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2017/03/22

VENCER A LAS TORTURAS por Iñaki Gil de San Vicente

"La impo­si­bi­li­dad de comu­ni­car el terror sufri­do que nos ha extir­pa­do las pala­bras, esta no tor­tu­ra, este silen­cia­mien­to total cor­ta de raíz la con­ti­nui­dad y la actua­li­za­ción de la memo­ria popu­lar (...) diná­mi­ca que avan­za de la angus­tia para lle­gar al terror pasan­do por el mie­do y cómo ese desa­rro­llo deter­mi­na la sub­je­ti­vi­dad social."
 
 
 
 
  1. Pre­sen­ta­ción
  2. Un poco de his­to­ria
  3. La tor­tu­ra como metá­fo­ra
  4. Tor­tu­ras en Eus­kal Herria
  5. El ofi­cio de tor­tu­ra­dor
  6. Ven­cer a las tor­tu­ras
 
          Bal­se­ro­ren­tzat eta tor­tu­ra­tu dituz­ten guz­tien­tzat
La memo­ria his­tó­ri­ca, acom­pa­ña­da de una briz­na de sen­ti­do crí­ti­co, siem­pre ha hecho tem­blar a los pala­di­nes del orden públi­co. Ade­más hay que cons­ta­tar que la memo­ria es inú­til y poco ren­ta­ble en una socie­dad basa­da en el dine­ro y el con­su­mo. 
El tra­ba­jo de la memo­ria con­lle­va nor­mal­men­te la crí­ti­ca en su seno: la his­to­ria nos ense­ña que lo que hoy pare­ce inmu­ta­ble no lo es siem­pre. La his­to­ria nos ense­ña que nada está fijo y que nin­gu­na socie­dad, nin­gún impe­rio es eter­no.
Prohi­biendo y pri­van­do a la juven­tud de este tra­ba­jo de memo­ria algu­nos tra­tan tam­bién de ocul­tar este aspec­to. En su obra Pri­son­niers de gue­rre Alleg nos dice: Lo que les moles­ta no es la tor­tu­ra sino que se sepa que se prac­ti­ca1

Presentación

 
Antes de seguir es con­ve­nien­te saber que los casos de tor­tu­ra pro­ba­dos en Eus­kal Herria suman ya 5.657 según Eus­kal Memo­ria2 y que la Coor­di­na­do­ra para la Pre­ven­ción y Denun­cia de la Tor­tu­ra (CPDT) en su Infor­me de 2015 docu­men­ta 232 casos de tor­tu­ra en el Esta­do espa­ñol3. A fina­les de 2014 la CPDT cons­ta­tó que entre 2004 y 2014 hubo 6.621 denun­cias por tor­tu­ra y tra­tos deni­gran­tes, 833 per­so­nas muer­tas bajo cus­to­dia del Esta­do, y que, sin embar­go, entre 2001 y 2012 las con­de­na­das por diver­sos hechos de vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal son 752, la mitad de ellas como deli­to de fal­tas4. Hay que tener en cuen­ta que no se denun­cian todas las tor­tu­ras por razo­nes varias, la fun­da­men­tal es el mie­do a las repre­sa­lias.
 
Dicho esto, pode­mos pasar a la defi­ni­ción de la Con­ven­ción con­tra la Tor­tu­ra, en su reso­lu­ción 39/46 de 10 de diciem­bre de 1984, en el artícu­lo 1, dice así:
A los efec­tos de la pre­sen­te Con­ven­ción, se enten­de­rá por el tér­mi­no tor­tu­ra todo acto por el cual se infli­ja inten­cio­na­da­men­te a una per­so­na dolo­res o sufri­mien­tos gra­ves, ya sean físi­cos o men­ta­les, con el fin de obte­ner de ella o de un ter­ce­ro infor­ma­ción o una con­fe­sión, de cas­ti­gar­la por un acto que haya come­ti­do, o se sos­pe­che que ha come­ti­do, o de inti­mi­dar o coac­cio­nar a esa per­so­na o a otras, o por cual­quier razón basa­da en cual­quier tipo de dis­cri­mi­na­ción, cuan­do dichos dolo­res o sufri­mien­tos sean infli­gi­dos por un fun­cio­na­rio públi­co u otra per­so­na en el ejer­ci­cio de fun­cio­nes públi­cas, a ins­ti­ga­ción suya, o con su con­sen­ti­mien­to o aquies­cen­cia. No se con­si­de­ra­rán tor­tu­ras los dolo­res o sufri­mien­tos que sean con­se­cuen­cia úni­ca­men­te de san­cio­nes legí­ti­mas, o que sean inhe­ren­tes o inci­den­ta­les a estas5.
Para los fines de nues­tra ponen­cia esta defi­ni­ción de la tor­tu­ra, sien­do váli­da en su denun­cia del papel del Esta­do en gene­ral, tie­ne sin embar­go una limi­ta­ción que ire­mos des­cu­brien­do en las pági­nas que siguen. Nos refe­ri­mos a que en la vida dia­ria, en las explo­ta­cio­nes y opre­sio­nes de todo tipo, es muy sutil y tras­pa­sa­ble la fron­te­ra que sepa­ra a un amplio y cre­cien­te con­jun­to de pre­sio­nes, ame­na­zas, chan­ta­jes, malos tra­tos, etc., psi­co­ló­gi­cos y físi­cos, visi­bles e invi­si­bles, con efec­tos des­truc­to­res no inme­dia­tos sino media­tos y has­ta a lar­go pla­zo, para ter­mi­nar en las mil for­mas de tor­tu­ra no reco­no­ci­das ofi­cial­men­te.
 
