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2017/02/23

ENTREVISTA A EUSKAL HERRIA-DONBASS ELKARTASUN KOMITEA por Oscar Diaz

"En lo referente a las características históricas de la Federación Rusa es impensable pretender hacer creer que, aun con sus contradicciones y retrocesos, la impronta e influencia en todos los ámbitos de 74 años de construcción de socialismo de la URSS se hayan diluido en apenas el último cuarto de siglo y muestra de ello es la conmemoración que se hace de la Gran Guerra Patria, exponente de un fuerte sentimiento colectivo de la población."

Esta entevista se publico el 6 de febrero en el blog personal de Oscar Diez, El Bloque del Este (http://oscar-elbloquedeleste.blogspot.com.es)
1.¿Que es Novorossia y qué relación tiene con el Donbass antifascista?
Si a día de hoy la cuestión de Novorossia está encima de la mesa es porque en Ucrania hubo un golpe de Estado y se atacó a la población del Donbass y no tal y como dice la propaganda del Gobierno de Kiev porque detrás estuviese la mano de Rusia o hubiese un proyecto secesionista de antemano. Es cierto que existen unos antecedentes históricos que mas o menos coinciden con la zona que conforman hoy los territorios del Sur y del Este de Ucrania (antigua provincia de Novorossia que incluiría algo mas de la mitad de Donetsk y una muy pequeña parte de Lugansk), y también es cierto que estas zonas no formaban parte de la “Pequeña Rusia” (Malorossia) histórica, a partir de la cual se desarrolla la nacionalidad ucraniana, por tanto la identidad ucraniana es más débil y reciente en estas zonas (se incluyen en una formación ucraniana tras la configuración de la RSS de Ucrania).  Se puede decir que si posee una identidad mas o menos definida en base al orgullo de profesión (mineros y metalúrgicos), pero mas allá de proyectos políticos nacionales estamos ante un espacio geográfico donde confluyen diversas identidades desde hace siglos.
Novorrosia como tal no puede decirse que existe en la actualidad pues las dos Repúblicas que se autodeterminaron en el Donbass, no se han unificado aunque existe un proyecto de confederación. El Ejército ucraniano ha lanzado más de una ofensiva contra la frontera que une a ambas Repúblicas con la intención de frenar esa confederación, cosa que no ha logrado. A día de hoy ambas Repúblicas continúan con la construcción de sus estructuras estatales con un modelo social propio (no falto de contradicciones y tensiones) basado en el sector público, en los que quede de manifiesto la identidad obrera y plurinacional de la población, donde a diferencia del espacio post-soviético no existan oligarquías ni superioridad de empresas extranjeras. Por lo tanto se puede decir que día a día está presente el Donbass antifascista.
2.El imperialismo está muy nervioso y ansioso por acabar con Ucrania y otros lugares como Siria ¿Existen comités que reclamen la lucha antifascista y antiimperialista?
En Euskal Herria como comité de solidaridad con el Donbass ahora mismo solo estamos nosotras, Euskal Herria Donbass Elkartasun Komitea. A comienzos del conflicto se creó en Bizkaia el Comité de Solidaridad con la Ucrania Antifascista con el que mantenemos contacto. Nosotros tenemos relación con los comités de solidaridad de Aragón, Andalucía o Galicia con los que nos hemos coordinado para él envió de material humanitario. No quisiéramos olvidarnos de las distintas organizaciones y colectivos así como de todas aquellas personas que nos han apoyado.

