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domingo, 14 de diciembre de 2014

El arca del "casé"


Hace unas semanas compartí en facebook que a cuenta de la gran reorganización de la cochera, decidí tirar cientos de cajas y bolsas de aperos y achiperres que había ido acumulando con los años y que, reconozcámoslo -a Susana, claro-, no servían para nada. Entre ellas, dos enormes cajas de cintas de casette que desde demasiado tiempo, no hacían más que criar polvo. No sé si fue deliberado o inconsciente, pero el caso es que dejé para el último viaje previsto a los contenedores, el de las cintas. Justo antes de cogerlas, abrí las cajas y a la vista tantos títulos reconocibles al instante, rapído viaje al día que llegaron a mi vida, a las semanas o meses que las disfruté, me sentí algo culpable y decidí aplazar la ejecución. Tras desesperado llamamiento, finalmente se las quedarán unas amigas -aunque creo que no se imaginan la cantidad que hay-, mas decidí quedarme unas cuantas, testimonio de mis despertares, de los inicios de una afición pasión muy importante en mi vida, responsable de mucho de lo que soy. 

No fue fácil la elección. Las cintas retratan los ochenta y  noventa. Las he elegido, más que por la calidad de su contenido, por mi especial vinculación con esas cintas, por la ilusión que me hizo conseguirlas, por tantos buenos ratos que me hicieron pasar, por estar soldadas a etapas o personas de mi pasado, aunque a alguna de ellas hoy no dedicaría atención alguna, al juzgarlas y sentirlas desde otro punto de vista distinto, el que da más conocimientos y sobre todo más experiencias, nunca la atalaya definitiva, por cierto.

Hay dos casos especiales, dos cintas con asterisco: la grabación que me preparó Julián de "Honey´s Dead" de The Jesus and Mary Chain con el logo de su bar "El Gato Negro"que me hace ilusión conservar por los buenos ratos que allí pasamos, tal que locos chavales de veintitantos, y "Mistrial", probablemente el peor disco de Lou Reed, ya que, hablando en propiedad y de propiedad, esa cinta es mía y de Carlos, un amigo, aunque, dado el tiempo transcurrido, tal vez ya la haya adquirido por usucapión -tengo que revisar los plazos para bienes muebles-. Si no me equivoco, esa cinta pedida al Discoplay,data de 1986 y refleja mejor que nada la incipiente pasión de dos chavales con cuatro perras, esperando un par de semanas por probablemente el disco más decepcionante de sus vidas. Recuerdo darle vueltas y vueltas y no hallar traza alguna de que el autor de esa basura fuera el mismo de "Rock and Roll Animal" y "Transformer", los únicos discos que por entonces habíamos escuchado de Lou en una cinta de Fernando, el hermano de Carlos. Entonces, tanto la ilusión como la decepción son algo más puro, eleva o golpea con más fuerza. Es la inocencia, esa que con el tiempo se nos va cubriendo de la costra protectora formada por todas las cicatrices de cada herida. 

Vale.

viernes, 20 de abril de 2012

Maestro



El cuadro retrata el paso del Beresina. El Beresina es un río ruso que Napoléon cruzó en su calamitosa retirada tras su  conquista más amarga, la de  un Moscú  abandonado y en llamas. El paso del río fue especialmente complicado para la Grande Armée y ciertamente un éxito teniendo en cuenta las espantosas condiciones impuestas por el General Invierno y el acoso de las tropas rusas.

La primera ocasión en que oí hablar del Beresina como de tantas otras cosas fue por voz de Don Luis, uno de mis maestros de la escuela. Después tuve muchos más profesores en instituto y universidad pero ninguno pudo luchar contra el poderoso recuerdo de Don Luis como mi mejor y verdadero maestro, el que despertó dentro de mí gran parte de lo que soy. 

Aunque ya no es la misma de antaño, sigo conservando buena memoria, el llamado talento de los tontos. Recuerdo el Beresina y también recuerdo sus opiniones sobre el conflicto en Oriente Medio –que probablemente hayan evolucionado en el mismo sentido que las mías-, recuerdo las dudas de Aníbal a las puertas de Roma tras vencer varias veces a las invencibles legiones romanas, recuerdo a los soldados alemanes encerrados en una cabaña en medio de una llanura de la Rusia congelada esperando la nada, recuerdo sus opiniones sobre determinadas actitudes en Semana Santa, no muy alejadas de mi artículo de hace unos días, escrito treinta años después.  

 (Estas fotos dan mucho juego. Con lo feo que estaba el calvo de las fotos de Demonfit, ya veis qué guapete era yo de crío. Los del pueblo os reiréis un rato con alguno de los que aparecen. La foto es de una selección que envió San Francisco un concurso de radio para listisllos y que me pasó Moli la semana pasada.) 

Hace tiempo que quería dedicarle un post a mis maestros y a Don Luis en particular porque me parecen piezas claves en nuestra sociedad y que sin embargo, cada día reciben un trato más ingrato. 

No lo podemos saber realmente pero  suponemos, queremos creer que nacemos con unas inclinaciones innatas que determinan nuestro carácter. El entorno familiar, social, cultural se encargará de forjar la que será nuestra personalidad adulta.  El maestro trata de dar con ese don que todos albergamos, intenta despertarnos. Suena muy idílico pero me gusta pensar así.

