LLegué al libro más que por casualidad, casi por obligación. Recuerdo haberlo ojeado sin interés hace unos meses en la FNAC de Madrid. Soy corredor, soy deportista, el deporte ocupa un papel muy importante en muy vida pero lo mismo que no veo deporte televisado, tampoco leo libros sobre el tema. Me basta con mantenerme al tanto a través de internet. Mi tiempo es el que es y mis libros, en general, o son de gente que sé que escribe muy bien o son de música. No hay espacio para más.
Sin embargo, el hecho de que un amigo, Manu, lo tuviera, y otro amigo, otro Manu, me lo recomendara con entusiasmo, me obligó a reparar en él. Reconozco que no comencé con la predisposición más adecuada; no me gustaba el título, para mí una declaración demasiado radical, no me gustaba una portada acorde con aquel, no me gustó el "excesivo" y malamente recargado manifiesto con el que comienza el libro, que más que emocionarme en el buen sentido, me provocaba cierta vergüenza ajena, aunque después lo he venido a situar en su momento y lugar: el momento vital de unos chavales apasionados por los suyo -probablemente todos hemos escrito o pensado cosas parecidas en esa etapa llena de sueños, ganas e inseguridades-.
No me cae mal Kilian; alguna vez ha pasado por aquí. Deportivamente es un gigante que sinceramente admiro, en ocasiones más parecido a un pequeño Hércules que a los simples mortales. A partir de la distorsionada imagen que recibimos de un personaje público y que damos por buena, parece un buen tipo. Me gustan sus espectaculares vídeos aunque reconozco que escuchar sus reflexiones en voz alta, aún identificándome con la mayoría de lo que cuenta, puede llegar a cargarme por ese papel de "maestro zen" impartiendo sus lecciones sobre el sentido de la vida. Me parece una deriva peligrosa pero también entiendo que no debe ser fácil ser Kilian, no deber ser fácil ser famoso y admirado por el mundillo; hay que tener la cabeza bien amueblada para ser capaz de relativizar tu importancia.
Cada vez es más habitual que se publiquen libros de gente famosa o famosilla, más siendo el mundo de la montaña terreno fértil para la mística, honesta o de gran superficie. No puedo evitar percibirlos como simples productos comerciales y oportunistas para hacer caja, sin demasiado interés para mí.
Y he aquí que, a pesar de todo lo que he escrito hasta ahora, con este artículo simplemente quería contar que sí, que el libro me ha gustado. Sobre todo la primera parte, los primeros capítulos me parecieron muy buenos, que me atrapó esa búsqueda de imágenes para desentrañar la esencia de correr en montaña, ese tratar de encontrar las claves de la única forma de vivir válida para Kilian, que me sentí muy cercano a mucho de lo que cuenta, que ahora entiendo por qué varios de vosotros me dijisteis, después de leer la crónica del Anillo Vindio, que le recordaba a su libro.
Peculiar este Kilian, dentro de la categoría que yo denomino "élites humanistas", hombres físicamente privilegiados, dotados de un talento natural que no hay que olvidar requiere de una disciplina brutal para brillar y que además disponen de las armas, de la facultad para mostrarnos algo de un interior caleidoscópico lleno de misterios, inquietudes y matices. Me gustaría conocerlo algún día.
Este verano, al final de la luna de miel, Susana y yo pasamos de Courmayeur a Chamonix bajo el Mont Blanc, a través del impresionante túnel de más de 11 kilómetros. Kilian realizó el mismo trayecto, pero haciendo cima en el gigante en algo más de lo que echas una mañana. Uno de sus vídeos más asombrosos.