3.Hay muchos compañeros que dicen que la lucha del Donbass es meramente imperialista porque solo está en juego los intereses de Putin y que no hay antifascistas de verdad allí ¿Qué opináis al respecto?
No estamos de acuerdo aunque tampoco vamos a negar la existencia de un choque entre nacionalismos y por lo tanto de la posibilidad de que ocurran o hayan ocurrido por parte de los resistentes situaciones exacerbadas o en las que se hayan aplicado políticas de imposición identitaria. En todo caso quisiéramos aclarar que la principal responsabilidad recae en el Gobierno de Kiev el cual tras el golpe de Estado del Maidan comienza a aplicar medidas para imponer visiones ideológicas derechistas y nacionalistas en consonancia con la ideología de los colaboracionistas fascistas (banderistas) de la II Guerra Mundial, unas políticas que chocan con la identidad tanto cultural como política de la población del Donbass. Conviene aclarar que el Gobierno ruso y Putin siempre manifestaron su inclinación por una Ucrania soberana y federalizada pero que no renegara de sus fuertes vínculos económicos, lingüísticos y culturales con el mundo ruso.     
En cuanto a si hay o no hay antifascistas luchando en el Donbass, comprendemos y hasta cierto punto estamos completamente de acuerdo en que el fascismo tiene sus raíces y su razón de ser en el propio sistema capitalista, por lo tanto la única alternativa real a su fatalidad debería de sustentarse en los principios e ideales socialistas, principios por los cuales entendemos que se debieran de movilizar las antifascistas. Sin embargo no somos quien para negar a nadie la condición de antifascista en caso de que independientemente de movilizarse en favor de una estrategia revolucionaria, anticapitalista, de izquierdas… lo hiciera únicamente para frenar el avance de las fuerzas fascistas o proteger a la población de una agresión militar. Es el caso de quienes en 2014 se alzan en armas en el Donbass contra las agresiones fascistas y del Ejercito ucraniano; no es que consideremos del todo desacertado definir como parcialmente desideologizadas al grueso de sus milicias de autodefensa, pero no se puede olvidar que parte de la identidad de su población se sustenta en los lazos ideológicos con la Unión Soviética y por lo tanto en la memoria de la resistencia antinazi. 
Por poner un ejemplo un tanto desconocido, durante la II Guerra Mundial aquí en el norte de Euskal Herria, en Zuberoa, hubo un maquis de ideología gaullista que hizo frente a la ocupación nazi y pese a las diferencias ideológicas que pudieran existir, resulta difícil no sentir cierta simpatía hacia aquellos resistentes. Lo mismo ocurre en el conflicto del Donbass hacia quienes combaten en las milicias de las Repúblicas. En todo caso y volviendo hacia si hay o no antifascistas de verdad allí y una vez aclarado nuestra visión sobre los combatientes autóctonos, en cuanto a los antifascistas brigadistas internacionales, la decisión de sumarse a las milicias debiera de ser algo que no se tomara a la ligera por las consecuencias que acarrea las cuales ya ha habido solidarios que las han padecido y las padecen como es el caso del brasileño Rafael Lusvarghi… pero bueno al final parece que ningún conflicto está exento del aventurerismo o de cierto halo de romanticismo cuando se trata de defender una causa justa.
 
Junto a todo lo dicho no podemos olvidarnos de que si existen unidades militares que abiertamente se identifican con la tradición antifascista, internacionalista y socialista o comunista como son la Brigada Prizrak (Brigada Fantasma) la cual ha venido mostrando su compromiso con la causa del pueblo del Donbass, sin olvidarnos de la pequeña unidad InterUNIT, que ha combatido desde 2015 hasta hace enero de este mismo año al noroeste de la República Popular de Lugansk. 
En todo caso la visión que se tiene del conflicto y sus protagonistas ha diferido dependiendo de la correlación de fuerzas y de la coyuntura político-militar.