Tal vez todo ese camino iniciático consista en seguir las pistas que te llevarán hasta la que debe ser tu casa, donde estés  a gusto y en paz contigo mismo, donde encajes con tu verdadera naturaleza.  

Los alumnos éramos yesca y el maestro, en clases demasiado grandes para cumplir con rigor  la importante tarea encomendada, se dedicaba a golpear y soplar para intentar avivar interés, ser la chispa que prendía pequeños incendios. 

A fe mía que lo consiguió. Gran parte de lo que soy procede de aquella extraña y maravillosa etapa. No hay nada como la nostalgia para pintar paisajes de pasado, ya  inalcanzables y por ello aún más hermosos a la vez que tramposos.

Muchas de mis  pasiones ya las disfrutaba por entonces de forma embrionaria, atolondrada y con cierto empeño frustrante. Ahora tengo construido todo el esqueleto del edificio, como las habitaciones de una gran biblioteca con muchas salas vacías a las que fui poniendo nombre  a lo largo de mi vida y que  sigo llenando lentamente.  Todo empezó entonces, en la escuela. Descubrí qué era lo que tiraba de mí desde muy adentro y los terrenos donde me movía con mayor soltura y solaz.

 (De Susa)

Recuerdo que Don Luis  a veces dedicaba alguna tarde entera a contarnos historias, algunas de ellas del Evangelio, intrigantes divertidas y edificantes, y cómo contaba sus discusiones con el cura Don Matías acerca la existencia de un Dios misericordioso y por otro lado la constatación de cantides ingentes de dolor en el mundo. Ahora lo entiendo como pensamientos inspirados en la duda de Unamuno, ese personaje tan fascinante y absorbente para mí desde crío. No olvido la entereza que mostró al anunciarnos una mañana que su mujer había sufrido un aborto la noche anterior, aprovechando la ocasión para explicarnos qué era exactamente aquello.

Recuerdo que con él leímos los primeros libros en el colegio, “El camino”, “Réquiem por un campesino español” y es ahí donde se coló ese algo  esencial en mi vida que  nunca me abandonará. Me gustaría leer aquellos trabajos infantiles sobre los libros, aquellos "MRQB" (“muy requetebién”) de algún comentario  de texto y cómo decía que quería conservar alguna de nuestras redacciones porque le parecían muy buenas.

Era un maestro adelantado a su tiempo. Aún recibíamos clases de restos de la escuela franquista que utilizaban la violencia con saña. Sus clases, siempre tan entusiastas y estimulantes, eran otra de forma de entender la educación, un soplo de aire fresco en una España con las puertas cerradas. Nunca una metáfora tan gastada tuvo más sentido.

No me gusta mucho de lo que soy –probablemente porque un par de veces en la vida elegí el camino equivocado- pero gran parte de lo que sí, se lo debo a personas que como él, despertaron en mí el interés  y la pasión por las letras, para mí el único motor de un mundo justo y verdaderamente humano. Probablemente esos errores que cometí se deban en gran parte a no haber seguido mi instinto y vocación. Don Luis me descubrió cuáles eran mis sueños y tal vez yo no tuve la clarividencia o el coraje para seguirlos. Sin embargo,  él cumplió con su parte.

Espero que de alguna forma, Don Luis llegue a leer esto. Imagino que para un educador no debe haber mejor regalo que una persona de más de cuarenta años, recuerde la huella de sus clases cuando era niño.

Gracias, maestro.

Música, Damien Jurado. Con el austero tono que exige el mensaje. "Ohio" es una preciosa canción hablando de un tiempo y lugar ya muy lejanos.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Mi camiseta

Ahora que empieza el buen tiempo, excepto en el trabajo, me paso cuatro meses en pantalón corto y camiseta. No recuerdo exactamente cuándo mis camisetas se convirtieron en mis prendas favoritas. Supongo que sería alrededor de los quince, dieciséis años, en los tiempos de los pedidos a Discoplay. En aquellos años soñaba con camisetas de Springsteen, Clapton, Lou Reed, Loquillo, que nunca conseguí. Después sí, después fueron llegando muchas que todavía conservo de muchos festivales y conciertos, de nuevas bandas unidas a periodos concretos y diferentes de mi vida, unidas a recuerdos muy especiales: Planetas, Brian Wilson, Belle & Sebastian, Doors, Pearl Jam, Smiths, Beth Gibbons.
Es algo inherente a la adolescencia, el querer revindicarse, expresarse a través del mensaje, de la obra de alguien a quien no conoces pero con quien conectas en la oscuridad de tu habitación, cuyos versos expresan mejor que tú mismo, lo que devora tu interior. En esos complicados años, por un lado quieres diferenciarte, decir "soy distinto a la mayoría" pero por otra parte necesitas formar parte de un grupo, y eso nos lo dio, se lo sigue dando a las nuevas generaciones, la música, el rock and roll. Eran como nuestras pinturas de guerra. Quizá es algo infantil pero me gusta no haber perdido completamente esa actitud romántica, ese vínculo que aún me une a una etapa ya remota en mi vida.

