Productos de tecnología agrícola moderna
Con los transgénicos hemos topado. A pesar de que la mayoría de los expertos reconocen que el hambre en el mundo es un problema de distribución y no de escasez, la industria agroalimentaria de los Estados Unidos puja fuerte para que los estándares de seguridad se equiparen a la baja para poder inundar el mercado europeo de alimentos, semillas, herbicidas, etc., con su correspondiente patente. Las dificultades a la llegada de maíz y soja transgénicos no autorizados en Europa representaron un duro golpe para las exportaciones estadounidenses, por lo que no descartamos nuevos eufemismos modificados ideológicamente.
Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/global/31041-siete-eufemismos-del-libre-comercio.html

Pedro Prieto: “Este sistema no está dispuesto a renunciar a los excesos energéticos”

Pedro Prieto: “Este sistema no está dispuesto a renunciar a los excesos energéticos”


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En el segundo asalto al panorama energético mundial, A Todo Gas ha contado con las reflexiones de Pedro Prieto, ingeniero de Telecomunicaciones y experto en Energía. Con él, hemos repasado la actual situación energética. Desde las acusaciones de apocalíptico que recibe, hasta las falacias de milagros tecnológicos y renovables que harán posible mantener este sistema basado en el crecimiento ilimitado en un mundo finito; la charla con Prieto aborda varios hilos del dilema energéctico actual.

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Neoliberalismo y límites del crecimiento

[Kapitalismoaren eta hazkunde infinituaren kritika Crash Oil-etik zuzenean hiretzat-guretzat]

Neoliberalismo y límites del crecimiento

Queridos lectores,
Aníbal Hernández, autor del blog Peak Oil Colombia, me ha pasado este interesante análisis sobre una idea sobre la que alguna vez hemos comentado de pasada: si el capital es el actor mejor preparado para la llegada de los límites del crecimiento.
Les dejo con Aníbal

Salu2
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El neoliberalismo es una adaptación a los límites del crecimiento o porqué los 70's lo cambiaron todo 
El marco habitual de análisis de la deriva neoliberal normalmente obvia las relaciones entre el desarrollo del neoliberalismo a partir de los 70's y la crisis ecológica que se visibiliza con mayor crudeza justo en ese mismo momento. Revisamos esta relación para entender las relaciones entre ambos hechos y de esa forma ver con más claridad la situación en la que estamos y posibles alternativas con las que enfrentarnos a esta deriva. Vamos allá a ver que tal se da. 

El origen común  
Entre finales de los 60's y principios de los 70's el mundo cambio radicalmente en muchos sentidos, la economía, la política, la ecología... las relaciones entre todos esos cambios son tremendamente interesantes a la vez que inesperadas. 

1970 fue el año en el que por primera vez la huella ecológica superó la biocapacidad de la tierra, es decir, empezamos a consumir cada año más de lo que la biosfera puede producir y contaminamos más de lo que ésta puede absorber. Nuestra huella ecológica no ha vuelto a superar el nivel al que llegó a mediados de los 70's pero la biocapacidad de la tierra, las hectáreas productivas disponibles per cápita, han caído aún más rápido, de forma que el déficit ecológico es cada vez mayor. Este es, sin duda, un cambio notable y desde el punto de vista que sostengo en este ensayo es el momento clave para entender lo que pasa ahora.
Esto tiene un reflejo muy evidente en la capacidad de extraer recursos de todo tipo.Centrémonos, por ejemplo, en los energéticos. Por ejemplo, muy poco después de entrar en déficit ecológico, en 1971, Estados Unidos llegó a su pico de extracción de petróleo. Algo que, por otra parte, ya había visto venir Hubbert, uno de los geólogos más influyentes del siglo pasado.
  
En el mismo ámbito y también en el mismo tiempo el ritmo de crecimiento exponencial de la producción de crudo en los países de la OPEP paró en seco (línea naranja), luego cayó (crisis petroleras del 73 y del 79) y solo se ha recuperado muy recientemente, aunque con visos de volver a empezar a caer pronto, como mostraba Laherrere hace un par de años.
Por estos dos parones de la producción tanto de la OPEP como de Estados Unidos, en ese momento los dos mayores productores de petróleo del mundo, el patrón de crecimiento de la producción global de hidrocarburos (excluyendo los extra pesados, que tampoco van a significar una gran diferencia) cambió radicalmente (línea marrón más alta). 

