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miércoles, 27 de mayo de 2015

Grupos de un sólo disco (VIII) The Stems - At first sight (1987)


The Stems, es una banda originaria de Perth, Australia y fueron formados en 1983 por Dom Mariani y Richard Lane, unos serios y documentados estudiosos del underground de los 60's, el garage punk, el rhythm and blues y la música pop. Pero transformaron esas influencias en un powerpop exquisito, en sus inicios más tirando al garaje, pero ya en este disco de 1987 bastante más elegante y con toques rockeros innegables. Antes de este álbum editaron maravillosos singles (5) y Ep's (1) que ya daban cuenta de su clase y categoría, pero es con este disco con el que parten la pana.
Allí en su tierra se convirtieron en reyes de las emisoras independientes de música, y sus giras eran la mar de exitosas. Desgraciadamente el éxito duró poco cuando en lo más alto de su carrera y en las vísperas de seis semanas de gira por Europa, la banda misteriosamente decidió disolverse. Por suerte, reuniones posteriores consiguieron que viéramos al grupo incluso aquí, en este siglo.
Pero ante todo hablamos de una banda de etiqueta negra, enormes temas, y mucho estilo, con ese toque mod y unos teclados muy presentes en las canciones, a parte de la extraordinaria voz de Dom Mariani, al que le debemos todavía una estatua equestre. Por si fuera poco, luego este genio formaría The Someloves y DM3 ahondando en un powerpop más fino por un lado y por el otro en un sentido más rockero.



El disco empieza con el tema que da título al disco, armonías al poder, voz descomunal y guitarras acústicas engarzadas, brutal manera de empezar un disco, con cambios de ritmo preciosos y deliciosos. Sad girl con una guitarra circular y potente desparrama desde el inicio, con un rock soberbio y esa melodía bestial con coros descomunales que nos hacen levitar. Rosebud es un pandemónium de guitarras al inicio, que desembocan en el estribillo a posteriori y con una melodía atractiva que tiene sus paradas y arranques perfectamente calculados. Man with the Golden heart empieza con el bajo y esa guitarra que da paso al teclado humeante (muy mod) que nos sumerge en una melodía muy adictiva, una canción que define muchas cosas del grupo. Running around es un precioso tema de powerpop, con estilo, personalidad, y unas guitarras con reverberación y deliciosas que te elevan completamente a otra dimensión. For always con la entrada de los teclados y las guitarras es pura armonía desde el principio, algo angelical, powerpop de altos vuelos, donde es una pasada disfrutar de la melodía que desprende el tema y ese estribillo acompañado de coros celestiales.
You can't turn the clock back es un tema más rockero en su principio, aunque al final las corrdenadas powerpoperas se hacen con la canción de manera increíble, con estribillo y coros adictivos. Move me es una obra maestra en si misma con esa guitarra lúcida y referente del inicio que nos introduce en la melodía, con unos cambios de ritmo bestiales, y donde las guitarras llevan el ritmo de manera bestial, además de tener un final apoteósico. Mr. Misery con los teclados incendiarios del principio es otra burrada de tema, con melodía grasienta, estribillo genial y unos cambios de ritmo acertadísimos. Can't forget that girl con ese inicio sesentero a tope (me recuerda a Cuéntame) es delicioso, una pieza muy pop y casi diría ye-yé. Never be friends vuelve a la senda mod-rockera, con guitarras que corren y un desarrollo precioso con la voz que se inflitra entre las guitarras para correr a su lado. The otherside acaba de manera bestial el disco, puro powerpop de factura descomunal, guitarras, voz y teclados a pleno rendimiento, disfrute absoluto.


En definitiva, de los mejores discos salidos de la gran isla de Australia, con Dom Mariani a la cabeza, y desde luego los mejores representantes del powerpop facturado en aquellas tierras, disco único, intransferible e incunable.

Este texto fue escrito por mi para Exile SH Magazine y ahora reposa en mi espacio.

