Mostrando entradas con la etiqueta BAD SEEDS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta BAD SEEDS. Mostrar todas las entradas

lunes, noviembre 17, 2014

MARIANNE FAITHFULL: "GIVE MY LOVE TO LONDON" (2014)


La señora Faithfull lleva una racha de discos impresionante. Aún no he agotado el anterior Horses and high heels, por no hablar del doble Easy come, easy go, y nos viene rodeada de humo, a tope de actitud, con este Give my love to London.

Marianne, oh Marianne, si es que en los setenta muchos te daban cuatro días de vida, y ahora envejeces así de bien. Tu disco levanta las hojas del otoño, y resume lo inútil que es la música actual cuando va alguien como tú y se pone a trabajar, y versiona a Leonard Cohen con esa joya llamada Going home, o se desata en True lies. Qué bien que utilizas tu voz rajada, qué bien teatralizas, qué bien aprovechas el impulso creativo de los que te rodean (familia Cave & Bad Seeds,Steve Earle...).

Sabes que los tiempos te necesitan, que la edad debería ser un plus, y no una piedra en el zapato. Que la crisis no es económica, sino moral, y que sigues siendo tan bella como hace 40 años.

domingo, marzo 24, 2013

NICK CAVE & THE BAD SEEDS: "PUSH THE SKY AWAY" (2013)

Todos los discos, sobre todo los grandes discos, los de largo recorrido, tienen una o varias puertas de entrada. Suelen ser puertas pequeñas, caminos secretos que te permiten entrar en las canciones hasta su túetano. Hay discos que no se miran desde fuera, porque entonces engañan, y es fácil pasar a otra cosa y olvidarlos; hay discos que son cajas y hay que encontrar la forma de abrirlas para que revelen sus secretos. En mi caso, y hablando de este Push the sky away de Nick Cave & The Bad Seeds, la puerta ha sido Jubilee Street, e intuyo que el propio artista australiano sabía que esa sería una de las principales puertas a la música de este álbum. Es una oscura historia que me ha conectado a todos los Nick Cave que he amado desde que descubrí su música en los tiempos de Let love in; aquí hay amor y muerte, un crescendo formidable y una canción que podría haber formado parte de la banda sonora de Promesas del Este. No es que este sea un disco difícil, simplemente que Cave y sus Bad Seeds han pulido las aristas sin dejar que estas dejen de pinchar, y han aplacado sus arrebatos como no lo hacían desde The Boatman´s call; ahora la música funciona como una ciénaga sonora sobre la que Nick Cave recita más que canta largas letras. Quizás por ir al lado contrario que sus últimas obras, o por discutirles el ruido y la barbarie a sus Grinderman, Cave firma un disco frío, sutil (We real cool por ejemplo), con letras de diario personal, vigilia y sueño (Finishing Jubilee Street), un gélido paisaje musical que, como siempre en su autor, encierra en su interior fuego, amor y muerte.