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Erisictón y Tántalo: La miseria de la abundancia.

Erisictón y Tántalo: La miseria de la abundancia.

"La mitología griega nos cuenta la historia de Tántalo, semidiós bravucón castigado por Zeus a padecer hambre y sed eternas en medio de los más deliciosos manjares y con el cuerpo sumergido en el agua. Nos cuenta también la de su contrapunto y complemento, Erisictón, al que los dioses condenaron a comer ininterrumpidamente todo lo que encontraba en su camino, una cosa tras otra, animales, bosques, hijos, sin hallar jamás satisfacción, hasta la suicida autofagia final. No son historias antiguas y fantasiosas." explica el filósofo Santiago Alba Rico.


En el libro VIII, Las metamorfosis, de Ovidio, se cuenta la leyenda del rico Erisicton, príncipe de Tesalia.

La diosa Deméter,  diosa de la agricultura, la fertilidad y la tierra, protectora de los cultivos y las cosechas, tenía un bosque sagrado, un santuario ancestral construido por los pelasgos, un pueblo pre-helénico. En él, resaltaba una vetusta encina donde vivía una ninfa hamadríade, ninfas tan conectadas con su árbol que mueren si éste se corta.

Un día Erisicton decidió cortar su árbol a pesar de las advertencias. Y es que deseaba construir con su madera un techo para su sala de banquetes. Tras muchos hachazos, Erisicton consigue que la encina caiga y, así, la ninfa muere.

Deméter, enfadada, decidió que Erisicton pasara un hambre atroz, pero ella no podía inculcarle tal maldición, porque su trabajo era precisamente el contrario: dar alimentos a los seres humanos. Por eso, le pidió el favor a la diosa Limos, personificación del hambre y engendro de Eris (la discordia). Esta horrenda diosa visitó a Erisicton mientras dormía y cumplió el deseo de Deméter: penetró en sus entrañas de tal forma que desde entonces nada saciaría sus ganas de comer, y cuanto más engulliera más crecería su hambre.

En ese momento, Erisicton despertó de hambre y empezó a comer todo lo que podía. Sin poder dejar
de comer, Erisicton gastó toda su fortuna y vendió todos sus bienes, incluyendo a su hija Mnestra, que consigue escapar e intenta, en vano, ayudar a su padre que no para de comer, ya hasta las basuras que encuentra. Su apetito infinito lo devora todo.

Finalmente, el hambre hizo a Erisicton, entre gritos de dolor, arrancárse sus miembros y su carne a mordiscos, devorar sus miembros y comerse a sí mismo. 
Cuenta Ovidio: "La fuerza aquella, aun así, de su mal, después que hubo consumido toda su materia, y había dado nuevos pastos a su grave enfermedad, él mismo, su organismo, con lacerante mordisco a desgarrar empezó, e, infeliz, minorándolo, su cuerpo alimentaba."

Tántalo (que deriva del griego "talas", sufrimiento) fue invitado por Zeus a la mesa de los dioses en el Olimpo, lo que originó que tuviera la soberbia de cometer los tres grandes pecados de la mitología griega: ofender a un anfitrión, hacer daño a un niño y desafiar a los dioses. 

Fue revelando a los mortales los secretos que había oído en la mesa de los dioses, robó néctar y ambrosía, negó la divinidad de Apolo (el Sol) y raptó a Ganímedes. Además, invitó a los dioses a un banquete en el monte Sípilo, y cuando la comida comenzó a escasear, decidió ofrecer la carne de su propio hijo Pélope. 

Cuando Pandáreo robó el mastín de oro de Rea para que cuidara del recién nacido Zeus, se lo dio a Tántalo para que lo ocultara, pero pasado el tiempo, Tántalo le juró por Zeus que nunca había oído hablar de él. 
Zeus, escandalizado, terminó aplastando a Tántalo con una roca que pendía del monte Sípilo.

Después de muerto, Tántalo fue eternamente torturado en el Tártaro

Así lo vio Ulises (Canto XI, la Odisea) cuando descendió al inframundo:

"Vi a Tántalo, que soportaba pesados dolores, en pie dentro del lago; éste llegaba a su mentón, pero se le veía siempre sediento y no podía tomar agua para beber, pues cuantas veces se inclinaba el anciano para hacerlo, otras tantas desaparecía el agua absorbida y a sus pies aparecía negra la tierra, pues una divinidad la secaba. También había altos árboles que dejaban caer su fruto desde lo alto perales, manzanos de hermoso fruto, dulces higueras y verdeantes olivos , pero cuando el anciano intentaba asirlas con sus manos, el viento las impulsaba hacia las oscuras nubes".

Además, una roca oscila eternamente sobre él, sin saber si llegará o no a aplastarlo.
Pese a todo, engendró tres hijos, entre ellos Níobe.

Níobe, diosa de la mitología griega, se burló de Leto por haber tenido solo dos hijos, y presumía de los suyos, tan numerosos. Estas burlas llegaron hasta tal punto de soberbia (hybris) que los dioses, ofendidos, castigaron a Níobe matando a sus hijos: Apolo se encargó de los varones, y Artemisa de las mujeres. Sólo se salvaron Amiclas y Melibea.

Níobe, deshecha y desconsolada ante la contínua pérdida de sus hijos, se convirtió en piedra, y la leyenda cuenta que es el mármol con forma de mujer del que brotan lágrimas en el monte Sípilo. Otra leyenda cuenta que sus lágrimas formaron el río Aqueloo.