Os dejo con el tema At first sight.
 

 

martes, 24 de marzo de 2015

Radio Futura - La canción de Juan Perro (1987)


Radio Futura es posiblemente una de las bandas, por no decir el grupo, cuyas transformaciones fueron legitimadas por una ambición creativa que está al nivel de muy pocos. En 1981, los madrileños se reinventaron, tras la frustración que supuso Música Moderna (donde estaba Enamorado de la moda juvenil, Divina, o incluso Interferencias). Resistieron dos larguísimos años a la indiferencia de medios e industria y recuperaron impulso con La Ley del Desierto/La Ley del Mar, el álbum que en 1984 les puso donde merecían. Un año después De un país en llamas, corroboró que estábamos ante un grupo de calado y de amplias miras. Pero en 1987 ya estaban jugando en las grandes ligas, grabando en New York con veteranos en estas lides, desarrollando una intuición y es que se podía trenzar un rock de sonido global con mimbres propios, estamos hablando del rock latino, y eso pasó en La Canción de Juan Perro, el disco del que hablo hoy. Al conjunto le sirvió para dar el empujón definitivo al mercado hispanoamericano y dar un salto cuantitativo en cuanto a repercusión mediática y de ventas. Radio Futura, se convirtieron en un grupo respetable y respetado por aquellos que no les habían prestado mucha atención desde los tiempos de la movida, pero sobre todo porque estábamos ante un disco clave en su discografía que marcaría un antes y un después, sin duda su álbum más logrado y cúspide de su carrera con canciones inolvidables.


El Rock latino, como lo entendían Santiago Auserón (voz y guitarra), Luis Auserón (Bajo) y Enrique Sierra (guitarra), significaba una música sobria, lo bastante maleable para que encajaran las rudezas del castellano, crónicas de la España profunda, viñetas de la Barcelona canalla, tormentas del alma, narraciones enigmáticas o el ejercicio glorioso de musicar al Edgar Allan Poe más gótico. Hablamos de una audacia conceptual, que requería poner toda la carne en el asador por los miembros del grupo, y así fue.
Para ello la banda paró los conciertos, reconstruyó y aumentó la formación con Pedro Navarrete a los teclados y Carlos Torero a la batería, aparcaron los sintetizadores ochenteros, se amplió el arsenal rítmico de la batería clásica, etc., todo ello con el fin de conseguir el objetivo antes citado. Meses de grabaciones, maquetas en la sede madrileña de Ariola Eurodisc y el productor Joe Dworniak desde Londres como cómplice fundamental, al que no llamaron hasta que no tenían los temas machacados a tope. El disco se grabó en Sigma Sound, en el 1967 de Broadway, New York. La sección de metales corrió a cargo de los Uptown Horns y eso le da un empaque al disco descomunal que amigos y amigas, a día de hoy sigue sonando de manera majestuosa.
Por si fuera poco, en el año 2013 salió una edición 25 aniversario del disco, verdaderamente memorable, con la que se le hace justicia poética a este disco, que contiene primero el álbum remasterizado, luego el disco con las maquetas y por último un concierto de presentación en Alcalá de Henares en 1988, precursor total de aquel directo grabado en 1989 en Valencia.


