(Bowie en escena en 1978. Tiempos de vanguardia recogidos por Ignacio Julià. A él no le gusta el directo que editó Bowie por entonces, On Stage, yo en cambio lo adoro)
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domingo, mayo 10, 2009
IGNACIO JULIÀ
Fantástico, aunque corto, el artículo de Ignacio Julià en Ruta 66 sobre la trilogía de Berlín de David Bowie: Low (mi favorito), Heroes y Lodger. Ignacio Julià es el mejor escritor musical del país, no me cabe la menor duda. Siempre me he sentido cercano a su estilo un punto melancólico, a parte de sus gustos con los que normalmente comulgo, y lo mucho que de él ves en lo que escribe. Julià es lo primero que leo en cada número del Ruta, luego echo un vistazo a los ártículos de su cruz, o su cara, Jaime Gonzalo, del cual aprecio su histrionismo inconformista de cosecha punk, con artículos maravillosos que ahora me vienen a la cabeza, uno sobre los Beach Boys post Pet Sounds que me iluminó y muchos etc. Ahora los dos han cedido paso a otras plumas y otros colores, el Ruta 66 ya no es lo que era, pero en números como el actual recupero la fé en la mejor revista de rock del kiosko.

(Bowie en escena en 1978. Tiempos de vanguardia recogidos por Ignacio Julià. A él no le gusta el directo que editó Bowie por entonces, On Stage, yo en cambio lo adoro)
(Bowie en escena en 1978. Tiempos de vanguardia recogidos por Ignacio Julià. A él no le gusta el directo que editó Bowie por entonces, On Stage, yo en cambio lo adoro)
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martes, mayo 05, 2009
CRÍTICAS MUSICALES
Deberíamos, los que escribimos sobre música, remunerados o no, aclarar al principio de cada crítica de un disco nuestro estado de ánimo y circunstancias personales en el momento de la escucha. A medida que pasa el tiempo tengo más claro que lo primero no es la música, sino nosotros, y que de nosotros y nuestro humor depende que un disco te apasione o te deje indiferente. Naturalmente que su calidad, o las ideas preconcebidas que tengas sobre tal disco, tus prejuicios, las opiniones de tus amigos y de las revistas también influyen, al igual que el esfuerzo e ilusión que hayas puesto en conseguir dicha obra musical, pero lo principal eres tú, el cómo estás. En mi caso, en un mal día, en una tarde gris y depresiva, cuando me encuentro con las defensas bajas y el ánimo desmayado, no hay disco que trague, simplemente porque no estoy receptivo, puedo estar receptívamente triste o receptívamente alegre, y en estas dos ocasiones es cuando disfruto de la música, pero si estoy simplemente "no receptivo", le daría un cero a cualquier disco que me pongas delante, y eso que la música amigo, la música es lo mejor que hay en mi vida.
Es cuando el corazón se abre poco a poco y sale de su ensimismamiento, de esa falta de receptividad, cuando notas la vida luminosa y oscura, la alegría y la tristeza, cuando vives, entonces es cuando la música te entra como agua en el desierto. Por eso me hace gracia que haya gente que escuche tanta, tantísima música nueva y la juzgue tan a la ligera, esto es bueno, esto es una mierda. Es imposible estar receptivo a todo, si pillas el nuevo disco de Bob Dylan en una tarde mala, quizás te parezca un coñazo, pero si lo pillas en un momento de receptividad, en el que la música conecte contigo, entonces las canciones te pareceran maravillosas.
Nada es bueno porque sí, somos nosotros los que hacemos buenos o malos los discos. Nuestra vida se filtra en las canciones y las revive, las convierte en obras de arte que emocionan. Por eso, concluyo, tengo una teoría: los que más disfrutan del arte son las buenas personas. Haz de tu vida algo que valga la pena, tanto en los buenos momentos como en los malos, vive intensamente y duerme con la conciencia tranquila, trabaja y ama, se generoso y mantente firme, solo así tu alma estará receptiva al arte, y acogerá las canciones y se emocionará con ellas. Los cabrones hijos de puta ya pueden acumular discos, que al final del día no se habrán emocionado la mitad que tú con tu humilde compra semanal.
Es cuando el corazón se abre poco a poco y sale de su ensimismamiento, de esa falta de receptividad, cuando notas la vida luminosa y oscura, la alegría y la tristeza, cuando vives, entonces es cuando la música te entra como agua en el desierto. Por eso me hace gracia que haya gente que escuche tanta, tantísima música nueva y la juzgue tan a la ligera, esto es bueno, esto es una mierda. Es imposible estar receptivo a todo, si pillas el nuevo disco de Bob Dylan en una tarde mala, quizás te parezca un coñazo, pero si lo pillas en un momento de receptividad, en el que la música conecte contigo, entonces las canciones te pareceran maravillosas.
Nada es bueno porque sí, somos nosotros los que hacemos buenos o malos los discos. Nuestra vida se filtra en las canciones y las revive, las convierte en obras de arte que emocionan. Por eso, concluyo, tengo una teoría: los que más disfrutan del arte son las buenas personas. Haz de tu vida algo que valga la pena, tanto en los buenos momentos como en los malos, vive intensamente y duerme con la conciencia tranquila, trabaja y ama, se generoso y mantente firme, solo así tu alma estará receptiva al arte, y acogerá las canciones y se emocionará con ellas. Los cabrones hijos de puta ya pueden acumular discos, que al final del día no se habrán emocionado la mitad que tú con tu humilde compra semanal.
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