La oportunidad de volver a ver a Eric Burdon por Asturias
en un marco como el Centro Niemeyer de Avilés el pasado sábado no se podía
desaprovechar y más presentando por todo lo alto su último y muy recomendable
álbum “’Till your rivers run dry”. Siendo sinceros, no me esperaba que esta
leyenda volviera a pisar tierras asturianas visto el fracaso que supuso su
visita en Gijón hace unos años. Recuerdo ver con desolación un Palacio de
Deportes desangelado y medio vació, pero esa lamentable afluencia de público no
impidió que este titán nos ofreciera una actuación soberbia que siempre
guardaré en mi memoria
Así que no hubo duda cuando se confirmó su nueva visita por
estos lares hace unas semanas. Eric Burdon se merece eso y más y ha vuelto a
confirmar que estamos ante una de las grandes leyendas del negocio sin ningún
género de dudas. Ver a este hombre con 72 años de edad darlo todo encima de un
escenario vale de por sí el precio de la entrada. No hay más que hablar. ¿Quién
puede discutir a estas alturas el pedazo de demostración a nivel vocal que
destila este coloso encima de unas tablas? Nadie en su sano juicio. Es tal el
poderío que no queda otra que arrodillarse una vez más ante este señor. Poco
importa su edad. Le sobran voz tablas y presencia. En concreto lo de la voz no
es de este mundo. Da gusto verle desgañitarse con variedad de registros a lo
largo del set y desenvolverse con cualquier género musical ya sea soul, blues,
rock o lo que le venga en gana. Brutal, no hay más palabras que lo pueda
definir.
Durante la hora y veinte minutos de repertorio, Burdon
nos brindó momentos realmente antológicos como los sendos homenajes a Bo
Diddley en “Before you accused me” y “Bo Diddley Special”, la siempre
agradecida “Don’t let me be
misundestrood”, “Water”, el rock potente que destila “Black dog”, la eterna
“House of the rising sun”, una contudente "Boom Boom" del maestro Hooker y sobre todo un espeluznante blues para caerse de la
butaca como fue “Crawlin King snake”, que dejó a todo el personal presente con
la boca abierta. Hubo tiempo para un único bis que si no me falla la memoria lo
protagonizó “We gotta get out of this place”, que dejó a todos con ganas de más,
mucho más.
Al finalizar el bolo, tuvimos la suerte de compartir un
ratito con sus músicos y sobre todo con él y os puedo asegurar que pocas veces
me sentí tan nervioso a la hora de hacerme una foto y estrechar la mano a un
músico. Impone lo suyo pero fue cordial y amable en todo momento, agradeciéndonos
nuestra presencia en su concierto. Todo un honor que no olvidaremos tan
fácilmente.