Hace relativamente poco tiempo, si veías a una chica con una camiseta de Johnny Cash , sabías que podía ser interesante. Ahora no significa una mierda. La puede haber comprado en la planta "indie" de unos grandes almacenes -como dice Ironmanu- y no saber que el nombre que lleva escrito en el pecho es el de una persona real. Para muchos, el rock and roll se convirtió en una marca vacía de significado, pero que a ratos mola. Frivolizar con algo que a tantos nos llega tan adentro, no es más que blasfemia. Si alguien se atreve a llevar una camiseta de los Who, sin saber quién es Keith Moon, no es más que otro síntoma de la decadencia de la civilización occidental -ni siquiera el autor sabe si aquí hay rastro de ironía-, un aspecto más de la crónica banalización de esta sociedad. Nada significa nada.
Después llegó el deporte a mi vida y empecé a llevar alguna de las camisetas de mis primeras medias maratones hasta literalmente convertirlas en harapos. Recuerdo la ilusión de mis primeras carreras, ávido de competir donde dieran alguna chula. Con qué orgullo llevaba la de mi primer maratón. Con el tiempo, la torre de mi armario fue creciendo y creciendo. Ahora ya las regalo casi todas, sólo me quedo con "larga distancia" y joyas de la corona. Pero me sigue pasando como con mis bandas favoritas, me sigue gustando lucir mis colores con esa actitud pueril de dagal imberbe. Pertenezco a la secta, soy triatleta, soy "ultrafondista". Ni mucho menos me define pero es algo importante para mí, es parte de mí.

Iba a poner "My Favorite T" de Lemonheads pero no hay versión decente. Dejo a Ryan Adams porque la única maratón cuya camiseta me haría verdadera ilusión vestir, sería la de Nueva York. La canción es "New York, New york". Como curiosidad, en el vídeo se puede ver una de las últimas imágenes de las torres gemelas, cuatro días antes del 11 de Septiembre de 2001. Me quedo con ganas de poner algo más del cantante porque hay unos cuantos vídeos muy buenos. Ya le dedicaré una entrada al prolífico e imbécil niño malo. Dedicado a Joserra, el Ryan Adams de la blogosfera, por lo de prolífico, no por lo de imbécil.

También dejo mi canción favorita de Nada Surf, el grupo neoyorkino, una de cuyas camisetas cacé al vuelo en un concierto, cuando la arrojó al público Daniel Lorca. Esta canción la bailé -más correcto sería decir "la salté- mucho en mis años mozos.



lunes, 29 de marzo de 2010

En busca del tiempo perdido


"En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y congnoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de te."

Uno de los fragmentos más famosos de la literatura, un fragmento de "En busca del tiempo perdido" de Proust. Asignatura pendiente desde hace años. Aunque no lo reconozca, es un libro al que quizá le tengo miedo. Me da que puede ser insufrible. Para disfrutarlo hay que estar entrenado y motivado. Clemente ya usó el título como punto de partida para una de sus "clementianas", yo utilizo este fragmento como pie para otra perspectiva. El autor constata cómo el sabor de la magdalena le transporta en un viaje en el tiempo a otro espacio.

Andaba yo esta tarde con gestiones de trabajo por el pueblo cuando vi un cartel sobre una exposición: "Mitos en blanco y negro" en la Casa de la Cultura. "Mitos" y "blanco y negro" eran suficiente estímulo para hacer una visita. Cuando llegué, me dijeron que se inaugura mañana. Ya salía cuando advertí el cartel de la biblioteca; no sé muy bien la razón pero me tentó subir y para allá me encaminé . Hacía muchos años que no entraba. Cuando estudiaba en el instituto, iba todas las semanas.

Me acerqué al más propio estilo turista, despacio y observando; le dije a la bibliotecaria que hacía siglos que no aparecía por allí y penetré en la sala mirando todo con una extraña sensación de nostalgia y gozo -algo parecido a cuando vi en Cullera la acequia en la que casi me ahogo con cinco años, episodio que algún día os relataré-. Por supuesto muchas cosas habían cambiado: ahora hay una sala infantil, "wi-fi" gratuito, ya no existen las diminutas e incómodas mesas y sillas, prestan películas y discos pero el olor es el mismo.

Ese olor y la somera inspección que lleve a cabo a las estanterías cual Atalanta con pelo veinte años atrás, fue como un verdadero paseo en el tiempo. Hay libros nuevos, pero volví a sentir entre mis manos algunos volúmenes que ya llamaron mi atención tanto tiempo ha. Volver a hojear esas mismas páginas a estas alturas de mi vida se me antojó extraño. Constaté que millones de aquellas mismas palabras me siguen tendiendo la mano, me siguen invitando al baile porque aún no han recibido mi visita. Advierto con júbilo de nuevo la tentadora oferta. Tal vez nos engañamos, quizá no cambiemos tanto si al fin y al cabo me siguen atrayendo los mismos temas.

Y como en el fragmento de Proust, ese olor y ese ambiente provocaron la aparición de personajes olvidados como Jacinto, el extraño compañero que, sin relacionarse con nadie, pasaba su vida allí dentro, copiando fragmentos de enciclopedias y varias chicas de las que creía estar perdidamente enamorado y risas incontenibles mientras preparábamos chapuceros trabajos de clase y angustias, agobios e inseguridades motivadas por tus relaciones personales, por tus obligaciones académicas, por todos los cambios que estabas sufriendo y reprochables prácticas como hurtos o recortes de revistas con entrevistas a Lou Reed o reportajes sobre la Batalla de Stalingrado y...

