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Sitopía, nueva visión de las antiguas costumbres

Sitopía, nueva visión de las antiguas costumbres 

En el pasado, lo normal era sentarse a la mesa a comer con la familia, los amigos, o la comunidad a la que pertenecíamos. Charlar, intercambiar experiencias y socializarse. El centro de la comunidad y de la familia giraba en torno a la comida, nuestro sustento.

Hace más de 200 años, con la revolución industrial, llegó también la revolución social del hogar. La industrialización acabó penetrando muy rápido en sectores como la alimentación y la vida social.

Hoy en día, la familia no se reúne en muchos casos ni siquiera alrededor de la mesa. Trabajan uno o los dos progenitores fuera de casa. Comen en el trabajo, y quizás los niños también en la escuela. Los hijos se echan todo el día fuera de casa, en la escuela, con los amigos, las actividades extraescolares, etc. Llegan a casa y en muchos casos tampoco cenan con sus padres, pues estos llegan tarde del trabajo, o sus horarios no compaginan.

Todo este descontrol ha traído los siguientes problemas:

* Una vida de estrés diario y continuo que nos afecta directamente a la salud.
* Una precaria educación social, ética y moral para los hijos.
* Una precaria alimentación fuera de casa y con comida rápida o industrial.
* Un deterioro progresivo de la salud.
* Un deterioro claro del entorno familiar y la unidad del hogar.
* Una sensación enorme de vacío y falta de sentido a nuestras vidas.

Además de todo esto, el ritmo de vorágine consumista en el que estamos envueltos, hiere de muerte cada día a nuestro entorno y a nuestro planeta. Para llenar ese vacío que sentimos recurrimos a las cosas materiales, el dinero, los lujos, etc, pero no nos percatamos de que estos no son más que un placebo temporal a corto plazo.

Carolyn Steel en su libro "Hungry City" nos describe un concepto que ya se está convirtiendo en una realidad: Las ciudades acabarán pasando hambre. A primera vista puede parecer alarmista, pero lo cierto es que hay millones de personas ya están pasando hambre en las ciudades. Una superpoblación de las mismas, llenas de gente que no produce sus propios alimentos, está llevando a una súper explotación de los campos con sistemas agrícolas insostenibles y dependientes del petróleo, está minando los recursos hídricos y naturales de nuestros campos. Además, el cambio climático acelerado por toda la producción de gases de efecto invernadero derivados de nuestro sistema de vida industrializado, provocará todavía más sequías, desastres climáticos y grandes pérdidas de cosechas.

Hoy por hoy, sólo con los desastres naturales que está sufriendo Asia, hay muchas ciudades donde la comida escasea y el precio de los alimentos se ha puesto por las nubes. Esto por no hablar de toda la gente de países subdesarrollados (por culpa del primer mundo) que está pasando verdadera hambre y desnutrición, la vergüenza del S.XXI.

Hay varios conceptos que debemos de tocar para empezar a cambiar toda esta situación antes de que a nivel personal nos pille el toro. Digo a nivel personal, porque parece que a nivel global no sabemos tomar decisiones, cambiar las cosas o dar marcha atrás, por eso la gran revolución de este siglo ha de nacer de la decisión personal del individuo que acabe arrastrando a los demás individuos a tomar medidas. Si esperamos a que nuestros gobernantes, estados, instituciones, etc, tomen medidas, si me permiten la expresión, “estamos jodidos”.

Esta es una pequeña lista de puntos que debemos cuidar:

* Nuestra seguridad alimentaria: No depender de proveedores ajenos a nosotros, desconocidos o lejanos para sobrevivir (importante el concepto de “sobrevivir”).

* Nuestra calidad alimentaria: Saber de dónde viene lo que comemos, como ha sido preparado o cocinado. Somos lo que comemos.

* Nuestra calidad social: Reunir a la familia, el hogar o los amigos es necesario para nuestra salud física y psicológica. Nadie puede enfrentarse a la barrera de la soledad durante mucho tiempo.

* Nuestra salud: El estrés, la falta de sueño, la mala alimentación, la “mala leche”, los humos, el tabaco, el alcohol excesivo, la comida rápida… todo daña directamente nuestro organismo, y todo nuestro ser, de una manera u otra.

* La salud y el futuro de nuestros hijos: Una correcta alimentación, una vida social en familia (sea cual sea el concepto de familia), una correcta educación ética y moral en respeto y tolerancia, una correcta educación intelectual.

