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Marikana, una masacre “accidental”

Marikana, una masacre “accidental”

“Matad a esos bastardos. No quiero disparos de advertencia. Tenéis una bala y tiene que ser una bala mortal” (Sudáfrica. Susan Shabangu, ministra de Recursos Minerales en 2012).
El 16 de agosto de 2012 fueron asesinados 34 trabajadores en la mina de Lonmin (de propiedad inglesa). El 25 de junio de 2015 se presentaban los resultados de la comisión de investigación sobre la matanza de los 34 mineros. La comisión no establece responsables, no da reparaciones a las víctimas, no hace justicia.

El 16 de agosto de 2012, en una de las minas situadas en la pequeña localidad de Marikana y explotada por la empresa británica Lonmin, la policía sudafricana mató a 34 mineros en huelga, hirió de bala a otros 70 y detuvo a 270, que fueron posteriormente torturados. Diecisiete de los asesinatos fueron cometidos en la conocida como Escena I, un cerro en una tierra comunitaria, fuera de la mina. En ella la policía disparó indiscriminadamente contra el grupo de mineros previamente encapsulados entre alambre de espino. Los trabajadores, en ese momento, caminaban de vuelta a sus hogares en espera de una resolución negociada del conflicto. Los restantes 17 murieron en la conocida como Escena II, alejada 500 metros del primer escenario, adonde habían acudido a refugiarse tras el primer ataque de la policía. Estos asesinatos fueron cometidos 15 minutos después de la primera matanza. Varios mineros supervivientes y las autopsias realizadas a los cadáveres con posterioridad revelaron que la mayoría de estas personas fueron perseguidas y ejecutadas a sangre fría.

La huelga había comenzado el 9 de agosto, cuando un grupo de mineros autoorganizados y que rechazaban la intermediación del Sindicato Nacional de Mineros (NUM por sus siglas en inglés), aliado del Gobierno y de Lonmin, visitó las oficinas de ésta con la intención de negociar directamente con sus representantes una subida de salario hasta los 12.500 rands (950 euros aproximadamente). Entre aquel 9 de agosto y el día 15 murieron otras diez personas, entre ellas seis mineros, dos guardias de seguridad de la mina –también negros, también pobres– y dos policías. El día 16, antes de la masacre, se desplegaron en Marikana 650 policías con 4.000 unidades de munición y cuatro caravanas mortuorias con una capacidad para 16 cuerpos. El personal sanitario, en cambio, llegó una hora tarde. A pesar de estas evidencias, la Policía y el Gobierno defendieron que los agentes actuaron en defensa propia. Las imágenes de la masacre dieron la vuelta al mundo. Dentro del país, Marikana se convirtió en un símbolo y rememoró los peores momentos de la represión durante el régimen del apartheid, del que el Congreso Nacional Africano (ANC) prometió liberar a su pueblo a partir del Gobierno de Nelson Mandela.

Como respuesta, el Gobierno creó en septiembre de 2012 una comisión de investigación sobre la muerte de las 44 personas. Ésta ha acompañado a los sudafricanos durante estos tres últimos años, revelando el lado más oscuro de una democracia conquistada tras décadas de sangre y lágrimas, también negras y pobres. Su informe final, después de tres meses en manos del presidente, Jacob Zuma, fue hecho público el pasado día 25 de junio.


En estos casi tres años las comunidades alrededor de Marikana han estado acompañadas de sus condiciones históricas de pobreza, falta de vivienda digna, electricidad y agua potable, compartidas por la mayoría de las localidades mineras del país, así como de la represión y acoso por parte de la policía y otros actores. Durante los dos primeros años de la comisión diversos líderes sindicales, comunitarios y testigos clave fueron asesinados; algunos pequeños asentamientos, como Nkaneng, fueron militarizados y crecieron rápidamente las amenazas de perder el trabajo o de sufrir “accidentes” en la mina.

Sin embargo, a pesar de esta violencia, la lucha de los trabajadores del sector minero del platino, principal recurso mineral del país, ha crecido de forma inesperada en estos años. Tras seis semanas de huelga, en septiembre de 2012 los trabajadores de Marikana firmaron un acuerdo con Lonmin por el que se aumentaron sus salarios entre un 11% y un 22%. Esta noticia se propagó rápidamente por otras comunidades mineras del sector del platino y en enero de 2014 los empleados de las empresas Impala Platinum Holdings, Anglo American Platinum y Lonmin fueron juntos a una nueva huelga que duró cinco meses y con la que consiguieron una subida progresiva del salario mínimo de 5.000 a 8.000 rands en los tres años siguientes. La Asociación de Mineros y Trabajadores de la Construcción (AMCU), un nuevo sindicato que intentó tener un papel mediador durante la huelga, se convirtió, al mismo tiempo, en el sindicato mayoritario en el sector.

Muchos errores y ninguna responsabilidad

Acorde con el trabajo de una comisión llena de mentiras, falsos testigos y obstaculizaciones a la investigación por parte de la policía y las instituciones públicas involucradas, el informe final concluye poco y ofende mucho, especialmente a los familiares de las víctimas, a quienes se negó la posibilidad de tener voz en las sesiones de la comisión aunque se permitió que estuvieran presentes en ellas para escuchar.

