Mostrando entradas con la etiqueta Mocha Dick. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mocha Dick. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de mayo de 2016

Mocha Dick [el raulho]


El amigo raulho nos envía esta colaboración. Se trata de la historia de Mocha Dick, de Francisco Ortega y Gonzalo Martínez. Ortega es escritor y guionista, algunas de cuyas obras han sido best-sellers en Chile, como "El verbo Kaifmann". Lo empecé a leer pero lo dejé a las pocas páginas porque al lado de "Pastoral americana", de Philip Roth, el que leí hace poco, resulta inevitable sentir que se pierde el tiempo leyendo algo como lo que escribe Ortega. Pero más adelante espero retomar ese best-seller porque no soy prejuicioso con los escribidores, jajaja.

Bueno, de Gonzalo Martínez leí "Quique Hache", la que comenté aquí mismo en el blog hace unos años. Su dibujo no es de mis preferidos pero al menos es alguien que respeta perspectiva y proporciones, lo que ya es bastante hoy por hoy, considerando la calidad de algunos nóveles ilustradores chilenos.

Bueno, les dejo un comentario escrito por el raulho a quien agradezco el trabajo de digitalización y edición de esta historieta.

Mocha Dick, la leyenda de la Ballena Blanca, apareció en diciembre de 2012 para elevarse como una de las novelas gráficas más importantes en la historia del cómic chileno. La dupla de Francisco Ortega en el guión y Gonzalo Martínez en el dibujo logró mezclar hechos históricos, leyendas mapuches, literatura universal y, por supuesto, creación original, para contar la mejor historia sobre la gran ballena blanca de Chile.
Mocha Dick trata de dos adolescentes, Caleb Hienam y el joven mapuche Aliro Leftraru. Ambos se conocen en un barco y cuando la embarcación se topa con un ballenero que viene de recibir el ataque de la gran ballena blanca, Caleb y Aliro deciden emprender un gran viaje para desentrañar el origen de la leyenda de Mocha Dick. Así, en la primera escala, llegan a Tirúa, frente a Isla Mocha, y descubren cómo el mágico mito se mezcla con la realidad del pueblo mapuche y logran asimilar todo lo que la gran ballena representa. Es en Tirúa, donde este par de aventureros jóvenes decide transformarse en “los protectores de la ballena blanca”. La segunda escala es en Buenos Aires, en donde abordan el “Peleg Hawthorne”, un ballenero en el que sus tripulantes son rudos marineros, que exudan la violencia propia de quienes se ganan la vida matando. Abordo de esta embarcación, la aventura se pondrá más que peligrosa, conocerán enemigos, también amigos y, por supuesto, a la gran Mocha Dick.
Esta novela gráfica también homenajea a esas grandes y universales aventuras del mundo del cómic, como las de Tintín, las de Corto Maltés y por supuesto, a las de Mampato. En el año del fallecimiento de Themo Lobos, Mocha Dick es también un homenaje a su obra (en las primeras páginas, de hecho, hay una dedicatoria a él) y a esa entrañable forma de entretener a los lectores, con historias documentadas y transversales.
Mocha Dick es una historia simple, sin giros rebuscados o historias paralelas que luego se mezclarán, para pretender que un guión complejo es un buen guión, y mucho menos cae en el chovinismo de “lo chileno” como algo liviano y de mal gusto.
Es una gran aventura, entretenida y muy bien narrada, que hace a la historia fluir, como navegando en el mar y en la que uno como lector, se siente viajando al lado de sus adolescentes protagonistas.
Mocha Dick nos invita a navegar sobre un ballenero, como polizontes en un barco rodeado de peligros que van desde su agresiva tripulación, hasta legendarios monstruos marinos. Mocha Dick nos invita ser Jonás y dejarnos tragar por este gran cachalote albino, esa leyenda que sentíamos lejana pero que ahora sabemos que nos pertenece y que nos rodea. Mocha Dick es el cómic que me hubiera gustado leer a los 12 años, un cómic que se debe disfrutar ahora y para siempre.
Muchas gracias, Ortega y Martínez.

domingo, 9 de junio de 2013

¡El verdadero Moby Dick fue chileno! [por Nelson Monsalves]




  Da que pensar que la suerte de Chile sea que otros se aprovechen de sus riquezas, incluso de sus riquezas culturales, como el caso que nos convoca hoy. Resulta que el verdadero Moby Dick vivió en Chile. Sí, como oyen, y más exactamente alrededor de la isla Mocha, frente a la provincia de Arauco, en la VIII región del Biobío, de donde ganó el nombre repetido por todos los balleneros de Nantucket: Mocha Dick.

 


  Mocha Dick fue un feroz cachalote albino que se ganó su fama de luchador tras hundir en 1820 al ballenero Essex, el cual se encontraba dando caza al resto de su manada, cuando este macho furioso lo embistió llevándolo al fondo del mar de dos recios cabezazos. Los marineros, dirigidos por el capitán  George Pollard, Jr., huyeron en los botes balleneros convertidos en improvisados botes salvavidas. A 2.000 millas náuticas (unos 3.700 kilómetros) de la costa, con recursos escasos e improvisados, los veintiún sobrevivientes vagaron al garete sufriendo de espantosas privaciones, que los llevaron incluso al canibalismo. El ballenero Dauphin encontró uno de los botes, con el capitán Pollard y el marinero Ramsdell a bordo, junto a los restos comidos de los marineros muertos. Estaban  tan mentalmente perturbados que ni siquiera notaron el barco. Habían pasado 95 días a la deriva desde el hundimiento del Essex. 