* La salud de nuestro planeta: Es nuestra pequeña burbuja en el universo, nuestra pequeña y delicada nave espacial, además de nuestra casa, y nuestro propio ecosistema del cual hemos surgido… si lo destruimos, nos estamos autodestruyendo.

Hay cientos de modelos de vida que podemos seguir, muchos de ellos completamente válidos, pero irónicamente la sociedad occidental autoproclamada como primer mundo, y de naturaleza parásita, ha decidido decantarse por la más destructiva de todas.

Hay muchos movimientos sociales y organizaciones de gente concienciada que están intentando cambiar las cosas, y todos ellos están aportando su granito de arena (más allá del radicalismo que no lleva a ningún sitio en ningún entorno o ideología) para hacer de este cambio una realidad.

Ecologistas, cooperantes humanitarios, movimientos sociales y espirituales, movimientos de alternativas al capitalismo, tendencias slow, agricultores ecológicos, urbanos o permacultores… son algunos de ellos. También se está trabajando en el marco de la política, la economía y las energías renovables. Pero aquellos que tienen el poder, el dinero y el control de los recursos naturales no renovables no están por la labor de cambiar las cosas, y luchar en contra del interés, es complicado… pero no imposible. Entre todos podremos cambiar las cosas, sólo espero que no sea demasiado tarde.

Para terminar me gustaría quedarme con el concepto que Carolyn Steel ha acuñado: Sitopía. Procedente de la unión de dos raíces griegas: Sitos, que significa comida, y Topos, que significa lugar (emulando el concepto utopía, que significa “lugar bueno”).

Sitopía es entonces un “lugar de comida” o un entorno creado alrededor de la comida, nuestro sustento, motivo de socializarse, no sólo para consumirla y alimentarnos, sino también para producirla, prepararla, etc.

En experiencias propias y de otros puedo asegurar que el trabajar para producir tu propio alimento hace que necesites de tu comunidad más cercana, tu familia, y lógicamente la producción se convierte en producción de todos los que trabajan en ella, compartiendo nuestro tiempo, nuestra comida, nuestros recursos, nuestras experiencias, etc.

Hay muchos proyectos arrancados por el mundo entero donde se está “reinsertando” al individuo industrializado en comunidades que producen sus propios alimentos con un éxito impresionante, hasta tal punto que la gente que lo ha probado asegura que la experiencia le ha abierto los ojos para “vivir la vida de verdad”.

En Galicia, los mayores siempre dicen: “Onde hay comida, hay xente.”

Extraído de Cityhuerto. Huertos Urbanos

[Nik berriz Decrecimiento webgunetik hartu diNat]

Neoliberalismo y límites del crecimiento

[Kapitalismoaren eta hazkunde infinituaren kritika Crash Oil-etik zuzenean hiretzat-guretzat]

Neoliberalismo y límites del crecimiento

Queridos lectores,
Aníbal Hernández, autor del blog Peak Oil Colombia, me ha pasado este interesante análisis sobre una idea sobre la que alguna vez hemos comentado de pasada: si el capital es el actor mejor preparado para la llegada de los límites del crecimiento.
Les dejo con Aníbal

Salu2
AMT


El neoliberalismo es una adaptación a los límites del crecimiento o porqué los 70's lo cambiaron todo 
El marco habitual de análisis de la deriva neoliberal normalmente obvia las relaciones entre el desarrollo del neoliberalismo a partir de los 70's y la crisis ecológica que se visibiliza con mayor crudeza justo en ese mismo momento. Revisamos esta relación para entender las relaciones entre ambos hechos y de esa forma ver con más claridad la situación en la que estamos y posibles alternativas con las que enfrentarnos a esta deriva. Vamos allá a ver que tal se da. 

El origen común  
Entre finales de los 60's y principios de los 70's el mundo cambio radicalmente en muchos sentidos, la economía, la política, la ecología... las relaciones entre todos esos cambios son tremendamente interesantes a la vez que inesperadas. 

