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lunes, octubre 06, 2014

LUCINDA WILLIAMS, "DOWN WHERE THE SPIRIT MEETS THE BONE" (2014)


Hay discos que son amigos, novias, compañeros de viaje, y lo son prácticamente desde el primer acorde, la primera vez que los escucho.

Y no he escuchado algunas de las 20 canciones del nuevo disco de Lucinda Williams, Down where the spirit meets the bone,  más que una vez; la verdad es que el primer cd es tan precioso que me cuesta salir de él. Pero da igual, sé que este disco es el disco, lo que mis orejas quieren oír, lo que necesito, mi elemento musical aquí y ahora. No quiero nada más. Quiero hundirme en los momentos que Lucinda vuelve a brindarme, tan bellos y cercanos y verdaderos como los de West, por citar mi disco favorito de ella.

Hay una finura, una pena y una verdad tan clara en estas canciones. A su edad, Lucinda no pierde el oficio y el corazón, sabe contar las cosas como lo hacía hace ya muchos años y mucha vida.

domingo, junio 15, 2014

LA TARDE


La tarde es el momento en que las cosas pueden perpetuarse unos segundos más. Imagino que muchas de las canciones de Lucinda salen por la tarde, o de madrugada. Da igual. Pero la tarde.

Hay un abismo que está ahí. Antes no lo veía, o lo imaginaba tan solo para vivir emociones y derrochar momentos. Ahora se impone seguir avanzando, pero recapitular debe ya formar parte de nuestras tareas habituales. Subir de vez en cuando al desván y tratar de ordenar los objetos inútiles que una vez sirvieron para tanto.

Ordena el piso, cuida lo que te queda de lo que una vez fuiste, porque quizás no vuelvas a desear como una vez lo hiciste, porque quizás no puedas volver a echar a perder los tesoros como solías, como un nuevo rico sacando la cartera, porque sabes que ahora las facturas te llegan muy pronto, porque tienes un sentido del ridículo del que antes carecías, porque eres padre y ya todo lo que haces es herencia y sedimento. Soñar te descentra, y lo que antes te hacía sentirte vivo y dichoso, ahora es un jodido dolor de cabeza.






jueves, julio 25, 2013

MI BOTIQUÍN PARA CURARME

Bien, he tardado algunos años en volver a acercarme a West, la mejor y más triste obra de Lucinda Williams, es solo mi opinión. Trato bien a los discos que me importan, a veces trato mejor a los discos que a las personas, y a los perros que a las personas, por eso no quería estropear unas cancines que significan tanto para mi, por aquello de no gastarlas, de mantenerlas en estado de hibernación hasta que vuelva a necesitarlas. Irremediable y triste, me alegra saber que West sigue teniendo la capacidad de elevar mi ánimo desde el fondo del pozo más oscuro y abandonado. Mi música de botiquín, para curar las heridas y ayudarme a ver las cosas bonitas.

sábado, abril 23, 2011

LUCINDA, BLESSED


Blessed es una Lucinda tan cercana a Car wheels on a gravel road como a West. Tan enérgica y luminosa como en el primero, tan rota como en el segundo. Con otras perspectivas sobre la vida, con otras miradas, Lucinda enciende una nueva velita en su discografía. Esta señora jamás me ha decepcionado, y si alguno de sus discos ha pasado más desapercibido por mis orejas (el anterior Little Honey), es porque no me pilla en el momento bueno; siempre he pensado que la apreciación de una obra de arte, en este caso un disco, depende de la calidad de este, 50 %, y de tu predisposición, estado de ánimo etc., el otro 50%. Hay días en los que no te entra ni la canción más redonda de la creadora de Essence. Así, juzgar un disco es la más subjetiva de las labores, un día puede ser 10, al siguiente aprobado justo. En el caso de Blessed, llevo un par o tres de semanas con estas canciones, y como digo, se trata de un imprescindible. Temas como Copenhagen, Seeing Black o Soldier´s song (nadie canta tan bien al filo del alambre como ella), están bien instalados en mi día a día, y los escucho con atención, apartado del mundanal ruido, apreciando las labores de amor que son.

martes, julio 21, 2009

LUCINDA WILLIAMS (APOLO, 20-VII-09)

Lucinda Williams es de las pocas artistas que haya visto yo sobre un escenario que no se molestan en agradar -y mucho menos en hacer la pelota- a su público. No fuerza emociones ni desgarros, no actúa cara a la galería ni un solo segundo, es auténtica. En su discreción, en su reposada forma de cantar y, probáblemente de ver la vida, Lucinda consiguió sin aparente esfuerzo ponerme la piel de gallina en varias ocasiones ayer por la noche. Si me piden que diseñe mi concierto ideal de Lucinda, sería el de anoche, ni más ni menos, tocó mis hits particulares, todos, su voz sonó preciosa y cargada de la profundidad que solo pueden dar los años y todo lo vivido, real como ella misma, y su banda, Buick 6, la llevó en volandas. Qué grupo, bordaron cada interpretación, la electricidad de las guitarras cosía brillántemente cada tema, un gustazo, y encima disfrutaban y hacían bromitas, se nota que estaban bien ahí arriba. Right in time fue el segundo tema de la noche, y de allí a las estrellas: joyas de Essence, de Car wheels on a gravel road, World without tears... Había dos opciones, un concierto duro de pelar pero de emociones profundas al estilo de su penúltimo (¿y mejor?) disco West, o lo que finalmente sucedió: una Lucinda que prefirió saciarnos con temas más vitales (aunque luego las letras son igual de desesperadas, es increíble como escribe esta mujer, sus temas no transmiten pena ni autocompasión, sino deseo, un agónico deseo de amar y vivir), canciones tipo Real live bleeding fingers and broken guitar strings. Así, todo fue creciendo hasta la versión de AC/DC, donde ella se soltó un poco y para terminar una delicada versión de Violeta Parra, que Lucinda había aprendido hace poco e interpretó tímida, con las gafas de ver para poder leer la letra, un pequeño regalo lleno de inocencia para acabar este inolvidable concierto.