Las otras dos grandes energías fósiles, el carbón y el gas, presentan patrones diferentes pero vinculados. Entre las tres representan más de tres cuartas partes de la energía primaria global y su expansión fue anterior en el caso del carbón y posterior en el caso del gas. Sin embargo debido al aumento de la población el consumo de energía per capita global también dejó de aumentar exponencialmente durante esta década y se estancó a partir de entonces: 
Toda esta abrupta limitación en la disponibilidad de recursos energéticos y ecológicos en general tiene consecuencias muy prácticas. En mayo de 1969, por ejemplo, se estableció el record de velocidad en una nave tripulada, fue el Apolo X volviendo de la luna: 39.897 km/h. Este también fue el año en el que el Concorde voló por primera vez: el avión comercial más rápido de la historia y el único junto con el Tupolev que superó la velocidad del sonido. El concorde se retiró hace ya unos años y todavía no hay un avión comercial más rápido.



Graeber lo relaciona con un cambio de paradigma en la investigación científica y con el lastre de la burocracia, más bien relacionados con decisiones políticas. Murphy, un matemático interesado en los límites del crecimiento, llama a la época que empieza en 1970 la época post-innovación (post-invention world), afirmando que la inmensa mayoría de los grandes inventos se hicieron justo antes de ese momento. La relación entre estas dos cosas parece evidente. 

Los límites del "Progreso" 
Profundicemos un poco. ¿Cómo se relacionan todos estos cambios con los cambios socio-político-económicos? 

Vayamos un poco hacia atrás, aunque sea muy someramente para arañar un poco la superficie. Los estados nación aparecieron en el siglo XVII, pero solo se consolidaron y se definieron en una forma que no ha cambiado demasiado, en el siglo XVIII, con la Revolución Francesa de 1789. Esto coincide con la primera revolución industrial que tuvo lugar entre otras cosas gracias a la explotación y uso industrial del carbón. Los estados democráticos y de derecho y la sociedad del bienestar se desarrolló exactamente en el periodo en el que el consumo per capita de energía se disparó. Es decir justo después de la segunda guerra mundial. Poco antes había empezado la segunda revolución industrial: la del petróleo. La creciente presencia del estado y el mercado global solo fueron posibles gracias a la creación de la tupidísima red de comunicaciones y transporte (y control) que permitió la abundancia de energía barata y de otros recursos. Mantener el control sobre un territorio y una población es algo que requiere mucha energía y muy barata, pero proveer sistemas de seguridad social, educación y empleos bien pagados es solo posible gracias a una economía que crezca (mucho) y esta a su vez requiere de energía excepcionalmente abundante y aún más barata (esto es algo que Gail Tverberg trata extensamente en todos y cada uno de sus posts en Ourfiniteworld.com). 

Como hemos visto todo esto empezó a terminarse hace más de 40 años, es decir, en los años 70. Las crisis del petróleo de los 70's llevaron a recesiones globales muy duras que trajeron cambios igualmente duros. Es el fin del "Progreso", al menos entendido en la forma más habitual: la trayectoria lineal que se supone que siguen las sociedades "occidentales" tal vez desde el "renacimiento". 

Neoliberalismo 
Si vives en España, Portugal, Grecia, Irlanda o en cualquier país latinoamericano o africano lo habrás notado: el neoliberalismo se extiende primero por los lugares más vulnerables. ¿Qué relación tiene con todo esto? 