1970 fue el año en el que por primera vez la huella ecológica superó la biocapacidad de la tierra, es decir, empezamos a consumir cada año más de lo que la biosfera puede producir y contaminamos más de lo que ésta puede absorber. Nuestra huella ecológica no ha vuelto a superar el nivel al que llegó a mediados de los 70's pero la biocapacidad de la tierra, las hectáreas productivas disponibles per cápita, han caído aún más rápido, de forma que el déficit ecológico es cada vez mayor. Este es, sin duda, un cambio notable y desde el punto de vista que sostengo en este ensayo es el momento clave para entender lo que pasa ahora.
Esto tiene un reflejo muy evidente en la capacidad de extraer recursos de todo tipo.Centrémonos, por ejemplo, en los energéticos. Por ejemplo, muy poco después de entrar en déficit ecológico, en 1971, Estados Unidos llegó a su pico de extracción de petróleo. Algo que, por otra parte, ya había visto venir Hubbert, uno de los geólogos más influyentes del siglo pasado.
  
En el mismo ámbito y también en el mismo tiempo el ritmo de crecimiento exponencial de la producción de crudo en los países de la OPEP paró en seco (línea naranja), luego cayó (crisis petroleras del 73 y del 79) y solo se ha recuperado muy recientemente, aunque con visos de volver a empezar a caer pronto, como mostraba Laherrere hace un par de años.
Por estos dos parones de la producción tanto de la OPEP como de Estados Unidos, en ese momento los dos mayores productores de petróleo del mundo, el patrón de crecimiento de la producción global de hidrocarburos (excluyendo los extra pesados, que tampoco van a significar una gran diferencia) cambió radicalmente (línea marrón más alta). 

Las otras dos grandes energías fósiles, el carbón y el gas, presentan patrones diferentes pero vinculados. Entre las tres representan más de tres cuartas partes de la energía primaria global y su expansión fue anterior en el caso del carbón y posterior en el caso del gas. Sin embargo debido al aumento de la población el consumo de energía per capita global también dejó de aumentar exponencialmente durante esta década y se estancó a partir de entonces: 
Toda esta abrupta limitación en la disponibilidad de recursos energéticos y ecológicos en general tiene consecuencias muy prácticas. En mayo de 1969, por ejemplo, se estableció el record de velocidad en una nave tripulada, fue el Apolo X volviendo de la luna: 39.897 km/h. Este también fue el año en el que el Concorde voló por primera vez: el avión comercial más rápido de la historia y el único junto con el Tupolev que superó la velocidad del sonido. El concorde se retiró hace ya unos años y todavía no hay un avión comercial más rápido.



Graeber lo relaciona con un cambio de paradigma en la investigación científica y con el lastre de la burocracia, más bien relacionados con decisiones políticas. Murphy, un matemático interesado en los límites del crecimiento, llama a la época que empieza en 1970 la época post-innovación (post-invention world), afirmando que la inmensa mayoría de los grandes inventos se hicieron justo antes de ese momento. La relación entre estas dos cosas parece evidente. 

Los límites del "Progreso" 
Profundicemos un poco. ¿Cómo se relacionan todos estos cambios con los cambios socio-político-económicos? 

Vayamos un poco hacia atrás, aunque sea muy someramente para arañar un poco la superficie. Los estados nación aparecieron en el siglo XVII, pero solo se consolidaron y se definieron en una forma que no ha cambiado demasiado, en el siglo XVIII, con la Revolución Francesa de 1789. Esto coincide con la primera revolución industrial que tuvo lugar entre otras cosas gracias a la explotación y uso industrial del carbón. Los estados democráticos y de derecho y la sociedad del bienestar se desarrolló exactamente en el periodo en el que el consumo per capita de energía se disparó. Es decir justo después de la segunda guerra mundial. Poco antes había empezado la segunda revolución industrial: la del petróleo. La creciente presencia del estado y el mercado global solo fueron posibles gracias a la creación de la tupidísima red de comunicaciones y transporte (y control) que permitió la abundancia de energía barata y de otros recursos. Mantener el control sobre un territorio y una población es algo que requiere mucha energía y muy barata, pero proveer sistemas de seguridad social, educación y empleos bien pagados es solo posible gracias a una economía que crezca (mucho) y esta a su vez requiere de energía excepcionalmente abundante y aún más barata (esto es algo que Gail Tverberg trata extensamente en todos y cada uno de sus posts en Ourfiniteworld.com). 

Como hemos visto todo esto empezó a terminarse hace más de 40 años, es decir, en los años 70. Las crisis del petróleo de los 70's llevaron a recesiones globales muy duras que trajeron cambios igualmente duros. Es el fin del "Progreso", al menos entendido en la forma más habitual: la trayectoria lineal que se supone que siguen las sociedades "occidentales" tal vez desde el "renacimiento". 

