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2017/02/07

EL POTENCIAL REVOLUCIONARIO DE LAS PEQUEÑAS NACIONES OPRIMIDAS DE EUROPA OCCIDENTAL por Sugarra Argitalpenak

"Con el desarrollo del capitalismo, en su estadio actual, caracterizado por el predominio del capital financiero y especialmente de sus sectores más parasitarios y especulativos, cuando se ha impuesto la “globalización” y la economía de mercado se ha extendido hasta el último rincón del planeta y en diversas regiones del mismo se están desarrollando procesos de integración imperialista, el capitalismo, las empresas multinacionales y los Estados burgueses, son una auténtica amenaza de aniquilación para las distintas comunidades humanas ya que  promueven la homogeneización y uniformización a ultranza de los distintos pueblos y culturas."
 
Es frecuente que, entre quienes se proclaman marxistas revolucionarios, existan posturas reacias a reconocer la necesidad de que la clase obrera asuma la lucha por la libertad de las naciones oprimidas, considerando que eso es propio de la burguesía o la pequeña burguesía y que si alguna organización comunista lo hiciera, estaría incurriendo en una “desviación nacionalista”.

Quienes sostienen esas posturas de nihilismo nacional, se limitan a “defender”, de una forma meramente retórica, el derecho de las naciones a la autodeterminación, mientras por otra parte sostienen que el fin de la opresión que sufren esas naciones llegará cuando la clase obrera de los Estados dominantes tome el poder en cada uno de ellos.

Es decir que, mientras tanto, la clase obrera de las naciones dominadas tendría que limitarse a esperar a que en el conjunto del Estado o de los Estados opresores triunfase la revolución, sin pararse a pensar que, en buena medida, el desarrollo de un proceso revolucionario de liberación, en una o en varias de las naciones oprimidas, pudiese constituir un auténtico “catalizador” que acelerase el proceso revolucionario en el conjunto del Estado u Estados dominantes.

Luchas de liberación nacional en Occidente
Lenin ya era consciente de la importancia de la lucha de las pequeñas naciones oprimidas para el desarrollo de la revolución en Europa. De hecho, tuvo muy en cuenta la experiencia del levantamiento de Pascua de 1916 [1]. En relación con la lucha de esas pequeñas naciones, decía:

“Los puntos de vista de los enemigos de la autodeterminación llevan a la conclusión de que la vitalidad de las pequeñas naciones oprimidas por el imperialismo ya está agotada, que no pueden desempeñar papel alguno contra el imperialismo, que apoyar sus aspiraciones puramente nacionales no conducirá a nada. La experiencia de la guerra imperialista de 1914-1916 da una refutación concreta a semejantes conclusiones” [2].

Concebía la revolución proletaria en Europa como el efecto de la concurrencia, simultánea y combinada, de diversos factores, entre los que se encontraba la lucha de las pequeñas naciones oprimidas. En ese sentido, afirmaba que:

“… creer que la revolución social es concebible sin sublevaciones de las pequeñas naciones en las colonias y en Europa, sin estallidos revolucionarios de una parte de la pequeña burguesía, con todos sus prejuicios, sin el movimiento de las masas políticamente no conscientes, proletarias y semiproletarias, contra la opresión terrateniente, clerical, monárquica, contra la opresión nacional, etc., creer todo esto equivale a renegar de la revolución social.” [3].

Frente a las posiciones de la socialdemocracia que defendía la necesidad de aprovechar la lucha de liberación nacional de la burguesía colonial contra el imperialismo europeo, mientras menospreciaba la importancia de la lucha de las naciones oprimidas en la propia Europa, Lenin sostenía que:

“La lucha de las naciones oprimidas en Europa, capaz de transformarse en sublevaciones y combates callejeros, de llegar hasta romper la férrea disciplina del ejército y del estado de sitio, “agudizará la crisis revolucionaria en Europa” con fuerza inmensamente mayor que una sublevación mucho más desarrollada en una lejana colonia. Si los golpes son iguales en fuerza, el asestado al poder de la burguesía imperialista inglesa por la sublevación en Irlanda tiene una significación política cien veces mayor que el que se asestara en Asia o en África” [4].  

Con el desarrollo del capitalismo, en su estadio actual, caracterizado por el predominio del capital financiero y especialmente de sus sectores más parasitarios y especulativos, cuando se ha impuesto la “globalización” y la economía de mercado se ha extendido hasta el último rincón del planeta y en diversas regiones del mismo se están desarrollando procesos de integración imperialista, el capitalismo, las empresas multinacionales y los Estados burgueses, son una auténtica amenaza de aniquilación para las distintas comunidades humanas ya que  promueven la homogeneización y uniformización a ultranza de los distintos pueblos y culturas.