Seguro que dentro de veinte años me gustaría estar precisamente aquí, justo en el momento en el que ahora mismo me encuentro, con mis problemas y con mis oportunidades. Tal vez entonces un olor o una visita me devuelva por unos instantes al 29 de Marzo de 2010.

Ni que decir tiene que aunque tengo una ingente lista de espera de lectura en casa, me volví a hacer socio y me dieron otro carnet. Lo cierto es que... ¡aún conservaban mis datos!

Como canción, tiro fijo era elegir el "Glory Days" del "Born in the USA", porque casa como un guante con el recuerdo de otros tiempos pero elijo otra del mismo disco con temática afín, una de las canciones que quizá menos llamó la atención del multimillonario e irregular disco, "Bobby Jean". Un sencillo y entrañable canto a la amistad guiado por el piano de Roy Bittan hasta una despedida sin amargura. Es la vida, vamos perdiendo y ganando cosas y personas que dejarán su pequeña o gran huella. Aunque esta gira no es de las que más aprecio porque a veces me da la impresión de que Bruce maltrata sus propias canciones, el solo final de saxofón de "Big Man" Clemons, ahora que ya no se estilan esas cosas, es impagable.


Otra gran canción de Cooper que me grabó Joserra en su imprescindible "Recopilación 2009" y que trata el paso del tiempo; la añoranza de la juventud de una forma poética y certera. El vídeo es un paseo de Alejandro -"Viviendo en la era pop"- Díez por Londres ¿Acaso puede haber alguien más "british" que el "Flechazo" leonés? Dedicada a "somos, somos los mods" Joserra y Mildo.



"Hyde Park"

Hubo una vez en que yo fui feliz
en que mi futuro era una página blanca,
un mundo nuevo brillaba ante mí
y yo aprovechaba cada oportunidad.
Con la semana llegando a su fin,
yo me paseaba entre tumbonas de rayas,
la gente seria me hacía reir
y si me cansaba me paraba a escuchar
los sonidos del silencio,
la llegada del invierno, sí...
Es imposible que pueda olvidar
el cielo en los domingos de Hyde Park.
Yo descubrí lo que era ser feliz

viendo las sonrisas de las chicas del parque,
se me olvidaba mirar el reloj,
nunca es tarde si la tarde te habla de amor.
Los olores en el metro

vuelan desde mi recuerdo, sí...
Lo que yo daría por estar
tumbado en la hierba de Hyde Park.
Hubo una vez en que yo fui feliz
con una conciencia tan vacía de cargas
como el bolsillo de aquel traje gris
que sólo guardaba un viejo ticket de bus.
Hubo una vez en que yo fui feliz,
hubo una vez en que yo fui feliz,
qué deprisa se ha pasado mi juventud.

domingo, 21 de marzo de 2010

Delibes y el subbuteo


Dejé aparacada la entrada dedicada a Delibes. Cuando me enteré el viernes pasado de su muerte, ya marchaba a Madrid y no me dio tiempo a escribir. Aquella mañana, al escuchar la noticia por la radio, me emocioné. Creo que es la primera vez que me ocurre con alguien famoso, con alguien que no conozco. ¿Por qué?

De todos los ilustres y "famosos" con que nos bombardean a diario los medios, las personas que realmente valoro o de alguna forma venero, son los creadores y dentro de ellos los escritores. Todos los que consiguen moldear con genio y maestría la, para mí, creación humana más admirable y perfecta, la lengua. Esa capacidad que tiene el hombre para aprehender un concepto, una sensación, una situación mediante una serie de signos que se fueron ajustanto más y más a lo que se pretendía describir o expresar. Sistemas extremadamente complejos con los que algunos autores te pueden llevar muy lejos. Unos cuantos, muchos o pocos, según se mire, me han ayudado a conocerme mejor, a elegir caminos, a ser como soy. Y lo maravilloso es que ese proceso es infinito, nunca terminarás de buscar y de sorprenderte.
De Delibes leí varios libros. Me parecieron buenos, me gustaron pero no puedo hablar de ellos con solvencia porque la mayoría pasaron por mis manos hace mucho tiempo, cuando aún no estaba formado. El que leí más recientemente fue "El Hereje". Apuntándose al género de moda y partiendo de un episodio histórico, novela con eficacia y mantiene el interés.

Sin embargo, con Delibes mantengo una singular y ficitia relación espiritual, basada en los recuerdos de mi infancia y adolescencia. Delibes me enseño a leer y por ello no puedo estarle más agradecido. No recuerdo exactamente cuál es el primer libro que leí en mi vida pero "El Príncipe Destronado" bien podía serlo.
1981-1982. Entre ruedo de sables, España adquiría su mayoría de edad democrática, se aprestaba a su primer gobierno socialista y al Mundial de Fútbol del Naranjito.

Con once, doce años los amigos organizamos un campeonato de subbuteo. Como decía el anuncio, si sabes qué es el subbuteo, deberías empezar a cuidarte. Pequeños jugadores de fútbol que descansaban sobre medias esferas en un campo de tela que nos planchaban nuestras madres y que se impulsaban con el dedo cual chapas y canicas. Las piezas venían con el cola cao y era complicado hacerse con dos equipos completos... porque había que tomar muchos "colacaos" con galletas. Recuerdo que había cuatro selecciones: Brasil, Argentina, Alemania e Italia.