El suplicio de Tántalo y Níobe continúa. 
El coltán contiene los minerales niobio y tantalio. El coltán fué lo que financió la Segunda Guerra del Congo. Y no sólo eso: República Democrática de Congo posee el 80% de las reservas mundiales de este nuevo ‘oro negro’, presentes en los smartphone, tablets, ordenadores portátiles... Cada kilo de coltán le cuesta la vida a dos personas en Congo. Jornadas laborales de más de 14 horas en la mina a cambio de un euro, un minero muerto al día, hombres, niños y niñas, mujeres embarazadas... Más de 120 grupos armados se lucran de la extracción ilegal de coltán para comprar armas con las que cometen masacres masivas y violaciones indiscriminadas a mujeres y niñas, secuestrándo a niños para convertirlos en máquinas de matar.
El total de refugiados congoleños alcanza los cuatro millones (más que Siria, Yemen o Irak) y existen 7,7 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria grave.

No son historias antiguas y fantasiosas.

Nota: La hibris (en griego antiguo ὕβρις hýbris) es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’. La transgresión de los límites impuestos por los dioses a los seres humanos mortales y terrenales, inspirado por las pasiones exageradas.
«Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco»

[ Una Antropologa en la Luna webgunetik hartua]

La hija pródiga

La hija pródiga


Entre los dos sumaban 30 años, él dos más que ella; y quince dólares en el bolsillo de él que ella había cogido de casa de su padre. No habían pedido alcohol, pero sí café porque la noche sería larga hasta que llegara el autobús. Ella daría a luz en unas horas, como mucho un par de días, en el Sur profundo, pero en otro Estado.

Entonces la chica blanca, sin atreverse a cogerle la mano, le dijo algo. El adolescente negro la miró hasta que sus ojos se volvieron turbios. Dejó los quince dólares encima de la mesa, cogió su petate y empezó a caminar, rumbo a ninguna parte, lejos.

Finalmente ella dio a luz en casa de la madre de él, una mujer con un vestido y un pañuelo blanco inmaculados. Había hecho más veces de partera, y sabía lo importante de hervir sábanas, el doble giro de la cabeza, las palabras justas a la mujer que no dejaba de gritar en su pequeña casa, en medio de ninguna parte y con su marido, si realmente lo fue, borracho en alguna ciudad del Norte.

Cuando el niño nació, ella no se lo podía creer. “Dios mío, dios mío”, decía mientras lavaba al recién nacido. Entonces la chica blanca sacó de debajo de la almohada el único objeto de valor que se había llevado de casa de su padre –un cuchillo – y se lo hundió con precisión entre dos vértebras, por encima de los hombros. La partera se desplomó y el niño cayó al suelo, rompiéndose quizás algo. Poco importaba.

La madre envolvió a la criatura en una sábana limpia, y sujetándolo por los pies le hundió la cabeza en un balde de agua. No podía verlo. No podía oírlo. No lo tocaba. Así era más fácil. Cuando ya no se movió más, dejó el bulto a un lado, buscó su cuchillo y prendió fuego a la casa.
Fuera, mientras, las vigas ardían sin estruendo ni casi ruido, se dio cuenta de que se había dejado los zapatos dentro. Daba igual. Tampoco vivía tan lejos de su padre, aunque el camino estaba sembrado de ortigas.

Se presentó al alba en el porche,con un pequeño bulto en brazos y el cuchillo entre la ropa. Su padre la oyó llegar y abrió la puerta, bloqueando el umbral. “Padre, acógeme”, susurró. “Aquí no queremos basura negra”, masculló él.

“Es blanco, padre; blanco como tú y como yo, padre, como yo y como tú. Mira tu boquita, tus
pómulos,….”

[ Hincapié aldizkariaren webgunetik hartua ]

A Este Lado de la Tumba (10-02-2014)



[ Duela ia 4 urtetako irratsaio bat, hamar urtetik gora martxan den A Este Lado de la Tumba irratsaio bikaina entzungai hemen behean, goxatu!! ]


10-02-2014
En Irán asesinan a un poeta y nosotros le acompañamos al otro lado con textos de Reza Baraheni y Shahrnush Parsipur desde la prisión. También Danilo Kis se apunta con un relato sobre la caída en desgracia de un poeta que osa criticar al régimen yugoslavo de Tito en sus versos. Antes terminamos la sembanza de Kis sobre Ödön von Hórvath y su absurda muerte en París. Por otro lado, leemos dos bloques de poemas del rumano Ioan Es. Pop. Serbia, Rumanía, Hungría… Nueva incursión en las Ediciones Aerostáticas. Nuevos poemas de F.J. Casado. Comentario sobre las recientes masacres a los animales y recomendación de dos cuentos sobre asesinos de cisnes. En la próxima semana, Tamames nos hablará sobre las poblaciones urbanas de gatos y palomas. Todo ello envuelto en una ligera nebulosa de caos en la técnica. Y en unos días… ¡el libro de Patricia Heras! 

Noche negra en el manicomio [Relato]

