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2016/06/30

LAS MUJERES PALESTINAS, BASTION DE LUCHA Y DE DIGNIDAD

"Las mujeres palestinas son resistentes a una triple opresión: principalmente, la generada por la ocupación israelí pero, también, por la causada por el patriarcado y, de forma muy relevante, la opresión generada por la mirada occidental que las recluye a su papel más doméstico, negándoles todos los espacios públicos que, de hecho, tradicionalmente han venido ocupando."

Bastión de lucha y de dignidad, las mujeres palestinas son una inspiración y un ejemplo para las mujeres y los hombres que soñamos con un mundo mejor.

“Feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas” Angela Davis

Las mujeres palestinas son resistentes a una triple opresión: principalmente, la generada por la ocupación israelí pero, también, por la causada por el patriarcado y, de forma muy relevante, la opresión generada por la mirada occidental que las recluye a su papel más doméstico, negándoles todos los espacios públicos que, de hecho, tradicionalmente han venido ocupando. Ellas han estado presentes en todos los sectores de la sociedad: en las asociaciones, en el trabajo, en los partidos políticos, en las manifestaciones, en los mercados…

Ante la necesidad de cambio del modelo social patriarcal actual a uno más justo e equitativo, son necesarias acciones que nos aparten de la mirada androcéntrica y colonial que ha infrarepresentado, ocultado y desvalorizado a las mujeres a lo largo de la historia, a través de estereotipos que han perpetuado la desigualdad entre hombres y mujeres.

Con el proyecto Mujeres Rumbo a Gaza pretendemos visibilizar a las mujeres palestinas como agentes activos, a lo largo de la historia, en la resistencia y en la lucha contra la ocupación de Palestina.

Las mujeres palestinas promueven y protegen el patrimonio cultural de su pueblo. Ellas desafían el toque de queda, el bloqueo y las balas. Ellas organizan y prestan servicios de educación y salud en aldeas y campos de población refugiada. Ellas construyen casas para los niños y las niñas huérfanas. Ellas conducen el boicot a la entidad sionista. Ellas organizan cocentraciones y marchas para exigir la liberación de sus familiares y amigas de las cárceles israelíes. Ellas salen a las calles en protesta por la brutalidad de la ocupación militar israelí y del bloqueo; resiste a la fuerza ocupante y se niega a permanecer en silencio.

Las mujeres palestinas son todas las mujeres que plantan sus campos, todas las que defienden sus tierras. Son las miles de mujeres palestinas que continúan firmes a pesar de las opresiones. Son el gran número de mujeres que sueñan con el regreso a Palestina. Son las muchas luchadoras que nunca descansan. Son las compañeras de la resistencia, luchadoras y el símbolo de la constancia. Son las hijas de Palestina.
Sólo quiero morir en mi tierra, que me entierren en ella; fundirme y desvanecerme en su fertilidad, para resucitar siendo hierba en mi tierra; resucitar siendo flor, que deshoje un niño crecido. En mi país. Sólo quiero estar en el seno de mi patria. Siendo tierra. Hierba. O flor. (Fadwa Tuqan)
Por esos y tantos otros motivos, mujeres libres y combativas de todo el mundo saldremos a navegar para romper el bloqueo a Gaza.

20 de junio de 2016

https://www.boltxe.eus/las-mujeres-palestinas-bastion-lucha-dignidad/

2016/04/17

LA MASACRE DEL POBLADO PALESTINO DE DEIR YASSIN: POR QUE EL MUNDO NUNCA DEBE OLVIDAR por Dr. Lajos Szaszdi

"La masacre de Deir Yassin llevó al éxodo masivo del pueblo palestino en 1948, que huyó de sus tierras que actualmente ocupa el estado de Israel aterrorizado por que le pasara lo mismo que lo que le pasó a los habitantes de Deir Yassin."

Haganah, la milicia paramilitar de autodefensa judía en Palestina, que proporcionó la mayor parte de los fusiles, granadas y municiones usados por los terroristas del Irgún y de la banda Stern en su ataque contra Deir Yassin. Además, pelotones del Palmach, la fuerza de ataque del Haganah, proporcionaron cobertura de fuego a los terroristas del Irgún y la banda Stern durante su ataque a Deir Yassin, además de disparar contra los civiles palestinos que huían de la matanza hacia el sur en dirección a la población de Ayn Karim. El Haganah constituiría el núcleo fundacional de las fuerzas armadas israelíes tras establecerse el estado de Israel.

