Si tres días después de ver una película, sigues recordándola y reflexionando sobre su mensaje, no es mala señal. Me es complicado escribir sobre ella. Precisamente por eso, se merece un post.
Es una película arriesgada. Hay que tener un par de huevos para decidir contar una historia de este modo. Me pregunto si el autor, a lo largo del proceso creativo, no albergaría dudas, no se preguntaría si por ambicioso, no estaría pariendo un pastiche críptico y pretencioso. Hay que estar muy seguro o llamarse Terrence Malick.
Malick es un tipo raro. Hace muy pocas películas, casi no hay fotos de él, no concede entrevistas. Gasta aura de genio y todos quieren trabajar con él. Filósofo de vocación y profesión a la búsqueda de respuestas. Siembre a la caza de esa dimensión espiritual que supuestamente nos rodea y que tan bien retrata en las dos películas suyas que he visto: “Malas tierras” (de la que ya escribí algo) y “La delgada línea roja”.
La película se desarrolla en dos planos. Uno general que trata el origen de la vida en el mundo. Otro a ras de suelo, colocando el foco en una pequeña chispa de esa vida que nació hace millones de años, en las miserias de un autoritario padre de familia americano de mediados del siglo XX y la complicada relación con su hijo. Tan lejos y tan cerca. El mismo hálito, el que compartimos todos los seres de este planeta, la misma fuerza vital, la del árbol que crece frente a su casa y la que alimenta al lector de estas líneas.
Visualmente es un verdadero espectáculo. Las imágenes de la formación del planeta y del nacimiento de la vida junto al uso de la música clásica son tremendamente efectivas a lo largo de todo el metraje. Los planos más pedestres, los de la naturaleza y la familia están enfermizamente mimados. En muchos sentidos me recuerda al tratamiento de Jane Campion en “Bright Eyes” de la que ya hablé el año pasado. La película es pura poesía.
Es un canto a la naturaleza, a la vida. Sí, aquí también está la muerte, el fin y el dolor pero vence la capacidad de asombro ante el cotidiano milagro de la vida. Hay que ser un tipo duro para utilizar una voz en “off” casi al final de la película para soltar algo así como “ama, sorpréndete, ten esperanza” sin sonrojarte. Pocos lo podrían hacer sin que pareciera ridículo.
También es verdad que me he encontrado con esta película en el momento oportuno en mi vida, aquél en que precisamente trato de encontrar todo lo bueno que hay alrededor.
Aviso para navegantes. Sí, sí, Palma de Oro en Cannes y lo que quieras pero a estas películas hay que ir predispuesto –no todos los días apetece ver “2001” por muy buena que sea-. A muchísima gente le parecerá aburrida. De hecho, la mujer que tenía a mi lado se quedó dormida.