Neoliberalismo 
Si vives en España, Portugal, Grecia, Irlanda o en cualquier país latinoamericano o africano lo habrás notado: el neoliberalismo se extiende primero por los lugares más vulnerables. ¿Qué relación tiene con todo esto? 

La siguiente es la tasa de crecimiento del PIB global desde 1961 hasta 2014 (viene de aquí). Hay una meseta de crecimiento por encima del 6% desde 1964 hasta 1973, a partir de ahí hay un descenso claro cuyo techo esta, ahora, por debajo del 4% anual de media y bajando con caídas bastante habituales por debajo del 2%, esto incluso durante el período en el que China ha crecido por encima del 10% de media:image (41) 
El neoliberalismo como teoría aparece a finales de los años 30, pero no tuvo su primer experiencia práctica hasta que los chicago boys de Friedman empezaron a apoyar la dictadura de Pinochet en... 1973, la última vez que el crecimiento del PIB superó el 6%. A partir de ahí el neoliberalismo se fue expandiendo y consolidando por todas partes. Entre 1978 y 1980 la ideología neoliberal se convirtió en la principal justificación para la política económica en todo el mundo. Deng Xiaoping en China empezó, en 1978, a hacer algunos cambios para liberalizar la economía China, Paul Volcker en 1979, como presidente de la reserva federal empezó una política monetaria muy agresiva siguiendo los principios neoliberales, siendo apoyado luego por Reagan que ganó las elecciones en 1980. Por último Margaret Thatcher fue elegida en 1979 con el mandato de frenar a los sindicatos y a la inflación y de revitalizar una debilitada economía. A partir de aquí hubo proyectos neoliberales en casi todo el resto del mundo. La crisis del petróleo de 1979 fue la primera antesala de los experimentos neoliberales de esa época. No había otra alternativa, decían. 

La historia estándar dice que el ascenso del neoliberalismo a finales de los 70s fue una reacción a la estanflación y recesión de los años precedentes, que fue además, la crisis del modelo keynesiano de intervención estatal, un modelo que emergió después de la Gran Depresión del 29 y que está en el origen de los estados del bienestar en Europa Occidental. Es decir, que fue una crisis de deuda y de exceso de oferta, es decir, una clásica crisis capitalista... Nadie negaba que el precio del petróleo fuera una de las causas, pero incluso Reagan en su discurso de posesión dijo que el problema para la economía era el Estado... no la finitud de los recursos. 

"In this present crisis, government is not the solution to our problemgovernment is theproblem."

Sin embargo esta explicación obvia el hecho de que se estaban superando ciertos límites insostenibles. De hecho esta narrativa, puramente economicista es la que crearon los neoliberales para mantener un sistema de crecimiento, pero sobretodo un sistema de distribución de la riqueza que beneficiaba más a unos que a otros. Y la razón es clara: no hay alternativa si lo que se quiere es seguir acumulando riqueza. Si el pastel deja de crecer, y eso es exactamente lo que empezó a pasar en los 70s, y alguien quiere tener una parte mayor de este, solo puede hacerlo a costa de los demás. Es lo que Harvey llama acumulación por desposesión, solo que Harvey no lo relaciona mucho con temas ecológicos. Es algo que ha pasado de alguna forma siempre, desde los cercamientos de la edad media hasta ahora, solo que sobrepasado el punto en el que la cantidad de recursos disponibles deja de crecer esa desposesión se empieza a hacer cada vez más necesaria y más dramática. Esta llegando a Europa lo que en el tercer mundo llevan sufriendo toda una vida. 

¿Cómo controlar esto? 
Al mismo tiempo (aquí vuelven Murphy y sobretodo Graeber) la investigación científica cambia de sentido: ya no se investiga para conseguir naves más rápidas, distancias mayores o cualquier aparato que sirva para ir más lejos, llegar más alto o ir más deprisa, o por la misma razón, controlar más eficazmente a la naturaleza. Por el contrario el tipo de investigación y de tecnología que se prioriza es aquella relacionada con el control social y de ahí que, según Graeber, estemos hasta arriba de burocracia. Porque ¿qué es la burocracia sino la técnica y las tecnologías del control social? 

