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jueves, 7 de julio de 2016

Bruce Springsteen - Darkness on the edge of town (1978)


Bruce Springsteen editó en 1978, su cuarto trabajo de estudio, bajo el título de Darkness on the edge of town. El Jefe venía de un tremendo éxito con Born to run, un álbum que le catapultó a la fama de manera total, y cuya gira fue extensa, pero no todo sería un camino de rosas, ya que justo ahí empieza a complicarse todo, con el litigio que comienza con su mánager Mike Appel en un proceso interminable, que a Bruce le hizo pasar por una oscura época y ver el lado menos amable del negocio de la música y sus triquiñuelas. Eso le llevó a componer mucho, y en donde hablaba de sueños frustrados y de choques con la cruda realidad, además de dar muchos conciertos hasta que pudiera publicar, una vez resuelto el conflicto.  
La lista de temas era enorme, pero él eligió 10, conformando probablemente una de las joyas del rock and roll de todos los tiempos, que a día de hoy lo sigue siendo. El resto de canciones salieron en 2010 en la caja The Promise. Como suele suceder, éste álbum no tuvo el éxito comercial de su predecesor, pero es un trabajo que hace poner a su compositor con letras de oro en la historia de la música, y de la cultura americana. La diferencia con Born to run, es que en aquel disco, era un teenager que jugaba a ganar y ser libre, ahora en este, la temática se centra en trabajo, rutina, amor adulto, etc., es así como crece un personaje que nos presenta en sus canciones, a través de su narrativa, con diferentes necesidades vitales.


Hay discos que son buenos, otros muy buenos, otros que les tienes un cariño especial por el momento o la situación donde los descubriste y hay otros que son tan grandes, que no puedes ser objetivo con ellos, y este es el caso de Darkness on the edge of town, quizás con el paso del tiempo, las escuchas... y reescuchas... mi disco favorito del Boss, por múltiples razones. Primero porque tiene composiciones alucinantes, segundo porque con esos temas he llorado, reído, me he emocionado, me han motivado, y sobre todo y ante todo esas viejas canciones que tienen ya 38 años, siguen poniéndome la piel de gallina. Musicalmente los adornos de cada canción son auténticos, el piano de Roy Bittan, el saxo de Clarence Clemons, la batería de Max Weingerg, el órgano de Danni Federici, o el bajo de Garry Tallent, incluso la guitarra rítmica de Steve Van Zandt y sus coros que le confieren a cada tema un encanto muy especial.


Comienza el disco con Badlands, enérgico tema para empezar donde maldice la prisión en la que se había convertido su vida. Es un personaje tocado, pero que no renuncia a seguir luchando. El sólo de saxo de Big Mac es de otro planeta, y la parte de los coros... en fin gloria con sus subidas y bajadas. Adam Raised a Cain es un tema duro, donde grita rabioso una letra donde habla de su difícil relación con su padre Douglas. Sus guitarras intensas y rockeras hacen de este tema muy visceral. Seguimos con Something in the night, una joya en si misma, siendo un tema lento, que lo es en su inicio, tiene un piano de Roy Bittan que quita el sentido, y esa explosión que viene con la voz del jefe desgarradora y el redoble de batería que la elevan a la gloria y cuya letra nos habla del desarraigo y soledad del chico que se hace adulto. Candy's room es un tema de amor, pero sobre una chica para la que él es uno más, mientras tanto los teclados como la batería, mandan en una canción portentosa, y con ese cambio brutal en medio de la canción y ese sólo de guitarra que quita el hipo. Acababa la primera cara del vinilo con Racing in the street, palabras mayores, una letra de esas para enmarcar con el sello inconfundible de Bruce, donde narra la historia de un trabajador que, harto de su rutina diaria, llega a casa y vuelve a irse para tomar parte en carreras ilegales, mientras su chica se consume en la soledad de la noche. Aquí la banda suena mejor que nunca, tanto piano, guitarras, batería, bajo, saxo, coros y la voz de Springsteen estremecen, de soltar la lágrima aún hoy.
Comenzaba la segunda cara con The Promise Land, claramente el tema más esperanzador del disco, donde nos invita a seguir soñando pese a las dificultades, con su mítica entrada de la armónica, el piano saltarín de Byttan, y esa banda engrasada que suena como un rodillo, tema de pura adrenalina. Factory vuelve al tono general del álbum, es decir, oscuro, con esos versos que hablan de lo que trabajan los padres sin descanso, para conseguir algo que no tiene ni definición, un medio tiempo de cadencia excelente. Y la triada final es de traca, que empieza con Streets of fire, relacionada (son hermanas gemelas) con Something in the night y Racing in the street, con ese inicio lento para luego ese arranque de energía del Boss, el sólo bestial de guitarra telecaster que ruge, su vuelta a la calma y sus gritos, enorme tonada. Prove it all night es un tema de amor desesperado, en el que parece que quiere ser el de 3 años atrás por un momento, temazo de tomo y lomo con estribillo precioso cantable como pocos y que para mi define la carrera de un artista, emoción por los cuatro costados cuando arranca el saxo de Clarence Clemons y no menos cuando le sigue la telecaster, pelos como escarpias. Y como remate glorioso la obra maestra que da título al álbum, Darkness on the edge of town, donde se recogen todas y cada una de las cuestiones planteadas anteriormente, y que musicalmente es soberbia, con ese arranque de garra del Jefe con la voz, piano exhuberante, base rítmica que te pega y ese estribillo tremendo que te eleva.