                                  El drama que voy a relatar ocurrió el 9 de abril de 1948 en el poblado de Deir Yassin en Palestina. Este país se hallaba bajo ocupación británica como parte del mandato que la Sociedad de Naciones le confirió a la Gran Bretaña en 1922. En 1918 al final de la Primera Guerra Mundial el Ejército británico derrotó a los turcos conquistando a Palestina, hasta entonces bajo dominio del Imperio Otomano. Aunque el mandato británico de Palestina llegó a su fin el 14 de mayo de 1948, día en que las fuerzas de la Gran Bretaña se retiraron, ya meses antes, las fuerzas sionistas judías en territorio palestino se preparaban para tomar por la fuerza el control de Tierra Santa. La intención de los militantes armados sionistas era impedir que los árabes palestinos declarasen a Palestina un Estado independiente propio, para así crear por la fuerza su deseado Estado de Israel como patria para los millones de judíos de la Diáspora el momento que se retirasen los británicos el 14 de mayo de 1948. El sionismo, el movimiento político internacional que perseguía la creación de un Estado de Israel en Palestina como patria y refugio para los judíos de todo el mundo, incrementó sus esfuerzos para lograr su objetivo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, impulsado por el genocidio de 6 millones de judíos europeos a manos del régimen Nacional Socialista de la Alemania de Adolf Hitler.

Los protagonistas en los sucesos de Deir Yassin fueron por un lado los habitantes palestinos del poblado atacado, civiles inocentes que incluían hombres y mujeres, niños y ancianos. Por el otro estaban tres grupos de atacantes, todos pertenecientes a grupos armados judíos, de los cuales los más protagónicos en el ataque a Deir Yassin fueron: la banda terrorista sionista Irgún, que se caracterizó por sus atentados terroristas con bomba contra autobuses, contra civiles congregados en paradas de autobús y contra áreas de mercado llenas de vendedores y compradores; y la banda terrorista sionista Stern, autodenominada Lehi (siglas que en hebreo significaban Combatientes por la Libertad de Israel) y especializada en cometer asesinatos con la intención, a base de dichos actos terroristas, de forzar la salida de los británicos de Palestina. Cabe recordar que Menachem Begin, futuro primer ministro israelí, Premio Nobel de la Paz y fundador del Partido Likud fue uno de los principales líderes de la banda terrorista Irgún, mientras que Yitzhak Shamir, otro futuro primer ministro israelí, fue uno de los líderes principales de la banda terrorista Stern.

El tercer grupo atacante involucrado en los sucesos de Deir Yassin fue el Según se ha relatado, antes de atacar a Deir Yassin, comandantes del Irgún y la banda Stern fueron a ver al comandante del Haganah en Jerusalén, David Shaltiel, en busca de su aprobación del ataque. Shaltiel se opuso inicialmente –se ha dicho– al ataque contra Deir Yassin porque la población palestina había firmado un acuerdo de no agresión con los judíos, pero ante la insistencia de los jefes terroristas, aprobó la operación. Al planearse ésta, se ha escrito que los comandantes terroristas del Irgún y la banda Stern habían acordado expulsar (cometiendo limpieza étnica) a la población palestina de Deir Yassin, localizada al oeste de Jerusalén y que contaba con unos 600 habitantes. Los miembros de la banda Stern habían inclusive sugerido que aquellos civiles palestinos que no huyesen de sus casas fuesen asesinados para aterrorizar a la restante población árabe de Palestina, con la probable intención de provocar una huida masiva de los palestinos de sus territorios, como llegó a ocurrir. 

La mayoría de los terroristas del Irgún y la banda Stern presentes en la planificación del ataque estaban a favor de que se asesinase a todos los habitantes varones de Deir Yassin.

Según un libro relatando los sucesos, el ataque contra Deir Yassin empezó a las 4:30 AM el 9 de abril de 1948, encabezado por unos 132 miembros de las bandas terroristas sionistas Irgún y Stern. Los terroristas atacaron desde tres direcciones, con los miembros del Irgún viniendo por el sur desde el pueblo de Beit Hakenem. Los terroristas de la banda Stern se aproximaron desde el norte mientras que un carro blindado con altoparlantes de los terroristas se acercaba desde el este por la única carretera que iba a Deir Yassin. El plan había sido que al acercase el vehículo blindado a Deir Yassin, se le ordenase a la población a través de los altavoces a que abandonasen su poblado, pero el vehículo cayó en una zanja desde cuya localización por su gran distancia los habitantes palestinos no podían escuchar lo que los terroristas les demandaban. Sin más paciencia, los terroristas dispararon una ráfaga de ametralladora hacia las casas, siendo ésta la señal para tomar por asalto a la población. El grito de alarma “¡Yahud!” (“¡judíos!” en árabe) se propagó por todas las casas de Deir Yassin, pudiendo muchos de los pobladores escapar hacia el oeste, salidos apresuradamente de la cama, corriendo descalzos y envueltos en mantas. Por ejemplo, toda la familia de Mohamed Zeidan logró escapar, siendo éste un rico comerciante que le alquilaba numerosas casas a la población judía de Jerusalén.