[Relato] Noche negra en el manicomio      
 (Relato de ciencia ficción, los nombres tampoco son reales)
A las siete y media de la tarde a cenar, impuntualidades como todos los días. La voz de la enfermera confirma por el altavoz la llamada, todo el mundo deja lo que está haciendo y se dispone a ir al comedor donde está la cena servida.
Hoy hay buena cena para lo que nos tienen acostumbradxs, un plato de puré de primer plato y croquetas con unas lonchas de embutidos de segundo, finalizando con una pieza de fruta al azar.
Todxs nos sentamos a cenar, pero enseguida Joaquín se levanta y empieza a buscar por todos los sitios su cartera, ya que cree que está en un restaurante y piensa que tiene que pagar su plato. Las enfermeras intentan disuadirle pero no lo consiguen y Joaquín sale del comedor y enfila el pasillo hacia delante perseguido por una enfermera que enseguida llama a lxs celadorxs acabando este, atado a una silla sin poder moverse.
Terminamos de cenar y a lxs fumadorxs nos espera nuestro prometido cigarrillo. Allí Antonio expresa sus quejas por los malos tratos que le porfieren algunas enfermeras y expresa su tristeza por la limitación que le han impuesto en el número de cigarros que puede fumar al día.
Terminado el cigarrillo de rigor, me dirijo a la habitación compartida pasando por la sala del televisor, donde el resto de gente está sentada viendo noticias que solo hablan de terrorismo y elecciones. Yo lo único que puedo pensar, es que lxs terroristas son lxs mismos de siempre y que en la “caja tonta” solo nos venden el mismo cuento una y otra vez.
Al llegar a la habitación, encuentro que mi compañero Enrique está tumbado a oscuras en la cama; al llegar a la mía, enciendo la lamparilla y le pregunto que qué tal está, hablamos durante un buen rato y me cuenta que le quieren mandar a otro centro donde dice, que va a estar más activo física y psicológicamente, pero que el no quiere ir, que prefiere estar en casa con sus padres. Después de intentar buscar otras soluciones y de consolarnos mutuamente, nos damos cuenta de que ha pasado una hora y que nos toca cigarro.
En la sala de fumadores volvemos a escuchar las quejas de Antonio que esta vez jura en voz alta y arremete contra el mobiliario, pero rápidamente recuerda lo sucedido a otro compañero que al protestar por no darnos el cigarrillo correspondiente, rompió un cristal y fue encerrado y atado a una cama durante dos noches y un día. Yo que estoy a su lado le paso la mitad de mi cigarrillo y se tranquiliza.
Ahora solo toca esperar la hora de la medicación, e irnos a dormir esperando que esta noche no le de a nadie, por pegar alaridos de auxilio o de cualquier otro tipo… Espero que la noche sea tranquila, a mí ya me queda poco aquí.

(Decir que mantengo lo dicho en el texto anterior (el poema) y agregar que yo vi injusticias allí.).
Richie punk
Texto originalmente publicado en Portaloaca.

[ Nik Xarxa gam kolektiboaren webgunetik hartu diNat ]

El día en que una amiga consumió prostitución

El día en que una amiga consumió prostitución
      
El día en que mi amiga consumió prostitución no era consciente de estarlo haciendo. Le pagó por “amor”, le compró una camiseta bonita, le mandó dinero a miles de kilómetros, a ese país lejano donde todavía había vida y las personas se comportaban de una forma mucho más fresca que aquí, un lugar donde todavía no habían llegado los represivos dogmas sexuales en boga. Allí parecía que tener relaciones sexuales con casi cualquier hombre que se quisiera podría ser fácil. Ella era de aquí, ellos de allí. Pero, aún mejor, con él podía sentirse deseada, querida, divina, endiosada, amada con pasión. Y esta ilusión parecía no tener precio. Quizás alguna promesa vana de volver a verse, quizás su historia romántica de todo a cien y exprés podría extenderse en el tiempo. Vendría a Europa a trinfar. Le presentaría a sus padres. Por teléfono le contó que los de él ya habían aprobado su “relación” de 2 días. Tenían todo un futuro por delante.
En realidad todo esto no podría haber ocurrido si no se hubieran dado algunas circunstancias especiales de su momento vital, tanto en su ciudad, como en su entorno afectivo y familiar. Pero sucedió. Hizo lo que jamás imaginó que podía hacer a su regreso: una transferencia de unos 120 euros, creía recordar, aunque trataba de olvidar la cifra exacta. Un dinero virtual que voló a través de cables de fibra óptica bajo el mar. Le vendría muy bien para su viaje, su formación, su futuro, lo que fuera… Daba igual. En realidad, ella lo hacía por él, no por ella misma. De esta forma quedaba claro que no había pagado por sexo. La realidad era bien diferente. Esa transferencia era un acto casi colonial, imperialista. Un acto de poder. Ella era tan buena. Buenísima. Estaba colaborando, casi se podría decir, con una especie de ONG sin nombre, la organización no gubernamental de la prostitución emocional que vende sueños e ilusiones vanas…
Sí, mi amiga consumió en cierta forma prostitución masculina, y lo de menos fue lo que ocurrió físicamente entre ellos. La cuestión estaba en sus carencias y anhelos. Por un momento parecieron calmarse en una proyección de futuro imaginada y distorsionada. Fue por eso por lo que pagó a distancia, por haber logrado que sintiera lo que deseaba sentir, aunque fuera todo de cartón piedra. Ya sabía que no se volverían a ver pero era una forma de “agradecer” lo vivido sin pensar en lo poco ético del asunto.
Puede decirse que una ilusión paga otra ilusión. La virtualidad del dinero que viaja de un país a otro por caminos desconocidos e ininteligibles ayudaba a pagar el viaje que cumpliría el sueño europeo que muchos hombres con talento de aquel país parecían buscar, sueño tan de mentira como todo lo demás. A su vez, ese dinero era ganado por mi amiga por hacer un trabajo con poco sentido. En este flujo de datos, dinero, sentimientos, sueños, mercantilización se triangulaban y perdían todas las esperanzas.
Por supuesto, todo esto le pasó a una amiga mía que me lo contó, eso a mí no podría pasarme…

[Tania Gálvez-en testu politt honekin bere Las interferencias blogaren berri ematen dizuet]

Erleen aurkako guda [Jainko Ateoa]



ERLEEN AURKAKO GUDA


Fotos en blanco y negro - muy raras
Duela urte batzuk gizakiak erleen aurkako gudan hasi zirenean zenbait erlek beren miztoa sartu zien hainbat izakiri, gizakiren bati barne eta zulatutako barrunbetan beren kumeak sartu zituzten guda amaitu harte han salbu biziko ziren itxaropenarekin.
Gizakiak hegan ikusi zuen azken erlea akabatu zuenean guda amaitutzat eman zuen irabazle ustekoak. Orduan, eskutuan zeuden erle denak kalera irten ziren beren eskubideak aldarrikatzera. Pentsa dezakezu zein izan zen amaiera!