La siguiente es la tasa de crecimiento del PIB global desde 1961 hasta 2014 (viene de aquí). Hay una meseta de crecimiento por encima del 6% desde 1964 hasta 1973, a partir de ahí hay un descenso claro cuyo techo esta, ahora, por debajo del 4% anual de media y bajando con caídas bastante habituales por debajo del 2%, esto incluso durante el período en el que China ha crecido por encima del 10% de media:image (41) 
El neoliberalismo como teoría aparece a finales de los años 30, pero no tuvo su primer experiencia práctica hasta que los chicago boys de Friedman empezaron a apoyar la dictadura de Pinochet en... 1973, la última vez que el crecimiento del PIB superó el 6%. A partir de ahí el neoliberalismo se fue expandiendo y consolidando por todas partes. Entre 1978 y 1980 la ideología neoliberal se convirtió en la principal justificación para la política económica en todo el mundo. Deng Xiaoping en China empezó, en 1978, a hacer algunos cambios para liberalizar la economía China, Paul Volcker en 1979, como presidente de la reserva federal empezó una política monetaria muy agresiva siguiendo los principios neoliberales, siendo apoyado luego por Reagan que ganó las elecciones en 1980. Por último Margaret Thatcher fue elegida en 1979 con el mandato de frenar a los sindicatos y a la inflación y de revitalizar una debilitada economía. A partir de aquí hubo proyectos neoliberales en casi todo el resto del mundo. La crisis del petróleo de 1979 fue la primera antesala de los experimentos neoliberales de esa época. No había otra alternativa, decían. 

La historia estándar dice que el ascenso del neoliberalismo a finales de los 70s fue una reacción a la estanflación y recesión de los años precedentes, que fue además, la crisis del modelo keynesiano de intervención estatal, un modelo que emergió después de la Gran Depresión del 29 y que está en el origen de los estados del bienestar en Europa Occidental. Es decir, que fue una crisis de deuda y de exceso de oferta, es decir, una clásica crisis capitalista... Nadie negaba que el precio del petróleo fuera una de las causas, pero incluso Reagan en su discurso de posesión dijo que el problema para la economía era el Estado... no la finitud de los recursos. 

"In this present crisis, government is not the solution to our problemgovernment is theproblem."

Sin embargo esta explicación obvia el hecho de que se estaban superando ciertos límites insostenibles. De hecho esta narrativa, puramente economicista es la que crearon los neoliberales para mantener un sistema de crecimiento, pero sobretodo un sistema de distribución de la riqueza que beneficiaba más a unos que a otros. Y la razón es clara: no hay alternativa si lo que se quiere es seguir acumulando riqueza. Si el pastel deja de crecer, y eso es exactamente lo que empezó a pasar en los 70s, y alguien quiere tener una parte mayor de este, solo puede hacerlo a costa de los demás. Es lo que Harvey llama acumulación por desposesión, solo que Harvey no lo relaciona mucho con temas ecológicos. Es algo que ha pasado de alguna forma siempre, desde los cercamientos de la edad media hasta ahora, solo que sobrepasado el punto en el que la cantidad de recursos disponibles deja de crecer esa desposesión se empieza a hacer cada vez más necesaria y más dramática. Esta llegando a Europa lo que en el tercer mundo llevan sufriendo toda una vida. 

¿Cómo controlar esto? 
Al mismo tiempo (aquí vuelven Murphy y sobretodo Graeber) la investigación científica cambia de sentido: ya no se investiga para conseguir naves más rápidas, distancias mayores o cualquier aparato que sirva para ir más lejos, llegar más alto o ir más deprisa, o por la misma razón, controlar más eficazmente a la naturaleza. Por el contrario el tipo de investigación y de tecnología que se prioriza es aquella relacionada con el control social y de ahí que, según Graeber, estemos hasta arriba de burocracia. Porque ¿qué es la burocracia sino la técnica y las tecnologías del control social? 

Suicidio 
Visto así parece obvio: si eres parte de la élite y estas viendo que los recursos disponibles decrecen y que si quieres seguir acumulando tienes que arrebatárselos a alguien más; tienes que asegurarte de alguna forma de que estas personas estén ocupadas en otras cosas, en sus trabajos de mierda, rellenando formularios, pagando facturas, haciendo filas, etc. y por lo tanto no estén pendientes de averiguar quien se está quedando con su parte. 

