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2017/02/25

MUJERES RESISTENTES (XI): LUCY PARSONS

"Según ella, el sexo y la raza eran hechos que venían determinados por la propia existencia y que los patronos manipulaban con el objetivo de justificar el mayor grado de explotación a que sometían a las mujeres y a los negros." 

Afroamericana, su trabajo periodístico y de agitación en defensa de la clase obrera se mantuvo a lo largo de sesenta años. Su evolución política fluctuó desde la defensa del anarquismo hasta su ingreso en el Partido Comunista de Estados Unidos en 1939. 

Nació en 1853 e ingresó en el Partido Obrero Socialista en 1872. Fue una activa organizadora del Sindicato de Mujeres Obreras de Chicago. 

Desafió las leyes que prohibían los matrimonios interraciales. Su marido Albert Parsons fue uno de los ocho líderes obreros detenidos tras los enfrentamientos provocados por la policía el 1 de mayo de 1886 en la plaza Haymarker de Chicago. Fue la propulsora de la campaña por la liberación de los detenidos y arrestada en múltiples ocasiones por no acatar las órdenes de los alcaldes de las diferentes ciudades de prohibición de sus mítines. La policía de Chicago la detuvo junto a sus hijos mientras su marido estaba siendo ejecutado junto a los otros mártires de Chicago.

Aunque era afroamericana y mujer, Lucy Parsons afirmaba que la explotación global de la clase trabajadora por parte del capitalismo eclipsaba el racismo y sexismo. 

Según ella, el sexo y la raza eran hechos que venían determinados por la propia existencia y que los patronos manipulaban con el objetivo de justificar el mayor grado de explotación a que sometían a las mujeres y a los negros. 

L. Parsons junto con Mary Jones fueron las primeras mujeres que se unieron a la organización obrera, Industrial Workers of the Wold (IWW). Ambas gozaban de un gran prestigio dentro del movimiento obrero. En el discurso que pronunció en la convención fundacional de la IWW puso de manifiesto su preocupación por la opresión que sufrían los trabajadores afroamericanos a quienes consideraba manipulados por los capitalistas en su afán por reducir los salarios de toda la clase obrera. 
 
En la década de los años 20, tras la Revolución de Octubre empezó a vincularse al Partido Comunista y en 1925, cuando se creó el Comité Obrero Internacional de Defensa Legal, se convirtió en una de sus más activas colaboradoras. Luchó por la libertad de Tom Mooney, en California, de los nueve de Scottsboro, en Alabama y del joven comunista negro Angelo Herndon que había sido encarcelado en Georgia.

Murió en 1942, el Daily Worker le hizo un homenaje en el que la describió como “(...) un eslabón entre el movimiento obrero actual y los grandes acontecimientos de la década de 1880.
 
“(...) Fue una de las mujeres más grandes de EEUU, valerosa y entregada a la causa de la clase obrera”.
 
Fuente:
Extracto del libro de Angela Davis "Mujeres, raza y clase" 

2016/11/17

DONALD TRUMP, UNA OPORTUNIDAD MAS QUE UNA CATASTROFE por Andy Robison

"...la diferencia entre lo que cobran un blanco y un negro en trabajos homologables llegó al 27% durante la administración de Obama, la más alta de los últimos 40 años. Tal vez no sea de extrañar que los votantes negros e hispanos al final no salvaran a Hillary."
 
              Mientras muchos progresistas en Manhattan llamaban al psicoanalista para pedir dos citas a la semana en vez de una, o al agente inmobiliario para quizás vender la casa en los Berkshires y comprar una al otro lado de la frontera canadiense, Bernie Sanders hizo un resumen un poco menos neurótico de la sorprendente victoria de Donald Trump. De paso, enseñó la estrategia para quienes, como yo, no ven el auge irresistible de Donald Trump como una catástrofe sino como una posible oportunidad.
 
Donald Trump ha explotado la rabia de una clase obrera que se siente hasta las narices de la economía del establishment, la política del establishment y los medios de comunicación del establishment, escribió el candidato socialista que estuvo a punto de ganar a Hillary Clinton en las primarias. "La gente está harta de trabajar más horas por salarios más bajos, y de ver sus puestos de trabajo deslocalizados a China y a otros países de bajos salarios, así como de billonarios que no pagan impuestos(...)".
 