4.¿Hay fascistas gobernando en zonas antifascistas de Ucrania como Lugansk?
Esta es una pregunta o afirmación que frecuentemente se hace desde ámbitos detractores o no simpatizantes con la causa novorrusa (tanto desde liberales mainstream, como de tradiciones de “Izquierda” eurocentrista o antisoviética, por tanto permeables a los prejuicios hacia lo eslavo). Lo que se busca, una vez destrozado el insostenible mito de “democracia naciente agredida por los rusos”, es “demostrar” que “ambos bandos son repugnantes”, ya que “en ambos bandos hay fascistas” (y de ahí sacan el “lógico” corolario de “ambos bandos son reaccionarios”).
Su peso es mínimo, tanto en lo que a la política se refiere, ya que las Repúblicas siguen haciendo un discurso antifascista; como en el peso del total de combatientes que no llegan al 0,5%, además, su batallón más importante, “Rusich”, ha sido expulsado. Se ha hablado mucho de la presencia de estructuras de partido nazbols y fascistas rusos (Unión Eslava) pero aunque sea cierto no parece ni de lejos que su presencia sea determinante. Otra cosa es lo que hacen ciertos analistas, que consideran a cualquier “nacionalista ruso”, “zarista” o “derechista ruso” como fascista. Preferiríamos que no hubiera claro pero diríamos que más bien se manifiestan en torno al nacionalismo-eslavo que bajo premisas y actividades corporativistas o vertical sindicalistas propias del fascismo.
Terminaremos por dar un dato: hay más fascistas de pasaporte ruso luchando con los batallones paramilitares ucranianos, por afinidad ideológica, que con las autodefensas del Donbass por afinidad nacional.
5.¿Consideráis a Rusia o no un país imperialista? ¿Porque?
En la Federación Rusa el sistema económico imperante es el capitalismo con lo que ello conlleva de eso no cabe duda por lo que estaríamos de acuerdo en que entra dentro de su naturaleza la expansión; ahora bien, se trata de un territorio que se encuentra con una posición geoestratégica muy determinada y que reúne unas muy concretas características históricas, incluso culturales, por lo que entendemos que sin tener en cuenta estas cuestiones no es posible comprender su verdadera dimensión.
La Federación Rusa es en la actualidad el lugar del planeta que posee el 40% de los recursos naturales del planeta y las mayores reservas de recursos minerales y energéticos sin explotar. Es el Estado que mayores reservas de gas natural y forestales controla del mundo, el tercer país en producción de carbón y uno de los más importantes productores de petróleo, además tiene una cuarta parte de las reservas mundiales de agua potable. Esto le confiere una posición privilegiada a nivel internacional pero también les convierte en un botín codiciado. Es necesario desterrar la idea de que con el fin de la URSS en 1991 termino aquello que se vino a denominar como Guerra Fría. Si bien es cierto que en ese periodo estaban en juego dos proyectos de sociedad, por un lado el socialismo mayormente representado por el sistema soviético y por otro el capitalismo liberal-burgués capitaneado por los EEUU, no hay que olvidar que lo que se venía a denominar como imperialismo ansiaba la riqueza que atesoraba la Unión Soviética. Es así que con el colapso de la URSS en 1991 y la irrupción neoliberal, los planes imperialistas no variaron un ápice aunque se vieran favorecidas en sus políticas de intereses por unos nuevos dirigentes rusos que con Boris Yeltsin a la cabeza dieron carta blanca para el enriquecimiento de una nueva casta, la de los oligarcas, a costa de los recursos y bienes públicos.
Este desmantelamiento del modelo socialista trajo consigo un proceso no exento de situaciones traumáticas en donde se impusieron las privatizaciones, el empobrecimiento de la población y desgraciadamente el inicio de la I Guerra de Chechenia.
Posteriormente cuando accede al poder Putin, proveniente de una familia de clase obrera y antiguo funcionario soviético, llegando a poner fin a la II Guerra de Chechenia, progresivamente sus gobiernos van aplicando toda una serie de reformas que terminan materializándose en la estatalización de recursos estratégicos, imponiendo a su vez una serie de medidas a través de los cuales consiguen poner freno a la impunidad de los oligarcas, haciendo que se muevan en unos parámetros de negocios que confieren a la política de la Federación Rusa un carácter eminentemente nacionalista, lo que entre otras cosas le permite recabar el apoyo del Partido Comunista de Ziuganov, la segunda fuerza política del país.
En el nacionalismo ruso juega un peso importante también la religión. A diferencia de los católicos que solo tienen una autoridad reconocida en el vaticanismo del Papa, cada país ortodoxo cuenta con sus propias Iglesias muchas de las cuales históricamente, como ocurre en países como Bulgaria o Serbia, han estado ligadas a la construcción de sus identidades nacionales, incluso a procesos de liberación nacional. 
Otro aspecto importante a tener en cuenta a la hora de valorar a Rusia es en lo referido a su política exterior donde es el principal valedor del multipolarismo, el cual son capaces de impulsar con fama de notables diplomáticos. Esto se traduce en un expansionismo económico cuyos intereses es capaz de alcanzar a través del respeto de la soberanía de terceros. En cuanto a las intervenciones militares en el extranjero, estas siempre se han regido mediante el cumplimiento de la legalidad internacional al contrario que viene haciendo EEUU como es público y notorio. Además estas acciones militares se han mostrado altamente eficaces a la hora de alcanzar sus objetivos llegando a minimizar aquello que en el tema de las intervenciones bélicas de las potencias mundiales se ha venido denominando en la última década como “daños colaterales”. Por ultimo estarían las múltiples intervenciones humanitarias impulsadas a través de la Federación Rusa.  
En lo referente a las características históricas de la Federación Rusa es impensable pretender hacer creer que, aun con sus contradicciones y retrocesos, la impronta e influencia en todos los ámbitos de 74 años de construcción de socialismo de la URSS se hayan diluido en apenas el último cuarto de siglo y muestra de ello es la conmemoración que se hace de la Gran Guerra Patria, exponente de un fuerte sentimiento colectivo de la población. En este sentido a nosotros en alguna ocasión y desde ciertos sectores se nos ha criticado que usemos la conocida cinta de San Jorge siendo como es un símbolo que surge del periodo zarista, algo que es cierto, pero hay que tener en cuenta que durante el periodo soviético parte de la  herencia cultural proveniente de la época zarista fue conservada y extendida en la población a través de la educación y el conocimiento pues era considerado un patrimonio y un bien cultural. Esa cinta, también en Donbass, es emblema de la resistencia al invasor extranjero en la II Guerra Mundial y también ¿porque no? forma parte del universo eslavo.
En cuanto a las características culturales que aludíamos al inicio, no podemos olvidar que en la Federación conviven cerca de 140 nacionalidades y aunque es cierto que en la época soviética en muchas de las grandes ciudades de las Repúblicas Soviéticas se hegemonizo con población étnicamente rusa, no menos cierto es que en la identidad rusa, eslava, contrariamente a los estereotipos, la esencia del mestizaje posee un gran peso contrariamente a lo que se pueda pensar.       
Por todas estas características históricas y culturales enumeradas, además de por la situación geoestratégica en la que se encuentra la Federación Rusa, pensamos que no estaríamos ante un país imperialista. Evidentemente no negamos la existencia de ciertos factores que desde una posición netamente de izquierdas nos sean difíciles de digerir, pero quienes vivimos en las sociedades occidentales muchas veces observamos otras realidades desde una cierta superioridad moral adquirida involuntariamente y en lo que respecta a Rusia no es una excepción. Asistimos a una demonización de lo ruso por parte del imperialismo que nos lleva a pensar que es poco menos que una dictadura donde por ejemplo legalmente los derechos de la mujer se encuentran cercenados como han publicado medios españoles como “El Mundo”. La realidad es que la violencia hacia las mujeres está tipificada como “delito de odio” y los últimos cambios en la legalidad vienen mas provocados por la no intromisión estatal en el ámbito familiar o privado (característica típica rusa) que otra por otra cuestión mas relacionada con la misoginia. Como con el Donbass, hay un gran desconocimiento de lo que ocurre en Rusia.


