"...hubo Rromas que formaron parte de la Resistencia (...)
Con la experiencia y la picardía desarrollada por vivir en situaciones
marcadas por lo desfavorable, hicieron uso de todas las estratagemas
que conocían para desbaratar la vigilancia de los nazis, llevar mensajes
o transportar armas y explosivos. Muchos fugitivos se salvaron gracias a
esta resistencia romaní. También perpetraron numerosos ataques
«terroristas» de resistencia contra el enemigo hitleriano."
La discriminación y persecución del Pueblo Rromá no
es un fenómeno que comience con el nazismo aunque en ese periodo es
cuando se alcanzaron las cotas máximas de crueldad adquiriendo la forma
de genocidio, el holocausto romaní (SAMUDARIPEN),
muchas veces olvidado, una masacre que arranco la vida, según datos
estimativos, de cerca del 80 por ciento de la población romaní de toda
Europa.
El racismo se avergüenza de sí mismo y por eso intenta siempre buscar
alguna vía para tratar de justificar lo injustificable, para
relativizar los conceptos y poner en juego la máxima del Ministro de
Propaganda Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad”.
Por eso es conveniente repasar en que se apoyaban para intentar
justificar ese odio hacia las personas romanís que no surgió
espontáneamente en el periodo nazi.
A partir de las teorías pseudocientíficas de Lambroso (1835-1909) se trató de establecer una “jerarquía de razas” y una “predisposición genética” que señalaba especialmente a los “gitanos” en su libro “L’uomo delinquente”. Al mismo tiempo, creció la idea de que había que erradicar a las personas “con una vida indigna de ser vivida”.
Los Rromá eran considerados genéticamente ladrones, traidores, nómadas: ”la razón de su peligrosidad se tenía que buscar en su sangre, que precede siempre a su comportamiento” (Giovanna Boursier, en ‘Zigeuner. Lo sterminio dimenticato‘. Ed. Sinnos)
Los Rromá eran considerados como seres asociales y consecuentemente, una “raza asocial”, también era frecuente en la época pre-nazi referirse a ellos como “la plaga gitana”. Tanto es así que las primeras acciones racistas antiroma en Alemania y Austria tuvieron lugar en los años 20 con la idea de “luchar preventivamente contra la criminalidad” lo que sería, sin duda, el germen de la política nazi de exterminio. Se aprobaron leyes que les prohibían entrar en sitios públicos como parques, ferias o baños. Se les fichó, con foto y huellas, y quienes no tenían empleo u hogar fijos, fueron confinados en campos.
En 1933 cuando Hitler llegó al poder, el camino ya había comenzado y la persecución empeoró.
En 1934 hubo campañas de esterilización por inyección o castración
En 1935 las Leyes Raciales de Nuremberg ya clasifican oficialmente a los Roms como seres “racialmente inferiores”, se les retira la nacionalidad alemana y por tanto, sus derechos civiles.Para
poder sostener los dogmas que les llevan a realizar estas aberrantes
acciones se centran en tratar de justificar “científicamente” que la
conducta criminal y asocial es algo hereditario, se pasa a considerarlos
como “primitivos”, “culturalmente pobres”, desprovistos de historia y
una amenaza para el orden moral por “mezclarse” y crear un
“sub-proletariado criminal”.
Eva Justin y Robert Ritter, los
médicos asociados con los programas de esterilización y la eutanasia en
el período nazi fueron dos grandes implicados en la causa racial
antiroma. Aparece el término “Gitano Mestizo” que se
aplica de manera aún más restrictiva en los Rroma que en los judíos ya
que era suficiente con tener uno de los ocho bisabuelos “gitano” para
ser declarado como tal. Ya en ese momento, 1935, se exige, por parte de algunos, que sean internados en campos de trabajo y esterilizados.
De esta forma solo quedaba por filtrar quienes eran “Gitanos Puros”
de los que no lo eran. Los nazis decidieron que el 90 por ciento de la
población estaba mezclada y que, por tanto, eran peligrosos para el
estado. Eso dejaría un 10 por ciento restante “puro” al que habría que darle una solución. Este porcentaje de “puros” sería colocado en una
lista que sería confeccionada por nueve representantes Rromá y que
serían salvados de la masacre dada su pertenencia al grupo Ario.
Esta lista nunca se llevo a efecto y el odio hacia los Rroma en general
y nunca se hizo esa distinción en los Campos de Concentración, por lo
que “puros” o “mestizos”, en esa división absurda, fueron exterminados
por igual.
En 1939 la Directiva Festsetzungserlass
firmada por Heydrich y Himmler prohíbe a los Rromá dejar las ciudades
donde residen bajo pena de ser enviados a un campo de concentración. Una
ola de internamientos comienza en este año con el objetivo de
concentrar el conjunto de la población romaní del Estado alemán en los
campos de tránsito con el fin de deportarlos, como la acción no podía
llevarse a acabo inmediatamente estos campos de tránsito se
transformaron en Campos de Trabajo análogos a los Campos de
Concentración.
Estos Campos de Trabajo se transforman a su vez en “Campos de Gitanos”
que acogen indistintamente a hombres, mujeres y niños, estos campos
servían para enviar a los detenidos a Campos de Exterminación o bien
para aniquilarlos directamente, la mayoría siguieron funcionando hasta
el fin de la guerra.
Los Rromá privados de sus derechos y de cualquier
forma de subsistencia, pasan a vivir de la caridad lo que servirá de
pretexto para adoptar medidas persecutorias que se centran
principalmente en los “gitanos mestizos”. Los primeros arrestos se hacen durante la campaña Arbeitsscheu Reich dirigido contra los vagabundos, las prostitutas, los mendigos y los “gitanos”. En junio de 1938 más de 700 Rroms alemanes -en su mayoría Sintis– son deportados a los campos de concentración.
Los SS-Einsatzgruppen mataron a decenas de miles de
personas romanís en los territorios orientales ocupados por los alemanes
con la ayuda del ejército.
La policía y las autoridades nazis, se encargan de explotar todos los
datos obtenidos a través de los controles étnicos y antropométricos
realizados en el periodo de entreguerras.