Una obra maestra sin paliativos, donde el alma del autor suena por cada surco, las guitarras suenan más incendiarias que nunca, los pianos son memorables, el saxo está en su justa medida y la sección rítmica no perdona. Con el paso del tiempo es el disco que mejor perdura, maduro, con composiciones gigantes y una producción muy cuidada para le época.

Os dejo con The Promise Land interpretado en 2010 en el Paramount Theatre.


jueves, 19 de marzo de 2015

The Police - Outlandos D'Amour (1978)


Año 1978, y en Inglaterra el punk se hace con el poder, la anarquía es total, y justo un año antes en 1977, tres chicos habían decidido ya meterse de lleno en el fregado musical, con un single editado (Fall out, del que hablé aquí) y muchas ideas en sus cabezas. El primer álbum del trío de Gordon Matthew Thomas Sumner (mejor conocido como Sting y cuyo famoso apodo fue dado por su uso de un sweater negro y amarillo que lo hacía parecer una abeja en los conciertos que ya daban), Andy Summers y Stewart Copeland fue grabado durante 6 meses en ese año de 1978, gracias al hermano de Copeland, que les prestó el dinero para utilizar un estudio en Surrey, para grabar cuando no estuviera ocupado el local. Inicialmente, eran un trío con otro miembro, pero el guitarrista Henry Padovani fue expulsado de la banda antes de grabar éste álbum, por el que entró Andy Summers.
Sting y Copeland, a pesar de provenir de un ambiente emparentado con el jazz, al momento de conformar el disco debut del grupo, también les tiraba el punk que como he dicho, que dominaba la escena, y The Police tendría bastante influencia de aquel estilo en este primer trabajo. Luego el reggae se convirtió en otro recurso que Sting supo mezclar con el rock y de manera brutal, por cierto. Se gesta así, un primer disco de un nivel superlativo y en el que ya había hits demoledores, que pasarían a formar parte siempre de su repertorio de directo.
Esta irreverencia punk de la banda, se siente en el álbum al tratar temas normalmente sensitivos como la prostitución, el suicidio y el uso de muñecas sexuales inflables con humor negro y sarcasmo, evidentemente eran ingleses y lo dejaban notar. Por estos y otros motivos, al principio la banda no era tomada muy en serio por las revistas musicales dominantes, pero la insistencia de la gente que pedía los temas en la radio, hizo que A&M Records relanzara la edición del álbum un año después y esas críticas se volvieron alabanzas, como suele suceder en tantos casos.