Una de las primeras víctimas mortales fue Hayat Halabes, joven maestra palestina de una escuela de niñas en Deir Yassin que residía en Jerusalén pero que se quedó la tarde anterior en el poblado porque el autobús –el número 38- que debió llevarla de vuelta a Jerusalén había sido emboscado por terroristas sionistas. Cuando empezaron a sonar los tiros de los atacantes, la joven Hayat Halabes se vistió apresuradamente, corriendo hacia su escuela de niñas en busca de un botiquín de primeros cuidados médicos y tras tomarlo, se puso una banda en el brazo con la cruz roja y salió corriendo hacia el lugar de donde venían los disparos, pero cayó muerta de bala de manera inmediata a tan solo unos metros de su escuela.

La resistencia de los hombres palestinos de la población fue tenaz, defendiendo sus hogares de manera enconada con las armas que normalmente tenían para la protección de sus familias y propiedad. Tras casi dos horas de tiroteo, los terroristas lograron pasar la primera línea de casas de Deir Yassin, encontrándose los distintos grupos de atacantes en el centro del poblado, donde se abrazaron efusivamente. Hasta el momento los terroristas habían tenido cuatro muertos en el ataque con dos de sus jefes de mayor rango heridos. Tras reunirse en el centro de Deir Yassin el comandante del grupo terrorista Irgún, llamado Giora, dio la orden a los miembros de su grupo que prosiguieran su avance pero en eso cayó herido, lo que enloqueció colectivamente a los terroristas, quienes se lanzaron a atacar con una saña y crueldad que iba en aumento a los habitantes palestinos, cuya resistencia ya iba en cambio decreciendo.

Los terroristas de las bandas Irgún y Stern sacaron a la calle a 35 personas, dos de las cuales eran una pareja de recién casados, llamándose la joven esposa Alia Darwish. Los 35 fueron puestos contra una pared y ametrallados con disparos a quemarropa. Los jóvenes esposos murieron asesinados cogidos de la mano en un último adiós. Fahimi Zeidan, un niño de 12 años que sobrevivió a esta matanza relató lo sucedido: “Los judíos ordenaron a toda mi familia situarse frente al muro, y comenzaron a disparar sobre nosotros. Yo fui herido en el costado; pero casi todos nosotros, los niños, nos salvamos porque pudimos refugiarnos detrás de nuestros padres. Las balas arañaron la cabeza de mi hermana Kadri, de cuatro años, la mejilla de mi hermana Sameh, de ocho, y el pecho de mi hermano Mohamed, de siete años. Todos los demás que estaban con nosotros contra el muro resultaron muertos: mi padre y mi madre, mi abuelo y mi abuela, mis tíos, mis tías y varios de sus hijos”. Los nombres de los miembros asesinados de esta familia fueron los siguientes: “Mahmud Zeidan, Abdi Hassan, Mustafá Zeidan, Hudeh Mustafá, Jadra Zeidan, Tamman Alí, Musleh Alí Musleh, Yusreh Mussa, Mustafá Alí, Shafiq Alí, Miyasseh Muslé, Mohamed Musleh y Azizi Musleh”.

La joven mujer de treinta años Haleem Eid, miembro de una de las familias de renombre de Deir Yassin, fue testigo de otro acto de barbarie y salvajismo por parte de los terroristas al presenciar “a un hombre disparar en el cuello de mi cuñada Salhiyed, que estaba a punto de dar a luz, y abrirle el vientre con un cuchillo de carnicero”. Otra mujer también testigo del crimen, Aiesch Radwaer, trató de sacar al bebé del vientre abierto de la madre, que ya estaba muerta, para salvarlo pero también a ella la mataron.

La adolescente Naaneh Jalil, de dieciséis años y residente de otra casa fue testigo de los crímenes de otro terrorista cuando presenció “a un hombre coger una especie de cuchilla y abrir, de la cabeza a los pies, a nuestro vecino Jamili Hish, y luego dar muerte de la misma forma, en las escaleras de nuestra casa, a mi primo Fathi”. Estos actos de salvajismo sanguinario se cometían casa tras casa, y de acuerdo a los testimonios de los sobrevivientes de la masacre, los actos criminales llevados a cabo por las mujeres terroristas de las bandas Irgún y Stern que participaron en el ataque a Deir Yassin estaban a la par de los crímenes cometidos por los hombres. Casa tras casa los terroristas de las bandas Irgún y Stern cometían asesinatos, violaciones de mujeres y saqueos de la propiedad privada, mezclándose los gritos de las víctimas con los disparos de ametralladora y las explosiones de granadas de mano de los terroristas.

