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sábado, julio 26, 2008

EMBAT

Las noches de viernes en Barcelona suelen hervir de actividad, gente con ganas de pasarlo bien y salir a cenar. Dylan lo decía en un concierto: "It´s New York city babe, tonight we celebrate!". Los restaurantes se llenan, y despídete de conseguir plaza en mesas de moda como el Shunka si no has llamado con varios días de antelación. Otro de estos restaurantes a los que parece obligado acudir viernes noche, siempre con reserva, es el Embat de calle Mallorca. Ayer pude comprobar si el murmullo de fondo de tantos alagos era justificado. Y lo es.
Embat es un restaurante de estética sencilla, personal joven y amable, dos cocineros en una cocina ínfima, ratatuillesca, y una propuesta culinaria pensada para triunfar. Clientes con criterio sin ganas de dejarse la muela de oro en la cuenta llenan este pequeño local que lo tiene muy claro: Esforcémonos en crear platos de correcto producto, impecables estéticamente, atendamos el detalle, seamos coquetos pero no cursis, facturemos cocina moderna pero respetuosa con una cierta idea de tradición, y todo a buen precio. Comí un cochinillo bastante majo, aunque la piel no crujía como debía y la tatin que lo acompañaba era demasiado cargante, pero mis compañeros de mesa disfrutaron todavía más con un perfecto filete de ternera o un atractivo suquet de peix que debería haber probado. Los primeros son deliciosos, dan ganas de pedirlos todos: terrinas con foie, una ensalada con caballa y alcachofas... Y un postre, el que pude disfrutar yo, fantástico, con bizcocho,chocolate y un puntito de sal. Bebimos Finca Viladellops tinto y disfrutamos de la compañía, porque comer es una obra de teatro en la que lo digestivo es tan solo una parte de la función, si los actores, Marta, yo, y nuestros siempre cariñosos Cris&Nico, están cómodos, el aplauso está garantizado. Y los bises fueron en un bar cercano, charlando en la agradable noche veraniega.