Es cierto, el neoliberalismo es un suicidio a largo plazo. Pero en el corto plazo tiene mucho más sentido que la retórica y que el proyecto socialista o social demócrata de repartir equilibradamente el producto del crecimiento. En realidad ese crecimiento es cada vez menor y las posibilidades de que vuelva son más pequeñas cada día. De una forma muy cruda y cínica los neoliberales tienen un proyecto más adaptado al decrecimiento inevitable que los socialdemocratas, los socialistas, los comunistas y muchas otras tendencias más o menos reformistas o revolucionarios. Estos proyectos también son un suicidio, para todos, porque no reconocen ni siquiera el problema de la indisponibilidad de recursos, viven aún en el mundo de la infinitud. 

Los neoliberales, en cambio, son los ideólogos del capitalismo del decrecimiento. Los que leyeron "the limits to growth" (que, por cierto, fue escrito en 1972 por un grupo de burócratas y técnicos, no muy anticapitalistas) y lo entendieron, lo criticaron, lo ridiculizaron y lo invisibilizaron. Creyeron que el problema de los límites del crecimiento era verdad, que era irresoluble y que ellos iban a aprovecharse de las dos cosas (tal vez no fue una decisión meditada ni consciente, sino más bien una adaptación pragmática, pero eso ya es mucho más que lo que han hecho casi todas las demás grandes corrientes de pensamiento), a costa de que los demás. El movimiento por el decrecimiento sostenible y de izquierdas más o menos radical, es solo su contra parte, la de los que creen que tiene solución y que tiene que haberla para todos. Son los que además de leer a Meadows, leyeron a Illich, solo que ni tienen tantas fuerzas ni un plan tan factible como los neoliberales. En realidad ni siquiera entiende a su enemigo al que critica más por una ceguera que no es tal, que por su egoísmo y su pragmatismo homicida. 

Las bicicletas y los coches o como se ve esto en las ciudades 
Sorprendentemente las bicicletas y los coches tal y como los conocemos se popularizaronmás o menos en la misma época, a principios del siglo XX porque ambos dependían de una tecnología que no llegó hasta entonces: el rodamiento. 
"La invención del rodamiento señala una cuarta revolución. Creó la opción entre más libertad en equidad y más velocidad." Ivan IllichEnergy and Equity (1974:61) 
Hemos elegido abrumadoramente la velocidad, pero no solo eso, hemos elegido unas tecnologías y unas instituciones paralizantes para la mayoría solo para darle más movilidad, más capacidad y más poder a la minoría. Lo hemos elegido y parecemos estar a gusto con esto. 

El Neoliberalismo en las ciudades significó un urbanismo cada vez más agresivamente a favor de satisfacer las necesidades del mercado, convirtiendo cada metro cuadrado en un lugar mercantil o mercantilizable, arrebatando a las personas cada vez una fracción mayor de sus capacidades productivas para entregárselas después en forma de productos empaquetados a cambio de un módico precio para beneficio de productores cada vez mas grandes. Por eso, también la preferencia por los coches: la movilidad rítmica, fluida, cada vez más rápida y más predecible es imprescindible para acelerar también el ritmo de los intercambios, para llevar a los trabajadores a las oficinas de telemarketing o para que puedan ir con facilidad de su casa al supermercado, a su trabajo precario y luego al cine low cost los miércoles después de trabajar. Y por eso mismo también el uso de la bicicleta se puede convertir en una herramienta del sistema (aunque este es otro debate del que ya he escrito suficiente: 123 y 4). 

La clave sin embargo esta en la capacidad productiva: para seguir desposeyendo unos pocos a otros muchos, estos muchos tienen que tener cada vez más limitadas sus posibilidades de satisfacer sus necesidades por sí mismos. Y llegados a cierto punto estas personas ya no son útiles ni como consumidores, porque el dinero progresivamente pierde valor frente a activos fijos, que son lo único que tendrá valor real en un futuro capitalista sin crecimiento. Es la cruel vuelta del valor de uso (una vez más hay que releer este post de AMT). Por eso cualquier proyectos transformador factible tiene que tener en cuenta dos cosas: que no habrá más crecimiento que repartir, sino todo lo contrario y que las grandes estructuras redistributivas del siglo pasado no serán viables en este entorno. A partir de aquí todo son incógnitas.