(Jainko Ateoa)


[Jainko Ateoa / Jainkosa Ateoa-ren ipuin laburra bere Argiako webgunetik hartu diNat]

GORA ETA BEHERA (234) Fanzinien egune...

exceso de higiene, http://infantes.linio.com.mx/

Gora eta Beheraren 234. alean gaurko-atzoko euskal-fanzinetako irakurketak izan genizkiNan... Germinal! 0.eko +Tele-visio-ari galderak, Zirikatzen 26.eko +Gizon gogorrek ez dute dant-za egiten liburuaren gomendiotxoa, Igela 2.eko +Akorde Ohia (Lander4 Azola), Zuri Beltzean fanzinearen A. zenbakiko +Hitzen jatorria + terminologia, Zesatenk 7urriko +DIY, zuk zeuk egin testua, Kaixo ama! fanzinetik Luigi Malerbaren +Kakanarrua ipuina, Fracking ez 11.etik Gorka Buenoren elkarrizketaren irakurketa eta...

-P.I.B. ->Ponte como quieras [sarrerie]+
-Ecra ed Otorke - Hacia tierra (Chicho S. Ferlosio).+
-Ecra ed Otorke - El lobo feroz (De espaldas al patriarcado).+
-Chatterbox and the Latter day satanist. +
-Chatterbox and the Latter day satanist. +
-H.T.M. (asalto a la inocencia) - 9. Al servicio del poder. +
-H.T.M. (asalto a la inocencia) - 6. Es tu historia. +
-Arrutiko Intxaurrak (maketa) - 1. Lonja zarra. +
-Arrutiko Intxaurrak (maketa) - 6. Feisbuk.
-Dubamix () - Liberté II. +

La sequía (cuento de Costa Rica)

LA SEQUIA

Carlos Salazar Herrera
(Costa Rica)

Muy parecido estaba a uno de esos “tocadores de ocarina” que esculpieron sus antepasados.

Sin moverse, pasmado, horas y horas en cuclillas.
Piedra con musgo era así su cara, el reflejo de las matas que todavía podían ser verdes.
Al reflejo de las matas que junto a la entrada, afuera estuvo siempre el indio echando raíces…y el corazón.
A fuerza de estar ahí, el indio había cogido el color del rancho.
El rancho, en el vientre de la montaña seca por la sequía, fue volviéndose sonoro.
Rancho horqueteado, amarras de bejuco, hojas de plátano, corteza de palmito… y tierra.

Adentro estaba la india compañera.


Charco de agua clara de esos que repiten a la luna, era por dentro la india.
Cosa de la montaña!.
No llovía.
Se cansaron los yuguirros de pedir agua.
Cayeron las hojas de los árboles grandes.
La tierra y el sol se bebieron el río.

Hojas, hojas, hojas. Amarillas las hojas que no pudieron sostenerse más.
Hojas secas en todos los rincones de la selva.
Secos los bañaderos de los chanchos y el sexo de las flores.
Sin agua los bejucos de agua y la cotadura de los arroyos.
Secas las narices de los animales….
Un corazón y secándose otro.
La india fue saliendo del rancho a pasos torpes. Se detuvo, miró al indio.
Miró el rancho. Miró la picada.
Miró otra vez al indio, al indio su hombre. Se acercó a él hasta tocarlo.
Esperó. Esperó, pero el indio no abría la boca, no se movía.
La india se dio a caminar huyendo despacio, muy despacio.

Allí quedóse el indio. La cabeza incrustada en las manos.
Los codos amarrados sobre las rodillas.
Los pies con raíces en la tierra
El silencio abríase, alargándose en el rancho que se fue pareciendo a rancho donde no vive nadie.
Ella se lo había dicho. Le había anunciado que se iba para siempre porque ya no podía más.
Porque él no la miraba, porque no le hablaba, porque no la quería.
Porque aquel silencio le estaba doliendo como una úlcera.
El quiso decirle algo, pero como jamás dijo nada, no estaba en él.
Y la india quería un poco de palabras para asustar al silencio. Un poco de ternura para acortar las horas.
Alguna vez una sonrisa para dar color al rancho. Quizá una caricia…pero… era mucho pedir.
El indio y la india no se podían encontrar donde se hacen uno solo los caminos.

Tiempo atrás, cierta vez, yendo la india por el interior de la selva, halló al mirar a un manigordo con su hembra.
El macho lamía la piel de su compañera, se restregaba contra ella, daba saltos, la miraba, acercándosele, estilizando ondulaciones con su lomo moteado a trechos.
La hembra contestaba agradecida con igual ternura; con las pupilas se veía.
Después… después se echaron juntos y todavía se prodigaban.

La india vio que el indio no era así.
Huía la mujer lento el paso. En las hojas arrugadas se le hundían los pies hasta los tobillos y en el pecho una congoja le subía hasta los ojos.
No quiso ni pudo dejar al indio cuando vio a los manigordos, pero ahora sí.
Ahora que estaba por tener un hijo… Ahora si abrazó la huida con todo su cuerpo y con toda su alma.
Huía con un miedo espantoso de que aquel hombre fuera a aplastar a su indiecito con una mirada indiferente.
No quería tampoco a su hijo para ella sola. Quería compartirlo, pero por partes iguales. Quería dividirlo en dos cariños para que tocase media tristeza y media alegría a cada uno.
Era demasiado para ella sola!
Dios mío! Se han secado todos los ríos!.
Para que el indio no fuera a aplastar al indiecito con una mirada indiferente…
Por eso no se lo había dicho. Él, su hombre, no sabía que iba a tener un hijo.
Se quedaría por siempre sin saberlo.
El embarazo estaba a la vista. El podría haber adivinado si se hubiera puesto a mirarla….
Pero el indio no la miraba.