Era la mañana del 9 de abril de 1948. El poblado árabe palestino de Deir Yassin, de unas 600 almas, civiles todos, localizado al oeste de Jerusalén, estaba bajo ataque, invadido por una fuerza inicialmente compuesta por 132 miembros de las bandas terroristas sionistas Irgún y Stern, esta última autodenominada Lehi. Los terroristas sometieron a los habitantes de la población que no habían huido a crímenes horrendos y a todo tipo de vejaciones en una orgía de sangre, saqueos, violaciones y explosiones que destruían las casas de lo que unas horas antes en la madrugada había sido hasta entonces un pueblo tranquilo.

Una superviviente de la masacre de Deir Yassin, Safiyeh Attiyeh de cuarenta años de edad, fue violada por uno de los terroristas, que abrió su pantalón y se lanzó sobre la mujer palestina. La víctima describió lo que pasó: "Yo grité . . ., pero a mi alrededor otras mujeres eran también violadas. Luego nos arrancaron las vestiduras y se divirtieron con nuestros pechos haciendo gestos obscenos. Algunos estaban tan obsesionados por apoderarse de nuestros pendientes, que arrancaban las orejas para ir más rápidos".
Otra mujer testigo, Nazra Assad de 36 años, presenció "a un hombre arrebatarle su pequeñín a su vecina, Salhyed Eissa, arrojarlo al suelo y pisotearlo". La testigo vio al terrorista lanzarse sobre la madre palestina y violarla, sucediendo todo a la vez que los otros terroristas presentes miraban sin intervenir. Cuando terminó de violar a su víctima tras quedar satisfecho, el terrorista la asesinó. Tras esto el asesino echó un colchón encima de los cuerpos sin vida de la madre y su hijo.

La gran mayoría de los testimonios de testigos presenciales de los crímenes cometidos por los terroristas de las bandas Irgún y Stern fueron obtenidos tras interrogatorios llevados a cabo por la Policía británica tras la masacre del 9 de abril de 1948. El director adjunto del Departamento de Investigación Criminal (Criminal Investigation Department) de la Policía británica, Sir R.C. Catling, envió el 15 de abril de 1948 al general Sir Alan Gordon Cunningham, el Alto Comisario de Gran Bretaña en Palestina, un "informe ’secreto y urgente’, con el número 179/110/17/65". En este se hallaban los testimonios oficiales obtenidos tras los interrogatorios de los testigos y el informe de uno de los oficiales de policía ingleses que condujo los interrogatorios de los residentes de Deir Yassin que habían sobrevivido a la masacre.

Este último informe del oficial de policía británico decía: "La mayoría de las numerosas mujeres que he interrogado en vista de reunir informaciones sobre las atrocidades cometidas en Deir Yassin, se han mostrado muy reticentes a relatar su experiencia, en especial en lo que se refiere a la violencia sexual. Sin embargo, no hay duda alguna de que se han cometido numerosas atrocidades sexuales por los atacantes. Varias jóvenes escolares fueron violadas y luego asesinadas, así como ancianas. Todos hablan de una niña que fue, literalmente, partida en dos. Numerosos recién nacidos fueron descuartizados con cuchillos de carnicero… La mayoría de estas personas se halla en tal estado de ’shock’, que son incapaces de comprender qué es lo que realmente sucedió".

A media mañana llegó al poblado palestino el líder de la banda terrorista Irgún en Jerusalén, de nombre Mordechai Raanan, que ordenó a sus hombres destruir las casas donde todavía los habitantes de Deir Yassin ofrecían resistencia. La banda terrorista Irgún se caracterizaba por atacar puestos de control de la Policía británica con explosivos, y de la misma forma los terroristas del Irgún procedieron a ejecutar las órdenes de Raanan dinamitando las casas de Deir Yassin que todavía quedaban en pie y desde donde los habitantes palestinos que se defendían aún les disparaban. El punto desde donde procedía la mayor resistencia contra los terroristas al parecer era la casa del mujtar de Deir Yassin (en árabe el mujtar era la cabeza del poblado, el anciano de mayor autoridad de la población). El jefe terrorista Raanan del Irgún relató lo que pasó después de que sus hombres hicieran volar con explosivos la casa del mujtar de Deir Yassin: "Al cabo de algunos minutos, la casa no era más que un montón de escombros sobre cuerpos destrozados".

