"...la violencia machista desempeña una función
específica y diferenciada, adquiriendo un carácter estructural en la
reproducción del sistema capitalista-patriarcal (...) ha llegado a constituir un mecanismo espontáneo cuya funcionalidad es
la de perpetuar las relaciones patriarcales de dominación"
En el capitalismo, el patriarcado se ha insertado en las
estructuras sociales y económicas, y continúa vigente debido a que se ha adaptado
al sistema socio-económico, ideológico y político; de tal forma que una de sus
características específicas es la del mantenimiento de la estructura familiar y
de la división del trabajo en función del sexo.
El capitalismo no ha creado las relaciones patriarcales, de
dominación de un sexo por otro. Surgió del interior mismo del modo de
producción feudal, en el que ya existía el patriarcado. El modo de producción
capitalista trajo consigo la transformación de las relaciones sociales de
producción, modificando sustancialmente la estructura de clases de la sociedad.
Al mismo tiempo, el capitalismo modificó y adaptó las viejas relaciones
patriarcales y las incorporó a su propia organización social y económica, así
como a sus propias referencias culturales.
El capitalismo necesita de la opresión de la mujer para
garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo. Además, la mujer constituye
el grueso del ejército de reserva del capitalismo. La mujer es la primera en
sufrir el paro en épocas de crisis. Por otra parte, la mujer es mayoritaria
entre los sectores marginados y excluidos (feminización de la pobreza).
En el capitalismo, a pesar de las “políticas de igualdad”
de las instituciones burguesas, como Emakunde, para “empoderar” a las
mujeres, y de las condenas formales de
los “malos tratos”, la mujer continúa siendo un objeto sexual y sufriendo todo
tipo de agresiones. Y es que la dominación del hombre sobre la mujer también va
acompañada de la violencia.