Nosotros reunimos dos equipos mezcla de todos y organizamos un campeonato. En casa de Ángel pasábamos muchas horas jugando; allí me dio por revisar los libros que tenía su hermano en los estantes y un día decidí llevarme "El Príncipe Destronado". Desde muy dagalín leía muchos cuentos. Recuerdo que incluso una tía que estaba con nosotros en Valencia, siempre que me venía a ver, me traía alguno nuevo. Todavía tengo una cartera con todos. Después ya pasé muchas horas leyendo tebeos de "Jabato", "Mortadelo", "Astérix", "El Guerrero del Antifaz".... pero un
libro enterito, sin "santos", se antojaba largo y rollo. Al final no fue para tanto, se hizo bastante ameno y corto. Recuerdo episodios concretos del libro, me gustó pero no me entusiasmó, la verdad.
Después leí otro de Delibes, "El Camino". Sí, este sí me gustó mucho. Las andanzas de Daniel el Mochuelo, Germán el Tiñoso y el tercer amigo -me niego a usar google, espero que un día vuelva a mi memoria...¿podía ser Roque?-. Aunque entonces no fuera consciente, ahí sí que empezó algo nuevo y grande en mi vida, de pronto aparecieron un montón de horas de aventuras, conocimientos y entretenimiento. El pasatiempo más barato y accesible. Tal vez por eso me emocioné ese viernes por la mañana cuando me enteré de la muerte del escritor.

Años después, todavía de adolescente, seguí con "Las Ratas", que no recuerdo muy bien,"Los Santos Inocentes", tan buena la película como el libro, "Cinco horas con Mario" que con esa edad no pude entender aunque me quedé alucinado con que todo un libraco fuese el monólogo de una viuda ante el ataud de su marido fallecido.
Tras ello, me pasé un par de años leyendo novelas de Sven Hassel y ensayos sobre la Segunda Guerra Mundial pero ésa es otra historia.

Mis abuelos eran guardianes de fincas y te cuenta historias de miseria no muy alejadas de las de "Los Santos Inocentes" Mi abuela Claudina está en el hospital, anda la mujer ahí, ahí, con noventa y cinco años, peleando la vida. Se ha roto la cadera y anteayer la operaron. No es que tenga ninguna enfermedad en concreto. Cuando se muera, se morirá de vieja, sin más. Aparte de la difteria que sufrió de niña y de la que te habla como lo peor que ha pasado en la vida, no la recuerdo en el hospital. Hace pocos años la operaron de cataratas y ahora lee mejor que yo. Como mi bisabuela y por lo que cuentan, mi tatarabuela, son de la estirpe de mujeres castellanas, menudas y duras, nervios en tensión, hechas a soportarlo todo. Estoy seguro que el coraje que le echo a las carreras de ultrafondo cuando el tema se tuerce, me viene de su sangre. Aunque el médico nos pintó un panorama bastante negro, ayer se encontraba bastante bien y no hay mejor señal que su reacción al enterarse de que su hermana estaba bien, cuando respondió, echándose a reir con el desparpajo que la caracteriza: "Sí, sí, bien.... ¡¡DE COJONES estamos las dos!!". Me da que el más allá va a tener que esperar.

Para una entrada dedicada a un grande, música grande. Ya sabéis que ahora estoy enganchado a Lucinda Williams. Como el amor al que dedica "Essence", su música, su voz mece y raspa a la vez. Una canto de amor y un lamento de una intensidad asfixiante. Que las disfrutéis.




"I envy the wind"

I envy the wind
that whispers in your ear
that howls through the winter
that freezes your fingers
that moves through your hair
and cracks your lips
that chills your to the bone
I envy the wind

I envy the rain
that falls on your face
that wets your eyelashes
amd dampens your skin
and touches your tongue
and soaks through your shirt
and drips down your back
I envy the rain

I envy the sun
than brightens your summer
that warms your body
and holds you in her heat
that makes your days longer
and makes you hot
and makes you sweat
I envy the sun



"Blue"

Go find a jukebox
And see what a quarter will do
I don´t wanna talk
I just wanna go back to blue

Feeds me when I´m hungry
And quenches my thirst
Loves me when I´m lonely
And thinks of me first

Blue is the color of night
When the red sun disappears from the sky

Raven feathers shiny and black
A touch of blue glistening down her back

We don´t talk about heaven
And we don´t talk about hell
We´ve come to depend on
One other so damn well

So go to confession
Whatever gets you through
You can count your blessings
I-ll just count on blue

domingo, 14 de febrero de 2010

Cosechando

Dios mediante, como ya anuncié, justo cuando se publica esta entrada, comienzo a correr mi maratón favorito, Sevilla. Probablemente ya esté soldado a la liebre de 3:15. Espero que todo vaya sobre raíles, según lo planeado y no se presenten imprevistos. Me apetece correr un maratón.

Hoy 14 de Febrero, día de los enamorados, nuestro "Pontifex Maximus" Joserra, nos ha puesto deberes. Se cumplen 38 años desde la publicación de "Harvest" ("Cosecha") y le vamos a hacer un pequeño homenaje sui generis. Mis recuerdos de "Harvest" casan bien con un día como hoy.