Deci­mos esto por­que, por deba­jo de los acuer­dos inter­na­cio­na­les entre Esta­dos, exis­ten otras reali­da­des más oscu­ras, amar­gas y trá­gi­cas, en las que ope­ran múl­ti­ples vio­len­cias fre­cuen­te­men­te sen­ti­das por sus víc­ti­mas como tor­tu­ras. Son ellas las que hacen de las refle­xio­nes crí­ti­cas sobre las tor­tu­ras una fuen­te de pen­sa­mien­to como dice Alfon­so Sas­tre6. Por­que es cues­tión de pen­sa­mien­to, vamos a emplear un con­cep­to dia­léc­ti­co de tor­tu­ra que nos per­mi­ta mover­nos por los infier­nos de las tor­tu­ras, en plu­ral, y de las pro­fe­sio­nes e ins­ti­tu­cio­nes que faci­li­tan su prác­ti­ca: Hay psi­có­lo­gos que son tor­tu­ra­do­res acti­vos con sus con­se­jos espe­cia­li­za­dos, no son pasi­vos sino que for­man par­te del pro­ce­so ente­ro de la tor­tu­ra7; tam­bién los médi­cos inter­vie­nen direc­ta8 o indi­rec­ta­men­te en las tor­tu­ras, como vol­vió a con­fir­mar­se en Esta­dos Uni­dos tras los aten­ta­dos del 11-S de 2001.
 
La mejo­ra de las téc­ni­cas de tor­tu­ra es tan vie­ja como ella mis­ma y res­pon­de al hecho de que pese a toda su vio­len­cia des­truc­to­ra, siem­pre ha habi­do per­so­nas que la han aguan­ta­do, al menos no con­fe­san­do lo fun­da­men­tal. Una de las mejo­ras intro­du­ci­das por el capi­ta­lis­mo tenía y tie­ne el obje­ti­vo de lle­var la tor­tu­ra al inte­rior de la per­so­na, a sus más ínti­mos sen­ti­mien­tos para rom­per su iden­ti­dad: este es el papel de la psi­co­lo­gía, de la psi­quia­tría, del psi­co­aná­li­sis y de la medi­ci­na en gene­ral antes, duran­te y des­pués de las sesio­nes de tor­tu­ra. Aun así, no siem­pre triun­fan.

Un poco de historia

Las tor­tu­ras se han ido endu­re­cien­do y mul­ti­pli­can­do en sus con­te­ni­dos y for­mas según lo exi­gían las nece­si­da­des de las cla­ses explo­ta­do­ras. Una de las pri­me­ras prác­ti­cas sis­te­má­ti­cas en este sen­ti­do deci­si­vo es la del Anti­guo Egip­to. P. Reader9 nos expli­ca la quín­tu­ple impor­tan­cia que tuvo el faraón Keops (-2589 a -2566) en el muy racio­nal y pen­sa­do sal­va­jis­mo de las tor­tu­ras.
 