2016/11/28

EL FIDEL QUE CONOCI por Ignacio Ramonet

 "...nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los lideres vivos de la Revolución."       
                          Fidel ha muerto, pero es inmortal. Pocos hombres conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos –Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka – que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 50, a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.
 
En aquella época, en mas de la mitad del planeta, en Vietnam, en Argelia, en Guinea-Bissau, los pueblos oprimidos se sublevaban. La humanidad aún estaba entonces, en gran parte, sometida a la infamia de la colonización. Casi toda África y buena porción de Asia se encontraban todavía dominadas, avasalladas por los viejos imperios occidentales. Mientras las naciones de América latina, independientes en teoría desde hacía siglo y medio, seguían explotadas por privilegiadas minorias, sometidas a la discriminación social y étnica, y a menudo marcadas por dictaduras cruentas, amparadas por Washington.
 
Fidel soportó la embestida de nada menos que diez presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo). Tuvo relaciones con los principales líderes que marcaron el mundo después de la Segunda Guerra Mundial (Nehru, Nasser, Tito, Jrushov, Olaf Palme, Ben Bella, Boumedienne, Arafat, Indira Gandhi, Salvador Allende, Brezhnev, Gorbachov, François Mitterrand, Juan Pablo II, el rey Juan Carlos, etc.). Y conoció a algunos de los principales intelectuales y artistas de su tiempo (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Miller, Pablo Neruda, Jorge Amado, Rafael Alberti, Guayasamin, Cartier-Bresson, José Saramago, Gabriel Garcia Marquez, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, etc.).
 
Bajo su dirección, su pequeño país (100 000 km2, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana. Y finalmente, en diciembre de 2014, tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e iniciar un proceso de normalización que implicaba el respeto del sistema político cubano.
 
En octubre de 1962, la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de estallar a causa de la actitud del gobierno de Estados Unidos que protestaba contra la instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Cuya función era, sobre todo, impedir otro desembarco militar como el de Playa Girón (bahía de Cochinos) u otro directamente realizado por las fuerzas armadas estadounidenses para derrocar a la revolución cubana.
 
Desde hace mas de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) le impone a Cuba un devastador embargo comercial -reforzado en los años 1990 por las leyes Helms-Burton y Torricelli- que obstaculiza su desarrollo económico normal. Con consecuencias trágicas para sus habitantes. Washington sigue conduciendo además una guerra ideológica y mediática permanente contra La Habana a través de las potentes Radio “Marti” y TV “Marti”, instaladas en La Florida para inundar a Cuba de propaganda como en los peores tiempos de la Guerra Fría.
 
Por otra parte, varias organizaciones terroristas –Alpha 66 y Omega 7– hostiles al régimen cubano, tienen su sede en La Florida donde poseen campos de entrenamiento, y desde donde enviaron regularmente, con la complicidad pasiva de las autoridades estadounidenses, comandos armados para cometer atentados. Cuba es uno de los países que mas victimas ha tenido (unos 3.500 muertos) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos 60 años.
 
Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza. Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola : “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición.” Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los lideres vivos de la Revolución.

2016/06/27

DAESH Y LOS HOMOSEXUALES por Thierry Meyssan

"En la Antigüedad, incluso durante los primeros siglos del cristianismo, los amantes de un mismo sexo estaban integrados a la sociedad, y por ende a la iglesia."

Ante la matanza de Orlando, Thierry Meyssan recuerda que el conflicto entre el Emirato Islámico (Daesh) y la República Árabe Siria es en primer lugar una lucha entre dos formas de sociedades: la primera, bajo el dominio de los hombres, mientras que la segunda reconoce los mismos derechos a todos. El autor también recuerda que la civilización siria tiene una larga –e ignorada– historia de integración de los homosexuales, historia que Daesh pretende destruir.

La matanza de Orlando ha sacado a la luz el tratamiento que el Emirato Islámico (Daesh) reserva a los homosexuales. Sin embargo, el asesino que se identificaba como miembro de ese grupo terrorista era al mismo tiempo cliente de la discoteca gay y había tenido relaciones sexuales con al menos otro cliente. Parece, por consiguiente, que su intención era atacar una discoteca, no una discoteca gay.