La única estructura en el complejo de la casa del mujtar que no pudo ser demolida con explosivos por los terroristas fue el horno de cocer, construido con paredes gruesas y dotado de una puerta de hierro. Dentro del horno se habían refugiado durante el ataque la esposa del albañil Ahmed Eid y varias mujeres que eran sus vecinas. Llenas de terror las mujeres oyeron una voz que les decía que salieran de su refugio –"No hay riesgo", escucharon ellas– pero rehusaron a salir. La hija del mujtar, Shafikah Sammur, se dio cuenta por el acento de que les hablaba alguien que no era árabe.

Los terroristas de la banda Irgún volaron con explosivos más de 15 casas de Deir Yassin. Aterrorizados, los habitantes que no habían huido de su poblado se refugiaban en aquellas casas que no habían sido todavía demolidas con explosivos por los terroristas. Los terroristas sistemáticamente atacaban dichas casas lanzando dentro granadas de mano y rociando sus interiores con tiros de ametralladora, cometiendo atrocidades como habían hecho en casas anteriores. El joven de 18 años Mohamed Jaber relató cómo, estando escondido debajo de una cama, presenció alrededor del mediodía "a los judíos irrumpir en la casa, expulsar a todo el mundo y disparar a continuación sobre el grupo".

En otra casa donde se habían refugiado cerca de una docena de mujeres palestinas, uno de los terroristas judíos que formaba parte de un grupo que entró a la vivienda les gritó en árabe: "¿Cómo desean ustedes morir?". Una mujer de 25 años le imploró que tuviese misericordia y que no las matara tras tirarse al suelo y besarle los pies al terrorista.

Ya había pasado el mediodía y las mujeres refugiadas dentro del horno de la casa del mujtar se resistían a salir. Cuando los terroristas amenazaron con hacer volar con explosivos el horno, las mujeres decidieron abandonar su refugio, siendo la hija del mujtar la primera en hacerlo. Cuando salió y vio las ruinas de su casa, la casa del mujtar, encontró los cuerpos sin vida tanto de su madre como de sus dos hermanos. El ataque de las bandas terroristas Irgún y Stern contra el poblado palestino había terminado. Deir Yassin había dejado de existir.

El jefe de la misión del Comité Internacional de la Cruz Roja en Palestina, que visitó las ruinas de Deir Yassin dos días después de la masacre, estimó que unos 350 hombres, mujeres y niños fueron asesinados en el poblado palestino, según el libro de David Hirst ’The Gun and the Olive Branch’ (’El arma y la rama de olivo’). Hirst da la cifra de 254 habitantes de Deir Yassin "despachados" por los terroristas, similar a la de 240 asesinados en la población que el cuartel general de las fuerzas árabes en la ciudad de Ramala dio por radio tras la masacre. Según uno de los terroristas de la banda Irgún, tanto su grupo como los de la banda terrorista Stern asesinaron a 80 habitantes del poblado después de que el ataque y la resistencia palestina habían acabado. Se ha escrito que los cuerpos de 25 habitantes de Deir Yassin asesinados por los terroristas sionistas fueron tirados en la cantera del pueblo.

Un miembro de la inteligencia del Palmach, la fuerza de ataque de la Haganá (la milicia paramilitar de autodefensa judía en Palestina y futuro núcleo de las fuerzas armadas israelíes), de nombre Meir Pa’il relató la masacre de Deir Yassin de la manera siguiente en un informe reproducido en el libro de Benny Morris ’The Birth of the Palestinian Refugee Problem Revisited’ (’El nacimiento del problema de los refugiados palestinos revisado’):

"Los disidentes [Nota: así eran llamados los miembros de las bandas terroristas del Irgún y Stern por el miembro de la Haganá, debido a que el Irgún se creó como un grupo escindido de la Haganá mientras que la banda Stern fue a su vez un grupo escindido del Irgún] iban por el poblado robando y hurtando todo: Pollos, equipos de radio, azúcar, dinero, oro y más… Cada disidente caminaba por el poblado ensuciado de sangre y orgulloso del número de personas que había matado. Su falta de educación e inteligencia al compararse con nuestros soldados [los milicianos de la Haganá] era aparente… En una de las casas en el centro del poblado fueron congregados unas 200 mujeres y niños pequeños. Las mujeres estaban sentadas en silencio y no dijeron una palabra. Cuando yo llegué, el ’comandante’ [de los terroristas] explicó que ellos tenían la intención de matarlas a todas ellas. . . En la tarde escuché que las mujeres y niños habían sido transportados y liberados en Musrara".