Una lec­ción con­sis­te en la actua­li­dad de muchos de sus méto­dos ya que una de las tor­tu­ras que se apli­ca­ban en el Egip­to Anti­guo a los escla­vos fuer­tes y rebel­des era de la atar­los y azo­tar­les las manos y las plan­tas de los pies: esta mis­ma tor­tu­ra sigue prac­ti­cán­do­se tras más de 4606 años, como lo hemos expe­ri­men­ta­do en la prác­ti­ca y lo con­fir­man cien­tos de decla­ra­cio­nes. Quie­re esto decir que por deba­jo de las suce­si­vas mejo­ras en las tor­tu­ras, estas man­tie­nen sin embar­go una iden­ti­dad esen­cial: hacer daño, cau­sar dolor, pro­vo­car sufri­mien­to en la per­so­na tor­tu­ra­da, y ate­mo­ri­zar, gene­rar el mie­do a sufrir­las en las per­so­nas que le cono­cen o que se ente­ra­rán que ha sido some­ti­da a tor­men­tos.
 
Dos, Keops tor­tu­ra­ba a los escla­vos de mane­ra sofis­ti­ca­da por­que inten­ta­ba que no murie­ran bajo los tor­men­tos ya que le eran más úti­les como fuer­za de tra­ba­jo viva, más ren­ta­bles, has­ta que morían por puro ago­ta­mien­to, ham­bre o enfer­me­dad. En la his­to­ria de las tor­tu­ras espa­ño­la ha habi­do fases en este sen­ti­do: duran­te la Inqui­si­ción las muer­tes por tor­tu­ras no impor­ta­ban mucho, ni tam­po­co duran­te las dic­ta­du­ras; en la lla­ma­da demo­cra­cia los tor­tu­ra­do­res deben andar con más cui­da­do. Pero la lec­ción fun­da­men­tal de Keops es que las socie­da­des que tie­nen poca fuer­za de tra­ba­jo explo­ta­ble, o pocas escla­vas y escla­vos han de man­te­ner­los vivos en la medi­da de lo posi­ble para expri­mir­les has­ta el últi­mo alien­to. Las tor­tu­ras no debe des­truir la fuer­za de tra­ba­jo por­que serían rui­no­sas.
 
Tres, las tor­tu­ras tam­bién ser­vían a la pro­to-cien­cia del momen­to ya que los escla­vos sufrían tre­pa­na­ción para inves­ti­gar sus cere­bros a fin de sanar los dolo­res de cabe­za de sus amos. Esta prác­ti­ca, como vere­mos, fue de nue­vo recu­pe­ra­da en el capi­ta­lis­mo por los nazis y los mili­ta­ris­tas japo­ne­ses, y más tar­de por la CIA para inten­tar aplas­tar a Viet­nam y pro­du­cir ase­si­nos men­tal­men­te pro­gra­ma­dos median­te elec­tro­dos intro­du­ci­dos en su cere­bro; aho­ra tam­bién se pue­den intro­du­cir detec­to­res a dis­tan­cia en el cuer­po del tor­tu­ra­do para, una vez dro­ga­do, dejar­lo en liber­tad y seguir sus pasos. Con cier­tas dife­ren­cias, estas tor­tu­ras en su for­ma mor­tal tam­bién se apli­can con­tra niños y niñas de los paí­ses empo­bre­ci­dos extir­pán­do­les órga­nos que lue­go se ven­de­rán en el mer­ca­do de la salud pri­va­da capi­ta­lis­ta.
 
Cua­tro, Keops ela­bo­ró un varia­do sis­te­ma repre­si­vo: si un escla­vo ata­ca­ba a un vee­dor o capa­taz, otros cien reci­bían vein­ti­cin­co lati­ga­zos, de este modo logra­ba que se espia­sen y dela­ta­sen entre ellos. Es un méto­do repre­si­vo adap­ta­do a las escue­las fran­quis­tas para per­se­guir la len­gua vas­ca: la niña o niño pilla­do hablan­do eus­ka­ra reci­bía un aro que se con­ver­tía en cas­ti­go al final del día si no se lo pasa­ba a otra niña o niño al que oía hablar su len­gua mater­na, así se vigi­la­ban, repri­mían y dela­ta­ban para no sufrir el cas­ti­go.
 
Y cin­co, las tor­tu­ras dosi­fi­ca­das para man­te­ner vivos a los escla­vos se con­ver­tían en exter­mi­nio masi­vo cuan­do estos se suble­va­ban: enton­ces no había pie­dad ni per­dón. Tras aplas­tar una rebe­lión el gene­ral Mel-Ra tor­tu­ró has­ta la muer­te a diez de sus diri­gen­tes con una cruel­dad inhu­ma­na pero muy medi­ta­da por­que se obli­gó a otros escla­vos a par­ti­ci­par en los tor­men­tos has­ta que los diri­gen­tes morían. El más cono­ci­do, Zagah, duró vein­ti­dós días. Esta quin­ta carac­te­rís­ti­ca es una cons­tan­te en la his­to­ria: las tor­tu­ras y otras for­mas de vio­len­cia se apli­can con cier­ta mesu­ra, inclu­so se prac­ti­ca el palo y la zanaho­ria pero has­ta un lími­te insal­va­ble: las tor­tu­ras se con­vier­ten en masa­cre masi­va cuan­do los opri­mi­dos quie­ren rom­per sus cade­nas.
 
En la épo­ca de Keops la mayo­ría inmen­sa de escla­vas y escla­vos pro­ve­nían de los pue­blos inva­di­dos. La sofis­ti­ca­ción egip­cia del sis­te­ma repre­si­vo y de la tor­tu­ra indi­ca, al menos, dos cosas: una, que Egip­to encon­tra­ba difi­cul­ta­des para dis­po­ner de más escla­vos para sus­ti­tuir a los que morían, lo que podría indi­car la fuer­te resis­ten­cia de los pue­blos a la ocu­pa­ción egip­cia; y otra que, ade­más, esa sofis­ti­ca­ción era nece­sa­ria por­que las escla­vas y escla­vos debían inten­tar rebe­lar­se colec­ti­va o indi­vi­dual­men­te con algu­na fre­cuen­cia a pesar de los tor­men­tos: por tan­to, aun estan­do muy desa­rro­lla­dos no debían ser todo­po­de­ro­sos.
 
Sal­van­do las dis­tan­cias espa­cio-tem­po­ra­les, las lec­cio­nes del Egip­to Anti­guo son váli­das para el pre­sen­te, sobre todo la de los lími­tes de la efec­ti­vi­dad de la tor­tu­ra. Como tam­bién pue­de ser­lo el del pro­ce­so de for­ma­ción de poli­cías y tor­tu­ra­do­res. Los egip­cios sin­tie­ron cier­ta repug­nan­cia a emplear nacio­na­les para este ingra­to ofi­cio, como lo indi­ca que el nom­bre que daban a la poli­cía, ya en una épo­ca tar­día como el impe­rio nue­vo, era el mis­mo con el que desig­na­ban a tri­bus suda­ne­sas, aun­que más ade­lan­te, en la últi­ma épo­ca pare­ce que había tam­bién egip­cios10. Pare­ce que no fue el úni­co pue­blo que se resis­tió a emplear tor­tu­ra­do­res y poli­cías de su mis­ma nacio­na­li­dad, por ejem­plo los grie­gos.
 
Tal vez la razón fue­ra que toda­vía no se habían desa­rro­lla­do ple­na­men­te las cla­ses socia­les y per­vi­vie­ra aun cier­ta iden­ti­dad colec­ti­va que no acep­ta­ba poli­cías autóc­to­nos. En Roma, por ejem­plo, solo podían ser tor­tu­ra­dos los escla­vos, no los ciu­da­da­nos por muy cam­pe­si­nos empo­bre­ci­dos y rebel­des que fue­ran: a estos se les mata­ba rápi­da­men­te. En la Comu­ni­dad Autó­no­ma Vas­ca o Euz­ka­di tam­bién se han prac­ti­ca­do tor­tu­ras autóc­to­nas pre­fi­rien­do los méto­dos que no dejan mar­ca […] su peri­cia en la apli­ca­ción de méto­dos psi­co­ló­gi­cos11, como vere­mos más ade­lan­te. Es la expan­sión de la pro­pie­dad pri­va­da a cos­ta de la pro­pie­dad colec­ti­va o común la que hace que las cla­ses domi­nan­tes recu­rran a las peo­res bru­ta­li­da­des, tor­tu­ras y vio­len­cias. Y como la pri­me­ra for­ma de pro­pie­dad fue la que con­vir­tió a la mujer en pro­pie­dad pri­va­da del hom­bre, eso expli­ca que la tor­tu­ra sexual fue­ra simul­tá­nea al triun­fo de la pro­pie­dad pri­va­da:
Las deno­mi­na­das nacio­nes y pue­blos civi­li­za­dos han uti­li­za­do la fero­ci­dad sexual como medio para ator­men­tar y dis­ci­pli­nar psi­co­ló­gi­ca­men­te a los pue­blos ocu­pa­dos de todo el mun­do. El espa­ñol vio­ló y mató a cien­tos de miles de seres huma­nos, al igual que Ale­jan­dro Mag­no. Los roma­nos emplea­ron sis­te­má­ti­ca­men­te actos de vio­len­cia eró­ti­ca como un medio para pena­li­zar y per­se­guir a los ple­be­yos. De hecho, los impe­rios deben con­tro­lar a sus súb­di­tos, tan­to en casa como en el extran­je­ro12.
 
Sin mayo­res pre­ci­sio­nes aho­ra, casi al mis­mo tiem­po se desa­rro­lló la pro­pie­dad pri­va­da den­tro de un mis­mo pue­blo, escin­dién­do­se en cla­ses explo­ta­do­ras y explo­ta­das. Para seguir con Egip­to las pri­me­ras luchas de cla­ses inter­nas a la socie­dad egip­cia apa­re­cen al ini­cio de la Dinas­tía V entre el -2494 y el -234513, poco des­pués del faraón Keops, que había aplas­ta­do revuel­tas de pue­blos escla­vi­za­dos, pero que no podía aca­bar defi­ni­ti­va­men­te con sus resis­ten­cias. Esta­ban así dadas las bases para que la lucha de cla­ses en todos sus con­te­ni­dos –patriar­cal, etno-nacio­nal y social– se agu­di­za­ran al son de las con­tra­dic­cio­nes y con ellas las tor­tu­ras y repre­sio­nes. Las cla­ses explo­ta­do­ras apren­die­ron de la his­to­ria: tras el exter­mi­nio de más de 100.000 per­so­nas en Gua­te­ma­la por un gol­pe mili­tar orga­ni­za­do por la CIA en 1954 para impe­dir la refor­ma agra­ria diri­gi­da por un gobier­no demo­crá­ti­ca­men­te ele­gi­do, un gene­ral decla­ró que: Bas­ta con matar al 30% de la pobla­ción para obte­ner la paz14, sin embar­go la resis­ten­cia popu­lar y la lucha gue­rri­lle­ra vol­vie­ron a recu­pe­rar­se.
 
Hay que decir que exis­te una dife­ren­cia sus­tan­cial entre las tor­tu­ras de los pue­blos mal lla­ma­dos pri­mi­ti­vos y las tor­tu­ras de los pue­blos civi­li­za­dos, como la Inqui­si­ción, por ejem­plo, para la que era muy impor­tan­te obte­ner infor­ma­ción de la per­so­na tor­tu­ra­da. Car­los Tupac lo expli­ca así:
N. Davies mues­tra cómo la tor­tu­ra euro­pea tenía un sig­ni­fi­ca­do más pro­fun­do que el que tuvo la tor­tu­ra que prac­ti­ca­ban los iro­que­ses, por ejem­plo, ya que la euro­pea bus­ca­ba arran­car con­fe­sio­nes, lo que le lle­va­ba a alar­gar los tor­men­tos duran­te perio­dos muchí­si­mos más pro­lon­ga­dos, ade­más de que jus­ti­fi­ca­ba esas atro­ci­da­des basán­do­se muchas veces en la más míni­ma insi­nua­ción, sos­pe­cha o prue­ba. Demues­tra cómo los Autos de Fe de la Inqui­si­ción no esta­ban en modo algu­no limi­ta­dos, como lo esta­ban los sacri­fi­cios azte­cas, por un calen­da­rio ritual que impe­día rea­li­zar más de uno al mes, mien­tras que en la civi­li­za­da Euro­pa bas­ta­ba que se hubie­ra reuni­do a un núme­ro de sos­pe­cho­sos para tor­tu­rar, juz­gar y, con toda pro­ba­bi­li­dad, que­mar­los; es decir, era un acto de masas más fre­cuen­te y nor­ma­li­za­do que el azte­ca. Ade­más, resul­ta casi deci­si­vo cons­ta­tar que muchas de las téc­ni­cas de tor­tu­ras de los pue­blos ame­ri­ca­nos pro­vie­nen de los inva­so­res euro­peos, que las impor­ta­ron y las ense­ña­ron con su prác­ti­ca, como que­mar vivas a las per­so­nas. En la suble­va­ción de 1597 de los indios Hua­le, de Geor­gia, con­tra los espa­ño­les por el mal tra­to que reci­bían, fue hecho pri­sio­ne­ro un frai­le al que se le some­tió a una paro­dia de hogue­ra inqui­si­to­rial, pero los indios no pren­die­ron fue­ro a la made­ra15.
 
En la Edad Media, las tor­tu­ras y todas las for­mas de vio­len­cia, mie­do e inti­mi­da­ción eran coti­dia­nas. Según Newark, el cli­ma de mie­do e intri­ga en las cor­tes medie­va­les, era: El cau­di­llo man­tie­ne su poder median­te la ame­na­za de muer­te y des­truc­ción […]. Sobre­vi­vir y triun­far en la cor­te de un cau­di­llo sig­ni­fi­ca com­pe­tir en un rue­do de terror per­pe­tuo. Se nece­si­ta ser una per­so­na extra­or­di­na­ria.
Algu­nos son inte­li­gen­tes, algu­nos son duros y algu­nos están locos16. Más espe­luz­nan­te aún es esta des­crip­ción: En las cos­tum­bres medie­va­les eran corrien­tes los cas­ti­gos cor­po­ra­les horro­ro­sos. Pro­ce­dían de la tra­di­ción ger­ma­na y roma­na, y fue­ron refor­za­dos por la poca fre­cuen­cia del encar­ce­la­mien­to a prin­ci­pios de la Edad Media, y por la amplia publi­ci­dad que se daba a las eje­cu­cio­nes públi­cas como medio para repri­mir el cri­men17.
 
 
Pero la lucha con­tra la tor­tu­ra tam­bién exis­tió en la Edad Media. En la rica Flo­ren­cia de fina­les del siglo XIV se libra­ron áspe­ras luchas de cla­ses que anun­cia­ban ya algu­nas de las cons­tan­tes que se desa­rro­lla­rían pos­te­rior­men­te. El nor­te de Ita­lia fue la cuna prin­ci­pal del capi­ta­lis­mo inci­pien­te, y las cla­ses patri­cias y bur­gue­sías comer­cia­les apli­ca­ban las tor­tu­ras para des­truir las orga­ni­za­cio­nes popu­la­res del movi­mien­to Ciom­pi. La tenaz lucha de los Ciom­pi con­si­guió aca­bar con las deten­cio­nes arbi­tra­rias y con las tor­tu­ras18, ade­más de otras con­quis­tas socio­eco­nó­mi­cas y cul­tu­ra­les.
 
Horst Herrmann des­cri­be con deta­lle los ins­tru­men­tos de tor­tu­ra de la Edad Media, y aña­de: Son millo­nes las muje­res que fue­ron que­ma­das –¡algu­nas en hor­nos epis­co­pa­les!– o tan mal­tra­ta­das por los ver­du­gos que el sol tras­lu­cía a tra­vés de ellas19. Enten­de­mos mejor la fero­ci­dad de estas prác­ti­cas al haber leí­do pági­nas antes que fre­cuen­te­men­te se apli­ca­ba a la víc­ti­ma la tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca que le fue apli­ca­da a Gali­leo en el siglo XVII:
A las víc­ti­mas les eran mos­tra­dos los apa­ra­tos de tor­tu­ra antes de que los ver­du­gos entra­sen en acción. Este pro­ce­der –reco­men­da­do por la Inqui­si­ción como terri­tio– sur­tía efec­tos muy a menu­do. Es un méto­do de com­pro­ba­da efi­cien­cia y se prac­ti­ca hoy en día en muchas salas de tor­tu­ra. Ver, com­pren­der y temer20.
 
Terri­tio quie­re decir inti­mi­da­ción, o sea: tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca pre­ven­ti­va que inten­ta ate­rro­ri­zar a la per­so­na, des­tro­zar su con­cien­cia, anu­lar su volun­tad de resis­ten­cia hacién­do­le que cola­bo­re. Este méto­do ya era emplea­do en la Chi­na Anti­gua, en la que los tor­tu­ra­do­res habla­ban antes con las víc­ti­mas. Gali­leo, que sabía cómo el jesui­ta Belar­mi­no había orde­na­do que­mar vivo a Gior­da­no Bru­no años antes, clau­di­có de pala­bra ante la terri­ble efec­ti­vi­dad de la terri­tio, renun­ció duran­te un bre­ve tiem­po a la ver­dad cien­tí­fi­ca y se libró de las tor­tu­ras físi­cas y tal vez de la muer­te en la hogue­ra, para con­ti­nuar lue­go con sus inves­ti­ga­cio­nes.
 
Las tor­tu­ras masi­vas de la Inqui­si­ción no con­si­guie­ron aca­bar ni con el libre­pen­sa­mien­to e ideo­lo­gía bur­gue­sa, ni con las resis­ten­cias de las muje­res cam­pe­si­nas acu­sa­das de bru­je­ría. Fue el ascen­so bur­gués el que des­bor­dó la inhu­ma­ni­dad medie­val mien­tras que sus­ti­tuía sus ya obso­le­tas for­mas de explo­ta­ción por otras más ade­cua­das. Una tor­tu­ra inhu­ma­na que ha sido aban­do­na­da es la del des­pe­da­za­mien­to21, muy uti­li­za­da por la Inqui­si­ción espa­ño­la; pero gra­cias a la tec­no­cien­cia del tor­men­to, bue­na par­te de sus efec­tos se logran de for­ma lim­pia y bara­ta como vere­mos más ade­lan­te. Por no exten­der­nos, exis­ten muchas tor­tu­ras des­de la Anti­güe­dad que uti­li­zan el agua, y la moder­ni­za­ción de esta tor­tu­ra por Esta­dos Uni­dos22 ha dado pie a un pro­fun­do deba­te que se ha agu­di­za­do al salir Trump en defen­sa de esa for­ma de tor­tu­ra.
 
La expe­rien­cia acu­mu­la­da por la Inqui­si­ción fue un ver­da­de­ro fon­do de sabi­du­ría para los sis­te­mas repre­si­vos impe­ria­lis­tas. Inclu­so un dia­rio espa­ñol de dere­chas ha reco­no­ci­do la impor­tan­cia que tuvo para la CIA la dege­ne­ra­da tor­tu­ra inqui­si­to­rial, y ha sin­te­ti­za­do en diez las tor­tu­ras actua­les que guar­dan algu­na rela­ción con las de la Inqui­si­ción, como la del agua:
  1. ence­rrar a una per­so­na en soli­ta­rio;
  2. la ame­na­za de sufrir dolor es más efec­ti­va que el dolor mis­mo;
  3. las ame­na­zas de muer­tes son inú­ti­les;
  4. si quie­re sobre­vi­vir el tor­tu­ra­do debe con­fe­sar;
  5. el dolor exce­si­vo pue­de lle­var a con­fe­sio­nes fal­sas;
  6. es muy efec­ti­vo cam­biar la per­cep­ción del tiem­po;
  7. for­zar posi­cio­nes incó­mo­das;
  8. hay que ame­na­zar con tor­tu­rar a sus fami­lia­res,
  9. hay que evi­tar momen­tos de tre­gua y lle­var­los a la exte­nua­ción, y
  10. las ame­na­zas fun­cio­nan mejor cuan­do son expli­ca­das racio­nal­men­te23.

La diná­mi­ca socio­eco­nó­mi­ca que expli­ca esta evo­lu­ción no es otra que el len­to ascen­so de la bur­gue­sía y el len­to retro­ce­so del feu­da­lis­mo, como hemos dicho. Son cono­ci­das sufi­cien­te­men­te las tesis de Fou­cault sobre el ori­gen de la vigi­lan­cia, la pri­sión y el cas­ti­go, así que no nos exten­de­mos sobre ellas ni en sus limi­ta­cio­nes24. P. Reader deta­lla el pro­ce­so de I+D+i, por lla­mar­lo así, de la inven­ción de la gui­llo­ti­na duran­te la revo­lu­ción bur­gue­sa fran­ce­sa. Toda­vía en 1784 se tor­tu­ra­ba públi­ca­men­te has­ta la muer­te en París, pero ya se deba­tían entre los círcu­los pro­gre­sis­tas algu­nas ideas para aca­bar con los des­cuar­ti­za­mien­tos y otras tor­tu­ras. Solo muy pocos años des­pués ya fun­cio­na­ba la gui­llo­ti­na, el méto­do cien­tí­fi­co desa­rro­lla­do des­de el siglo XVII fue mejo­ra­do con la gui­llo­ti­na: se emplea­ron cadá­ve­res para hacer las prue­bas por­que se que­ría que tuvie­ra la máxi­ma cali­dad ins­tru­men­tal el día de su estre­no25.
 