Abría el disco En un baile de perros que es un rythym and blues de tomo y lomo, donde metales, teclados, la sección rítmica, guitarras y la voz de Santiago, tejen una madeja sonora que es realmente abrumadora, menudo comienzo de álbum. El hombre de papel es un medio tiempo, casi en tono de balada, pero con aires blueseros claros, donde Santiago está luminoso cantando de lujo, además de contener una preciosa letra y adornarse con dobles voces. A Cara o Cruz pone el listón en el cielo, uno de los temas más perfectos jamás oído antes del grupo, una canción de mezcla de salsa, ritmos cubanos y mestizaje donde los teclados humean de manera tremenda, la guitarra de Enrique destaca y esa letra que dice "La cosa pierde color cuando la piensas dos veces...". Lluvia del provenir ahonda en el mestizaje de sonidos y fusión orientada al baile, en este caso propia de su época, convirtiéndose en un tema de perfecta ejecución pop. La Negra Flor es otra joya rock con toque reggae evidente, donde describen la Barcelona de las Ramblas, la más sórdida y canalla, que posteriormente sería desarrollada como El paseo con la negra flor, digamos así la versión extendida, que era la que tocaban en vivo.
37 Grados es una obra maestra en si misma, que abría la segunda cara y fue el primer single del disco, en el que para mi se define el rock latino totalmente, con toques incluso de merengue, pero con una letra soberbia que Santiago Auserón borda al cante... "No te sofoques, mi amor pero tengo que verte primero, antes de dar más dinero sin conocer tu valor". Annabel Lee es el poema de Poe musicado, su versión gótico-rockera realmente impactante y quizás el tema más alejado del concepto global del álbum. Luna de Agosto es un tema donde destacan los vientos y hay mucho groove, una canción muy tocada en vivo para el lucimiento de Enrique Sierra en el sólo de guitarra. La Mala hora es un blues melancólico, retorcido, un remordimiento llevado a canción con tono decadente a posta, buen contrapunto para el final. El canto del gallo cerraba el disco, una canción de rock latino de temática campestre y rural (de esa España profunda) para cuya promoción Max, autor de Peter Pank, realizó un cómic reproducido en el libro, donde destacan de manera genial los metales.


Con este álbum Radio Futura salieron muy fortalecidos, y aunque al inicio las ventas no eran las esperadas por la compañía, cada salida de single fue como una bola de nieve que crecía conforme salía al mercado, todo esto reforzado por un directo descomunal, inapelable, contundente, donde la banda demostraba que era capaz de batirse el cobre en terrenos musicales muy variopintos.

Os dejo con 37 Grados por un lado...





Y con el Canto del Gallo por otro...

lunes, 23 de marzo de 2015

Gabinete Caligari - Camino Soria (1987)


Gabinete Caligari en el año 1987. Estamos en una situación, dónde la movida de la que ellos han sido parte integrante, está en su final, en sus últimos coletazos, y es cuando el grupo madrileño precisamente ficha por EMI, una multinacional, es el momento de un cambio, con varias cosas aprendidas ya en el zurrón. Han pasado unos cuantos años desde que debutaran esos chavales con sus camisas negras, su actitud chulapona y en ocasiones soberbia y que realizaban un estilo oscuro cercano al punk, y por si fuera poco han sobrevivido a las castañuelas, al rock torero y ya han conocido la popularidad.
Con todo lo dicho van y sacan Camino Soria, uno de los mejores discos de pop-rock, en este caso castizo, muy castizo, de la historia de nuestro país, así de claro. El disco es en cierta medida conceptual, tiene una inmersión y un homenaje al recio carácter castellano, a lo largo de todo su minutaje, pero en él predomina la melancolía y cierto poso de desamor.
La heroína se había llevado el 29 de diciembre de 1986 a Uli (Santiago Ulises Montero), saxofonista principalmente y multi-instrumentista que dotaba con su impronta un espíritu esencial en el conjunto formado por Jaime Urrutia, Ferni Presas y Edi Clavo.

Camino Soria empieza a grabarse en Mayo de 1987, en los estudios Doubletrownics, con Jesús N. Gómez a los mandos de la producción. El álbum mantiene una línea cercana al tema amoroso, que trastocó los corazones de propios y ajenos, además de deprimir al propio Jaime Urrutia tras haber roto una temprana relación con Christina Rosenvinge, cuando el primero militaba en Ejecutivos Agresivos con dieciocho años y la segunda en Ella y Los Neumáticos (curiosamente junto a los “Gabinete” Edi y Ferni) con quince años. Pero la mujer que inspira la canción Camino Soria en concreto es Teresa Verdera, hermana de Juan Verdera, bajista de Derribos Arias, relación que acabó después de cuatro años y que fue el germen de muchas ideas para el disco.
Quizás estamos ante uno de los discos en castellano que más haya escuchado, en aquella mítica cinta de cassette de color amarillo, que a día de hoy conservo y pongo de vez en cuando con cariño.