El disco comienza con Next to you, tema romántico con la batería de Copeland marcando un ritmo apabullante desde el inicio, una voz de Sting muy marcada y desgarrada, dentro de un tema muy enérgico y punk, además de un slide guitar sólo de Summers atípico en este estilo. So lonely es el primer acercamiento al reggae, aunque realmente hablamos de un tema de pop-rock que se aleja del punk, con sus paradas, sus subidas y bajadas, y un Sting que canta como los ángeles en una pieza que habla de la soledad. Roxanne es un punto y aparte, una obra maestra en si misma, con la famosa nota de piano y la risa inicial de Sting, la canción fue escrita por él mientras la banda se encontraba en un hotel de la zona roja de Paris, donde se imaginó la historia de un hombre que se enamora de una prostituta, un tema donde se mezclan new wave, reggae, rock y que como no, es mítica donde las haya. En un principio la BBC lo censuró, pero fue tal el éxito que causó que pronto se convirtió en el tema de referencia del trío. La popularidad de este tema ha llegado al punto que existe un “Drinking game” en el cual los hombres ingieren un shot cuando mencionan la palabra “Roxanne” mientras que las mujeres beben cuando dicen la palabra “red light”, e incluso ha sido cantada por actores en películas y series (Eddie Murphy en Límite 48 Horas y John Cryer en Dos Hombres y Medio). Hole in my life es otro tema de mezcla de estilos, aunque el resultado es para mi gusto de puro pop-rock, con ese vozarrón de Gordon Sumner llegando a tonos descomunales y Copeland saliéndose a las baquetas. Peanuts vuelve al sello punk, subiendo el ritmo y donde Andy Summers es más protagonista con sus riffs distorsionados.
La segunda cara comienza con otro clasicazo del trío, Can't Stand Losing you, con el mítico redoble de batería del principio y el ritmo reggae de la guitarra, un tema que habla del suicidio (sobre un joven obsesivo que sufre una mortal depresión al ser dejado por su novia), y que claro, generó polémica ya que la portada del single en la que se veía a un hombre ahorcándose, no resultó de lo más atractivo para el público inglés. Sea como fuere, un temazo de tomo y lomo con un estribillo cantable a más no poder, una canción para mi imprescindible. Truth hits everybody es un potente tema de punk-rock que habla de las realidades de la vida, energía revitalizante total con un estribillo muy pegadizo. Born in the 50's habla de la época en la que nacieron los miembros de la banda, en un tono de punk melódico que estaba poco explotado hasta ese momento, con la voz de Sting descomunal. Be my girl-Sally es un tema donde se ve el humor negro de la agrupación, al tratarse sobre la dedicación de amor a una muñeca inflable. Incluso Summers recita un poema a su enamorada en la mitad de la canción. Masoko Tanga remata el discazo, tema totalmente reggae que se convierte en una jam semi-instrumental.


El debut de The Police fue grandioso, incluyendo temas memorables y bien pegadizos, hecho que ayudaría a la popularidad del grupo sin duda, pero con ciertas dosis de polémica, que porqué no decirlo, siempre vinieron bien a las huestes de Sting.

Os dejo con el tema Next to you, interpretado en vivo en The Old Grey Whistle Test (02/10/1978).


martes, 15 de julio de 2014

The Rolling Stones - Some girls (1978)


Mi trilogía del olimpo de sus Satánicas Majestades es Let it Bleed, Sticky Fingers y Exile on Main Street, pero muy cerca, diría que esperando en el banquillo, muy cerquita, está este disco de 1978. El álbum tiene rock, rhythm and blues, blues y hasta pop con esencias soul, pero dejándose influenciar por la música disco y el punk rock que a finales de los 70 eran tendencia, eso si, adaptándola a su estilo. Un dato muy importante es que Ron Wood ya es miembro fijo y Mick Taylor ya pasa a la historia (dejó el grupo en 1974), y en ese cambio pasa una cosa ya que Wood carecía del virtuosismo de Mick, pero lo compensaba con gran dinámica y energía, lo que le convirtió en el compañero ideal de Richards, ya que por así decirlo, no le tocaba las narices ni competía con él, e incluso su pedal Steel guitar sería un sello importante de la banda. En octubre de 1977, los Stones entran en los Pathé Marconi Studios de París para grabar esta pasada de álbum.



Pero Some Girls tiene una postura chulesca, misógina y cínica, ya desde la portada, donde los miembros de la banda se ponen pelucas y se pintan los labios. Musicalmente le da mil vueltas a todos los discos sacados desde 1973 a 1976, ya que aquí estamos ante una obra maestra. Ojo, la situación de la banda no era la mejor, ya que Richards después de una época de mucho consumo de estupefacientes, andaba esperando juicio, por otro lado la vida de glamour y estrellón de Mick Jagger con su mujer de entonces Bianca, lo que hacía que hubiese una pelea sórdida en el fondo por tener el control de la banda. Chris Kimsey, es el ingeniero que dará forma al nuevo estilo del grupo, un tipo que será básico ya que por un lado quiere recuperar ese sonido sucio y viejo de los Stones, pero a su vez conseguir un sonido real en vivo, y a fe que lo consiguió.
Otro aspecto fundamental son precisamente esos estudios de París donde se grabó, una sala de ensayos gigante, dónde el sonido claro y sucio que quedaba como música de tugurio o club que encandiló al ingeniero. Por otro lado, reseñar la nada desdeñable aportación de Billy Preston al disco, algo que desde los teclados le dio mucho empaque.