Suicidio 
Visto así parece obvio: si eres parte de la élite y estas viendo que los recursos disponibles decrecen y que si quieres seguir acumulando tienes que arrebatárselos a alguien más; tienes que asegurarte de alguna forma de que estas personas estén ocupadas en otras cosas, en sus trabajos de mierda, rellenando formularios, pagando facturas, haciendo filas, etc. y por lo tanto no estén pendientes de averiguar quien se está quedando con su parte. 

Es cierto, el neoliberalismo es un suicidio a largo plazo. Pero en el corto plazo tiene mucho más sentido que la retórica y que el proyecto socialista o social demócrata de repartir equilibradamente el producto del crecimiento. En realidad ese crecimiento es cada vez menor y las posibilidades de que vuelva son más pequeñas cada día. De una forma muy cruda y cínica los neoliberales tienen un proyecto más adaptado al decrecimiento inevitable que los socialdemocratas, los socialistas, los comunistas y muchas otras tendencias más o menos reformistas o revolucionarios. Estos proyectos también son un suicidio, para todos, porque no reconocen ni siquiera el problema de la indisponibilidad de recursos, viven aún en el mundo de la infinitud. 

Los neoliberales, en cambio, son los ideólogos del capitalismo del decrecimiento. Los que leyeron "the limits to growth" (que, por cierto, fue escrito en 1972 por un grupo de burócratas y técnicos, no muy anticapitalistas) y lo entendieron, lo criticaron, lo ridiculizaron y lo invisibilizaron. Creyeron que el problema de los límites del crecimiento era verdad, que era irresoluble y que ellos iban a aprovecharse de las dos cosas (tal vez no fue una decisión meditada ni consciente, sino más bien una adaptación pragmática, pero eso ya es mucho más que lo que han hecho casi todas las demás grandes corrientes de pensamiento), a costa de que los demás. El movimiento por el decrecimiento sostenible y de izquierdas más o menos radical, es solo su contra parte, la de los que creen que tiene solución y que tiene que haberla para todos. Son los que además de leer a Meadows, leyeron a Illich, solo que ni tienen tantas fuerzas ni un plan tan factible como los neoliberales. En realidad ni siquiera entiende a su enemigo al que critica más por una ceguera que no es tal, que por su egoísmo y su pragmatismo homicida. 

Las bicicletas y los coches o como se ve esto en las ciudades 
Sorprendentemente las bicicletas y los coches tal y como los conocemos se popularizaronmás o menos en la misma época, a principios del siglo XX porque ambos dependían de una tecnología que no llegó hasta entonces: el rodamiento. 
"La invención del rodamiento señala una cuarta revolución. Creó la opción entre más libertad en equidad y más velocidad." Ivan IllichEnergy and Equity (1974:61) 
Hemos elegido abrumadoramente la velocidad, pero no solo eso, hemos elegido unas tecnologías y unas instituciones paralizantes para la mayoría solo para darle más movilidad, más capacidad y más poder a la minoría. Lo hemos elegido y parecemos estar a gusto con esto. 

El Neoliberalismo en las ciudades significó un urbanismo cada vez más agresivamente a favor de satisfacer las necesidades del mercado, convirtiendo cada metro cuadrado en un lugar mercantil o mercantilizable, arrebatando a las personas cada vez una fracción mayor de sus capacidades productivas para entregárselas después en forma de productos empaquetados a cambio de un módico precio para beneficio de productores cada vez mas grandes. Por eso, también la preferencia por los coches: la movilidad rítmica, fluida, cada vez más rápida y más predecible es imprescindible para acelerar también el ritmo de los intercambios, para llevar a los trabajadores a las oficinas de telemarketing o para que puedan ir con facilidad de su casa al supermercado, a su trabajo precario y luego al cine low cost los miércoles después de trabajar. Y por eso mismo también el uso de la bicicleta se puede convertir en una herramienta del sistema (aunque este es otro debate del que ya he escrito suficiente: 123 y 4). 

La clave sin embargo esta en la capacidad productiva: para seguir desposeyendo unos pocos a otros muchos, estos muchos tienen que tener cada vez más limitadas sus posibilidades de satisfacer sus necesidades por sí mismos. Y llegados a cierto punto estas personas ya no son útiles ni como consumidores, porque el dinero progresivamente pierde valor frente a activos fijos, que son lo único que tendrá valor real en un futuro capitalista sin crecimiento. Es la cruel vuelta del valor de uso (una vez más hay que releer este post de AMT). Por eso cualquier proyectos transformador factible tiene que tener en cuenta dos cosas: que no habrá más crecimiento que repartir, sino todo lo contrario y que las grandes estructuras redistributivas del siglo pasado no serán viables en este entorno. A partir de aquí todo son incógnitas.