En sus más de 600 páginas no se desvela quiénes mataron a cada una de las 44 personas, no hay responsables, no hay justicia y no hay recomendaciones sobre la necesidad de reparación para las víctimas y sus familiares. Se afirma que la policía pudo “haber creído razonablemente” que su vida estaba en peligro en la primera escena y que no se puede decir mucho de lo que ocurrió en la segunda escena. La verdad se diluye entre el reconocimiento de “fallos de dirección y control”, “esfuerzos insuficientes” para evitar los hechos y la recomendación de “investigaciones adicionales”. Lonmin no hizo todo lo necesario para evitar los hechos violentos, AMCU y NUM tampoco, la policía cometió numerosos errores y la masacre no fue sino un “trágico incidente”. El informe, además, recomienda distintas medidas procedimentales para mejorar el manejo de futuras situaciones similares. ¿Es esto todo lo que valen 44 vidas?

Pero en Sudáfrica la vida de los negros pobres vale muy poco. Como recordaba en una entrevista en 2013 S’bu Zikode, fundador y presidente del movimiento social Abahlali baseMjondolo, “todos los días hay Marikanas en Sudáfrica”. En un país marcado por la desigualdad y la pobreza de la mayoría de su población, el acoso y la violencia hacia estas comunidades empobrecidas por parte tanto de la policía como de pandillas es una realidad cotidiana. En algunos casos, ambos actores, con la complicidad de las autoridades locales, actúan conjuntamente. Esta represión se legitima socialmente mediante una criminalización de las víctimas y organizaciones de base, identificadas así como grupos de problemáticos, enemigos del gobierno o criminales. Susan Shabangu, ministra de Recursos Minerales en 2012 e involucrada en las decisiones que llevaron a la matanza de Marikana, animó en 2008 a la policía sudafricana con las siguientes palabras: “Matad a esos bastardos [las personas identificadas como criminales] si os amenazan a vosotros o a la comunidad. No debéis preocuparos por las regulaciones. Ésa es mi responsabilidad […]. No quiero disparos de advertencia. Tenéis una bala y tiene que ser una bala mortal”.

De este mismo modo, unos días antes de hacer público el informe, Jacob Zuma declaró que “los mineros de Marikana recibieron disparos después de haber matado a personas”, legitimando así la masacre. Cyril Ramaphosa, líder sindicalista minero durante el apartheid, uno de los héroes de la lucha por la liberación y una de las personas más ricas y con mayor influencia política en el país, es hoy vicepresidente de Sudáfrica y del ANC. Durante la huelga, como accionista y miembro del consejo de dirección de Lonmin Platinum, exigió “una respuesta simultánea” a la policía ante lo que, en una comunicación privada con la dirección de la empresa minera, definió como “no un conflicto laboral, sino un acto criminal”.

Sin embargo, a la verdad oficial del informe de la comisión de investigación de la masacre de Marikana se opone la verdad histórica y política. La de los supervivientes, los familiares y parte de la sociedad, que no puede creer que nadie sea responsable. La verdad es un campo de batalla, y en él los familiares de los mineros asesinados afirman sin ambages que los responsables de la muerte de sus seres queridos, lo reconozcan o no, son Lonmin, el Estado y la Policía sudafricana. Así lo expresaron en una declaración conjunta después de la clausura de las sesiones de la comisión, en septiembre de 2014.
Los mineros fueron masacrados para evitar una ola de protestas en todo el país y para proteger los intereses empresariales nacionales e internacionales. Mientras, la vida de los mineros vale muy poco, apenas los cinco rands de cada bala utilizada en Marikana.

Autor: David Ramos y Helena Santos

Fuente: Diagonal


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Por qué estamos en contra de los Comités de Empresa y a favor de las Secciones Sindicales

Por qué estamos en contra de los Comités de Empresa y a favor de las Secciones Sindicales

 
 
¿Que por qué estamos en contra de los comités de empresa?

La Organización mediante comités de empresa o delegados/as de personal

Surgen de las elecciones sindicales, similar de las elecciones políticas. Se presentan diferentes candidaturas y los/as trabajadores/as las votan para elegir a sus representantes los próximos 4 años.

L@s trabajadores deberían saber que haciendo esto renuncian a su opción de participar en las decisiones diarias de tipo laboral-sindical en la empresa, ya que para eso está el comité. Lo que deberían saber es que este comité o los Delegados de Personal pueden firmar y/o negociar con la empresa lo que quieran sin consultar a los trabajadores/as, que para eso los han votado. Lo que queremos decir en un lenguaje llano es que votando se delega en ellos las decisiones sindicales de la empresa.