Pero el paradero de los civiles palestinos hechos prisioneros por los terroristas del Irgún y la banda Stern fue incierto. Los terroristas montaron en camiones a los sobrevivientes de la masacre de Deir Yassin que incluían a mujeres y niños y los pasearon triunfales por las calles de Jerusalén Occidental, donde los residentes judíos les insultaron, escupieron y lanzaron piedras. Un miembro de la Haganá observó "tres camiones conducidos lentamente de arriba abajo de la Avenida Rey Jorge V llevando hombres, mujeres y niños con las manos encima de sus cabezas, vigilados por judíos armados con metralletas Sten y rifles". Al parecer estos prisioneros fueron masacrados después de ser paseados en parada. Por ejemplo, Meir Pa’il de la inteligencia de la Haganá informó el día después de la masacre de haber visto a cinco hombres palestinos que habían desfilado por las calles de Jerusalén Occidental y ver después sus cuerpos sin vida tirados en una cantera de un vecindario de la ciudad.

La masacre de Deir Yassin llevó al éxodo masivo del pueblo palestino en 1948, que huyó de sus tierras que actualmente ocupa el estado de Israel aterrorizado por que le pasara lo mismo que lo que le pasó a los habitantes de Deir Yassin. El estado de Israel nació de la tierra ensangrentada de Deir Yassin y del terror que su matanza y destrucción causó, y una paz justa entre los estados de Israel y Palestina tiene que enmendar la limpieza étnica que ocurrió tras la masacre. Una paz sólida entre israelíes y palestinos y una solución política que podría ser de dos estados distintos pero unidos, quizás siguiendo el modelo de Austria-Hungría, solo serán duraderas si se permite el derecho de retorno de los palestinos expulsados en 1948. Que los Hijos de Abraham, judíos y palestinos, hermanados de sangre por la genética moderna, vivan un día en paz y armonía en la Tierra Santa como Dios manda.

 

2016/02/03

LLAMAMIENTO URGENTE EN DEFENSA DEL PERIODISTA PALESTINO QUE ESTA AL BORDE DE LA MUERTE por Carlos Aznárez

"...Al-Qiq, como tantos otros palestinos y palestinas sufre un tipo de detención que se denomina “administrativa”, una figura que permite a las autoridades israelíes mantener bajo custodia indefinidamente a miles de “ ospechosos” sin presentar cargos ni iniciar un proceso judicial, como hacen habitualmente las dictaduras militares."
                              Por favor recuerde su nombre. Se llama Muhammad al-Qiq, tiene 33 años y se está muriendo en la cárcel cumpliendo una huelga de hambre. Es periodista y ejerce la profesión en Palestina, un territorio ocupado y horadado por la violencia del invasor israelí desde 1948. Una nación que ha sufrido todo tipo de atropellos década tras década, y que por estos días asiste a una nueva vuelta de tuerca de la represión sionista contra quienes se rebelan a su dominio. En Gaza y en Cisjordania, miles de jóvenes protestan de diversas formas, y muchos de ellos son asesinados vilmente. Otros son detenidos. Todo ello frente al silencio de la mal llamada   “comunidad internacional” o la manipulación de los medios corporativos, que no es lo mismo pero es igual.

Sin embargo, no todos callan. Muhammad Al-Qiq, como haría cualquier reportero que se respete a sí mismo, venía informando día a día para el canal  “Al Majd”, sobre lo que veían sus ojos y sentía su cuerpo, con sólo dar un recorrido por las calles de Ramalah o de Jerusalén: niños golpeados y detenidos por arrojar piedras contra tanques, mujeres jóvenes asesinadas a las que se les “planta” un cuchillo para justificar el crimen, campos con cultivos de olivos arrasados, casas demolidas por pura venganza, ciudades como Hebrón o campos de refugiadas como Jenín, bloqueados militarmente y su población sufriendo todo tipo de humillaciones.

Precisamente, el informar con objetividad sobre la barbarie israelí, es el “ delito” por el que fue detenido y torturado Al-Qiq hace tres meses en su casa de Ramallah. Numerosas denuncias de organismos de derechos humanos palestinos e internacionales advirtieron que el periodista fue colocado en una posición conocida como la banana -con la espalda sobre una silla y atado de pies y manos por debajo de la misma–, permaneciendo en una posición forzada durante 15 horas en las que sufrió violencia sexual por parte de los interrogadores. Luego de sufrir esas sevicias lo enviaron a una de las tantas cárceles-tumbas que Israel posee para martirizar aún más a un pueblo que no está dispuesto a bajar la cabeza ante su prepotencia.