Repercusiones económicas y ecólogicas del encarcelamiento masivo

Espetxeen inguruan hitz egitean hauek gabeko munduaren aldekoen hitzak interesatzen zaizkidaNK errepresio sisteman ez diNadalako sinesten beste batzuk sinesten dinateNan moduan. Ukazio osoataz hitz egiten ez badiNK ere gaiari buruz hitz egiteko nahiko modu desberdin-interesgarria iruditu zaidanez ren ondorengo testuarekin husten zaituztet: Espetxeen edo errepresioaren jaitsiera (decrecimiento represivo) edo...



Repercusiones económicas y ecólogicas del encarcelamiento masivo

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2015-09-30
(Publicado originalmente en Diagonal.)
Es bastante habitual en estos días encontrar declaraciones acerca del populismo, si bien nunca queda claro a qué se refieren con este término. Una peyorativa definición de populismo señala que son populistas aquellas políticas que prometen solucionar problemas complejos con recetas simplistas y poco meditadas. De acuerdo con esta definición, hay un ámbito en donde, sin duda, lleva décadas triunfando el populismo: me refiero al ámbito de la política criminal y la reforma penal. Las cerca de 30 reformas que ha sufrido el Código Penal desde 1995 han ido siempre en la línea del endurecimiento de las penas de prisión, tratando de atajar múltiples problemas sociales como la pobreza, la inmigración, la drogadicción o la enfermedad mental, con una sola respuesta: cárcel, cárcel y más cárcel. Se le ha llamado a este fenómenopopulismo punitivo, la utilización desmedida del derecho penal como receta mágica para solucionarlo todo, y se puede decir sin género de dudas que los dos partidos políticos gobernantes lo han practicado sin mesura, hasta convertirnos en uno de los países europeos con mayores tasas de encarcelamiento, pese a tener uno de los menores índices de criminalidad.
Polo.
Polo.
Hemos pasado de 41.900 personas en prisión en 1997 a 68.600 en 2012, o lo que es lo mismo, de una ratio de 106 a 146 presos por cada 100.000 habitantes (Noruega tiene una ratio de 65, Francia de 91, Italia de 97). Encarcelar a 26.700 personas más en 15 años no se ha debido a un aumento de la criminalidad, ha sido una opción política bipartidista de consecuencias terribles. Las consecuencias más severas las han sufrido las propias personas encarceladas y sus familias pues, pese a que el ideal constitucional reclama que las penas de prisión se orienten hacia la rehabilitación, lo cierto es que constituyen, principalmente, una imposición legal de privaciones y dolor por parte del Estado, con graves perjuicios sobre la salud física y psicológica de las personas.
Esta imposición organizada de sufrimiento sería democráticamente cuestionable, pero quizás aceptable, si contribuyera a alcanzar otros fines sociales dignos de protección. Sin embargo, es más que evidente que ni siquiera eso ocurre. Con la política de encarcelamiento masivo también pierde la ciudadanía, pues no se reduce la reincidencia ni se protege y repara a las víctimas. Si queremos vivir en una sociedad más pacífica, con menos delitos y con menos sufrimiento, debemos abandonar la idea de que la prisión lo soluciona todo y darnos cuenta, más bien, de que no soluciona nada y que hay respuestas mejores para esos problemas. Además debemos darnos cuenta de que, aunque nunca hayamos sufrido ni cometido un delito, el populismo punitivo nos perjudica directamente, pues también aumenta los recortes en políticas sociales y menoscaba las bases ecológicas de nuestra existencia.
Analizar las implicaciones ambientales y presupuestarias del populismo punitivo no supone menospreciar los dramas humanos que se encuentran detrás de cada persona entre rejas, sino que pretende abrir el debate sobre las consecuencias del encarcelamiento masivo a otros ámbitos, no estrictamente jurídicos, como los estudios del decrecimiento y la transición socioecológica o las indagaciones sobre la reconfiguración del Estado del Bienestar. También desde el punto de vista ecológico y económico, la política penal de la democracia ha sido un desastre insostenible.

