Ya leí el libro del que más se ha hablado en los mentideros deportivos en general, fondistas en particular, "De que hablo cuando hablo de correr" -gracias, Michel-. Ya había leído anteriormente "Tokio Blues" de este autor sin conocer nada de éste ni por supuesto que era uno de tantos japoneses chalados por el fondo. Este último me gustó mucho, me pareció especial, poético y extraño, dotado de un especial magnetismo. Cuando me enteré que iba a publicar libro sobre la figura del corredor, me ilusioné. Seguro que era algo especial que a mí, dada mi condición deportista, me llegaría dentro.
Bien, me equivoqué. El libro en general me ha decepcionado. Cuando un escritor se consagra a nivel internacional como Murakami, es claro que independientemente de la entidad de la próxima publicación, cuentas con miles de lectores potenciales que se harán con tu nueva obra y la empresa saldrá rentable (algo similar a lo que hizo Nick Hornby al publicar un libro con simples críticas de canciones en "31 canciones"). Estoy seguro que si Murakami no fuera Murakami, ninguna editorial le publicaría esto. Él compara entrenar con escribir, actividades exigentes que requieren de concentración y constancia. Pues no me creo que este libro le haya supuesto un gran esfuerzo. No le otorgo gran valor a esa serie de pensamientos inspirados en su práctica deportiva -recopilación, por momentos deslavazada- o semblanzas de alguna carrera. Sí hay algún párrafo o alguna idea que me ha podido inspirar pero en general todo me ha producido una sensación de "déjà vu".
Tal vez una persona que no conozca desde dentro este mundillo, se sorprenda con la visión del protagonista sobre este extraño deporte pero francamente a mí, acostumbrado a escribir y leer sobre el tema, no me convenció. Estoy seguro de que si confeccionáramos un pequeño volumen con unos cuantos textos sobre carreras, entrenamientos o pensamientos de algunos de los blogueros deportistas que escriben bien y con criterio, se haría un libro bastante más interesante sobre la mística de la larga distancia... si es que existe.
Alquien decía que no hay libro tan malo que no tenga cosas buenas. Algunos puntos de vista o visiones que me han gustado, son éstos:
Ese extraño concepto del "Runner´s Blue", la tristeza del corredor, esa desgana que a veces, sin saber de dónde llega, te inunda y simplemente no tienes ganas de entrenar aunque no eres capaz de encontrar el motivo. Sin duda, 2010 es mi año "Runner´s Blue".
Entender el fondo y el deporte como algo que forma parte de tu naturaleza, que realizarás mientras te sea posible físicamente, por muy avanzada que sea tu edad , desafiando la incomprensión de la gente que estima que "no vives como es debido" pero que tú entiendes como uno de los aspectos esenciales para vivir plenamente.
Ese sentimiento de pertenencia a una rara secta con una extraña forma de vida. La futilidad de nuestro esfuerzo, cómo consideramos valiosos logros que a la vista de la "gente normal" no se entienden porque no son evaluables materialmente, ya que la mayoría nunca ganaremos ni un trofeo, ni un euro.
Sí me ha hecho gracia que su primer maratón se tratara de una "jaramugada" en toda regla, de Atenas a Maratón por una carretera atestada de peligrosos conductores griegos durante un abrasador día de verano.
Y otro punto en común: la insana afición por la música. Melómano militante, se reconoce compulsivo comprador de vinilos. Muchos no lo entenderéis pero son pasiones muy, muy cercanas.
Quizá lo que más me ha gustado es ese tono tristón y resignado que sobrevuela todo el libro, esa épica del perdedor que tan bien cuadra para muchos de los que pasáis por aquí. Ese correr para lograr el vacío, esa mirada perdida del corredor. Esa sensación nos es familiar, ese momento en que pasas la frontera y no sabes muy bien donde te encuentras, en que estás cerca de todo y de nada. Difícil de explicar.
Después de escribir estas líneas, estoy por pensar que quizá me gustó más de lo que creía. Puede que esperara más. Las grandes expectativas nunca son buenas.
De música dejo el "Roadrunner" de los Modern Lovers. Hace tiempo que pienso en un post con canciones sobre "correr". Ésta sería una de ellas. Jonathan Richmann es un tipo curioso. Aunque no lo creáis, la mayoría lo conocéis. Es el individuo que va relatando sus canciones a lo largo del metraje de "Algo pasa con Mary". Jonathan es como un chaval; si lo ves en un concierto, cuando le escuchas contar anecdotas, cuando ves como se troncha, lo sientes muy cercano, como alguien que ha decidido hacer lo que le gusta sin preocuparse demasiado por los demás -¿como un corredor?-. Podrías decir finamente que gasta ideología naif, podrías decir que está un poco tonto, pero se le nota feliz. Este disco es de 1976, está producido por nada menos que John Cale, de The Velvet Underground y es un disco muy cachondo, muy espontáneo, muy rockero. Tiene el "deje" y la alegría del verdadero rock and roll.
Aparte os dejo una pieza a la que se hace referencia en el libro al relacionarla con el "Maratón de Nueva York". Es "Autumn in New York" de Vernon Duke. Dos monstruos del jazz clásico, Louis Armstrong y Ella Fitzgerald, recrean el estándar.