"En la Antigüedad, incluso durante los primeros siglos del cristianismo,
los amantes de un mismo sexo estaban integrados a la sociedad, y
por ende a la iglesia."
Ante la matanza de Orlando, Thierry Meyssan recuerda que el conflicto
entre el Emirato Islámico (Daesh) y la República Árabe Siria es
en primer lugar una lucha entre dos formas de sociedades: la primera,
bajo el dominio de los hombres, mientras que la segunda reconoce
los mismos derechos a todos. El autor también recuerda que
la civilización siria tiene una larga –e ignorada– historia de
integración de los homosexuales, historia que Daesh pretende destruir.
La
matanza de Orlando ha sacado a la luz el tratamiento que el Emirato
Islámico (Daesh) reserva a los homosexuales. Sin embargo, el asesino que
se identificaba como miembro de ese grupo terrorista era al mismo
tiempo cliente de la discoteca gay y había tenido relaciones sexuales
con al menos otro cliente. Parece, por consiguiente, que su intención
era atacar una discoteca, no una discoteca gay.
Desde un punto de vista etnológico, la condena de la homosexualidad
en nombre de esas religiones viene acompañada de una visión de la
sociedad donde los hombres dominan a las mujeres y no existe en las
sociedades donde todos los individuos gozan de los mismos derechos.
El Emirato Islámico y el partido Baas: dos concepciones de la sociedad
Como ya escribí, hace un año,
«el apoyo que ha encontrado [el Emirato Islámico] entre ciertos sirios no tiene nada que ver con el Corán ni con la lucha de clases. Es la rebelión de un modo de vida que está desapareciendo, de una sociedad violenta y dominada por los hombres contra un modo de vida donde se respeta a las mujeres y se abre la puerta al control de la natalidad [1].
A partir de ahí, la matanza de homosexuales se ha convertido para los yihadistas en un argumento destinado a «conquistar los corazones y las mentes».
El jefe de los negociadores de los «moderados» en las
negociaciones de Ginebra, Mohamed Aluche, se dio a conocer arrojando de
los techos de Duma, localidad de las afueras de Damasco, personas
acusadas de homosexualidad, pero su historial no ha causado la menor
protesta de parte de sus padrinos occidentales. Su grupo –el Ejército
del Islam (Yesh al-Islam)– está financiado por Arabia Saudita y dirigido
en el plano militar por consejeros militares británicos, y el propio
Mohammed Aluche estuvo asesorado permanentemente en Ginebra por el
encargado de negocios de Francia en Siria. Ese diplomático francés
–no olvidemos que Francia es una República laica– incluso intervino para
que el hotel suizo donde se alojó la oposición «moderada» retirara cuadros y cubriera estatuas cuya desnudez podía perturbar a este «demócrata»
modelo. Claro, este diplomático francés –quien, por cierto, vive como
pareja con otro diplomático del mismo sexo– probablemente estima que los
crímenes de Mohammed Aluche son menos graves que lo que hace el «régimen de Bachar».
Sin embargo, hoy en día, en el mundo árabe –minoritario en relación
con toda la población musulmana a través del mundo– sólo Siria, el
sultanato de Omán y algunos miembros de los Emiratos Árabes Unidos
aceptan la homosexualidad.