  Otro barco, el mercante británico Indian, rescató otro bote al garete con tres marinos sobrevivientes. Todos fueron llevados a Valparaíso, donde dieron cuenta de otros tres marinos náufragos en la Isla Henderson, a donde las corrientes habían llevado los botes, pero que tras agotar los alimentos disponibles en la pequeña isla, habían decidido volver a arriesgarse en el mar. Los tres marineros que decidieron quedarse fueron encontrados por un barco de transporte, casi al borde de la muerte.

 


  En total, ocho sobrevivientes se reunieron en Valparaíso. El explorador Jeremiah N. Reynolds registró sus relatos, de los cuales compuso la crónica Mocha Dick: o la ballena blanca del Pacífico: Una hoja de un periódico manuscrito. Su escrito se publicó en el periódico The Knickerbocker en Mayo de 1839. Había nacido el terror de los balleneros.

 O el desafío. Ya que desde esa fecha, numerosos balleneros dieron la vuelta al Cabo de Hornos para derrotar a la terrible ballena. Si hemos de creer a los marineros, famosos por exagerar, Mocha Dick eludió a más de cien balleneros antes de caer. Contaban los balleneros que podía ser muy dócil, incluso juguetón, nadando junto a los barcos; pero a la primera señal de violencia, atacaba con fiereza, dando saltos tan potentes que todo su enorme cuerpo salía del agua. El relato de Reynolds afirmaba que su cabeza estaba cubierta de percebes, lo que le daba aspecto arrugado, además de una curiosa forma de respirar, en sus palabras textuales:



 En lugar de proyectar el chorro oblicuamente hacia adelante, y acompañarlo con un esfuerzo corto y convulsivo, acompañado por un ruido resoplante, como es usual es su especie, él expulsa el agua de su nariz en gran volumen, alto y perpendicular, en regulares y a veces distantes intervalos; su expulsión produce un continuo rugido, como el tremor agobiante de la válvula de seguridad de una máquina de vapor potente.”



  Según Reynolds, Mocha Dick fue finalmente abatido en 1839, al acudir en auxilio de una hembra, cuyas crías habían sido liquidadas por los balleneros. El viejo cachalote albo dio, según su relato, 100 barriles de aceite junto a una cantidad de ámbar gris. Midió cerca de 24 metros al momento de morir.


 


 Parece ser el texto de Reynolds el que inspiró a Herman Melville su famoso Moby Dick. No hay nada de mediocre o plagiario en tomar un relato de la vida real y novelizarlo, eso hay que decirlo claro. Lo que no queda claro es la razón de cambiar el nombre de “Mocha” a “Moby”. Además de Melville, el relato de Reynolds influyó a otros autores como Allan Poe, Lovecraft y Julio Verne. 


  Los marineros supervivientes del Essex también sintieron la necesidad de dejar sus escritos sobre la ballena blanca. El primer oficial Owen Chase escribió “Narración del más extraordinario y desastroso naufragio del ballenero Essex”, texto al que también se atribuye ser la inspiración principal de Melville. Owen Chase quedó tan marcado por el naufragio que sufrió todo el resto de su vida de dolores de cabeza y pesadillas. En su vejez, llegó incluso a esconder comida en los techos de su casa en Nantucket. El grumete Thomas Nickerson, otro sobreviviente, escribió: La pérdida del barco "Essex" hundido por una ballena y la trágica experiencia de la tripulación sobre botes balleneros”, texto que escribió en su vejez y jamás publicó, siendo rescatado del olvido recién en 1980 por el experto en balleneros de Nantucket Edouard Stackpole, quien, al darse cuenta de su importancia, logró que fuese publicado en 1984 por la Asociación de Historia de Nantucket.


  Pese a la fama que le dio el hundimiento del Essex, no se sabe de otro ballenero hundido por Mocha Dick, a pesar de que evitó ser cazado por años. Su muerte dio fin al mito y, al igual que Alexander Selkirk, su nombre fue eclipsado por su contraparte de ficción, llegando casi a borrarlo de la historia, de no ser por investigadores chilenos, como el profesor, músico y escritor Ismael Parraguez Cabezas, cuyo amor patrio y amor a la verdad lo llevaron a sacar la historia del pozo del olvido.



  No sé al terminar esta nota si Themo Lobos tuvo conocimiento de estos relatos, pero podemos fantasear, quizá imaginando que cada vez que Tato exclamaba “¡a armar la mocha!” se estaba refiriendo a la ballena blanca de Chile. (jejeje). El 15 de Diciembre de 2012, el guionista Francisco Ortega y el dibujante Gonzalo Martínez lanzaron la novela gráfica: Mocha Dick la leyenda de la ballena blanca. Donde además de retornar la historia a su tierra original, homenajean a Coloane, al pueblo mapuche y, cómo no, a Mampato y los balleneros.


  Hoy, que nos parece vivir en un país fome y copión, deberíamos investigar más nuestro pasado para darnos cuenta de que en Chile pasaron muchas cosas. Muchas y grandes cosas, tan grandes como Mocha Dick.

Nelson Monsalves