En todo caso, el Emirato Islámico no tiene el monopolio de las masacres de homosexuales. Estas son, en realidad, una práctica común entre numerosos grupos sectarios que se identifican con diferentes religiones, principalmente grupos islamistas. En ese caso se hallan, por ejemplo, el Ejército de Resistencia del Señor, en Uganda, que se identificaba como defensor de Jesús, en los años 1990, y los diversos grupos yihadistas que se identifican hoy con Mahoma. Más generalmente, gran parte de los judíos, de los cristianos y de los musulmanes consideran que las relaciones sexuales entre personas de un mismo sexo son un «pecado», aunque admiten que no se escoge la persona de quien uno «se enamora».

Desde un punto de vista etnológico, la condena de la homosexualidad en nombre de esas religiones viene acompañada de una visión de la sociedad donde los hombres dominan a las mujeres y no existe en las sociedades donde todos los individuos gozan de los mismos derechos.

El Emirato Islámico y el partido Baas: dos concepciones de la sociedad

 

Como ya escribí, hace un año,
«el apoyo que ha encontrado [el Emirato Islámico] entre ciertos sirios no tiene nada que ver con el Corán ni con la lucha de clases. Es la rebelión de un modo de vida que está desapareciendo, de una sociedad violenta y dominada por los hombres contra un modo de vida donde se respeta a las mujeres y se abre la puerta al control de la natalidad [1].
A partir de ahí, la matanza de homosexuales se ha convertido para los yihadistas en un argumento destinado a «conquistar los corazones y las mentes».

El jefe de los negociadores de los «moderados» en las negociaciones de Ginebra, Mohamed Aluche, se dio a conocer arrojando de los techos de Duma, localidad de las afueras de Damasco, personas acusadas de homosexualidad, pero su historial no ha causado la menor protesta de parte de sus padrinos occidentales. Su grupo –el Ejército del Islam (Yesh al-Islam)– está financiado por Arabia Saudita y dirigido en el plano militar por consejeros militares británicos, y el propio Mohammed Aluche estuvo asesorado permanentemente en Ginebra por el encargado de negocios de Francia en Siria. Ese diplomático francés –no olvidemos que Francia es una República laica– incluso intervino para que el hotel suizo donde se alojó la oposición «moderada» retirara cuadros y cubriera estatuas cuya desnudez podía perturbar a este «demócrata» modelo. Claro, este diplomático francés –quien, por cierto, vive como pareja con otro diplomático del mismo sexo– probablemente estima que los crímenes de Mohammed Aluche son menos graves que lo que hace el «régimen de Bachar».

Sin embargo, hoy en día, en el mundo árabe –minoritario en relación con toda la población musulmana a través del mundo– sólo Siria, el sultanato de Omán y algunos miembros de los Emiratos Árabes Unidos aceptan la homosexualidad.

2016/06/08

OLOF PALME Y EL ASESINATO DE LA SOCIALDEMOCRACIA por Antonio Torres

"...las revoluciones son procesos de transformaciones en el tiempo, por mucho que algunos insistan en presentarlas como actos heroicos en los que de un día para otro todo cambia. Creer que decretar la nacionalización de la banca o de las grandes empresas va a hacer desaparecer de la noche a la mañana unas relaciones sociales de producción y una visión del mundo basadas en la desigualdad, la explotación y la opresión es no haber aprendido nada de la experiencia histórica."

De Vietnam a Nicaragua, de El Salvador a Palestina, del Sáhara a Sudáfrica, a lo largo de toda la superficie del globo, las banderas cuelgan a media asta en cariñosa memoria de este gigante de la justicia que llegó a convertirse en un ciudadano del mundo, un hermano y un camarada de todos los oprimidos”, 

Oliver Tambo, presidente del Congreso Nacional Africano, 1986.

Al fin Suecia ha vuelto a lo que tenía que ser, un país pequeño que no tiene por qué andar metiéndose en los líos de los grandes”.
 

Declaraciones de un asesor de Ronald Reagan tras el asesinato de Olof        Palme recogidas en el libro “¿Pero quién mató a Olof Plame?” de Ramón Miratvillas.
Es inexplicable que la policía sueca nunca haya investigado a fondo las pistas que apuntan a una conspiración política.” 
Gunner Wall, autor del libro “Konspiration Olof Palme”.


          El pasado mes de febrero se cumplió el 30 aniversario del asesinato del primer ministro socialdemócrata sueco Olof Palme. Más allá de las fronteras de Suecia, el 30 aniversario del asesinato de Palme no ha suscitado demasiado interés, algo que sorprende por diversos motivos, dada la talla y la importancia internacional del dirigente sueco o el tremendo impacto que tuvo su asesinato, un caso aún no resuelto y que seguramente nunca se resolverá.