Y añadió: "En la medida en que Trump va en serio cuando habla de mejorar las vidas de las familias trabajadoras en este país, yo, y otros progresistas trabajaremos con él; en la medida que adopte políticas racistas, xenófobas, sexistas o dañinas para el medío ambiente, haremos una oposición vigorosa".
 
Creo que éste es el tono que hay que adoptar tras el resultado electoral. La victoria de Trump es un desastre, por un lado, y una oportunidad, por el otro.
 
La amargada, resentida y sobreexplotada clase de perdedores cuyos salarios han ido bajando desde hace un cuarto de siglo no es sólo blanca sino morena y negra también
 
Porque Trump –al igual que el brexit en Reino Unido– ha colocado por primera vez desde hace medio siglo a la white working class (la clase obrera blanca) en la posición dominante del discurso político en Estados Unidos. Ahora el reto es demostrar que, en realidad, la amargada, resentida y sobreexplotada clase de perdedores cuyos salarios han ido bajando desde hace un cuarto de siglo no es sólo blanca sino morena y negra también. Mejor dicho, los perdedores de la globalización son principalmente hispanos y afroamericanos.
 

2016/08/04

2 DE AGOSTO, RECUERDO DEL HOLOCAUSTO GITANO por Javier del Campom

"...hubo Rromas que formaron parte de la Resistencia (...) Con la experiencia y la picardía desarrollada por vivir en situaciones marcadas por lo desfavorable, hicieron uso de todas las  estratagemas que conocían para desbaratar la vigilancia de los nazis, llevar mensajes o transportar armas y explosivos. Muchos fugitivos se salvaron gracias a esta resistencia romaní. También perpetraron numerosos ataques «terroristas» de resistencia contra el enemigo hitleriano."
          
                       La discriminación y persecución del Pueblo Rromá no es un fenómeno que comience con el nazismo aunque en ese periodo es cuando se alcanzaron las cotas máximas de crueldad adquiriendo la forma de genocidio, el holocausto romaní (SAMUDARIPEN), muchas veces olvidado, una masacre que arranco la vida, según datos estimativos, de cerca del 80 por ciento de la población romaní de toda Europa.

Las convicciones racistas y de exterminio romaní que desarrollo Hitler eran consecuencia de otras acciones y pensamientos que no eran nuevos en absoluto.

El racismo se avergüenza de sí mismo y por eso intenta siempre buscar alguna vía para tratar de justificar lo injustificable, para relativizar los conceptos y poner en juego la máxima del Ministro de Propaganda Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad”.  Por eso es conveniente repasar en que se apoyaban para intentar justificar ese odio hacia las personas romanís que no surgió espontáneamente en el periodo nazi.


A partir de las teorías pseudocientíficas de Lambroso (1835-1909) se trató de establecer una “jerarquía de razas” y una “predisposición genética” que señalaba especialmente a los “gitanos” en su libro “L’uomo delinquente”. Al mismo tiempo, creció la idea de que había que erradicar a las personas “con una vida indigna de ser vivida”.

Los Rromá eran considerados genéticamente ladrones, traidores, nómadas: ”la razón de su peligrosidad se tenía que buscar en su sangre, que precede siempre a su comportamiento” (Giovanna Boursier, en ‘Zigeuner. Lo sterminio dimenticato‘. Ed. Sinnos)

Los Rromá eran considerados como seres asociales y consecuentemente, una “raza asocial”, también era frecuente en la época pre-nazi referirse a ellos como “la plaga gitana”. Tanto es así que las primeras acciones racistas antiroma en Alemania y Austria tuvieron lugar en los años 20 con la idea de “luchar preventivamente contra la criminalidad” lo que sería, sin duda, el germen de la política nazi de exterminio. Se aprobaron leyes que les prohibían entrar en sitios públicos como parques, ferias o baños. Se les fichó, con foto y huellas, y quienes no tenían empleo u hogar fijos, fueron confinados en campos.

En 1933 cuando Hitler llegó al poder, el camino ya había comenzado y la persecución empeoró.