El disco empieza con Pecados más dulces que un zapato de raso, una declaración de amor a pesar de la distancia, coescrita por Urrutia y Eduardo Haro-Ibars está subtitulada como “Carta a Nieves” mientras en la música participan todos, donde destacan unos preciosos arreglos de cuerda. Llega Suite Nupcial un tema con aire o aroma a tema cincuentero, en una pieza con vientos maravillosos y donde la letra es un disfrute total dónde el amor llega a saco en un hotel, una canción llevadera, con estribillo pegadizo y acabado perfecto.
Pero no todo es felicidad, y con La fuerza de la costumbre, es a partir del punto en el que las dificultades de la relación hombre-mujer empiezan, un tema a medio tiempo muy bien desarrollado y con estribillo encajado a la perfección. Tócala Uli es el homenaje a Ulises Montero, maravillosa canción de principio a fin, con una letra espectacular, donde recuperan con clase, estilo y elegancia su estilo más chulapo, con vientos gloriosos, el bajo brutal, redobles de batería clavados, y en definitiva una banda en estado de gracia. Como un pez cierra la Cara A, y habla de la suerte en la vida o simplemente el destino feo, que es la recompensa del riesgo en el amor.


Comienza la Cara B con La Sangre de tu tristeza, el que fue single del disco, una tremenda canción melancólica, dentro de un disco melancólico como este, pero a su vez cargada de una belleza descomunal. Canción para perdedores, que siempre que intentan siempre sacar el lado positivo a través de una melodía atractivísima con arreglos de cuerda preciosos, gran tonada. Saravá es el baladón del álbum, donde se descubre el oscuro objeto del deseo, la cruel y bella a la vez mujer que te mata de lo malvada que es, una canción con aires de bossanova, con otra vez arreglos de cuerda claves. Rugido de tigre es el tema más rockero del disco, con fuerte presencia de los teclados que están inmensos, en cuya letra apreciamos una cura de heridas del amante abandonado (me suena esto...), que te permite remontar el vuelo.
Y acaba la joya con el tema que da título al trabajo, Camino Soria un tema completo, luminoso a pesar de contener cierta amargura (yo también he curado el olvido del amor en soledad) y de gran belleza lírica que cuenta además con menciones a Gustavo Adolfo Bécquer y Antonio Machado, que cubrió de gloria tanto a la banda como a la ciudad, a la que fueron más turistas:

"Voy camino Soria, ¿tú, hacia dónde vas? Allí me encuentro en la gloria que no sentí jamás.
Voy camino Soria quiero descansar borrando de mi memoria traiciones y demás."


No quedaban muchas soluciones, pero a la banda se le ocurrió una, que fue hacer las maletas (la magnífica imagen de la contraportada del austero disco, realizada por Alberto García-Alix) y huir a la meseta castellana, y allí encontrar la paz que necesitaban, arropado por melodías excelentes, así se fraguó este maravilloso álbum.
Este post está dedicado al compañero Addison de Witt, con quien comparto devoción por esta grupo y quien ha sido mi fiel escudero en un fin de semana inolvidable en Madrid.
Os dejo con La sangre de tu tristeza.

jueves, 12 de marzo de 2015

Terence Trent D'Arby - Introducing the hardline according to (1987)


La ópera prima de Terence Trent D'Arby, el músico neoyorkino, es una joya y pegó el pelotazo ante un público sorprendido y una crítica que le alabó. Pero este trabajo ya no lo superó más, aunque hay que admitir que superarlo era complicado, pero luego ni se acercó. Estamos ante uno de esos casos de éxito efímero, cuando curiosamente se daban todas las circunstancias, para que después de este trabajo, fuese el rey del soul de su época. Terence Trent D’Arby lo tuvo todo y en cantidad pero, poco a poco, fue desvaneciéndose, en parte por culpa de la jungla de las compañías discográficas, en parte por su propio talante, y, aunque ahora siga en activo, sólo unos pocos nostálgicos nos acordamos de él y de este Introducing the hardline according to de 1987. Pero hablamos de un tipo que no era flor de un día antes de este disco, ya tenía una extensa experiencia anterior como cantante y a los veintipocos abriles, ya estaba en la órbita de las grandes discográficas, que no se equivocaban. Lo ilógico a priori fue que primero lanzaron el disco en Europa (siendo el artista americano), obteniendo un éxito inmediato en 3 días. Su irrupción en el mercado estadounidense llegó unos meses después y, aunque no obtuvo el mismo histerismo de ventas, sí colocó inmediatamente a nuestro protagonista en la primera división, llegando el álbum hasta la actualidad con nada menos que 14 millones de copias despachadas, que no son pocas.
Pero claro, estamos en una época donde Michael Jackson y Prince eran las dos estrellas negras del momento, y encima en un estado de gracia, Michael con Bad y El Príncipe de Mineápolis con Sign o'the times, pero empezaban a mirar con recelo a quien osaba a destronarles. Y ojo, Terence componía sus temas, tocaba la mayor parte de los instrumentos (un Lenny Kravitz avanzado), producía, pero además tenía una voz con muchos registros, potente a ratos, tierna, y de ángel en definitiva. Esas son algunas de las claves del éxito del álbum, pero sobre todo había canciones y muy buenas.



Comienza el álbum con If you all get to heaven con ese aire góspel desde el inicio y los coros potentes que le acompañan, aunque enseguida que se desnuda la melodía descubrimos la tremenda voz soul de Terence. If you let me stay es un single inmediato, tema enérgico dónde los haya, con un derroche de voz de proporciones gigantes, una melodía muy atrayente y un estribillo rompedor. Wishing well con el impactante inicio de la batería da paso a la voz, y las influencias de James Brown, que me parecen más que evidentes, y el teclado juguetón queda de lujo. I'll never turn my back on you (Father's words) con el inicio de guitarra rítmica, da paso a la voz más tierna y angelical de nuestro artista de hoy, un tema a medio tiempo de bonita melodía y en tono de funky con toques de rhthym and blues. Dance Little sister fue un rompepistas (a día de hoy lo sigue siendo), con una batería mandona, un teclado presente, una sección de vientos brutal, y donde vuelven las influencias de James Brown por todos lados, con esa voz desgarradora y potente de Mr. D'Arby. Seven more days es una balada, en tono oscuro y algo melancólica, demostrando tonos vocales diferentes y variados dentro del mismo tema, donde destaca el estribillo con coros. Let's go foward quizás sea el tema más ochentero del álbum, que es lógico, en una onda Kool & the Gang de esa década, destacando las armonías vocales. Rain me parece un tema brutal, con una fuerza vocal descomunal y una melodía que se te queda marcada, además del timbre continuo muy bien colocado. Sign your name es la balada con mayúsculas del álbum, un tema atmosférico como pocos, con el que en aquella época cualquier chiquilla se quedaba atontada, ideal para arrimar cebolleta, donde melodía y estribillo perfectamente encajado hacen el resto. As yes untitled vuelve al góspel de manera clara, y a las influencias más de base del cantante, un tema eminentemente vocal, y demostración de registros tremendos. Y el trabajo acaba con una deliciosa versión de Smokey Robinson de un clásico del soul como Who's loving you, interpretado de forma increíble por Terence, con una banda que suena a las mil maravillas, y es una estremecedora manera de cerrar el disco.