Pero hay algo más, Al-Qiq, como tantos otros palestinos y palestinas sufre un tipo de detención que se denomina “administrativa”, una figura que permite a las autoridades israelíes mantener bajo custodia indefinidamente a miles de “ ospechosos” sin presentar cargos ni iniciar un proceso judicial, como hacen habitualmente las dictaduras militares. Frente a esta injusticia y convencido de que si no luchaba por su libertad su suerte estaba prácticamente echada, este joven periodista decidió ponerse en huelga de hambre el pasado 25 de noviembre, para denunciar al mundo su situación. A partir de ese momento se intensificaron las medidas represivas y de presión contra el detenido. En dos oportunidades, el 30 de diciembre y el 17 de enero, jueces sionistas prorrogaron su encarcelamiento y rechazaron la apelación presentada por los abogados del Al-Qiq. Su situación de salud comenzó a agrietarse, y en un momento las autoridades israelíes decidieron trasladarlo al centro médico de la ciudad israelí de Afula, donde el colega detenido ratificó su voluntad de continuar la huelga de hambre “hasta conseguir mi libertad”. Si esto no sucediera “estoy dispuesto a morir”, expresó.

2015/11/15

¿EL HORROR EN PARIS ES DIFERENTE AL DE SIRIA, IRAK, PALESTINA Y EL LIBANO? por Carlos Aznarez

"No es misterio para nadie y menos para los devaluados Servicios de Inteligencia francesa, que muchos de los humillados, desempleados y perseguidos por leyes draconianas y racistas que habitaban en la “Banlieue” parisina, fueron cooptados primero por el Frente Al Nusra y luego directamente por el ISIS para que sean parte de la experiencia de sembrar el terror en Siria e Iraq y lo más paradójico es que salieron desde el territorio francés en numerosas ocasiones con el visto bueno de un gobierno que los sintió como sus “soldados de avanzada”."
                      
                             Otra vez Paris se convirtió en un campo de batalla. Decenas de muertos, cientos de heridos y las mismas consignas de respuesta del gobierno francés frente al ataque yihadista que ya se han escuchado en Estados Unidos y España cuando acciones similares generaron idénticas masacres. Frente al horror se quiere responder con más horror, se habla en los titulares de los principales medios con total ligereza, de que “ahora sí empezó la guerra”, o se alimenta la idea (en forma directa o solapada) de que el mundo árabe y musulmán atenta contra la sacrosanta democracia francesa. A sabiendas que la casi totalidad de esa colectividad repudia al ISIS y sus protectores.

Tiene muchísima razón el presidente sirio Bachar Al Assad cuando, después de condolerse por las víctimas de los atentados, recuerda que "Francia conoció ayer lo que vivimos en Siria desde hace cinco años”. Y lo dice precisamente quien en innumerables ocasiones ha intentado -como antes lo había hecho el líder libio Gadaffi- convencer a los gobernantes franceses que no armaran, equiparan logísticamente y costearan con millones de dólares a los ejércitos mercenarios que han sembrado el terror, la muerte y el desesperado destierro de cientos de miles de sirios e iraquíes. En cada ocasión que este mensaje resonaba en los foros internacionales, la posición francesa siempre fue la misma: ratificar su creencia de que exportando la guerra, alineándose con la OTAN y subordinándose ante el mandato imperial monitoreado desde Washington, “el problema sirio”, es decir el tan buscado derrocamiento de Al Assad, iba a ser resuelto.

Está claro que como le ocurriera a los gobernantes derechistas españoles el 11M del 2004, el tiro les salió por la culata. En esa ocasión, el yihadismo, al que España y su alianza con la OTAN habían querido combatir mediante su presencia en Iraq y Afganistán, decidió responder con la misma medicina, y como en París ahora, los que pagan los errores de los poderosos siempre son los ciudadanos de a pie, cuya única culpabilidad, si es que la tuvieran, quizás sea votar y catapultar a la presidencia, a esos asesinos seriales que luego los condenan a la muerte.

Ahora, como ocurriera en el mismo escenario con la masacre de Charlie Hebdo, vuelven a sentirse las tan repetidas consideraciones hipócritas. Todos a la vez, los mandamases europeos prometen más medidas represivas, más censura, más fabricación de armamento para alimentar intervenciones bélicas. Juran que “hoy somos Francia”, en vez de prometer ante las víctimas: “Nos iremos de la OTAN”. Con esas y otras actitudes similares dejan al descubierto que junto con los asesinos de un yihadismo que no representa de ninguna manera al Islam, ellos -los Hollande, Sarkozy, Rajoy, Merkel y quienes los auspician desde el Pentágono, son los principales responsables de estas acciones bárbaras. Las han alimentado persiguiendo hasta el cansancio a los musulmanes de la periferia de Paris y las diversas ciudades francesas, negándole el uso de recintos para hacer sus oraciones o generando allanamientos en las mezquitas donde era común practicar pacíficamente su derecho al rezo. Allí están como ejemplo esas leyes que prohiben desde 2011 el uso del velo y también la pollera islámica y la burka en los espacios públicos, no obligando de la misma manera a ciudadanos franceses que comulgan con el judaísmo. Segregando al mundo islámico y exibiéndolo ante la sociedad francesa como “el enemigo”, de la misma manera que Israel hace con los palestinos desde hace más de seis décadas.

