Mostrando entradas con la etiqueta Amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de abril de 2012

Ceremonias del desamor

Dibujo de Susa.

Santi Balmes sabe escribir canciones. Algunas son buenas, otras aprueban con lo justo, pero donde se maneja con  maestría es al hablar de desamor o más bien sobre ese extraño estado que sucede al amor. Somos material inflamable y cuando ardemos, los restos del incendio no son más que una masa informe y carbonizada que mancha y molesta. Es difícil volver a caminar después de volar. Han de nacer nuevas alas para entender la verdad del pasado.

Él dedicó un disco completo a una antigua relación, "1999" . Del nuevo  sólo he escuchado "Wio". Si merece la pena, iremos contando. 
 


viernes, 7 de agosto de 2009

Desamor bajo los focos

"Donde diablos estés. Por fin me atreví a resumir aquel año. Cuando queríamos romper ventanas … y lo hacíamos. Donde diablos estés. Si lo escuchas, no te lo tomes a mal. Todo está pasado por el filtro del tiempo y mi imaginación tramposa. Si te preguntas, “¿se ha atrevido a hablar de él y de mí?”, observa la cifra y considérate contestada. No incluyo nombres en ningún caso. Únicamente lo sabrás tú, que, en cierta manera es lo que pretendía. Una broma desde la distancia. 1.999. El año del supuesto fin del mundo… en cierta manera… sí… el fin de ti y de mí… algo definible como un pequeño mundo infranqueable para el resto. Y como extrañas plantas crecíamos más, cuanto menos agua y luz existían a nuestro alrededor. ¿Cómo podíamos pretender gustar al resto? Nos conocimos sin raíces, andamos un tiempo juntos, sin raíces… en algunos momentos tuve la sensación de que cada uno de nosotros arraigó en el otro. Pero, de cualquier manera, ya era demasiado tarde para nosotros. ¿Cómo podían asentarse en la tierra dos seres tan volátiles? Así que cada uno siguió el camino que le correspondía, y no hay más que decir. Hoy iré tarde a dormir. Te informo. Me imagino que mañana te levantarás temprano."

Esto que habéis leído es el manifiesto final que aparece en el libreto de “1999”, el cuadernillo del último disco de Love of Lesbian. Teóricamente se trata de un “disco conceptual” (¡no puedo con la expresión!) a lo largo de cuyas canciones se retratan las diferentes etapas de una relación del autor.

El motivo de la entrada es cómo un artista utiliza vivencias personales o sus experiencias para expresarse y en algunos casos para exhibir sin pudor su dolor o sus miedos ante los demás.

Otros dos ilustres ejemplos calcados además del de Love of Lesbian. Dos grandísimas canciones, dos grandes éxitos de dos grandes bandas compuestos bajo unas mismas circunstancias o presupuestos, la separación de dos de las parejas integrantes de sendos grupos, Fleetwood Mac y Abba.

En ambos casos los protagonistas contaban cómo para ellos se hacía muy extraño y difícil escuchar a sus ex parejas, bien grabar en estudio, bien cantar en directo algo tan íntimo, algo que les afectaba tanto, que les dolía tanto para ser escuchado y cantado por miles de personas.

Supongo que al fin y al cabo a los humanos siempre nos ha gustado bucear en miserias ajenas y ya de puestos, pues seamos prácticos, qué hay de malo en ganarle unas perrillas al asunto.

Ale, os dejo con “Go your own way” ( o vete a tomar por ahí) y “The winner takes it all” (o siempre hay uno que las pasa más putas).

Buen fin de semana.












jueves, 6 de agosto de 2009

A vueltas con el amor

Vuelvo a leer y os vuelvo a transmitir fragmentos sobre el mismo tema, el amor. Por haberlo sentido un par de veces y parecerme algo tan mágico e inexplicable, siempre me ha atraído y me ha gustado leer las visiones de los autores que saben escribir de verdad. Para variar, mañana escribiré sobre el desamor.

Siendo muy jóvenes, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir hicieron un pacto. Su amor sería "esencial", los demás serían contingentes. Para hacerlos compatibles deberían tener una absoluta transparencia. Simone no contó con que uno de sus amores no iba a ser tan contingente como pensaba . Durante un viaje a Estados Unidos conoce al escritor Nelson Algren, y tiene que reconocer su sorpresa:


"Te amo tan cálidamente, tan profundamente que estoy estupefacta.

Desde ahora estaré siempre contigo, en las calles tristes de Chicago, en el metro aéreo, en tu habitación solitaria, estaré contigo como una esposa amante está con su marido amado. No habrá un despertar, porque esto no es un sueño; es una maravillosa historia real que no ha hecho más que comenzar. Te siento junto a mí, allá donde yo vaya tú vendrás, no sólo tu mirada, tú entero. Te amo y no hay más que añadir.

