Mañana se cumplen 40 años desde que se editó “Exile on Main Street”, una de las obras cumbres del rock firmada por una de las bandas más grandes que ha pisado tierra como son The Rolling Stones, y lógicamente, una efeméride como esta no podía pasarse por alto en esta bitácora.
¿Qué decir de un doble álbum como éste a estas alturas? Poco, la verdad. Son tantas reseñas, homenajes y alusiones que se han hecho a lo largo de estos años en todos los medios que uno poco puede aportar nuevo que ya no se sepa. Sientes tan profundo respeto pensando en todo su contenido y las sensaciones que te dejó desde el primer instante que hizo parte de tu vida, que no sabes por donde empezar a la hora de abarcarlo.
En este caso me centraré más en lo musical que en todo lo que ha rodeado esta grabación que tuvo lugar mayoritariamente en el sur de Francia, en un ambiente caótico, descontrolado, de auténtica locura y donde las drogas hacían mella en algunos de los componentes de la banda, sobre todo en Mr. Keef, con su inseparable colega de aquella época como era Gram Parsons, aunque eso es un asunto que bien merecería un post aparte.
Sobra decir que estamos ante una obra maestra sin discusión. Los Stones en aquella época estaban en lo más alto del firmamento. Acababan de firmar justo un año antes, lo que es para mi gusto su obra cumbre como es “Sticky fingers” y no lo tenían nada fácil para mantener semejante nivelazo, desde los tiempos de “Let it bleed”, y seguir sorprendiendo al personal con lo hecho anteriormente. Pero vaya si consiguieron impactar al mundo entero con esta nueva colección de canciones que iban a conformar uno de los dobles álbumes definitivos de la historia.

Para mi gusto el gran secreto de este doble L.P es que conforma una gran unidad, sin un hit en potencia y que pueda eclipsar el resto de las canciones. La igualdad impera durante los 70 minutos que dura la audición. No hay un tema que destaque por encima de los demás, aunque en mi caso siempre tuve una gran debilidad por “Torn and frayed”, pero aun así no es el típico disco del que eches mano para escuchar determinadas canciones. Aquí la experiencia empieza desde el primer segundo con “Rock off” (imposible no entrar en faena con semejante introducción) y acaba con las últimas notas de “Soul survivor”, todo del tirón y sin saltarte absolutamente nada. Es increíble pensar también que algunas canciones eran simples descartes de otros álbumes y se convirtieran en clásicos absolutos, caso de “Shine a light”, “Lovin’ cup” o “Sweet Virginia” y que encajaran tan bien en el concepto del disco.
Otro de los grandes aciertos de esta obra magna por la que no pasan los años, es la variedad musical que nos ofrece. Aquí hay blues, boogie, soul, rockabilly, góspel, southern, country, rock, góspel y todo lo que les venía en ganas tocar. Recogían de manera perfecta todas las influencias que fueron adquiriendo a lo largo de los años para plasmarlo de manera perfecta con su inconfundible estilo en esta aventura musical compuesta por 18 canciones.
Y para rematar esta grandeza sonora, es de justicia hablar de los invitados de lujo que aportan su granito de arena en esta grabación. Ahí están Nicky Hopkins, Jim Price, Al Perkins, Jimmy Miller, Bobby Keys, Billy Preston y alguno más que se me olvida. Musicazos de un nivel estratosférico que ponían su talento al servicio de sus Satánicas Majestades. Sin ellos probablemente el resultado no hubiera sido tan espectacular.
El Rock’n’roll no tendría sentido sin discos de la talla de “Exile on Main Street”. Pinchadlo otra vez para festejar esos 40 años de vigencia, no es para menos. La ocasión lo merece.