Seguro que muchos de vosotros estuvisteis locos durante un buen tiempo buscando el disco que nos ocupa hoy. Era una época donde portales como Ebay, Musistack o Amazon no hacían parte de nuestras vidas y encontrar artículos descatalogados era toda una odisea que te proporcionaba altas dosis de placer.
En mi caso hubo en la década de los 90’s un par de ejemplos por encima del resto que me costaron lo suyo a la hora de conseguirlos y no lo digo por cuestiones económicas, ya que afortunadamente el precio no se disparó tanto, sino que el esfuerzo que supuso dar con ellos fue de órdago. El primer objeto para mi preciada colección en aquellos años fue el “Young man’s blues” de Rock City Angels resistiéndoseme durante un buen tiempo y el segundo fue este primer álbum de Masters of Reality capitaneados por Chris Goss, conocido también por su labor como productor en trabajos de Kyuss y The Cult.
En este caso en cuestión me llevó una buena temporada dar con él. Cada vez que iba a Madrid, y en menor medida a Barcelona en la calle Tallers, no había manera de cazarlo y eso que me pasaba horas y horas mirando una y otra vez las cubetas. Estaba totalmente descatalogado y mi afán por escuchar lo que se escondía en ese CD, con las numerosas alabanzas que recibía del Popu, se multiplicaban por mil. Al final, lo pude conseguir con su edición del ‘90 bajo el sello Delicious Vynil (distinta portada y con dos temas distintos a de Def American) en una tienda de segunda mano de Madrid en la calle de Las Tres Cruces, cerca de Gran Vía. No recuerdo el nombre de la tienda en cuestión, ya que la última vez que fui a Madrid lamentablemente ya no existía, pero la alegría que llevé ese día fue enorme. Una experiencia emocional que tristemente ya no siento al conseguir música.
Portada del sello Def American
Los nervios se fueron incrementando durante el largo viaje hasta mi casa y cuando por fin lo pude poner en mi reproductor la satisfacción fue plena. A pesar de no haber escuchado nada de ellos previamente, algo te empujaba a creer que podías estar ante una gran obra y en efecto poco tardó en hacer mella en mi organismo esta colección de canciones que no pararían de sonar en mi equipo musical y walkman durante los siguientes meses.
Producido por Rick Rubin y editado en el año 88, este disco sigue sonando igual de fresco que el primer día. Canciones como “The Candy song”, “Lookin’ to get ride”, “Domino”, “The blue garden”, “Magic spell” (que siempre me recordó mucho a The Doors), “Kill the King” o ese ejercicio de folk en “John Brown”, se me antojan como pequeños clásicos de la época. Rock directo, rotundo y sin fisuras con pinceladas de blues que no pueden pasar desapercibidas para el personal amante de esos sonidos. En definitiva, una compra redonda y que me sigue fascinando de manera muy especial después de tantos años. Sabes que lo puedes poner en cualquier momento y disfrutarás como un enano a cualquier hora del día.
Para los que aún no lo tengan en sus estanterías, el próximo 11 de diciembre Malicious Vynil lo vuelve a editar en un doble CD conjuntamente con el directo que salió en el ’97 “How high the moon: live At The Viper Room”. Para los interesados os dejo aquí el link: