Antes de dar los últimos coletazos de este año, os dejo
una recomendación muy a tener en cuenta de la mano de un estupendo trabajo que
vio la luz en el 1969 a cargo de Bakerloo. Una vez más estamos hablando de una
banda que sólo editó un único álbum y que desgraciadamente pasó bastante
desapercibido en aquella época al lado de
todas esas maravillosas obras cumbre que nos dio el rock en dicho año.
De Bakerloo poco sabía hasta hace unas semanas.
Recuerdo que me bajé este disco por las referencias que fui leyendo en la red
y sobre todo por la presencia de David “Clem” Clemson, un tipo que siempre me
pareció un gran guitarrista en sus trabajos en Colosseum y de manera especial en una de mis formaciones favoritas de la historia como fue Humble Pie
en LP’s como “Eat it”, “Thunderbox” y el tremendo “Smokin’”.
Pues bien, por fin he podido disfrutar de este pedazo de
obra que ya llevaba un buen tiempo rellenando mi disco duro y el resultado después
de un montón de audiciones ha sido espectacular. La verdad, no me esperaba
tanto. ¡Menudo nivel se gastaban estos musicazos, amigos! Desde el primer momento
este power-trío te atrapa sin remisión con su mezcla de blues-rock y pinceladas
de jazz.
Musicalmente esta obra es una pasada. Sin dudarlo es de
lo mejorcito que descubrí estos últimos meses, muy por encima de otros trabajos
que os fui comentando recientemente como Killing Floor, Alamo, Hydra o Raven. Lo que suena aquí brilla por todo
lo alto destacando dos temazos como son el blues “This worried feeling”, con
toques muy zeppelianos, y sobre todo la mastodóntica “Son of moonshine”, donde
la banda roza la excelencia en sus quince minutos de duración. El resto tampoco
es moco de pavo con una versión muy lograda de “Bring it on home” del maestro
Willie Dixon o las instrumentales de corte jazzy presentes en “Big fear folly”
o “Drivin’ bachwards”.