"Cuando la enfermedad mental se puede ubicar y explicar en términos biológicos no se trata de enfermedad mental sino de enfermedades del cerebro (envejecimiento cerebral patológico, epilepsia...) que en el universo de enfermedades psiquiátricas son una pequeña minoría: la gran mayoría de casos desborda groseramente las teorías biologicistas."
«Una tranquilidad de muerte impide toda relación de amor, es una barrera para la creación. Una gran enfermedad. Realizar la ruptura, ir a través de la locura, representa la salvación» (Mary Barnes).
Hoy la psiquiatría vuelve a afirmar, al igual que en sus orígenes, la base biológica de la enfermedad mental. De esta manera parece superar la crítica y las influencias del psicoanálisis, primero, y del movimiento antipsiquiátrico después. La realidad cultural de la persona, así como de las personas y del ambiente que la rodean, quedan relegadas en el mejor de los casos a un distante segundo plano, apareciendo como indiscutible la teoría que afirma que la enfermedad mental, específicamente la «esquizofrenia», es «producto de un desequilibrio químico en el cerebro», tal como sentencla el articulista del diario El Comercio Erick Orbegozo.
Los discípulos del dr. Honorio Delgado, legiones de médicos siempre ansiosos de «curar» a las personas estupidizándolas con lobotomías, electrochoques y sedantes, están alegres al ver cómo las ideas de su maestro toman nuevo vigor. Sin embargo, y en aras de la honestidad intelectual y del bienestar de la gran cantidad de personas que son invalidadas con algún rótulo de anormalidad (bioneurótica, maniaco-depresiva, esquizofrénica y una amplia gama de vocablos de oscura delimitación y significación) es necesario decir que la bioquímica es claramente insuficiente para explicar causalmente la «esquizofrenia» y las llamadas «enfermedades mentales».
El Dr. Honorio Delgado, de quien hace dos años se conmemoraron 25 años de su muerte, no pareció sacar conclusiones correctas de los hechos que todo neurofisiólogo conoce, quizá por la misma estrechez mental -que él confundía con salud mental- que lo hizo ferviente partidario del nazismo y experimentar toda clase de tratamientos (desde shocks insulínicos hasta lobotomías) con sus pacientes del Larco Herrera, a varios de los cuales asesinó con absoluta impunidad.
Hablar de un desequilibrio bioquímico como causa de la «esquizofrenia» implica ignorar u olvidar que no existe noción de equilibrio como algo estable y estático. El neurofisiólogo francés Paul Chauchard, en su obra «El cerebro y la conciencia», afirma que «el equilibrio es un estado inestable, una fatigosa autorregulación en continuo desarreglo». Afirma además que el funcionamiento cerebral es de origen reflejo, es decir que la excitabilidad de las neuronas reaccionan a los estímulos exteriores. Explica la mente como una distribución fluctuante de excitaciones e inhibiciones neurónicas, donde las ondas eléctricas son un síntoma de perturbación de la materia viva que se traduce en modificaciones químicas.
Si entendemos que el cerebro es el órgano que hace posible que exista la mente, y que ésta es una proyeccion del exterior, y si aceptamos que una sociedad (sobre todo si tiene pretensiones totalitarias) condiciona la mente de las personas de acuerdo a sus intereses, entenderemos la posición del Joseph Berke, antipsiquiatra estadunidense, quien declara que la esquizofrenia no existe como condición sino como etiqueta que se aplica a algunas personas por mostrar conductas experiencias que no encajan en una determinada realidad social o microsocial; o la del Dr. David Cooper, quien señala que la enfermedad no está en una persona sino en un sistema relaciones del cual el considerado «loco» forma parte.
De esto se sigue que la enfermedad mental no existe. Cuando la enfermedad mental se puede ubicar y explicar en términos biológicos no se trata de enfermedad mental sino de enfermedades del cerebro (envejecimiento cerebral patológico, epilepsia...) que en el universo de enfermedades psiquiátricas son una pequeña minoría: la gran mayoría de casos desborda groseramente las teorías biologicistas.