En 1934 hubo campañas de esterilización por inyección o castración

En 1935 las Leyes Raciales de Nuremberg ya clasifican oficialmente a los Roms como seres “racialmente inferiores”, se les retira la nacionalidad alemana y por tanto, sus derechos civiles.Para poder sostener los dogmas que les llevan a realizar estas aberrantes acciones se centran en tratar de justificar “científicamente” que la conducta criminal y asocial es algo hereditario, se pasa a considerarlos como “primitivos”, “culturalmente pobres”, desprovistos de historia y una amenaza para el orden moral por “mezclarse” y crear un “sub-proletariado criminal”.

Eva Justin y Robert Ritter, los médicos asociados con los programas de esterilización y la eutanasia en el período nazi fueron dos grandes implicados en la causa racial antiroma. Aparece el término “Gitano Mestizo” que se aplica de manera aún más restrictiva en los Rroma que en los judíos ya que era suficiente con tener uno de los ocho bisabuelos “gitano” para ser declarado como tal. Ya en ese momento, 1935, se exige, por parte de algunos, que sean internados en campos de trabajo y esterilizados.

En lo que respecta a los Rroms, los nazis se encontraron ante un dilema dificil de resolver ya que su ascendencia hindú los situaba como descendientes de los Arios, originalmente pobladores (desde el 1400 A.C) del Valle del Indo. Pero pronto hallaron la justificación, admitiendo la provenencia aria de este pueblo afirmaron, sin embargo, que su origen se situaba en las castas más bajas y que en su migración se habían mestizado con poblaciones oriundas lo que los convertiría en una ‘raza asiática’ con rasgos indios y europeos.

De esta forma solo quedaba por filtrar quienes eran “Gitanos Puros” de los que no lo eran. Los nazis decidieron que el 90 por ciento de la población estaba mezclada y que, por tanto, eran peligrosos para el estado. Eso dejaría un 10 por ciento restante “puro” al que habría que darle una solución. Este porcentaje de “puros” sería colocado en una lista que sería confeccionada por nueve representantes Rromá y que serían salvados de la masacre dada su pertenencia al grupo Ario. Esta lista nunca se llevo a efecto y el odio hacia los Rroma en general y nunca se hizo esa distinción en los Campos de Concentración, por lo que “puros” o “mestizos”, en esa división absurda, fueron exterminados por igual.

En 1939 la Directiva Festsetzungserlass firmada por Heydrich y Himmler prohíbe a los Rromá dejar las ciudades donde residen bajo pena de ser enviados a un campo de concentración. Una ola de internamientos comienza en este año con el objetivo de concentrar el conjunto de la población romaní del Estado alemán en los campos de tránsito con el fin de deportarlos, como la acción no podía llevarse a acabo inmediatamente estos campos de tránsito se transformaron en Campos de Trabajo análogos a los Campos de Concentración.

Estos Campos de Trabajo se transforman a su vez en “Campos de Gitanos” que acogen indistintamente a hombres, mujeres y niños, estos campos servían para enviar a los detenidos a Campos de Exterminación o bien para aniquilarlos directamente, la mayoría siguieron funcionando hasta el fin de la guerra.

Los Rromá privados de sus derechos y de cualquier forma de subsistencia, pasan a vivir de la caridad lo que servirá de pretexto para adoptar medidas persecutorias que se centran principalmente en los “gitanos mestizos”. Los primeros arrestos se hacen durante la campaña Arbeitsscheu Reich dirigido contra los vagabundos, las prostitutas, los mendigos y los “gitanos”. En junio de 1938 más de 700 Rroms alemanes -en su mayoría Sintis– son deportados a los campos de concentración.

Los SS-Einsatzgruppen mataron a decenas de miles de personas romanís en los territorios orientales ocupados por los alemanes con la ayuda del ejército.

La policía y las autoridades nazis, se encargan de explotar todos los datos obtenidos a través de los controles étnicos y antropométricos realizados en el periodo de entreguerras.