Para mí, "Harvest" (por cierto, un disco que casi tiene mi edad), se halla encadenado en mi memoria a una cutre cinta grabada que tenía el que hasta ahora ha sido el gran amor de mi vida, una persona con la que viajé durante doce largos y cortos años. R. era muy fan de Neil Young. Me gustaba la cinta, me gustaba ella, bueno, seamos honestos, realmente la adoraba, "the perfect girl, you know"... desde todos y cada uno de los puntos de vista.

El disco de Neil Young me parecía bueno pero no me entusiasmaba, por entonces casi me gustaba más su réplica hermana, el "Harvest Moon" de los noventa. Era joven y quizá buscaba obras menos complicadas. Presionado por mis lecturas, adoptaba la pose de que lo entendía pero nunca llegué al fondo del disco. De eso me enteré después, cuando definitivamente comprendí su grandeza. Al igual que no se puede entender "Centauros del desierto" de John Ford con veintitantos años, creo que a esa edad tampoco tienes la suficiente madurez, las suficientes experiencias o bagaje para comprender "Berlin" de Lou Reed o "Harvest" de Neil Young.



Me parecía demasiado plano, demasiado lánguido. Para los no iniciados en el cancionero del canadiense, sólo decir que se suele mover entre dos polos, entre el rock corrosivo y el paisaje más introspectivo o reflexivo. Yo prefería la contundencia de "Like a Hurricane".

Lo mismo me pasó con R., creía que la entendía pero no comprendía nada. Más tarde, cuando tienes más aplomo, cuando tornas más sereno, con menos absurdas urgencias, cuando le das importancia a las cosas importantes, tal vez cuando simplemente abandonas la juventud, casi diez años después, aprehendes la realidad y sabes con certeza que te empeñaste en echarla de tu lado y que lo lograste.

El disco se publicó después de otra pieza imprescindible, "After the Gold Rush". Todo en el disco destila verdad, me ha costado elegir, al final, "A Man Needs a Maid", una canción muy influida por la labor de Jack Nietzsche, uno de los mejores productores, arreglistas y compositores de la historia de la música. Temas como éste, sin duda tienden puentes sin peaje hasta "jovenzuelos modernos" como "la Antonia" (Antony&The Johnsons) y Rufus Wainwright.


"To give a love, you gotta live a love,
To live a love, you gotta be "part of".


Avisaste demasiado tarde, Neil. No estaba preparado.

Ahora que ya no recuerdo el episodio con amargura, me quedo con lo bueno, con la suerte que tuve de ser amado por una persona excepcional, me lo tomo con sentido del humor; yo que soy tan aficionado a la novela decimonónica, creo que hasta le sentó bien a mi vida un dramático cataclismo sentimental al uso. Sinceramente, pienso que me sirvió para espabilar, para crecer y ser mejor persona. Fue como quemar los campos antes de sembrar, antes de la cosecha.

Neil Young decía "Tengo algunos demonios pero vivo con ello. Eso es lo que te vuelve loco, lo que me hace tocar la guitarra como a veces la toco". A mí me hacen correr, amigo.

Un abrazo fuerte, para Neil y para vosotros.

viernes, 5 de febrero de 2010

Recuerdos de Discoplay

El miércoles San Blas. "Por San Blas, la cigüeña verás". La pareja de Villasrubias, la que tengo justo enfrente del Ayuntamiento, llegó la semana pasada. Ahí andan los dos, yendo y viniendo, de reparaciones, de acondicionamiento de la casa de verano, sin parar de acudir a ese gran Ikea natural que son la dehesa, el robledal. Iba a hacerles una foto en su nido sobre la bonita espadaña pero se me escapan. Al llegar a las ocho de la mañana se acaban de levantar, cuando saco la camara ya han marchado. Me gusta ver los preparativos, asistir cual "voyeur" al frenesí sexual y después de una buena temporada dándole al asunto, intuir los huevos, llegados directamente desde París; ahora, que lo mejor de todo son los inicios de las prácticas de vuelo de los dagalis, dale que te pego torpemente a esas alas encantadas, levantándose apenas un metro... hasta que se lanzan a su primer vuelo. Eso es purita magia.


Como ya os relaté el año pasado, en Ciudad Rodrigo, el día de San Blas se marcha en romería a La Caridad, un monasterio que hay a cinco kilómetros, a buscar la gargantilla que te protegerá de cualquier catarro y que deberás llevar al cuello hasta el Míercoles de Ceniza, día en que se quemará. Las meriendas de San Blas siempre estuvieron unidas a importantes melopeas, muchas risas y algún beso robado. Aunque de otra forma, es de las pocas tradiciones en las que sigo participando con entusiasmo.
Ahora aprovechas la tarde para charlar con los amigos y ponerte al día con los que ves menos a menudo. Con los años, algunos con menos pelo y todos más arrugados, cambian los temas, aunque seguro volvemos a contar por enésima vez aquel "San Blas" tan descacharrante. Unos cuantos jaramugos llevamos juntos desde muy, muy chiquitos, casi como hermanos. No importa que pierdas el contacto durante unos meses, nos conocemos tan bien que al instante te da la sensación de que mañana nos volveremos a encontrar en clase. De la merienda, ya os imagináis, dieta deportiva a tope: cayeron chorizo, morcilla, salchichón, huevos fritos con farinato, queso, tortilla.... Menos mal que ya hemos empezado a quemarlo.
Una de las conversaciones que surgió fue sobre el Discoplay. La mayoría de los que pasáis por aquí ya tenéis una edad así que imagino sabéis de qué hablo. Para los demás, someramente señalar que el Discoplay era una boletín de venta, fundamentalmente de discos, que llegaba a casa cada mes. Con esa edad, éramos terreno propicio para la siembra; deseabas que llegara y te costaba horrores decidirte por alguno de los discos ya que el bolsillo no daba para más. Todos en el insti comentábamos las publicaciones, llegábamos a acuerdos para abarcar lo máximo posible, pedir juntos para ahorrar gastos de envío y posteriormente hacer el pertinente mercadeo de cintas grabadas en las míticas cadenas o minicadenas de doble pletina.