Prisiones infinitas en un mundo finito

El presupuesto de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias de 2014 ascendió a 1.122 millones de euros. Dicho presupuesto es 83 veces superior al del Plan Nacional sobre Drogas y el doble del que recibió el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Empleamos aproximadamente el mismo dinero en prisiones que en Dependencia y 300 millones más que en política de vivienda. Un preso en España cuesta unos 23.725 euros al año mientras que la beca estudiantil media es de 2.500 euros por curso y el gasto en Educación Primaria es de 6.400 euros por alumno. Es decir, por cada persona en prisión podríamos tener casi a 10 personas estudiando con beca o cubriríamos el gasto de casi 4 alumnos de primaria. Pero es que, además, en el presupuesto de la Secretaría General de II. PP. no se incluye el gasto en construcción de infraestructuras penitenciarias.
Si analizamos el periodo de 1997 a 2012, la construcción de prisiones en España ha seguido el vertiginoso ritmo de la burbuja inmobiliaria y se han edificado 60 inmuebles destinados a la reclusión de ciudadanos y ciudadanas. La promoción de estas obras recae en la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios (SIEP), una empresa pública que subcontrata la ejecución a las grandes de sector de la construcción (ACS, OHL, FCC, Sacyr…), que acostumbran a obtener gran parte de sus beneficios del presupuesto público en infraestructuras. Dada la tradicional falta de transparencia de nuestra Administración resulta difícil hacer un cálculo del dinero que se ha empleado en construir prisiones en los últimos años.
Centrándonos en las infraestructuras más costosas económica y ecológicamente, los llamados centros tipo (macrocárceles con capacidad para más de 2.000 internos), podemos certificar un coste total de 1.575 millones de euros de dinero público que ha sido invertido en la construcción de 20 centros tipo en 15 años. Algunos de estos Centro Tipo, como el de Archidona o Ceuta, permanecen cerrados pues no hay dinero para su apertura, recordando nuestra triste tradición de infraestructuras infrautilizadas como el Aeropuerto de Castellón. Si añadimos el coste de construcción de las prisiones al coste de mantenimiento de un preso en prisión, nos vamos acercando al coste del sistema penitenciario en su conjunto. Pero aún estamos lejos del coste real. Para ello deberíamos prestar atención a un coste que no suele tenerse en cuenta, y es el coste medioambiental.
Las macrocárceles son ecológicamente insostenibles no sólo porque suponen una infraestructura onerosa y sin beneficio social claro, sino también porque están situadas cada vez más lejos de las ciudades, incrementándose exponencialmente el coste energético por el transporte de personas y suministros. Algunos de los últimos Centros Tipo, como Castellón IISevilla II o Madrid VII, están a más de 60 kms del centro urbano más cercano, con lo que los traslados de funcionarios, presos y avituallamiento multiplican su huella ecológica, sin que este gasto en combustible y contaminación sea cuantificado en ninguna parte. Una persona que recorre 120 km en coche produce unos 19.200 gramos de C02y es obvio que en prisiones donde trabajan más de 500 personas y hay una ocupación media de 1.500 internos, se producen varios cientos de desplazamientos al día. El coste, en este caso, es aún más difícil de calcular pero vuelve ser medioambientalmente inasumible.
Cuando, a lo largo de estos 15 años, crecía el número de personas encarceladas a un ritmo de más de 1.500 al año, no nos preguntábamos como sociedad si este crecimiento era social, económica y ecológicamente sostenible. La vorágine constructora de la época dorada del ladrillo acompañaba y era más fácil edificar prisiones que hacernos preguntas como: ¿faltan prisiones o más bien sobran presos y presas?, ¿para qué sirve una prisión?, ¿es necesario y razonable encarcelar a cada vez más ciudadanas y ciudadanos?, ¿es sostenible esta manera de organizar nuestra sociedad? Quizás ha llegado el momento de intentar contestar estas preguntas.