El imperialismo europeo

En este contexto, la lucha por la autodeterminación de los pueblos y naciones oprimidas, cobra una importancia especial. Y, en muchas ocasiones, la lucha de clases adopta la forma de una lucha contra la opresión nacional. Esto es lo que ocurre en la Unión Europea, una nueva potencia imperialista en fase de construcción, que lejos de suponer el paraíso de la solidaridad y la democracia como nos han venido diciendo desde hace mucho sus defensores, no es otra cosa que una enorme cárcel de pueblos, un inmenso cuartel, donde la clase obrera y las naciones dominadas, se ven asfixiadas en su lucha por la emancipación social y nacional.

Una Europa “unida” que constituye un verdadero corsé y que se apoya en el aparato militar de la OTAN, creado, armado y financiado por el imperialismo norteamericano, en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, contra los antiguos países socialistas, y que continúa estando listo para aplastar, si fuera necesario, cualquier movimiento popular y/o revolucionario que pusiera en peligro los intereses de la gran burguesía.

Hacia una nueva situación

Pero, hoy día, con el desarrollo imparable de las contradicciones de clase y la agudización del enfrentamiento entre las distintas potencias, se está creando una situación nueva. Una situación que puede llegar a ser favorable para revolución proletaria en Europa y para la Revolución Vasca.

Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU, esta potencia imperialista ha iniciado un repliegue en el plano internacional. Este “enroque” norteamericano responde a los intereses de clase de una fracción de la gran burguesía de aquel país, y puede agudizar enormemente las contradicciones que enfrentan al imperialismo yanqui con algunos de sus, hasta hace poco, aliados europeos.

Al mismo tiempo, todo parece indicar que se van a incrementar enormemente los gastos militares norteamericanos, acentuando considerablemente el peligro de guerra entre EEUU (la potencia económica en declive) y China (la potencia ascendente, que se ha apresurado a ocupar el vacío que está dejando el imperialismo yanqui), lo que explicaría el intento de Donald Trump de acercarse a Rusia para apartarla de su hasta ahora aliada China.

En cuanto a las relaciones entre EEUU y la UE, el apoyo del actual gobierno de Donald Trump al “brexit”, así como a la posible salida de la UE de otros Estados (como podrían ser Austria, Holanda y Francia, dependiendo del avance electoral que puedan experimentar en ellos las fuerzas de extrema derecha y neofascistas); su rechazo a la firma del TTIP entre EEUU y la UE, teniendo en cuenta que ya ha abandonado el TTP; su desentendimiento de la OTAN y la exigencia de que el resto de los Estados miembros contribuyan más a los gastos militares de la alianza; el acercamiento de Turquía (que posee el principal ejército de la OTAN, después de EEUU) a Rusia, y que tras el reciente intento de golpe de Estado también ha manifestado su intención de cooperar con la OCS ; el problema de los refugiados; etc., colocan a la UE en una situación de creciente debilidad económica, política y militar, acentuando aún más su crisis interna.

Los comunistas vascos y del conjunto de los países de Europa debemos prestar una gran atención a la posible evolución de la situación internacional, y prepararnos para aprovechar las contradicciones y enfrentamientos inter-imperialistas para hacer avanzar la lucha de liberación de las naciones oprimidas y la revolución proletaria. 

NOTAS

1.- El Alzamiento de Pascua fue una rebelión que tuvo lugar en Irlanda contra la dominación inglesa. Constituyó el intento más importante de tomar el poder que llevaron a cabo los republicanos para lograr la independencia de Irlanda. Tuvo lugar entre el 24 y el 29 de abril de 1916, cuando parte de los Voluntarios Irlandeses, brazo armado de la Hermandad Republicana Irlandesa (IRB), encabezados por el maestro y abogado Patrick Pearse, así como el pequeño Ejército Ciudadano Irlandés dirigido por el líder sindical James Connolly, tomaron los puntos estratégicos de la ciudad de Dublín y proclamaron la República Irlandesa.

2.- V. I. Lenin. “Balance de una discusión sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación”. O. C. Tomo XXIII. Pág. 474. Akal Editor. Madrid, 1977.

3.- Idem. Pág.476.

4.- Idem. Pág. 477. 
 

2016/11/10

LAS ELECCIONES EN EEUU Y EL TRIUNFO DE DONALD TRUMP por Sugarra Argitalpenak

"...el triunfo de Donald Trump introduce un poderoso factor de incertidumbre en la economía internacional así como en las relaciones interestatales. Lo cual, podría verse reflejado tanto en el mismo interior del actual bloque imperialista hegemónico, hasta ahora capitaneado por EEUU, como en las contradicciones que enfrentan a éste con el bloque ascendente, dirigido por China y Rusia."
 