El disco comienza con Miss You, que plasma esas ideas discotequeras de Mick Jagger, ya que sus noches de baile neoyorkinas, la fiebre del sábado noche y tal le comieron mucho la cabeza, pero cuidado estamos ante un temazo de tomo y lomo que pasa los años de manera gloriosa y que a mi particularmente me encanta. When the whip comes down es una pieza ácida dónde el riff de Richards y la voz de Jagger funcionan a las mil maravillas, un gran rock and roll en el mejor estilo de siempre de la banda. Just my imagination (Running away with me) es la versión del álbum de los Temptations... un tema soul por los cuatro costados al que los Stones incluyen cierto toque funky y ese bajo de Bill Wyman que me parece excelente. La armónica del principio de Some girls, el tema que da título al disco me parece de fantasía, pero cuidado, aquí Jagger cuenta sus obsesiones sexuales, con voz de chulo, y destacando las excelencias de mujeres de diversas razas... gran manera de provocar... éxito seguro, pero es que además es un country-rock perfectamente ejecutado. Lies es un rock and roll tremendo, potente y lleno de energía dónde Mick está a tope y la banda se reecuentra con un estilo que borda.
La Cara B comenzaba (hablo del vinilo) con Far away eyes, una balada country descomunal, dando ese contrapunto perfecto al disco. Respectable con esa entrada de la batería de Charlie Watts es simplemente antológica y donde Richards venera por enésima vez a Chuck Berry. Before they make me run es el tema que canta Richards, quizás una de las mejores composiciones que ha hecho Keith, lo digo de verdad, canción sideral, es curiosa, vigorosa e incluso diría que hipnótica por los coros. Beast of Burden es un temazo soul de categoría sublime, de esos singles antológicos de la historia de la música, con esos coros fastuosos, y esos cambios de ritmo que forman parte del imaginario de cualquier adicto a la música. Y remata la joya Shattered, tema respondón, cañero, crudo y ácido también porqué no con para mi unas influencias de Lou Reed enormes.


A finales de 2011 salió la reedición de este disco con un segundo cd glorioso (casi tan bueno o incluso mejor que este) y un DVD de un concierto en Texas. Recomiendo esta edición encarecidamente, donde algunos descartes como So Young, No spare parts, Do you think I really care, etc., y versiones flipantes se quedaron fuera.
En definitiva, un disco que en un momento muy complicado de la banda, con muchas cosas en contra, sacó lo mejor de ellos y los aupó de nuevo al número 1, por méritos propios.
Este texto fue escrito por mi en su día para Exile SH Magazine y ahora reposa en mi espacio.
Os dejo con el vídeo de Beast of Burden, tocado en ese concierto de Texas que aparece en la versión deluxe.

lunes, 14 de abril de 2014

Dire Straits - Dire Straits (1978)


Mi viaje a Londres de hace un tiempo, me hizo recordar uno de los discos que más he oído, que más cariño tengo, y al que proceso devoción absoluta, el primer álbum de Dire Straits de 1978.
Corrían los últimos setenta y la revolución punk recorre Europa, pero sobre todo en Gran Bretaña tiene su centro neurálgico. Los Sex Pistols han enarbolado la bandera de la rebelión y de la anarquía al grito de "Dios salve a la Reina", y su chirrido es una clara y natural reacción contra el rock sinfónico precedente de grupos como Pink Floyd y atenta claramente contra la mastodóntica y prepotente industria discográfica imperante. El último de los elegantes grupos americanos, The Band, ha ofrecido sus postreros coletazos con The Last Waltz y Gart Hudson, Jamie Robbie Robertson y sus amigos no sabían ya por entonces, que tenían sucesores: los británicos Dire Straits. Bob Dylan tampoco sospechaba, ni por asomo, que estaba naciendo artísticamente, un hombre, guitarrista y compositor con el que iba a hacer muy buenas migas en años venideros, un tipo que iba a engrosar, por derecho propio, la lista de perlas que componen el rosario de estrellas del rock and roll, un tal Mark Knopfler. Mark era el compositor, voz y guitarra solista, su hermano David Knopfler el guitarrista rítmico que también hacía coros, John Illsley el bajista que también hacía coros, y Pick Withers el extraordinario batería.


