Es curioso que Nazareth no goce hoy en día de un status mucho más grande porque su discografía de los 70 es apabullante. Es cierto que entrando en la década de los 80 se fueron perdiendo por otros derroteros musicales, como el AOR, y el interés por parte de sus fans se fue diluyendo con tantos cambios en el seno de la banda. Pero es justo reconocer lo grandes que fueron estos tipos, con la voz inconfundible de Dan McCafferty, que influenció un sinfín de cantantes, incluido nuestro adorado/odiado Axl Rose, que debió escucharlo hasta la saciedad durante su juventud, y Manny Charlton, un genial guitarrista que era una verdadera metralleta a la hora de crear riffs. El resto de la banda no es moco de pavo. La completaban Pete Agnew y Farell Sweet, que conformaban una sección rítmica aplastante y efectiva.
El arranque de este disco es espectacular con el clásico “Hair of the dog”, una canción que versionaron bandas tan grandes como los Guns o los entrañables Britny Fox. Le sigue con igual acierto otro obús como “Miss misery”, una pieza de artillería pesada a base de riffs machacones. “Guilty” de Randy Newman no es más que un bálsamo de paz y tranquilidad antes de atacar otra tormenta eléctrica como es “Changin’ time”, que recuerda inevitablemente el “Black dog” de Led Zep. Rematan la segunda parte con “Beggar’s day”, el boggie vacilón de “Whiskey drinkin’ woman” y el enigmático “Please don’t Judas me” que se prolonga durante nueve largos minutos de agonía. La versión en CD viene con unos bonus-tracks muy suculentos. De lo más interesante está la escalofriante versión “Hurts” de los Everly Brothers que, como siempre, te llega hasta las entrañas y que lanzaron al mercado como single con relativo pequeño éxito en los charts.
“Hair of the dog” es una de las cúspides musicales del hard rock sin ningún género de dudas y si os sabe a poco, estos tíos todavía guardan en su discografía joyas como “Razamanaz”, “Rampant” o “Loud’n’proud”, que harían palidecer cualquier trabajo hecho hoy en día.