                       Es sabido que las ideas dominantes, en cada sociedad, son las ideas de la clase dominante. Y, cuando hablamos de ideas, nos estamos refiriendo tanto a los aspectos ideológicos (religiosos, filosóficos, sociales, políticos, etc.) como a los conceptos éticos y a los valores morales.


Pues bien, el triunfo del candidato republicano Donald Trump en las elecciones norteamericanas celebradas ayer, representa el triunfo de los valores más reaccionarios y retrógrados de la ideología burguesa, como son: el individualismo y la insolidaridad, el machismo, el racismo y la xenofobia, etc. Podría decirse que todos ellos representan la decadencia social y la descomposición moral de la actual sociedad norteamericana y de su sistema económico y político.

Pero esto no es todo, sino que el triunfo de Donald Trump introduce un poderoso factor de incertidumbre en la economía internacional así como en las relaciones interestatales. Lo cual, podría verse reflejado tanto en el mismo interior del actual bloque imperialista hegemónico, hasta ahora capitaneado por EEUU, como en las contradicciones que enfrentan a éste con el bloque ascendente, dirigido por China y Rusia.

En cuanto a las relaciones entre los componentes del primer bloque, que podríamos denominar “bloque occidental”, el que EEUU adoptase una postura “aislacionista” o proteccionista, podría repercutir decisivamente en la marcha de las actuales negociaciones sobre el TTIP entre EEUU y la UE.

Igualmente podría afectar a las relaciones entre EEUU y el resto de los países europeos que se integran en la OTAN, especialmente con los países que formaron parte del antiguo “bloque del este” y también con Turquía. En ese mismo sentido, también podría influir en las relaciones entre EEUU y sus principales aliados en Oriente Medio, principalmente con Israel y Arabia Saudita (país con el que sus relaciones ya han sufrido un importante deterioro).

Por otra parte, también hay que tener en cuenta sus posibles repercusiones sobre el desarrollo de las contradicciones inter-imperialistas. Actualmente hay varios escenarios en los que de una u otra forma se enfrentan los intereses geoestratégicos de ambos bloques.

2016/05/05

LOS COMUNISTAS Y LAS MASAS por Sugarra

“...es necesario impulsar los métodos de trabajo abiertos y democráticos, fomentando la participación de todos los compañeros y compañeras, oponiéndonos a las camarillas y a los “cenáculos” que permiten la toma de decisiones por parte de unos pocos y que favorecen el dirigismo y la burocratización.

                                                En primer lugar, queremos aclarar que cuando empleamos el término “masas”, no lo hacemos con un sentido peyorativo o despreciativo, sino en su acepción positiva, como sujeto colectivo de la acción política, oponiéndolo a los comportamientos individualistas, a las concepciones “elitistas” del poder (en el sentido de clase dominante), así como a aquellas actuaciones pseudo-izquierdistas que conducen al aislamiento de los sectores revolucionarios respecto de la gran mayoría trabajadora.

Lenin y Mao emplearon el término “masas” en numerosas ocasiones, añadiéndole algún adjetivo, como “masas trabajadoras”, “masas obreras” o “masas populares”, siendo equiparable dicho término al concepto más reciente de “pueblo trabajador”. Nosotros lo emplearemos, en ese mismo sentido, añadámosle o no el consiguiente adjetivo.

Con este pequeño trabajo, desde SUGARRA, pretendemos exponeros las líneas generales de lo que denominamos línea de masas, que consiste en un conjunto de criterios con los que consideramos debiera abordarse el trabajo práctico entre los diversos sectores populares. Ello es así porque pensamos que la revolución vasca no se hará en un laboratorio y que, para organizarla, es preciso:
 

·       Ir a las masas.

Los comunistas debemos trabajar entre las masas, en todos y cada uno de los lugares en que estas ya se encuentran organizadas, bien sea en sindicatos, asambleas de parados-as, asociaciones de vecinos-as, colectivos de estudiantes, grupos ecologistas, colectivos feministas, asociaciones culturales, grupos de jóvenes, plataformas anti-represivas, etc., etc.

En todos ellos, debemos apoyarnos en los sectores más avanzados de las masas, para hacer avanzar a los intermedios y elevar el nivel político de los más atrasados, con el fin de aislar a los elementos reaccionarios y/o reformistas. Esto implica impulsar, en cada uno de estos ámbitos, corrientes de orientación revolucionaria.

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