La vereda se extendía reverberando calor. Largo y sombrío camino como la vida!
“Y si lo supiera? –pensó la india, iluminada la cara con lumbre de ella misma:
Tal vez si lo supiera?- y detuvo la huida. Tal vez lo está esperando!”.
Y empezó a caminar, ahora con dirección al rancho. Caminó ligero,… más ligero. Corría. Lo desanduvo todo. Quebró las hojas arrugadas, que sonaron como campanas pequeñísimas… o latidos.
Qué corto y qué largo es el camino!
De allá lejos cogió la casa con los ojos. Afuera estaba el indio, como lo había dejado. Seguía parecido a los tocadores de ocarina en piedra.
Piedra con musgo. En cuclillas. Color de rancho. Junto a la entrada, afuera.
Echando raíces.
Mudo, y el corazón….
Llegó la india con miedo. Como una de esas perras sin dueño que van a robarse una tajada de carne.
Tuvo miedo.
Y el indio sin moverse.
La mujer tragó un puñado de valor y se lo contó todo. Se lo dijo en una sola frase, y esperó el efecto.
Fue un instante demasiado largo. Cómo dura el silencio!...
El indio experimentó una alegría millonaria de gozo. Toda la vida había esperado.
Quiso abrazar a su india con su indiecito adentro. Quiso lo que no podía decir.
Quiso reír, gritar…
No pudo.
Quiso abrirse las manos el pecho, para que ella pudiera verlo por dentro.
Quiso darle las gracias…
Pero nada dijo.
Quedó inmóvil, con la cabeza metida entre las manos. El indio no podía hablar. No estaba en él.
Era cerrado, con una gran sequía adentro. Así lo había parido su madre.
La india tornó a huir, montaña adentro.
El indio todavía quiso llamarla, pero la voz no le salía; levantarse, pero tenía los pies como raíces.
Quedó sentado en cuclillas, como los tocadores de ocarina.
Intentó mirarla, pero vio turbio.
También me estaré haciendo ciego?
Se restregó los ojos. Estaba sudando.
Luego comenzó a empañarse nuevamente la figura de la india huyendo del silencio.
Aquello no era sudor…
Le salía de los ojos!.

"El hombre está viviendo una crisis porque hay una sequía en un pueblo rural, por lo tanto ya no puede producir, ya no puede ser proveedor, y se paralizó. Esta paralización la hemos encontrado nosotros cuando el hombre entra en desempleo o cuando hay una crisis en la comunidad por desempleo generalizado, por desplazamiento forzado, en donde el hombre tiene que abandonar sus actividades habituales y no haya qué hacer. Las mujeres logran encontrar otras formas de adaptación y de vivencia y se re-adaptan con más facilidad. Al hombre le va a costar adaptarse a esta nueva situación y se encierra en sí mismo. Y está sufriendo, aunque no se da cuenta. No sabe como expresar eso que siente y se encierra en sí mismo: "Intentó mirarla, pero vio turbio" “También me estaré haciendo ciego?”" Álvaro Campos y Jaime Chaves, del instituto de masculinidad WEM.


"La sequía", cuento escrito hace mas de 60 años, y todavía es vigente.


Glosario:
Tocadores de ocarina: Pequeños monolitos que representan a un
hombre en cuclillas, tocando ocarina.
Horqueteado: hecho mediante columnas de palo con horquetas.
Palmito: Cierta palmera de corteza muy resistente.
Yiguirros: Especie de mirlos. A fines del verano suelen cantar insistentemente;
por eso se dice que piden agua,
Bañaderos de los chanchos: Charcos en donde los sainos suelen echarse.
Bejucos de agua: Bejucos en cuyo interior hay agua potable.
Picada: atajo abierto en la montaña.
Manigordo: Especie de jaguar, de talla mucho menor. 

Fuentes:
http://www.ivoox.com/2-20-programa-perspectivas-del-trabajo-hombres-el-audios-mp3_rf_4501039_1.html
http://www.ivoox.com/2-20-programa-perspectivas-del-trabajo-hombres-el-audios-mp3_rf_4501135_1.html

[ Una antropologa en la luna antropologia webgunetik hartua ] 

La razón por la que las manos de los negros son iguales a las manos de los hombres que dan gracias a Dios por no ser negros.

La razón por la que las manos de los negros son iguales a las manos de los hombres que dan gracias a Dios por no ser negros.



Luís Bernardo Honwana, periodista de Mozambique, publicó una colección de relatos en 1964, "Nosotros matamos al Perro-Tiñoso" justo cuando empezaba la lucha contra el colonialismo de Lisboa. Algunos de los cuentos, como el que presento abajo, son de un humor fino e irónico. La dictadura portuguesa le encarceló justo ese año, hasta 1967, por actividades "subversivas". 

LAS MANOS DE LOS NEGROS.


"Ya no sé a propósito de que venía esto, pero el señor profesor dijo un día que las palmas de las manos de los negros son más claras que el resto de su cuerpo porque hace aún pocos siglos sus abuelos andaban con ellas apoyadas en el suelo, como los animales salvajes, sin exponerlas al sol que les iban oscureciendo el resto del cuerpo. Me acordé de eso cuando el señor cura, después de decir en catequesis que nosotros no servíamos absolutamente para nada y que los perros eran mejores que nosotros, volvió a hablar sobre eso de que sus manos son más claras, diciendo que eso era así porque ellos, a escondidas, andaban siempre con las manos juntas, rezando. A mi me pareció algo tan gracioso eso de que las manos de los negros sean más claras, que ahora no hay más que verme, no dejo a nadie que se vaya hasta que no me diga porque ellos tienen las palmas de las manos así, más claras.

Doña Dores me dijo que Dios les hizo las manos así, más claras, para que no ensuciasen la comida que hacen a sus patronos, o cualquier otra cosa que les manden hacer, y que no quede de otra manera que no sea limpia. 

El señor Antunes de la Coca Cola, que sólo aparece por la ciudad de vez en cuando, cuando las Coca Colas de las cantinas se han agotado ya, dijo que todo lo que me habían contado era mentira, claro que no sé si realmente lo era, pero él me garantizó que sí. Después de decirle que sí, que era mentira, él me contó todo lo que sabía de esto de las manos de los negros. Y así lo hizo. Antiguamente, hace muchos años, Dios nuestro señor Jesucristo, La virgen María, san Pedro, muchos otros santos, todas las personas que estaban en el cielo y otras personas que habían muerto y que habían ido al cielo, hicieron una reunión y decidieron hacer negros. ¿Sabes cómo?, cogieron barro, los metieron en moldes usados y para cocer el barro de las criaturas, las llevaron a los hornos celestiales. Como tenían prisa y no había sitio en las brasas, los colgaron de las chimeneas: humos, humo, humo, y ahí los tienes, oscuritos como tizones. ¿Y tú quieres saber por qué las manos se quedaron blancas? ¿qué pasa, que crees que ellos acaso no tenían que sujetarse mientras se cocía el barro? 

Después de contar esto, el señor Antunes y los otros señores que estaban a mi alrededor, se echaron a reír, todos satisfechos. Ese mismo día, el señor Frías me llamó después de que el señor Antunes se hubiese ido, y me dijo que todo lo que yo había estado oyendo allí y con la boca abierta, era una grandísima trola. Cosa cierta y verdadera sobre eso de las manos de los negros era lo que él sabía, que Dios terminaba de hacer a los hombres y los mandaba a bañarse a un lago del cielo. Después del baño, las personas estaban blanquitas. Los negros, como se hicieron de madrugada, y a esa hora el agua estaba muy fría, sólo se habían mojado las palmas de las manos y las plantas de los pies, antes de vestirse y venir al mundo.

Pero yo leí en un libro que hablaba sobre esto, que las manos de los negros son así, más claras, por vivir encorvados recogiendo el algodón blanco de Virginia, y de no sé donde más. Esta claro que Doña Estefanía no estuvo de acuerdo cuando yo le dije eso, es sólo porque sus manos se decoloraron tanto a fuerza de tanto lavarlas.

Bien, yo no sé lo que pensar de todo esto, pero la verdad es que aunque estén callosas y agrietadas, las manos de los negros son siempre más claras que todo el resto de su cuerpo, y eso es así. 

Mi madre debe ser la única que tenga razón sobre esta cuestión de que las manos de los negros son siempre más claras que todo el resto de su cuerpo. El día que hablamos de esto, ella y yo, estaba yo contándole todo lo que sabía sobre esta cuestión, y ella no podía parar de reírse. Lo que a mí me pareció extraño era que ella no me dijese que era lo que pensaba sobre todo esto, cuando yo le quise saber, y que sólo me contestase después de hartarse de ver que yo no me cansaba de insistir sobre el asunto e incluso así, llorando, agarrándose la barriga como quien no puede más de tanto reírse, lo que ella me dijo fue más o menos esto.

- Dios hizo a los negros porque TENÍA que haberlos. TENÍA que haberlos, hijo mío. Él pensó que realmente tenía que haberlos. Después, se arrepintió de haberlos hecho porque, los otros hombres reían de ellos, y los llevaban a sus casas para ponerlos a servir como esclavos o poco más. Pero como él no podía volverlos blancos, porque los que se habían habituado a verlos negros reclamarían, hizo que las palmas de las manos de los negros quedasen exactamente como las palmas de las manos de los otros hombres... ¿Y sabes porqué? claro que no lo sabes... y no me sorprende, porque mucha... mucha gente, no lo sabe. Pues mira, fue para mostrar, que lo que los hombres hacen es simplemente obra de hombres. Que lo que los hombres hacen está hecho por manos iguales, manos de personas que, si tienen sentido común, saben que antes de ser cualquier otra cosa, son hombres. Debe de haber sido por eso por lo que él hizo que las manos de los negros fuesen iguales a las manos de los hombres que dan gracias a Dios por no ser negros.

Después de decir esto, mi madre me besó las manos.

Cuando salí corriendo hacia el patio para jugar al balón, iba pensando que nunca había visto a ninguna persona llorar tanto si que nadie le hubiese pegado."



[Una antropóloga en la luna webgunetik hartua]

[Cuento] La eremita hereje

Duela urte mordoa Re-evolución! kolektiboaren Manifestua irakurri niNan, orduan ikutu egin nindiNan orri gutxiko izen bereko argitalpenak eta orain Voz como arma webgunetik hartu diNat irakurri nahi diNanarentzat bertan agertutako ipuin zoragarria. 

[Cuento] La eremita hereje (extraído del Manifiesto Anticivilización)
El siguiente relato o cuento fue extraído del texto más amplio titulado “Manifiesto Anticivilización”, escrito en su día por Antón FDR, miembro del colectivo coruñés anarcoprimitivista Re-Evolución!, y que por entonces se convirtió en “referencia” del pensamiento de esta tendencia, pero de cuya deriva política con el paso de los años creo que es mejor no hablar…

El relato reflexiona sobre valores como el altruísmo, la solidaridad, la compasión o la moral, y sobre el modo en que esos conceptos tienden a generar unas dinámicas contradictorias, que preservan el veneno, disfrazando de cura el contagio, y perpetuando con ello el problema en lugar de solucionarlo. Un texto con una moraleja muy clara y que he decidido rescatar del olvido para que, quizá, vuelva a agitar conciencias.

Disfrutadlo.

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La eremita hereje.

En lejano lugar, apartado de la civilización por pedregosas montañas, por salvajes bosques de verde frondosidad y por inquietos y juguetones ríos azules de verdes centelleos vivía una mujer. Era conocida en toda la comarca con el nombre de la eremita hereje. Había quien pensaba que era una bruja que había huído a su recóndito escondrijo de las garras inquisitoriales y que desde las alturas de la montaña seguía haciendo sortilegios contra sus enemigxs. Otrxs aseguraban que era un demonio que por los siglos había vivido allí, que había nacido en las profundidades de las raíces de una secuoya muerta y la había amamantado una loba y que quién se acercaba a sus dominios perdía todo su uso de razón pues el bosque había sido encantado.