En aquellos tiempos, ya tenía hambre por la música y me empollaba sus breves reseñas informativas. Aprendí mucho. Además era muy didáctico porque veías las portadas de todos los discos y ya los identificabas para siempre jamás.

En la actualidad en que un dagal tiene acceso a toda la música del mundo con un click, resultaría imposible explicarle lo excitante que era hojear sus páginas, echar cuentas, decidir, esperar una semana, mirar el buzón cada mañana , recibir el aviso del correo, llamar a los colegas y tener que esperar todavía un día más para ir a recoger el paquete. Recuerdo que en una ocasión se equivocaron y nos mandaron por error el "Too fast for love" de Motley Crue. Joder, lo íbamos a devolver pero al final aquello no sonaba nada mal. Alguna vez pedíamos alguna camiseta, en una ocasión tres del grupo de rockabilly, King Kurt. Nunca los llegamos a escuchar pero la prenda era muy graciosa, un perro borracho. Ya os podéis imaginar de qué ibamos, gamberros con buenas notas.


Sí, sí, cualquier tiempo pasado fue mejor, qué bonito y romántico, qué auténtico era todo.... hasta que volvemos a la realidad. En la huerta de los Risueños, lugar final de la merendola de SAn Blas, tienen radiocasette y unas cuantas cintas. El miércoles, una de ellas de pronto dejó de sonar, abrimos la tapa y... joder, ya estamos.... se había desmadejado toda...esto hace años hubiera sido un drama. Cuando hubo que enrollarla, ya no te parece todo tan guay.

Este impresentable es "El líder" (apodo de los años mozos) y a la sazón, jurista de prestigio. A mí parece que me ha dao un aire porque el Phaeton me dijo que me quedara quieto por lo del flash del móvil.

No sabía qué música poner, hay tantos discos de aquella época que descubrí con asombro, que me marcaron, que me hicieron bailar, que me llegaron tan dentro... Iba a poner el "Camino Soria" de Gabinete, alguna de los Smiths.... no sé, al final me decido por una canción de The Long Ryders que me encantaba. Además cuando llegó la cinta, recuerdo que también enviaron una chapa de la bandera de la confederación sudista (yo en tiempos era todo un rocker).

En aquélla época andaba yo muy metido en el NRA (Nuevo Rock Americano). Otro de los grupos era Green on Red. Como un día le dedicaré una entrada al movimiento, ya pondré una canción suya; hoy dejo una maravillosa pieza de Chuck Prophet, su líder, ya en solitario, muchos años después. "No other love". Cuatro sencillas frases, un suave y hermoso mantra para explicar qué es estar enamorado se repiten sin más o lo que es lo mismo: cómo encontrar la perfección con ligero equipaje, casi, casi sin buscarla. ¿Por qué somos capaces de ver tanto detrás de tan poco?

No other love
Mamma, I´m flyin´
I can go anywhere
Nobody can take me there


Aquí la de los Long Ryders, botos, tirantes camisas de cuadros, los más rurales de todo el movimiento. Ya habláré de ellos más detenidamente. Bufff... qué recuerdos. "Te quiero, te quiero mala"

jueves, 19 de noviembre de 2009

Mi chupa y el rock nipón

Si ayer muchos no conocíais a la mayoría de grupos de la lista, hoy sí que os vais a quedar con el culo "torcío". Se me ocurrió escribir algo sobre Thee Michelle Gun Elephant. Japoneses y rockeros. Paradójicamente ,el rock and roll penetró en Japón después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial a través del establecimiento de las bases americanas en las islas; era la música del invasor. Los nipones son gente pasional, cuando hacen algo, lo hacen de verdad, sea combatir, correr o "rockandrollear".

Japón debe ser un sitio extraño donde conviven el secular y firme respecto por las tradiciones con el entusiasta abrazo por las nuevas tendencias de todo tipo; hablando de música allí se venera el pop más blando (de hecho hay grupos españoles que venden más allí que aquí), también el flamenco.