Recopilar todas las teorías que se han lanzado en estos 30 años sobre el asesinato de Olof Palme daría prácticamente para escribir una obra en varios volumenes, y no exageramos. Si descartamos las más inverosímiles, como aquellas que apuntaban al PKK kurdo, a la RAF alemana, a Lisbeth –esposa de Palme-, a las presuntas adicciones del primer ministro, o hasta a la posibilidad de que Palme hubiera sido nada más y nada menos que un agente doble soviético, aun nos quedarían múltiples variantes sobre qué sucedió aquella fría noche del 28 de febrero de 1986 en Estocolmo, por qué y quién o quiénes estuvieron detrás realmente. Hasta el autor de la conocida trilogía de “Millenieum”, Stieg Larsson, ha intervenido en el asunto, hace 2 años, en febrero de 2014 aportó a la policía sueca 15 cajas con documentación que supuestamente reforzaban la autoría del régimen sudafricano del apartheid en connivencia con elementos de la policía y la ultraderecha sueca.

Pero más allá de las circunstancias del crimen y de quién o quiénes estuvieron detrás, un tema sin duda apasionante y que no debería perder actualidad, 30 años después da la sensación de que con el asesinato de Palme se quería liquidar no solamente a una persona molesta –muy molesta cabría añadir- para el imperialismo norteamericano y sus aliados en los 80 del siglo pasado, sino algo más: un modo de vida, de entender la economía, la política y la sociedad. Seguramente no fuera esa la intención que se perseguía con el asesinato de Palme, pero el hecho es que su asesinato coincidió con el claro declive de la socialdemocracia europea, como modelo de un capitalismo industrial desarrollista sensible con las necesidades de la población trabajadora, y el ascenso de las políticas neoliberales. De la socialdemocracia se pasaría social-liberalismo. Ya desde los 70 con el último gobierno laborista británico, y a principios de los 80 con la llegada al poder de Miterrand en Francia, la socialdemocracia europea ya había abandonado el viejo modelo keynesianista, la crisis capitalista jugó a favor del modelo neoliberal, presentado como más eficiente y, sobre todo, como más garantista de los beneficios del gran capital. Las victorias electorales socialdemócratas en el Sur de Europa a principios de los 80, primero en Grecia, y después en el Estado español, dieron poco de si ya, para entonces, el modelo de capitalismo desarrollista socialmente sensible ya se había agotado, mientras políticamente, Reagan en los Estados Unidos y Margaret Thatcher en Gran Bretaña constituirían una referencia que dominaría el panorama internacional por más de una década.

Sin embargo, Olof Palme no fue un socialdemócrata al uso, quizá ese fue el problema para el imperialismo norteamericano. Definitivamente, sería faltar al rigor si metiéramos en el mismo saco a Palme junto con Willy Brandt, Bruno Kreisky, Miterrand, Felipe González, o Andreas Papandreu, por muy buenas relaciones que Palme mantuviera con todos ellos. La socialdemocracia europea se configuró como el agente político más eficiente del imperialismo norteamericano contra el resurgir del movimiento obrero y el movimiento comunista tras la Segunda Guerra Mundial; a estas alturas, no se puede negar que la combinación, según el país, de cierta sensibilidad social y de represión dio sus frutos. La sensibilidad social se vio favorecida por una situación excepcional que hizo posible altas tasas de crecimiento y desarrollo que, a su vez, dio lugar a una integración, según el país, de la población trabajadora, así como un fuerte consenso social. Por otro lado, la socialdemocracia europea se alinearía sin fisuras importantes con el imperialismo norteamericano, su hostigamiento a la URSS y a las democracias populares europeas y su enconada lucha contra los movimientos antiimperialistas de liberación nacional.

Pero como hemos dicho anteriormente, Palme se separó de esos esquemas, en algunos casos con más intensidad que en otros, pero evidentemente Palme configuró un modelo propio de capitalismo de orientación social para Suecia, así como un papel desligado y, a veces, enfrentado al imperialismo norteamericano en la escena internacional.

2016/06/06

MUJERES RESISTENTES (II): ULRIKE MEHINHOF, PERIODISTA, REVOLUCIONARIA, MUERTA por Anjel Ese

"El cerebro de Ulrike Meinhof fue extirpado de su cráneo en la sala de autopsias sin autorización familiar alguna y encerrado en un frasco de formol para tratar de descubrir entre sus pliegues la raíz del mal. Un típico experimento nazi arropado por un canciller socialdemócrata..."

               Hace cuarenta años Ulrike Marie Meinhof (1934-1976) apareció ahorcada en su celda de la prisión de Stuttgart-Stammheim, Alemania occidental.

Se encontraba en una prisión de alta seguridad y en régimen de aislamiento desde su detención en 1972 junto al resto de los miembros de la Fracción del Ejército Rojo, llamada por el Estado banda Baader-Meinhof, entre los que se encontraban Holger Meins, Andreas Baader, Gudrun Ensslin, Jan Carl Raspe e Ingrid Schubert. Ninguno de ellos salió con vida de la cárcel. Todos murieron en sus celdas de aislamiento, "suicidados" por un Gobierno del Partido Socialdemócrata en coalición con el Partido Liberal. A Holger Meins le llegó la hora en noviembre de 1974. La hora llegó para Ulrike Meinhof el 9 de mayo de 1976, hoy se cumplen cuarenta años del suceso. El turno de Baader, Ensslin y Raspe llegaría en septiembre de 1977, y el de Schubert en octubre del mismo año. Los hombres murieron a balazos. Con las mujeres fueron más considerados: las ahorcaron. El exterminio de la Baader-Meinhof hacía honor a una larga tradición alemana. El Estado alemán, a lo largo de su Historia, pudo tolerar a regañadientes la disidencia individual o colectiva encauzada por el compromiso social. La disidencia intransigente, en cambio, al menos a partir de 1919, empezó a pagarse con la vida.