2015/11/01

LA PROXIMA INTIFADA: UNA LUCHA CONTRA LOS BANTUSTANES de Jamal Juma

"...El contexto político, social y económico en su conjunto prepara a la población palestina en el levantamiento. Los partidarios de la solución de dos Estados pierden la esperanza de un estado palestino. La situación económica sigue deteriorándose rápidamente, incluso en la Zona A. El desempleo está aumentando y la desesperación está al máximo. Los palestinos quieren dignidad y un futuro digno, quieren la libertad y la independencia de su nación, y están dispuestos a pagar el precio. Los jóvenes son los protagonistas de esta rebelión. Cada ola de protestas construye nuevas estructuras de resistencia popular."

                                                                       Los recientes acontecimientos en Palestina recuerdan las imágenes de la primera Intifada. Neumáticos quemados en las calles, los jóvenes palestinos, con el rostro cubierto por un keffiyeh, lanzando piedras a los soldados israelíes que les asaltan con gases lacrimógenos, granadas de sonido y munición real. Aldeas palestinas enteras están sitiadas. Los enfrentamientos se extendieron como un reguero de pólvora a través de Jerusalén y otras zonas palestinas en cada lado de la línea verde.

Las causas profundas de la rebelión son siempre las mismas: el régimen israelí de ocupación, el apartheid y la colonización que hace la vida insoportable a los palestinos. Sin embargo, existen diferencias fundamentales entre las rebeliones actuales y anteriores y las acciones de las nuevas milicias de colonos israelíes determinarán cuándo explotará una nueva intifada total.

La diferencia más visible entre la realidad sobre el terreno durante la primera y segunda Intifada es el papel prominente de los ataques de colonos israelíes contra los palestinos. La población de colonos se ha convertido en una milicia bien armada, bien organizada e inspirada ideológicamente. Los colonos saquearon pueblos palestinos y atacaron a los palestinos en las calles, e incluso en el hogar. Entre la muerte el año pasado de Mohammad Abu Khdeir, un joven palestino de Jerusalén quemado vivo, y el reciente incendio de la casa de la familia Dawabsheh en Duma, que causó la muerte de un bebé palestino y sus padres, los colonos han cometido numerosos ataques terroristas contra los palestinos. Israel mantiene y apoya estas milicias fanáticas para llevar a cabo las tareas más viles de su agresión continua y la represión en Cisjordania.

Encerrar a los palestinos en bantustanes
La retórica inicial del primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, de una "guerra total", incluyendo la reocupación de las principales zonas residenciales palestinas en Cisjordania (designados por los Acuerdos de Oslo con el nombre de la zona A), sin duda agradó a estas milicias colonos y sus partidos políticos en el gobierno. Sin embargo, como las agencias de inteligencia y el ejército israelí han señalado rápidamente, un despliegue militar masivo en la zona A no está en los intereses de los colonos, ni en el resto de la clase política israelí. Todos tienen un objetivo común: expulsar la mayor cantidad posible de palestinos de Jerusalén y el resto de la Ribera Occidental y encerrarlos en los bantustanes amurallados que crearon. Este objetivo se sirve mejor al concentrar la presión en estos bantustanes.

De las cuatro brigadas militares adicionales desplegadas en Cisjordania, ninguna se encuentra en las principales ciudades palestinas. A diferencia de la primera Intifada, cuando el ejército hizo uso de una violencia extrema y constantemente patrullando las ciudades palestinas para mantener el control, o durante la re-invasión de Cisjordania por Israel durante la segunda intifada, cuyo objetivo era destruir la la infraestructura de la Autoridad Palestina (AP), en esta ocasión, no es así.

Siguiendo una lógica similar a la que originó las masacres de palestinos en Gaza, los ataques israelíes son desde la “frontera”. Los guetos permanecen bajo control palestino, mientras Israel hace la vida insoportable en el 60% restante de la Ribera Occidental, con la construcción del muro del apartheid, la demolición de viviendas, la destrucción inmediata de 89 comunidades amenazas, negación de acceso al agua, los puestos de control, la confiscación de tierras y los ataques de los colonos.

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