Otrxs, lxs pocxs, no creían nada de ésto, considerándolo una vulgar superstición popular. Solían ser gentes que venían de lejos buscando la sabiduría y la tranquilidad que de ella emanaba según cantaban ciertxs juglares que juraban haberla visto y vendían amuletos que ella misma había bendecido.

Un día que la misma mujer estaba cortando leña para hacer una fogata apareció entre los helechos que bañaban los pies de los árboles uno de estxs viajerxs.

El viajero se presentó. Era un hombre entrado en años y de aspecto venerable que al parecer era un reconocido sabio en la ciudad de dónde venía. El viajero habló a la mujer con la segura tranquilidad del/de la que se cree en posesión de toda verdad y le dijo: “Vengo a usted porque donde yo vivo la bondad humana parece haber desaparecido como si un malvado duende la hubiese secuestrado. Lxs príncipes/princesas se disputan territorios y riquezas, sólo para aumentar su ego mandando sin piedad a sus pueblos a morir a las más cruentas guerras. Lxs hombres/mujeres de palacio conspiran lxs unxs contra lxs otrxs para estar más cerca del trono, por codicia, gastando el heraldo público en cortesanas y fiestas mientras la gente no tiene para comer”. El viajero calló y bajó la cabeza apenado por el recuerdo esperando alguna respuesta de la mujer pero ella siguió cortando a hachazos la leña. El viajero, desconcertado, prosiguió: “Los vicios, la corrupción y la inmundicia son de igual modo los que imperan en el pueblo. La gente sólo mira para sus propios ombligos sin importarle el/la vecinx. Trabajan de sol a sol y se pisan lxs unxs a lxs otrxs sólo por conseguir unas monedas más mientras la putrefacción se adueña de la urbe y la gente cae enferma por esta pestilencia que nadie quiere curar. ¡Oh, amiga mía!, he venido para que me dé consejo. Dicen que es usted una especie de sabia santa. Dígame, pues, no se haga más de rogar. ¿Qué puedo hacer para inculcar a mis vecinxs, aunque sea un poco, el altruísmo y la compasión con la que la providencia la ha bendito, mi señora?”.

La mujer al oír ésto dejó su tarea. Clavó el hacha en el suelo, se secó el sudor que grácil se deslizaba por su frente y apoyándose en el palo de la herramienta se sentó junto al viajero y le dijo: “Amigo mío, gran favor es el que le quieres hacer a tus vecinxs intentándoles volver altruístas y compasivxs. De todas maneras vienes al sitio equivocado si lo que quieres es encontrar aunque sea una pizca de altruísmo o compasión. Nosotrxs no gustamos de vejar a nadie, querido amigo, de la misma manera que no queremos que nadie nos agravie”.

Turbado por la inesperada respuesta el viajero le contestó: “Éso último me parece muy sabio. Pero hay dos cosas que no entiendo bien… Ud. ha dicho nosotrxs…”. “Nosotrxs he dicho”, rió la mujer, “¿No se habrá creído las fábulas de la eremita de los bosques?” y cuando decía ésto salían tres hombres y una mujer de la gran cabaña de madera frente a la cual estaban charlando. El viajero pareció desencantado con tal circunstancia como si hubiese perdido para él un halo exótico en busca del cual había caminado, por jornadas, día y noche. Entre dientes, como refunfuñando, inquisidoramente empezó a decir: “Entonces lo de la heremita hereje…”. Lxs contertulixs rompieron en carcajadas, sin mala fé. La mujer puso su mano sobre el hombro del viajero y cándidamente explicó: “No puede usted hacer caso de los rumores de las gentes. Lo siento si le he defraudado. No he sido yo la que me he puesto ese ridículo nombre, de hecho, no me he puesto jamás nombre alguno. No, ni soy una ermitaña, ni soy una asceta ni nada de éso, de hecho no hay nada que más me guste que el gozar y la compañía humana… No veo por qué nadie querría privarse del contacto carnal, de la conversación sencilla con otras personas o la convivencia con quién amas.”

El viajero, alarmado, se echó para atrás liberándose de la mano que le tendía la mujer e indignado preguntó, repitiendo las palabras de la mujer: “¿Quiere usted decir que usted ama a lxs cuatro… carnalmente?” Sobraron palabras para la contestación. El viajero se enrojeció y la sensación de vergüenza le hizo arder en cólera. “Ahora veo que los rumores populares eran ciertos, es usted una bruja, una libertina. Yo he venido aquí engañado. Le he venido a hablar de la trágica situación de mi ciudad pero veo que ustedes aún son más depravadxs pues además de libertinxs se mofan de los sentimientos más elevados del/de la ser humanx: el altruísmo y la compasión. ¡Oh sí!, estaban bien en lo cierto quienes la pintaban como un ser salido de los avernos. No tengo más que hacer aquí. Pero dígame, sólo por curiosidad, ¿cómo pueden ustedes estar orgullosxs de no tener una pizca de compasión o altruísmo?”.