TMGE son estrellas capaces de llenar el Budokan. Yo sólo tengo un disco muy bueno de hace unos años, "Gear Blues" . Una apisonadora con influencias de garaje, punk, rockabilly. Aquí os dejo dos canciones tremendas que imagino allí fueron pelotazo. ¿A que suena bien la mezcla del rock con el japonés, un idioma tan "duro" para un estribillo?



http://www.youtube.com/watch?v=4tDn1UESaMI

Por otra parte, la estética del grupo es de manual, trajes negros, chupas negras, cigarros en la comisura, cerveza, motos, cruces de hierro, miradas amenazantes. Ya lo cantaba Burning en tiempos: "Chupa de cuero, gafas de rock... me siento mejor". Una forma de vida. Eso me ha recordado mi chupa. Después de estar muchos años encerrado en el armario, el año pasado la recuperé de casa de mis padres. Cuando la vi, montones de recuerdos se agolparon en mi mente. Me la puse y aparecí con ella en el salón de mi casa esperando la reprimenda de mi madre...¿dónde vas con eso otra vez? Qué va. Me dijo que me quedaba muy bien. Exactamente igual que cuando me la compraron en primero de carrera; cuando me la probé en la tienda, nunca creí que comulgaran con la idea y en aquella ocasión también le pareció perfecta. Lo bueno de hacer deporte es que veinte años después sigues usando la misma talla.

Me lo tomé al pie de la letra, para un alucinado por la música esa cazadora siempre representa algo más, al estilo de Sailor-Nicolas Cage en "Corazón Salvaje" de David Lynch (novela de Barry Guilford) cuando contaba aquello de que su chaqueta de piel de serpiente era "El símbolo de su individualidad y fe en la libertad personal".


Cuero negro, forro rojo, cinco años de mi vida en los que no me puse otra prenda. Ahora la usaré de vez en cuando. ¿Será la crisis de los cuarenta? Siempre me gustaron los rockeros viejunos.

martes, 3 de noviembre de 2009

Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo


Como decía el anuncio, si sabes quién es Koji Kabuto, es hora de empezar a cuidarse. Sólo me perdí un episodio de Mazinger Z. Me operaron de una hernia y estuve casi una semana en el hospital incluido un maldito sábado por la tarde a las 15:30 en una habitación sin televisión. Gracias a los cromos, más tarde conocí el sorprendente argumento. Mazinger se enfrentaba a un robot submarino con un especie de tijeras gigantes en la cabeza. Como siempre en el primer enfrentamiento, a nuestro héroe le zumbaban a base de bien, lo dejaban hecho un cristo. Después le instalaron unos propulsores en los pies para bucear bajo el agua y así derrotar a la nueva creación del incansable y desgraciado Barón Ashler. Todo esto que relato nunca lo vi, es una dramatización basada en mi imaginación y en los álbumes de cromos que aún conservo.


A las cuatro, después de los "dibujos", había película. Seguro que alguna vez emitieron ésta. De "Atraco a las tres" me acuerdo. Ayer se murió José Luis López Vázquez. Hace unos años la volví a ver y me seguía haciendo gracia. Para un cómico no hay mejor elogio.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Clásico o dinosaurio

Un rumor circula últimamente por mi pueblo. ¡Que nos cierran el cine! Ciudad Rodrigo tiene algo más de 15.000 habitantes con una única sala. La pérdida de espectadores en los últimos años nos ha llevado a esta situación. El negocio no es rentable y aunque vamos aguantando, sospechamos que no será por mucho tiempo. El pirateo y las nuevas alternativas de ocio terminan con el cine.
El día que llegue para mí será muy triste porque soy firme defensor del cine en pantalla grande, a oscuras y con toda la liturgia que supone disfrutar de una película. Es cierto que no voy demasiado porque sólo se emite una película cada fin de semana y muchas veces, aunque o a pesar de ser la más taquillera del universo, para mí es imposible disfrutar de determinados engendros.
Si nos quedamos sin cine me ha hecho pensar en que quizá algún día tenga que explicarle a un chaval qué era aquello y me he sentido como el niño de Cinema Paradiso, como una especie en extinción que disfruta con cosas de otra época ya superadas. Mi tiempo marchó.
Quizá algo que ya hay que explicar es lo que en algunas etapas de mi vida significaba ir a comprar ese disco que llevabas esperando con tantas ganas tanto tiempo, la excitación que implicaba quitarle el envoltorio, ver las fotos, y escucharlo en tu habitación cientos de veces. Ahora que nos dedicamos a acumular canciones que en muchas ocasiones ni siquiera escuchamos, no sabemos valorar aquellos mágicos instantes.


A la luz de estos síntomas he llegado a la conclusión de que me estoy convirtiendo en un viejuno dinosaurio próximo a la extinción. No tengo mucho tiempo libre, pero cuando lo tengo se lo dedico, aparte de al deporte y los amigos, a los libros, las pelis y los discos que disfruto con fruición. Soy un verdadero zote en esto de la informática y todo el tema de plays, wiis… ni siquiera me interesa conocerlo…no sea que me enganche, claro,y le quite tiempo a mis otros placeres.



Bueno, también hay que reconocer que la mayor parte de mis películas favoritas nunca las vi en una sala de cine sino en el salón de mi casa y que me basta imaginar lo maravilloso que debió ser ver cabalgar a un gigante John Wayne en “Centauros del Desierto” o el increíble beso de Ingrid y Cary en “Encadenados”.


Supongo que esta brecha la han sentido todas las generaciones a lo largo de la historia aunque quizá ahora, dada la velocidad, signo de nuestro tiempos, sea más acusado todo. Sin embargo, una cosa os digo, soy feliz con lo que conocí y con el ansia que me sigue devorando por conocer nuevos autores, nuevas músicas, nuevas pelis de ayer y de hoy. Y que dure, que seguiré dando la paliza.
"Hay cosas peores que la guerra y todas ellas vienen con la derrota"