Un disco que tiene vigencia por si mismo, bebedor de las mejores esencias del soul, góspel y rhythm and blues y dónde el artista en cuestión está excelso en todos sus registros vocales y como no, en la composición.
Os dejo con el tema If you let me stay.

viernes, 6 de febrero de 2015

The Cult - Electric (1987)


Tercer disco de estudio de la banda inglesa The Cult, Electric, que es el punto de partida de una tirada de largos éxitos y buenos discos. Un trabajo del año 1987 que se debe tener escuchado, oído y disfrutado a estas alturas. Como característica curiosa, el grupo estaba descontento con las primeras grabaciones en los Manor Studios de Oxfordshire y se trasladan a New York para que sea Rick Rubin el que se ponga a los mandos de la nave y produzca el disco, regrabando Love Removal Machine y dando con el estilo que partió la pana y convirtió al grupo en una máquina de hard rock imparable. 
Electric lleva sputniks directos y potentes al corazón rockero, de esos que te hacen saltar a la primera escucha con riffs de guitarra potentes de Billy Duffy y la voz característica de Ian Astbury, hablo de dardos directos a la yugular, sin concesiones a la galería ni florituras.
Estamos en una época, no nos olvidemos, a finales de la década de los 80 dónde triunfaba la laca, y discos con menos fuerza y más pose (Europe y Bon Jovi son dos ejemplos de esto), por lo que este álbum recupera el rock añejo, va a contracorriente de lo que dominaba, y las guitarras suenan duras y el aire a rock setentero es más que agradecido.
Más adelante recuperaron las grabaciones previas realizadas en los Manor estudios con Steve Brown a  la producción y las incluyeron en diferentes reediciones como temas extra.
La formación era Ian Astbury a las voces (con su imagen reivindicativa de las tribus indias de América del Norte), Billy Duffy a las seis cuerdas, un gran guitarrista, Jamie Stewart al bajo y teclados y Les Warner a la batería.


Empieza el álbum con Wild flower, uno de esos singles que ya desde su primer riff te hace moverte, entra la sección rítmica y la voz de Ian que te lleva en volandas, un tema con paradas y recomienzos tremendos. Peace dog suelta guitarrazos desde el principio, tema de carga profunda con un gran desarrollo y muy disfrutable, rock en estado puro. Otro riff mítico de guitarra inicia Lil' devil, otro singleazo, que a día de hoy sigue sonando en sus directos, dónde Mr. Astbury se sale a la voz y como no Mr. Duffy hace un sólo descomunal. Aphrodisiac jacket es un tema más pesado y quizás más a medio tiempo, pero que no desentona para nada con el estilo coherente del disco. Electric Ocean recupera ritmo, otro pelotazo de tema directo y sin concesiones, al grano con la banda sonando de lujo y ese sólo de guitarra estilo casi heavy. Bad Fun es un tema de absoluto rock and roll desatado, las guitarras corren y el ritmo es imparable con Ian perfecto a la voz. King contrary man reenergiza aún más si cabe, más rock en estado puro, y las guitarras siguen corriendo. Love Removal Machine es otro mueve-caderas, single brutal con el bajo muy presente al inicio junto a la batería, para dar paso a la voz y la guitarra que lleva todo el peso, además del sólo descomunal. Born to be wild es la versión del disco, el tema de Steppenwolf, comprensible como influencia, rock setentero, aunque bajo mi punto de vista aporte poco con respecto a la original, quizás sólo la manera diferente de cantarla de Ian Astbury. Outlaw recupera ese rock deslizante, rápido y llevadero, con buena base guitarrera y sin estridencias. Memphis Hip Shake cierra el disco, y para nada es un descanso, tema visceral, duro y hard rockero para rematar con un leit-motiv que se va repitiendo machaconamente.


En definitiva, un disco imprescindible de rock y hard rock que seguía una línea diferente a la moda marcada en esa época, pero que dio una tremenda alegría a gente que reivindicaba en esos años el rock setentero. A día de hoy aguanta de manera tremenda el paso de los años y suena como un trabajo compacto y sin fisuras.

Os dejo con el vídeo de Lil' devil.