Meinhof había empezado su carrera como periodista en el cambio de la década de los cincuenta a los sesenta, con la publicación de la revista Konkret. En ella denunciaba las continuas leyes de emergencia de los Gobierno de derecha, de Gran coalición o socialdemócratas que se fueron sucediendo en la República Federal Alemana (RFA) frente a la movilización de los jóvenes estudiantes y, ya a finales de la década de los sesenta, de sectores de obreros al margen de la burocracia sindical. La represión amparada por esas leyes de emergencia se cobraron vidas como la del estudiante Benno Ohnesorg, tiroteado por la Policía en 1967, o la de Rudi Dutschke, dirigente de la Liga de Estudiantes Socialistas, al que un ciudadano de orden disparó en la cabeza en 1968 tras una campaña rabiosa del reaccionario grupo mediático Bild. Cientos de detenciones. Tortura, cárcel contra los que salían a la calle. Este clima llevó a la radicalización extrema de un grupo de jóvenes a los que se unió Meinhof en 1970, que llevaron a cabo atentados y acciones de sabotaje sobre todo contra las bases norteamericanas en la RFA. La guerra de Vietnam se encontraba entonces en su triste apogeo; Alemania occidental colaboraba en el martirio de la población vietnamita, y para el grupo Baader-Meinhof se convirtió en algo prioritario el objetivo de sabotear y denunciar ese genocidio.

El Estado alemán occidental estaba infestado de antiguos dirigentes del Partido Nazi. No sólo los magnates como Thyssen, Krupp o Flick, que habían sostenido las finanzas de Hitler, seguían --y siguen-- controlando la industria alemana, sino que los ministerios, las magistraturas, la Policía y los puestos de la Administración fueron ocupados por antiguos nazis: secretarios de Estado como Globke, ministros como Oberlaender, cancilleres como Kiesinger o presidentes de la República como Luebke habían sido dirigentes nazis. Como lo había sido Hans Martin Schleyer, presidente de la patronal alemana, que bajo el Tercer Reich había sido miembro de las SS, líder de la Liga Antisemita y saqueador de la economía de la Checoslovaquia ocupada. El asesinato de este gran patrón, Schleyer, por la Fracción del Ejército Rojo --que trató de canjearlo sin éxito en 1977 a cambio de la libertad para los presos supervivientes de Stuttgart-Stammheim-- le costó la vida en su celda de aislamiento a Ingrid Schubert en octubre de ese año.

Ulrike Meinhof es un ejemplo de ese tipo de personas que ponen su cabeza como aval de sus ideas. Contribuyó a contestar a la fuerza con la fuerza. Una fuerza muy leve la suya, sin embargo, frente a la monstruosa maquinaria implacable, metálica e inmisericorde del Estado alemán, al que las acciones de la Baader-Meinhof no le hicieron ni cosquillas. Pero había que dar un escarmiento ejemplar y se dio. Ninguno de los detenidos en 1972 llegarían a escuchar el veredicto del tribunal. Todos fueron ilegalmente ejecutados sin sentencia. Se les había acusado de crímenes al azar. Según el anuario Revista de Zurich de 1977, «la Justicia no posee ninguna prueba formal de la culpabilidad de los detenidos». Pero la Justicia alemana llevó las togas al tinte los días de sus asesinatos y se inhibió en favor de los carceleros, de sus cuerdas y de sus pistolas. El tiempo de las formalidades, al menos en Alemania, hacía décadas que había pasado.

El exterminio carcelario fue una advertencia. La sociedad alemana se replegó. Sin duda, las acciones de la Baader-Meinhof estaban aisladas, y sin duda también, se cargó en su cuenta cualquier atentado, asalto o atraco producido en Alemania occidental entre 1970 y 1972 para aumentar el clima de histeria contra ellos, los "radicales". Involuntariamente se convirtieron en espantajos para la mayoría y en mártires para sí mismos.

Qué más da. Hicieron lo que creían que había que hacer, no lo que se esperaba de ellos, y aceptaron las consecuencias. Unas consecuencias terribles. El cerebro de Ulrike Meinhof fue extirpado de su cráneo en la sala de autopsias sin autorización familiar alguna y encerrado en un frasco de formol --de alta seguridad sin duda, en régimen de aislamiento una vez más-- para tratar de descubrir entre sus pliegues la raíz del mal. Un típico experimento nazi arropado por un canciller socialdemócrata, Helmut Schmidt, recientemente difunto en su decrépita vejez. Si lo que buscaban los verdugos era la raíz del mal, les habría bastado con mirarse al espejo.

