Stevie Ray Vaughan ha sido uno de los últimos grandes genios
de las seis cuerdas. Clase, talento, técnica, finura, estilo y sentimiento a
raudales. Una auténtica bestia parda que nos facturó cuatro discos en estudio y
varios directos que son imprescindibles en cualquier colección de discos que se
precie. Uno de los grandes iconos de la música que se nos fue demasiado pronto
y que a buen seguro nos hubiera deleitado mucho más si no fuera por el maldito
destino que se cruzó en su camino.
Muy a menudo echo mano a alguno de sus trabajos. Es como una
especie de ritual. Su obra sigue sonando tan fresca que da igual la de veces
que la puedes poner en tu reproductor. La música honesta, hecha con el corazón
y que sale de alma, como la que hacía Stevie, no tiene fecha de caducidad. Es
atemporal y perdurará hasta el fin de los tiempos.
Esta mañana le ha tocado el turno a su primera obra editada
en el 83 llamada “Texas Flood”. Cuidadosamente he puesto el CD en el reproductor, he cerrado los ojos y
me he dejado llevar nuevamente por las diabluras de este coloso. Stevie Ray
editó relativamente tarde su primera obra con Double Trouble. Tenía cerca de 30
años, había pasado por varias formaciones sin ningún futuro y la suerte le
empezó a sonreír cuando Bowie se fijó en él y decidió que tocara en su famoso
“Let’s Dance”. Pero la meta de Stevie Ray no era ser un mero mercenario a las
órdenes del Duque Blanco y estancarse de por vida como músico. Quería definitivamente
despegar como artista y el golpe de suerte definitivo vino de la mano de un tal
John Hammond, el gran descubridor de Springsteen y Dylan, que le consiguió un
contrato para Epic Records.
El resultado es este “Texas flood”, grabado en tan sólo tres
días en los estudios caseros de Jackson Brown. Ni qué decir que este pedazo de
disco es de los mejorcito publicado en los 80. Muchos de los temas presentes ya
eran la base principal de los conciertos de Double Trouble en sus primeros años, pateando todos los clubs de Austin y serían parte fundamental de su set-list en
sus conciertos. Clásicos instantáneos como “Love struck baby”, “Pride and joy”,
“Lenny” o el estupendo “Texas flood”, sobrevuelan esta obra. Las versiones que acompañan no se
quedan atrás que digamos. No podía faltar su gran admiración por Buddy Guy en
“Mary had a little lamb” o el recuerdo al gran Howlin’ Wolf en “Tell me”.
A partir de este álbum el nombre de Stevie Ray Vaughan iba a
figurar como uno de los guitarristas más refinados en la historia del blues y
del rock en general. Su siguiente paso sería su obra cumbre llamada “Couldn’t
stand the weather”, pero eso es otra historia que se merecerá otro post para
más adelante.