Decrecer en represión: propuestas de moderación penal para el siglo XXI

Vivimos una época de crisis multidimensional (económica, ecológica, política, ética, de cuidados…), pero también es un momento de gran creatividad colectiva. Del mismo modo que nos atrevemos a plantear nuevas formas de hacer política, de consumir o de valorar las tareas reproductivas, podemos atrevernos a diseñar otras maneras de resolver esos conflictos que denominamos delitos. Las asociaciones y los movimientos sociales (de drogodependencias, de intervención contra la exclusión social, de familiares de personas presas, de lucha contra la represión…), apoyados por expertas de los ámbitos jurídicos y criminológicos, llevan años insistiendo en que otro derecho penal es posible. Para comenzar a delinear un sistema de actuación frente a los conflictos penales que sea acorde con la dignidad humana y con los límites del planeta, propongo partir de estos tres ejes:
  1. Relocalizar la Justicia. Estamos relocalizando la producción de alimentos y de energía, estamos potenciando lo local, pues sabemos que el desarrollo a escala humana es más eficiente y nos hace más felices. Ha llegado la hora también de resolver gran parte de nuestros conflictos a nivel local y comunitario. Países como Noruega o Reino Unido han establecido centros de mediación comunitaria y programas de rehabilitación en la comunidad, que han demostrado ser más eficaces en evitar la reincidencia y sobre todo en empoderar a la propia ciudadanía. Por el contrario, un sistema como el actual, centralizado y que desarraiga a las personas de su lugar de residencia, no sólo es caro e ineficaz, sino también incapaz de fomentar unas comunidades responsables y que cuiden de sus miembros más vulnerables.
  2. Reinvertir en la comunidad. Cada euro que gastamos en encarcelar a alguien es un euro que dejamos de invertir en solucionar las carencias que le llevaron a delinquir. Podemos revertir esta dinámica haciendo lo contrario: cada euro que ahorremos en represión, lo emplearemos en prevención y atención a la drogodependencias, en cuidado de las personas con enfermedad mental, en integración laboral, en política de vivienda, o en educación en el respeto al otro y en la igualdad de género. Si hubiéramos mantenido la misma tasa de encarcelamiento que en 1995, hoy tendríamos unos 500 millones de euros anuales más que invertir en aquello que sabemos que verdaderamente reduce el crimen: acabar con la desigualdad y la exclusión social.
  3. Adoptar el paradigma de la Justicia Restaurativa. Todos estos cambios suponen, en definitiva, transformar la manera en la que afrontamos el problema de la delincuencia. En vez de preguntarnos cómo castigar al infractor, debemos preguntarnos cómo arreglar el daño causado y cómo evitar que se repita. El paradigma de la Justicia Restaurativa, que está reconocido por la ONU y la Unión Europea, supone colocar las necesidades de las víctimas en primer lugar, y en facilitar que las personas infractoras se responsabilicen de sus propios actos, al tiempo que la sociedad también se preocupa de eliminar las carencias que le llevaron a delinquir. Las múltiples experiencias de mediación penal, que llevan años teniendo éxito en todo el Estado, demuestran que es posible conseguir un sistema de justicia humano y centrado en las necesidades de las personas.
Ahora se trata de articular estas y otras piezas para construir otro modelo de Justicia para otro modelo de sociedad.

Sobre la inevitabilidad de la guerra a largo plazo

Sobre la inevitabilidad de la guerra a largo plazo

Cada vez tengo más claro que los ejércitos son imprescindibles para una sociedad democrática. (...) Supongo que es una evolución del propio antimilitarismo, que te hace darte cuenta de que precisamente para garantizar la paz es fundamental que haya hombres y mujeres profesionales armados, con un compromiso cívico y democrático.
Pablo Iglesias, 2014. 

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Gracias a otro correo de Álex, aprovecho la oportunidad para publicar algo al respecto. Mi postura en este tema es similar a la de Aldous Huxley en La isla (los habitantes de Pala deciden no tener ningún tipo de defensa, aun sabiendo que pueden ser invadidos por su petróleo), o como mucho, según elethos del invasor, a la de quienes apoyan la autodefensa, siempre y cuando sea llevada a cabo por uno mismo y por la pequeña comunidad a la que pertenece, sin formar parte de grandes columnas al mando de no se sabe quién, en nombre de qué y con qué intención. Matar en nombre de uno mismo y de los suyos es algo malo, pero matar en nombre de otros es aún peor.

En cualquier caso, a la larga, la invención y aprovisionamiento de armas incluso para el mejor de los fines parece conducir a su expansión y mal uso, convirtiendo el mundo en un polvorín cuando lo que queríamos evitar era precisamente eso. Por un lado creemos conveniente defendernos a nosotros mismos y a nuestras familias con armas si determinados valores van a ser vulnerados, entre ellos la vida y cierto grado de libertad, pero también sabemos que las consecuencias de su utilización son incontrolables. La misma técnica que ayuda a una persona y a su familia a salvar la vida, tarde o temprano será la causa de grandes matanzas. Elijamos lo que elijamos, a largo plazo es jaque mate.

Los Monos También Curan gunetik hartuta)