2016/07/01

LOS VASCOS: PERFECCION DEL MESTIZAJE por Jose Maria Lorenzo Espinosa

"A pesar de que en la sociedad vasca se puedan dar casos de xenofobia y rechazo a los emigrantes, similares a la de la sociedad española o francesa, es muy difícil encontrar racismos o socioracismos históricos, como los que conocemos en la Europa de los años fascistas, o en los EEUU, Sudáfrica etc. Ni siquiera en Sabino Arana, al que los analistas (?) españoles se complacen en llamar racista a todas horas o mas actualmente en Txillardegi, es posible probar racismo. En el sentido de superioridad racial que se ha practicado en otros lugares (incluida la España histórica). Dos conocidos historiadores catedráticos españoles (Solozábal y Corcuera) en sus respectivas tesis doctorales llegan a la conclusión de que el aranismo pudo ser un nacionalismo racial defensivo. Pero no un racismo de superiodidad"
 
                Una vez, en pleno fascismo italiano, Josué de Castro (antropólogo brasileño) dijo en Roma que los italianos eran la perfección del mestizaje. El escándalo que provocó en un régimen que presumía de pureza latina fue considerable. Solo algunos pocos colegas se atrevieron a visitarle en privado, ya de noche y en el hotel, para felicitarle por su valentía y darle las gracias por decir en público lo que ellos solo decían en privado. Se trataba de una línea de pensamiento antropológico que encontraba la excelencia de los pueblos en la mezcla de razas, frente a la tendencia decimonónica (a la que pertenecía el primer nacionalismo vasco) que admiraba la pureza racial y las “razas isla” como virtuosas frente al mestizaje. Respecto a Italia, de Castro proponía como evidencia la localización geográfica de la península, entre Europa y Africa como corredor de paso obligado utilizado por las grandes migraciones desde la Prehistoria. Para el científico brasileño el mestizaje ancestral italiano explicaba su enorme éxito como etnia, su extensión y adaptación prodigiosa por los lugares mas lejanos del planeta.

La cuestión de la identificación étnica de los vascos fue un factor esencial desde el momento de su descubrimiento nacional. Si los vascos eran distintos (y según Arana,mejores) que sus vecinos, estaba mucho mas claro su derecho a la separación nacional de españoles y franceses.

Pero el nacionalismo racial, que no racista, enseguida empezó a ocupar un segundo plano, a pesar de que la historiografía hipernacionalista española diga lo contrario. Ya en época de Arana resultaba imposible separar a los vascos y españoles, por sus rasgos físicos. Entre otras cosas debido al fuerte mestizaje que muchas zonas del territorio había experimentado desde tiempos prehistóricos y con seguridad documentada desde los romanos. Este aspecto,unido a las corrientes migratorias de trabajadores peninsulares de finales del XIX, ponía en cuestión la integridad racial de los habitantes del territorio. Así lo reconocían ya en los años treinta algunos colaboradores (Tsanka) del Jagi-jagi, el órgano de los mendigoizales, diciendo expresamente que la raza ya no se podía recuperar como tal.

Arana se encontró con esta imposibilidad de recuperacion y de distinción física simple. Españoles, vascos o franceses, eran y son físicamente iguales. Sin embargo, Arana estaba convencido de una supuesta superioridad moral de los vascos. Nobleza, virtudes, religiosidad católica, costumbres etc. eran argumentos favoritos de los primeros nacionalistas frente a los españoles que ellos conocían, la mayoría emigrantes obreros que, sin duda, tampoco representaban a la totalidad de los hispanos. La salida para la identificación fue aplicar una suerte de apellidismo, según la cual eran vascos, y admitidos como miembros del primer PNV, quienes tenían al menos los primeros cuatro apellidos vascos. Esto no garantizaba ninguna pureza racial, puesto que los apellidos solo empezaron a ser usados masivamente en el siglo XVIII, y teniendo en cuenta el mas que probable mestizaje pre-apellidos. Pero al menos significaba que el individuo y sus antecesores estaban en Euskadi en ese momento. Y tenían,como mínimo, una naturalización vasca, que acreditaba en principio su pertenencia cultural y espiritual al mismo colectivo, desde hacía al menos 200 años. Esta venía a ser la mayor parte de las veces la única garantía (si bien endeble) de que un apellido vasco significaba, al menos, la permanencia en el solar y por tanto la pertenencia espiritual a la etnia vasca. 

De ese modo se preservaba, si no la sangre y la raza, si la aculturación vasca y la participación en la nobleza y espiritualidad de los vascos, “evidentemente” superior a la de sus contiguos españoles.

