
La noche no invitaba a nada. Vientos huracanados, truenos, relámpagos, un frío húmedo que se te cala hasta en los huesos, lluvia furiosa e incesante…vamos un temporal infernal que incitaba a quedarse calentito alrededor de los radiadores que amueblan la casa.
Ay amigos, pero si te dicen que a cinco minuto toca al lado de tu casa un tal Nick Curran & The Lowlifes la cosa cambia radicalmente y no te queda más remedio que mover el culo en busca de una noche asegurada de rock’n’roll salvaje y sudoroso.
Así que ni temporal ni leches, nuestra presencia en el Acapulco tenía que estar asegurada. No valía ningún tipo de excusas ante un artista que muy posiblemente ha firmado el disco del año con ese sensacional “Reform school girl”.
Durante un buen puñado de semanas me hice la idea de que no vería a este tipo en acción. La gira tenía varias fechas y Bilbao se me presentaba como la ciudad más próxima para ver a uno de los artistas a los que más ganas tenía. Milagrosamente al final se añadió una fecha en Gijón y salté de emoción nada más conocer la noticia.

Con algo de retraso sobre el horario previsto y con una sala abarrotada, salió al ruedo Mr. Curran con el “Tough lover” de la gran Etta James. Directo, contundente y sin ningún tipo de rodeos, no bajaría el pistón en la hora y cuarto que duró la actuación. El único momento de respiro llegó con el tema que da título a su último disco y el resto fue a saco. Cayeron sobre todo misiles rocknroleros de su última hornada como “Psycho”,”Baby you crazy”, “Kill my baby”, “Ain’t no good to you” y esa demoledora versión que se cascó del “Rocker” de AC/DC, que fue un puro desfase para el público asistente. También nos obsequió con un par de covers del “No fun” de The Stooges” o la incendiaria “Bad Reputation” de Joan Jett & The Blackhearts que tocaron a mil por hora. Para los bises, volvió a tirar de un tema ajeno como la instrumental “looking good” de Magic Sam, con un Nick Curran totalmente desbocado encima del piano, mezclándose con la peña y acabando por los suelos del escenario. Un final frenético, salvaje y totalmente caótico que sirvió para que la vena punkara de este hombre aflorase por todo lo alto.
En resumidas cuentas, gran noche de rock’n’roll a cargo de un artista que promete darnos grandes dosis de alegría si sigue por el mismo camino. Por cierto, da gusto encontrarse hoy a la hora de la comida a un medio regional que se haga eco del concierto de ayer con imágenes. ¡No todo está perdido para el Rock’n’Roll más visceral, primitivo y salvaje!