La lógi­ca capi­ta­lis­ta del terror con­tro­la­do y supe­di­ta­do a otros medios de coer­ción sor­da, de coop­ta­ción y de apa­rien­cia demo­crá­ti­ca, se iba impo­nien­do. La tor­tu­ra no des­apa­re­ció sino que, como se verá, fue revi­sa­da bajo la racio­na­li­dad tec­noe­co­nó­mi­ca. Marx lo expre­só así en el libro I de El Capi­tal, edi­ta­do en 1867:
Véa­se, pues, cómo des­pués de ser vio­len­ta­men­te expro­pia­dos y expul­sa­dos de sus tie­rras y con­ver­ti­dos en vaga­bun­dos, se enca­ja­ba a los anti­guos cam­pe­si­nos, median­te leyes gro­tes­ca­men­te terro­ris­tas, a fuer­za de palos, de mar­cas a fue­go y de tor­men­tos, en la dis­ci­pli­na que exi­gía el sis­te­ma de tra­ba­jo asa­la­ria­do. No bas­ta con que las con­di­cio­nes de tra­ba­jo cris­ta­li­cen en uno de los polos como capi­tal y en el polo con­tra­rio como hom­bres que no tie­nen nada que ven­der más que su fuer­za de tra­ba­jo. Ni bas­ta tam­po­co con obli­gar a éstos a ven­der­se volun­ta­ria­men­te. En el trans­cur­so de la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, se va for­man­do una cla­se obre­ra que, a fuer­za de edu­ca­ción, de tra­di­ción, de cos­tum­bres, se some­te a las exi­gen­cias de este régi­men de pro­duc­ción como a las más lógi­cas leyes natu­ra­les. La orga­ni­za­ción del pro­ce­so capi­ta­lis­ta de pro­duc­ción ya desa­rro­lla­do ven­ce todas las resis­ten­cias; la exis­ten­cia cons­tan­te de una super­po­bla­ción rela­ti­va man­tie­ne la ley de la ofer­ta y de la deman­da de tra­ba­jo a tono con las nece­si­da­des de explo­ta­ción del capi­tal, y la pre­sión sor­da de las con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas sella el poder de man­do del capi­ta­lis­ta sobre el obre­ro. Toda­vía se emplea, de vez en cuan­do, la vio­len­cia direc­ta, extra­eco­nó­mi­ca; pero sólo en casos excep­cio­na­les26.
Debe­mos enten­der que Marx habla de la excep­cio­na­li­dad de la vio­len­cia direc­ta en una obra dedi­ca­da fun­da­men­tal­men­te a la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca y no tan­to al aná­li­sis de la lucha de cla­ses en su esen­cia polí­ti­ca. Cuan­do Marx y Engels hacen estos aná­li­sis pres­tan más aten­ción al papel de la vio­len­cia direc­ta en la his­to­ria, de modo que su carác­ter excep­cio­nal des­apa­re­ce bajo una aplas­tan­te reali­dad de vio­len­cia reac­cio­na­ria. Quie­re esto decir que la lucha de cla­ses real, la que tie­ne como obje­ti­vo la des­truc­ción del poder bur­gués y la colec­ti­vi­za­ción de sus pro­pie­da­des, es una reali­dad abier­ta o laten­te, pero una reali­dad. Dicho de otro modo: las masa­cres, tor­tu­ras, cár­ce­les y des­tie­rros no garan­ti­zan la vic­to­ria defi­ni­ti­va del capi­tal sobre la huma­ni­dad explo­ta­da.
 
Dos de los casos excep­cio­na­les a los que se refe­ría Marx fue­ron las luchas de libe­ra­ción de Cuba y Fili­pi­nas. No pode­mos expo­ner aho­ra la situa­ción socio­eco­nó­mi­ca de ambos pue­blos a fina­les del siglo XIX, pocos años des­pués de publi­car­se El Capi­tal, así que nos cen­tra­mos en la excep­cio­na­li­dad de las dos luchas y en el papel de la vio­len­cia direc­ta, extra­eco­nó­mi­ca, del terro­ris­mo y de la tor­tu­ra. Duran­te la gue­rra de inde­pen­den­cia cuba­na que con­clu­yó en 1898, murie­ron apro­xi­ma­da­men­te 300.000 per­so­nas de todas las eda­des y sexos; de ellas solo 12.000, un 4% del total, per­te­ne­cían al Ejér­ci­to Liber­ta­dor, mien­tras que el 96% res­tan­te, unas 288.000, eran per­so­nas civi­les, des­ar­ma­das, de las cua­les 260.000 murie­ron de tor­tu­ra, malos tra­tos, ham­bre y enfer­me­dad en los cam­pos de con­cen­tra­ción espa­ño­les siguien­do la estra­te­gia de Recon­cen­tra­ción idea­da por el gene­ral Wey­ler y que se ade­lan­tó a los cam­pos de exter­mi­nio nazis27.
 
En cuan­to a Fili­pi­nas, se cal­cu­la que murie­ron 600.000 per­so­nas de aquel país en la gue­rra de 1898–1910 con­tra la ocu­pa­ción nor­te­ame­ri­ca­na28, que siguió a la lar­ga ocu­pa­ción espa­ño­la. Las tor­tu­ras espa­ño­las habían sido estre­me­ce­do­ras con­tra los pue­blos de Cuba y Fili­pi­nas, como con­tra las demás nacio­nes ocu­pa­das, pero no logra­ron derro­tar sus luchas de libe­ra­ción.

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