También deberían saber que los miembros de estos Comités y/o los/as Delegados/as de Personal, tienen una serie de derechos sobre el resto de trabajadores/as:

-No pueden ser despedidos durante 5 años (los 4 de mandato y el siguiente)
-No pueden ser incluidos en los EREs (que ellos negocian y firman), algo intolerable
-Tienen posibilidad de réplica en una sanción que se les imponga (tú y yo no).
-Tienen 15 horas al mes para cuestiones sindicales (se vayan a hacer algo del sindicato realmente o a tomar el sol a la playa) en la mayoría de los casos tienen el mes completo
-Tienen preferencia para hacer cursillos de toda índole
Ser Delegado de Personal o miembro de un comité de empresa puede servir para escaquearse y vivir sin dar un palo al agua. Para la dirección de la empresa es más fácil “corromper” a 5 que a toda la empresa. Son de sobras conocidos casos donde los representantes sindicales se llevan mejor con los directores o gerentes de turno que con sus compañeros/as de trabajo, aunque éstos hayan confiado su voto en ellos/as.

La realidad diaria de este país donde existen comités de empresa es ésta, por eso la mayoría de los/as trabajadores/as no votan ni participan en las elecciones sindicales, saben que son unos vendidos y unos interesados (para ellos/as mismos/as). El poder corrompe, y las elecciones sindicales y tener privilegios da cierto poder. Por eso creemos firmemente que hay que rechazarlo en todo momento.

Muchos sindicatos sin afiliación en las empresas intentan convencer a los trabajadores para que se presenten por su candidatura sin ser afiliado/a, es legal, se puede hacer. Yo mismo he sido testigo de como UGT y la CTC (sindicato catalanista) lo intentaron en mi empresa.

¿Y qué ganan las cúpulas sindicales con todo esto? Subvenciones de Papá Estado, entre UGT y CCOO se llevan 156 millones de euros, en plena crisis económica.


Nuestra alternativa: las Secciones Sindicales de CNT

En ellas puede figurar cualquier trabajador/a que esté afiliado/a, aunque se dan casos de gente que colabora y trabaja con ellas sin ser afiliado del sindicato.

Se organizan desde abajo de forma asamblearia y horizontal, el Delegado de la Sección es elegido por sus miembros y es un mero portavoz de cara a la empresa, no tiene ningún poder de decisión, sin pasar por la asamblea, que es la que decide SIEMPRE.

Bastante más democrático que los comités o delegados de personal, que aunque haya quien diga que también hacen asambleas, hay centenares y centenares de casos detallados y denunciados donde estos comités o delegados de personal han hecho lo contrario a lo votado por la asamblea de trabajadores. La mayoría de veces por intereses propios o por decisión de las direcciones de sus federaciones sindicales (los jefazos de cada sector), que también negocian los convenios, etc. Son éstos los que mandan de verdad, si algún comité se sale de la linea, tirón de orejas.

Volviendo a las secciones sindicales, decir que no tienen casi derechos. Los contemplados en la LOLS (Ley Orgánica de Libertad Sindical) o los que se arrancan en la Acción Sindical diaria a las empresas o por sentencias. La creación de nuestras secciones no tiene ninguna obligación de ser comunicada a la dirección de la empresa, algo importante para poder sobrevivir en los inicios, ya que la respuesta de la empresa es la del despido habitualmente, tampoco tiene ningún derecho la empresa para decir sin son legales o no (algo habitual), tienen que soportar su existencia y su Acción Sindical. La patronal conoce muy bien a la CNT y lo que representa en una empresa: HONESTIDAD Y LUCHA.

La CNT ofrece un modelo donde la gente participa libremente, la efectividad depende de las posibilidades que hayan y del empeño que metan sus militantes, a parte que se potencia la implicación y el debate para llegar a acuerdos. Si tocan a uno/a nos tocan a todos/as.

Se potencian valores como el Apoyo Mutuo y Solidaridad. Las cosas se han logrado sólo con la lucha y para poder luchar hace falta unidad y que las decisiones emanen de la gente en asamblea, participando: no existen los héroes, ni los mártires, ni los milagros.

Hay que aprender también a ser más listos/as que ellos/as, los empresarios suelen tener chivatos/as y gente dispuesta a traicionarte por mantener su puesto de trabajo, como también tienen experiencia en cometer atropellos impunemente, así que tampoco hay que coger confianza. Estar en una sección sindical no te hace totalmente intocable. Hay que actuar con estrategia y acierto, y aprendiendo, pues el camino se hace caminando.

No sirve de nada llorar en la barra del bar, ni hablar de los vendidos de vuestra empresa (los del comité). Debemos organizarnos horizontal y activamente, sin injerencias externas. Desde la CNT somos conscientes que tú eres responsable de tus actos, de tu vida, de las consecuencias de tus acciones. Aquí la decisión es tuya, de tus compañeros/as en asamblea, si en tu puesto de trabajo todavía no tienes una sección sindical, ¿a qué esperas?

No creemos en las subvenciones sindicales, sino en la autonomía obrera y sindical, de acción, sin más limitaciones que las que se quieran o tengan que asumir. No pediremos nunca el voto, queremos que la lucha sea conjunta, de todas y todos los trabajadores, sin importar raza, edad, sexo o profesión.

Sec. Jurídica CNT-AIT Cornella