"Somos también parte de una memoria
amplia todavía en construcción o, si se prefiere, memorias parciales,
sectoriales, piezas todas ellas que constituyen una memoria global. Una
memoria que nos impulse a que el daño causado por la Ertzaintza nunca
más vuelva a suceder"
* Las personas que firmamos este artículo, al igual que otros
y otras muchas, también hemos padecido la violencia perpetrada por la
Ertzaintza. Hemos sufrido la muerte de un ser querido, hemos padecido
heridas en cuerpo propio o en el de nuestros familiares, se nos han
aplicado torturas en sus calabozos.
En estas fechas cercanas al aniversario de la muerte de Iñigo Cabacas
sentimos y queremos hacer pública nuestra proximidad y solidaridad con
Manu y con Fina, con los amigos de Iñigo. Queremos aunar nuestra voz a
la suya para denunciar los hechos y demandar a su lado verdad y
justicia. Son fechas, en torno al 5 de abril, fatídico día, en que se
nos abren nuevamente las heridas que también a nosotros nos causó la
Ertzaintza. Se nos abren las heridas de nuevo cada vez que vemos
actitudes de suficiencia ética, de supuesta superioridad moral por parte
de quienes exigen autocríticas teledirigidas hacia otros, pontifican
sobre la verdad o la justicia, pero no asumen que tomaron decisiones
políticas necesarias para que la Ertzaintza torturara, hiriera, incluso
matara. Deciden qué violencias estuvieron mal, porque en el macabro
reverso de la moneda, otras parece ser que estuvieron bien: las
perpetradas bajo sus órdenes y decisiones.
Heridas que no sanan al verificar que se mantendrá en sus puestos a
quienes tuvieron responsabilidades directas en ellas; que se mantendrán
las mortíferas pelotas de goma entre el arsenal a su disposición; que se
podrá recurrir de nuevo a los malos tratos bajo incomunicación si las
circunstancias lo requieren; que echarán mano de instrucciones o
procedimientos brutales para seguir vulnerando derechos humanos si un
interés político lo justifica; que se sucederán los cargos políticos,
turnando el color incluso, pero sin la adopción real de ninguna
responsabilidad.
Heridas que no recibirán el ungüento de la verdad, la justicia
terapéutica, porque las víctimas de la Ertzaintza estamos tan a la cola
en ese maldito ranking de la victimización. Es tan perversa la
ocultación que sufrimos, es tal el fatalismo que nos han llevado a
instalarnos, que en nuestro caso, nos resulta difícil incluso
reconocernos como víctimas. Simplemente no existimos, no somos. No
sufrimos entonces, no lo podemos ya hacer ahora.