En 1962, Meinhof había escrito en la revista Konkret diatribas «contra la ideología de la "colaboración social en la empresa", contra la de la "comunidad nacional" y contra la del "mismo barco" en el que parece que todos navegaríamos». Catorce años después, tras muchos artículos, muchas apariciones públicas, muchas protestas y apenas si algún acto de sabotaje, los dignos herederos del Tercer Reich --que habían ofrecido una recompensa de diez mil marcos por su captura-- le dieron un escarmiento definitivo por haber escrito palabras como ésas. Primero tortura. Luego muerte. Eficacia prusiana: a una cosa le sigue la otra. Ulrike Meinhof: Periodista, revolucionaria, muerta. Cometió el crimen de ser consecuente. El Estado alemán, su verdugo, cometió exactamente el mismo crimen.

Fuente:http://pasabaporaquiymedije.blogspot.com.es/2016/05/ulrike-meinhof-periodista.html

2016/05/19

HO CHI MIN, RETRATO DE UN REVOLUCIONARIO

"En 1954 los franceses son derrotados en la batalla decisiva de Dien Bien Phu. Dieciocho millones de compatriotas saludaron a quien había abierto la brecha de la liberación social y nacional. Ya era para todo el pueblo el tío Ho."

                       Nació en Annam el 19 de mayo de 1890. Su verdadero nombre era Nguyen Tat Than, pero la clandestinidad de toda la vida le obligó utilizar apodos diferentes para escapar de la persecución policial. El nombre de Ho Chi Minh significaba El que ilumina; otras veces se hizo llamar Nguyen Ai Quoc, El patriota.

Era hijo de un médico herborista de Nghe An, enemigo del colonialismo francés, que había invadido Vietnam en 1860. Estudió en Hué y Saigón, hasta que en 1912 emigró como mozo en un paquebote francés. Fue un largo viaje de veinte meses de puerto en puerto hasta que arribó a Londres, donde trabajó en el hotel Carlton durante tres años.
De allí fue a París, donde trabajó como retocador de fotografías. Conoció a Chou En Lai, León Blum, Marcel Cachin y Longuet (sobrino de Carlos Marx), entre otros destacados dirigentes del movimiento obrero internacional. Se afilió al Partido Socialista Francés, adherido a la Internacional Comunista. Comenzó a escribir en L’Humanité, y luego fundó el periódico El Paria.
De París se trasladó a Moscú, donde participó en varios Congresos de la Internacional Comunista. Más tarde viajó a China como traductor y ayudante de Borodin, consejero del Kuomintang.
Se incorporó a la escuela militar de Huangpu, donde aprendió el arte de la guerra revolucionaria. El director era el coronel Chiang Kai Shek y el jefe del departamento político era Chou En Lai. En 1927, cuando Chaing Kai Shek traicionó a la causa revolucionaria con una enorme matanza, Ho consiguió huir y siguió en la clandestinidad organizando la revolución en Birmania, impulsando huelgas, motines y levantamientos armados en China, en Siam, y pasando de cárcel en cárcel y de tortura en tortura.
En 1930 Ho Chi Minh fundó en Hong Kong el Tanh Nien o Partido Comunista de Vietnam.

Durante la segunda guerra mundial Japón ocupó Vietnam. Ho regresó clandestinamente a su país 28 años después de su partida y luchó en la guerrilla durante cinco años.
Hacia fines de la guerra mundial funda el Vietnam Doc Lap Dong Minh Hoi (Frente para la liberación de Vietnam), más conocido por Vietminh. También crea un ejército guerrillero dirigido por Vo Nguyen Giap, uno de los generales revolucionarios más brillantes del mundo.
Concluida la guerra y derrotados los japoneses, los planes imperialistas para la región no contemplaban la independencia sino un nuevo reparto del mundo, que en el caso de Vietnam suponía que los nacionalistas chinos del Kuomintang ocuparían el norte del país, mientras los ingleses el sur. Pero los franceses querían recuperar sus dominios coloniales y volvieron a invadir el país, mientras los guerrilleros vietnamitas rechazaron a los chinos en el norte y liberaron aquella zona.
El 2 de setiembre de 1945 Ho Chi Minh lanzó su llamamiento: “Desde hace más de ochenta años la banda de colonialistas franceses, bajo los tres colores que simbolizan la libertad, la igualdad y la fraternidad, ha ocupado nuestro territorio y oprimido nuestro pueblo. [...] Los franceses no nos han dado ninguna libertad política, han instituido una legislación bárbara, han creado más prisiones que escuelas, han ahogado en sangre todas nuestras revueltas, han pisoteado la opinión y utilizado la sangre y el alcohol para embrutecer a nuestro pueblo”.
El Vietminh organizó la insurrección general, logró la independencia nacional y fundó la República Democrática de Vietnam.

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