Querido mío, noche y día me siento rodeada de tu amor, me protege de todo mal.; cuando hace calor me refresca, cuando el viento frío sopla me da calor; mientras me ames no envejeceré jamás, no moriré".

viernes, 3 de julio de 2009

André y Dorine, una historia de amor



“Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. De nuevo siento en mi pecho un vacío devorador que sólo colma el calor de tu cuerpo abrazado al mío”.

Este párrafo, sin más, fue una de mis primeras entradas. Como ahora sois muchos más los que os pasáis por aquí y acabo de leer el libro que lo contenía, vuelvo a él. Es de “Carta a D. Historia de un amor” de André Gorz. Se trata de una larga carta de amor que el autor le dedica a su esposa, compañera de toda su vida, después de que se le diagnosticara una enfermedad terminal. El libro está escrito en 2006. En 2007 André Gorz se suicidó junto a su esposa.

En términos generales, el libro es un ajuste de cuentas del autor consigo mismo y con su esposa, despojando la expresión de la dimensión más mediática y sangrienta, aunque no visceral ¿Cómo es posible que lo más importante de su vida haya influido de forma tan escasa o falsa en el grueso de su obra filosófica?

“Necesito reconstruir la historia de nuestro amor para captar todo su sentido. Gracias a ella, somos lo que somos, uno por el otro y uno para el otro. Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos”.

Los orígenes de su relación.

“Pero todo esto no puede explicar el vínculo invisible que hizo que nos sintiéramos unidos desde el comienzo. Por más que fuéramos profundamente diferentes, no dejaba de sentir que algo fundamental nos era común, una especie de herida originaria. Hace poco hablaba de “experiencia fundadora”: la experiencia de la inseguridad. Su naturaleza no era la misma en ti y en mí. Poco importa: tanto para ti como para mi significaba que nuestro lugar en el mundo no estaba garantizado. Que sólo tendríamos lo que lográramos hacer. Que teníamos que asumir nuestra autonomía.”

Los principios de André, fundamento para sus reticencias ideológicas respecto al matrimonio y la respuesta de Dorine:

“Si te unes con alguien para toda la vida, ambos ponéis vuestra vida en común y evitáis hacer lo que pueda dividir o contrariar vuestra unión. La construcción de tu pareja es tu proyecto en común, nunca acabarás de confirmarlo, de adaptarlo y de reorientarlo en función de las situaciones cambiantes. Nosotros seremos lo que hagamos juntos.”

“Hubiera debido darme cuenta de que no considerabas que tuvieras ninguna relación con una legalización o una socialización de nuestra unión. Debía significar simplemente, que estábamos de verdad juntos, que yo estaba dispuesto a concertar contigo un pacto para toda la vida por el que cada uno prometía al otro su lealtad, su dedicación y su ternura.”

¿La esencia del amor?

En teoría, era capaz de mostrar –invocando a Hero y Leandro, Tristán e Isolda, Romeo y Julieta- que el amor es la fascinación recíproca de dos personas en su aspecto más inefable, menos socializable y más reacio a los papeles y las imágenes de sí mismos que la sociedad les impone, y a cualquier pertenencia cultural. Casi podríamos ponerlo todo en común porque era casi nada lo que teníamos al comienzo. Me bastaba con aceptar vivir lo que vivía, con amar por encima de todo tu mirada, tu voz, tu olor, tus finos dedos y tu modo de habitar tu cuerpo, para que todo el futuro se abriera ante nosotros.
Únicamente esto: tú me habías suministrado la posibilidad de evadirme de mí mismo y de instalarme en un lugar distinto cuya mensajera eras tú. Contigo, podía dar vacaciones a mi realidad. Eras el complemento de la irrealización de lo real, incluido yo mismo, algo en lo que me empleaba desde siete u ocho años atrás mediante la actividad de escribir. Para mí, eras la portadora de la puesta entre paréntesis del mundo amenazante donde yo era un refugiado de ilegítima existencia, cuyo porvenir nunca se prolongaba más allá de tres meses. No tenía ganas de volver a poner los pies en el suelo. Me cobijaba en una experiencia maravillosa y repudiaba que lo real la recuperase. En lo más hondo de mí, rechazaba lo que, en la idea y la realidad del matrimonio, lleva consigo este retorno a lo real. Hasta donde puede llegar mi memoria, siempre había intentado no existir. Tuviste que trabajar durante años para hacerme asumir mi existencia. Y me parece que ese trabajo sigue inconcluso”