Éste primer álbum no solamente fue una ilusionadora esperanza, sino una confirmación de que estábamos ante la germinación de una banda de alto copete, y que no estaban de paso. Se trataba de un grupo de chicos jóvenes que no renegaban del pasado, sino que por el contrario, demostraban un profundo conocimiento y amor por él, entiéndase al pasado más o menos clásico del rock 'n' roll. En éste disco hay ecos lejanos de Dylan, Lou Reed, The Band, Pink Floyd, J.J.Cale, Eric Clapton, etc., y porqué no, cositas de los Shadows de Hank P.Marvin e incluso de los Fletwood Mac de Peter Green, todo eso mezclado en una coctelera, y con el sello personal de la banda, tiene como resultado un disco de primer nivel para comenzar una carrera discográfica. El disco está dedicado a Charlie Gillet, aquel renombrado Dj que les promocionó y pinchó en sus inicios, mientras Muff Winwood se encargó de la producción.
El disco en si, comienza con Down to the waterline, con sus penumbras semi-sinfónicas, creación y construcción de expectativas, es un tema típico de Mark incluyendo los ingredientes mágicos de su autor, toques punzantes de cuerdas eléctricas, el ritmo en volandas, siempre suspendido, pero sin llegar a caer, una tensión milimétricamente ajustada. Water of love se mueve entre ritmos de calipso o percusión casi latina, con un estribillo demoledor, y unos punteos de onda bluesera con la guitarra dobro, que hacen de este tema una joya. Setting me up es quizás el tema de más influencia rockabilly de estilo Gene Vincent o incluso de Buddy Holly, un tema contundente, ligero de desarrollo, dónde la voz de Knopfler va y viene casi a posta, con un punteo sideral del maestro. Six blade knife es puro Lou Reed, porque Mark canta parecido a Lou, es una balada lenta, evocadora, donde los juegos de voces son extraordinarios, además de un muy conseguido sonido que te atrapa. Southbound again quizás sea el tema más boogie del álbum, con ritmo alegre y desenfadado y un punteo solista de Mark que quita el hipo.
La segunda cara empieza con la joya de la corona, el que fuera su primer y genial single, Sultans of Swing, un tema grande, contagioso en su desarrollo y en su exposición, pero sin llegar, y aquí radica su grandeza, ni a empachar ni a empalagar. Una canción, cuyas influencias abarcan todas las citadas antes, pero además hay que añadir la portentosa interpretación de Mark a la guitarra, cuyas versiones en directo eran ya de Cum Laude, con esos sólos que estaban repletos de alegría e imaginación. En si el tema, por la letra, es un homenaje de Mark a las muchas bandas de jazz que amenizan las noches londinenses, con entusiastas grupos de dixie, sentando cátedra de profesionalidad. In the gallery es quizás el tema más oscuro, pero a la vez de los más atrayentes del disco, con una letra que habla de los buitres que asolan el mundo del arte, y lo difícil y complicado que es acabar triunfando en ese mundo para pintores y artistas noveles, además de tener un ritmo al que la guitarra de Mark marca los pasos, con la sección rítmica en estado de gracia. Wild west end (tema que se me ha venido varias veces a la cabeza este fin de semana en Londres) comienza con guitarra acústica, un tema a medio tiempo delicioso, con coros en el estribillo y cuya letra describe paseos solitarios por el salvaje oeste de la ciudad, precioso tema de esos que permanecen para siempre en mi cabeza. Lions cierra el disco, un tema crepuscular, de cadencia media, pero que describe a la perfección lo que podría ser una tarde plomiza de domingo en Londres, tema acertado para rematar una obra magna.


La música de Dire Straits parece sobrevivir y traspasar pruebas de fuego, y éste primer disco así lo atestigua, porque al fin y al cabo, eso es lo que cuenta. Superando la propensión a la fugacidad del rock, sus canciones permanecen a lo largo del tiempo por su propia valía.
Este post fue realizado por mi para Exile SH Magazine y ahora lo reproduzco aquí.
Os dejo con el mítico vídeo de Sultans of Swing.