La mujer, ante tal avalancha de palabras y descalificaciones perdió la sonrisa. Sus ojos se volvieron resplandecientes y pícaros y contestó lo que sigue: “Amigo mío, usted quiere saber por qué hemos renegado de la compasión y del altruísmo pero yo ya se lo he dicho. Nosotrxs no gustamos de menospreciar a nadie. Es por éso que no nos compadecemos de nadie. Cuando un/a amigx sufre nos duele a nosotrxs pues en nuestro extremo egoísmo no nos gusta ver sufrir a la gente. Nosotrxs sentimos por lxs demás al identificarnos con ellxs y su dolor, no lxs compadecemos desde una distante posición y menos aún les denigramos y menospreciamos con limosnas piadosas y compasivas sino que les damos lo que es suyo o lo que queremos. Es así que cuando un/a amigx cae enfermx lxs demás lx cuidan para que sane cuanto antes porque no nos gusta ver sufrir y porque así queremos ser pagadxs por nuestrxs iguales si nosotrxs caemos enfermxs. Ustedes, en cambio, lo hacen como si fuese un favor o una obligación social, o divina, que al fin y al cabo es lo mismo. Mandan al/a la enfermx o al/a la viejx lejos de ustedes porque no aguantan verlx sufrir, porque se sienten culpables, porque no pueden compartir su dolor. Ustedes pagan a otrxs para que cuiden al/a la que no puede cuidar de sí y de esta forma alivian su remordimiento por haber sido compasivxs, altruístas. Ustedes dan al/a la mendigx la limosna de su altruísmo, compasión y generosidad que no es más que un despreciable instinto de superioridad, porque ustedes gustan de mirar por encima del hombro.: Por éso su príncipe manda al pueblo a morir a la guerra, por éso lxs hombres/mujeres de palacio conspiran, el pueblo pisa cabezas y se arrodilla por unas monedas… por éso usted ha venido aquí a buscarme. Porque usted antes de venir estaba ya convencido de estar en posesión de la verdad y era para usted un premio que yo le diese la razón a sus teorías. Es por éso que usted está ahora de pie, inquieto y molesto, porque usted ha visto que mi realidad nada tiene que ver con la suya y de hecho la pone en tela de juicio.”

La mujer paró un momento, se levantó, arrancó el hacha del suelo y con ella en las manos extendió los brazos ofreciéndosela al viajero, al tiempo que le decía: “Amigo mío, me preguntó qué es lo que creo que debería hacer. Pues si quiere consejo este es el único que puedo darle. Coja usted el hacha y destroce en mil pedazos el tronco muerto de su cultura pues lo mejor que usted y sus conciudadanxs pueden hacer es destrozar todas las instituciones y valores que mantienen sobre sus espaldas el árbol muerto y una vez despiezadas haced una hoguera con ellas para que pueda volar un nuevo ave fénix.”

El viajero ante tales argumentos se enfureció, rechazó el hacha, les dió la espalda y volvió a su ciudad, diciendo a su vuelta a todo el mundo que era cierto, la eremita hereje era una demonio amamantada por una loba y que él había logrado salir con vida por suerte, pues ella había intentado matarle a machazos y tirarlo en una hoguera.

El rumor circuló rápido como pólvora en la ciudad y todxs maldecían a la eremita hereje. Pero esta situación no duró mucho, pues no tardó mucho en llegar el ataque de un rey más fuerte y avaro a esta ciudad y todxs sucumbieron. 

Cuentos antipatriarcales y antisexistas

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No me gusta el futbol, ¿y qué? 
 
CUENTOS ANTIPATRIARCALES, no sexistas, respeto, ecologia......
·         "Billy y el vestido rosa" Alfaguara infantil morada
·         "Mi hermana es un poco bruja" edelvives 2002 Ala delta azul
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·         "Los ojos de Abeslam" Barra Bin, Jordi de Manuel La Galera 2001 Grumetes
·         "El oso que no lo era" Frank Tashlin. edt alfaguara 1995. Proxima parada amarilla
·         "Papel en blanco" Pablo Prestflippo . Edebe zoo Tren azul
·         "El anticlub" Angel Burgas edt. La galera 2002 Grumetes
·         "El arbol de Julia" Matilla, Luis. edt Anaya 2003 Sopa de libros. Teatro
·         "Asmir no quiere pistolas" Mattipn Gley Chistobel. edt Alfaguara 1995 Infantil. naranja
·         "Cabeza de fuego" Pestumjo edt Grijalbo 1995 El arca
·         "Cancion de la luna" O´Dell, Scott. Ediciones B Hora cero
·         "El club de las chicas robinson" Rosetti Ana. edt Alfaguara 1999 . Alfaguay
·         "Juancho el ballenero, amigo de las ballenas" Jose Maria Alonso edt Palabra 2002 La mochila de Astor roja
·         "La loba y el gitano" Feustel Ghunter. edt la galera 1991 Los grumetes de la galera
·         "El niño que vivia en las estrellas" Sierra i Fabra Jordi edt Alfaguara 1996 juvenil azul 12años
·         "El beso del Sahara" Houre Gonzalo edt Alfaguara 1998 juvenil roja
·         "Cuidado con el Condor" Blair David N. edt Alfaguara 1993 juvenil roja
·         "Un hogar en el mundo" Pepa Guardiola edt Algar 2005 Algar joven
·         "La luz de las estrellas muertas" Alfredo Gomez Cerda edt Bruño 2001 Paralelo cero
·         "Mi tigre es lluvia" (anorexia) Puerto Carlos. edt La gaviota 1997 Gaviota junior
·         "Retorno a la libertad" Carlos Villanes Cairo edt SM 1990 Gran angular
·         "A la mierda la bicicleta" Moure Trenor Gonzalo edt Alfaguara 1998 juvenil roja
·         "Africa en el corazon" Carmen de la Bandera edt Magisterio Casals Punto juvenil
·         "Frontera" Sierra i Fabra Jordi edt SM Gran angular serie alerta roja
·         "La hija de la luna" Toti Martinez Leza edt Anaya 2003 Espacio abierto
·         "Los olvidados" Sierra i Fabra Jordi edt Bruño 2004 Biblioteca Jordi Serra i Fabra

                 para las mas pequeñas
Ø “Cuando os hagáis pequeños” UxveAlberde. AiziberAkerreta
Edt: Kalandraka
Ø “Para nada sucias”WanjaOlten. Manuela Olten
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Ø “Al furgón” Henri Meuner. NathalieChoux
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Ø “Soñadores” Albert Pla. Liniers
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Ø “Por cuatro esquinitas de nada”JeroRuilliter
Edt. Juventud
Ø “Catalina y los bosques de hormigón” David Acera. Ana Laura Barros
Edt. Cambala de ecología
Ø “La niña de los gorriones” Sara PenryPacker
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Ø “El dia que Saida llego” Susana Gómez Redondo. SonjaWimmer
Edt: Takatuka
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[Entrañable Madre-tik hartutako liburu zerrenda]