“Encontré muchas dificultades con el amor (al que Sartre había dedicado treinta páginas de “El ser y la nada”), ya que es imposible explicar filosóficamente por qué se ama y se quiere ser amado por tal persona precisa, con exclusión de todas las demás.
En aquella época no traté de responder a esta cuestión a partir dela experiencia que estaba viviendo. Aún no había descubierto, como lo acabo de hacer aquí, cuál era el fundamento de nuestro amor. Ni que el hecho de estar obsesionado, a la vez dolorosa y deliciosamente, por la coincidencia siempre prometida, y siempre evanescente, del gusto que tenemos por nuestros cuerpos –y cuando digo cuerpos, no olvido que “el alma es el cuerpo” tanto para Merleau-Ponty como para Sartre-, remite a experiencias fundadoras que hunden sus raíces en la infancia: al descubrimiento primordial, originario, de las emociones que una voz, un olor, un tono de piel, una forma de moverse y de ser, que para siempre constituirán la norma ideal, pueden hacer resonar en mí. Se trata de eso: la pasión amorosa es una forma de entrar en resonancia con el otro, en cuerpo y alma, y únicamente con él o con ella. Nos encontramos más allá o más acá de la filosofía.”

La imagen errónea que transmitió de su relación y su amor por Dorine en su obra:

“Pretendía hablar de ti como de la única mujer a la que amé verdaderamente y de nuestra unión como de la decisión más importante de nuestras dos vidas. Pero, evidentemente esa historia no me cautivaba, ni los siete años que, en el momento en que escribía “El traidor” habían pasado tras esas decisión. Haberme enamorado apasionadamente por primera vez, y ser correspondido, era aparentemente demasiado banal, demasiado privado, demasiado común: no era un tema apropiado para permitirme acceder a lo universal. Al contrario, un amor naufragado, imposible, concedía nobleza literaria. Me sentía cómodo en la estética del fracaso y la aniquilación, no en la de la afirmación y el éxito (...)
Una anotación de Kafka en su “Diario” puede resumir mi mentalidad de entonces: “Mi amor por ti no se ama”. Yo no me amaba por amarte. (...)
La dedicatoria que escribí en tu ejemplar dice: “Para ti, llamada Kay, que al darme a ti misma, me diste mi propio yo”. ¡Ojalà hubiera desarrollado eso en lo que acabó convirtiéndose en “mi libro”!

La enfermedad y su dedicación exclusiva a ella, dejando incluso su trabajo.

“... a fin de cuentas, sólo me importaba una cosa: estar contigo. Me resulta inimaginable seguir escribiendo si tú ya no estás. Tú eres lo esencial sin lo cual todo lo demás, por importante que me parezca mientras estás ahí, pierde su sentido y su importancia.”

El final de la carta, el final del libro:

“Acabas de cumplir ochenta y dos años. Y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Hace poco volví a enamorarme de ti una vez más y llevo de nuevo un vacío devorador que sólo sacia tu cuerpo apretado contra el mío. Por la noche veo a veces la silueta de un hombre que, en una carretera vacía y en un paisaje desierto, camina detrás de un coche fúnebre. Es a ti a quien lleva esas carroza. No quiero asistir a tu incineración; no quiero recibir un frasco con tus cenizas. Oigo la voz de Kathleen Ferrier que canta “Die Weilt ist leer, Ich will nicht leben mehr” (“El mundo está vacío, no quiero vivir más”) y me despierto. Espío tu respiración, mi mano te acaricia. A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro. A menudo nos hemos dicho que, en el caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos”

(21 de Marzo-6 de Junio de 2006)


Espero que alguien se lo haya leído entero y le haya gustado. Si queréis el libro, en un tienda grande se encuentra en la sección de filosofía. A mí, de todo el libro hay una frase que me enamoró: "el modo de habitar tu cuerpo"


Para romper el hechizo un apunte, cuando el año pasado escribí el primer párrafo, no el mejor pero el comentario más gracioso fue el del Ciego Sabino que contaba cómo le recordaba los amores de nuestra Duquesa de Alba y Alfonso Díez.


martes, 26 de agosto de 2008

Una historia de amor

“Tú vas a cumplir ochenta y dos años. Has menguado seis centímetros, no pesas más de cuarenta y cinco kilos y aún eres bella, graciosa y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. De nuevo siento en lo más profundo de mi pecho un vacío devorador que sólo puede calmar el calor de tu cuerpo contra el mío."

De “Carta a D. Historia de un amor” (André Gorz). Dedicado a su esposa.

¿Acaso este fragmento no es…? ¿No resulta…..? Colocad vosotros el atributo. Elegid vosotros el adjetivo. Seguro que todos tenéis el apropiado.