Pero tampoco el apellidismo podía sostenerse mucho tiempo como supuesta garantía de esta, también supuesta, superioridad. La fuerte mezcla producida desde principio del siglo XIX, los matrimonios mixtos, los hijos nacidos en el territorio, la propia aculturación de muchos emigrantes hacía insostenible el mantenimiento del apellidismo, como condición de militancia nacionalista.

Desde mediado el siglo XX esta realidad es mucho mas evidente, sobre todo entre los grupos jóvenes que por distintos medios darán origen a la izquierda abertzale. No solo ETA, también el PNV, ANV por supuesto y otros, encontrarán la fórmula de una nueva nacionalización vasca, para todo aquel que quiera serlo, en el sentido fuerte del término, independientemente de su origen, sus apellidos o sus anteriores adscripciones.

Esto que hubiera sido escandaloso en el siglo XIX, era de curso normal ya en los años sesenta del XX. Entre los fundadores de ETA, entre los mejores euskaltzales de la época, entre dirigentes del PNV, ANV etc, encontramos una mezcla natural de apellidos y una nueva concepción de la etnica vasca. Que no era, y es, otra que la voluntad individual de ser política, social y culturalmente vascos. En esta voluntad, que “nacionalizaría” vascos a muchos españoles, es muy importante la actitud política y social, en favor de la causa vasca: la independencia, el idioma, el respeto a las costumbres etc.

Entre los militantes de aquella época hay numerosos ejemplos de mezcla de apellidos, que tal vez no hubieran podido ser miembros del primer nacionalismo, pero si de los siguientes y desde luego militantes activos de la causa vasca. Baste citar a dos viejos conocidos de este blog: Krutwig y Txillardegi. Ninguno de los dos podía “presumir” de cuatro primeros apellidos vascos, pero si de haber hecho un esfuerzo considerable en el aprendizaje y maestría del euskera. Y de haber militado políticamente en la arriesgada lucha independentista vasca, teorizando al mismo tiempo su propia actitud frente al euskera, como condición mínima, no para ser vasco de raza o de apellidos, pero si para ser considerado nacional vasco. Entendiendo esto último como elección consciente e individual, libre y militante de una causa política, social y cultural. Euskera incluido.

A pesar de que en la sociedad vasca se puedan dar casos de xenofobia y rechazo a los emigrantes, similares a la de la sociedad española o francesa, es muy difícil encontrar racismos o socioracismos históricos, como los que conocemos en la Europa de los años fascistas, o en los EEUU, Sudáfrica etc. Ni siquiera en Sabino Arana, al que los analistas (?) españoles se complacen en llamar racista a todas horas o mas actualmente en Txillardegi, es posible probar racismo. En el sentido de superioridad racial que se ha practicado en otros lugares (incluida la España histórica). Dos conocidos historiadores catedráticos españoles (Solozábal y Corcuera) en sus respectivas tesis doctorales llegan a la conclusión de que el aranismo pudo ser un nacionalismo racial defensivo. Pero no un racismo de superiodidad, ni siquiera como el español de Primo de Rivera, con creencias providencial y apetencias imperiales, incluidas. En cambio los vascos, como dice Joxé Azurmendi, no tienen imperio y así está bien. Lo suyo es la libertad.

Finalmente,si tenemos en cuenta la importante aportación de los emigrantes, reconocida sin ningún reparo por todos los vascos, la integración y aportación de los nacidos de matrimonios mixtos, de los propios hijos de emigrantes, de los etorberriak de cualquier color y condición, no cabe duda que la sociedad vasca se parece mas a las que valoraba Josué de Castro en los años veinte, que a la excluyente del fascismo muchas veces racista de hispanos o galos. Hay muchos que sostienen que sin la integración absoluta de los resultados étnicos de la emigración, la ejemplar capacidad de lucha y respuesta (incluída la armada) de los vascos al Estado español, no hubiera sido la misma. Pero al margen de esto, sin duda ha sido el componente creado por el nacionalismo (con todos los errores y desviaciones que se quiera) el que abrió una época, a finales del XIX, de conciencia y capacidad de reacción nacional y social,que todavía dura.

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